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Full text of "Reformistas antiguos españoles"

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^ 


.m.J     • 


I. 


l  1/ 


ARTES 

DE  LA 

INQUiSIZION  ESPAÑOLA. 

PRIMER  TRADUCZION  CASTELLANA , 

DE  LA  OBRA  ESCRITA  EN  LATÍN. 

POR  EL  ESPAÑOL 

BAIMUNDO  GONZÁLEZ  DE  MONTES. 


I  En  tettem  produco  Re^naldum  Goasal* 
Tium  Montanutn  ,  Hispanum  ,  partem 
maximam  libelH  {quem  ilentm  in  lucem 
producimus  ,  non  tamen  sine  psnore) 
autorem.  Hie  igitur  prodeat ,  tí  artes 
Inquisitorum  secreíiores  nobis  exponat. 
Quas  qui  legerit  ,  mirum ,  ni  in  lacry- 
mas  protinua  resolvatur  1  mirum  ,  m 
protinus  ohslupescai !  > 

[J.  Ursino  ,  en  el  Prólogo.] 


•  -  ^  - 


•  <•  j 


AÑO  DE  MDCCCLI. 


Cil  titulo  de  un  libro  ,  que  con  éntüta  verdai 
-exprese  ,  del  todo,  su  asunto  i  contenido, cuan- 
do ambas  cosas  sean  de  interés  jenerál ,  debe 
asegurarle  una  merezida  estimazion  de  sus  lec- 
tores ;  si  la  odiosidad ,  o  la  prevenzion  ,  contra 
el  objeto  o  la  persona  del  Escritor  ,  no  se  pu- 
sieren de  por  medio.  —  I  si  esto  es  asi ;  el  titu- 
lo de  este  Libro  ,  que  ,  pareze  ,  no  puede  ser 
ni  mas  proprio  ,  ni  mas  verdadero  ;  le  hará  re- 
comendable seguramente  ,  ante  sus  lectores  : 
pues ,  conforme  vayan  pasándole ,  irán  viendo, 
que  cuanto  abraza  ,  haze  verdaderas ,  las  pro- 
mesas afntepuestas  «n  su  Portada. 

Mas  lo  que  realmente  constituye  la  impor- 
tanzia  de  e^e  volumen  ,  no  se  zifra  sólo  (para 
los  que  ahora  vivimos)  en  el  adecuado ,  i  bien 
desempeñado  titulo  ,  i  en  lo  raro  ¿el  libro ;  ni 
>aun  en  el  asunto  de  que  trata  ,  considerado  en 
jenerál.  Libros  antiguos  bai ,  cpn  títulos  bien 
expresivos  i  propios  ,  cuya  reimpresión  ,  seria 
hoi  tan  insufrible ,  como  inútil:  —  I,  en  cuan- 


II 
'to  a  ia  Inquisizion ,  i  sus  prozederes ,  asunto 
^Ae  la  obra  ;  no  digamos,  en  aquellas  partes  del 
mundo  ,  bendezidas  por  la  Providenzia ,  con  el 
goze  inestimable  de  una  amplia  libertad  de 
conzienzia  ;'pero  ,  hasta  en  nuestra  España  , 
hai  ya  ,  en  ámanos  de  muchos  ,  varios  escritos 
exzelentes  ,.qne  demuestran,  cuan  ajena  de 
humanidad  ,  cuan  pestilente  i  anticristiana  co- 
sa, era  la  Inquisizion. — La  importanzia  pe- 
culiar jde  este  volumen  ^consiste  ,  en  ser  el  pri- 
mero ,  que  en  el  siglo  xvi  publicó  los  ocultos 
prozederes  de  la  Inquisizion  de  España ,  i  con 
tal  verazidád ,  que  nadie  hasta  ahora  le  des- 
mintió con  fundamento :  al  paso ,  que  los  mas 
acreditados  escritores  de  todas  clases ,  i  los 
mismos  documentos  del  Santo  Ofízio,porlos 
amigos  de  la  Inquisizion  publicados  ,  corrobo- 
ran i  afirman  dicha  verazidád. 

Véanse  dichos  Escritores  i  Documentos.  De 
ellos  se  hazen  algunas  4ndicaziones ,  las  menos 
que  se  puede  ,  en  el  Apéndize  que  va  al  fin  de 
este  volumen. 

Léanselas  Relaziones  de  sus  Autos  de  Fé, 
impresas  i  aprobadas  por  el  Santo  Ofizio  ;  los 
Prozesos  que  formaba :  los  Indizes  Expurgato- 
rios ,  Reglas  ,  Directorios  ,  Manuales :  en  su- 


III. 
ma  ,  todo  cuanto  aquí  ,  por  brevedad  ,  apelli- 
daré ,  «Memorias  Orijinales  Históricas  ,  Mer- 
cantiles I  Literarias  del  Santo  Ofizio»  ;  — 
i  se  conozerá  >  de  lleno  ,  la  exactitud  ,  i  la  im- 
porfónzia  de  esta  obrita  de  Montes. 

Se  tradujo  a  las  prinzipales  lenguas  de  Eu- 
ropa :  se  reimprimió  en  su  orijinal  latino  ;  i 
apesar  de  ésto ,  apenas  de  nombre ,  se  conoze  la 
obra  en  España ,  ni  de  ella  bai  publicada  ,  tras- 
lazion  ninguna  en  castellano.  La  presente ,  su- 
plirá , .  en%  parte ,  el  vazio.  —  I  para  que  no  se 
condene  su  ejecuzion,  con  demasiada  ¿everidad^. 
considérese  lo  que  sigue. 

La  traduczion  se  hizo ,  teniendo  á  la  vista  el 
solo  orijinal,  sin  su&traducziones:  i  la  encargó 
el  editor ,  a  persona  que  aun  jioi  mismo  ignora, 
que  baya  trasladádose  a  otras  lenguas.  Asi  hai 
una  seguridad  de  estar  solo  traduzidas  las  vo- 
zes  e  ideas  del  Autor  ,  sia  ir  mezcladas  con* 
las  de  sus  interpretadores.  La  versión  es  ,  de 
quien  estudió  las  lenguas  latina  i  griega  con- 
algún  detenimiento :  pero  que  no  tiene  ape- 
go ,  o  parzialidad,  a  esta  clase  de^investigazio- 
nes  relijiosas  ,  i  que,  cual  otros  en  España ,  no 
perteneze  a  escuela  ni  secta  determinada  de 
iglesia  conozida.  Quizá  por  esta  circunstanzia  , 


preBrió  el  editor  ,  al  propio  ,  el  ajeno  trabajoi 
Se  hizo  ademas  esta  (raduciion  ,  para  reini- 
prímir  junto  con  ella  el  teito  :  lo  que  se  hubie* 
ra  llevado  a-  efecto  ,  a  no  haber  considerado  , 
que  iba  a  duplicarse  el  costo  i  volumen  del  libro. 
mutitmente  ;.  pues  boten  dia  apenas  hai  espa- 
ñoles, que  lean  los  Autores  Clásicos  :  i  menos  , 
aun  entre  jente  eclesiéslica,  hai  quien  se  ocupe 
en  leer  el  latín  de  libros  como  el  de  Montes  , 
cuyo  latino  estilo  se  1^  habia  ftrsado  a  tener  , 
como  a  Antonio  Pérez,  la  neceñdad  de  la  pere- 
grinación ,  retoñando  en  la  vejez  acaso ,  los 
prínzipios,  que  aprendió  en  su  raozedad.*  Mas 
QO  temo  asegurar  .  que  quien  ladeare  este  vo- 
lumen con  el  teito^  latino  del  Montes,  le  baila- 
rá tan  bteral,  que  está  como  estarzida  cada  una 
de  sus  frases,  í  aun  cada  una  de  sus  vozes,  fue- 
ra de  (Miquísimas.  Por  ejemplo  ,  el  superlativo- 
latino,  con  otro  superlativo  está  aqui  traduzido . 
aunque  ocurran  tres  o  mas  superlativos  ,  poco 
separados,  i  esto  cause  mal  efecto  en  castellano, 
í  recuerde  la  bien-becbacciticade  Cervantes. — 
En  la  paj.  218  del  texto,  al  pintar  la  sagazidád 


ibioiue  uUo  ordií 


1 40-41  i  el  p[ 


V 

dé  los  Inquisidores  de  Se?iUa  ,  se  usan  estas 
frases  metafóricas  :  =slnqui8itares  eo  fiU  capiU 
deprehenso  alque  apprehmso  insequutoque  in 
totum  iUius  EedesÜB  fUdulum  perveneruni ,  ce- 
peruni  matrem  cum  pMis,  ac  nidum  íp««m«  sa» 
etc.  que,  en  latín,  corren  bien  admitidas,  hasta 
en  nuestros  tiempos:  pero  que  tienen  que  cho- 
car, i  aun  parezer  ridiculas ,  en  esta  traduc 
zion,  paj.  239  i  240,  por  no  ser  sufribles  para 
la  delicadeza  castellana  ,  apesár  de  qm  el  no 
traduzir  ahí  literalmente  — nidulum  illíus  Ecle-~ 
sise  — ,  es  alterar,  o  falsificar  el  orijinal » que , . 
con  semejantes  vozes,  describe  claramente,  la 
pequenez  ,  i  todavía  tiernos  prinzipioe  ,  de  lfr.>  ^ 

rezien  nazída  reforma  hispalense. — No  sin  cui- 
dado se  pone  que  el  orijinal  vaxomo  estarzido 
en  la  versión:  pues  ,  realmente  ,  en  ella  se  sa- 
crifican, a  tal  intento,  asi  los  ornatos,  lindura, 
artifizios  de  estilo  ,  i  las  maneras  con  que  los 
modernos  escritos  aspiran  a  recomendarse  (tal  ■ 
vez  con  tino  i  gusto  dé  poca  fuerza)  ;  como  la  t 
pasión,  i  aun  recursos  de  literarias  eleganzías, . 
con  que,  acaso,  hubiera  podido  presentarse  ata«^ 
viado  este  volumen.  Propio  trasunto  ,  i  sacado  > 
por  mano  española,  del  escrito  de  un  espaftol , 
en  que  se  expresan  con  las  naturales  e  inafecta- 


VI 

das  frases  de  un  perseguido  peregrino  ,  la  tíra*^ 
nía  i  desolazion  del  fanatismo  ,  constantemente 
aplaudidas  i  triunfantes  ,  donde  no  se  halla  es* 
tablezida  i  amada  ,  la  libertad  relijiosa  ;  — este 
libro ,^  ni  tiene  ,  ni  puede  tener  armonías  retó- 
ricas ,  ni  compasadas  bellezas  de  elocuzion. 
Consiste  su  mérito,  en  ser  trasunto  del  latino  , 
exzeptuadas  mui  pocas  vozes ,  i  esas  pocas  ,  no 
sin  motivo.  Sirva  de  ej.  este  paso,  de  la  paj.  140. 
«Tiene  esta  aczion  sus  ciertos  aczesorios ,  o  por 
«mejor  dezir  ,  tiene  esta  Pascua  del  pueblo  de 
«Dios  (o  sea  tránsito  desde  Ejipto  a  aquella  tier- 
ttfa  prometida  ,  desde  el  mundo  al  Padre',  su 
«Parasceve  ,  esto  es ,  su  preparazion.  Juan  13*", 
i.»-que  es  traduczion  del  siguiente ,  que  se  lee 
en  la  paj.  150  del  or.  lat.-  «Habet  haec  actio 
«sua  parerga  quaedam  ,  seu!  ut  aptius  dixeri- 

«mus  ,  habet  hoc  populi  Dei  Pascha  (pelah  id 
«est  transitus  ab  Aegipto  ad  terram  illam  pro- 
«missam  ,  e  mundo'ad  Patrem )  suum  Parasce- 
«ve  ,  idest  prseparationem.»  -  Donde  ,  como  se 
ve  ,  la  voz-peía^,-que  es  manifiesta  errata  de  - 
pesah,  -  solo  se  indica  en  la  traduczion  ,  por  la 
otra  voz  tramito  ,  que  equivale  a  la  del  testo  - 
transitus.  De  modo^  que  por  esa  repetizion  , 
ella  es  una  de  las  mui  pocas  vozes  aqui  supri- 


midas.  Las  que  ocunen  con  mucha  frecuenzia 
en  el  texto  ,  i  que  tienen  una  importanzia  oías 
privativa  i  peculiar,  se  dejan  intactas,  i  casi 
literales.  Por  ejemplo :  con  la  de  piedad  ,  se 
traduze  casi  siempre  la  voz  pietas^  que  tanto 
juega  por  toda  la  obra  :  porque  el  vocablo  reít- 
jion  ,  su  equivalente  vulgar ,  seria  traduczion 
mas  ambigua .  pues  en  Espafla ,  hemos  hecho 
vozes  como  esta ,  de  varia  i  aun  sospechosa  azep' 
zioD.  Suele  tenerse  por  Telijion ,  lo  que  no  es 
piedad :  1  muchos  ,  dentro  de  la  Península  ,  no 
llaman  piedad,  al  conoztmiento  ,  amor ,  1  culto 
verdadero  de  Dios.  De  otras  vozes ,  traduzidas 
con  flojedad  ,  se  dá  el  texto  latino  en  las  Notas : 
i  en  ellas  se  menzionan  las  erratas  del  mismo. 
Va ,  pues ,  esta  versión  ,  mui  literal,  mui  atada 
a  las  palabras  del  texto;  i  tiene  que  aparezer  en 
partes  ,  diñcnltosa  ,  pesada  ,  desapazible.  Siem- 
pre son  diferentes  ,  el  carácter  i  síntesis  parti- 
culares de  cada  idioma :  pero  ,  el  seguir  cuida- 
dosamente ,  afectadamente  ,  si  se  quiere,  a  un 
Autor,  por  donde  él  va,  como  si  se  pusieran  los 
pies  sobre  sus  misinas  huellas ,  me  pareze  in- 
dispensable ,  en  casos  como  el  presente ,  i  en 
países  como  el  nuestro  ,  donde  aun  se  brinda 
por  el  reatablezimiento  del  Santo  Ofizio ,  en  los 


comités  do  algunos  clérigos.  Creo  bastan  esa»~ 
indicaciones,  para  que  el  lector  oo  condene  esta. 
vei-üiun,  i  en  ella  juzgue  resultados  de  la  pereza 
o  descuido  ,  lo  que  es  determinado  propósito 
de  una  bien  intenzionada  voluntad. 

[  ahora  ,  veamos  lo  que  hai  de  notable  en  la 
¡tuerte  e  historia  de  esta  obra  .  desde  su  publi* 
cazion.  Esta  se  hizo  ,  por  vez  primera  ,  en 
Heidelberga  en  el  aiTo<de  1567  ,  según  lo  dite 
(aPorlada.  Pero  ,  sien  el  mismo aíio  ,se  hi- 
zieron  dos  ediziones  de  toda  la  obra  ,  o  solo  de 
la  Portada  ,  es  lo  que  no  me  atrevo  a  dezJdir. 
Que  la  Portada  se  imprimió  dos  vezes,  se  lo- 
probarán  al  lector  ,  las  dos  que  le  presento  cui* 
dadosamente  reimpresas.  El  eiactisimo  Joeef 
Hendham  ,  mas  que  por  sus  largos  aBos  ,  res* 
petable  por  sus  escritos  ,  para  todo  el  que  ame- 
la verdad  ;  posee  un  ejemplar  del  Montes  ,  con- 
la  portada  de  2.'  Edizion  ,  a  mi  parezer.  La  1. 
portada  ,  es  la  que  tienen  los  dos  ejemplares- 
vistos  por  mi  :  i  de  la  otra  ,  me  dio  aviso  B.  B. 
WirTen  ,  cuya  constante  dilijenzia  en  el  estudiO' 
de  nuestros  relijiosos  Autores  ,  le  reúne  siem- 
pre en  mi  memoria ,  a  laque  tengo  de  eltoe. 
En  el  conrronto  de  ambas  portadas ,  se  notarát- 
cn  la  lin.  15  diversidad  en  la  vot-suppliciü:  — 


i  que  las  que  son  lineas  16/  i  17/  en  la  una  ^ 
son  17/  i  18/  en  ia  otra.  La  voz »  HeidelbergíE, 
difiere  también  »  en  el  diptongo ,  i  en  el  espazio* 
que  ocupa  en  ambas.  En  cuanto  a  las  pajinas  , 
que  son  297,  i  al  escudo  que  va  al  fin  ,  i  a  las 
28  lineas  que  tiene  cada  pajina  ,  pareze  que- se 
conforma  en  un  todo  el  ej.  que  J.  M.  posee  , 
con  los  dos  por  mi  vistos  :  i  éstos  ,  entre  si  , 
después  de  haberlos  examinado  con  detenimien- 
to ,  los  he  hallado  enteramente  parejos ,  fuera 
de  que  en  la  paj.  54  lineas  5  i  6  se  lee  en  el 
unoxagentisqui  accusarat»-i  en  el  otro-«agen- 
ti  is  qni  accHsarat.»  Pero  esta  sola  discrepanzia, 
no  es  sufiziente  para  asegurar ,  que  se  hiziesen 
dos  ediziones  en  dicho  año.  Lo  que  sí  me  consta 
es ,  que  44  afios  después  ,  se  hizo  otra  edizion, 
con  este  titulo  :-Hispanic8e  Inquisitionis  et  car- 
nificinae  Secretiora.  Ubi  prseter  illius  originem; 
processus  tyrannicus ,  in  Fidelium  Religioni»  ^ 

reformatae  confessorum  ,  comprehensione :  Bo- 
norum  secHestratione :  Audientiis  varii  generis: 
Testium  publicatíone ,  et  confutatione :  Artibus 
inquirendi  alus ,  etiam  secretioribus  :  Captivo- 
rum  victu,  et  reliquis  vitae  subsidiis :  Carcerum 
yisitatione  :  sententiarum  denique  publicatione 
et  interpretatione ,  describitur :  Exemplis  itlus- 


triuríbus  tutn  Hartyniin  ,  (iim  Arliculoram  el'! 
Itegularum  laquisitoiiarum  ,  in  Fine  adjectis. 
Per  JoACHiHtiH  Ursimiv  ,  Anli-Jesuitam  ,  de 
lesuitis  ,  i|ui  [nquisitionem  Hispanicam  in  Ger- 
nianiam  et  Itohemiam  vicinam  introducere  mo- 
liuntHr.preerantein.-Ainbergn,— ApudJohan- 
nem  Sebón  fe  Id  i  uin.  —  M.DCXI.  =>Esta  edi- 
zion  ,  apesar  de  esa  var/ada  Portada  ,  contiene 
iiUegra ,  i  mejor  reimpresa  ,  la  obra  de  nuestro 
González  de  Montes.  Oigo  ,  mejor  reimpresa  , 
porque  Ursino  .dividió  en  párrafos  el  texto  (di* 
visión  que  he  adoptado )  ,  enmendó  algunas 
erratas  ,  i  nada  suprimió  ,  ni  alteró  ,  de  la  Gd. 
orijinál.  La  adizionó  ,  a  mas  ,  con  varias  noli- 
zias  al  priiizípio  ,  i  Gn  del  volumen  ,  que  no  sin 
razón .  tuvo  por  buen  engaste  ,  para  la  prenda 
de  nuestro  paisano  :  i  por  eso  dize  que  *  con 
usuras  .  la  devolvia  al  publico:  Pondré  ,  talvét , 
al  Gn  ,  Nota  ,  azerca  de  Ursino .  i  su  volumen  : 
pero  aquí  baste  repetir  ,  que  su  Libro ,  contiene 
integro  el  de  Montes : — i  que  hoi,  es  tan  rara  , 
sino  mas  .  la  reimpresión  hecha  en  Amberga  el 
aOode  1611  como  la  EdizioD  orijiual  de  Hei- 
delberga  de  a.  1567. 

Draioo,  pueilD  ea  la  portada. 


XI 

^o  es  ,  cierto ,  la  suerte  que  ba  cabido  a  las 
'producziones  literarias  de  los  españoles  ,  el 
punto  menos  interesante  en  nuestra  patria  Li- 
teratura ,  ni  el  menos  enlazado  ,  con  los  desa- 
fueros ,  i  atropellos ,  que  de  nezesidad  ,  perpe- 
tró la  Inquisizion  en  España.  Al  meditar  sobre 
eso  ,  limitémonos  ,  únicamente ,  a  la  obríta  de 
Montes.  Uno ,  al  cual  conozemos  bajo  tal  nom- 
bre ,  aunque,  es  dable ,  fuese  el  Lie.  Zafra  o 
cualquier  otro; — huye  de  las  cárzeles  de  la  In- 
quisizion de  Sevilla  :  estropeado  el  cuerpo  por 

-los  tormentos  :  dilazerada  el  alma  con  la  inten- 
sidad de  amargos  dolores  :  cuenta,  para  adver  * 
tir  a  sus  amigos ,  como  leczion  de  su  bautismo, 
cual  fué  la  causa  ,  de  aquellos  susdias  de  pena: 
i  esto ,  lo  refiere  ,  de  modo  ,  que  toda  clase  de 
evidenzia  interna  i  externa  ,  favorablemente  le 
abonan  :  i  le  abonan  como  testigo  verazisimo  , 
e  irrecusable  por  .parte  de  la  Inquisizion.  I,  en  V 

-semejante  estado  ,  ¿qué  había  de  hazer  ,  a  no 

renunziar  a  su  propia  exislenzia  «  el  llamado 
Santo  Ofiziof  Tenia  que  prohibir  rigurosamen- 
te, el  libro  del  acusador , al  mismo  tiempo, que 
del  revelador  de  sus  misterios:  i  lo  prohibió  :  i 

con  toda  cautela  ,  rejistraba  sus  connotados  en 
los  Indizes  :  desacreditaba  al  Autor  i  a  la  obra 


\ 


I 


todo  lo  posible  :  i  quemaba  ctiaoloe  'qemplaret 
adqairia.  — No  exittír ,  o  proieder  ni ,  en  todo 
cafio,  fué  siempre  la  disynDtWa  a  qae  ae  lió  m- 
jeu  la  InquiBiiion.  I  siempre  loa  resnludoa  , 
contrarios  del  todo  ,  a  los  buenos  propósitos  i 
fines,  por  ella  proclamados.  Los  Indiiei  Expur- 
gatoriút ,  han  venido  o  ser  la  recomeadanon 
mas  eficaz  i  jeneral ,  de  las  produciiones  del 
pensamiento. — I  las  cárzeles,  juiíios,  i  bogoeras 
del  que  se  llamaba  Tribunal  de  Fé  ,  son  ahora 
la  fé  del  verdadero  bautismo  ,  i  la  prenda  de 
imperezedera  salud,  de  Ins,  por  él,  acrisolados. 
I ,  luego  :  i  qué  se  logró  con  las  Inquisitorias 
artes  T  Ahí  está  bosquejada  la  suerte  e  historia 
de  este  Libro,  por  claro  comprobante.  No  aca- 
bó a  los  rigores  de  la  persecuzion,  ayudada  por 
el  trascurso  de  los  siglos  :  i  hoi  reaparete  .  í 
vulgarizado,  como  antes  no,  en  nuestra  lengua 
castellana,  i  con  cierta  afizion  i  cariño  impreso. 
— Lecziun  bastante  ,  que  nos  instruye  en  sos 
dos  extremos.  La  exislenzia  de  ia  InqniBÍiioii. 
penderá  siempre  de  las  artes,  que  Montes  dm 
revela.  La  exístenzia  de  la  Inquisiuon  ,  jamás 
dará  los  buenos  resultados  ,  que  ,  ciegos  ,  los 
Inquisidores  proclaman. 
Súfraseme  ,  que  para  prueba  de  los  efectos 


'de  la  Inquisiiion ,  recuerde  aquí  ,  con  poquisi- 

'masfrasM  ,  la  situazioQ  de  Espafla  ,   i  manera 

-de  eiUtir  de  loe  Españoles.  El  estado  actual  de 
España  ,  es  menos  inmoral ,  menos  irrelijioso  , 
que  el  de  los  pasados  siglos  :  pero,  todavía ,  es 
el  resultado,  del  sistema  de  educanion  nazíonal, 

-establezido  por  la  Inquisizion.  Aun  hai  jente 
dentro  de  Espafia  ,  que  considera  a  Satanás, 

■como  a  Plutón  ,  soberano  de  las  rejiones  infer- 
nales :  que  mira  a  laVirjen  Haría  ,  revestida 

'con  todalabellezai  atribu  tos  de  Venus,  i  la  ado- 
ra como  a  Reina  del  Cielo  ,  i  madre  del  mismo 

Dios :  —  i  la  supone  ud  ilimitado  poder  en  el 
Cielo!  Aun  bai  espafloles  ,  qne  se  dizen  Cristia- 
nos ,  i  creen  ,  no  en  un  solo  Mediador  entre 
Dios  i  el  bombre  ,  Jesu-Crísto  ,  sino  en  miles 

-de  ánjeles,  i  de  arcánjeles  ,  i  en  millones  de  es- 
pirituB  de  deificados  hombres  i  mujeres,  a  qoie* 
oes  dirije»  oraiiones  ,  i  erijen  altares  :  i  de  cu- 
yos milagros  está  imbuido  el  vulgo  del  pueblo. 
El  despotismo  espiritual  ,  se  establezió  por  la 
Inquisizion  de  tal  manera  en  España  ,  qu^aun 
tiraniza  ,  con  una  crueldad  que  desconoze  el 
remordimiento,  sobre  nuestros  cuerpos  i  nues~ 
tras  almas.  Prohibido  e«tá  el  uso  libre  de  las 
Escrituras  :  i  a  la  expresión  de  opiniones  reli- 


jiosas,  que  no  tienen  la  sanzióD  de  Roma,  se  la 
mai'ca  con  el  nombre  de  herejía  ,  i  al  hereje  , 
se  le  encausa,!  con  de  na. —Siguen  perdonándose 
los  pecados  espafloles,  con  la  venta  de  Bulas  e 
Induljenzias;  í  España,  aturdida  ,  o  aletargada 
aun  coa  los  narcóticos  inquisitoriales  ,  sigue 
llenando  la  áurea  copa  de  la  iniquidad  pontifi- 
zia.  I,  como  si  los  espafloles,  por  liaber  sufri- 
do la  liiquisizion  ,  i  la  esclavitud  del  africano  , 
i  aun  del  indio,  debiéramos  tener perpetuamen" 
te  esclavizada  el  alma,  i  extinguido  en  nuestros 
pechos  todo  sentimiento  moral ,  todo  pensa- 
miento cristiano;  nuestra  educazion  inquisito- 
rial DOS  represenu,  como  peligrosa ,  la  lectura 
del  sagrado  volumen  :  i  la  mayor  parle  de  los 
espanoles  temen  ,  tocar  siquiera  ,  el  desnudo 
texto  de  la  Biblu  ,  i  todavía  mas  ,  examinarla 
por  si  mismos  con  cristiana  libertad,  i ,  solo  uno 
que  otro,  se  atreve  a  mirarla  revestida  ,  i  en- 
mantada ya,  coD  el  ropaje  de  comentos  ,  i  ano- 
laziones,  i  traslaziones,  a  la  malizia,  que  los  In- 
dizt^  (le  la  Inquisizion  señalan. —  1  de  aqoi  di- 
mana, que  la  relijion,  en  vez  de  inculcamos  a 
los  esjiarkDles  ,  grandes  prinzipios  ,  i  dejarnos 
libre  el  entendimiento  ,  para  desenvolverlos  i 
aplicarlos  ;  nos  ñja  determinadas  fórmulas  de 


XV 

fé  »  i  de  prácticas.  I  habiendo  enseñádonos 
Cristo  ,  que  toda  la  lei  i  los  profetas  ,  penden 
de  los  dos  grandes  mandamientos  ,  de  amar  a 
Dios,  i  de  amar  al  hombre ; — nosotros,  creemos 
aun,  con  nuestra  Inquisizion  española  ,  que  el 
prohibir  a  nuestro  prójimo  el  libre  ejerzizio  de 
sus  relijiosas  creencias,  o  perseguirle  i  aun  que- 
marle ,  si  rehusa  obedezer  a  los  opresores  de 
coneienzias ;  es  obra ,  i  deber  de  cristianos. — I , 
cuando  no  ignoramos  ,  que  Cristo  no  enseñó 
metafísicas,  ni  constituyó  sistemas,  ni  inculcó 
creencias  inintelijibles ,  ni  recomendó  ,  como 
cosa  meritoria,  a  sus  discípulos,  el  postrar  su 
razón;  los  españoles,  quietos  en  el  brete  In- 
quisitorio, deben  todos  ellos  dezir,  que  piensan 
de  un  modo  mismo,  sobre  un  mismo  credo  es- 
crito ,  i  que  juran  i  tienen  una  misma  fé  reli- 

jiosa,  como  provechosa  ,  indispensable,  i  única 
verdadera.  I  esto  no  basta.  Es  preziso ,  que  los 

españoles,  los  buenos  españoles  ,  para  merezer 
ese  dictado,  o  el  de  españoles  ranzios ,  i  netos; 
crean  ,  que  la  inlerpretazion  de  la  Escritura , 
es  privativa  de  los  clérigos  ,  i  de  los  clérigos 
inquisitorios ;  i  que  éstos,  son  los  únicos  men- 
sajeros acreditados,  los  únicos  expositores  ver- 
daderos de  los  oráculos  del  Altísimo.  La  som- 


\ 


bra  solo  de  la  Inquisiiion  basta  toOavia  ,  pan 
exijir  de  los  españoles  una  confesión  de  infali- 
bilidad de  loE  Papas  ,  no  creida  nunca  por  na- 
die: i  para  que  Espada  aumente  fuerza  ,  i  au- 
toridad de  Prinzipes  terrenales,  a  Papas  ,  que 
la  saben  recompensar,  con  el  azote  de  un  Con- 
cordato ,  planeado  en  la  fábula  que  i'efiere  los 
conciertos  del  Lobo  i  de  la  Oveja.  *  En  Espafia 
debe  ser  todavía  el  majistrado  civil  ,  el  laca- 
yuelo  de  los  clérigos  ,  i  ha  de  ir  unas  vezes 
alumbrando  la  prozesion,  i  otras  ba  de  llevar  a 
la  carzel  ,  al  que  los  clérigos  le  seflalen :  —  i  el 
español,  ba  de  tener  toda  su  vida ,  por  articulo 
de  fé,  que  el  brazo  del  hombre,  es  la  ayuda  ne- 
zesaria  de  la  omnípotenzia  de  Dios;  í  que  la  es- 
pada de  bien  templado  azaro  ,  es  la  constante 
i  mas  eGcaz  aliada  de  la  Espada  del  Espirito.  I 
todo  esto  ,  lo  ha  de  mezclar  el  español .  en  la 
práctica  de  su  vida,  con  un  completo  olvido  de 
otra  existenzia,  i  de  otro  destino  futuro  :  i  los 
españoles,  para  ser  puros  católicos,  hemos  de 
correr .  vestidos  con  chambergo ,  zamarra  i  es- 
capulario .  de  la  cama  a  la  misa  ,  de  la  misa  a 
los  toros,  i  a  la  cofradía,  i  a  los  teatros  ,  i  al 


XVII 

estanco  a  comprar  el  cigarro  i  la  Bula:  i  Ihv 
mos  de  comer  de  TÍernes ,  i  pagar  dotes  de 
monjas,  i  edocamos  besando  en  la  calle  las  ma- 
nos  tabacosas  del  clérigo :  si  no  queremos  ser 
considerados  como  protestantes !!! 

Ahora  bien  ,  si  paraque  exista  la  inquisiiion, 
tiene  que  existir  del  modo  que  nos  refiere  Mon- 
tes ,  plenamente  justificado  ,  en  esto  ,  por  Ma* 
canáz  ,  Puigblanch,  Llórente  ,  i  otros  muchos: 
— i ,  si  de  la  existenzia  de  la  Inquisixion  ,  se 
orijinan ,  para  un  pais  ,  los  resultados  que  ahi 
se  trazan ,  i  que  conduzen  a  una  irrelijion  na- 
zional ;  i  falla  asi  todo  cálculo  de  buena  inten- 
zion ,  lo  mismo  que  todo  cálculo  de  interesadas 
miras ,  que  puedan  tener  ,  o  tengan,  los  Inqui- 
sidores ,  i  fautores  de  la  Inquisizion; — ¿no  será 
cosa  justa  i  saludable ,  i  enteramente  cristiana  , 
el  huir  ya  ,  para  siempre  ,  de  las  trájicas  e  inú- 
tiles Artes  Inquisitorias  ,  como  de  la  mas  pes-  r  "^v 
tifera  i  vergonzosa  dolenzia  de  la  mente  huma- 
na? ¿Cual  fué  siempre  el  fruto  de  toda  persecu- 
zion?  ¿No  le  señalan  bien  claro  ,  los  hechos  bien 
lagrimosos  ,  de  los  que  ,  en  cualquiera  deno- 
minazion  extraviados  ,  se  pusieron  a  servir  con 
violenzias  materiales  »  al  delirante  dogmatismo 
de  las  sectas  ?  Las  vidas  de  Torquemada  »  de 


XVIIl 

Malvenda,  de  Bartolomé  CAaaANí*,  de  Calh- 
Kti ,  de  oíros  muchos  iareliieB  ,  persegoidorM  i 
perseguidoB  ¡  nos  muestran  de  ana  manera  ia- 
tiudable ,  que  uno  de  los  príowros  deberes  de 
todo  hombre,  es  el  de  no  cohibir ,  o  reapeUr  la 
lAerlad  relijioia  de  otro :  i  que  uno  de  los  debe- 
res prinzipales  de  todo  cristiano  ,  es  no  tras- 
pasar ,  la  mas  minima  tHde  .  de  aquellos  bendi- 
tos prezeptos  del  Efanjelio,  que  nos  recuerdan, 
Mateo  XIII ,  37—30 ,  i  Lucas  ii.  49—55 .  Juan 
XIII ,  34 — 55  ,  i  que  son  para  los  hombres,  ina- 
gotable tesoro  de  Libertad  ,  i  fuente  perenne 
de  Paz.  Siguiendo  esos  dulzes  preceptos  ,  no 
volverá  a  produíirla  Literatura  de  Espafia  ,  Li- 
bros tan  lúgubres  como  el  de  Montes  ;  porque 
DO  volverá  a  reaparezer  en  ella  ,  la  mas  iufa- 
maate  i  devorarlora  lepra  que  manchó  su  suelo: 
el  estabiezimiento  anticristiano  de  la  Inquisí- 
zion.  1  asi  se  cumplirá  en  santidad  ,  la  verdad 
santa ,  que  la  irreverenzia  consignó  en  los  es- 
tandartes ,  inquisitorios,^  Exurge  Deui  ,  íw 
dica  causam  tttam= :  ya  que  El  solo  ,'puede  ser 
el  único  juez  de  los  espíritus. 

8.  G.-m.  1851. 


\ 


i 


SANCTvE 

INQVISITIO- 

NIS  HISPANICE  ARTES  ALI- 
quot  delectas ,  ac  palam  traductae. 

EXEMPLA  ALIQVOT  ,    PRAE- 

ter  ea  qua  suo  qu£qu3  loco  in  ipso  opere  apar 

sa  sunt  ,  seorsum  reposita ,  in  quibas  easdem 

Inquisitorias  artes  veluti  in   labulis 

quibusilam  in   ipso  porro  exer- 

cilio  intueri  licet. 

ADDIDIMVS  APPENDICIS  VICE 
piorufü  qttorumdam  martyrum  Chrisli  elogia,  qui 
cammorlissupplictumoblideicotifessionemChrisíi- 
ana  consUtntia  tulerint ,  Inquisitoi'es  eos  tuis  ar- 
tibus  per/idice  ac  defectümü  infamorint. 

Ex  urge  Deus  iudica  causam  tuam  Psat.  74. 

REGINALOO  GONSALVIO 
Montano  aulhore. 


HEIDELBERGAE 
M.D.LXVIl, 

PorltulB  del  ej.  que  poie»  I.  Hvadham- 


SANCTAE 

INQVISITIO- 

NISHISPANICAE  ARTES  ALI- 

qaot  detectas  y  ac  palam  traductae. 

EXEMPLA   ALIQVOT,  PRAE- 

ter  ea  quae  suo  qu£q3  loco  in  ipso  opere  spar 

sa  sunt ,  seorsum  reposita ,  in  quibus  easdem 

Inquisitorias  artes  veluti  in  tabulis 

quibusdam  in  ipso  porro  exer- 

citio  intueri  licet. 

ADDIDIMVS    APPENDICIS     VICE 

piorum  quornmdam  martyrum  Christi  elogia,  qui 

€um  moriis  supliciu  ob  fidei  confessionem  Ch  ristia- 

na  conftantia  tulerintjnquisitores  eos  suis  ar- 

iibtis  perfidicB  ac  defectionis  infamarint. 

REGINALDO  GONSALYIO  ^ 

Montano  authore. 

•    • 

Exurge Deus, indica causam  tuamPsal.  74. 

HEIDELBERGiE 
M.D.LXVII. 


ALGUNAS  ARTES 

DE    LA 

SANTA  INQÜISIZION 

ESPAÑOLA 

DESGCBIBRTAS  *  1  AL  PUBLICO  MANIFIESTAS. 

CON  VARIOS  EJEMPLOS  .  PUESTOS  POR 
separado  ,  además  de  aquellos »  que  van  dise- 
minados ,  en  convenientes  lugares ,  por  toda  la 
obra.  En  los  cuales  ejemplos ,  pueden  verse 
puestas  en  práctica  las  artes  inquisitorias, 
como  en  cuadros  pintadas. 

I  POR  VIA  DE  APÉNDIZE,  SE  AÑADEN 

elójios  de  algunos  piadosos  mártires  de  Cristo , 
que  por  sufrir  la  muerte  en  un  suplízio ,  con 
cristiana  constanzia  ,  por  la  confesión  de  su  fé ; 
se  vieron  infamados ,  i  de  perfidia  ,  i  defeczion,  ^^^ 

por  los  Inquisidores  ,  con  sus  malas  ^^^ 

arterías  ,  acusados. 

POR  REYNALDO  GONZÁLEZ  DE  MONTES. 


«Levántate,  Dios  ,  juzga  tu  causa.  S.  74.» 


HEIDELBERGA 
M.  D.  LXVII. 


i 


tapitíüos  de  las  cosas  contenidas  en  la  parle 
primera  de  este  librito :  dispuestos  por  el  orden 
€on  que  los  mismos  Inquisidores  proceden  en  sus 
juiztos. 


Jmpr 
i 


43 

17 

39 

54 
63 

82 

86 

103 

123 

129 

162 


1  Razón  particular ,  o  modo  peculiar ,  que 

suele  guardarse  por  los  ínquisidoi^es , 
al  hazér  comparezér  los  delatados  an- 
te su  tribunal ,  i  el  que  tienen  para 
prenderlos. 

2  Secuesirazión  de  bienes  » dicha  comíin- 

mente  secuestre. 

3  De  las  varias  Audienzias. 

4  De  la  Publicazión  ,  que  llaman ,  de  tes- 

tigos. 
^  Délas  confutaziones  de  los  testigos. 

6  De  las  sentenzias  de  tormentos  ,  i  de  su 

^cuzion. 

7  De  oíros  modos  de  inquirir. 

8  De  otras  artes  mas  secretas. 

9  De  la  manera  de  tratar  a  los  cautivos 

en  <:t(anto  al  raimen  de  vida. 

10  Délas  visitas  de  cárzeles. 

11  Da  los  autos  de  fé  ,o  publicazión  de 
las  sentenzias. 

12  De  la  interpretazion  de  las  sentenzias. 


Lo  demás ,  azerca  del  oríjen  de  la  Inquisi- 
ción i  otras  cosas  dignas  de  saberse  ,  entenderá 
el  lector  por  el  prefazio. 


;. 


PUEFAZION. 


Ejn  la  gran  coofusion  de  cosas  por  las  que  tan- 1 
tos  pueblos  i  nazioaes,  contra  sus  propios  vezL 
nos  i  Gonc  ludada  DOS ,  esto  es ,  contra  las  entra- 
ñas mismas  de  su  patria ,  por  causa  de  la  Inqni- 
sizioQ  (si  es  licito  dezir  la  verdad)  toman  las  ar- 
mas ,  defendiéndola  unos  como  cosa  sacrosanta 
i  sobre  lodo  provechosa  a  la  república ,  i  esFor- 
zándose  otros  por  el  contrario  ,  no  tanto  en  es- 
tirparla  ,  cuanto  en  rechazarla  de  sí ,  como  una 
servidumbre  indigna  de  hombres  libres  ¡  ¿  podrá 
alguien  dudar  con  fundamento  .  cuales  son ,  en- 
trellos,  los  que  como  locos,  se  enTurezcan? 
Pues  DO  es  posible  que  teniendo  unos  i  otros 
prestas  ya  las  armas,  estén  también  por  unos  i 
por  otros  la  justiiia  i  el  derecho ,  cuando  es 
tanta  la  diversidad  de  parezeres  como  la  de  vo 
!uatade8  :  i  si  los  unos  tomaron  con  razón  las 
armas ,  no  pueden  los  otros  con  razón  tenerlas. 
Tampoco  pare¿e  verosímil  que  las  supremas 
potestades  del  orbe  ,  (dejando  a  un  lado  el  nu- 


meroBO  roigo  de  las  clases  mu  humildet  qae 
juzgaron  deber  tomar  a  Bñ  argo  el  defendeiia 
de  todos  modos  ,  i  que  todos  los  aflos  con  so- 
ma derozion  i  no  menor  pompa  a  ras  decretos 
bajo  juramento  se  obligan  ,  se  apartrat  de  lo 
2  verdadero  i  de  lo  justo  :  *  sobre  todo .  cuando 
ni  ellos  Tueron  sus  primeros  inventores ,  ni  la 
defienden  como  cosa  ,  poco  ba  de  ia  tierra  en- 
jendrada  ,  sino  que  rezibida  de  ans  mayores  , 
por  la  fama  de  santidad  i  por  m  misma  anti- 
güedad digna  de  venerazion,  con  sobrehumano 
poder  ,  a  manera  de  un  numen  celestial  entre 
loe  mortales ,  prevalezió  hasta  el  presente.  A 
estos  ilustres  titulos  acompafian  ademas  no 
despreziables  veDUyaB  ,  a  saber  ,  el  atajar  con 
mañosa  industria ,  el  contajio  de  las  herejías 
Judaicas  i  Uahometanas  i  otros  muchos  erro- 
res ,  que  diariamente  apareieo  bajo  úertos  o 
indertos  guiaa  i  nombres  ,  puesto  que  ,  deje- 
mos a  un  lado  ,  el  aumento  ,  aunque  conside- 
rable ,  del  fisco  real  i  el  de  algunas  furlunas 
privailas  ,  como  cosa  de  menor  importancia. 

Pero  como  según  el  testimonio  de  la  misma 
Verdad  i  según  la  naturaleza  misma  de  las  co- 
sas nadie  puede  juzgar  con  mas  certeza  ni 
mas  fazilidad  ,  azerca  de  la  bondad  o  malizia 


^  un  árbol ,  que  por  sus  frutos ;  en  esle ,  no 
menos  útil ,  por  cierto ,  que  peligroso  juizio  , 
aparte  de  cualquiera  envidia ,  debemos  seguir 
la  misma  regla ,  puesto  que  llegamos  ya  a  tal 
^tremo  que  vienen  los  hombres ,.  a  poner  en 
duda  ,  *  las  cosas  que  hasta  aquí  por  un  error  3 
grandísimo ,  no  digamos  estupidez  ,  como  san- 
tísimas veneraron.  Ahora  bien  si  la  Inquisizioii 
es  árbol  bueno  ,  o  si  se  quiere  >  santo ,  tolerará 
(me  pareze)  de  buen  grado  que  sus  frutos  sal- 
gan a  la  luz,  paraque  según  la  bondad  i  aun 
santidad  de  ellos ,  apesar  de  todo  fraude  o  en- 
vidia ,  su  propia  bondad  o  bien  santidad  se 
aprezien.  Pues  la  luz  ama  la  luz ,  i  el  que  prac- 
tica la  verdad  ,  aun  resistiéndolo  las  mismas 
tinieblas  ,  sale  de  grado  a  la  luz  ,  paraque  se 
manifiesten  sus  obras  hechas  según  Dios.  Pero 
el  que  obra  el  mal  ,  aborrezc  la  luz  :  i  si  le 
ayuda  la  fuerza  ,  imponiendo  un  tiránico  silen- 
cio a  las  lenguas  de  los  hombres  ,  encubre  sus 
propios  hechos  ,  no  sea  que  la  luz  los  redargu- 
ya. Contemple  pues  el  orbe  Cristiano  entero  , 
estos  frutos  de  la  Santa  Inquisizion  ,  que  de  su 
varia  fecundidad  conzede  ,  sin  duda  la  divina 
Providenzia  ,  recojer  ,  i  por  olios  mismos  sin 
gran  dificultad  determine  por  sí  ,o  bien  la  con- 


I 


servaxÍDii  de  eslc  sanio  árliol ,  o  bien  al  Gii  su 
RsUrpazion. 

Mas  solo  en  un  punto  estriba  prinzipalmen- 
te  toda  esta  deliberazion  ,  i  es ,  en  saber  si  son 
verdaderas  las  cosas  que  azerca  de  la  Sania  In- 
4  quisiziun  aquí  vamos  a  referir;  *  i  ademas  de 
donde  las  hayamos  tomado.  Pues  nadie  dudará 
ya ,  que  sea  razón  cortai'  de  raíz  el  árbol .  si  de 
algún  modo  consta  de  buena  fé  que  dá  tan  peir- 
tilenles  frutos.  Pero  hai  grandísimo  peligro  en 
fiarse  en  cuanta  a  esto  de  los  berejes,  es  dezir, 
de  los  que  aborrezen  la  misma  Inquisizion  co- 
mo un  gravísimo  i  severísimo  azote  ,  i  son  por 
lo  tanto  justamente  sospechosos.  Asi  que  esti- 
mamos también  conveniente  indicar  an  méto- 
do breve  i  certísimo  al  mismo  tiempo,  por  el 
cual  sin  gran  esfuerzo  pueda  alcanzarse  la  ver- 
dad en  este  asunto.  El  método  consiste  en  que 
el  reí  mismo  a  quien  sobre  todo  interesa  ad- 
ministrar justizia  en  su  jurisdiczíon  se  persua- 
da lo  primero  de  que  por  sí  puede  i  debe  oblí- 
^r  a  ciertas  reglas,  al  tribunal  inquisitorio;  i 
de  que  no  pueden  estorbarle  cumplir  este  de- 
ber ,  leyes  algunas  de  la  misma  ínstituzion,  ni 
tampoco  privilejios ,  bulas  ,  índnljenzias  ni 
juramentos.  Propóngase  después,  eslableiida 


5 
una  veriladera  e  incorrupta  inquisizion  cuntí  a 
la  misma  Inquisizion ,  dejarse  informar  azerca 
de  estas  cosas  por  graves  e  incorruptos  varones, 
quienes ,  valiéndose  de  cuantos  crean  pueden 
tener  de  ellas  alguna  notizia  *  (según  acostum-  5 
bra  hazerse  con  aprobazion  jenerál  de  todos  en 
las  que  llaman  residenzias  de  otros  juizios) ,  las 
indaguen  por  su  medio.  Para  tales  indagazio- 
nes  debieran  antes  que  todos  ser  llamados  los 
mismos  presos  de  las  cárzeles  inquisitorias ,  los 
que  lo  son  ahora  i  los  que  en  otro  tiempo  lo 
fueron  ;  pero  quitadas  de  sus  bocas  aquellas 
mordazas  mas  que  de  hierro,con  las  cuales  ase- 
guró la  Inquisizion  su  tiranía.  Estas  mordazas 
son  el  eterno  silenzio  ,  que  bajo  gravísimo  ju- 
ramento se  les  intima  ,  paraque  absolutamente 
nada  revelen  de  cuanto  azerca  de  la  Inquisizion 
i  de  toda  su  manera  de  proceder  ,  mientras  es- 
tuvieron en  la  cárzel ,  supieron  ,  o  vieron  ,  o 
esperimentaron  por  sí  mismos  :  antes  bien  en 
esa  parte  hagan  cuenta  estuvieron  muertos  to- 
do el  tiempo  que  allí  habitaron  :  i  para  asegu- 
rar mas  la  fé  del  juramento  se  añaden  horri- 
bles conminaziones.  Con  esa  arte  prinzipalmen- 
te ,  todas  las  demás  artes  inquisitorias  estuvie- 
ron ,  hasta  ahora  ,  encubiertas  ;  i  bajo  el  zelo 


I 


lie  la  piedad  fueles  lízito  robar  sin  miedo  ,  ann 
(|ue  no  tan  de  oculto ,  que  lodo  el  orbe  no  se 
haya  tiempo  haze  apercibido  ,  si  bieo  confusa- 
inenle  .  i  como  de  lejos  ,  de  su  tiránica  cruel- 
dad. Pero  enfrenan  todos  su  lengua  ,  por  no 
verse  forzados  a  esperimentar  aquella  en  cabe- 
"  za  propia  *  mas  distinta  i  especialmente.  Esta 
mordaza  debe  quitarse  enteramente  a  los  que 
hayan  de  ser  preguntados ,  dejándoles  primero 
hbertad  para  hablar  sin  miedo  ,  si  alguien 
quiere  sacar  a  la  luz  ,  aquellos  misterios  ,  con 
tanto  daño  de  la  república  secretos ,  con  tanto 
estudio ,  hasta  ahora ,  a  todos  encubiertos.  1  así, 
si  acaso  a  nosotros  ,  como  ,  sosj)echosos  ,  se 
nos  diere  poca  o  ninguna  fé  en  la  presente 
narrazíon  ,  cuando  provocamos  a  una  lejitima 
i  forma)  averiguazíon  de  las  cosas  ,  privándo- 
nos a  nosotros  mismos  de  todo  crédito  ,  no  es 
ciertamente  porque  alguno  mida  cosa  tan  gran- 
de o  por  nuestra  autoridad  n  por  nuestra  i>e- 
queflez  sino  por  ella  mismo. 

Pero  de  donde  ,  estas  cosas  nos  consten  , 
tampoco  perteneze  al  asunto;  por  lo  cual,  aun- 
que también  en  cuanto  a  esto  estemos  sincera- 
mente satisrechos  ,  no  obstante  ,  ni  queremos 
aprovecbarnos  de  ello ,  ni  pospuesto  el  conozi- 


7 
mteato  de  la  misma  caosa »  nos  lo  pueda  echar 
en  cara  nadie  con  raion. 

Por  lo  demás ,  que  en  aquellas  notables  ven- 
tajas ,  por  nosotros  arriba  menzionadas  ,  i  que 
ordinariamente  suelen  decantar  los  protectores 
de  la  Inquisizion  ,  no  tienen  ellos  mismos  de- 
fensa alguna ,  i  si ,  mui  grande  ,  la  parle  con- 
traria t  fazilroente  lo  conozerá  *  quien ,  (dejan-  7 
do  a  un  lado  el  real  fisco  i  las  riquezas  de  otros* 
por  cualquier  titulo  adquiridas ,  porque  no  pa- 
rezca que  solamente  se  las  envidiamos  observe 
con  nosotros  que  de  cuantos  millares  de  hombres 
de  Judies ,  de  Mahometanos ,  de  Cristianos  en 
fin,  o  verdaderos,  o  herejes,  i  que  se  apartan  de 

la  fé  Romana ,  cayeron  en  las  manos  de  los  In- 
quisidores ;  podrán  ciertamente  mostrarse  mu- 
chos miles  de  Sambenitos ,  de  los  cuales,  a  unos  0^ 
acabaron  por  el  fuego ,  a  otros  ,  ademas  de  la 
nota  de  indeleble  ignominia  impresa  en  ellos  , 
«n  su  linaje  i  en  toda  su  posteridad  ,  despoja- 
ron de  todos  sus  bienes  ;  i  para  dezirlo  de  una 
vez ,  podrán  ciertamente  mostrarse  tantos  des« 
pojos  de  hombres  infelizes  cuantos  por  cual- 
quier mínima  causa  incurrieron  en  la  censura 
de  los  mismos  :  pero  ni  uno  solo  ,  en  verdad  , 
a  quien  ,  mas  s:.ludablemeute  ,  hayan  enseña- 


8 

do  en  su  error ,  o  reduzido  a  mejor  camino; 

Ahora  ,  para  manifestar  con  que  derecho  la 
Inquisizion  se  atribuya  cuanto  azerca  de  su  ori- 
jen  .  i  azerca  de  la  antigüedad  i  esplendor  de 
su  nombre  deslumhra  a  la  jente  ( pues  ¿  quién  , 
ante  estos  sacrosantos  nombres  ,  «.Sania  Inqui- 
sizion ;  Padres  de  la  fé ;  inquisidores  de  la  heré- 
tica  pravedad  i  aposlasia  ;  »  no  se  postrará  re- 
8    verente? )  *  diremos  de  antemano  alguna  cosa. 

Habiendo  acabado  los  reyes  católicos  Fer- 
nando e  Isabel  de  feliz  memoria  aquella  guerra, 
en  que  fueron  ,  al  fin  ,  echados  del  reino  i  ciu- 
dad de  Granada  i  de  toda  Espafia  ,  los  Mahome- 
tanos que  ,  desde  el  rei  Rodrigo ,  último  de  los 
Godos,  por  espazio  de  setezientos  setenta  i  ocho 
años  cumplidos,  la  hablan  ocupado;  i  en  la  que 
ganaron  para  su  patria  el  sosiego  i  la  libertad  , 
i  para  si,  gloria  inmortal; volvieron  sus  ánimos 
del  tumulto  de  tan  larga  guerra  a  la  depurazion 
i  fomento  de  la  relijion.  Dieron  ocasión  a  esto, 
así  ya  los  pueblos  de  los  Moros  venzidos ,  a 
quienes  los  reyes  católicos  dejaron  en  sus  po- 
sesiones ,  bajo  condizion  de  abrazar  la  fé  Cris- 
tiana ;  ya  también  la  multitud  de  aquellos  Ju- 
díos, no  inferior  a  la  de  Moros,  a  quienes,  man- 
dados salir  de  España  ,  i  que  hablan  pasado  el 


9 
estrecho  de  Hércules,se  les  permitía  bajo  la  mis- 
ma condizion  que  a  los  moros,  permanezer  en 
ella.  Habian  yivido  en  España  los  Judíos,  según 
refieren  sus  antiquísimos  anales,  desde  la  des- 
truczion  de  Jerusalém  por  Tito  ,  emperador  de 
los  romanos,  el  cual  los  mandó  trasportar  allá 
bajo  dura,  ala  verdad,  i  *  casi  servil  condizion,  ^ 
si  bien,  por  esto  ,  no  enteramente  desdichada ; 
pues  que  nadie^  hasta  entonzes,  les  había  nunca 
obligado  a  mudar  de  relijion.  Deseaban ,  pues , 
los  Beyes  proveer  a  la  mejor  enseñanza  de  es- 
tos, solo  en  el  nombre,  cristianos  nuevos,  i  vi- 
siblemente, a  la  fuerza,  mas  bien  que  de  volun- 
tad ,  iniziados  encías  Cristianas  solemnidades  : 
pensamiento  piadoso  sin  duda ,  i  muí  digno  de 
reyes  Cristianos,  si  sus  haraganes  *  directores, 
o  mejor  dicho  ,  trastornadores ,  no  hubiesen 
malignamente  echado  a  perder  tan  buenos  pro- 
pósitos. Pues  en  calidad  de  directores  perpe- 
tuos de  todas  sus  acziones  i  designios  asistían  a 
los  reyes  (cual  linaje  de  hombres  sin  vergüenza, 
que  con  presunzion  de  saber  i  santidad  acos- 
tumbra penetrar  hasta  los  mismos  aposentos 
mas  secretos  de  los  prínzipes]  algunos  del  orden 

*    baraganes.'^El  orginal— mafe/éríiKoí. 


10 

monacal,  en  particular  deUbando  Dominicano , 
a-qui^nes  los  buenos  de  los  Reyes  en  todo  con- 
sultaban ,  prinzipalmentc  en  las  cosas  de  reli- 
jion  ¡  de  sus  conzienzias.  Con  estos  directores 
délos  piadosos  designios  de  los  Reyes ;  en  lugar 
demaestros  de  pía  doctrina,  pastores  i  doctores 
10  que  con  la  debida  caridad  y  dilijencia*  aparta- 
sen a  aquellos  forzados  Cristianos  de  sus  inve- 
terados errores ,  reduziéndolos  a  abrazar  de 
corazón  la  verdad  Cristiana ;  se  erijió  un  nue- 
vo tribunal  de  Inquisidores ,  por  el  que  los 
hombres  ,  aun  sin  eso  harto  desdichados  ,  en 
vez  de  aquella  mejor  enseñanza  ,  que  hubiera 
podido  compensarles  ,  lo  bastante  ,  la  calami- 
dad presente  ,  fuesen  perseguidos ,  saqueados , 
desterrados  i  arrastrados  ,  ya  a  los  horrendos 
suplicios  de  la  muerte  ,  ya  a  los  azotes  i  per- 
petua ignominia  ,  ya  también  ,  arrebatándoles 
todos  sus  bienes  ,  a  la  indijencia.  Ni  era  siem- 
pre menester  para  esperimcntar  estas  cosas  ha- 
ber maldezido  de  Cristo  hasta  mas  no  poder  : 
bastaba  el  renovar  alguna  insignificante  cere- 
monia del  Mahometismo  o  Judaismo  :  o  ,  por 
lo  menos  ,  cualquier  levísimo  error  en  la  fé  , 
de  la  cual  ni  los  primeros  rudimentos  hubie- 
sen aprendido.  No  faltó  .  para  afirmar  el  nue- 


il 

To  invento  ,  con  su  ayuda  Sixto  cuarto ,  a  la 
sazón  Romano  Pontifize :  i  asi  ,  finalmente  , 
con  la  real  al  mismo  tiempo  que  con  la  ponti- 
fizia  autoridad  ,  se  fortalezió  de  manera  ,  que 
a  no  combatirle  su  propia  grandeza  ,  por  la 
cual  llegó  ya ,  a  ser  al  mundo  intolerable  ,  hu- 
biese podido  parezer  eterno.  ¿Era  así ,  por  cier- 
to /como  debia  proveerse  al  muevo  aumento 
de  la  grei  Cristiana,  de  piadosos  pastores  ,  que 
apazentasen  el  rebaño ;  que  ni  *  devorasen  la  il 
leche  hasta  ordeñar  sangre  ;  ni  se  cubriesen 
con  la  lana ,  i  aun  con  las  mismas  pieles  cruel- 
mente arrancadas?  ¿Que  no  matasen  lo  que 
apareziese  pingüe  ,  antes  bien  afirmasen  al  dé- 
bil ,  curasen  al  enfermo  ,  recojiesen  benigna- 
mente al  abatido,  redujesen  al  ahuyentado,  bus- 
casen con  piedad  pastoral  al  errante :  i  no  man- 
dasen con  aspereza  i  violenzia  a  los  que ,  por 
ser  peculio  de  Cristo ,  con  suma  humildad  de 
ánimo  debieran  antes  servir?  Buscaban,  es  ver- 
dad, i  buscan  todavia,  las  ovejas  errantes,  ahu- 
yentadas, dispersas,  i  esto  con  suma  dilijencia; 
mas  para  el  mercado ,  no  para  salvación  de 
ellas.  Pero  prosigamos. 

Como  los  padres  Dominicos  fueron  los  auto- 
res de  aquel  consejo ,  asi  también,  con  la  auto- 


12 

ridad  que  tenianparacon  los  Reyes,  sealurou 
razilmente  con  aquella  tiranía  ,  bajo  prcteslo , 
sobre  todo,  de  la  doctrina  de  la  fé  ,  cuyos  de- 
fensores ,  ya  de  mui  antiguo  ellos  mismos  se 
llamaban.  Pero  estos.por  la  avarizia,  soberbia  i 
ambizion  (achaques  que  prinzipalmenle  los  tie- 
nen para  con  el  mismo  Tulgo  tiempo  baie  de- 
sacreditados) por  la  crueldad  también  i  dureza 
con  que  mandaban  en  su  alto  puesto  ,  por  no 
dezir  suma  majistratura ,  haziéndose  intolera- 
12  bles  aun  a  los  mismos  reyes,'  que  poco  antes  a 
tal  alteza  los  babian  levantado ,  fueron  de  su 
lugar ,  aunque  bajo  honestos  pretestos,  separa- 
dos ,  i  transferido  a  los  clérigos  aquel  oficio.  De 
esta  dignidad  ,  primero  i)oseida  i  después  per- 
dida son  hoi  vestijios  enire  los  Dominicos  sus 
mas  antiguos  templos,  adornados,  como  si 
fueran  trofeos,  de  los  Sambenitos  de  aquellos , 
a  quienes,  mientras  tuvieron  dicha  majistratu- 
ra, malamente  condenaron.  «Pero: 

''manet  alta  meóle  reposlum 

ludicium  Paridis  ,  sprela;  que  iniuria  forms , 

Et  gcnusinvisum,  ct  rapli  Ganymedis  honores». 

(Virg.  Aeneid.  1.30  Isig.) 

Has  aun  conservan  ahincadamente  el  antiguo 

;  de  Inquisidores ,  pensando  sin  duda 


13 
recobrar  algún  düi  su  dereclio  .  A  estos  solo  i 
no  a  otros  ,  ambiziosos  i  perversos  consejeros, 
que  malignamente  convirtieron  en  sn  provecho 
i  hoiirra  propia  los  pensamientos  de  los  Reyes, 
piadosos  i  a  la  iglesia  de  Dios  s'iludables,  de- 
bemos boi  la  Inquisizion  :  de  otra  manera  ¿a 
qué  venia  en  vez  de  oÜziosos  i  fieles  precepto- 
res de  la  fé  Cristiana,  i  de  prudentes  celadores, 
erijir  un  tribunal  nuevo  i  hasta  enlonzes  a  to- 
dos dcsconozi  do,  que  para  enseñar  la  relijion  e 
infundirla  en  los  ánimos  pertinazes  ,  estuviese 
armado .  no  de  la  piadosa  erudición  ,  doctr  iua  *  I S 
i  caridad  ,  que  ,  en  particular  en  el  c.  21  de 
S.  Juan  ,  requiere  únicamente  Cristo  en  el 
pastor  ,  sino  de  poder  ,  crueldad  ,  majestad  . 
imperio  ,  cadenas  ,  tormentos  ,  cuerdas,  mor- 
dazas ,  Sambenitos  ,  corozas  ?  No  rodeado  áf. 
coadjutores  en  la  obra  de  Dios  ,  santos  i  doc- 
tos en  los  misterios  de  la  relijion  Cristiana  , 
sino  de  procurador  ,  fiscal ,  escribanos  ,  algua- 
ziles  ,  alcaides  de  las  cárzules  i  del  nutucruso  i 
casi  infinito  séquito  de  los  que  llaman  familia- 
res? ¿Quién  no  dirá  ,  están  todas  estas  cosas 
establezidas  para  imponer  al  pueblo  el  yugo  de 
una  nueva  servidumbre  ,  de  donde  resulten 
también  al  íisco  nuevas  riquezas  ,  antes  que 


14 

para  aumento  de  la  relijion?  Como  si  escojien- 
do  a  uno  muí  práctico  en  el  arte  de  la  caza  , 
armado  de  arco  i  saetas  ,  provisto  de  lazos  , 
trampas  i  redes  ,  de  lijeros  perros  acompaña- 
do se  le  enviase  a  predicar  el  £vanjelio  i  a 
propagar  la  relijion  Cristiana  :  ¿  quién  ,  pre- 
gunto ,  estando  en  su  juizio  ,  i  mas  mirándole 
las  manos  siempre  empapadas  en  sangre  ,  de 
andar  entre  espesos  sotos ,  no  tendrá  a  éste 
por  un  cazador  insigne  antes  que  por  un  pre- 
dicador Evanjélico  ?  Era  ciertamente  propio  de 
14  obispos  *  piadosos ,  si  algunos  hubiese  habido  , 
el  cargo  de  enseñar  la  verdadera  piedad  ,  así 
a  los  nuevos  como  a  los  viejos  cristianos :  i 
cargo  no  por  los  hombres  sino  por  Cristo  mis- 
mo a  ellos  encomendado  :  mas  ignorando  o 
despreziando  ellos  mismos  su  ofizio  ,  ni  uno 
solo  del  orden  de  obispos  o  de  teólogos  hubo, 
que  juzgase  se  le  quitaba  una  buena  parte  de 
sus  funziones  en  cuanto  se  creaba  aquel  nue- 
vo tribunal :  tan  en  completo  desuso  estaban 
todas  las  leyes  de  la  disciplina  Cristiana. 

Pero  instituida  i  afirmada  de  esta  manera 
la  Inquisizion  ,  por  mas  que  en  virtud  de  la 
autoridad  suprema  del  mundo ,  esto  es ,  de  la 
real  i  de  la   pontifizia ,  i    apesar  también  de 


!S 
(|uc  por  la  singular  aioiiencia  de  !>ant¡iÍ3i)  se 
mostrase  según  los  cálculos  de  todos  digna  de 
ser  aprobada  ,  no  Tue  ¡lor  to<los  al  |iunto  rezi- 
bida  ,  pues  que  intentando  el  Rei  Femando 
introduzirla  a  la  Tuerza  en  su  patrio  reino  de 
Aragón  ,  se  opusieron  los  gi-andcs  del  Reino  , 
moderadamente  por  cierto  al  piinzipio  :  des- 
pués amenazándoles  la  fuerza  ,  resistieron 
también  con  la  Tuerza  .  alegando  que  aquello 
antes  se  dirijia  a  disminuir  la  libertad  del  rei- 
no que  a  purificar  la  relijion.  I  no  se  rezibió 
(si  puede  dezírse  que  se  rczibe  lo  que  a  la  fuer- 

.  za  se  impone)  hasta   que  después  de  mucha    *  15 

I  sangre  derramada  por  ambas  partes  ,  se  afir- 

I  mó  de  asiento.  Atestigúalo  hoi .  ademas  del 

odio  que  tienen  a  la  santa  InquJsizion,  asi  los 

i  Grandes  todos,  como  el  pueblo,  en  aquel  reino; 

el  maestro  Epila  '  enviado  alli  por  f I  rei  con 

I  suma  autoridad  para  ese  ofizio  i  muerto  por 

los  grandes  en  Zaragoza  en  el  primer  templo 

I  de  la  ciudad  ,  lo  cual  le  valió  después  la  divini- 

dad para  con  el  vulgo   supersticioso.  Pues  tié- 

I  nese  por  indudable  que  la  sangre  del  recion 

í 

•    Otro»  le  UamsB—  S.  Pedro  Arbués.  Fui,  comn  yo,   colcjb 


16 

iniierto  subió  humeando  bastad  mismo  altar, 
declarando  el  cielo  con  este  prodijio  la  inocen^ 
cia  del  muerto  i  la  justizia  de  la  causa  porque 
murió.  I  aunque  en  su  mismo  sepulcro  fre- 
cuentes milagros  atestigüen  esto  mismo  toda- 
via  (que  tal  es  la  vanidad  de  los  hombres  i  el 
poder  del  diablo  para  engañar  a  los  que,  se- 
gún dize  S.  Pablo  2.  Thes.  2  ,  desecharon  el 
<imor  de  la  verdad)  con  todo  el  titulo  de  Santo, 
el  que  le  llamasen  San  Epila ,  aun  no  lo  con- 
siguió, porque  muerto  por  una  causa  santísi- 
ma sin  duda,  se  le  encontró  armado  debajo  de 
la  ropa,  no  solo  con  una  camisa  de  hierro  ,  (lo 
cual ,  según  dizen  ,  nada  se  oponia  al  llama- 
miento divino),  sino  también  de  una  espada : 
1^  pues  esto  solo  *  es  lo  que  impide  honrra  tan 
grande. 

Mas ,  volviendo  a  nuestro  propósito  ,  se  di- 
rá :  No  se  establezió  la  ¡Inquisizion  para  ins- 
truir a  uno  en  los  preceptos  relijiosos  ,  sino 
para  castigar  i  estirpar  los  errores  i  las  here- 
jías. Convenimos  a  la  verdad.  Pues  que  los  pia- 
dosos reyes  pensasen  al  prinzipio  otra  cosa  de 
la  que  después  salió  de  sus  malignos  conseje- 
ros ,  lo  demuestra  su  misma  piedad  :  por  lo 
cual ,  instituida  la  Inquisizion  para  los  fines 


íjuc  liizcn  ,  i  según  quieren  algunos  ,  aiilts  do 
h  guerra  de  Granada  ,  que  ésto  nada  estorba 
a  nuestro  propósito  ,  aquel  <'uidado  sin  duda 
de  enseñar  la  fé  a  ios  nuevos  Cristianos  se  de- 
jó totalmente  [irimero  a  los  párrocos  i  por  es- 
tos .  desputis  ,  a  sus  clérigos  i  sacristanes ,  ca- 
da uno  en  su  pueblo  o  nidéa ,  quienes  debían 
enseúar  a  las  orejuelas ,  miserablemente  enga- 
ñadas, el  AveMaria,  Padre  nuestro  ,  Credo. 
Salve-regina ,  en  palabras  mas  bien  bárbaras 
que  latinas ,  i  poi-  vía  de  juego  ademas  i  para 
irrisión  de  los  infelizes  ,  mas  bien  que  con  se- 
riedad :  i  esto  no  de  valde,  sino  a  gran  precio , 
muchas  vezes  ,  a|iarte  de  la  común  exacción  . 
aun  a  costa  del  pudor  de  sus  [mujeres  e  hijas. 
I'ero  en  aquellos  cinco  preceptos  de  la  Iglesia, 
absolutamente  necesarios  *  para  la  salvazion  ,  17 
oír  misa  las  fiestas  i  los  domingos  ,  confesar  , 
comulgar  ,  ayunar  cuando  lo  manda  la  santa 
madre  iglesia,  pagar  diezmos  i  primizias  ,  de- 
bían insistir  con  palabras  mas  (|ue  claras,  has- 
ta dar  náuseas.  Con  semejante  instituzion  en  la 
relijion,  ¿qué  otra  cosa  al  parezer  se  procuraba 
sino  los  errores  perpetuos  de  algunos  hombres 
desdichados,  para  que  la  inquisizion,  estable- 
zitJa  por  otra  parte  a  causa  de  esos  mismos  er- 


^ 


Í8 

rores  ,  se  apoderase  siu  i'enii'dío  Je  su  presa  t 
como  hazen  los  robustos  i  arinadoB  cazadores 
que  azeclian  la  suya  desde  una  atalaja?  Pero 
volvamos  al  asunto. 

Aun  suponiendo  instituida  la  Inquisiziou  pa- 
ra esos  lincs.  i  que  no  le  peitenezca  instruir  en 
laféya  i|ue  le  importa  estirpar  los  errores: 
con  lodo,  los  buenos  i  circunspectos  consejeros 
debieran  procurar  que  los  obispos  Cristianos 
no  fuesen  defraudados  del  derecho  de  su  ofizio 
que  tienen  en  virtud  de  las  mismas  sagradas 
escrituras.  I  también  que  no  se  fiase  la  cstirpa- 
zion  de  las  herejías  a  otro  hierro  o  a  otro  fuego 
que  a  la  palabra  misma  de  Dios.  Enseflaba  cla- 
ramente el  Apóstol  ambas  cosas  en  la  epístola  a 
Tito,  donde,  entre  otras  dotes  del  obisi»  Cris- 
tiano ,  quiere ,  que  sea  constante  en  la  plática 
fiel ,  que  es  según  doctrina  ,  paraque  pueda 
\%  [dize]  exhortar  '  i  convenzer  a  los  que  contra- 
digan. Pues  como  nunca  se  sacará  de  la  fuer- 
za o  de  los  tormentos  la  fé  verdadera  i  salutí- 
fera ,  (que  es  ta)  por  naluraleza)  asi  tampoco 
se  estirparán  las  herejías  ,  ni  con  la  muerte 
misma  de  los  herejes  :  mas  ,  para  lo  uno  i  lo 
otro  ,  es  muí  apropósito  la  misma  palabra  de 
Dios  ,  con  la  cual  sola ,  se  enjendia  i  aumenta- 


19 
la  fe  :  i  examinando  las  cosas  a  la  luz  de  la 
misma  palabra  ,  se  echará  de  ver,  al  instante, 
todo  lo  que  no  es  conforme  a  la  verdadera  fé. 
Debieran  pues  consultarse  las  sagradas  Escri- 
turas ,  i  ver  qué  penas  establezieron  contra 
los  pertinazes  i  contra  tos  que  obstinadamen- 
te resisten  a  la  verdad  :  ¿  acaso  los  azotes  ,  o 
los  suplicios  de  fuego  ,  entre  todos  los  usados  , 
los  mas  crueles  ?  Porque  ¿qué  n'.ayor  avarizia 
que  aquellas  confíscaziones  de  bienes? ;  que  co- 
sa mas  inicua  ,  mas  absurda  i  mas  ajena  de  la 
profesión  Cristiana?  Ahora  bien  ¿  con  qué   pa- 
labras ,  convertiremos  en  mérito  el  usar   de 
este  jénero  de  multas  (pasando  por  alto  aque- 
lla ignominia  ,   después  en   ninguna  manera 
compensable)  aun  contra  los  que  volvieren  de 
su  error?  San  Pablo  ,  en  el  lugar  citado  ,  nin- 
gunas penas  estableze.   Pues  es  posible  ,   que 
alguno,  convicto,  vuelva  en  si,  con  el  cual  de- 
be usar  el  pastor  Gel,  no  de   multa  de  ningún 
jenero,  sino  antes  de  suma  blandura   i  benig- 
nidad. *  Pero:   oigamos  lo  que  en  otra  par- 19 
te  claramente  estableze  contra^  el  contumaz. 
'Evita,  '  dize,  *  al  hombre  hereje  después  de 
una  i  otra  amonestazion/  Manda  ([uc    se  le 
amoneste  en  sü  error,  una,  dos  vezes,  i  esto,  el 


m 


K 


obispo,  no  (|uc  se  le  anastir  a  juizío  ,  ni  quc 
cn  e\  acto  se  le  üaga  pasar  por  las  penas  de  su 
error,  ¡estas,  en  cstiemo  gravísimas.  Sí  hizie- 
re  caso  de  la  amoneslazion,  asi  el  obispo  ,  co- 
mo laijjlesia,  tienen  ile  donde  alegrarse .  por 
haber  ganado,  para  la  vida,  a  un  bermano,  a 
un  miembro  de  Críslo.  Si  no:  manda,  que  se 
le  cscomulgue ;  esto  es ,  que  se  le  separe  i  es- 
cluya  de  la  congregazion  de  los  Relés,  i  cslu, 
no  en  venganza  de  su  error  ó  contuinazion  , 
sino  por  remedio.  Concuerda  esta  sentcnzia 
del  Apóstol  con  el  precepto  de  su  Maestro. 
Mat.  18.  'Si  ni  a  ti'  (dize)'  ni  a  aquellos',  esto 
es ,  a  los  que  por  segunda  vez  le  amonestaron, 
'oyere,  dilo  a  la  iglesia  ,  i  si  no  oyere  a  esta , 
tenleporjentili  publicano.'  Esto  es,  juzga  que 
no  pertcneze  a  la  congregación  de  los  fieles  i  al 
reino  de  Cristo  con  mejor  titulo  que  los  que 
nunca  hubieren  rezibido  la  fé.  En  este  grado 
de  severidad,  harto  rigoroso  si  bien  se  conside- 
ra, detiene  el  paso  la  diszipUna  cristiana.  Con 
este  tribunal ,  con  estas  leye»,  con  esle  mcto- 
20  do  de  prozcder  en  las  audiencias  *  contra  los 
hermanos  descaminados  i  contra  todojéneru 
de  herejías ,  medios  que  usó  felizmente  la  igle- 
sia para  estirpar  todas  las  qite  en  cualquier 


21 
tiempo  pulularon  en  ella  ,  hubiera  debido  es- 
timar la  piedad  cristiana  [úes  que  existia),  que 
Cristo  habia  mirado  por  si  superabundante- 
mente.  Pero  el  que  quisiese  estirpar  los  erro- 
res con  la  muerte  de  los  que  yerran  ,  baria  cier- 
tamente lo  que  un  médico  próvido  ,  sin  duda, 
que  deseando  librar  de  algún  mal  a  sus  enfer- 
mos los  matase  de  propósito.  Añádase  ,  que  los 
que  dizen  que  de  este  modo  cstirpan  las  bcre- 
jias  ,  además  de  no  consegairlo,  (pues,  aun 
permaneze  la  mentira  con  opinión  de  verdad) 
quitando  de  en  medio  al  qu  e  yerra ,  le  cortan 
todo  camino  de  salud.  Pues  pudiera  suzcder 
según  l9s  recónditos  e  incomprensibles  que 
son  los  jnizios  de  Dios  ,  que  ,  conservado  en 
la  vida  ,  se  redujese  por  fin ,  alguna  vez  ,  a 
mejor  acuerdo.  Pero  corre  peligro  no  infizio- 
ne  con  su  mal  a  otros.  Confesamoslo  ,  i  por 
eso  manda  el  Maestro  i  el  Apóstol  que  se  le 
huya  i  separe  del  cuerpo  de  la^ Iglesia.  I  si 
por  razones  quizá  mas  probables ,  era  lízito 
castigar  a  los  tales  contumazes  con  penas  aun 
mas  severas  ,  ¿no  era  acaso  para  ello  sufiziente 
i  harto  lejítimo  *  el  majistrado  ordinario?         21 

Sin  duda  ,  responderán  ,  que   a  los  majis- 
trados  seglares  no  puede  pertenezer  ^1  cono- 


22 

zi miento  de  las  herejías  ,  por  estar  destituidos 
de  la  erudizion  en  la  sagrada  doctrina  i  de  la 
práctica  de  las  cosas  eclesiásticas.  Pues  se  tie- 
ne por  cosa  mas  (¡ue  averiguada  ,  entre  esos 
mismos  doctísimos  maestros  de  los  sagrados 
ministerios  ,  que  al  majistrado  ( a  quien  por 
afrenta  llaman  secular )  no  perteneze  ni  el  co- 
nozimiento  ni  aun  la  ciencia  de  lo  sagrado. 
Pero ,  ¿con  qué  práctica  ,  pregunto  ,  en  las 
cosas  sagradas  ,  o  con  qué  erudizion  de  la 
doctrina  de  la  fé  ,  son  promovidos  al  cargo 
inquisitorio  ,  los  mismos  que  han  de  conozer 
de  la  fé  ,  de  la  cual  no  obstante  se  llaman  pa- 
dres ,  i  azerca  de  las  herejías  ,  de  las  que  se 
dizen  estirpadores  ,  i  los  que  por  fin  han  de 
pronunziar  la  sentenzia  ?  Júzganse  bastante 
idóneos  para  este  empleo  sr  son  Doctores  en 
ambos  derechos  ,  a  saber  ,  Real  i  Pontifízio.  A 
ningún  teólogo  de  aquella  teolojia  sea  cual  fue- 
re, vimos  en  ese  ofízio  desde  la  remozion  de  los 
Dominicos  ,  de  que  ya  hablamos.  ¿  Qué  dire- 
mos ,  si  ademas  ,  desde  entonzes  ,  previnieren 
las  leyes  inquisitorias  ,  que  ningún  teólogo 
suba  á  aquel  tribunal  ?  Mas  en  lo  que  atañe  al 
22  conozimiento  del  derecho  seglar  ,  *  los  In- 
quisidores no  aventajan  a  los  majístrados  se- 


25 
glares  :  i  no  pueden  negar  que  en  las  causas 
de  la  fé,  otro  tanto  ,  como  la  mayor  crudizion 
en  el  derecho  portifízio  ,  sirve  i  ayuda  la  ju- 
risprudenzia  seglar.  ¿  Pues  ,  cómo  podía  ser 
que  puestos  a  juzgar  de  relijion  ,  enteramen- 
te faltos  de  todo  conozimiento  i  ciencia  en  las 
sagradas  letras  ,  contentos  solo  con  el  apoyo 
del  derecho  humano  ,  no  mezclasen  lo  amar- 
go con  lo  dulze  i  lo  dulzo  con  lo  amargo  ,  no 
llamasen  a  la  luz  tinieblas  i  a  las  tinieblas  luz? 
Es  dezir ,  que  mientras  se  declaran  padres  de 
la  fé  ,  estirpen  la  fé  ,  i  alimenten  portentosos 
errores:  acaben  con  los  hijos  de  Dios  i  fomen- 
ten los  hijos  de  satanás:  maten  los  siervos  de 
Cristo,  conforten  empero  ,  conserven  i  aumen- 
ten los  miembros  del  Antecristo. 

Responderannos  a  esto  ,  que  aunque  efec- 
tiyamente  no  puedan  ellos  mismos  juzgar  me- 
jor de  las  controversias  de  la  fé  ,  que  los  cie- 
gos de  los  colores,  llaman  no  obstante  por  eso 
a  la  deliberazion  i  consulta  de  semejantes  can-  ^ 

sas  a  algunos  teólogos  para  resolver  según  su  ^ 

dictamen ;  i  prinzipalmcnte  a  los  Dominicos  ,  a 
quienes  ,  de  todo  aquel  cúmulo  de  negozios 
inquisitorios  ,  pareze  que  solo  queda  el  ser 
llamados  a  las  consultas  i  a  las  que  llaman  *  25 


24 

ualilicaiiuiiea  de  duclrina.  Pero  aunque  aquí- no 
evainincnios  ,  ahora  ,  de  que  espezie  de  teolo- 
jía  entran  provistos  en  el  empleo  ;  no  es  sinem- 
bargo  diGzíl  averiguar  ,  si  esos  mismos  .  por 
)as  causas  que  arriba  brevemente  apuntamos  , 
separados  de  su  oGzio  i  juzgados  ineptos  para 
él,  vinieron  ya  d  ser  mas  aptos  para  su  desem- 
pefio  :  sobre  todo  ,  cuando  se  junta  también 
a  los  antiguos  achaques  del  ánimo  el  dolor  de 
la  antigua  ignominia  rczibida.que  se  recrude- 
ze  cada  dia  .  al  contemplar  aquel  tribunal  des- 
de tan  bajo  puesto  i  ciertos  zelos  perpetuos  de 
su  perdida  dígoiilad  ,  causados  por  los  rivales 
que  les  remplazaron.  Apelamos  sobre  esto  a 
los  inquisidores  mismos  nadie  mejor  sabe  las 
seriales  que  de  su  exacerbada  úlcera  interior 
sucli'n  dar  cuantas  vezes  se  les  cita ,  a  tan  gra- 
vas (iL'liberaciones:  i  por  esto  quizá  ,  en  alguna 
parle  se  pensó  en  cerrarles  totalmrnte  las 
puertas  de  la  inquisizion.  Pero  supongamos 
que  estén  ya  mas  sanos  ¿acaso  no  podria  ct 
inajistrado  ordinario  llamar  a  tales  consultas 
a  los  mismos  teólogos  ?  Abora  bien  ¿  qué  ini- 
quidad es  esta  ,que  total  inversión  del  de- 
recho, constituir  a  cualquiera  por  juez  de  co- 
sas, que  no  entienda  absolutamente  ,  paraque 


25 
le  sea  de  todo  punto  nezesario  estar  siempre  *  24 

colgado  de  los  juizios  de  otros  cualesquiera  que 
sean?  •¿Quién  pues  se  admirará  ya  ,  con  Justi- 
cia, si  cuando  contemplamos  sentada  a  la  San- 
ta Inquisizion  en  aquel  su  divino  tribunal  de- 
zimos con  Salomón.  «Vi  en  el  lugar  del  juizio 
sentarse  la  impiedad,  i  en  el  lugar  de  la  justi- 
zia  la  iniquidad? » Entre  tanto  por  el  siguiente 
ejemplo  podrá  observarse  ,  cuanto  se  permiten 
los  inquisidores  en  aquellas  mismas  cosas  que 
por  mui  heréticas  severisimamente  castigan 
en  otros.  Suzedió  Jxaze  pocos  años  en  Barcelo- 
na ,  ciudad  celebérrima  del  *  Principado  de 
Cataluña  ,  que  debiendo,  en  la  fiesta  del  Cor- 
pus-Cristi salir  en  procesión  el  pan  de  la  Misa 
dispuestas  todas  las  cosas  para  tan  solemne 
pompa ,  el  sacerdote  ,  que  habia  representado 

aquella  trájica  misa  mayor  ,  advirtió  ,  al  ir  ya 
a  encerrar  en  el  viril  de  oro  la  hostia  consa- 
grada, que  su  circunferencia  era  mayor  de  la 
que  podia  caber  en  aquel  viril.  Suspensos  to-^  \ 

dos  i  detenido  todo  el  aparato,  nadie  habia  en 
tan  célebre  concurrencia  a  quien  ocurriese  lo 
que  se  debia  hacer  en   aquel  inopinado  caso. 

•    regni  CathalonicB—,  en  el  ory. 


V 


V 


26 

Farsa  cu  verdad  ridicula  i  digna  de  tan  gran 
5  concurso. '  Solo  un  medio  talvez  bailaban  los 
maR  prudentes.  Af  salir  de  ai|uella  dificultad  , 
i  era  intentar  ,  bajo  mejores  auspizios  ,  otra 
misa  ,  *  en  otra  roda¡uela  de  pan  ,  recortada 
jirimcro  a  la  medida  del  viril.  Has  era  ya  muí 
tarde  para  empezar  tan  larga  pompa  i  aquella 
no  ¡lodia  sin  grave  inconveniente  detenerse 
por  mas  tiempo  .  Acaso  ,  de  los  sacerdotes  , 
ninguno  liabia  que ,  para  sobrellevar  el  próxi- 
mo trabajo  de  t:m  gran  solemnidad ,  no  bubiese 
almorzado  un  tanto  largamente.  Porque  el  que 
habia  cantado  la  misa  mayor  (como  quiera  que 
los  parezeres  de  los  teólogos  le  autorizaban  pa- 
ra dezir  otra  inmediatamente  ,  en  caso  de  ne- 
zesidad )  habia  sin  embargo  consumido  en  la 
primera  (pues  cómo  pudiera  hazer  otra  cosa? ) 
no  previendo  aquel  inopinado  suceso.  Estaba 
presente  cierto  Inquisidor  miii  nombrado  , 
Mnlonio  ,  Aragonés.  Kste  ,  por  hábito  impa- 
zienle  ,  i  fiado  sobre  todo  en  su  autoridad  in- 
(jiiisitoria  ,  cojiendo  unas  tijerillas  cortó  lo 
supérUuo  a  la  hostia  consagrada  dispuesta  pa- 
ra el  viril  ,  i  a  todo  el  pueblo  aquella  perple- 

■     ton,  pDreiedcbe  d«iir.  El  lal.  tn  alia  panii  orbit'lo. 


37 

^dad.  Alabarán  unos  la  admirable  industria 
de  aquel  bombre  en  la  dificultad  presente. 
Abominarán  otros  impíamente  de  su  temera- 
ria audacia.  Lamentarán  alj^unos  i  se  dolerán*  26 
de  la  calamidad  de  su  Dios  recortado  i  reduzí- 
do  por  las  execrables  manos  de  un  Inquisidor. 
Pero,  (o,  buen  Dios  ! )  si  cualquiera  ,  no  inqui- 
sidor, i  prinzipalmente  oriundo  por  algún  lado 
de  la  Judaica  estirpe  .  hubiese  tenido  tal  atrevi- 
miento ¿qué  penas  no  se  le  habrían  impuesto  ? 
Separósele  ,  por  aquel  atentado  .  d  Molonío  de 
su  ofizio.  Has  porque  no  se  perdiese  un  tan 
valiente  soldado  de  la  ¡nquisízion  fué  otra  vez 
a  los  pocos  dias  enviado  de  inquisidor  a  Sevi- 
lla. Pero  ,  i  a  qué  hablar  mas ,  del  modo  que 
tienen ,  ya  de  ensalzar  la  autoridad  del  Papa , 
ya  de  deprimirla  .  ya  de  adorarla  ya  de  des- 
preziarla  :  ya  de  vengarla  ,  con  la  mnerte  de 
los  que  pecan  contra  ella  ,  ya  ,  según  pareze 
requerirlo  el  provecho  o  detrimento  del  santo 
ofizio  ,  de  desacreditarla  ,  de  ofenderla  ,  pro- 
fanarla ? 

No  es  a  la  verdad  nuestro  ánimo  insistir 
ahora  masen  esto:  solo  en  cuanto  nos  parezió 
tocaba,  a  la  materia  del  prefazio,  manifesta- 
mos de  qué  prinzípios  o  con  qué  ocasión  nazió 


^ 


'i8 

la  ¡nqulsizioii,  cual  sea  su  antigüedad,  cual  sn 
Ranli<la(1,cuales  en  fin  atjucllas  ventajas  que  con 
expurgar  sin  duda  la  relijion  projiorzionó  al 
mundo  hasta  el  presente.  Siendo  estas.  Ules 
cuales  hemos  rererido  (pues  ningún  hombre 
27  recto  habrá  (jiie '  lo  niegue  o  que  con  cualquier 
justa  causa  las  disculpe)  ,  no  debe  estrafiarse 
que  los  pueblos,  hasta  aqui.  por  respeto,  obe- 
dientisimos  a  sus  majislrados,  para  apartar  de 
sus  términos  lan  terrible  calamidad  ,  ya  que 
por  otros  medios  no  pueden,  al  cabo  acudan  a 
las  armas.  Protegían  que  de  ningún  modo  re- 
husan la  purilicazion  de  la  relijion  puesto  que 
de  todas  veras  la  desean:  pero  la  quieren,  dig- 
na de  su  nombre;  esto  es  ,  la  que  exija  el  man- 
damiento de  la  palabra  de  Dios  ,  que  debe  ser 
para  todos  los  guardadores  de  la  verdadera  re- 
lijion la  única  regla  de  Relijion:  de  la  inquisi- 
mn  en  esta  parte,  fuera  de  lo  que  hasta  aho- 
ra dio  (le  si ,  ¿qué  pueden  esperar?  Protestan 
que  deben  asu  lejitimo  majislrado  ,  i  en  ver- 
dad, según  la  misma  palabra  de  Dios,  obedien- 
zia  ,  honrra  i  tributo,  i  que  están  aparejadísi- 
mos a  prestárselo  con  su  acostumbrada  pron- 
titud: pero  ruegan  que  se  les  reziba,  todo  ello 
sin  agravio  de  Dios  i  sin  la  tristísima  cautivi- 


29 
dad  de  sus  conzienzias  ,  cosas  que  á  los  varones 
rectos  ¡  piadosos  deben  ser  mui  recomenda- 
bles ,  i  mucho  mas  caras  que  la  misma  vida. 
Protestan  ,  que  de  ningún  modo  ,  quieren  sa- 
cudir el  yugo  de  la  obedienzia  lejitima  a  su  ma- 
gistrado pero  quéjanse  con  razón  de  qu€  á  aquel 
suave  *  i  humanísimo  yugo  ,  que  hasta  aqui  28 
con  la  debida  conformidad  de  ánimo  llevaron  , 
se  añada  ahora  el  freno  de  hierro  de  la  inquisi- 
zion  ,  que  no  se  aplica  á  otra  cosa  que  á  matar 
inozentes  ciudadanos  i  a  confiscar  bienes.  Po- 
diasc  tal  vez  en  otro  tiempo  culpar  a  los  arago- 
neses, por  no  haber,  según  arriba  dijimos,  rezi- 
bido  sin  tumulto  i  muertes  la  inquisizion  ,  dis- 
frazada con   aquella  hermosa  i  aun  reziente 
máscara  de  santidad  ,  i  cuando  no  se  ensañaba 
contra  todos  indistintamente  ,  sino  solo  contra 
Moros  y  indios  ,  i  esto  por  titulos  al  menos 
plaus3)les  ;  pero  cuando  por  espacio  de  seten- 
ta i  cinco  años  cumplidos  no  cesa  de  produzir 
los  frutos  que  aqui  referimos  ,  no  parece  en 
verdad  que  están  enteramente  locos  los  que  se 
empeñan,  como  pueden,  en  echarla  de  sus  tér- 
minos. Antes  bien  se  juzgaría  que  lo  estaban  , 
si  como  a  padres  de  la  fé  ,  pastores  i  propaga- 
dores de  la  relijion  recibían  en  su  casa  ,  a  sa- 

G 


30 

biendas  i  queriendo,  a  los  verdaderos  enemigos 
i  cruelísimos  estirpadores  de  la  relijion.  Mas 
los  que  ignoran  que  aquellos  sean  tales ,  lean 
atentamente  y  consideren  algunas  de  sus  artes 
(pues  el  dezirlas  todas  sería  imposible]  i  algunos 
modos  de  prozeder ,  aqui  descubiertos,  i  juz- 
guen después  al  fin. 


I 

\ 


) 


ALGUNAS  ARTES* 


INQDISIZIOIV  ESPA^OLH 

DESCUBIERTAS   I    AL    PÚBLICO 
MANIFIESTAS. 

MODO  PECULIAR  QUE  SUELEN  TENER 
LOS  Inquisidores  de  citar  i  prender 

A  LOS  DELATORES. 


Ijos  inquisidores  ,  rezibida  de  alguno  la  que 
llaman  denunziazioR ,  o  mas  bien  delazion  ,  eu 
las  cosas  por  lo  común  mas  leves  ,  ( aunque  pa- 
ra este  tribunal  nada  casi  es  tan  leve  ,  que 
no  acarree  una  muí  grave  pérdida  a  los  acusa- 
dos reos)  suelen  usar  del  siguiente  estratajema. 
Envian  secretamente  a  alguno  de  los  muchos 
que  para  esle  ofizio  tienen  ensenados,  (familia- 
res los  llaman  )  el  cual  haziéndose  el  encontra- 
dizo liable  al  denunziado  con  semejantes  estu- 
diadas palabras.  «Ayer  por  casualidad  estuve  *  2 
con  los  señores  Inquisidores  ,  que  preguntando 
por  ti  ,  dijeron  tenian  algún  negozio  que  qu¡- 


r 


BÍeraii  comunicarte  i  me  encargaron  que  de  su 
parte  te  lo  hiziese  saber  para  (|ue  mafkana  a  tal 
hora  te  presentes  a  ellos.»  .No  le  vale  al  llamado 
rehuir  o  dilatar  el  pregentaree  ,  a  no  ser  qne 
quiera  hazerlo  con  grandísimo  daño  suyo.  El 
denunziado  .  pues  ,  acude  al  día  siguiente  i  di- 
ze  al  portero  que  avise  a  los  señores  padres  ,  de 
su  venida.  En  cuanto  lo  saben  ,  se  juntan  todos 
tres ,  si  están  :  si  no ,  dos  (  pues  por  lo  común 
es  un  triunvirato )  en  el  cónclave  en  que  suelen 
ventilarse  estas  causas  ;  tal  como  el  fuerte  de 
Triana  en  Sevilla  i  en  semejantes  lugares ,  en 
otras  ciudades  :  i  mandándole  después  entrar  , 
le  preguntan  a  él  mismo  r{ué  se  le  ofreze.  El 
llamado  responde  haber  rezibido  de  su  parte  el 
dia  anterior  orden  de  presentarse  a  ellos.  Pre- 
gúntanle  entonzes  como  se  llama  i  oído  su  nom- 
bre le  preguntan  otra  vez  ,  qué  se  le  oñ'eze  : 
«porque  ,  en  cuanto  a  nosotros ,  (dizen)  ignora- 
mos si  eres  el  que  mandamos  venir.  Mira  si 
tienes  algo  que  manifestar  a  este  santo  ofizio  , 
en  descargo  de  tu  conciencia  ,  bien  sea  de  li 
mismo  ,  o  bien  de  otro  cualquiera  etc.»  A  csLo, 
el  llamado  ,  o  responde  que  nada  se  le  ocurre 
•5  ( i  *  el  responder  así  i  mantenerse  firme  en  es- 
ta respuesta  basta  lo  último  ,  ante  aquellos   , 


que  no  buscan  sino  la  ruina  del  que  a  sí  propio 
se  denunzia  ,  o  la  de  los  que  denunzia  ,  fué 
siempre  el  mas  saludable  i  humano  consejo),  o 
ignorando  los  lazos  en  que  se  enreda,  canta  in- 
consideradamente alguna  cosa  de  si  o  de  otro. 
Entonzes  los  señores  inquisidores  ,  alegres  por 
su  hallazgo»  para  amedrentar  con  mas  fazilidad 
i  confundir  al  imprudente  que  de  grado  se  les 
dio  por  presa  ,  se  miran  uno  a  otro  ,  jeslean  , 
como  si  algo  hubiesen  descubierto  ,  fijan  los 
ojos  en  la  cara  del  declarante,  se  susurran  algo, 
al  oido,  o  en  realidad  nada,  i  al  cabo  resuelven, 
o  que  el  llamado  se  quede  en  la  carzel,  si  aque- 
llo de  que  se  acusó  pareze  grave  ;  o  si  nada  de- 
claró ,  le  mandan  que  se  vaya  ,  pretestando  ig- 
norar ,  basta  ser  mejor  informados  ,  si  es  él  , 
el  mismo  a  quien  mandaron  citar.  Mientras  se 
tiene  este  examen,  ya  cuidaron  ellos  de  que  es- 
té tras  de  algún  tapiz  secretamente  escondido, 
el  que  delató  al  interrogado  ,  paraque  sin  ser 
visto  pueda  reconozerle  en  la  cara,  si  es  que  no 
le  conozieren  los  inquisidores. 

Al  denunziado  ( pues  asi  llaman  a  aquel  cuyo 
nombre  fué  delatado  en  este  consejo  de  *  in-  4 
quisidores)  del  modo  que  ya  dijimos  ,  le  man- 
dan que  se  vaya  ,  ciertos  ya  de  que  es  él  quien 


4 

ha  de  prestar  asunto  a  la  futura  trajedía  ,  í  sa^ 
zcde  ,  a  vezes ,  que  no  le  vuelven  a  llamar  sino 
después  de  pasados  algunos  meses  ,  prinzipal- 
mente  si  es  indíjena  >  porque  al  advenedizo  no 
le  conzeden  tantas  treguas.  Asi  cuando  les  aco' 
moda  exhortan  de  nuevo  al  citado  ,  a  que  si  al- 
go sabe  ,  o  algo  oyó  ,  que  a  aquel  santo  tribu- 
nal pertenezca  ,  lo  declare:  pues  ellos  tienen 
notizia  de  haber  él  tratado  ,  con  algunos  sos- 
pechosos en  la  fé ,  cosas  pertenezíentes  a  esta: 
las  cuales  si  de  suyo  confiesa  ,  tenga  por  cierto 
no  le  resultará  perjuizio  alguno  :  asi  que ,  mire 
bien  por  sus  intereses :  que  ellos  creen  que  , 
cual  cumple  a  un  buen  Cristiano  ,  repasará  en 
su  memoria ,  cuanto  acerca  de  eso  le  baya  acón- 
tezido ,  por  ser  posible  olvidarse  (según  lo  fra- 
jil  que  es  la  memoria  de  los  hombres]  i  que  de- 
clarará  cuanto  supiere,  si  acaso  se  le  recuerda. 
Con  estos  i  otros  halagos  semejantes  reduzen  a 
muchos  imprudentes :  cuando  no  ,  los  sueltan, 
pero  de  manera  ,  que  no  se  crean  enteramente 
absueltos  ,  antes  al  contrario  ,  estén  en  conti- 
nua zozobra,  i  miedo,  de  poder  ser  otra  vez  ci- 
tados. Suzede  también  el  disimular  con  alguno 
22  por  muchos  *  dias  i  a  vezes  aun  por  años,  antes 
de  mandarle  prender,  pero  envian  siempre  uní>- 


5 
n  otro  de  sus  allegados,  que  couasluzia  i  reserva 
sea  perpetuo  e  inseparable  compañero  del  impru- 
dente ,  qve  ningunas  asechanzas  sospecha  i  que 
con  sagazidad  se  insinué  en  la  amistad  i  familia- 
ridad del  mismo>  para  poder  con  mas  franqueza 
visitarle  todos  los  dias,  observar  con  quienes  tra- 
ta, adonde  va,  qué  haza  i  aun  lo  que  en  su  men- 
te revuelve :  de  manera  que  sin  un  especial  au- 
xilio i  providencia  de  Dios,  no  es  posible  que  na- 
die logre  escaparse  de  semejantes  lazos.  Si  algu- 
na vez  acaeze,  el  que  uno  de  los  inquisidores  en- 
cuentre en  alguna  parte  a  aquel  a  quien  deja- 
ron ir  ,  le  saluda  con  agrado,  le  abre  su  pecho, 
le  muestra  mui  benigno  semblante  i  se  le  ofreze 
por  amigo  ,  i  todos  estos  ofizios  de  benevolen- 
zia  ,  tienden  a  hazer  mas  confiado  al  hombre  , 
hasta  oprimirle  de  repente  con  su  propia  ruina. 
No  se  puede  prever  qué  utilidad  saquen  de  esta 

sutileza  ,  para  todos  los  hombres  sinceros  i  0^ 

rectos  detestable,  fuera  de  aquel  deleite  que  sa- 
ca el  cazador,  de  jugar  i  divertirse  con  su  mis- 
ma presa  viva,  o  el  pescador  ,  con  el  pez  que 
ya  clavó  en  el  anzuelo^  i  a  quien  alarga  mas  se- 
dal para  que  se  divierta  debajo  del  agua  *  con  un  o  ^ 
deleite  vano  i  que  luego  ha  de  acabar  :  o  bien  el 
gato  con  un  ratón  al  que  para  que  no  se  escape, 


(I 

quebraiitü  lui  lomos  ,  con  el  cual  agradable- 
mente se  regala  ;  dejándole  a  vezes  libre  ,  i 
apretándole  luego  con  los  dientes  con  mayor 
crueldad  que  antes.  Mas  puede  ser  ,  que  aun 
sin  saberlo  nosotros ,  también  aqui  se  oculte 
alguna  arte  no  de  todo  inútil  al  Santo  Ofízio. 
No  con  todos,  a  la  verdad  ,  guardan  la  costum- 
bre de  jugar  ,  como  dezimos  ,  con  la  presa  : 
tienen  en  cuanto  a  esto  mui  buena  elección  de 
personas  i  de  cosas ,  de  cuya  elección  puede  ser 
una  prueba  el  que  ni  con  los  forasteros  tienen 
este  método  ,  ni  con  los  naturales  que  creen 
pueden  escaparse  ,  si  se  les  da  tanta  libertad  : 
ni  aun  tampoco  con  los  que  fueron  delatados 
de  cosas  mas  graves  ,  que  a  su  juizio  requieren 
un  pronto  remedio  ,  i  sobre  todo  cuando  por 
su  confesión  esperan  tener  de  otros  notizia. 

Cuando  ya  tienen  resuelto  prender  al  delata- 
do ,  citan  al  vizejerente  del  obispo  de  la  dióce- 
si ,  esto  es  ,  del  supremo  pastor  (llamante  Pro- 
visor, Vicario,  o  bien  Ordinario)  i  mostrándole 
la  informazion  (asi  llaman  a  la  deposizion  de  los 
7  testigos)  que  *  tienen  contra  el  delatado  ,  deli- 
berado con  él  el  asunto,  suscriben  todos  al  auto 
de  prisión.  La  razón  pareze  sobre  todo  espe- 
ziosa:  no  quieren  que  parezca  liaber  ellos  pues- 


7 
io  las  manos  en  una  ovcjuelu  ajena  ,  sin  apro- 
bación i  consenlimicnto  de  su  pastor^  quien  tan 
ignorante  de  su  ofízio  pastoral  (como  por  lo  co- 
mún son  todos  sus  semejantes  en  el  papado)  con 
fazilidad  se  aviene  a  aquella  sentenzia  ,  i  con- 
desciende a  que  una  ovejilla  puesta  a  su  cuida- 
do, arrancándole  primero  el  vellón,  sea  después 
bárbaramente  despedazada.  Hasta  el  presente 

ningunos  pleitos  se  vieron  entre  los  inquisido- 
res i  el  Provisor,  por  pedir  los  unos  a  cualquie- 
ra para  el  suplizio  i  defender  piadosamente  el 
otro  al  que  le  fué  encomendado,  i  sí,  se  vieron, 
^  se  ven  todos  los  dias  no  pocos  ,  a  quienes  , 
como  a  injustamente  prendidos  i  tratados,  dan 
*os  mismos  Inquisidores  un  testimonio  de  su 
inocencia,  después  de  la  continua  maceracion 
de  un  largo  encierro,  después  de  descoyuntados 
^odos  sus  miembros  i  huesos  en  aquellas  atro- 

zes  i  mas  que  inhumanas  torturas  ,  i  aun  hai 
algunos  que  espiraron  en  los  mismos  tormentos 
entre  las  manos  de  los  verdugos,  según  diremos 
en  su  lugar.  Por  aquí  se  ve  claro,  que  el  citar 
al  Provisor  a  deliberar  sobre  prender  a  una 
oveja  suya  fué  siempre  *  mas  bien  una  frivola  8 
ceremonia  por  ambas  partes  ,  que  no  una  cosa 
formalmente  i  por  equidad  practicada:  i  si  d¡- 


8 

járemos  que  lo  convidan  a  un  imnquete  prepa- 
rado con  la  sangre  de  su  ovejuela  como  a  lobo 
que  de  acuerdo  con  otros  lobos  ha  de  azeptar  su 
parte ,  no  diremos  mas  que  lo  que  pasa.  Yenga 
ya  el  Principe  de  los  pastores  i  recompense  a 
cada  uno  según  sus  obras.  Suzede  también 
muchas  vezes  que  esta  ceremonia  de  citar  al 
Provisor  a  la  deliberazion  no  se  haze  hasta  des- 
pués de  prendido  el  denunziado.  Pues  como  se 
tiene  por  cierto  que  nada  ha  de  dezir  en  con- 
tra ,  les  pareze  bastante  el  enseñar  al  pastor  el 
prozeso  de  la  causa ,  cuando  ya  el  denunzia- 
do está  en  la  "cárzel  ,  paraque  liberalmente 
apruebe  de  plano  lo  hecho  i  lo  que  está  por 
hazer. 

Si  acaso  suzede  que  algún  denunziado  estor^ 
be  por  medio  de  la  fuga  la  prisión ;  o  que  se 
escape  de  las  mismas  cárzeles,  emplean  entón- 
zes  admirables  astuzias,  o  mas  bien  engaños  , 
para  hallarle  o  reduzirle.  Pues  no  les  basta  el 
dar  de  palabra  a  los  que  envian  en  su  busca  las 
señas  comunes,  tales  como  el  traje  ,  la  figura  , 
los  perfiles  de  su  cara,  la  edad  etc.  por  las  que 
se  pueda  reconozer  al  fujitivo  ,  sino  que  ade- 
9  más  *  procuran  hazer  pintar  en  varios  pañizue- 
los  la  efijie  del  ausente  ,  sacada  aFvivo  i  con  la 


9 
«xaetítHd  posible  ,  distribuyea  estas  efijies  en- 
tre los  indagadores  ,  paraque  hallándole  ,  co- 
nozcan por  ellas  fazilmente  a  quien  tal  vez 
nunca  vieron.  Ilustrará  semejante  astuzia  el 
«jemplo  siguiente. 

Pren£eron  en  Sevilla  no  haze  mucho  tiempo 
a  un  Italiano ,  que  en  Roma  ,  había  herido  a 
cierto  ministro  de  la  Inquisizion  (vulgarmente 
llamado  alguazil  inquisitorio.)  Los  famihares 
enviados  en  su  busca,  aunque  según  costumbre 
tenian  consigo  el  retrato,  sin  embargo  habien- 
do dado  con  él  en  Sevilla  ,  no  mui  ciertos  de 
que  fuese ,  prinzipalmente  por  haber  él  muda- 
do con  estudio  de  traje  i  de  nombre,  perseguían 
hazia  tiempo ,  al  mismo  que  sospechaban  ser 
por  el  retrato.  Acométenle  pues  con  nueva  i 
digna  astuzia  de  espíritus  familiares,  en  el  tem- 
plo prinzipal  de  Sevilla ,  a  tiempo  que  se  pa- 
seaba i  hablaba  con  otros.  Acércanse  a  él  dos  o 
tres  ,  i  al  volverles  la  espalda  para  repetir  el 

paseo,  uno  de  ellos  le  grita  detrás  llamándole 
por  su  antiguo  nombre.  Él,  entregado  todo  a  la 
conversación  que  traía  ,  i  no  sospechando  cosa 
semejante  ,  *  vuelve  de  repente  la  cara  ,  i  res- 10 
ponde  a  su  antiguo  nombre:  al  punto  le  pren- 
dieron los  mismos  azechadores ,  a  quienes  no 


10 

dejó  ya  lugar  alguno  de  duda.  Paw)  en  las  cár- 
zelesínquisitoriasmuchosilias,  ialfin,  después 
i\p.  largas  prisiones ,  publicaincnle  azotado  i 
condenado  a  galeras  en  perpetua  servidumbre, 
pagó  la  pena  ,  no  tanto  de  haber  herido  al  al- 
guaiil  ioquiaitorio,  cuanto  de  su  imprudenzia> 
descuido. 

Aunque  estos  estratagemas  sean  muí  injenio- 
sos  i  níngttna  prudenzia  humana  baste  al  pare- 
cer a  preca\erlos,  no  será  fuera  del  caso  tnani- 
l'estar  con  otro  ejemplo  raro  ,  de  que  manera 
los  ofusca  Dios  muchas  vezes  ,  proveyendo  de 
cuando  en  cuando  a  los  suyos  de  cierta  astnzia 
santa  para  eludirlos.  Haze  un  afto  se  escapó  de 
la  carzel  inquisitoria  de  Valladolid  un  Belga  , 
que,  cojído  por  causa  de  la  profesión  del  Evan- 
jelio ,  había  pasado  muchos  dias  en  aquellas 
cárzeles.  Salieron  en  su  busca  ,  según  costum- 
bre, aquellos  familiares  cazadores.  Alcánzanle 
a  poras  leguas  de  alli  i  le  cojen  en  medio  del  ca- 
mino. £1  Belga  afirma  constantemente  no  ser 
el  que  ellos  buscan,  no  por  eso  desisten  los  fa- 
It  miliares,  *  antes  por  el  contrario,  a  la  fuerza  , 
i  atándole  ,  trataron  de  llevarle  ,  afirmando  ser 
él:  i  no  indezisos,  sino  con  toda  seguridad,  «¿no 
eres  tu  ,•  le  dizen.  -el  qut:  liaze  ocho  dias  se  es- 


11 

«apó  de  la  cárzel  de  la  Inquisición  Vallisoleta- 
na?» Él,  con  semblante  sereno,  «miradlo  mejor' 
dize,'  porque  ése  no  soi  yo ,  antes  vengo  ahora 
mismo  de  León,  en  donde  me  dediqué  por  va- 
rios dias  a  mi  ofízio,  i  paraque  de  cierto  sepáis 
ser  asi,  leed  este  testimonio,  que  azerca  de  ello 
traigo  conmigo.'  T  sacando  al  punto  un  escrito 
se  lo  dá  a  leer:  el  cual  leido,  danle  fé  al  momen- 
to i  le  dejan  libre  ,  no  sin  vergüenza  de  haber 
errado  puerilmente  en  prender  a  uno  por  otro, 
según  creían.  Pero  azerca  del  testimonio  con 
que  tan  oportunamente  se  libró  ,  lo  que  hai  es 
esto.  Después  de  su  salida  de  la  cárzel,  ponién- 
dose no  sin  prisa  en  camino,  encontró  en  él  por 
casualidad  a  un  paisano  suyo,  de  antes  conozido 
que  venia  de  León  ciudad  de  España.  Este,  por 
exijirlo  asi  sus  negocios ,  se  habia  procurado 
aquel  testimonio.  El  cual,  ignorándolo  entram^ 
bos,  dispuso  Dios,  por  un  decreto  impenetrable 
de  su  providencia  ,  paraque  aquel  se  librase  de 
tan  gran  peligro  :  pues  ,  habiéndose  ido  el  uno 

dos  dias  antes,  dejando  al  otro  ese  testimonio, 
para  que  se  lo  guardase;  con  *  él ,  engañó  éste  12 
tan  oportuna  como  chistosamente  a  aquellos  si- 
cofantas i  se  salvó  por  fin. 
Suelen  estos  espíritus  familiares  usar  de  di- 


^ 


12 

versa  ilil^cncia  para  desnuliríi-  n  loa  fujitivos. 
I'ups  algunos  de  ellos  seguirán,  o  bien  las  bue- 
llan  que  ya  )iall.iroii  del  ausente ,  o  bien  el  ca- 
uiino  que  según  su  sagazisimo  juizío,  les  pare- 
ze  llevar.  Otros  (pues  aun  para  una  sola  mosca 
que  se  escape  de  la  Inquisizion  sueleo  despa- 
charse varios  en  su  busca)  velan  en  los  mismos 
caminos  azechando  de  noche  .  como  que  tienen 
por  averiguado,  que  el  que  huye  ha  de  caminar 
de  noche  mas  bien  que  de  dia.  Contra  esta  di- 
lijcncia,  preparará  Dios  al  que  quiera  librar, 
Esto,  en  cuanto  a  la  prisión :  vamos  ahora  a  lo 
f{ue  acostumbra  a  hazerse  después  de  la  pri- 
sión i  encarzelamienlo. 

DE  Llí  SECUESTRACIÓN  DE  BIENES 

mCHA   COHUNHEnTE  SECCBSTBO. 


13  *  Ti 


rendido  por  el  alguazil  o  por  los  familiares 
el  delatado  ,  al  instante  le  piden  i  quitan  todas 
las  llaves  de  sus  arcas  i  papeleras  ,  si  las  jtiene, 
i  envían  un  notario  con  algunos  familiares  i  el 
mismo  alguazil ,  para  que  reduzca  a  inventa  río 
cuantos  bienes  Icnga  en  su  casa  ,  sean  cuales 
fueren  :  lo  cual  dilijen  te  mente  ejecutado  ,  de- 


^'^  15 

positan  ,  para  que  lo  guarde ,  todo,  lo  que  ha- 
llaron ,  en  manos  de  algún  vezino  rico  ,  quien 
promete  dar  de  buena  fé  cuenta  de  todo  ello  , 
cuando  se  la  pidan.  En  este,  que  llaman  secues- 
tro ,  conviene  sobre  todo  ,  que  los  interesados 
no  aparten  los  ojos  de  las  manos  de  los  que  en 
él  intervienen  ,  i  por  quienes  se  baze  ;  i  mas  , 
cuando  hayan  de  reduzirse  a  dicho  inventarío, 
dinero  ,  cadenas  de  oro  o  plata  ,  o  cosas  en  fin 
de  algún  valor,  que  fazilmente  pueden  ocultar- 
se :  porque  se  les  pega  muchas  vezes  algo  de  es- 
to, cuando  falta  tan  dilijente  observación.  Pues, 

consta  por  lo  regular  este  gremio  de  familiares, 
de  rufianes  ,  ladrones  ,  i  de  toda  espezie  de 
hombres  rapazes  *  i  malvados  ,  que  acostum-  14 
brados  a  vivir  del  robo ,  no  pueden  ni  quieren 
contener  sus  manos.  Añádese  a  esto,que  no  juz- 
gan ellos  van  a  poner  las  manos  ep  unos  bienes 
enteramente  ajenos  ,  i  a  los  que  no  tengan  de- 
recho alguno. 

Réstanos  ,  ahora,  el  manifestar  brevemente, 
con  que  fin  se  haze  este  secuestro  de  bienes.  El 
fin  es  ,  que  si  aconteziere  por  casualidad  ,  ser 
condenado  el  preso  a  la  pérdida  de  sus  bienes  , 
o  a  la  confiscazion  de  alguna  parte  de  ellos,  na- 
da ,  ni  aun  una  sota  escudilla  ,  pierda  e\  Santo 

D 


14 

Ofizio.  Pues  ,  CB  claro  ,  que  en  lodo  negozio  , 
lo  que  ellos  buRCan  es  .  la  presa  i  despojos  de 
los  ¡nrdizes  :  De  otra  suerte  .  ¿qué  tienen  que 
ver  ¡Oí  padres  dellafé,  los  letadores  de  la  so- 
la piedad  ,  con  los  bienes  de  los  que  proclaman 
querer  rcduzír  al  camino"!  O  iquién  será  tan  ne- 
cio que  crea  poderse  cor  r^ir  el  error  en  la  fé  , 
con  la  confiscasion  de  bienes^  Tampoco  sin  em- 
bargo ,  es  ajeno  de  hombres  cristianos  el  ser , 
por  la  confesión  de  Cristo,  despojados,  por  los 
enemigos ,  de  todos  sus  bienes  ,  i  aun  de  sus 
vestidos ;  puesto  que  eso  mismo  se  hizo  con  el 
Seüor,  cuyos  miembros  son,  i  cuya  verdad  pro- 
fetian,  decretando  ,  después  de  quitarle  cruel- 
mente la  vida,  echar  suertes  sobre  sus  vestidos 
no  de  gran  prezio  i  aun  acaso  raidos  por  el  uso. 
{5  *  Este  sacrílejio  está  ya  tan  santificado  por  el 
voto  común  de  los  teólogos ,  es  dezir,  de  frailes 
i  clérigos,  que  despojándose  de  toda  vergüenza, 
predican  i  ensenan,  que  el  que  no  consienta  con 
la  doctrina  del  Papa  de  todos  modos,  o  disintie- 
re de  ella  alguna  vez,  queda  por  )o  tanto  obli- 
gado en  conzienzia  (según  dizen]  a  entregar  al 
íisco  todos  sus  bienes,  a  quien  se  los  debe  to- 
dos, como  si  antes  se  los  hubiese  quitado.  La 
razón,  dizen ,  es,  que  en  el  mero  hecho  de  ba- 


berse  apartado  de  la  doctrina  de  lalgleeia  Ro- 
mana, se  constituyó  poseedor  ilejítimo  de  lodos 
sus  bienes  ,  i  pospedor  lejitimo  dellos  al  rei ,  a 
quien  el  Papa  los  adjudicó.  Por  lo  tanto  está 
obligado  a  restituírselos  Íntegros  ,  aunque  la 
Inquisizion  nada  hubiere  sabido  nunca  azerca 
de  su  negozio.  De  esta  suerte,  i  con  ese  solo  la- 
zo de  sagazisimos  cazadores,  se  hazen  ante  todo 
mui  azeptos  a  los  reyes  ,  i  enredan  al  mismo 
tiempo  las  conzienzias  i  las  bolsas  del  miserable 
i  estúpido  pueblo ,  que  los  tiene  por  lum- 
brera. 

Pero  voWieado  a  nuestro  propósito  .  así  que 
entra  el  cautivo  en  la  primera  puerta  de  la  cár- 
zel ,  el  alcaide  con  el  notario  le  pregunta  si  tie- 
ne consigo  algún  cuchillo  *  o  dinero  ,  anillo  o  16 
alguna  alhaja  preziosa.  I  sí  es  mujer  i  tiene  col- 
gada de  la  cintura,  alguna  cajilla  do  |)unzones, 
anillos,  collares,  aretes,  o  alguno  de  tales  ador' 
nos  mujeriles;  la  despojan  de  todos  ellos ,  i  por 
lo  común  ceden  como  presa  a  los  despojadores. 
Esto  se  haze  para  que  nada  tenga  el  cautivo  en 
su  cautiverio  con  que  se  puede  ayudar.  *  Escu- 
drinan además  si  acaso  mete  consigo  ocultamente 


16 

algún  escrito,  o  librillo,  o  cosa  semejante.  Pero 
luego  que  entro  en  la  carzel ,  le  encierran  ea 
alguna  de  las  muchas  celdillas  ,  no  desemejan- 
te al  sepulcro  en  lomui  ai^usta  ,  en  el  olor  i 
tinieblas ;  a  algunos  se  lesencarzela,  solos  por 
ocho  o  quinze  dias,  a  otros  por  algunos  meses, 
i  a  otros  para  siempre:  a  algunos ,  desde  el  pri- 
mer dia  de  su  cautiverio  ,  se  les  dan  compañe- 
ros ,  según  por  sus  artes  les  pareze  a  los  seño- 
res Inquisidores  mas  conveniente. 

DE  LAS  VARIAS  AIIDIENZIAS. 

17  *  Uespues  de  uba  o  dos  semanas  de  encarzela- 
miento,  los  Inquisidores  ,  de  concierto,  envían 
secretamente  al  alcaide  de  la  carzel ,  paraque  , 
como  si  saliese  de  él  ,  aconseje  al  encarzelado 
que  pida  una  audienzia  ,  lo  cual ,  a  saber  ,  el 
que  el  encarzelado  entable  primero  la  acción  , 
no  debe  creerse  careze  de  algún  misterio.  El 
alcaide  ,  pues  ,  a  la  hora  dd  almuerzo  ,  o  a 
otra  mas  cómoda  para  ello  ,  se  azerca  al  cauti- 
vo, i  mezclando  diferentes  pláticas,  viene  a  pa- 
rar en  preguntarle  como  no  pide ,  paraque  se 
despadie  luego  su  negotio  ,  que  se  le  dé  una 


17 
audienzia.  1  así  le  aconseja,  que  cuanto  antes  la 

'  pida,  i  le  advierte  que  con  esto  ayudará  no  po- 
co a  su  causa  ,  i  llevará  mas  pronto  su  negozio 
a  un  fin  no  mal:  o  que  en  cuanto  a  si  propio,  se 
ve  obligado  ,  por  la  amistad  que  ya  con  él  le 
une,  a  advertirle  su  interés ,  i  a  prometerle  pa- 
ra lo  suzesivo  fiel  i  amigable  ayuda.  Piadosa- 
mente se  puede  creer  ,  que  el  rehusar  el  encar- 
z^ado  pedir  audienzia  ,  i  esperar  a  que  le  lla- 
menlos  Inquisidores  ha  *  de  ser  mas  ventajoso  18 
a  su  causa  ,  si  es  que  le  queda  alguna  ventaja 
al  infeliz  entregado  ya  como  presa  a  las  fieras 
inhumanas.  Al  menos ,  si  otra  cosa  no,  suzede- 
rá ,  por  esperar  ,  que  no  tenga  el  cautivo  otro 
cuidado  que  el  de  responder  a  las  objeciones  de 
los  mismos.  Pero  siendo  esto  un  misterioso  ar- 
cano ,  quede  la  decisión  piara  loa  que  coa  roas, 
prudenzia  opinen. 

Ignorante  el  encarzelado  de  estas  artes,  por 
lo  común  sigue  en  el  asunto  ,  el  consejo  del  al- 
caide, porque  piensa  haberle  este  aconsejado  lo 
mas  saludable  i  le  ruega  que  al  pedir  la  audien- 
zia  haga  sus  vezes.  A  cuya  petición  aczede  al 
punto  el  Inquisidor.  Entrado^pues  el  preso  en 
el  tribunal,  el  Inquisidor,  al  descuido,  como  si 
nada  supiese ,  le  habla  casi  en  estos  términos : 


18 

•El  alcaide  déla  carzul  viene  i  dize,  que  (u  pi- 
des audienzia  ,  ¿qué  es  pues  lo  i|ue  quicresN  E 
preso  responde  que  desea  que  se  entienda  en  su 
negozio.  I  si  acaeziere  ser  poco  cauto  ,  empie- 
za 3  confesar  algo  de  aquello  porque  piensa  le 
delataron  ,  obligado  a  ello  por  el  tedio  de  la 
carzel ,  i  por  el  miedo  de  lo  que  para  adelante 
augura.  Agrada  éslo  sobre  manera  a  los  padres, 
puesto  que  esla  vez  i  otras  muchas  después 
19  suelen  para  esc  fin  *  coiizeder  audienzia  a  los 
presos  i  llamarlos  .  de  cuando  en  cuando  ,  al 
tribunal,  antes  de  darles  copia  de  su  acusación 
integra  i  de  las  deposiziones  de  los  testigos  (que 
debia  ser  el  primer  paso  según  el  orden  lejiti- 
mo  del  derecho )  paraque  el  reo  vomite  de  si 
algo  que  aun  no  saben.  Amonéstanle ,  que  con- 
fiese, ile  prometen  ,  que  si  reconoze  degrado 
sus  yerros,  le  dejarán  ir  al  punto  a  su  casa,  que 
rri  breve  resolverán  su  negozio  i  usarán  para 
con  el  de  mucha  misericordia.  Pero  si  ( lo  que 
i'S  mas  saludable)  calla  obstinado,  a  todas  estas 
promesas  vanas  i  llenas  de  engafto ,  le  advierten 
süriamenteque  descargue  su  conzienziai  que  pi- 
tlaaudienziacuando  hubiere  yadeterminadocon- 
Icsar  de  grado:  que  ellos  entre  tanto  examinarán 
.^it  uegozio  :  i  con  eslo  le  remiten  a  la  cárzel. 


i 


19 
Al  cabo  de  seis  u  ocho  días  después  ,  o  mas, 
según  les  pareze  ,  mandan  que  se  presente  de 
nuevo,  i  le  preguntan  sí  determina  confesar  al- 
go. El  preso  o  responde  que  nada  tiene  ,  i  que 
está  inocente,  o  confiesa  por  casualidad  alguna 
cosa.  Cualquiera  que  sea  su  respuesta,  ellos  re- 
piten la  antigua  amonestación  ,  que  mire  de 
descargar  suconzienzia,  pues  ,  por  su  parte  ^  ,  20 
no  buscan  mas  que  su  bien  i  salvazion,  estando 
como  están,  mui  propensos  a  tener  con  él  mise- 
ricordia, que  si  desprezia  tanta  lenidad,  llegará 
a  esperimentar  un  juizio  mas  severo,  acusán- 
dole el  fiscal;  i  con  esto  ,  le  envían  de  nuevo  a 
lacarzel.  Fiscal,  llaman,  al  que  después  de  re- 
zibir  las  acusa  ziones  ,  de  los  delatores  ,  en  la 
sustanziazion  de  toda  la  causa  haze  ofizialmente 
de  actor :  llamado  sin  duda  asi,  porque  mira  en 
particular  por  el  fisco  ,  i  le  presta  su  trabajo 
por  un  estipendio. 

Citado  Juego  el  reo  a  la  terzera  audienzia 
(pues  asi  llamamos  a  las  acciones  jurídicas  va- 
liéndonos de  nombres  ya  usados  i  conozidos)  le 
preguntan  ,  si  tiene  cousigo  mismo  algo  delibe- 
rado, i  le  instan,  en  virtud  de  la  antigua  cauzion 
muchas  vezes  repetida  ,  a  que  de  grado  mani- 
fieste la  verdad  :  de  lo  contrario  obrarán  con- 


20 

fDrme  a  derecho:  (entienden,  en  este  logar ,  por 
derecho,  atormentar  atrozmente  ,  i  despedazar 
a  hombres ,  que  aun  según  sus  misaas  leyes 
nada  de  eso  merezieron):  que  tenga  por  cierto , 
que  aquel  Santo  Tribunal,  a  nadie  haae  úcyaria, 
ni  prende  nunca  a  nadie ,  sino  cuando  está  su- 
fizientemente  informado  etc.  Si  el  reo  descubre 
algo,  aun  finjen,  que  no  están  satisfechos,  i  que 

• 

creen  que  oculta  a  sabiendas  muchas  cosas;  * 
21  asi  le  remiten  a  su  cárzel ,  *  abierta  tanio  mas 
la  herida ,  i  multiplica  después  las  audien- 
zias,  según  advierten  que  va  poco  a  poco  decla- 
rando mas.  Pero  si  el  debtado  responde  con 
ánimo  constante  que  nada  tiene  que  declarar  en 
aquel  lugar ,  mudando  de  ardid,  le  tientan  con 
una  nueva  astuzia,  exijiendole  juramento ,  para 
lo  cual  le  ponen  delante  un  idolo,  que  represen- 
ta un  crucifijo  cubierto  con  un  velo  negro  para 
infundir  temor ,  i  no  sé  que  otros  Ídolos;  i  tam- 
bién, el  libro  de  la  misa,  o  misal:  a  vezes  algu- 
na simple  iraajeo  de  la  cruz,  porque  omiten  o 
multiplican  estos  ardides,  i  meros  juguetes ,  se- 
gún les  pareze  que  conviene,  teniendo  en  cuen- 
ta el  hombre  con  quien  tratan.  Este  es,  para  el 
hombre  cristiano,  un  paso  como  forzado,  de  su 
camino ,  en  el  cual  por  necesidad  tiene  que  ha* 


21 

zer  una  clara  i  perfecta  confesión  de  su  fé.  l*or- 
que  si  el  acusado  fuere  verdaderamente  íiel ,  ^ 
hubiere  de  corazón  abominado  la  idolatría,  mi- 
rando a  aquel  solo  Fuerte  i  Zelador,  que  en  su 
sacrosanta  leí  reservó  para  si  solo  ,  esta  gloria 
de  jurar  por  su  nombre ;  se  guardará  cierta- 
mente de  comunicarla  a  vilísimos  ídolos  de  ma- 
dera, o  de  hierro,  que  en  cuanto  se  les  viste  con 
la  imajen  de  las  cosas  mas  sublimes,  son  por  lo 
tanto  mas  *  abominables  a  los  ojos  de  Dios  i  de  ^ 
su  Iglesia.  Se  guardará,  pues,  el  hombre  piado- 
so, de  tan  impío  e  indigno  juramento,  aunque 
de  no  prestarlo  hayan  de  ser  descuartizados  sus 
miembros,  puesto  que  ídolos  son  verdadera- 
mente, no  Dios  a  quien  se  debe  entera  esta 
honra  ,  sin  que  puedan  negarlo  los  mismos  In- 
quisidores. Después  de  rezibir  al  encarzelado  el 
juramento  empiezan  a  examinarle  con  tales  pre- 
guntas. Quien  es:  de  qué  reino:  de  qué  arzobis- 
pado u  obispado:  de  qué  ciudad,  villa  o  aldea  : 
de  qué  abuelos  i  bisabuelos  desciende  :  cómo  se 
llamaban  :  si  tiene  hermanos  o  hermanas  ;  en 
fin  ,  que  parientes,  i  como  se  llaman  :  cuales 
sus  ofízios  i  modos  de  vivir?  Si  el  mismo  ,  o  al- 
guno de  su  linaje  ,  incurrió  alguna  vez  ,  en  la 
censura  de  la  Inquisizion  ,  i  por  qué  causas. 


V 


22 

Cuántos  años  lioiic  ,  im  <lón<le  ,  en  qué  <:jerzi- 
zios,  finalmente,  en  compaflia  tie  que  personas 
pasó  los  aflos  que  dizc  tener  de  edad.?  ¡  aquí 
se  le  ubiiga  a  dar  una  cuenta  esacta,  de  toda  su 
vida  ,  por  años  ,  i  por  cada  uno  de  los  lugares 
en  que  residió :  pues  Uu  cada  circunstanzia  de 
estas  ,  sacan  argumentos  ,  no  leves  ,  con  que 
agravan  después  sobre  manera  ta  causa  del 
desdichado.  Oida  la  respuesta  a  tales  act^eso- 
rios,  repiten  la  antigua  ainoncstaziun.valiendo- 
25  se,  ya  de  halagos  ,  ya  *  de  amenazas  ,  esortán- 
dole  a  (¡UH  espontáneamente  diga  la  verdad,  te- 
niendo por  cierto  ,  que  ellos  nunca  mandan 
prender  a  nadie  sin  justa  causa  i  sufizicntes 
pruebas,!  con  esto,  oconfeso,  o  de  otra  suerte, 
le  remiten  a  la  cárzel. 

En  e^as  tres  primeras  audienzius  suelen  mu- 
clios  ,  bien  sea  atraídos  por  la  esperanza  de  las 
promesas  de  que.  con  Lodo  estudio,  los  colman, 
lie  dejiírlos  ir  a  su  casa  en  cuanto  confiesen  lo 
que  se  les  pregunte:  o,  ya  sobrecojidos,  del  ex- 
Iraurdinario  temor  que  por  las  terribles  ame- 
nazas concibieron;  declarar  muchas  cosas  ente- 
ramente ocultas  a  loa  inquisidores,  por  nu  ha- 
berlos nadie  basta  cntonzes  acusado  de  ellas  , 
creyéndose  descubiertos  por  aquellos  con  <|uie- 


!2r> 

nes  azerca  de  las  mismas  cosas  trataron  alguiüi 
vez.  De  esa  manera,  mientras  por  imprudeuzia 
propalan  lo  suyo  ,  envuelven  también  en  su  ca- 
lamidad a  otros,  que  quizá  nada  de  eso  temian, 
de  quienes  nada  hasta  entonzes  sabían  los  pa- 
dres: especialmente,  cuando  llegan  ya  a  enten- 
der que  con  esto  han  de  agradar  muchísimo  a 
los  santísimos  padres  ,  ansiosos  de  nuevas  i)re- 
sas,  cuya  grazia,  por  cualquier  medio  que  sea, 
con  tal  de  librarse  ellos  mismos  de  aquella  ca- 
lamidad ,  procuran  merezer.  Asi  es,  que  mu- 
chas vezes ,  los  mismos  encarzelados ,  por  leví  - 
simas  causas  *  presos  en  un  prinzipio,  se  pier-  2  i 
den  a  si  i  a  otros  muchos,por  fiarse  de  las  falsas 
promesas  i  halagos  de  los  inquisidores  ,  i  por 
ignorar  asi  la  conducta  que  deben  observar  en 
sus  negozios  ,  como  el  concepto  en  que  deben 
tener  a  aquellos  padres  ,  esto  es  ,  no  en  el  de 
padres  (según  quieren  ellos  llamarse  para  escar- 
nio de  toda  humanidad  i  piedad)  sino  en  el  de 
cruelísimos  enemigos,  que  con  astuzia,  engaños, 
mentiras  i  fraudes  de  todo  jénero,  azechan  a  la 
vida  i  a  los  bienes,  así  de  los  culpados  como  de 
los  inocentes.  Contra  todos  estos  lazos  >  solo 
queda  un  remedio  ,  a  saber,  que  el  que  por  su 
Hado,  esto  es,  por  la  Providencia  de  Dios,  caye- 


21 

re  en  sus  rnaaos,  ert  primer  lugar,  nádale»  crear- 
mmqne  le  prometan  grandes  cosas ,  nada  lema, 
aunque  le  conminen  con  las  mayores  penas,  te- 
niendo siempre  delante  de  tos  ojos,  d  temor  i  el 
amor  ile  Aquel,  que  después  de  matar  el  cuerpo 
tiene  poder  para  mandar  el  alma  a  ta  gehenna. 
Este,  que  tiene  exactamente  contados ,  todos 
nueslros  cabellos ,  no  permitirá,  que  ninguno 
caiga  al  suelo,  contra  su  voluntad,  exsdente  sin 
duda  para  los  suyos.  En  segundo  lugar;  refrene 
sulengtM,  con  grandísima  constaniia,  hasta  sa- 
ber suacusaiion  i  la  deposiiion  de  los  testigos  a 
que  tiene  qué  responder,  según  d  orden  naturat' 
del  derecho. 
Después,  en  )a  cuarta  audienzia  se  le  eiije  de 
25  nuevo  *  al  reo  un  juramento,  añadiendo  graví- 
simas deprecaciones,  paraque  espontaneamente- 
declare  lo  que  supiere  ;  de  lo  contrario  ,  ge  le- 
tratará  conforme  a  derecho,  intentando  el  fiscal 
h  ;inisazion  contra  <■! ,  etc.  Si  él ,  constante, 
alii-ma,  aun ,  qui;  nada  mas  tiene  que  declarar, 
le  Jiiitílican  por  último  la  acusazion,  por  escri- 
to, poro  llena  de  muchos  i  supuestos  cargos  , 
sohrc  cosas,  que  ni  al  mismo  reo  se  le  ocurrie- 
ron nunca ,  ni  le  delató  jamás  oadi« ,  de  ellas  , 
aula  los  inquisidores :  porque  es  una  arte  in- 


25 
quisitoria,  propia  i  lejitima  de  los  santos  padres 
"de  la  fé,  el  forjar  de  su  cosecha  estos  cargos,  o 
-mas  bien  delitos,prinzipalmentc  con  estos  fines: 
primero,  para  dejar  atónito  al  infeliz,  abrumán- 
dole con  la  multitud  i  gravedad  de  los  crímenes 
forjados,  i  paraque  ,  fuera  de  sí,  no  sepa  donde 
está,  ni  a  donde  volverse ,  ni  que  responder  :  i 
después  ,  para  ver  si  tal  vez  el  acusado  admite 
alguno  de  los  crímenes  que  se  le  atribuyen  ,  o  a 
lo  menos,  si  azerca  de  alguno  de  ellos,  pueden 
trabar  con  él  unas  palabras,  por  donde  puedan 
iraerle  ala  red.  ¿Es  esto,  acaso,  imitar  eljuizio 
de  Dios  ,  cuya  causa  se  jactan  de  defender  los 
padres  de  la  fé  ,  ante  el  vulgo  miserablemente 
ignorante  ,  sobre  todo ,  en  *  el  umbral  mismo  26 
del  espectáculo  i  del  triunfo  en  que  presentan 
a  los  inocentes  que  han  de  entregar  luego  a  los 
suplizios,  cantando  con  grandísima  impudenzia 
i  manifiesta  irrisión ,  «levántate.  Dios,  juzga  tu 
«ausa»?  ¿Enjendra  ,  acaso  ,  estas  artes  ,  la  fé  , 
cuyos  padies  quieren  llamarse?  ¿Las  enseñaron 
por  ventura,  los  verdaderos  padres  de  la  fé  o  las 
usaronalguna  vez?  ¿Son  estos,  los  medios  propios 
de  reduziral  camino,  al  que  imprudente  se  apar- 
tare de  la  fé,  i  déla  palabra  de  Dios;  de  enseñar 
al  ignorante ,  de  correjír  al  que  en  fuerza  de  la 


»w 


26 

Immana  comlizion  delinquiere?  ¿Oson,  masbien 
lazos  (leSatancís  que  con  frecuenzia  usaron  siem- 
pre los  hombres  calumniadores  i  diabólicos  , 
ocultamente  tendidos  para  armar  zancándilla  * 
al  pobre,  o  estorbos  capziosos  i  con  maligna  ar- 
te dispuestos,  de  intento  ,  paraque  tropieze  en 
ellos  i  al  íin  se  estrelle,  el  que  incauto,  i  miran- 
do por  su  vida,  según  la  común  senzillez  ,  me- 
nos de  lo  que  debiera ,  pasare  por  allí  ?  Pues 
¿quién  creerá  que  los  santos  padres  se  entretie- 
nen en  armar  semejantes  lazos?  Pero,  algún  dia 
manifestará  el  tribunal  de  Cristo,  de  aquel  in- 
quisidor verdaderamente  católico,  cuántos  des- 
dichados cayeron  en  estos  lazos,  i  perdieron  en 
ellos  sus  cuerpos,  i  quizá  sus  almas,  por  indus- 
tria i  manejo  detestable  de  estos  artíñzes  de 
iniquidad  i  violenzia. 
27  *Los  primeros  de  aquellos  cargos  suelen  ser 
comunes  a  casi  todos  los  que  a  tal  conflicto 
llegan  en  este  santo  tribunal.  He  aquí  los  tér- 
minos eu  que  están  conzebidos.  Que  habiendo 
sido  bautizado  ,  i  dádose  por  hijo  de  la  iglesia 
Romana,  desertando  de  su  profesión,  se  pasó  a 
la  secta  luterana,  admitiendo  i  rezibiendo  los 

*    El  orij.  dize— ad  supplantandum,— i  el  trad.  había  puesto- 
suplaníar,—  latinizando  la  azepcion  de  la  voz. 


27 

-errores  de  esla  herejia  :  i  no  contento  con  ser 
hereje,  hizo  a  otros  también  herejes,  enseñando 
i  dogmatizando,  etc.  Por  este  estilo  ,  añaden 
muchas  palabras  hinchadas  i  campanudas,  para 
infundir  terror  a  los  simples.  A  este  primer 
cargo  siguen  otros  varios  a  vezes  de  mayor  ,•  a 
vezes  de  menor  peso  ,  entre  los  cuales,  de  pro- 
pósito injieren  aquello  de  que  fue  delatado  el 
reo  ,  o  la  sospecha  que  de  él  conzibió  alguno,  i 
ésta>  nó  como  sospecha  ,  sino  como  hecho  afir- 
mado i  atestiguado,  pues  cu  este  santísimo  tri- 
hunal ,  todo  lo  que  conviene  es  lízito. 

Responde  entonzes  el  acusado  uno  por  uno,  a 
los  cargos  que  se  le  oponen,  o  confesando  o  ne- 
gando según  mejor  le  viene,  i  dictando  él  nota  un 
escribano  sus  palabras.  Rezibida  *  esta  repentina  28 
impensada ,  i  no  mui  exacta  confesión,  le  ofre- 
zen  papel  i  tinta  ,  paraque  pueda  ,  si  quiere  , 
responder  por  escrito.  Su  designio  en  esto  es 
hazer  ver,  quenada  omiten  ,  paraque  pueda  el 
reo  mas  cómoda  i  ampliamente  demostrar  i  de- 
fender su  inocencia  :  pero  bajo  ese  pretestq  es- 
pezioso  ,  se  oculta  una  arte  Inquisitoria  ,  i  con- 
siste, en'que,' rezibida  ya  por  ellos  de  boca  del 
reo  una  confesión  oral  e  improvisada  ,  quieren 
añada  otra,  con   mas  cuidado  i  dilijenzia  com- 


28 

puesta,  en  que  sea  fazil  hallar  alguna  diferenzia 
(1c  la  primera,  la  cual,  por  cierto,  ni  tiene  de- 
lante, ni  puede  acordarse  de  todas  las  palabras 
que,  o  dijo  en  ella,  o  se  le  escaparon  ,  conster- 
nado prinzipalmente  por  el  miedo.  Sí  esto  no  , 
([ue  añada  al  menos  mucho  o  dlgq  a  la  prime- 
ra. Pues  les  conviene  tener  de  donde  sacar 
con  su  peculiar  dialéctica ,  las  contradicziones 
que  desean,  i  un  nuevo  i  limado  escrito  del  reo, 
presta  mas  amplia  materia,  a  nuevas  calumnias. 
El  que  quiera  saludable  i  prudentemente  ocur- 
rir a  esta  treta  ,  no  responderá  allí  nada  de 
repente  ,  i  sin  premeditazion:  sino  que ,  mas 
mudo  que  un  pez  ,  para  cualquier  otra  cosa  , 

pedirá  en  suzintas  i  contadas  palabras  «  que  le 
20  den  una  copia  de  la  acusazion  ,  tinta  *  i  papel  , 
i  tiempo  además  ,  para  poder  responder  con 
despazio  i  madura  deliberazion  a  los  cargos 
que  se  le  hazen.  I  como  ellos  ,  sin  duda  ,  no  se 
darán  por  satisfechos  con  esta  respuesta  ,  i  se 
empeñarán  en  obtener  las  dos  ,  para  los  fines 

que  dijimos  ;  convendrá  ,  que  el  que  haya  de 
responder  ,  esté  mui  sobre  si ,  i  eluda  con  tan 
lacónica  respuesta  ,  sus  conatos:  i  aun  cuando 
le  pregunten  i  sonsaquen  ,  i  se  valgsm  ya  de  su 
gravedad,  ya  de  su  perversidad  inquisitoria,  no 


29 

se  deje  arrancar  de  aquella  breTisima  i  cortada 
respuesta.  Aunque  estos  padres  solizitadores 
desean  con  i^ehemenzia  la  contestazion  improvi- 
sada ,  que  dijimos  ,  aprezian  con  todo  sobre 
manera  la  escrita  ,  prinzi pálmente  de  los  hom- 
bres de  letras  ,  los  cuales  ,  por  una  casi  cons- 
tante esperiencia  saben  ,  que  son  de  tal  natura- 
leza ,  que  mientras  se  esfuerzan  en  defender  o 
interpretar,  a  su  manera,  uno  que  otro  error  , 
a  Tczcs  no  de  grande  entidad  ,  suelen  añadir 
otros  varios,  o  al  menos  ,  mientras  sacan  mu- 
chas cosas  de.  su  caudal  literario,  suministran 
también  a  los  hombres  capziosos  ,  mucha  ma- 
teria para  calumniar.  I  asi  suzede  i  amenudo, 
que  tales  doctos  varones,  cayendo  primero  en 
aquel  abismo,  aun  por  levísimas  causas,  abru- 
mados después  *  con  muchos  i  gravisimos  car-  50 
gos  ,  salieron  de  alli  ,  o  para  la  hoguera  ,  o 
para  la  pompa  triunfal  ,  poco  mas  tolerable  , 
teniendo  luego  que  pasar  el  resto  de  su  vida  en 
las  perpetuas  tinieblas  de  la  vergüenza  ,  como 
pudiéramos  comprobar  con  muchos  ejemplos, 
si  no  rezelasemos  tejer  de  comentarios  ,  la  ver- 
dadera historia  de  las  artes  inquisitoriales.  En 
aquel  lugar,  pues,  será  cuerdo,  a  tiempo,  el  que 
con  madura  deliberazion  suzinta  i  resueltamen- 

E 


te  respondiere  ,  acoDsejándose  de  la  prudenzia 
cristiana,  que  ni  daña  la  conzienzia  terjiversan- 
do  o  menoscabando  la  verdad,  ni  con  una  res- 
puesta, larga  en  demasía,  da  a  los  adversarios 
asa,  para  armarse  de  nuevos  lazos  ,  que  es  lo 
que  sin  duda  buscan  ellos  en  la  respuesta  escri- 
ta. Convendrá  también,  al  que  baya  de  respon- 
der, confirmar,  si  puede  sus  dichos,  coa  los  cáno- 
nes de  ellos  mismos,  o  con  los  que  llaman  teólo- 
gos sentenúarios.  Pues  entonzes  ni  perderá  de 
suyo  nada  la  verdad,  ni  la  contestazion  quedará 
tan  fazilmente  espuesta  a  las  calumnias,  defen- 
didaauncon  las  armas  de  loscontrarios.  Cuando 
alguno  les  declara  de  palabra,  o  por  escrito  algo, 
para  ellos  abiertamente  herético,  suelen  habér- 
selas de  este  modo.  De  aquella  propoñzion  de- 
31  duzen  ellos  otras  ,  en  buena  '  o  mala  conse- 
cuenzia ;  i  con  cada  una  en  particular ,  le  gra- 
van ,  como  si ,  en  particular ,  las  hubiese  afir- 
mado o  enseñado,  aunque  el  reo  nunca  las  haya 
proferido,  ni  las  conzeda  ,  ni  aun  las  entienda. 
Para  aclarar  mas  esto  con  un  ejemplo  ,  presen- 
taremos uno ,  que  snzedió  pocos  afios  haze  en 
Sevilla :  pues  no  se  nezesitan  ejemplos  supues- 
tos en  una  cosa  ,  practicada  casi  todos  los  dias 
en  aquel  santo  tribunal  ,  con  gran  detrimento 


31 
prlniípalmente  de  los  senzillos  i  rudos.  Pre- 
sentóse a  la  Inquisizion  de  Seyilla  uno  ,  a  quien 
habían  citado  ,  por  haber  dicho  en  un  corro  de 
amigos  Íntimos,  que  fuera  de  la  sangre  de  Cris- 
to, que  diariamente  lava  i  purga  a  los  suyos  de 
sus  pecados,  no  recenozia  otro  purgatorio.  Era 
el  tal  un  hombre  senzillo  ,  dedicado  continua- 
mente al  campo,  i  en  fin  sin  otra  mas  culta  ins- 
truczion.  Quizá  él  una  vez  habia  oido  aque- 
llo a  alguno  de  sus  allegados  ,  i  no  le 
habia  disgustado.  Hallándose  ante  los  padres 
de  la  fé ,  confiesa  que,  en  efecto,  fué  de  aquella 
opinión  ,  pero  supuesto  que  sus  reverencias  no 
la  aprueban  ,  que  él  de  grado  la  rovoca.  Mas 
¿  qué  te  áproTechó  ,  miserable  ,  esta  tan  preci- 
pitada i  repentina  palinodia  ?  Cuando  confesas- 
te el  hecho,  los  inzitaste :  callando  los  hubieses 
instigado  ,  sinzerandote  ,  en  fin,  habrías  perdi- 
do el  tiempo.  No  *  bastó  esto  a  los  señores  in-  52 
quisidores  ,  tenían  aun  que  buscar  un  nudo  en 
el  junco  ,  (a)  sin  duda  paraque  los  órganos  in- 
quisitorios no  se  corrompiesen  enmoheziéndo- 
se  por  un  dilatado  ózío.  De  aquella  premisa  de- 
duzen  en  daño  del  infeliz  labrador:  «luego  la 

a    buscar  dificultades  donde  no  las  liai.  Prov.  lat. 


32 

iglesia  Romana ,  que  ,  de  antiguo  ,  decretó  lo 
contrario  en  sus  leyes  ,  yerra.  Yerra  también 
el  concilio.  ítem  mas:  «la  justificación,  solo  con- 
siste en  la  fé ,  en  virtud  de  la  cual  queda  el 
hombre  libre  de  culpa  i  de  pena  »  i  ,  para  aca- 
bar de  una  vez,  de  aquí  deduzen  todo  el  enca- 
denamiento de  aquellos  dogmas  que  ellos  llaman 
herejías ,  i  con  cada  uno  de  esos  dogmas  abru. 
man  al  doblemente  desdichado  ,  como  si  con 
palabras  espresas  los  hubiese  afirmado  ;  aun 
cuando  porfiadamente  reclame  i  asegure  que  no 
sabe  a  la  verdad  lo  que  aquello  quiere  dezir  ,  i 
que  ,  mucho  menos  ,  pudo  nunca  ocurrírsele. 
¿Quién  no  vé  cuan  lleno  está  este  modo  de  pro- 
zeder  de  fraude  i  engaño  i  de  calumnia  mani- 
fiestamente diabólica ,  en  cuanto  atañe  a  aquel 
santo  ofizio?  Pero  débese  aquí  contemplar  i  ado- 
rar sobre  todo  la  divina  Providenzia,  para  con 
sus  escojidos,  a  quienes,  cuando  están  privados 
de  otros  medios  mas  conduzentes  a  su  propia 
vocazion  i  enseñanza  ,  llama  por  este  mismo , 
tan  contrario,  que  no  lo  es  mas  el  agua  al  fue- 
go ,  los  enseña  i  los  ilumina.  Pues  los  inquisi- 
33  dores  que  *  se  declaran  estirpadores  de  la  fé  i 
de  la  misma  verdad,  esos  mismos  ,  repito  ,  son 
de  la  manera  que  dijimos ,  los  predicadores  ^ 


55 

doctores  ¡propagadores  de  tal  verdad.  Asi  apa- 
reze  de  los  clarísimos  ejemplos  de  muchos,  que 
en  sus  manos  cayeron ,  ignorando  varias  cosas 
a  su  propia  salud  pertenezientes,  tan  solo,  a  la 
verdad,  porque  sin  fundamento,  mas  bien  que 
con  premeditado  consejo,  charlaron  que  no  ha- 
bía Purgatorio,  o  cosa  semejante  ;  quienes  sin 

embargo  ,  por  las  preguntas  ,  consecuenzias  , 
inducziones  mas  o  menos  lejítimas  de  los  mis- 
mos inquisidores ,  salieron  notablemente  ense- 
ñados ;  de  lo  cual ,  el  rústico  de  que  ahora  ha- 
blamos, puede  ser  ejemplo  manifiesto. 

Suelen  también  entonzes  (esto  es,  cuando  ya 
el  reo  les  concedió  algo )  tender  un  nuevo  lazo 
harto  peligroso.  Pregúntanle  de  quien  aprendió 
aquello,  sea  lo  que  fuere  ,  a  quien  se  lo  oyó,  o 
si  acaso  lo  leyó,  en  que  libro?  Ademas ,  si  de- 
partió con  otros  sobre  el  asunto  ,  o  ensefió  a 
otros,  o  habló  de  cualquier  modo  sobre  lo  mis- 
mo delante  de  otros?  En  dónde.  Anle  quienes : 
piles  iodos  los  que  lo  oyeron ,  aun  contra  su  vo- 
luntady  por  no  haber  delatado  inmediatamente 
al  autor ^  a  los  inquisidores.aunque  sean  sus  pa- 
dres, o  estén  ligados  con  el  mas  estrecho  vínculo 
de  la  naturaleza,  corren  gran  riesgo  i  vienen  a 
ser  presa  *  no  dudosa  de  los  Inquisidores,  Todo  34 


u 

esto  cunviene  saber,  pura(|ac  cada  uno  iwr  íeí 
i  voluntad  divina  esté  de  antemano  prevenido  i 
enseiiado  azerca  de  lo  que  a  semejantes  pregun- 
tas debe  responder  ,  para  no  |>erderse  a  si  i  a 
oíros  inozentcs ,  con  BU  imprudenzia,  si  acaso 
le  acontezicru  ,  por  disposizion  de  Dios  ,  caer 
en  estos  lazos. 

Entablada  por  fin  la  acusazton  ,  si  et  reo  es 
aun  pupilo  (al  cual  llaman  menor  de  edad)  en 
esta  misma  audienzia  le  proveen  de  patrono 
(procurador  o  curador  suelen  llamarle.)  Piado- 
so inLento  a  la  verdad ,  si  para  lat  ofizio  se  es- 
cojiera  uno ,  que  esforzadamente  i  según  eii^ 
el  cargo,  desempeñase  su  parte.  Pero  éste ,  no- 
es  el  que  pide  el  pupilo  ,  »el  que  mas  le  con- 
vendría  para  mirar  mejor  por  su  causa  ;  sino  el 
que  ellos  escojen,  que,  o  ea  un  lobo,  que  en  con- 
tra de  la  ovejuela  se  agrega  de  refresco  a  los 
demás,  o  que  al  menos  no  haze  otra  cosa  que 
llevar  por  insulsa  ceremonia  el  nombre  de  Pa- 
trono, por  cuyo  medio  solo  ,  cumple  con  el  de- 
recha. Por  lo  común  ,  desempeña  este  ofizio  el 
])oi'ti'L'o  de  la  Inquisizion  ,  i  en  su  defecto  , 
cualquier  otro  fámulo  de  esta  oGzina  :  por 
que.  fuera  de  representar  la  pecsona  i  nom- 
bre de  curador  ,  comonada  tiene  que  hazer  en 


55 

SQ  ofizio  ,  bien  puede  a  la  verdad  ,  el  curador 
de  *  la  muía  del  seüor  Inquisidor,  hazer  de  cu> 
rador,  sin  ningún  *  trabajo,  de  todos  los  presos  55 
de  la  carzel  a  un  mismo  tiempo:  ademas  el  por- 
tero, no  por  eso,  dejará  de  responder,  a  tiempo, 
a  todos  los  que  llamen  a  la  puerta.  Sin  duda  asi 
observan  las  leyes  divinas  i  humanas  aquellos 
santos  padres  para  con  los  pupilos ,  tan  reco- 
mendados por  la  lei  de  Dios  i  por  la  misma 
humanidad  a  todos  los  hombres  ,  i  en  particu- 
lar a  los  juezes. 

Ñiparan,  en  este  punto  de  irrisúm  del  dere- 
cho. Pues  por  el  mismo  tenor  cumplen  con  otra 
parte  no  menos  importante  del  derecho  i  déla 
equidad,  a  saber,  la  d& proveer  a  todos  los  reos 
de  abogado  jurisperito,  que  dirija  prudentemen* 
te  su  causa  i  su  derecho,  según  la  norma  délas 
leyes  i  de  la  equidad  misma;  que  defienda  su  ino^ 
zenzia  si  la  tieíien;  i  si  no,  que  mitigue  al  menos 
la  justizia,para  que  no  dejenere  en  una  suma  in- 
juslizia:  a  estaparte,  digo,  del  derecho,  tan  im* 
portante,  i  que  parezia  quedar  por  único  refujio 
a  los  miserables  aflijidos,  satis fazen,  solo  con  la 


*  El  oriuoal— «curador  mulcB  domini  inquisitorist —  e.  d.  su 
mozo  de  caballos,  o  el  que  le  cuida  la  muía  ;  pero  el  traductor 
deja  ahí  el  juego  del  vocablo  latino. 


36 

misma  ineficaz  (a)  ceremonia  que  antes,  al  dar 
curador  a  los  pupilos:  si  ya  no  es,  que  como  la 
cosa  es  gravísima,  procuran  ademas,  con  algún 
espezioso  prelesio,  encubrir  aquí,  la  impiedad  i 
el  desprezio  de  las  leyes  ,  i  aparezer  algo  mas 
humanos.  Nombran  al  reo,  tres  o  cuatro  de  los 
mas  célebres  jurisperitos,  para  que,  a  su  gusto, 
escoja  uno  que  defienda  su  causa.  I  no  satis  fe- 
chos  con  tanta  benignidad,  le  acons^an  (sin  dur 
da  con  animo  paternal)  que  elija  al  que  eüos  tie- 
56  nen  por  mas  docto.  *  ¿Qué  hai  que  desear  aquí  ? 
Pero  se  guardará  el  abogado  elejido,  quien 
quiera  o  cualquiera  *  que  sea  ,  de  advertir  al 
reo,  de  cuya  defensa  se  encargó,  punto  alguno 
del  derecho «  que  pueda  en  cierto  modo  aliviar 
su  causa.  Pues  sabe,  que  si  por  algún  medio  lo 
llegaren  a  averiguar  los  inquisidores  ,  no  que- 
dará impune :  supuesto  que,  en  realidad,  no  se 
le  provee  aqui  al  reo  de  abogado  ,  paraque  ten- 
ga un  defensor  su  causa  ,  (i  por  eso  no  pueden 
el  abogado  i  el  reo  comunicarse  o  tratar  juntos 
secretamente  alguna  cosa  ,  sino  en  presenzia  de 
los  señores  inquisidores  i  del  escribano) ,  sino 

a    El  traductor  puso,  fria:  porque  en  latín  dezia  frígida . 
*    Lat. — quicumque  aut  qualiscunque. 


7^7 
mas  bien ,  paraque  el  vulgo  crea ,  que  ellos 
cuando  obran  contra  todo  derecho  divino  i  hu- 
mano ;  obran  jurídicamente  ,  i  usan  de  la  equi- 
dad ,  que  a  tales  padres  corresponde.  ¿A  (|ué 
pues  el  abogado?  rezibe  (según  luego  diremos) 
del  reo,  la  ruda  i  mal  pe rjeñada  respuesta,  a  la 
acusazion  ,  i  trasladándola  al  estilo  forense  (a 
vezes  aun  adulterada),  la  reduze  a  orden  jurídi- 
co. Entretanto  conserva  todavía  el  nombre  de 
abogado ,  paraque  los  señores  inquisidores  elu- 
dan el  derecho.  Prosigamos. 

Al  terzer  día  pues  de  rezibir  el  reo  una  copia 
de  su  acusazion,  le  citan  *  al  tribunal:  allí  está  57 
ya  pronto  su  abogado,  como  quien  ha  de  apartar 
denodadamente  del  que  va  a  rezibir  luego  bajo 
su  tutela ,  todos  los  dardos  de  la  iniquidad.  Ta 
el  inquisidor ,  como  dispensando  al  reo  un  su- 
mo benefízio,  i  eximiéndose  enteramente  de  esa 
parte  del  derecho  ,  apuntando  con  el  dedo , 
muestra  al  reo  su  abogado  :  después  ,  con  su 
sólita  perversidad  ,  le  canta  la  acostumbrada 
cantinela  ,  a  saber  ,  que  diga  la  verdad  ,  que 
consulte  i  atienda  seriamente  a  su  conzienzia,  i 
que  esponga  ,  si  tiene  algo  mas  que  esponer. 
Mientras ,  nuestro  abogado  se  sienta,  o  está  de 
pie  ,  muí  atento,  como  si  fuese^  de  palo.  Porque 


\ 


58 

si  algo  tiunc  que  dezir,  no  puede  manifestarlo, 
RÍno  consultando  antes  al  inquisidor  ,  i  mirán- 
dose uno  a  otro  atentamente ,  mientras  habla. 
Pues  rezela  el  inquisidor  que  el  abogada  por  su 
liabladnria  ,  *  o  por  sü  imprudenzia  ,  charle 
alguna  co?a,  con  que  advertido  el  reo  de  su  de- 
recho, se  enreden  los  hilos,  astutamente  encu- 
biertos para  su  captura.  El  abogado  por  el  con- 
trario horrorizándose  del  peligro ,  se  sobrecoje 
(le  temblor,  no  sea  que,  por  imprudenzia,  se  le 
escape  alguna  palabra ,  que  ofenda  at  seftor  in- 
quisidor. El  abogado  admitido  por  el  reo  ,  solo 
dize  con  seguridad  en  alivio  de  su  defeodido  , 
8  que  tenga  buen  ánimo ,  i  que  *  declare  sobre 
todo  la  verdad  ,  pues  solo  eso  vale  ,  *  en  aquel 
sanio  tribunal.  Que,  por  su  parte  nada  omitirá 
de  lo  que  en  él  consista  ele.  Entona  ,  después  . 
el  luquisidor  la  misma  cantinela,  i  con  esto,  se 
lemite  al  reo  a  su  sepulcro. 

De  todos  modos  ,  después  de  esta  audienzia  , 
empieza  a  animarse  el  reo  ,  persuadido  de  que 
su  negozio  toca  ya  al  término.  Pero  suzede  muí 

'    o.— ¡fornalidad ;  pues  el  Fol.  asi— ^rmUtale. 

'  Donde  si:  habla  Dincho  do  salud  ,  allí  bai  peale,  DoihIc  so 
liiibla  murhD  de  lerdud,  alU  lolo  hai  niíDlira  jeDenJnienlc. 


i 


59 
de  otra  manera:  Pues  a  algunos  ,  euli  egados  a 
un  largo  olvido,  se  les  suele  dejar  en  la  cárzel , 
como  para  ablandarlos  i  curtirlos  en  la  cal  i 
tinaja  de  los  curtidores,  por  espazio  de  un  año, 
o  de  ano  i  medio,  o  también  tres  o  cuatro  afios 
enteros  ,  según  el  arbitrio  de  los  padres  de  la 
fé  ,  i  en  todo  ese  tiempo  ,  ni  los  llaman  ,  ni  se 
trata  seriamente  de  despachar  su  negozío.  Si 
alguna  vez  aburridos  los  reos  por  el  tedio  del 
largo  enzierro  i  laceria  intolerable  ,  piden  au- 
díenzía ;  a  unos  se  la  conzeden ,  para  otros  se 
hazen  los  sordos ,  pero  al  fin,  es  igual  su  suer- 
te. Pues  a  los  que  al  cabo  de  muchas  instanzias 
se  les  eonzedió;  mandándoles  entrar  en  el  cón- 
clave ,  les  preguntan  ,  con  tal  aire  i  tono  ,  que 
bien  dan  a  entender  no  cuidarse  absolutamente 
de  ellos ,  lo  que  *  seria  propio  preguntar  a  los  39 
mas  dichosos,  a  saber:  ¿Qué  se  les  ofreze?  A  es- 
to dize  el  reo:  que  se  trate  de  su  negozio  ,  i  se 
resuelva  por  fin.  Contestan  ellos,  que  con  todo 
cuidado  i  dilijencia  ,  están  sobre  el  asunto  ,  i 
que  no  piense  le  tienen  olvidado.  Que  si  de  ve- 
ras desea  el  término  de  su  negozio  ,  piense  ya 
en  declarar  la  verdad;  ¿a  qué  descuidar  tanto  su 
conzienzia?  etc.  Asi,  echando  la  culpa  al  infeliz, 
que  aun  para  la  hoguera  saldría  de  buena  ga- 


40 

na,  le  remiten  a  su  calabozo.  Auaque  después , 
le  conzeden  mas  a  menú  Jo  audienzia  en  que 
suplicar  lo  mismo  ,  también  ellos  le  responden 
lo  mismo,  hasta  que,  al  fin,  les  pareze  que  está 
en  sazón  de  comunicarle  ya  los  dichos  de  los 
testigos  contra  él:  a  esto  llaman  publicazion  d» 
testigos. 

PUBLICAZION  DE  TESTIGOS. 

liuanJo  a  juizio  de  los  padres  está,  pues,  ya  el 
triste  encarzebdo  ,  ])or  la  larga  i  en  cstremo 
inmunda  prisión  ,  tan  decaído  de  ánimo  ,  que 
les  pareze  que  aun  con  el  mismo  suplizio  com- 
40  praria  *de  buena  gana  la  salida,  i  que  ha  de  de- 
clarar,por  lo  tanto  mas  de  lo  que  le  pregimten , 
llamándole  a  la  audienzia  i  con  una  estudiada 
ai'enga  ,  entre  reprensión  i  blanda  amonesta- 
ción, le  preguntan:  ¿qué  cosa,  le  haze  estar  tan 
olvidado  de  su  negozio?  que  descubra  ya  la  ver- 
dad: i  a  esto,  añaden  muchas  exortaziones,  con- 
forme a  las  cuales,  en  la  misma  o  en  la  siguien- 
te niidiciizia,  entablando  el  fiscal  su  aczion.  pi- 
di',  ([ue  se  haga  publicazion  de  testigos ,  i  con- 
zedido  esto  en  el  acto  ,   le  presentan  al  reo  las 


41 
deposiziones  de  los  testigos  pero  suprimiendo 
sus  nombres.  El  orden  i  estilo  de  estas  deposi- 
ziones ,  demuestra  bastante  ,  cuánto  desea  el 
santo  tribunal ,  que  se  descubra  por  fin  la  ver- 
dad. Porque  »  de  tal  manera  se  lee  todo  ,  esto 
es  ,  con  tantas  dificultades  i  rodeos  ,  torzido  i 
desfigurado,  i  con  palabras  tan  ambiguas  i  du- 
dosas ;  que  cualquier  cosa  puede  parezer  me- 
jor, que  dicbos  de  hombres  que  usan  de  su  ra- 
zón. Se  haze  asi  ,  de  intento  ,  por  artiOzio  del 
santo  tribunal,  primero  ,  paradejíir  siempre  al 
reo  en  incertidumbre  i  duda  ,  aun  azerca  de 
aquello  mismo  que  sabe  ya  depusieron  contra 
él.  Además,  con  el  fin,  de  que,  en  cuanto  pue- 
da ser,  de  ningún  modo  conozca  a  aquellos  cu- 
yos testimonios  en  contra  suya  se  leen  ,  para 
que  no  se  defienda,  oponiendo  escepciones  con- 
tra sus  personas.  *  Finalmente, en  terzer  lugar,  41 
paraque  si  hubiese  hablado  con  otros,  que  con 
sus  delatores  ,  azerca  de  lo  mismo  de  que  sabe 
le  delataron,  i  procurare,  ignorando  completa- 
mente quien  le  delató  ,  envolver  al  delatante  , 
descubra  quizá  a  todos  ,  i  venga  por  fin  de  ese 
modo  a  arrastrar  mas  pezes  a  aquella  red  bar- 
redera del  santo  tribunal. 
De  buena  gana  rogariamos  aquí  a  los  padres 


42 

(le  la  fé,  que  nos  dijesen  (ya  que  tan  versados 
son  por  lo  regular  en  el  derecho),  cómo  es,  que 
siendo  de  derecho  común  ,  la  publicazion  de 
testigos,  integra  se  entiende,  i  hecha  de  buena 
fé  ;  no  tiene  lugar  alguno  en  su  santo  tribunal, 
ni  tampoco  la  reconoze  su  derecho  ,  sino  a  me- 
dias i  zerzenada  en  su  mejor  parte,  esto  es,  su- 
primidos los  nombres  de  los  testigos :  i,  ni  aun 
la  que  queda,  se  lee  integra  i  con  buena  fé,  si- 
no con  mala,  o  aun  pésima  fé  ,  como  luego  di- 
remos. Ademas,  si  la  escepzion  contra  las  per- 
sonas de  los  testigos  no  solo  es  de  derecho  ,  si- 
no también  mui  nezesaria  paraque  la  inozen- 
zia  de  los  buenos,  no  esté  por  todos  lados  abier- 
ta a  las  calumnias  de  los  malos  (pues,con  razón, 
escluye  el  derecho  ,  de  atestiguar  en  el  foro  , 
aun  en  los  negozios  civiles  de  no  gran  impor- 
tancia ,  a  los  enemigos  ,  mentirosos  ,  infames  , 
simples  o  locos  ,  borrachos  ,  infieles ,  siervos  i 
42  semejante  linaje  de  hombres)  *¿porqué, en  aquel 
santísimo  Foro  no  le  dejan  lugar  alguno?  ¿Quién 
habilitó  a  todo  ese  hnaje  de  hombres  nulos  , 
para  atesliguar  en  las  causas  de  fé, entre  todas, 
las  mas  graves ,  i  paraque  se  rcziba  su  testi- 
monio, i  valga,  aun  para  condenar  a  muerte  al 
reo  ,  cuando ,  según  todo  derecho  ,  son  tan  in- 


43 
hábiles,  que,  por  solo  su  testimonio,  a  uadie  se 
condena  en  las  otras  causas,  aunque  lo  den  so- 
bre la  menor  de  las  que  se  controvierten?  Dirán 
quizá :  «negamos  que  no  haya  aquí  lugar  a  la 
escepzion  contra  las  personas  ,  puesto  que  el 
reo  por  algún  medio ,  o  conjetura  ,  puede  des- 
cubrir quién  atestiguó  contra  él.  Luego  cuando 
suzede  ,  que  al  tal  testigo  ,  descubierto  por  las 
conjeturas  del  reo,  le  dan  ellos  mismos  por  nu- 
lo, i  le  escluyen  por  lo  tanto  del  foro,  injurian 
en  gran  manera  a  uno  i  a  otro  ,  o  al  menos  ,  a 
uno  de  ellos.  Al  testigo  ,  en  verdad  ,  echándole 
del  foro^  si  es  que  con  razón  suprimieron  antes 
su  nombre  ,  porque  no  le  descubriese  el  reo  : 
o  ,  sin  duda ,  al  mismo  reo  ,  ocultándole  con 
tanto  empeño  el  nombre  de  ese  testigo ,  si  es 
que  admiten  por  fin  sus  escepziones ,  con  tal 
que  por  alguna  sutil  conjetura ,  o  por  otro 
cualquier  medio  le  conozca  ,  i  tenga  por  donde 
oponer  sufízientemente  escepziones  *  contra  él.  45 
Esto  a  la  verdad  ,  en  todos  los  juizios  en  que 
queden  algunas  semillas  de  equidad,  es  una  in- 
juria atroz  e  imperdonable.  Pero,  volvamos  a 
las  artes  inquisitorias. 

Asi  que,  las  deposiziones  de  los  te:tigos  in- 
dican bastante  en  su  orden  ,  frase  i  método  ,  sí 


44 

pasaron  por  la  ofízína  de  la  santidad ,  o  por  la 
de  la  malizia  ,  fraude  i  calumnia.  Pues  es  mas 
(¡ue  cierto  que  por  lo  común,  no  solo  no  se  leen 
delante  del  reo,  tales,  cuales  las  depusieran  los 
testigos;  sino  que,  si  acaso  dijo  algo  el  testigo 
que  sea  o  pueda  convertirse  en  favor  del  reo  , 
lo  desechan  enteramente  como  inútil  a  su  pro- 
pósito ,  admitiendo  solo  lo  que  sea  en  su  daño, 
i  aun  esto  vaziándolo  de  nuevo  en  sus  piedras  * 
con  toda  dilijenzia.  Mas  paraque  eso  se  vea 
claramente ,  convendrá  referir  aqui  el  estilo 
que  usan  al  ordenar  semejantes  deposiziones. 
Es  el  siguiente  :  «El  testigo  N.  (suprimiendo  , 
por  supuesto  ,  su  nombre)  jurado  i  ratificado 
etc.  dize  haber  oido  en  tal  lugar  ,  en  tal  año  , 
en  tal  mes  i  dia  (si  señaló  también  el  dia)  delan- 
te de  tales  personas  que  nombró,  a  cierta  per- 
sona, que  nombró  ,  que  el  dicho  N.  (este  es  el 
acusado)  dijo  esto  i  esto  etc.»  En  su  ejemplar 
44  orijinál  *  (que  llaman  prozeso  orijinál)  tienen 
ellos  espresas  todas  estas  circunstancias  ,  que 
seguramente  exijen  de  los  testigos  para  la  ma- 
yor confianza  del  reo  :  pero  en  el  traslado  que 
al  mismo  entregan  ,  suprimiendo  fraudulenta- 

*    0:— aDlicailas  dilijentcmente  sus  aguzaderas — Or.   aá  ipsO' 

tum  coles  ailigenlpr  applicnlo. 


45 

mente  todas  esas  circunstanzias  de  tiempo  i 
personas,  por  cuya  observazion  hubiera  podido 
el  reo  descubrir  al  delator  o  al  testigo,  las  lle- 
nan con  estas  palabras  «un  cierto  sujeto  i  otro 
sujeto  i  otro  terzer  sujeto.»  En  esta  espezie  de 
deposizion  hai  sobre  todo  que  observar  execra- 
bles sutilezas  ,  a  saber  ,  cuando  dizen  ,  que  lo 
oyó  de  cierta  persona  »  que  nombró  ;  debe  en- 
tenderse, que  el  mismo  reo  es,  de  quien  lo  oyó 
el  testigo  ,  i  que  por  arte  inquisitoria  se  ba- 
ze  ,  que  en  la  copia  entregada  al  reo  ,  se  escri- 
ba ,  como  que  lo  oyó  de  otro  ,  para  que  el  reo  , 
con  sus  conjeturas  ,  no  descubra  al  testigo  :  i 
paraque  si  acaso  (  como  arriba  dijimos )  hubie- 
re hablado  de  aquello  mismo  con  otros  ,  que 
con  el  testigo,  los  nombre  cuando  en  su  incerti- 
dumbre  se  le  obliga  a  adivinar  quién  le  hirió. 
Si  entonzes  nombra  a  algunos  de  quienes  antes 
nada  hubiere  sabido  el  santo  tribunal  ,  inme- 
diatamente  los  proscriben  i  los  cuentan  entre 
los  fautores  de  los  herejes  .  por  no  haber  dela- 
tado ,  al  punto  ,  a  un  hereje  que  tan  pestilen- 
tes errores  vomitó  delante  de  ellos.  *  Pero  si  en  45 
la  deposizion  del  testigo  se  lee  «que  lo  oyó  de 
cierta  OTRA  persona  ,  que  nombró  ,  etc.»  en- 
tienda^entonzes,  el  delatado,  que  este  testigo  es 

F 


46 

realmente  de  oidas ,  según  su  testimonio ,  por 
lo  cual  no  tiene  fuerza  alguna  para  disputar 
con  otro,  aunque  valga  mas  de  lo  sufíziente  para 
aumentar  la  sospecha  de  él  conzebida.  La  dife- 
renzia  entre  estas  dos  fórmulas  de  deposi2Ío- 
nes  consiste  ,  solo  ,  en  que  en  la  segunda  ,  se 
añade  esta  voz  OTRA  que  no  está  en  la  pri- 
mera ,  que  solo  dize  ,  «haberlo  oído  de  cierta 
persona»,  etc.  Esto  perteneze,  a  aquel  libro  de 
los  secretos  misterios  de  la  *  madre  Ceres.  Con 
esta  capziosa  i  fraudulenta  sofistería ,  engañan 
los  señores  Inquisidores ,  a  los  infelizes  ,  que 
ignoran  sus  artes  ,  tranquilos  i  seguros  en  su 
conzienzia,  porque  de  ningún  modo  mintieron. 
Lamentable  es  ,  sin  duda  ,  que  los  infelizes  i 
muchas  vezes  inozentes,  a  quienes  nunca  **  res- 
petan aquellos  astutos  cazadores  ,  se  vean  de 
este  modo  ,  por  ignorar  las  artes  inquisitorias, 
tan  inhumanamente  enredados.  En  todo  caso , 
sin  embargo ,  podrá  servirles  este  nuestro  con- 
sejo :  i  asi  ,  para  mejor  descubrir  estas  artes  i 
eludirlas  ,  si  puede  ser  ,  procurará  primera- 
mente el  acusado  ,  con  todo  estudio  ,  no  profe- 

*    El  oríj.  «EleusinsQ  matris.» 

**    El  orij.  'inunquam  ab  astulis  istis  accuj^ihus  ohservatis»* 
Oscuro ,  i  errado. 


47 
rir'ffn  esta  audienzia  palabra  alguna  ,  para  re- 
falar los  dichos  *  de  los  testigos  (ya  fueren  fal-  46 
sos  o  calumniosos),  aunque  para  hazerlo  de  re- 
pente se  crea  mui  dispuesto :  o  los  mismos  In- 
quisidores ,  con  su  acostumbrada  perversidad  , 
se  empeñen  en  arrancarle  una  confutazion  im- 
provisada. Pida  ,  antes  bien ,  que  se  le  dé  ,  solo 
una  copia  ,  de  los  testimonios  ,  para  responder 
a  ellos  por  escrito  ,'i  con  despazio  i  madura  de- 
liberazion  ,  en  la  audienzia  siguiente  ,  o  cuanto 
antes  pudiere  :  i  en  esta  respuesta  observará  , 
sin  duda  ,  todo  lo  que  azerca  de  la  acusazion 
£scál  arriba  le  aconsejamos.  En  segundo  lugar, 
rezibida  la  copia  de  los  testimonios ,  notará  con 
toda  dilijenzia  (pues  en  cuanto  a  ésto  ni  en  su 
abogado  ceremonial ,  ni  mucbo  menos  en  los 
mismos  señores  juezes  debe  *  fiar  esperanza  al- 
guna sería)  cuáles  testigos  están  contestes ,  cuá- 
les no :  porque  los  contestes  en  una  misma  co- 
sa ;  bastan  para  condenarle  ,  en  aquello  sobre 
que  están  conformes.  Aun  mas ,  dos  testigos , 
de  oidas  tienen  en  este  tribunal  ,  a  ninguna  lei 
ligado  » la  fuerza  de  uno  solo  ocular :  de  donde 
resulta  ,  que  si  a  dos  testigos ,  de  oidas ,  se 

Mejor  quizá :    debe  esperar  con  algana  seria  esperanza : 
•iillam  seriam  sperare  spem  d^et** 


añade  uno  solo  ocular  ,  puede  el  reo  ser  con- 
denado. Mereze  también  notarse  ,  que  un  solo 
Guarda  de  la  carzel  Inquisitoria  [llamado  vul- 
garmente Alcaide)  vale  por  dos  testigos  ocula- 
7  res :  *  i  así ,  su  testimonio  solo  ,  azerca  de  lo 
que  viere  en  la  carzel ,  basta  para  condenar  a! 
que  él  delatare.  Suzede ,  de  cuando  en^uando, 
haber  un  solo  testigo  de  alguna  deposizion  o 
acusazion :  si  éste  es  de  oídas ,  causa  al  reo  la  * 
sentenzia  de  tormento  si  es  que  "  el  mismo  reo 
no  puede  obtenerla  contra  aquél .  Para  evitar 
el  lazo  de  aquella  fórmula  de  deposizion  ,  que 
arriba  manifestamos ,  (si  hubiese  quedado  en 
este  tribunal ,  libre  para  ocasionar  cualquier 
injuria  ,  algún  respeto  o  miramiento  al  lejiti- 
mo  derecho)  bastariale ,  al  reo  ,  para  librarse, 
o  al  menos  para  sinzerarse  ,  a  juizio  de  todos 
los  piadosos ,  el  rechazar  simple  e  injenuamen- 
te  el  testimonio  que ,  de  oidas  ,  le  levantaron  , 
tuviese  o  no  aquella  palabrita  OTRA ,  con  que 
se  justifican  los  señores  Inquisidores  de  la  men- 
tira i  capziosa  calumnia.  Pues  entonzes  suze- 
ilirja  ,  que  SÍ  era  realmente  de  oídas  ,  se  daria 
|>or  rechazado ,  i  de  ningún  valor :  pero ,  sí  era 


49 
ocular  ,  con  su  lejitima  recusazion  ,  se  cortaría 
el  lazo  alli  escondido  ,  i  se  verían  obligados  los 
santos  Padres  a  declarar  ,  dejando  todo  artifí- 
zio  ,  que  aquel  testimonio  ,  era  de  un  testigo 
ocular  ,  i  que  requería  por  lo  tanto  mas  esme- 
rada refutazion.  Pero  *  ¿a  dónde  volvernos  48 
aquí  ?  *  Pues  ellos  ,  como  que  se  ^sobreponen  a 
todo  derecho  ,  o  mas  bien  lo  miran  como  bár- 
baros tiranos  ,  sabiendo  que  aquel  testimonio 
es  de  un  testigo  ocular  ,  aparentarán  que  rezí- 
ben  la  escepzion  del  reo  ,  que  lo  tiene  por  de 
oídas ,  i  según  convenga  a  su  negozio  resolve- 
rán después  ,  creyendo  entre  tanto  el  reo  ha- 
ber rechazado  sufízientemente  aquel  testimonio 
i  no  temiendo  ya  nada  por  ese  lado.   Adivine 

pues  sagazmente  ,  o  mejor  ,  ruegue  a  Dios  que 
le  releve  lo  que  debe  hazer  en  aquella  perple- 
jidad. 

Abrénse ,  además »  espontáneamente  las  puer- 
tas en  esta  santo  tribunal ,  a  delatores  de  todo 
jénero  i  condizion  ,  aunque  sean  locos  i  mente- 
catos ,  siervos,  o  inhábiles  de  cualquier  modo, 
según  el  derecho  ,  para  deponer  testimonios. 
Pues  al  cazador  muí  codizioso  aun  el  perro  mas 

•    Qu6  hic  te  verlas? 


k. 


50 

cobarde  i  ruin  le  es  gratísimo  ,  cod  UI  qatr 
muestre  la  presa.  1  si  al  delator  le  rallaren  ei' 
orden  o  las  palabras  al  delatar  a  alguno ,  o  bien 
ae  le  borraren  de  la  memoria  las  que  oyó  al  que 
delata  ,  con  tal  que  se  acuerde  de  la  sustanzia, 
los  señores  Inquisidores  ofiztosamente  ayudan 
su  memoria  ,  en  términos,  que  mas  de  una  vez 
el  delator  depone  ante  ellos  ,  no  lo  que  oyó  o 
50  io  que  *  trataba  de  declarar  ,  sino  lo  que  ellos 
mismos  le  dictaron.  Piadosamente  se  cree  que 
eslo  no  siempre  es  lo  mejor.  Ofuscólos  Dios 
sínembargo  cuando  ,  en  Sevilla  ,  el  afio  1555  , 
cierta  mujer  loca  ,  escapándose  en  ausenzía  de 
sus  guardadores  de  las  cadenas  ,  en  que  por  ra- 
zón de  su  locura  la  tenian  en  casa  de  un  piado- 
so sujeto ,  penetró  hasta  los  mismos  Inquisido- 
res en  el  alcázar  de  Triana  para  descubrir  a  to- 
da la  Iglesia  ,  que  se  ocultaba  en  los  escondri- 
jos de  aquella  vastísima  ciudad.  Grande  i  rica 
presa  ,  si  Dios  maravillosamente  no  hubiese 
apartado  aquella  tempestad  de  su  Grei ,  enton- 
zes  mui  tierna ,  i  no  en  sazón  para  los  suplizios, 
i|ue  no  obstante  padezió  después ,  por  la  cod- 
Icsion  de  Cristo.  Había  sido  esta  mujer  antes  de 
su  locura  uno  de  los  miembros  prínzipales  de 
;«|uella  Iglesia  ,  si  atendemos  ,  no  a  su  sexo-. 


W 


51 
iñno  a  las  muestras  de  su  piedad  i  a  su  erudi- 
zion  mas  que  femenil  en  las  cosas  sagradas  ,  i 
por  esa  razón  particular  conozía  familiarmente 
a  todos  los  que  con  tanto  riesgo  se  alistaran  en 
las  banderas  de  Cristo.  Mas  ,  en  la  locura,  con- 
vertida su  piedad  i  caridad  primera  para  con  la 
Iglesia ,  en  un  odio  azerbísimo  i  furibundo  ,  se 
ii?ritaba.de  tal  modo  contra  la  Iglesia  de  los  fíe- 
les ,  que  *  el  tema  perpetuo  de  su  furor  no  era  51 
otro  »  que  los  Inquisidores  ,  las  llamas,  las  ho- 
gueras ,  alborotándola  sin  duda  el  diablo  ,  que 
en  la  locura  de  una  infelizísima  mujer ,  azecha- 
ba  la  ocasión  ,  de  destruir  por  sus  cimientos 
aquella  piísima  Iglesia.  Libre  pues  de  sus  pri- 
siones la  mujer  ,  aprisa  i  en  derechura  ,  dirije 
su  camino  al  alcázar  Inquisitorio  :  llama  a  sus 
puertas  ,  que  ,  según  costumbre  ,  se  abrieron, 
al  instante  ,  a  quien  iba  a  delatar  a  la  inozente 
turba.  Entra ,  i  pide  se  junten  inmediatamente 
los  padres.  Reunense  ellos  al  momento  ,  como 
para  un  negozio  de  grande  entidad  ,  siéntanse 
en  su  cónclave  ,  introduzen  a  la  mujer  ,  i<.  la 
oyen.  Ella  ,  desde  luego  dize  ,  que  trae  un  lar- 
go catálogo  de  Luteranos  de  que  está  llena  la 
ciudad  ,  mientras  ellos  ,  que  debieran  velar  con 
todo  cuidado  sobre  tan  malos  acaezimientos,  se 


estaa  sentados ,  i  por  el  largo  ozio  i  sueño  en' 
torpezidoE.  Empieza, después. a rezitar (le  me- 
moria su  catálogo ,  en  el  ijue  hubiera  delatado 
a  mas  de  300 ,  que  con  suma  piedad  profesaban 
el  Evanjelio  ,  si  los  mismos  Inquisidores  atóni- 
tos al  prinzipio  con  aquel  suzego  ,  al  parezer 
prodijio  (pues  hasta  cntonzee  Dada  e  mui  poce 
se  habia  hablado  de  Luteranos)  no  la  hubiesen 
oportunamente  detenido  ,  al  observar  algunos 
desvarios  que  en  su  locura  mezclaba  la  mujer 
entre  cosas  por  lo  demás  verdaderas.  *  Has  poi- 
que no  pareziese  ,  que  dejan  de  prestar  sus  ofi- 
zios  en  cosa  no  mui  seria  ;  deteniendo  allí  a  la 
mujer ,  mandan  llamar  al  que  en  su  casa  la 
guardaba ,  quien ,  por  el  dolor  de  los  azotes 
con  que  la  castigó  para  reprimir  su  locura  , 
quiso  fuese  el  primero  de  los  delatados.  Lla- 
mábase Francisco  de  Zafra ,  *  benefiziado  en  la 
Iglesia  de  de  S.  Vicente  ,  cuyo  busto ,  habién- 
dosele prendido  después  por  causa  de  relijion , 
i  escapádose  milagrosamente  de  la  carzel  in- 
quisitoria ;  fué  quemado  en  el  primer  triunfo 
sübre  los  Luteranos.  Llamado  éste ,  a  quien  se- 

^  ReiiDundo  S.  da  MoDtei ,  ei  nombre  snnueslo  :  i  Um- 
I ,  linde  >  Serrano  ,  u  de  lá  Sierra  :  eele  latn  ,  ei  qoiiá 


sr  '^ 
dO 

guramente  tenían  ellos  entonzes  por  hombre  de 
bien,  le  preguntan ,  qué  era  lo  que  aquella  mu- 
jer había  declarado  ,  de  tantos  Luteranos ;  etc. 
él,  forzando  al  momentoi  finjiendo  la  risa,  em- 
pezó como  a  burlarse  de  ellos  ,  por  no  haber 
eonozido  la  locura  de  la  mujer  :  pues  ,  hazia  ya 
algunos  meses  ,  estaba  loca  rematada  ,  en  tér- 
minos de  nezesitar  de  azotes  i  cadenas  ,  como 
lo  podían  atestiguar  sus  amoratadas  espaldas  i 
sus  rodillas ,  que  conservaban  aun  las  señales 
de  las  cadenas.  I  que  teniéndola  ,  por  caridad, 
presa  en  su  casa ,  habiéndose  soltado  de  las  pri- 
siones ;  la  buscaban  él  i  los  suyos  por  toda  la 
ciudad ,  pero  se  alegraba  muchísimo  haberla 
hallado  incólume.  Mas  ,  en  cuanto  a  lo  que  di- 
ga de  Luteranos  ;  [entendiesen]  que  esa  era  la 
perpetua  manía  de  aquella  loca  ,  como  *  suelen  ^^ 
los  poseídos  de  locura  ,  enfurezerse  continua- 
mente ,  con  alguna  particular  manía.  Vayan  a 
su  casa  ,  a  ver  las  prisiones  :  pregunten  tam- 
bién a  los  vezinos ;  i  hallarán  que  así  es  :  que 
les  ruega ,  manden  a  sus  fámulos  ,  prender  a  la 
mujer ,  i  volverla  a  su  prisión.  Reclamando 
pues  aquella  ,  i  aun  llenando  el  alcázar  de  des- 
compasados gritos  ,  afirmando  que  ella  de  nin- 
gún modo  estaba  loca  ,  sino  que  él  era  un  per- 


54 

verso  Luterano  ,  el  mas  pestilente  de  cuantos 
Luteranos  había  en  la  ciudad  ,  que  cargándola 
de  hierro  ,  la  hería  todos  los  dias  con  tantos 
azotes.  Ellos ,  reventando  de  risa  ,  mandan  a 
sus  fámulos  prenderla  ,  atarla  i  volverla  a  su 
prisión ,  alabando  la  piedad  del  sujeto  ,  que  tan 
molesto  cuidado  se  tomaba ,  por  amansar  a  una 
loca ;  i  amonestándole  que  en  adelante  la  guar- 
dase mejor  ,  no  fuese  que  suelta  de  su  prisión 
levantase  de  nuevo  aquellos  alborotos.  Descui- 
dadas pues  de  esta  manera  sus  artes  i  leyes ; 
perdieron  ,  por  esta  vez  ,  los  señores  Inquisi- 
dores en  aquella  ocasión  »  no  del  todo  mal ,  la 
rica  presa  ,  de  que  se  apoderaron  dos  o  tres 
años  después  ,  madura  ya  ,  por  cierto  ,  la  ven- 
dimia de  aquella  Iglesia.  Volvamos  ahora  al 
asunto. 
54  *  Debe  observarse  además  que  en  este  santo - 
tribunal  el  actor  no  es  el  que  delató  o  acusó  a 
alguien  ,  sino  el  Fiscal.  Este  rezibe  por  sí ,  las 
acusaziones  ,  i  haziendo  dé  actor  ,  le  sirve  en 
lugar  de  testigo  ,  el  que  acusó ,  muchas  vezes  , 
aun  ,  solo.  De  esto  ,  como  de  todo  lo  demás  , 
no  hai  para  que  alegar  testimonio  alguno  fuera 
del  de  ellos  mismos  :  resta  que  cualquiera  juz- 
gue con  qué  lei,  o  con  qué  derecho  se  obra  así. 


55 


CONFUTAZIOISES  DE  TESTIGOS. 

Al  terzer ,  o  cuarto  dia  ,  después  de  esto  , 
mandan  comparezer  al  reo  ,  para  que  respon- 
da a  los  dichos  de  los  testigos.  Asiste  también 
su  abogado.  No  debe  omitirse  aquí ,  el  que  , 
siendo  en  los  juizios  rectos ,  oGzio  del  abogado^ 
notar  dilijente  ,  i  juntamente  con  el  reo  a  quien 
defiende  ,  los  dichos  de  los  testigos  ,  i  según 
ellos ,  advertirle  de  los  prinzi pales  capítulos  de 
su  respuesta  ,  i  con  su  propia  destreza  ,  sobre 

todo ,  idear  la  contestazion  ,  ordenándola  del 
modo  que  mas  pueda  favorezer  a  su  causa  *  55 
(cuál  será  el  ofizio  del  abogado  si  este  no  es  ?) ; 
dejan  al  infeliz  preso  que  discurra  él  solo  ,  co- 
mo pueda ,  la  respuesta ,  sin  otra  ayuda  que  la 
de  Dios.  Si  preguntas ,  ¿porqué  ,  también  en 
esta  parte  »  pervierte  el  santo  tribunal  aquella 
costumbre ,  que  dimana  sin  duda  del  mismo 
derecho  natural  ?  No  tienen  otra  cosa  que  res- 
ponder ,  sino  que  este  santo  tribunal ,  no  es 
como  los  otros  tribunales  :  i  asi  es  realmente  : 
pues  ^  nada  servirian  sus  artes  ,  si  a  los  reos 
que  en  él  comparezen  les  quedase  integro  i 


5fi 

l'ranco  aquel  medio  de  defensa  .  que  las  leyes 
todas  les  conzeden.  Has  cuando  ya  el  preso  res- 
pondió ,  Eegun  pudo  ,  entonzes  por  fin  ,  opor- 
tunamente sin  duda,  le  asiste  su  abogado.  Este, 
delante  de  los  mismos  Inquisidores  ,  con  toda 
la  circunsiieczion  ,  i  sabedor  él  mismo  de  que 
le  es  preziso  acometer  una  muí  arriesgada  em- 
presa ,  no  sea  que  tambieu  él  por  falta  de  cau- 
tela caiga  quizá  en  los  lazos  inquisitorios  ;  ín- 
dica a  su  defendido  qué  testimonios  con  mas 
fuerza  le  acosan  .  qué  cargos  contra  él  se  com- 
prueban ,  cuáles  testigos  están  contestes  ,  cuá- 
les no  :  i  le  da  a  entender  que  solo  le  queda  un 
remedio ,  a  saber  ,  el  adivinar  sagazmente  por 
si  mismo ,  quién  le  hirió ,  para  meditar .  si  es 
5g  posible  ,  algunas  eszepziones  contra  él.  *  Ni 
conviene  aquí  que  el  abogado  ,  sobre  lo  qne  ja 
averiguó  el  mismo  reo  por  las  deposiziones  exa- 
minadas en  sus  ratos  de  ozio  ,  charle  mucho  , 
para  avisarle  quizá  de  alguna  cosa  ,  como  por 
zelosia :  solo  le  advierte  que  durante  algunos 
dias  (como  a  quien  le  sobra  el  tiempo]  procure 
ropnsar  en  su  memoria  ,  si  acaso  tuvo  enemis- 
!:id  con  alguien,  que  puede  suzeder ,  que  algu- 
]i<>  lie  sus  enemigos  sea  el  que  le  delató.  Porque 
si  [luede  constar  la  enemistad  ,   mediante  un 


57 

lejitimo  examen ;  esta  sola  eszepzion  impide  a 
cualquier  jénero  de  hombres  el  atestiguar  en 
aquel  tribunal.  Le  advierte  también  ,  que  pue- 
de negar  los  testimonios  cuando  entre  si  no 
fueren  bastante  conformes  o  fueren  (según  se 
dijo)  de  enemigos ;  si  prueba ,  con  muchos  tes- 
tigos ,  que  mas  bien  tuvo  por  costumbre  i  ejer- 
zizio  frecuente,  lo  contrario  de  aquello  ,  que  le 
echaron  en  cara;  i  que  muchas  vezes  se  opuso  ' 
al  negozio  de  que  le  acusaron.  Ciertamente  , 
este  es  el  mayor  auxilio  que  de  su  abogado 
puede  esperar  el  reo  ;  i  así  le  mandan  volver  a 
su  prisión ,  conjurándole  antes  el  señor  inqui- 
sidor, según  su  costumbre,  a  que  manifieste  la 
verdad :  amenazándole  también  ,  un  poco  mas 
desvergonzadamente ,  con  que  si  no  obedeze  a 
tiempo ,  habrán  de  sacársela  a  la  fuerza :  ^  en  57 
cuyas  palabras  oye  el  reo  un  no  dudoso  presa- 
jio  de  otro  *  examen  mas  severo. 

Cumplidos  pues  los  tres  o  cuatro  dias  que  al 
reo  se  conzedieron  para  repasar  en  su  memoria 
o  mas  bien^  para  adivinar  ;  llamándole  a  la  au- 
dienzia  le  preguntan  si  se  acuerda  de  algo  que 
esponer.  Declare  o  no  declare  algo  de  nuevo  , 

*    En  el  orij.  hai  la  errata  de  «exanimis»  por  examinis. 


pregímlale  el  abogado,  siazerca  de  los  testigos 
<) delatores  adivinó  algo.  Aquí  el  reo  ,  sien 
cuanto  a  esto  se  acuerda  de  algo  ,  lo  espone  . 
pidiendo,  que  vean  si  acaso  sus  delatores  fue- 
ron tales  o  tales,  entre  quienes,  i  él,  mediaron 
antes  ,  i  median  en  el  dia,  algunas  diferenzias. 
Si  no  azertó  ,  se  pierde ,  además  de  la  respues- 
ta, el  trabajo  de  adivinar  durante  tres  o  cuatro 
días  ,  i  su  acusazion  queda  en  pie.  Pero  si  le 
aconteziere  el  azertar ;  el  abogado,  preguntán- 
dole de  que  eszcpziones  podrá  valerse  contra 
las  que  nombró  ,  no  con  sufiziente  claridad  le 
significa  ,  que  azcrLó ;  puesto  que  bazerlo  mas 
abiertamenLe  no  le  es  lizito.  Asi  que,  espuestas 
las  eszepziones  i  nombrados  por  el  reo  los  tes- 
tigos para  compraba  rías,  el  abogado,  como  ha- 
llándose ya  en  un  terreno  mas  libre,  toma  a  su 
58  cu¡daili>  el  hazer  tales  indagaziones.  Suele  * 
taiTibie»  preguntar  al  reo  el  abogado  ,  si  para 
purificarsccompletamentc  ,  podra  probar  ,  ha- 
ber sido  amigo  i  familiar  de  frailes ,  haber  ob- 
servado puntualmente  los  preceptos  i  ceremo- 
nias dula  Iglesia  Romana:  haber  usado  con 
frecui-tuia  de  la  confesión  auricular  i  de  la  co- 
inunioii  ,  üsto  es ,  de  la  partízipazion  del  pan  * 


59 
de  la  Misa:  item  mas  ,  haber  adorado  las  imá- 
jenes  ilas  cruzes  ,  cuantas  vezes  las  haya  en- 
contrado ,  con  aquella  venerazion  que  pueda 
apartar  de  él  la  sospecha  de  herejía  Luterana. 
En  suma,  si  puede  probar  ,  en  total ,  de  si  mis- 
mo, lo  contrario  de  aquello  de  que  le  acusaron. 
Si  se  compromete  a  probar  todo  esto  ,  el  Inqui- 
sidor ,  en  virtud  de  una  solemne  aczion  del  de- 
recho ,  declara ,  que  le  admite  a  probarlo  en  el 
término  de  nueve  días  ,  cuyo  trabajo  ,  nombra- 
dos por  el  reo  los  testigos  ,  (según  poco  antes 
dijimos)  corresponde  todo  al  abogado.  Este  be- 
nefizio  de  purificarse  no  a  todos  se  conzede  , 
sino  solo  a  aquellos  de  cuya  criminalidad  no 
fueren  conformes  ,  ni  completamente  seguros 
los  testimonios.  Pues  ,  aquellos  de  cuyas  dela- 
ziones  hai  testimonios  conformes  ,  no  tienen 
amparo  alguno  en  estas  purifícaziones  ,  solo  se 
les  admite  a  las  eszepziones  contra  los  testigos 
arriba  dichas. 

*  Cuando  el  reo  llegare  a  tal  estado  en  sus  59 
negozios ,  conviene  se  persuada  ,  que  Dios  le 
trajo  a  la  prueba  de  su  verdadera  pureza  i  fé. 
Pues,  si  por  huir  del  presente  peligro  del  cuer- 
po, pensare  en  buscar  su  defensa  en  las  puriñ- 
caziones  de  ese  jénero  ;  podrá  acaso  suzeder 


60 

que  en  cuanto  al  plan  de  la  Iglesia  Romana  i  de 
sus  idolatrías  perteneze  ,  quede  purificado  en 
aquel  santo  tríbunál ;  pero  tenga  por  cierto  , 

que  otra  cosa  será  en  aquel  tribunal  de  Dios  pa- 
ra todas  las  criaturas  respetable  ,  i  en  el  juizio 
de  su  verdadera  Iglesia.  Convendrá,  pues  ,  que 
el  tal  cautivo,  una  i  muchas  vezes,  mire  lo  que 
haze  i  mui  atentamente  pruebe  i  examine  en 
aquel  lugar  su  ánimo  i  las  *  causas  de  su  cau- 
tiverio. Pues  si  la  gloria  de  Dios,  i  la  confesión 
injénua  de  su  verdad,  son  las  causas  de  su  cau- 
tiverio ,  cuando  abjurado  Cristo  ,  i  hollada  la 
sangre  de  su  testamento  ,  i  negada  la  luz  de  la 
verdad,  a  cuya  comunicazion  le  condujo  Dios  , 

desde  las  tinieblas  de  la  ignoranzia  i  del  peca- 
do ;  quisiere  ,  maldiziendo  i  condenando  estos 
designios,  evitar  la  crueldad  de  los  hombres  ; 
se  librará  quizá  (según  dijimos)  del  tormento 
gQ  que  le  amenaza  ,  recobrando  también  *  la  gra- 
zia  de  los  hombres:  pero,  tenga  por  cierto,  que 
no  se  escapará  del  severo  juizio  de  Dios,  a  cuya 

verdad  renunzió  ,  i  el  cual ,  muerto  el  cuerpo , 
tiene  después  potestad  para  arrojar  su  alma  a 
tinieblas  perpetuas  i  vazias  de  todo  consuelo. 

*    Nótese  bien  lo  que  dize  aquí  el  Aulór. 


61 
Pero  si  algnn  zelo  le  queda  i)or  la  gloria  de 
Dios  i  de  su  propia  salvazion  ,  i  algún  peso  tie- 
ne para  él ,  la  autoridad  de  su  Redentor  que 
dize:=«al  que  me  negare  delante  de  los  hom- 
bres, le  negaré  yo  también  delante  de  mi  Padre 
celestial :  pero  al  que  me  confesare  delante  de 
los  hombres  ,  le  confesaré  yo  también  delante 
de  mi  Padre  celestial  i  de  sus  anjeles  etc.»  de 
esa  sola  autoridad,  como  de  una  sagrada  i  fir- 
me áncora,  estará  enteramente  colgado  en  aque- 
lla hora  ,  i  renunziando  con  el  corazón  ,  i  con 
la  boca ,  a  todos  los  medios  de  salud  temporal, 
que  el  abogado  i  los  mismos  juezes  le  ofrezcan 
aquí ,  (como  quien  no  puede  asentir  a  ellos  sin 
injuria  de  su  criador  i  daño  cierto  de  su  alma) 
prestará  una  clara  i  manifiesta  confesión  de  su 
fé,  juzgándose  mil  vezes dichoso  aquel,  a  quien 
Píos  trajere  a  tal  estremo  ,  que  por  el  nombre 
úe  su  Salvador  Jesús  ,  pueda  padezer  algunos 
trabajos  en  su  terreno  domizilio;  esto  es  ,  en  su 
cuerpo  débil  i  caduco  ,  quebrantado  i  derriba- 
do por  tan  feliz  i  tan  ilustre  causa.  *  Pues  esos  ^^ 
reprobados  medios  de  salvazion,  que  aquel  san- 
to tribunal  de  toda  iniquidad,  en  esta  audienzia 
suele  ofrezer  a  los  reos,  con  la  misericordia  sin 
duda  del  cocodrilo;  de  ningún  modo  es  nuestro 

G 


62 

ánimo  referirlos  aqui ,  para  que  con  ellos  pro- 
vean los  piadoBOs  a  su  salvazion ;  sino  antes 
bien  para  que  los  conozcan  i  detesten  ;  i  para 
que  sepa  el  orbe  entero,  cómo  todos  los  desig- 
nios, esfueruM  i  planes  de  la  sacrosanta  iaqui- 
sizion  ,  a  un  solo  fin  se  enderezan  ,  a  saber ,  a 
prezipitar  en  una  muerte  eterna  de  cuerpo  i  de 
alma  al  que  cojieren  entre  sus  manos  crueles, 
i  siempre  empapadas  en  la  sangre  de  los  hijos 
de  Dios ,  si  el  tal  hubiere  renunciado  a  la  luz 
divina  :  cuando  no ,  del  cuerpo  solo ,  en  el  que 
únicamente  tienen  conzedida  potestad  de  ensa- 
ñarse ,  respecto  de  los  qne  de  veras  temen  a 
Dios.  Permitiéndole  al  reo  ,  después  de  esto  , 
descansar  en  su  calabozo  algunos  meses,  a  ar- 
bitrio de  los  padres,  le  llaman  de  nuevo  al  cer- 
tamen ,  i  la  dize  primeramente  ei  inquisidor 
que  los  testigos  que  nombró  para  su  puriñca- 
zion,  ya  fueron  oídos  ,  que  vea  por  lo  tanto  si 
tiene  aun  algo  que  dezir  en  su  favor,  o  si  quie- 
re ya  por  &a  concluir.  Aflade  después  aquella 
BU  importuna  exfaortazion  ,  de  que  diga  la  ver- 
dad ,  pues  a  ellos ,  nunca  se  les  habrá  dicho  lo 
^2  bastante.  *  A  esto  responde  el  preso  ,  según 
conviniere  al  estado  de  sus  cosas.  Muchos  sue- 
len ser,  una  i  otra  vez  interrogados,  por  sumi- 


65 
uístrar  cada  palabra  de  las  respuestas  por  ellos 
prestadas,  argumentos  sin  térmiDo  a  tan  sutiU- 
simos  sofistas.  *  Concluyendo  en  fin  el  reo  , 
concluye  también  el  fiscal:  i  después  los  mismos 
inquisidores  con  sus  consejeros  4  asesores  , 
[  cuando  les  plaze  i  como  les  plaze  ,  dan  la  sen- 

^  tenzia  ,  examinando  antes  los  neólogos  frailes  i 

clérigos,  i  reduziendo.a  su  censura  ,  cuanto  di- 
jere el  reo  perteneziente  a  la  doctrina  i  a  la  fé. 
A  esto  llaman*  Galificazion  de  doctrina.  Allí,  si 
el  reo  probó  plenamente,  en  aqueUa  su  purífi- 
cazion  ,  no  baber  tenido  nunca  comerzio  algu- 
no con  el  Evanjelio  de -Cristo  ,  ( que  ,  mudada 
enteramente  la  jenuina  nomenclatura  de  las 
cosas,  es  lo  que  llaman  herejías  Luteranas)  o  le 
absuelven  por  entero  ,  o  según  con  mas  fre- 
•cuenzia  acaeze ,  mitigan  o  agravan  el  juizio  , 
por  razón  déla  sospecba  que  el  rea  dejó  en  sus 
ánimos,  cuidando  siempre  ,  no  obstante  ,  de 
que  nadie  escape  de  sus  manos  ,  aunque  en 
igual  impiedad  compitiere  con  ellos  ,  que  no  *  63 
atestigüe  con  eternos  ,  i  perpetuamente  indele- 
bles cardenales  ,  permanentes  en  su  piel  ,  ha- 
ber estado  alguna  vez  en  las  ufias  ,    mas  que 

*    El  orij .  —  argutíssímis  cauillatoribus. 


fi4 

leoniaaB  ,  de  la  santa  Inquisizion.  Las  señales 
de  esas  uñas  ,  son  las  coafiscaziones ,  las  cárze* 
les  perpetuas  o  temporales  ,  el  vestido  amarillo 
adornado  con  la  cruz  roja  ,  vulgarmente  llama- 
do Sambenito  i  la  infamia  perpetua  en  fin  para 
toda  la  descendencia  ,  que  ninguna  edad  ni 
tiempo  pueda  borrar  :  de  estas  cosas  hablare- 
mos mas  abajo  en  su  lugar.  Pero  si  el  reo  per- 
maneziere  en  la  confesión  constante  de  la  fé  ,  o 
negare  constantemente  los  dichos  de  los  testi- 
gos contestes  contra  si  ,  do  habiéndoles  sin 
embarga  opuesto  eszepziones;  le  entregan  a  los 
tormentos  de  que  ahora  hablaremos. 

LA  SENTENZIA  DE  TORMENTO . 

1   BU   EJBCUZION. 

l/ura  a  la  verdad  i ,  de  ordinario  ,  muí  des- 
dichada fué  siempre  ,  desde  un  prinzipio  (  be- 
nignísimo lector  ) ,  la  condizion  de  los  pios  • 
si  se  compara  con  la  prosperidad  de  los  impíos 
en  esta  vida;  i ,  según  las  palabras  de  Cristo  en 
San  Juan  ,  creen  haier  ana  obra  agradable  a 


65 
^  Dios,  Igs  que,  por  cualquier  causa  los  mataren, 

i  los  que  ^maquinan,  cada  día,  nuevos  lazos  para  G4 
enrredarlos,  lo  cual  en  parte  dejamos  sufiziente- 
mente  comprobado.  I  aunque  en  las  cosas  hasta 
ahora  referidas  ,  hai  tal  iniquidad  i  tal  fraude 
que  con  razón  parezen  intolerables  a  las  jentes 
injénuas  i  que  desean  ser  gobernadas  con  jus- 
tizia,  regla  i  equidad  ;  no  obstante,  compara- 
das con  las  que  en  adelante  hemos  de  contar, 
no  solo  aparezerán  en  todo  caso  tolerables  ,  si- 
no también  llenas  de  humanidad  i  de  equidad. 
Puesexzeden  a  toda  barbarie  i  aun  a  toda  bestial 
ferozidad  ,  i  nadie  con  razón  las  atribuirá  a 
otra  naturaleza  ,  por  feroz  que  sea  ,  sino  a 
aquella  misma  ,  que  al  viyo  representan  i  de 
la  cual  verdaderamente  dimanan  ,  esto  es  , 
a  la  del  diablo  ,  que  ni  en  las  cosas  humanas  , 
ni  aun  en  todas  las  que  es  dado  ver,  iguala  taa 
monstruoso  i  abiertamente  diabólico  ejempla 
de  crueldad.  Prezisoes  ,pues  ,  que  el  corazón 
humano  se  endurezca  i  deponga  ,  un  tanto  ,  la 
ternura  déla  humanidad^ si  quiere  ,  conenju^ 
tos  ojos  ,  oir  lo  que  sigue  ,  cuando  ,  azercándo- 
nos  mas  a  esta  ofízina  de  crueldad  ,  donde  se 
despedazan  a  miseros  hombres  ,  muchas  vezes 
por  levísimas  causas ,  i  muchísimas  también ,  a 


66 

inozentes  ;  arrancando  nosotros  el  velo  de  san- 
tidad con  que  ,  hasta  aquí ,  tan  perniziosamen- 
te  engañó  al  mundo ;  la  espongamos  ,  cual  es, 
a  la  contemplazion  de  todos.  * 

Pronunziada  pues  la  sentenziar ,  si  el  reo  no 
ha  de  ser  atormentado  ,  ya  no  le  citan  hasta 
que  sale  con  otros  el  dia  de  aquella  pompa  tea- 
tral (en  que  sacan  a  todos  los  presos  ,  para  que 
oigan  sus  sentenzias  en  público  espectáculo  ,  i 
65  sufra  *  cada  uno  inmediatamente  sus  suplizios, 
de  lo  cual  hablaremos  en  su  lugal*)  ;  a  nb  ser, 
que  le  absuelvan  de  toda  culpa  ,  i  le  declaren 
inozente ,  pues  entonzes  aun  ,  le  guardan  en  la 
misma  carzel  hasta  dos  o  tres  dias  después  de 
aquella  solemnidad  ,  paraque  parezca  al  vulgo, 
entre  los  otros  reos  salió  éste  también.  Aun  es- 
to se  hazepor  el  santo artifízio  de  que  no  se  crea, 
que  ellos  prenden  a  aílgüno  prezipit  adámente  , 
i  sin  acusazion  sufizienle  ,  según  muchas  vezes 
suelen  inculcárselo  a  los  presos ,  mientras  los 
exhortan  a  que  declaren  lo  c(ue  ellos  desean. 
Para  el  Santo  tribunal  no  hai  injurias  que  lo 
sean ,  cuando  se  cometen  contra  sus  cautivos. 
A  algunos  de  estos ,  a  quienes  por  ciertas  i  ocul- 

*     Hasta  aquí  en  letra  bastardilla  el  orijinal  latía»; 


67 
las  oausas  determinaron  favorezer  ,  envían  li- 
bres a  su  casa  ,  dos  o  tres  días  antes  de  aquella 
pompa  ;  esparziendo  entre  el  vulgo  con  el  mis- 
mo fin  ,  la  Yoz  ,  de  que  fueron  acusados  por 
falsos  testigos :  pero  fazilmente  advertirá  el  ar-  ^ 
tifizio  ,  el  que  ve  que  a  ningún  testigo  falso  se 
f  le  castiga  por  esta  causa  (cuando  ,  por  otras  , 

suelen  castigarlos  severisimamente).   Has  ,  al 

que  decretaron  atormentar  ,  cuando  él  menos 

lo  piensa  ,  1»  mandan  llevar  a  la  audienzia :  allí 

'  los  Inquisidores  todos ,  o  su  mayor  parte  ,  se 

constituyen  en  tribunal :  asiste  también  el  pas- 
I  tor  de  la  ovejuela  que  ha  de  ser  luego  desoHa- 

I  da ,  *  esto  es ,  el  Provisor  o  Vicario  ,  que  por  65 

su  ofizio  pastoral  (como  arriba  dijimos)  debe  in- 
tervenir en  la  sentenzia ,  i  en  los  tormento» 
:  mismos. 

I  En  esta  audienzia  ^dizen  al  reo  ,  que  toda  su- 

¡  causa  está  ya  revisada  i  examinada  ,  por  aque- 

r  líos  señores ,  i  por  sus  consejeros ,  quienes  ave- 

riguaron como  cosa  cierta,  que  él  no  quiso  ma- 
nifestar la  verdad  por  entero:  i  que  por  lo  tan- 
to, han  decretado,  darle  cuestión  de  tormento, 
para  sacarle  a  la  fuerza  la  verdad  :  i  asi  una  i 


La  numerazíoDy  paj.  05  estü  duplicada  en  el  orginal. 


68 

mil  vez«H  le  amonestan,  que  «legrado  la  espun-  i 

ga,  si  i|uieri-  que  no  le  entreguen  al  tormento.  | 

A  esta  ÍDltinazion  acompaDan  horribles  comtní-  ' 

naziones,  palabras  Irájicas ,  *  muestras,  en  fin.  . 

en  el  semblante  de  gran  severída.d.  IteSérenle  | 

los  jéneros  de  tormento  ,  lo  mas  atrozmente  ' 

que  pueden,  para  infundirle  sumo  terror.  Con- 
fiese o  niegue  el  reo ,  alguna  cosa,  tiene,  al  fin,  , 
que  ir  al  tormento.  1  asi,  llamando  al  alcaide  , 
le  mandan  que  lleve  al  reo  a  la  sala  del  tormen- 
to. Suele  ser  esta  ,  por  lo  regular ,  una  bóveda 
subterránea  i  mui  oscura  ,  a  la  que  se  llega , 
(para  que  de  ninguna  parte  puedan  oírse  los  je- 
midos  i  alaridos  de  los  que  a!li  atormentan  . ) 
después  de.  pasadas  muchas  puertas.  En  ella  se 
levanta  un  tribunal,  en  donde  se  sientan  el  In- 
6  quisidor,  *  el  Provisor  ,  i  el  escribano  *'  a  pre. 
senziar  la  anatomía  del  que  alli  introduzen. 
Enzendidas  las  luzes  ,  i  entradas  las  personas 
de  la  trajedia;  el  verdugo  ,  que  ya  espera,  den- 
tro, a  todos  los  demás  ;  es  ,  entre  todos  ellos  , 
digno  de  que  se  le  repare  ,  i  contemple.  Está  , 
todo  cubierto  con  un  traje  negro  de  lino,  largo 


09 
i  cerrado  hasta  los  pies,  pegado  ,  por  iodos  la- 
dos ,  al  cuerpo ,  a  manera  de  los  que  suelen 
usar,  los  que,  por  superstizion,  se  azotan  el  dia 
del  jueves  magno ,  o  santo  ,  en  muchos ,  o  casi 
todos ,  los  lugares  del  papado.  Tiene  cubierta 
la  cabeza,  con  una  prolongada  i  negra  capucha, 
con  que  se  tapa  toda  la  cara  ,  dejando  dos  ven- 
tanillas para  ver.  Todo  esto  se  dirije,  a  inspirar 
en  el  infeliz  mayor  terror  de  alma  i  cuerpo  prin- 
zipalmente  con  esta  imajen  de  diablo,  por  cuyas 
manos  debe  ser  atormentado.  O  santas  artes! 

Sentados  pues  los  señores  en  el  tribunal  , 
empiezan  a  amonestar  al  reo,  con  nuevas  exhor- 
taziones,  a  que  esponga  de  grado  la  verdad;  de 
lo  contrario,  si  en  el  tormento  (cosa  que  a  mu- 
chos suele  suzeder)  se  le  quebrare  un  brazo 
o  algún  miembro,  o  muriere;  (pues  no  con  mas 
blandura  determinaron  tratarle  )  ;  a  él  habrá 
de  imputársele.  Con  esta  sola  amonestazion  es- 
tán ya  ,  a  su  juizio,  los  santos  padres,  *  libres  i  67 
seguros  en  su  conzienzia  ,  delante  de  Dios  i  de 
los  hombres;  e  inculpables  en  cualquier  daño  que 
al  pazientele  aconteziereen  el  tormento,  aunque 
en  él  espire,  inozente,  i  exento  de  toda  culpa. 

Entre  fieras  amenazas  por  una  parte  ,   i 
reprensiones  por  otra  ,  mandanle  ,  que  se  des- 


I 


w 

jtoje  (le  BUS  vestidos,  aun  cuando  sea  mojer  ,  a 
alguna  donzella  lioaestisima,  i  castiairaa,  de  las 
cuales  suelen  tener  muchas  en  aquella  carnize- 
ria  ;  i  para  quienes  ,  el  verse  desnudas  delante 
de  ellu3 ,  fué ,  por  su  pudor  un  tormento  mas 
duro  que  aquellos  mismos  tormentos.  Como 
quiera  que  s«a  ,  aquellos  impíos  no  teniendo 
respeto  alguno  a  la  humanidad ,  ni  a  ningu- 
na honestidad  tampoco ,  ( aunque  por  otra  cosa 
no  fuera  ,  que  por  razón  de  sus  barbas  i  largas 
ropas  ,  i  de  la  santidad  del  nombre  ,  que  con- 
sigo llevan  ;  ya  que  ni  por  Dios  ,  ni  por  la  ho- 
nestidad de  piadosas  matronas  i  virjenes,  creen 
deber  ceder  algo  de  aquella  suma  barbarie);  las 
hazen  despojar  hasta  de  las  mismas  camisas,  i , 
después  de  quitadas  ,  las  visten  [  permítase  el 
dicho ) ,  basta  sus  partes  vergonzosas  ,  unos 
estrechos  calzoncillos  de  lienzo  ,  les  desnudan 
luego  los  brazos  ,  hasta  los  hombros  ,  como  si 
los  tormentos  con  que  han  de  despedazarlas,  no 
pudiesen  penetrar  la  camisa  ,  o  lo  que ,  tanto 
se  avergüenzan  de  desnudar ,  hubiese  de  ocul- 
tarse mejor  ,  con  los  calzonzillos  ,  que  con  la 
misma  camisa.  Aqui  manifiestan  ,  que  no 
i8  quieren  perder  aquel  frivolo  deleite ,  que  * 
de  tan  feo  espectáculo  sacan  ,  inmundos  e  im- 


71 
puros  célibes ,  aunque  les  conste  ser  a  costa 
del  gran  dolor  i  vergüenza  de  las  castas  muje- 
res ,  que  allí  son  atormentadas.  I ,  fuera  bue- 
no entonzes ,  sabida  ya  i  conozida  por  aqui  ,  la 
cruel  impudenzia  de  esos  señores  padres  de  la 
fé  ,  que  todo  el  poeblo  ,  asi  de  los  papistas  , 
como  de  los  no  papistas  ,  los  esterminase  del 
orbe  entero  ,  como  un  mal  pestifero  i  común  ; 
por  cuanto  sus  mujeres  o  bijas  ,  cuya  honesti- 
dad i  castidad  deben  estarles  prinzipalmente 
recomendables  ,  o  cayeron  en  las  manos  impu- 
ras de  aquellos  ,  a  están  ya  en  ellas,  o  llegarán 
a  estar  acaso ,  alguna  vez  ,  i  habrán  de  rezibir 
tan  ignominiosa  afrenta. 

Mas,  volviendo  a  nuestro  propósito,despojado 
el  reo  de  sus  vestidos,  sea  hombre  o  mujer,  i  cu* 
biertas  sus  partes,  solo  con  unos  cortisimos  cal- 
zonzillos  y  insinúan  al  verdugo  el  jénero  de  tor- 
mento que  debe  usar  con  el  infeliz:  porque  ,  aun 
en  esto  también,  tienen  ellos  cierto  arte,  i  *  un 
jénero  peculiar  de  ciertos  signos,  i  palabras  ,  i 
lenguaje  ;  con  que,  tanto  los  juezes  ,  como  los 
verdugos,  i  demás  ministros  de  aquella  maldita 

*  El  orij.  diie  —  <et  cermonis  peculiari  genere:»— etc.  pero 
el  traductor  corrije  ,  como,  pareze,  debiera  deíir:  a  saber,  «ser- 
monis  pecuüare  genus.»  etc. 


K 


7'2 

MÜziiia.su  entienden  entre  bí.  Los  jénerosde  tnr- 
inento,  con  que  los  padres  de  la  Té  acostumbra- 
^^  ron  enseñar  su  fé  ,  son  muchos,  i  un  reo  *  solo, 
no  puede  saberlos  todos.  Pero,  los  mas  usados, 
son :  el  de  la  garrucba  o  polea  ,  el  de  las  cuer- 
das, i  el  del  agua  i  fuego  :  de  cada  uno  de  ellos 
hablaremos  en  su  lugar. 

Aquí  otra  vez  con  nuevos  conjuros  i  eibor- 
taziones  amonestan  al  reo  a  que  declare  de  sí. 
i  de  otros  conozidos  suyos  ,  lo  que  supiere  , 
i  entre  estos  conjuros  ,  al  que  destinaron  al 
tormento  de  ia  garrucha  le  amarran  a  la  espal- 
da las  manos  con  un  cierto  número  de  vueltas , 
es  dezir  ,  hasta  ocho  o  diez,  rodeándole  fuerte- 
mente el  verdugo  cada  vez  la  cuerda  a  las  ma- 
nos ,  por  mandado  del  mismo  inquisidor  ,  para 
que  se  vea  ,  que  todo  se  haze  prescribiéndolo 
el  mismo  derecho!  guardando  toda  equidad. 

A  esta  primera  atadura  al  tormento  ,  siguen 
nuevos  conjuros,  i  durante  ellos,  además  de  la 
susodicha  ligadura  de  las  manos  ,  se  le  atan 
¡untos  los  dos  pulgares  ,  con  otra  cuerda  mí» 
delgada  ,  i  esto  fuertemente.  Después  atan  es- 
lus  dos  cuerdas  ,  es  dezir  ,  la  de  las  manos  i  la 
lie  los  pulgares  ,  a  una  maroma  pendiente  de  la 
garrucha  o  polea.   Hetenle  luego  en  los  pies. 


73 
«nos  muí  pesados  grillos,  si  no  los  lleva  ya  el 
reo  ,  i  a  estos  »  añaden  por  la  primera  vez  ,  un 
peso  de  25  libras,  que  cuelgue  de  los  grillos  en- 
tre los  mismos  pies.  Ataviado  el  reo  de  esta  mane- 
ra, se  repiten  las  exhortaziones  i  conjuros*  i  en-  70 
tre  estas  canziones  ,  empieza  ,  por  obra  del  ver- 
dugo, a  ser  levantado  en  alto,  acompañando  los 
conjuros  del  escribano  i  del  Inquisidor  ,  la  ma- 
niobra del  verdugo.  Guando  el  reo  toca  con  la  ca- 
beza la  misma  polea ,  4e  nuevo  le  amonestan  , 
que  declare  etc.  que  inmediatamente  le  bajarán 
si  obedezo:  de  lo  contrario,  permanezera  allí  un 
rato ,  hasta  que  manifieste  lo  que  se  le  pregunta. 
Mas  ,  después  de  estar  asi  colgado  mucho 
tiempo  ,  sin  confesar  nada  ,  mandan  bajarle  , 
i  añadirle  en  los  pies  ,  al  primer  peso  otras 
tantas  libras,  i  levantarle  de  nuevo  en  alto  , 
amenazándole  con  que  morirá  dili  ,  sino  des- 
cubre lo  que  ellos  desean  saber  de  él,  i  man- 
dando al  verdugo  ,  que  le  tenga  colgado  en  el 
aire  mucho  tiempo  ,  para  que  con  la  gravedad 
del  peso  pendiente  de  los  pies,  se  estiren  sobre 
manera  todos  los  miembros  i  articulaziones. 
Entre  los  clamores  i  jemidos  que  exhala  el  reo, 
por  el  atroz  tormento  de  todos  sus  miembros  , 
le  vozean  aun,  alternativamente ,  a  que  manifíes- 


74 

le  la  verdad  ,  de  lo  contrario  le  prezipitarán 
desde  allí.  I  hazenlo ,  como  lo  dizen , *  paes  per- 
severando él  constante ,  mandan  al  verdugo  , 
que  aflojando  la  cuerda  le  prezipite,  i  detenién- 
dola otra  vez  de  repente  en  el  aire  ,  estorbe  la 
71  caida,  con  lo  cual  *  todas  las  $  junturas  del  pa- 
ziente  ,  asi  de  los  brazos  como  de  las  piernas, 
se  desatan  con  grandes  dolores  ,  separándose 
unos  de  otros  los  miembros ,  con  el  peso  de  los 
pies,  por  la  suspensión  repentina  de  la  caida  , 
estirándose  todo  el  cuerpo  ,  con  mas  fuerza  i 
violenzia. 

Ni  se  acaba  aquí.  Pues  con  nuevas  exhortazio- 
nes  i  amenazas ,  si  no  obedeze  ,  aumentan ,  por 
terzera  vez  ,  peso  a  los  pies  ,  i  mandando  le- 
vantarle en  alto ,  ya  medio  muerto  ,  añaden  a 
los  dolores  las  afrentas  ,  llamándole  muchas 
vezes  perro  ,  hereje  .  que  con  tamaña  pertiná- 
zia  oculta  la  verdad  ,  i  que  allí  ha  de  morir  al 
fin.  Mas  ,  cuando  invoca  ,  el  preso  ,  a  Cristo  , 
en  medio  de  los  dolores  ,  para  que  socorra  ,  a 

r 

quien  ya  moribundo  ,  por  El ,  tan  inhumana- 
mente atormentan  ,  (como  ciertamente  hazen  , 

*    Literal— M  no  falta  la  obra  a  la  amenaxa.* 

§    O— coyunluras:— pero  el  orij.  diM—junctur»  omoes. 


75 

i  cuantos  son  ,  por  su  yerdad  ,  atormentados  ]  ; 

'  escarneziéndole  con  mofas  i  risotadas  dízen  : 

«Jesucristo,  Jesucristo:  deja  ahora  a  Jesucristo.i 

manifiesta  la  yerdad.  ¿A  qué  ínyocas  a  Cristo?  * 

I  confiesa  lo  que  preguntamos.»  A  la  yerdad  , 

bien  se  yé ,  cuan  parezidas  son  estas  blasfe- 

^  mías  a  aquellas  :  «A  Elias  llama  este  ,  en   Dios 

confia  ,  que  le  Ubre  ahora  ,  si  quiere  ,    pues 
dize ,  que  es  hijo  de  Dios.  »  *  Ciertamente  no  72 
dejan  aquí  de  dar  los  padres  de  la  fé  un  claro 
testimonio  ,  de  que  el  mismo  Cristo  es  a  quien 
hazen  la  guerra  ,  en  esta  controyersia  ,  cuyo 

^  nombre » inyocado  por  los  que  padezen  por  El, 

tan  odioso  les  es,  tan  molesto,  i  tan  intolerable 
en  fin,  el  oirlo. 

Si  alguna  yez  pide  el  paziente  ,  que  le  bajen 
de  allí,  para  declarar  alguna  cosa,  i  la  declara  ; 
acrezieata  él  mismo  con  el  hecho,  su  tormento; 
pues  entonzes  *  creen,  que  empieza  a  declarar, 
4  asi,  en  acabando  él  de  hablar,  repiten  ellos  los 
preludios  desús  exhortaziones,  amenazas,  i  aun 
del  tormento  mismo ,  mandando  que  le  levan- 
ten de  nuevo  en  alto  ,  i  de  allí  leprezipiten  se- 
gunda yez,  como  arriba  dijimos.  Este  tormento 

*    El  org.— cQualem  ioclamationem  Cristi  edis?» 
••    o: — «se  oonsideni»;—  etc.  porque  el  orij.  dize  ;— «depro- 
mere  ezistimatar.» 


7() 

se  alarga,  por  io  común  ,  desde  las  nueve  de  la 

mañana  hasta  las  doze  o  la  una. 

Pero  cuando  les  acomoda  a  los  padres  el  ter- 
minarlo ,  preguntan  simuladamente  al  mismo 
verdugo  si  tiene  alli  preparados  los  instrumentos 
de  otros  tormentos  ;  para  aumentar  nuevo  ter- 
ror, al  que  dejaron  medio -muerto  los  tormentos 
anteriores.  Respondiendo  el  verdugo  ,  que  no 
los  trajo,  le  mandan,  que  los  prepare  para  el  dia 
siguiente  ,  i  procure  ,  que  nada  falte.  Veamos  , 
dizen,  si  de  este,  podemos  arrancar  la  verdad. 
73  I  al  mismo  preso  ,  *  quebrantado  en  todo  su 
cuerpo,  le  consuelan,  al  irse  ya,  con  estas  pala- 
bras. «Por  ahora  ,  basta.  Sin  embargo  ,  de  hoi 
a  mañana  ,  procura  repasar  en  tu  memoria  ,  lo 
que  has  de  declarar :  de  lo  contrario  ,  morirás 
en  el  tormento.  I  no  pienses,  que  lo  que  te  res- 
ta por  padezer,  es  semejante  a  lo  que  hasta  aho- 
ra sufriste.»  Con  esto,  en  saliendo  ellos,  el  ver- 
dugo compone  como  puede  al  infeliz  las  juntu- 
ras de  los  brazos  i  piernas,  i  vestido  con  sus  ro- 
pas ,  le  vuelven  a  su  calabozo,  o ,  mas  bien  ,  le 
llevan  ,  por  no  poder  de  ningún  modo  tenerse 
en  pie  ,  i  aun  muchas  vezes  ,  le  arrastran  con 
harta  crueldad,  de  las  piernas,  o  de  los  brazos. 
Aqni  también  el  alcaide  de  la  carzel,  para  satis- 


77 
Tazer  a  las  leyes  de  la  humanidad,  con  una  me- 
ra, *  i  en  realidad,  i  de  hecho,  vana  ceremonia 
tlize,  al  preso  ,  que  se  llamará  a  un  médico  ,  si 
es  menester. 

Al  que  no  quieren  atormentar  mas,  le  llaman 
41  la  audienzia  ,  dos  o  tres  dias  después  ,  i  al  ir 
^  ella  ,  desde  su  encierro  ,  le  hazen  pasar  por 
delante  de  la  puerta  de  la  sala  donde  se  dan  los 
tormentos ,  i  alli  el  verdugo  se  deja  ver  ,  de 
proposito  ,  en  aquella  figura  de  diablo  ,  que  di- 
jimos ,  para  que  ,  en  el  mismo  tránsito  ,  tenga 
«1  preso  que  *  saborear  ,  a  su  vista  ,  los  pasa- 
dos tormentos.  Entrado  en  la  audienzia  ve  al 
Inquisidor^  *  al  Provisor  i  al  escribano  ,  senta-  74 
dos  ya  en  su  tribunal,  quienes  ,  con  las  anti- 
guas exhortaziones  i  conjuros  ,  según  su  cos- 
tumbre ,  le  aconsejan  que  diga  la  verdad  ,  i  si 
tampoco  esta  vez  le  arrancaren  algo  ,  le  man- 
dan volver  a  su  prisión.  Pero  si  entonzes  decla- 
ra algo,  le  apremian  mas  estrechamente,  i  tal 
puede  ser  lo  que  declarare  ,  que  desde  allí  le 
manden  llevar  al  tormento  ,  pensando  poder 
arrancarle  algo  mas. 

Pero  al  que  determinaron  atormentar  otra 

*    Ceremonia  reiaut  facti  yacua.— el  orij. 
•*    El  orij. — cogatur  viactus  delibere. 

H 


78 

yez  ,  al  terzer  dia  ,  cuando  es  Tehementibinio 
el  dolor  eo  las  coyuQluraa  ,  le  llaman  a  la  aii- 
dienzia  ,  i  alli  se  renuevan  los  conjuros ,  i  airo- 
zes  amenazas  ,  se  entiende  .  para  qne  desculira 
las  herejiaB  ,  i  también;  a  aquellos  coa  quienes 
trató  alguna  vez  ,  acerca  de  esas  cosas  ;  i  ade- 
más ,  a  los  que  sabe  son  de  la  misma  opinión  : 
de  lo  contrario,  prepárese  para  loa  tormentos , 
i  si  en  ellos  rezibiere  su  cuerpo  algún  daño ,  o 
muriere,  será  por  culpa  suya.  I  si  aun  perseve- 
ra constante  en  bu  parezer,  por  medio  del  alcai- 
de de  la  carzel,  mandante  llevar  otra  vez  a)  tor- 
mento ,  i  alli  sentándose  ,  como  arriba  se  dijo 
en  BU  tribunal ,  despojado  el  preso  de  sus  ves- 
tidos, algunas  vezes  *  le  atormentan  con  el  mis- 
mo jéuero  de  tormento  que  antes  ,  aumentado, 
sin  embaiigo,  de  este  modo.  Colgado  el  reo  de  la 
75  polea,  por  las  manos  *  amarradas  a  la  espalda, 
según  arriba  dijimos ,  liganle  juntos  ambos 
muslos  al  rededor  ,  con  delgados  pero  fuerles 
cordeles;  luego,  de  la  misma  manera,  las  pier- 
tias  basta  media  espinilla  :  después  ,  metiendo 
un  paloen  cada  cuerda  de  entre  las  piernas,  las 
^prietan  fuertemente ,  paraque  sepultándose 
'    El  iBt.— •torlurs  raüone  ■  qua  prÍDi,  ilLam eieroent.> — el 


79 
las  cuerdas  ,  en  la  misma  carne  del  pazíente  , 
se  le  añada  al  infeliz  un  nuevo  i  vehementísimo 
tormento.  Pasa  en  osla  angustia  *  el  preso  , 
tres  o  cuatro  horas  ,  a  voluntad  de  los  Inquisi- 
dores ,  sin  cesar  ,  entre  tanto  ,  las  preguntas  , 
conjuros  ,  denuestos  i  escarnios. 

a  ^Cuando  les  pareze ,  hazen  experimentar  a 
otros,  esta  vez  ,  otro  jénero  de  tormento,  que, 
aunque  usado  también  en  otros  tribunales  con 
los  malvados,  nobstante,  añadiéndole  una  singu- 
lar crueldad,  con  razón,  lo  hizo  proprio  suyo  ** 
el  santo  tribunal.  Llámanle  vulgarmente  el  del 
burro ,  o  potro :  nosotros  le  apellidamos  arriba, 
el  del  agua  i  cuerdas,  b  §  Prepárase  empero  de 
este  modo.  En  un  escaño  de  madera  sólida  , 
ahondado  en  la  parte  superior  en  forma  de  ca- 
nal ,  de  manera  que  pueda  caber  un  hombre 
echado  de  espalda.  La  parte  que  pudiera  cojer 
la  espalda ,  tiene  atravesado  un  palo  redondo  , 
que  encontrando  la   espalda  del  que  alli  ponen 
echado  ,  nu  le  deja  tocar  la  canal  ,  para  que  el 
que  en  ella  ha  de  ser  atormentado  ,  ni  aun  en  *  76 
el  mismo  Burro  pueda  tener  algún  sosiego.  Pe- 

*  El  lat.  «Exigil  in  hac  tortura.» 

n  Lo  que  hai  entre  ^  %  está  ea  bastardilla  en  el  orijtnal. 

**  El  lat.  «sibi  proprium  Tecit.* 

b  El  hit.  taques  ct  uerrorum  nupra  apj}eUauimus,'' 


80 

ro  el  escaño  está  colocado  de  suerte  que  aquel , 
a  quien  en  él  tienden  para  el  tormento  ,  tiene 
los  pies  mas  altos  que  la  cabeza.  Tendido  en 
aquel  nicho  el  que ,  de  ese  modo  van  a  atormen- 
tar ,  atan  las  canillas  ,  o  cañas ,  de  los  muslos, 
piernas  i  brazos ,  con  fuertes  ,  pero  delgadas 
cuerdas ,  que  aprietan  después  poco  a  poco,  in- 
terponiendo *  unos  palos ,  basta  que  escondidas 
aquellas  cuerdas  en  la  carne  del  paziente  ,  to- 
quen casi  los  mismos  huesos  i  desaparezcan 
por  completo  de  la  vista  del  espectador.  Añá- 
dese además  un  sutilísimo  paño  de  *  lino  ,  que 
estendido  sobre  la  cara  del  paziente  ,  le  tapa 
también  las  narizes,  paraque  al  rezibir  el  agua 
por  la  boca  ,  le  impida  la  respirazion  por  las 
narizes.  Después  se  va  el  agua  destilando  en  la 
boca  por  medio  del  paño ,  hasta  cierta  medida, 
a  arbitrio  de  los  juezes  ,  i  cayendo  en  la  boca 
del  paziente ,  no  gota  a  gota  ,  sino  a  chorro , 
arrastra  consigo  ,  fazilmente ,  el  delgadísimo 
paño  ,  hasta  lo  profundo  de  la  garganta. 

Diríase  aquí ,  que  el  infeliz  moribundo  estaba 
en  la  agonía ,  en  que  suelen  hallarse  los  que  van 

*  En  el  oríj.  •palis  iotercertis» :  el  trad.  ba  tradnzido  corrí- 
jiendo  •interceptis» :  i  en  palos  ,  q.  d.  a  mi  ver ,  unas  elavyas, 
tuercas ,  estacas  ,  pértigas:  o  cosa  semejante.   *  o  lUenio.» 


81 
a  exhalar  el  último  aliento;  a  no  ser ,  porque  (a) 
a  estos  ,  nadie  les  quita  el  recurso  de  la  respi- 
razion ;  i  aquel  no  tiene  modo  de  respirar ,  im- 
pidiéndole el  agua  ,  hazerlo  por  la  boca  ,  i  por 
las  narízes ,  el  paño.  Pero  cuando  se  saca  de  lo 
último  de  la  *  garganta  el  paño  (lo  cual  sehaze  77 
muchas  vezes  para  que  el  atormentado  respon- 
da a  las  preguntas)  empapado  en  agua  i  sangre, 
diríase  que  (6)  con  él  se  le  arrancaban  al  infeliz 
las  entrañas :  de  esta  manera  pasa  el  paziente 

en  el  tormento  ,  todo  el  tiempo  que  ellos  quie- 
ren ,  amenazándole  siempre  con  otros  mas  atro- 
zes  que  los  que  haya  sufrido  ,  i  al  cabo  le  vuel- 
ven a  su  encierro. 

Si  aun  les  acomoda,  (c)  proseguir  en  ios  tor- 
mentos (pues  preciso  es  que  todo  se  haga  a  ca- 
pricho ,  donde  ningún  lugar  queda  ,  al  derecho 
i  a  la  equidad) ,  en  uno  ,  o  dos  me¿es  ,.mas  tar- 
de o  mas  temprano  ,  según  les  pareze ,  se  repi- 
ten los  tormentos  ccm  mayor  o  menor  rigor  , 
volviendo  a  llamar  a  ellos,  a  unos  solo  una  vez; 
a  otros  r  dos ,  tres  ,  cuatro  ,  cinco  ,  seis.  Suelen 

n    £1  orij.  dize-  baíc  -  a  este:  pero  es  errata  ,  síq  dada ,  por 
•his.rt 

b    El  lat.  «viscera  misero  cooTeli  dixeris.» 

c    O  -ir  mas  allá  ,  -adelantar:  el  lat.  dIze:  «progredi  patri- 
bus  Ubet. 


82 

aflijir  a  otros  ,  con  otro  jénero  de  tornienlo,  pe^ 
culiar  de  este  santo  tribunal ,  que  llaman  del 
fuego  ,  mas  breve  por  cierto  en  su  descripzionr 
mas  no  asi  en  angustias  i  dolores.  Mandan  traer 
un  mui  gran  brasero  de  hierro  ,  lleno  de  car- 
bones enzendidos ,  al  cual  hazen  arrimar  las 
plantas  de  los  pies  del  que  han  de  atormentar , 
untadas  con  tozino  ,  para  que  pueda  penetrar 
el  calor  del  fuego  mas  adentro.  * 

Cuando  ya  aguzaron  i  embotaron  todos  los 
78  instrumentos  de  la  crueldad  del  santo  tribunal/ 
i  no  bai  ya  esperanza  de  arrancar  algo  mas  del 
preso ;  le  dejan  descansar  por  tm  poco-  de  tiem- 
po. Después  ,  llamándole  a  la  audienzia  ,  le 
preguntan ,  inquieren  i  escudri/ian  ,  con  nuevo 
orden  i  método  de  preguntas ,  suministrándo- 
les cada  palabra  r  de  las  que  antes  dijo  ,  mate- 
ria para  argumentar. 

Estas  preguntas  suelen  estar  con  tari  artifizio 
dispuestas  (pues,  solo  en  ellaSr  pareze  haber  un 
resto  de  esperanza  Inquisitoria  i  están,  por  con- 
siguiente  ,  forjadas  con  sumo  artifizio)  ,  que 
conzedida  una ;  es  nezesario  conzeder  otra  ,  i 

*  En  la  Hist.  de  la  Inquisizioo  por  F.  Limborch.  Edic.  de 
Londres  de  1731  de  la  Trad.  de  Cnandler  ,  tomo  2  paj.  222; 
hai  una  lámina  grabada  en  cobre,  que  representa,  bastante  bien, 
las  tres  clases  de  tortura  aquí  descritas  por  Montes. 


83 
negar  la  contraría.  Pues  los  padres  de  la  fé , 
son  admirables  dialécticos  ,  i  refinadísimos  [a) 
sofistas  ,  en  so  arte  i  facultad ;  i  no  falta  apli- 
cazion  a  su  injenio  ,  ejerzitadisimo  en  esta  pa- 
lestra, para  forjar  con  incansable  i  perseyeran- 

te  trabajo  esas  preguntas ,  que  no  como  quiera 
llevan  ideadas  en  su  mente ,  sino  también  por 
escrito  ,  i  las  tienen  delante  ,  paraque  nada  se 
les  pase ,  habiendo  de  interrogar  por  ellas  al 
reo.  1  asi ,  si  el  interrogado  aflojare  un  poco  en 
el  cuidado  de  precaverse  atentisimamente  ,  se- 
rá imposible  que  no  caiga  en  sus  lazos. 

La  única  defensa  será  aquí  ,  una  exacta  i  re- 
ziente  memoria  de  lo  que  ,.  ante  ellos ,  prime- 
ro hubiere  depuesto  :  pues  en  vano  pedirá , 
que  se  lo  lean ,  porque ,  o  no  se  lo  leerán  ,  *  79 
o  lo  leerán  con  suma  perfidia.  I  si  no  se  fia 
mucho  de  su  memoria  ,  responda  ,  a  ojos 
cerrados  ,  que  se  refiere  a  lo  que  antes  hubiere 
dicho;  {b)  i  no  se  deje  arrastrar ,  a  disputar  con 
ellos.  I ,  si  de  las  cosas  que  antes*  confesó  ,  de- 
dujereq  ellos ,  con  su  dialéctica  ,  otras  ,  que,  o 
ignoró  del  todi ,  o  ciertamente  no  dijo  ;  vea , 

a    Lat.  largutissimi  sofistae.» 

h  EL  lat.  «referre  se  obturatis  ocutts  respondeat ,  -  i  es  un 
poco  dudoso  si -obturatis  ocuiis-se  refiere  d  reitpondeat ,  o  a 
referre. 


84 

una  i  machas  vezes  ,  cómo  ha  de  responder  ^ 
para  que  ni  le  tiendan  un  nuevo  lazo  ,  ni  venda 
impíamente  ,  la  verdad  de  Dios.  En  fin ,  lo 
mas  seguro  será  ,  cortarles  todos  los  hilos ,  con. 
esta  rotunda  respuesta  :  a  saber  ,  que  él ,  no  ha 
aprendido  el  arte  de  disputar  ,  ni  ejerzitádose 
en  tan  injeniosas  disputas.  Son  tan  admirables- 
artifizes ,  en  estas  disputas  i  cuestiones  ;  tan 
capziosos  ,  i  al  mismo  tiempo  ,  tan  molestos  i 
malvados  ,  que  mas  de  una  vez  acaeze  ,  que 
arrancan  por  este  solo  medio  ,  lo  que  no  pudie- 
ron ,  con  ningunos  tormentos  o  suplizios. 

Prendieron  en  Sevilla  ,  por  causa  de  relijion, 
a  cierta  piadosa  matrona  ,  a  quien  poco  antes 
habían  hecho  viuda  ,  quemando  a  su  marido  , 
varón  piadosísimo.  Pero  ,  por  cuanto  ,  lo  que 
había  confesado  ,  en  los  tormentos  azerbísimos 
80  que  le  dieron  ,  no  bastaba  *  paraque  por  ello  , 
según  sus  designios  ,  o  fuese  quemada  ,  o 
al  menos ,  se  la  despojase  de  sus  bienes :  mas  , 
1^  confesase  ,  no  ignorar  que  la  Iglesia  Romana, 
tenia  decretado ,  lo  contrario  délo  que  ella  afir- 
mara, esto  solo  bastaría,  para  despojarla  de  los 
bienes  que  la  quedaban  ,  para  pasar  no  sin  po- 
breza su  viudez  ;  en  esta  audienzía ,  por  últi- 
mo ,  acosada  ,  mas  bien   que  envuelta  ,  por  la 


85 
perversidad  de  semejantes  sofisterías  ;  la  obli- 
garon al  cabo  a  confesarlo.  Pues  viendo  ,  que 
de  otro  modo  ,  no  tendría  fin  tanta  *  impor- 
tunidad ,  «Sabía  ,  dijo  ,  que  la  Iglesia  Romana 
asi  lo  establezió  ,  escribidlo  pues  i  dadme  por 
despachada ,  í  resolved  ya  ,  como  os  pareziere , 
azerca  de  mi ,  i  de  mis  bienes.»  Ellos  ,  enmu- 
deziendo  a  esta  alegre  respuesta  ,  escriben  eso 
mismo  ,  pues  no  buscaban  otra  cosa.  Pero  que 
sea  o  no  sea  asi ,  ¿qué  les  importa  a  ellos ,  con 
tal  de  que  el  preso  lo  confíese ,  i  les  vengan  des- 
pojos de  cualquier  parte  i  cualesquiera  que 
fueren  ? 

*  DE  OTROS  MODOS  DE  INQUIRIR  I  DE    81 

ESTRECHAR    A    LOS    ENCARZELADOS    A  QUE 

CONFIESEN  LO  QUE  A   LOS  INQUISIDORES 

CONVIENE   SARER. 

lia  violenzia  de  los  tormentos  ,  i  las  sofísticas  i 
sutiles,  artes  arriba  dichas  ;  frustradas,  según, 
ellos  piensan  ,  por  la  obstinazion  ,  i  sagazidad 
de  los  presos ;  vuélvense  los  padres  ,  a  otras 

•    Gorrejida  aquí  la  errata  del   orij.  paj.  80  lin.  12.— oportu- 
nitatis,— por— importuntfatt». 


80 

artes  mas  poderosas,  i  a  otras  marafias  ,*en  las 
cuales  el  que  aventaja  i  se  maneja  con  mas  des- 
treza ,  suele  ser  tenido  por  dilijentísimo»  i  dig- 
no«  por  lo  tanto,  del  lugar  supremo  en  el  San- 
to ofízio. 

Con  aquel  ,  a  quien  determinaron  envolver  , 
cuando  se  les  frustra,como  acabamos  de  dezir,  la 
esperanza  de  toda  violenzia;  se  muestran  benig- 
nos, misericordiosos,  llenos  de  caridad  ,  i  como 
que  les  afecta  tiernisimamente  su  desgrazia  » i 

aílíczion.  Lloran  con  él,  ruegan,  consuelan.acon- 
sejan  i  aparentan  darle  ,  paraque  se  libre  de 
aquella  calamidad,  un  consejo  reservado,  que  no 
darían  sino  a  su  padre,  hermano,  o  a  un  íntimo 
amigo  ;  i  otras  muchas  cosas  a  este  tenor.  *  De 
este  artifizio,  suelen  usar  mas  amenudo,  con  los 
que  creen  mas  senzillos  o  menos  sagazes,  i  prin- 
zipalmente  con  las  mujeres,  que,  por  lo  regular, 
no  tienen  tanta  astuziacomofueranezesaría  para 
conozer  las  lágrimas  de  cocodrilo.  El  preso  , 
pues  ,  cuando  viere  que  el  Inquisidor  le  trata 
con  tanta  humanidad  ,  tenga  por  indudable  , 
que  entonzes  nezesita  vista  mas  aguda  i  mayor 
perspicazia  de  injenio  ,  para  poder  descubrir  a 

'    Marañas — o  trazas:  pues  el  orij. — artes  ac  fila  convertUQ- 
tur:— que  literalmente  suena: — a  otros  hilos. 


87 
tiempo  a  donde  se  encaminan  esos  finjidos  ha- 
lagos: en  la  certeza,  de  que  son  meras  zalame- 
rías i  lisonjas,  debajo  de  las  que  se  ocultan  cap- 
ziosos  lazos,cebo,  i  ratoneras.  Demostraremoslo 
mejor  con  ejemplos  ,  ya  que  tantos  tenemos  a 
mano. 

En  aquel  primer  inzendio  ,  que  por  causa  de 
relijion,  se  levantó  en  Sevilla,  liaze  ocho  o  nue- 
ve años,  entreoíros  muchos,  prendieron  acier- 
ta piadosa  matrona  ,  con  dos  hijas  donzellas  i 
una  sobrina  ya  casada  ,  hija  de  su  hermana. 
Yenziendo  estas,  con  una  constanzia  verdadera- 
mente varonil ,  todos  los  jéneros  de  tormento 
con  que  se  buscaba  por  ellos,  que  pérfidamente 
denunziasen  a  sus  hermanos  en  Cristo  ,  i  sobre 
todo  ,  a  que  se  delatasen  una  a  otra  ,  el  señor 
Inquisidor  *  con  fictizia  i  frivola  piedad ,  pro- 
pia suya,  en  estremo  conmovido,  házia  aquellas 
infelizes  mujeres,  manda  *  que  le  lleven  a  la  au-  83 
dienzia  a  una  de  las  hijas  ,  i  alli  ,  a  solas  con 
ella  ,  entabla  una  arenga  consolatoria  ,  si  bien 
oportuna,  no  mui  breve.  Acabada  ésta,  remitió 
a  su  enzierro  a  la  muchacha.  Repitió  después  , 
esto  mismo  ,  por  algunos  dias,  haziendo  que  se 

•    El  lat.—  «dorainus  InquisiloF  nugatoria  illa  sua  pietalc  ve- 
hementer  commotus. — etc. 


ir 

la  llevasen  cada  dia  al  aoochezer,  i  deteniéndola 
allí ,  ya  manifestándole  cuánto  se  dolía  de  sus 
trabajos;  ya  mezclando,  harto  mas  familiarmen- 
te, otras  alegres  i  agradables  pláticas. 

Todo  ésto  (según  demostró  el  éxito  mismo) 
se  encaminaba  ,  a  que  después  que  la  mucha- 
cha, con  senzillcz  corderina  ,  *  se  persuadiese . 
de  que  él  verdaderamente  ,  i  con  ánimo  pater- 
nal ,  se  interesaba  en  su  desgrazia ,  i  de  que  le 
acons«^rta  lo  que  a  su  negozio  i  a  su  saWazion 
propia  ,  a  la  de  su  madre  i  hermanas ,  conve- 
nia ;  se  pusiese  toda  ,  bajo  su  proteczion.  I  asi, 
pasados  en  esa  familiar  conversazion  algunos 
dias ,  en  que  ya  él  habia  llorado  con  ella  su 
desgrazia  ,  i  dádole  todas  las  pruebas  de  con- 
raiserazion ,  para  testificar  que  le  afectaban  sus 
trabajos  ,  i  todas  las  señales ,  además  ,  de  bue- 
na voluntad  ,  para  evitarlos  en  cuanto  pudiese: 
cuando  vio  ,  repito  ,  el  sagaz  lobo  engañada  ya 
a  la  muchacha  ,  empieza  a  persuadirla  que  de- 

84  clare  de  si  ,  de  su  madre  ,  hermanas  i  tias  ,  * 
no  presas  aun,  prometiéndola  con  juramento  , 
que  si  de  buena  fé  le  manifestaba  cuanto  acerca 
del  asunto  supiese  ,  daría  él  traza  de  ocurrir  a 

*    Solo  con  esa  impropin  i  afectada  frase,  pueden  conservarse 
las  mismas  rozcs  del  lat. — «OTÍna  simpticitate.» 


89 
iodos  aquellos  males  » i  las  enviaría  al  fin  li- 
bres a  sus  casas.  La  muchacha  ,  como  que  era 
de  índole  senzillisima  ,  ganada  por  las  prome- 
sas i  persuasiones  del  padre  de  la  fé  ,  empieza 
a  dar  lo  santo  al  perro  ,  i  a  echar  las  mar- 
garitas al  puerco  ,  declarándole  algunas  cosas 
pertenezientes  a  la  pia  doctrina  ,  que  entre  si  . 
solían  comunicarse.  Cojido  el  cabo  del  bilo  , 
empezó  el  Inquisidor  a  procurarse  diestramen- 
te la  salida  del  laberinto  ,  llamando  a  la  mu- 
chacha repetidas  vezes  a  la  audienzia ,  para  que 
segan  el  orden  del  derecho  ,  se  notara  lo  que 
depusiese  ,  persuadiéndole  aun  entonzes  ,  que 
ese  sería  el  medio  lejitimo  de  curar  iodos  los 
males.  Renuévale  ,  en  la  última  audienzia  ,  to- 
das las  promesas  con  que  antes  le  habla  ofrezi- 
1  do  la  libertad  etc. 

Pero  ,  cuando  la  muchacha  esperaba  ,  que 
iba  a  cumplirse  lo  prometido,  elseñorlnquisidor 
con  sus  satélites  conoziendo  la  virtud  del  arte 
con  que  habían  ya  en  parte  conseguido  ,  lo  que 
no  pudieron  antes  arrancar  de  la  muchacha 
'  con  los  tormentos  ,  para  sacarle  lo  que  a  su  pa- 

I  rezer  ,  restaba  ,  decretan  entregarla  de  nuevo 

a  los  tormentos ,  de  los  que  sufrió  los  mas  crue- 
les de  todos  ,  como  son  ,  la  polea  *  i  el  Burro  ,  85 


90 

hasta  que  como  en  una  prensa  esprimieron  de 
ella  lo  que  buscaban  ,  es  dezir ,  herejías  í  déla-- 
ziones  de  personas :  pues  delató  la  muchacha  , 
en  fuerza  del  estraordinario  suplizio,  a  su  ma- 
dre i  hermanas,  i  a  otros  muchos,  que  cojídos  i 
iitormeutados,  después,  fueron  por  último,  con 
la  misma  donzcUa,  entregados  al  fuego. 

*  Esta  misma  donzelladió,  después  ,  un  ilus- 
trisimo  ejemplo,  en  testimonio  de  su  fé.  I  fué  , 
que  en  aquel  teatro  solemne  ,  en  el  que  a  pú- 
blico espectáculo  la  sacaron  con  otros  que  cor- 
rieron su  misma  suerte  ,  oida  la  sentenzia  ,  en 
que  la  condenaban  a  la  hoguera  ,  al  volver  a  su 
sitio  ,  desde  el  lugar  en  que  suele  pararse  cada 
uno  de  los  condenados  ,  para  oir  su  sentenzia  , 
llegándose  a  su  tia,  que  la  había  instruido  en  la 
fé  por  cuya  confesión  hubo  de  ir  luego  a  la  ho- 
guera, con  firmísima  voz  i  semblante,  i  bajando 
modestamente  la  cabeza  ,  le  dize  :  que  le  agra- 
dezia  infinito  el  benefízio  de  su  enseñanza  ,  i  le 
pide  perdón,  si  en  algo  la  hubiese  ofendido,  es- 
tando ya  a  punto  de  rezibir  la  muertq.  No  con 
menor  constanzia  la  consuela  su  tia  ,  exhortán- 
dola ,  a  que  tenga  presenzia  i  tranquilidad  ae 


":l  • 


Elvira,  o  Teresa  Nuñez.  Véase  a  Llor.  Hist.  de  la  Inf.t^. 
4.  paj.  89.  Edic.  do  Barcelona. 


91 
ánimo,  puesto  que,  dentro  de  muí  pocas  horas, 
se  hallará  con  Cristo  en  los  cielos:  i  ésto,  vién- 
dolo todo  el  pud[)lo,  *  oyéndolo  muchos,  i  prin-  80 
zipalmente  ,  d  mismo  santo  tribunal ,  con  los 
suyos.  *  [Esta  su  tía  ,  era  aquella  mujer  ,  que  , 
exaltada  por  la  locura,  dos  años  antes  había  de- 
iatado  tpda  la  Iglesia  a  los  inquisidores  ,  como 
arriba  dijimos.  La  cual,  recobrando  algún  tanto 
su  juizio  por  benefízio  de  Dios  ,  i  convertida  a 
mejor  camino,  en  cuanto  se  lo  permitían  las  re- 
liquias de  su  locura,  habiendo  confesado  a  Cris- 
to ,  después  de  largas  i  hediondas  prisiones  , 
tormentos,  azotes,  publicamente  rczibidos,  su- 
frió ,  finalmente  ,  por  él  mismo  ,  §  en  aquella 
clámide  Cristiana,  cárzdes  perpetuas.  Volvamos 
ya  a  las  artes.]  * 

DE  OTRAS  ARTES  MAS  SECRETAS. 


JLa  escelencia  de  las  artes  siguientes  exijc,  que 
no  se  agreguen  ,  como  toscas  e  ignobles ,  al 
montón  de  las  demás ,  puesto  que  aventajan 

*        • 

*  Todo  lo  qae  hai  entre  [   1 ,  está  de  letra  bastardilla  en  el 
oriJInal. 

%    El  lat.  dize: — in  Christmno  illo  paludamento—eic, 

*  Hasta  aquí  de  bastardilla  en  el  orij. 


92 

tanlo  a  todas  las  piH'zedentes ,  cnanlo  el  santo 
tribunal  a  los  otros  tribunales  vulgares.  De  es- 
ta clase  ,  pues  ,  la  primera  i  la  mas  secreta,  i 
al  Santo  ofízio  mas  útil  que  otras  muchas  ,  es 
el  abuso  d^  la  que  creen  confesión  sacramental, 
g7  que  según  *  sus  mismos  cánones  ,  es  un  no  le- 
ve pecado  :  pero  ,  según  repetidas  vezes  antes 
dijimos  ,  al  santo  tribunal ,  todo  le  es  lizito. 

Cuando  alguno  de  los  presos  cae  enfermo  , 
aunque  no  sea  gravemente  ,  le  preguntan  si 
(¡uiere  usar  de  la  sagrada  confesión  :  i  esto  con 
dos  fines  :  el  uno  ,  para  que  apruebe  ,  o  re- 
pruebe  la  sagrada  confesión  ,  el  otro  para  ver  , 

si  pueden  persuadirle  en  ella,  a  que  de  si ,  o  de 
otros  ,  declare  alguna  cosa  ,  con  que  tenga  el 
santo  tribunal  entretenimiento.  Si  el  enfermo 
aczede  ,  se  le  presenta  ,  luego  ,  un  *  sacrificulo 
con  un  escribano  ,  i  dejando  a  éste  secretamen- 
te ,  es  dezir  ,  al  escribano  ,  a  las  puertas  de  la 
prisión  ,  en  que  yaze  el  enfermo  ,  emprende  el 
clerigote  la  confesión,  i  en  adelantando  un  tanto 
en  ella  ,  pregunta  al  enfermo  ,  si  ya  en  jeneral 
ya  en  particular  ,  está  imbuido  en  algunas  opi- 
niones luteranas  :  señaladamente  acerca  de  tal 


*    En  el  ory.— adest  sacríQculus:^^.  d.  un  sazcrdote  supers- 
tizioso,  o  fanático.  Lo  mismo,  mas  abajo. 


93 
t>  tal  artíeaio ;  o  si  trató  con  otros  azerca  de 

esas  mismas  cosas  ,  por  quién  ,  en  fin  ,  i  cómo 
ias  supo »  etc.  que  confiese  injenuamente  ,  i  no 
rezele  de  él  perfidia  alguna  ,  que  él  trae  facul- 
tad de  los  seAores  inquisidores  para  (a)  purificar- 
le de  todo  :  que  descargue  ya  su  conzienzia  ,  i 
lo  demás  que  para  semejante  fin  suele  alegarse. 
Si  el  enfermo  asiente  ,  i  empieza  a  poner  por 
obra  el  tal  *  consejo  >  cae  sin  duda  en  la  na^-  ^ 
sa.  Porque  después  que  aczediendo  al  deprava- 
do consejo  del  sacrificulo  (6)  vomitó  temerario,  lo 
que  del  asunto  sabe  ,  trata  oportunamente  en 
segundo  lugar  el  sacrificulo  de  tender  un  lazo 
a  su  conzienzia ,  haziendo,  que  lo  deponga  to- 
do ante  el  escribano  ,  no  habiendo  de  tener,  de 
otro  modo  ,  lugar  alguno  su  purificazion.  Si  le 
persuade ,  llama  al  escribano,  que  no  está  le- 
jos ,  i  sé  pone  la  cosa  en  ejecuzion. 

Pero  ,  si  el  enfermo  ,  o  no  creyéndole  ,  o  des- 
confiando acaso  algo  de  él ,  rehusare  deponerlo 
ante  escribano  ,  no  por  eso  ,  se  librará  de  los 
lazos ,  mejor  que  si  hubiera  depuesto  ,  pues  que 
el  fraudulento  confesor  ,  pronunzia  i  aun  repi- 
te todo  lo  que  pasa  ,  en  tan  alta  voz  ,  que  hziU 

a    El  lat.  -  ab  omnibtts  enm  expiandi.  -  etc. 
b    El  Or.  sacrifieulfu. 

I 


mente  Jleiy  a)  suj'elu  ,  a  que  le  responda  casi 
con  el  mismo  tono  de  voz  .  por  falta  de  cautela 
en  observar  ,  o  en  rezelar  siquiera  ,  las  redes 
del  escribano  ,  que  atento  lo  escucha  todo  a  la 
puerta  ,  i  lo  apunta.  Con  semejantes  apunta- 
ziones  ,  o  hazen  después  cargos  al  sujeto  ,  o  al 
menos  ,  aprenden  per  ellas  lo  que  han  de  ave- 
riguar de  él  con  (a)  mas  molestas  preguntas. 
Queda  aqui  el  bueno  del  coaresor  sin  escrúpulo 
alguno  de  conzienzia  ,  i  sin  temor  de  delito  ,  o 
escomunioD,  por  la  conresion  revelada,  ya  por 
89  que  cree  ,  no  *  haber  revelado  nada  ,  aunque 
baya  hablado  mas  alto  de  lo  que  requieren  los 
misterios  de  la  confesión  ;  ya  porque  lo  becbo  , 
sea  lo  que  fuere,  se  hizo  en  grazia  i  obsequio  del 
Santo  tribunal. 

Juliano  Apóstata,  según  refieren  bistorias  muí 
fidedignas  ,  quitaba  a  los  cristianos  ,  todos  sus 
bienes  i  haziendas  ,  b  dando  por  pretesto  de  su 
sacrilejio  ,  el  que  Cristo  ordenó  a  los  suyos  , 
amar  la  pobreza,  i  no  aplicarse  a  adquirir  los 
IiLcnes  terrenos.  Perseguíalos  con  cuanta  cruel- 
dad podia,  i  luego  los  exhortaba  a  la  toleranzia 
puesto  que ,  asi  los  babia  enseñado  Cristo.  De 


95 
este  maestro  ,  aprendieroD  los  padres  de  la  fé 
una  de  sus  artes:  i  consiste  ,  en  que  cuando  ven 
a  alguno  ,  guardar  con  cristiana  constanzta  la 
fé  i  piedad  para  con  los  ^  cohermanos  conozidos, 
le  envuelven  en  este  argumento  «Tu  eres  /  dí- 
zen  ,*  mal  cristiano;  puesto  que  ,  vosotros  ase- 
guráis ,  que  seguís  la  doctrina  de  los  apóstoles 
i  de  la  primitiva  iglesia:  mas  los  apóstoles  i  los 
mártires  de  aquellos  tiempos,  cuando  compare- 
zian  ante  los  juezcs  jentiles,  i  les  preguntaban  , 
si  eran  cristianos,  respondían  lo  somos.  I  cuan- 
do les  preguntaban  sobre  sus  compañeros  de 
relijion  los  nombraban  candidamente.  Luego  ^ 
si  vosotros  *  profesáis  seguir  sus  ejemplos,  de-  90 
biérais  delataros  a  vosotros  mismos  i  a  vuestros 
compañeros.»  Tal,  i  de  este  modo,  es  su  argu- 
mento. Pero  ,  Juliano  Apóstata  dize  bien  :  que 
los  cristianos  no  deben  entregarse  a  amontonar 
riquezas  terrenas  ni  ser  flacos  en  los  trabajos  : 
también  los  señores  inquisidores  afirman  ,  con 

Igual  derecho,  que  el  hombre  cristiano  pregun- 
tado en  los  tribunales  del  mundo,  azerca  de  su 
fé  ,  debe  dar  de  ella  razón  clara  i  categórica : 
pero  ,  unos  i  otros  faltan  a  la  verdad  ,  cuanda 

•    El  l«t.— confratres. 


96 

dizen,  que  los  cristianos  de  aquel  tiempo  ,  con 
el  misnifl  piadoso  zelo  con  que  declaraban  su  fé, 
deecubriaD  a  sus  hennanos  ante  los  jaetes  jen- 
tiles,  DO  permiliéndoeelo  nunca  la  caridad.  Por 
lo  demás  ,  la  impiedad  de  Juliano,  i  la  de  estos 
seflores  ,  se  praeba  ser  la  misma  ,  puesto  qoe 
intentao  llegar  a  un  mismo  fia,  i  por  unos  mis> 
mos  medios ,  esto  es  ,  a  desolar  la  Igle- 
sia de  Cristo ,  i  despedazar  sus  hijos ,  con  irri- 
sión de  las  leyes  de  la  Relijion  Cristiana. 

Uno  de  loe  prinzipales  Inquisidores ,  de  quien 
lo  aprendieron  otros  muchos  de  sus  compañe- 
ros ,  i  al  cual  convendrá  nombrar  ,  paraqtte 
pueda  reconozer  aqui  sus  mismas  palabras ,  si 
acaso  lee  esto  ,  (llamábase  Juan  Gonzalo  obis- 
91  po  *  de  Tarragona  InquisidM-  Hispalense);  solia 
dezir  ,  hablando  de  los  fieles  presentados  en  sb 
tribunal:  que  pareze  milagro,  que  aquellos  he- 
rejes, tengan  grabado  en  los  últimos  *  rincones 
del  corazón  ,  aqnel  precepto  de :  'Amarás  a  tu 
prójimo  como  a  ti  mismo  :'  de  manera ,  qne  a 
no  ser  después  de  desollados,  i  casi  despedaza- 
dos en  los  tormentos ,  nunca  descubren  a  sus 
compañeros,  i  ni  aun  así ,  se  logra  eso,  de  mn- 

'    ElUL— in  íjwii  cord»  penelraliliui.— I  el  puÉDt»»  qoe 
lireHds,  H  tulla  tm  poco  •añado  del  orijinel. 


í 


97 
«boí  de  ellos.  Tan  ilustres  testimonios  tiene  la 
verdadera  rf^lijion,  hasta  de  sus  enemigos.  Pues 
tan  grabada  i  sellada  está,  (a)  en  todas  sus  par- 
tes ,  la  lei  de  Dios  en  los  corazones  de  los  ver- 
daderos Cristianos  ,  como  dijo  su  Reverenzia. 
Fuera  de  ellos  no  se  encuentra  esta  firmeza  en 
el  sello  de  la  lei  de  Dios  ,  estando  selladas  las 
leyes  de  toda  carne  con  este  sello ;  «primero  yo: 
después  tu.»  Mas,  sobre  todo  debiera  avergon- 
zarse un  obispo  Cristiano ,  de  estar  en  tan  su- 
pina ignoranzia ,  azerca  de  una  cosa  ,  que  no 
seria  completa  si  no  fuese  aun  acompañada  de 
igual  blasfemia. 

A  este  mismo  señor  obispo  (ya  que  de  él  bizi«^ 
mos  menzion)le  babian  enviado,.del  realconsejo^ 
a  Sevilla,  para  desempeñar  el  cargo  de  Inquisi- 
dor^ cuando  en  los  años  pasados,  (6)  aparezió  de 
*  repente  en  aquella  ciudad  aquella  multitud  92 
de  fíeles  dé  la  que ,  hasta  hoi ,  se  levantan  aun 
grandes  hogueras,  en  determinados  dias.  Pues, 
a  los  que  antes  hablan  sido  allí  Inquisidores , 
no  se  les  tenia  en  las  inquisisitorias'artes  ,  por 
tan  activos  i  hábiles ,  como  (c)  a  este  solo  ;  que 

a    El  lat.— tquoad  atramque  ejus  tabiilam.» 
b    FJ  lat.^repente  erupit;— que  me  pareze  un  pleonasmo  : 
paes  se}o>-enipit — sígniflca  lo  mismo. 
c    D.  Joaa  doazalez  da  Nunebrega  ,  erd  este  sujeto  :  i  Lio- 


^ 


M  creyese  podían  ocurrir  al  grande  raal  ere 
ziente  ,  i  a  la  ruina  que  n  la  iglesia  Román» 
amenazaba.  Cuáles  eran  la»  dotes  que  en  él 
suponían  para  desempeñar  cargo  semejante  , 
publiquelo  él  mismo  ,  publiquenlo  ,  los  que  ie 
elijieron  para  aquel  menester ,  publiquenlo  en 
fin  cuantos  le  conozieron  ,  si  fué  acaso  su  emi- 
nente doctrina  i  erudizion  en  las  sagradas  le- 
tras ,  o  su  profundo  i  puntual  conozimiento  . 
ya  de  las  historias  eclesiásticas,  ya  de  las  obras 
délos  doctores  antiguos  i  modernos  ,  cuya  au- 
toridad con  razan  venera  b  iglesia  ;  o  bien  ,  su 
eaperienzia  *  insigne  en  las  cosas  i  doctrina  de 
la  fé  ,  de  la  cual  quieren  llamarse  padres  los 
inquisidores  ,  i  de  cuyos  errores  ,  o  verdades  , 
tan  ambiziosamente  se  declaran  juezes ;  o  ya 
por  último  ,  si  una  probada  piedad  i  santidad 
(de  la  que  se  lisonjean  ,  por  cierto  ,  tanto  que 
de  ella  toman  un  ilustre  i  plausible  titulo)  fue- 
ron las  dotes,  por  las  que  entre  sus  camaradas 
se  distinguía  prínzlpalmentc  :  o  si  fué  ,  antes 
bien,  el  aventajarlos  a  todos  ellos  en  crueldad  , 
95  inbumani  *  dad,  i  aun  en  todas  las  artes  ínqui- 


99 
sitorias  ,  por  lo  que  lograra  ,  aquel  soldado  ve- 
terano ,  la  exenzion  de  tal  milizia  ,  i  un  pingüe 
obispado  ,  en  premio  de  su  trabajo  :  habiéndolo 
llamado  de  ían  cómodo  ocio,  a  la  antigua  müizia, 
aquella  fatal  calamidad  de  la  iglesia  Romana. 
Mas  en  aquella  legazion  Hispalense,  época  en 
que  tenia  las  casas  particulares  llenas  de  pre- 
sos ,  por  causa  del  Evanjelio  ,  no  bastando  las 
cárzeles  públicas  a  tan  abundante  presa  ,  no  le 
faltaba  a  su  Reverenda  Señoría,  tiempo  ni  ózio 
para  divertirse,  en  pasear  por  el  río  ,  en  esqui- 
fes adornados  de  púrpura  i  seda  ,  i  con  tal  apa- 
rato, cual  convendría  a  un  discípulo  de  Sarda- 
nápalo,  mas  bien  que  a  un  varón  modesto,  por 
no  dezir  ,  a  un  obispo  Cristiano  ;  acompañán- 
dole ciertas  musas  ,  aunque  iliteratas  ,  i  una 
servidumbre  numerosa,  *  a  los  apartados  huer- 
tos, concurriendo,  entre  tanto  ,  al  espectáculo, 
una  buena  parte  del  pueblo.  I ,  a  la  verdad  , 
aquellos  triunfos  i  alegrías  ,  no  eran  intempes- 
tivos para  él ,  i  para  los  suyos,  en  un  estado  de 
cosas  tan  lleno  de  luto ,  tristeza  ,  lágrimas  i 
afliczion  ,  para  la  iglesia  de  Dios,  de  la  que  era 
él ,  encarnizado  enemigo. 

*    Et  lat.  di2e— tiu  non  prop«  distantes  hortos.»— etc. 


100 

Volviendo  ,  pues  ,  a  las  artes  ,  cuando  esto» 
probos  señores  desean  tener  un  indizio  cierto 
94  de  algunos  de  ios  *  presos  ,  de  quienes  ,  por 
vivir  en  una  misma  carzel ,  i  estar  en  fin  sumi- 
dos en  tanta  desdicha ,  sospechaa  que  se  comu- 
nican entre  si  alguna  saludable  doctrina  para 
exhortarse  mutuamente ,  consolarse ,  i  animar- 
se en  su  fé ;  meten  secretamente  ,  entre  ellos , 
alguna  Mosca  ,  (asi  suelen  llamar  los  presos,  al 
que  desempeña  semejante  ofízio.)  Metido  este , 
fraudulentamente ,  entre  ellos  ,  por  los  Inqui- 
sidores ,  bajo  el  nombre  de  preso  ,  observa  con 
mucha  sagazidad  cuanto  hablan. 

I  después  de  pasar  entre  los  mismos ,  algu- 
nos dias,  durante  los  cuales  llega  a  insinuarse 
dolosamente  en  su  familiaridad  ,  empieza  a  to- 
car lijeramente ,  i  como  por  enzima ,  *  algunos 
puntos  doctrinales  ,  aparentando  que  desea ,  o 
bien  aprender  de  otros  ,  o  bien  enseñarlos ,  i 
por  este  medio ,  engaña  fazilmente  a  los  mas 
senzillos  que  no  se  recatan  de  tales  fraudulen- 
tas insidias.  Los  que  ya  estuvieren,  pues,  avi- 
sados de  estas  mañas  ,  no  se  ñen  ,  de  lijero  ,  ni 
fazilmente  ,  de  los  desconozidos  ,  que  de  ante- 

*    El  lat.— «leviter  ac  Teluti  extremis  digit»*» 


101 
mano  se  introduzcan  en  su  compañía.  I  en 
cuanto  al  Mosca,  fazílmente  le  conozerán  i  des- 
cubrirán, en  esto  solo,  en  que,  por  lo  regular  , 
él  mismo  se  injiere,  sin  que  nadie  le  provoque, 
en  tales  coloquios  ,  i  empieza  ,  aun  sm  yenir  a 
cuento  ,  a  sacar  semejantes  pláticas  doctrina- 
les :  *  mas  entonzes  obrarán  con  prudenzia  ,  si  95 
le  dejaren  razonar  hasta  que  se  canse  ,  sin  res- 
ponder nada  a  su  razonamiento.  Este ,  si  acas» 
saca  de  sus  concautivos  algo  de  lo  que  deseaba, 
ruega  al  alcaide  de  la  carzel ,  cuando  según 
costumbre  visita  a  los  presos ,  que  pida  se  le  dé 
una  audienzia  ,  según  es  también  costumbre 
hazer  los  presos ,  i  al  fin  ,  por  este  medio  se 
abre  la  puerta  ,  i  poco  después  ,  los  que  en  la 
carzel  quedaron  ,  tienen  que  esperimentar  los 
frutos  de  su  conipañia. 

Cosa  es ,  por  cierto ,  de  admirar  ,  que  haya 
*  hombres  dotados  de  una  índole  tan  Satánica  , 
que  espontáneamente  alquilen  su  trabajo  para 
tales  ofizios  ,  i  aun  con  tanto  detrimento  pro- 
pio ,  que  por  salirse  con  la  suya  ,  presos  con 
los  presos  ,  en  nada  tienen  un  enzierro  estre- 
chísimo de  dos  o  de  tres  meses ,  sufriendo  ellos, 
de  buena  gana  ,  todas  aquellas  molestias  de  la 
carzel ,  asi  del  hambre  como  de  la  inmundizia 


102 

i  hediondez  ,  (]ue  inal  de  su  grado  suelen  tole* 
rar  los  presos  :  i  ,  lo  que  es  mas  de  admirar  , 
ruando  salen  de  una  carzel  entran  inmediata- 
mente en  otra  ,  i  luego  en  otra«  dos ,  tres ,  cua- 
tro vezes  ,  para  volver  a  las  mismas  incomodi- 
dades ,  i  pasar  la  vida  en  aquel  mundo  de  deli- 
zías.  I  así ,  éste,  cuando  sale  de  la  carzel  a  dar 
cuenta  de  su  encargo  ,  no  solo  declara  lo  que 
^"  entre  los  presos  oyó,  sino  con  qué  semblante,  * 
alegre  o  airado,  rezihieron  los  presos  lo  que  él, 
en  cuanto  a  doctrina  ,  les  propuso  etc.  i  aun 
cuando  ninguna  respuesta  hubiere  de  ellos  al- 
canzado; lo  que  azerca  de  los  mismos,  le  pare- 
ze:  i  sus  delaziones,  tienen  la  fuerza  de  un  tes- 
timonio probadísimo,  i  mayor  de  toda  escep- 
zion  ,  aunque  por  otro  lado  ,  sea  hombre  *  de 
ninguna  fé  o  estimazion  ,  hombre  en  fin  de  la 
ínfima  hez  de  las  sentinas  públicas  ,  alquilado  , 
por  poco  dinero  ,  para  ese  empleo:  pero  enton- 
zes  se  le  tiene  por  miembro  digno  de  aquel 
cuerpo  en  aquel  lugar  del  Santo  Ofizio. 

Suzede  también  ,  muchas  vezes  ,  que  los 
presos  por  causa  de  relijion  ,  vienen  a  estar  en 
compañia  de  otros  ,  a  quienes  prendieron  por 

*    El  or.  -  ulioqui  sil  nihíli  nullius  íidfii  eU;. 


103 
otras  causas  ,  i  de  estos  algunos  ,  por  cougra- 
ziarse  con  los  Inquisidores  i  merezer  su  aproba- 
zíon  ,  delatan  con  suma  perfidia  a  los  compa- 
ñeros de  carzel ,  a  quienes  oyeron  conferenziar 
sobre  la  pia  doctrina  ;  i  el  testimonio  de  tales 
hombres  suele  hazer  gran  fé  ,  i  valer  mucho  , 
en  aquel  santo  tribunal :  pues  para  la  que  lla- 
man califícazion  del  dicho  ,  se  atiende  prinzi- 
palmente  a  las  circunstanzias  de  la  carzel  ,  ya 
del  delatado  va  también  del  delator. 

Hai  también  otros  Moscas  i  azechadores,  que 
sirven  al  santo  ofizio  en  aquel  menester  ,  fuera 
de  la  carzel ,  *  azechando  i  envolviendo  en  las  97 
susodichas  artes  ,  a  los  que  en  el  pueblo  tienen 
por  sospechosos  de  herejia  Luterana  ,  esto  es  , 
de  pia  doctrina  ;  i  algunos  de  estos  Moscas  , 
vuelan  tan  alto  ,  que  pasando  el  mar  ,  i  pene- 
trando en  estraños  i  apartados  reinos  ,  azechan 
a  los  que  saliendo  de  España  ,  i  desterrándose 
voluntariamente  ,  escojieron  en  otra  parte  do- 
mizilios  mas  seguros :  tan  vehemente  es  el  zelo 
de  la  gloria  de  Dios  ,  i  de  la  salud  de  los  hom- 
bres en  que  se  abrasan  los  padres  Inquisidores. 

Pero  concretándonos  solo  ,  a  los  que  suelen 
andar  volando  dentro  de  las  mismas  ciudades 
de  España  en  que  hai  eslablezidos  tribunales 


\ 


\ 


iU4 

liiquisi [ocios  ,  muchos  santos  conresorea  ,  ya- 
clérigos  ,  ya  Trailes  ,  ocupan  en  esta  Orden  de 
los  MoMCas  un  no  ínfimo  lugar.  Sí  a  ellos  se 
azerca  alguno  mas  senzJllo  ,  a  quien  Dios  haya 
empezado  a  alumbrar  con  su  luz  ,  i  durante  su 
confesión  ,  espone  su  sentir,  en  tono  de  dada  • 
o  de  certeza ,  descando  instruirse  o  confirmar- 
se .  no  solo  procuran  estii^uir  con  sus  tinie- 
blas la  luz  divina  que  comenzara  a  iluminar 
con  BUS  rayos  aquel  entendimiento  ,  sino,  que- 
le  exhortan  ,  le  conjuran  i  aun  se  esfuerzan  en 
persuadirle  ,  con  fieras  amenazas  ,  que  se  pre- 
98  senté  por  si,  disanto  tribunal,  i  se  delatea*sí 
mismo  ,  a  prometiéndole  ,  que  los  sefiores  In- 
quisidores le  tratarán  con  toda  benignidad.  Su- 
zede  ,  en  fin  ,  mas  de  una  vez  ,  que  la  b  misma 
oveja,  se  entrega  por  este  medio  ,  a  si  propia , 
en  las  bocas  de  los  lobos ,  para  ser  acaso  des- 
pedazada con  lobuna  crueldad. 

Suelen  otros,  usar  de  olra  arte  mas  inhuma- 
na, i  prestada ,  sin  duda,  de  la  ofizina  iuquisí' 
loria  :  conozida  la  opinión  del  incauto,  que  de 
modo  alguno  ,  rezela  semejante  perfidia  en  la 
sacrosanta  confesión  ,  i   menos ,  de  un  Varón 

a    El  tnid.  1«8  U  iiltimd  üaea  de  la  paj.  97— ipu  Bileat,_(lc. 


105 
consagrado ;  disimulan ,  por  entonzes ,  i  no  le 
€ontradizen ;  antes ,  le  avisan  ,  que  vuelva  al 
otro  dia ,  pues  asi  tendrán  mas  lugar  de  oirle  , 
i  podrán  mas  holgadamente  que  entonzes  ,  tra- 
bar de  aquel  asunto ,  i  asi,  mediada  o  mal  aca- 
bada la  confesión  ,  le  despachan  :  su  designio 
es,  que  volviendo  el  pobrezillo  ai  dia  siguiente, 
i  tratando  con  ellos  ,  mas  despazio  fuera  de  la 
confesión,  del  mismo  negozio,  quede  en  su  ma- 
no, sin  tener  que  revelar  la  confesión  ,  el  dela- 
tarle a  los  inquisidores ;  i  no  se  descuidan  en 
poner  por  obra  su  designio ,  vomitando  tan  re- 
lijiosos  varones  el  mosquito  i  tragándose  el  ca- 
mello. 

Algunos  de  este  gremio  de  hombres  fraudu- 
lentos ,  prestaron  tan  importantes  i  útiles  ser- 
vizios  a  los  inquisidores  ,  que  ,  aunque  por  er- 
ror "^  o  por  descuido  (como  suzede  muchas  ve-  99 
•zes) ,  se  dejaren  dezir  alguna  cosa,  que  ante  el 
santo  tribunal  les  acarrearía  a  otros  el  suplizio 
del  fuego  ,  i  pudiese  esto  ,  sin  gran  trabajo  , 
comprobarse  contra  los  tales  ,  no  obstante  ,  los 
padres  inquisidores  suelen  disimularlo  fazil- 
mente,  i  llevarlo  con  prudenzia,peosando,  que, 
faltándoles  las  ventajas  que  de  la  industria  de 
estos  reziben  ,  habían  de  perder ,  mucho  mas , 


i[ue  ganarííiD  ,  con  lo  (jiio  bubiosen  tio.  perzibir 
(lo  sus  (Icspojus.  quemándolos. 

A  algunos  de  estos  pudierairos  señalar  por 
.sus  nombres  ,  i  cicrlamcnte  por  razón  de  sus 
impiedades  en  este  jónero  de  empico,  mereze- 
rian  se  les  nombrase ,  para  que  fuesen  conozi- 
dos  en  los  tiempos  présenles ,  i  en  los  venide- 
ros: sin  embargo  ,  creemos  deber  respetar  sus 
nombres,  considerando  el  sumo  poder  i  bondad 
de  Dios,  quien,  tal  vez,  se  apiade  algún  dia  de 
ellos  i  les  conzeda  l^y  cual  sabemos  acontezió  ya 
a  algunos),  una  saludable  penitenzia  :  tarde,  e 
inútilmente,  nos  arrepentiríamos  entonzes  ,  de 
que  por  nuestra  causa,  si  bien  por  tulpa  suya  , 
.pasase  a  la  Iglesia  ,  su  memoria,  como  infame  i 
execrable  en  lo  suzesivo. 

Tuvieron  ,  ciertamente  ,  no  pocos  de  estos  , 
al  prinzipio  ,  conozimiento  de  la  verdad  .  i  aun 
100  también  *  algunos  de  ellos  la  ensenaron  a  otros 
pero  luego  que  vieron  levantada  la  tempestad  , 
que  babia  de  esplorar  si  el  ediGzio  de  cada  uno 
se  apoyaba  en  cimiento  arenisco,  o  en  otro  mas 
firme  i  de  piedra  ,  determinaron  rrtrozeder  a 
tiempo.  Mas ,  sabiendo  de  cierto  .  que  para 
con  mucbos ,  eran  sospechosos  .  parezioles  no 
poder  borrar  esta  nota  de  otro  modo  ,  que  de- 


107 

clarándose  delatores,  i  azecfaadores  de  sus  her- 
manos ,  i  familiares  ,  i  ministros  dilijentes  del 
santo  tribunal. 

Por  este  medio  ,  en  fin  ,  parezeles  haber  mi- 
rado por  si ,  lo  bastante  para  con  los  señores 
Inquisidores  :  con  todo  ,  ellos  mismos  ,  mejor 
que  nadie,  saben  qué  remordimiento  i  qué  tes- 
timonios del  horrible  juizio  de  Dios  ,  que  les 
espera,  llevan  dentro  de  si.  Convendrá  apuntar 
esto,  como  de  paso  ,  para  que  adviertan  los 
hombres  ,  primero,  que  en  la  realidad  ,  no  es 
el  zelo  de  purificar  la  fé,  i  de  estirpar  las  here- 
jias  ,  el  que  impele  a  los  señores  inquisidores 
a  estas  carnizerias,  según  ellos  propalan,  i  se  lo 
cree  el  vulgo  ignorante ;  aunque  supongamos  ^ 
que  realmente  existen  las  herejías  que  con  tan- 
ta severidad  castigan.  Porque  ,  si  asi  fuese  , 
no  perdonarían  ni  aun  a  los  que  ,  con  tanto 
provecho  de  ellos  ,  según  acabamos  de  dezir,  *  joi 
Jos  sirven. 

Zelo  es  ,  por  cierto  ,  del  real  fisco  i  de  sus 
bolsillos  de  ellos  mismos  :  pero,  si  bien  lo  mi- 
ramos ,  la  causa  superior  que  los  mueve,  a  eje- 
cutar los  suplizios  ,  muertes ,  tormentos  ,  de 
tantos  hombres  inozentes ;  i  a  los  engaños  , 
fraudes,  mentiras,  perfidias  i  estratajemas,  ver- 


108 

daderamente  Ratánicos  ,  con  que  los  procuran  ; 
t-B  '  el  rspirilu  del  mismo  Salanas ,  liomliida 
de  los  hijos  de  Dios ,  pad^jf ,  deade  el  prinupio, 
de  la  mentira  ,  i  de  artes  Beroejantes.  Pues 
¿quién  será  tan  cic|;o,  <|uc  no  vea  ,  qne  este  su 
modo  de  prozeder  ,  no  puede  dimanaf  de  otro 
espirilu?  o  ¿quién  tan  blasfemo  ,  que  le  dé  por 
acepto  al  eepiritu  de  Uios?  Aprovechará,  en  fin, 
esta  advertenzia ,  para  qne  los  inozentea  sean 
avisados,  miren  atentamente  con  quién  tratan, 
a  quiénes  admiten  para  bu  ramiliaridad,  i  no 
se  lien  ,  tampoco  ,  de  cualquiera  :  pues  .  si  al- 
guna vez,  en  otra  ocasión,  o  en  algnn  jénero  de 
negozios.  fué  cierto  lo  que  se  lee  en  Jeremías,  a 
saber,  que  todo  hermano ,  armará  zancadilla 
etc.:  en  estos  tiempos,  prinzipal mente,  iazerca 
de  estas  cosas,  en  particular  ,  puede  con  razón 
dezirse. 

Usan  los  señores  inquisidores  de  otro  ardid  , 
con  el  cual,  aunque  echen  sus  anzuelos  a  la  ven- 
tura ,  i  con  suerte  dudosa,  suelen  do  obstante, 
Q  sacar  por  lo  común  abundante  presa.  *  Cuando 
llegan  a  cojer  algún  varón  señalado  que  saben 
haber  enseñado  a  muchos,  o  al  menos,  a  quien 

'    o— el  eslro.— Ellat.  di!*— MttmaeBtivHaiSaUíiB. 


109 
muchos  acostumbraban  visitar  ,  por  razón  de 
su  doctrina,  i  erudizion  ,  sea  quien  fuere,  doc- 
tor ,  o  bien  algún  orador  de  gran  celebridad  , 
tienen  costumbre  de  esparzir  ,  entre  el  vulgo  , 
por  medio  de  sus  familiares,  algunos  rumores, 
de  que  el  tal ,  con  azerbos  tormentos  aflijido  , 
ha  denunziado  muchos  de  sus  adictos  ;  i  para 
hazerio  creer,  sobornan  también  a  algunos  ,  de 
las  cercanías  de  la  carzel,  que  aseguren,  oyeron 
los  gritos  del  hombre,  dados  en  los  tormentos. 
Espárzense  estos  rumores  por  tan  santo  arti- 
fizio  ,  con  el  fin  ,  de  que,  los  que  hubieren  tra- 
tado al  tal  doctor  preso  ,  o  de  cualquier  modo 
fueren  amigos  suyos,  se  presenten  a  tiempo,  al 
-santo  tribunal ,  confesando  su  culpa  ,  e  implo- 
rando misericordia  ,  antes  de  que  los  citen  o 
prendan.  Pues  ,  han  logrado  persuadir  al  vul- 
go, que  a  los  que  se  entregan  sin  que  los  em- 
plazen  ,  o  llamen  ,  no  suele  el  santo  tribunal 
imponerles  pena  alguna,  o  solo,  una  mui  leve  , 
que  vulgarmente  llaman  penitenzia.  Por  este 
medio,  en  fin,  engañan  a  muchos,  que  si  aguar- 
dasen a  ser  citados  ,  nunca  lo  hubiesen  sido ; 
o ,  si  acaso  les  hubiese  acontezido  serlo  ;  no  los 
hubiesen  tratado  con  mas  severidad,  que  a  los 
*  que  se  fiaron  de  la  palabra  inquisitoria.  10 


K 


DE  COMO  SE  TRATA  A  LOS  CAUTIVOS, 

Elf  CDAKTO  IL  SUSTRNTO. 

Ul  modo  ,  con  que  en  las  cárzeles  inquisito- 
rias ,  suelen  tratar  a  los  presos  ,  en  cuanto  al 
sustento,  i  demás  nezesidades  de  la  vida  ;  cor- 
responde, en  todo,  a  la  opinión  que  de  ellos  tie- 
nen los  señores  inquisidores,  i  demás  ministros 
de  aquella  sania  ofizina.  Por  el  vulgo  de  ellos , 
son  considerados  como  perros ,  herejes  :  i  asi , 
suelea  tratarlo.-,  no  cómo  tratan  los  hombres  a 
sus  perros,  de  quienes  reziben  alguna  utilidad, 
o  algún  deleite ;  sino  como  acostumbran  los 
hombres  tratar  a  aquellos  sus  semejantes  ,  a 
quienes,  para  escarnio  de  la  humanidad,  tienen 
por  perros,  i  Uaman  perros. 

No  estará  aquí  fuera  de  su  lugar,  *  ni  se  ten- 
drá por  impertinente ,  este  capitulo ;  pues  ser- 
virá a  los  pios  primero,  para  que  no  se  les  ocul- 
ten los  trabajos  de  sus  hermanos ,  i  se  comuni- 
104  quen  también  con  ellos  como  pudieren.  Después,* 
para  saber  lo  que  tienen  que  pasar  aquellos ,  a 
quienes  Dios  guarda  para  que  le  sirvan  en  este 
jcnero  de  obsequio  gloriosisímo ,  esto  es ,  el  de 
'    eitra  locum  Dlessie.— el  orijintl. 


111 

■confesar  su  nombre  delante  del  mundo.  En 
terzer  lugar  finalmente  ,  para  que  todo  el  orbe 
€onozca,  aquella  crueldad  de  los  santos  padres 
de  la  fé,  mucho  mas  atroz  ,  que  las  otras  cuali- 
dades que  vamos  recontando  de  ellos,  i  de  su  tri- 
bunal, con  tanta  sangre  de  inocentes  manchado. 

Aquel  en  realidad  feliz  i  bienaventurado  a  pre- 
dicador Hispalense  Constantino  (pues  llamo  bie- 
naventurado conforme  a  la  sentenzia  de  Solón  a 
aquel  ,  a  cuya  vida  ,  pasada  con  honrra  i  ala- 
banza, suzede  al  fin  una  muerte  dichosaj  cuan- 
do metido  en  esta  cárzel ,  como  diremos  en  su 
lugar  ,  por  causa  del  Evaujelio  de  Cristo  ,  espe- 
rimentaba  su  rigor,  aun  sin  haber  probado  nun- 
<la  los  suplizios  de  los  tormentos  ,  quejándose 
de  su  desgrazia  ,  clamando  a  Dios  muchas  ve- 
zes;  «¿Faltaban»,  dezia,»  Señor  mió,  en  el  mun- 
tlo.  Escitas ,  o  Caníbales  ,  mas  crueles  i  feroze? 
que  ellos  ;  en  cuyas  manos,  paraque  no  cayese 
en  las  uñas  de  estos  ,   me.  hubieses  entregado  ? 

¿Olmedo,  otro  varón  insigne,  en  piedad  i  eru- 
dizion,  que,  por  la  piadosa  doctrina  en  que  era 

a  El  orij.  —  «re  vera  foelix  Constantinus  Hispalensis»— Pero  el 
Dr.  Constantino  nazió  en  San  Clemente,  a  orillas  del  Rus,  en  la 
Diócesi  de  Cuenca. 

h  Veasc  a  Llórente  H.  de  la  Inq.  tora.  4  paj.  81  Edizion  de 
Barcelona  del  a.  18.15. 


IÍ2 

notablemente  instruido  ,  cajera  en  Sevilla  en 
las  manos  de  los  inquisidores,  i  el  cual  en  faer' 
za  solo  de  aquella  inhumanidad  que  bastó  por 
3Í  a  acarrear  *  la  muerte  ,  a  Conslantino  ,  que 
primero  cayó  gravemente  enfermo ,  i  murió  , 
por  fin  ,  entre  la  misma  inmundizia  i  lazéria ; 
solia  también  dezir :  «Arrebatado  llévame,  Se- 
ñor mío  ,  donde  quiera  que  te  agradare ,  i  no 
me  entregues  ,  le  ruego  en  manos  de  éstos.* 
Porque  el  modo  con  qne  suelen  tratar  a  los  que 
allí  son  echados,  es  tal,  <\ae  mas  bien  que  cár- 
zel,  mereze  llamarse  tormento  perpetuo. 

Primeramente,  el  lugar  que  a  cada  uno  sirve 
de  cárzel  particular  ,  por  su  estrechez ,  hedor, 
i  si  es  subterráneo,  por  su  humedad  ;  mas  bieo 
debe  llamarse  sepulcro,  que  carzel  de  vivos ;  si 
es  alto,  en  verano ,  por  el  demasiado  calor  ,  es 
mui  suniejunte  a  un  horno.  En  cada  uno  de  es- 
tos sepulcros ,  por  lo  coman,  ( espezialmente 
en  las  capturas  abundantes,  cuando  la  multitud 
de  presos  excede  a  la  de  tos  entierros )  suelen 
echar  juntos  a  dos  o  tres  presos  ;  a  quienes  , 
para  conziliar  el  sueQo  cuando  se  acuestan,  co- 
mo no  sea  el  espazio  de  un  pie ,  que  ocupan  el 
urinal  ■  un  cántaro  de  agua  fria  para  apagar  la 
sed,  no  queda  otro  lugar  en  el  sepulcro. 


115 

Guando  amaneze,  fuera  de  la  luz  que  de  arri- 
ba les  entra  a  los  infelízes  ,  por  un  agujero  , 
menor  que  a  una  naranja  ;  o  por  una  ventanilla 
prolongada,  no  mas  ancha  que  el  dedo  ,  no  les 
es  dado  disfrutar  de  mayor  claridad.  Suele  ha- 
ber algunos  enzierros  algo  mas  anchos  ,  *  pero  106 
éstos  cuestan  no  poco,  i  ademas  solo  sirven  pa- 
ra aquellos  de  cuya  .relijion  no  tienen  un  con- 
cepto del  todo  malo,  b  [Hai  también  algunos  , 
mas  estrechos  que  los  primeros  ,  i  por  lo  tanto 
mas  terribles  ,  como  que  apenas  cabe  un  hom- 
bre echado  ,  por  lo  cual  los  que  alli  meten  ,  no 
salen  sino  medio  consumidos  por  una  c  tisis 
horrible ;  todos  los  cuales  jéneros  de  enzierros 
suelen  dispensarse,  según  la  dignidad  o  mérito 
de  los  presos  ,  i  las  mas  vezes  ,  según  el  odio  o 
amistad  del  mismo  inquisidor,  i  aun  del  alcaide 
de  la  cárzel.  Esto  ,  en  cuanto  al  lugar.  ] 

La  calidad  del  alimento,  es  en  todo  conforme 
a  la  del  lugar.  Los  presos  ricos,  pagan  al  Santo 
Ofíziomui  considerables  pensiones;  considerada 
la  persona  del  preso,  a  arbitrio  del  mismo  San- 
to Ofízio.  De  esta  pensión  para  todo  el  gasto  dia- 

a    pomo  aramio  minus.— en  el  lat. 

b    Ed  el  orij.  está  de  bastardilla,  lo  que  va  entre  [  ]. 

c    0«-podredumbre:-El  iat.-*ntst  dirá  tabe  semipulridi, t-eic. 


k 


rr4 

rio  se  le  dejan  al  |ires(>  treinta  ili|)ariilÍos  ;  (quc 
vulgarmente  llaman  maravedís  :  —  17  de  estos 
liazen  una  íto^to»  jcrmánica,  ocLo  i  medio  ,  un 
sueldo  Trances  .  diez,  un  Stufer  de  Itrabante)  * 
si  quiere  regalarse  mas  opiparainenle  ,  podrá 
ha ze rio,  pero  de  lo  sujo.  I  no  suelen  Iratarcon 
esta  induljenzia  a  todos  los  presos  de  cualquie- 
ra condición  (¡ue  sean  ,  sino  solo  a  aquellos  de 
cuyo  caudal  no  esperan  los  inquisidores  cojer 
presa  ,  por  ser  nrui  leve  la  causa  de  su  prisión. 

Pues  a  los  que,  por  su  misma  delazion,  cono- 
zen  que  han  du  salir  condenados  *  en  lá  pérdi- 
da  de  todos  sus  bienes;  a  esos,  nunca  les  dejan 
TÍYÍr  tan  lautamente;  manteniéndolos  con  pan- 
moreno  i  poca  agua  ,  aunque  sean  riquisimos  , 
sin  permitirles  hazer  gasto  alguno  estraordina- 
rio  ,  seguros  ,  de  que  otro  tanto  se  disminuirá 
para  ellos  la  presa  fiscal  ,  cuanto  mas  liberal- 
mente  los  trataren. 

Pero  cuando  los  que  cojeii  son  pobres,  i  de 
tan  escasos  bienes  ,  que  no  les  bastan  para 
muntcncrse  en  la  cárzel,  tienen  señalada  por  el 
reí  una  pensión  de  media  pieza  de  plata,  al  dia, 
que  llaman  medio  real ,  i  que  conLiene  una  ba- 

'    Tal  Vil,  lo  que  ahora  llapiBniDs  ,  :ir  real  de  ullon  ,  o  Mi 


115 
cton  Jermánica,  esto  es,  dos  sueldos  franzeses :  i 
de  este  dinerillo  ,  hai  que  pagar  al  comprador 
de  los  \iveres  ,  (  pues  tienen-  su  Mayordomo  )  [ 
al  lavandero  ,  i  los  demás  gastos  nezesarios  pa- 
ra el  sostenimiento  común  de  la  vida. 

Ademas,  esta  misma  mesada  o  mejor,  limos- 
na, señalada  por  el  rei  a  los  presos  ,  no  llega  a 
ellos  ,  sino  después  de  pasar  por  muchas  ma- 
nos, i  estas  no  mui  fíeles.  Primero  ,  por  las  del 
rezeptor ,  asi  llaman  ,  creo  ,  al  tesorero  que 
guardando  el  dinero  ñscal  lo  distribuye  des- 
pués: i  este  empleo  en  aquella  Santa  oñzina,  es 
sobremanera  lucrativo,  i  no  suele  conñarse  sino 

a  los  que  tienen  gran  favor.  ^  Después  ,  por  las    108 
del  Mayordomo,  esto  es,  por  las  del  comprador 
de  los  viveres  i  provisiones  ,   el  cual  gasta  el 
dinero  siempre  con  dudoso  crédito.  En  terzer 
lugar  ,  por  las  del  que  prepara  las  viandas  :  fi-- 

nalmente,  el  último  diezmo  es  el  del'alcaide  de 
la  cárzel ,  quien  en  virtud  de  su  peculiar  ofízio,. 
las  reparte  entre  los  presos.  Referimos  esto  con 
tanta  puntualidad  ,  porque  todos  estos,  viven  , 
i  sacan  sus  provechos  seguros  ,  de  aquella  mó^ 
dica  limosna  que  dá  el  rei  a  los  presos,  la  cual, 
pasando  por  las  corvas  manos  de  estas  harpías , 
no  llega  a  las  de  los  presos  ,  sino  después  de 


1Í6 

diezmada  en  gian  parle,  por  cada  una  de  ai|u^ 
lias.  Pues  ,  en  esta  escuela  ,  así  los  maestros 
como  los  ministros ,  desde  el  primero  al  iilli- 
mo  ,  todos  se  aplican  a  la  avarizia  ,  ¡  aun  a  la 
rapiña.  I  si  alguna  vez  suzede,  por  don  singu- 
lar de  Dios  ,  que  alguno  de  ellos  tenga  miseri- 
cordia de  los  padezimientos  de  los  presos  ,  i  se 
propone  ,  aunque  no  sea  mas  que  por  humani- 
dad ,  aliviarles  con  algún  buen  ofizio;  es  éste  el 
ciimen  mas  graveen  la  Santa  Ofízina,  i  absolu- 
tamealc  inespiable,  si  no  es  con  sangre  i  azotes . 

Pusieron  en  Sevilla  haze  pocos  años  por  al- 
caide del  castilla  de  Triana  ,  que  es  una  de  las 
cárzeles  inquisitorias  ,  a  uno  ,  no  del  todo  mal 
sujeto  ,  (pues  que  aun  no  había  acojido  en  su 
pecho  ,  las  leyes  de  la  insigne  avarizia  i  cruel- 
i09  dad  de  la  Santa  Ofizina )  ,  *  sino,  mas  bien,  hu- 
mano i  de  edad  aun  no  provecta :  llamábase 
Pedro  de  Herrera.  Este  tal ,  trataba  a  los  pre- 
sos con  la  humanidad  posible,  pero  oculta  i  di- 
simuladamente ,  como  que  no  ignoraba  la  bar- 
barie Inquisitoria. 

Suzedió,  según  suele  acontezer  cuando  se  ha- 
ze una  captura  abundante  i  sin  distinción,  que, 
entre  otros  presos, le  toco  una  honrrada  matro- 
na con  dos  bijas,  las  cuales,  por  habitar  en  di' 


117 
versos  calabozos  ,  deseaban  sobremanera  verso, 
i  en  tamaña  desgrazia  conhortarse  mutuamen- 
te. Ruegan,  pues,  a  dicho  alcaide,  que  les  per- 
mita estar  juntas  siquiera  ,  un  cuarto  de  hora 
no  mas  ,  que  mientras  se  a1)razazen.  Él  ,  por- 
que era  humanidad,  movido  a  compasión  ,  hizo 
que  estuviesen  juntas  ,  media  hora  ,  i  se  habla- 
sen ,  i  después  ,  que  se  entregaron  un  rato  a 
los  afectos  maternos  ,  las  condujo  otra  vez  ca- 
da una  a  su  enzierro  ,  según  antes  estaban. 

Pasados  algunos  días  ,  como  fuesen  las  mis- 
mas, cruelmente  atormentadas,  temiendo  el  al- 
caide que  en  medio  de  los  atrozes  tormentos 
revelasen  a  los  señores  padres  aquella  pizca  de 
humanidad,  que  con  ellas  había  usado  ,  de  de- 
jarlas hablarse,  por  media  hora,  sin  orden  del 
inquisidor;   ^  lleno  de  miedo,  se  presenta  al    110 

Santo  tribunal ,  confiesa  de  grado  su  culpa  , 
pide  perdón  ,  creyendo  neziamente  evitar  con 
su  confesión  la  pena  que  le  amenazaba  por  lo 
hecho. 

Pero  ,  los  señores  inqui§idores  ,  cuyo  insti- 
tuto ,  es ,  aborrezer  siempre  toda  clase  de  hu- 
manidad ,  tuvieron  por  un  crimen  tan  grave 
aquel  hecho,  que  inmediatamente  le  mandaron 
meter  en  un  calabozo  ;  en  el  cual ,  ya  por  la 


118 

suma  crueldad  con  que  le  trataron  ,  ya  por  la^ 
pasión  de  ánimo  ,  que  de  aqui  conzibió  ,  rebo- 
sando en  él  la  atrabilis ,  cayó  en  furiosa  locura, 
i  no  por  esa,  su  locura  i  enfermedad  ,  le  libra- 
ron de  otra  pena  mas  grave  ;  sino  que,  después 
de  pasar  un  año  en  dura  carzel ,  sacándole  en 
procesión  triunfal ,  vestida  una  túnica  amarilla 
i  atada  una  soga  al  cuello,  como  se  acostumbra 
con  los  ladrones;  le  condenaron  a  sufrir  prime- 
ro ,  doszientos  azotes  por  las  calles  i  plazas  de 
la  ciudad  ,  i  luego  ,  a  seis  años  de  galeras. 

Mas  al  otro  dia  del  triunfo  ,  como  le  llevasen 
con  la  solemnidad  de  costumbre  desde  el  casti- 
llo de  Triana  ,  para  azotarle  ,  le  cojió  al  infeliz 
la  locura ,  que  miserablemente  solía  darle  a 
ratos  ,  i  dejándose  caer  del  asno  en  que  por  ig- 
nominia le  llevaban  ,  acomete  a  uno  de  los 
111  Alguaziles  inquisitorios,  i  arre^batandole  su 
propia  espada  le  hubiera  muerto  sin  duda,  a  no 
cojerle  al  punto  la  turba  que  le  rodeaba  ;  i 
subiendo  de  nuevo  en  el  asno  ,  i  atado  a  él  con 
mas  cuidado,  volvieron  a  repetir  los  azotes.  Be- 
zibidos  ya  doszientos  azotes  mandaron  los  seño- 
res inquisidores  ,  que  por  baberse  propasado 
con  su  Alguazil ,  se  añadiesen  cuatro,  a  los  seis 
años  de  galeras  :  asi  suelen  recompensar  los 


119 
padres  de  la  fé  ,  con  suma  crueldad  ,  los  bene- 
fízios  i  la  piedad  ,  o  bien  bumanidad  ;  i  ni  aun 
el  estar  loco  ,  es  lizilo  entre  ellos. 

A  este  alcaide  del  alcázar  habia  precedido 
otro  ,  llamado  Gaspar  Benavides  ,  hombre  de 
portentosa  avarízia  i  crueldad  ,  puesto  que  , 
llegó  a  tal  estremo  de  maldad  ,  que  defraudab^i 
en  una  buena  parte  a  los  infelizes  presos  ,  de 
sus  mal  cocidas  i  tantas  vezes  diezmadas  vian- 
das ,  i  refendia  en  Triana  ,  a  bajo  prezio  ,  su 
hurto  ;  malversaba  ademas  en  total  »  el  dinere- 
jo  que  debia  dar  al  lavandero  ,  por  lavar  la  ro- 
pa blanca  de  los  presos  ,  descuidando  ,  por 
muchos  dias  ,  aun  aquel  aseo  de  ellos  ,  sea  el 
que  fuere,  i  engañando  a  los  mismos  Inpuisidor 
i  Tesorero  ,  quienes  (nótese,  ruego  ,  ya  el  des- 
cuido de  estos,  en  cumplir  con  sus  t)fizios  ;  ya 
también,  la  suma  perfidia  de  aquel  carzelero) , 
tomaban  *  en  cuenta  este  dinero  del  mismo  al-  112 
eaide,  como  si  se  gastase  todas  las  semanas  pa- 
ra uso  de  los  presos ,  a  cuyo  benefízio  estaba 
destinado. 

Ni  era,  por  lo  demás,  difizil  engañar,  a  quie- 
nes no  se  afanaban  gran  cosa,  por  averiguar  la 
verdad  del  caso.  Si,  por  ventura  ,  algún  preso  , 
irritado  por  tan  intolerable  injustizia,  se  queja- 


120 

ba  ,  murmuraba  o  chistaba,  a  la  mano  tenia  eV 
remedio  aquel  hombre  cruel  i  despojado  de  toda 
humanidad.  A  saber  ,  sacando  de  aquel  calabo- 
zo al  tai  preso  ,  le  sepultaba  en  una  profunda 
cisterna  sin  agua  (que  llaman  mazmorra)  i  allí 
le  tenia  solo,  por  algunos  días  ,  no  dándole  na- 
da en  que  echarse  ni  aun  paja,  i  en  cuanto  a  su 
alimento,  solia  estar  tan  corrompido  ,  que  mas- 
bien  ,  que  para  la  salud  ,  o  para  sostener  si- 
quiera la  vida ,  parezia  apropósita  para  des- 
truirla con  la  enfermedad :  i  todo  esto  ,  sin: 
consultar  absolutamente  a  los  mismos  inquisi- 
dores, cuya  orden  ,  sin  embargo,  fraudulenta  h 
malignamente,  pretestaba  con  el  preso. 

Si  alguno,  con  tamaña  sinrazón  *  tratado  por 
el  carzelero,  queria  quejarse  a  los  inquisidores, 
i  le  rogaba  al  mismo  (pues  ya  arriba  se  dijo  no 
ser  lízito  por  otro  conducto) ,  que  suplicase,  se 
le  diese  una  audienzia  ;  el  marrajo  ,  conjetu- 
rando fazilmente  el  golpe  que  amenazaba  su 
cabeza;  finjia  haberla  pedido  ,  i  que  por  enton- 
113  zes,*  no  había  lugar  a  su  petición  ,  i  con  seme- 
jantes finjidas  respuestas  ,  detenia  al  infeliz 
en  aquel  profundo  pozo  por  espazio  de  doze  o 

Aquí  el  org.  dize-per  eum-aflecíis.-i  el  trad.  oorr.-affectus. 


i2í 
qninze  dias ,  mas  o  menos ,  hasta  (¡ue  ,  al  fin  , 
juzgaba  satisfecha  su  ira  i  crueldad.  Después , 
sacándole  de  alli ,  le  restituía  a  su  antigua  car- 
zel ,  persuadiéndole  que  a  su  humanidad  i  tra- 
bajo ,  se  debía  atribuir  aquel  benefizio  ,  puesto 
que ,  por  conmiserazion,  habia  interzedido  con 
sus  ruegos  ,  ante  los  señores. 

En  suma.  Los  hurtos  e  injurias  con  que  él 
aflijia  a  los  presos  ,  ya  por  otra  parte  bastan- 
te desdichados ,  fueron  tales  ,  que  al  fin  no  fal- 
taron personas  de  alguna  autoridad  para  con 
los  inquisidores  ,  que  seriamente  le  acusasen 
ante  ellos.  Préndenle  ,  pues  ,  i  convenzido  co- 
mo reo  de  muchas  calumnias,  aun  con  todo,  es- 
perimentó  en  el  mismo  juizio  la  clemenzia  de 
los  inquisidores  ^  quienes  fielmente  le  recono- 
zieron  por  un  sagrado  miembro  de  su  santo 
cuerpo.  Recayó  sobre  él  la  sentenzia;  pero  no, 
la  que  sobre  el  otro  alcaide  ,  su  suzesor  ,  que 
dejo  a  una  madre  hablar  con  sus  hijas  por  espa- 
zio  de  media  hora,  i  que  estuviesen  juntas  i  en 
.grazia  de  su  mutuo  afecto ;  si  bien  ,  pqr  sus 
crímenes  consumados  i  comprobados,  merezie- 
ra  haber  sufrido  ,  la  que  después  sufrió  el  otro 
por  su  piedad. 

Mas ,  ¿a  qué  entretener  al  lector?  Después  de 


^ 


122 

1 14  liazcrlefiaUr.cii  os|iectúciilo  teatral*, con  una  ve- 
1.1  t\<i  cei'3  en  la  mano,  le  ilcstieiran  de  la  ciudad 
|ior  cinco  aRos  :  i  por  cuanto  nxijen  los  dcre- 
clios  liscales ,  aun  de  los  suyos,  le  mandan  mul> 
lar  en  la  cantidad  (jnc  por  salario  de  su  ofizio 
liabia  de  rezibir  del  santo  tribunal:  t  de  este  mo- 
do salis&zicron  al  Tin  ,  mas  bien  ,  a  los  que  le 
liabian  acusado,  que  ala  voluntad  que  ellas 
mismos  podían  tenei' ,  de  castigar  semejantes 
maldades  descubiertas  en  sus  miembros. 

Este  mismo  malvado  carzelero  ,  tuvo  en  su 
familia ,  mientras  ejcrzia  ese  cargo  en  la  forta- 
leza ,  a  una  criada  ,  de  edad  algo  provecta ,  la 
cual,  habiendo  notado  la  aflicción  de  los  presos, 
vejados  por  la  maldad  i  barbarie  de  su  amo  ,  i 
por  el  bambre  *  [i  lazeria  casi  intolerable,  movi- 
da a  compasión  (puesto  que  nn  estaba  lejos  de 
la  piedad  Evanjélica  )  les  hablaba  por  las  puer- 
tas en  los  calabazos,  los  consolaba,  i  los  exhor- 
taba ,  como  podia  ,  al  sufrimiento,  metiéndoles 
muchas  vezes  ,  por  debajo  de  las  puertas , 
algún  alimento  ,  SRgun  los  escasos  i  pobres 
medios  de  su  condizion  ,  juntando  a  sus  pia- 
dosas pláticas  ,  obsequios  también   piadosos.] 


"[] 


^ 


123 
^  I  la  piedad  varonil  de  esta  mujer, era  tanto  mas 
notable ,  cuanto  que  no  teniendo ,  de  lo  suyo  , 
nada,  por  donde  ser  tan  liberal  con  los  presos 
■de  Cristo ,  de  las  \iandas  que  el  malvado  i  la- 
drón de  su  amo  robaba  á  los  encarzelados  ,  era 
él  luego,  de  una  buena  parte,  robado  *  por  ella,  115 
Ja  que  restituía  a  los  mismos  presos.  I,  paraque 
mas  nos  maravillemos  de  la  providencia  de  Dios, 

que  no  siempre  de  padres  perversos  dá  hijos 
perversos ,  sino  que  ,  alguna  vez  ,  los  dá  exce- 
lentes ;  en  estos  piadosos  hurtos  ,  la  ayudaba 
singularmente  una  hija  pequeñuela  de  su  pro- 
pio amo. 

Por  medio  de  esta  misma  mujer,  averiguaban 
los  presos  ,  de  cuando  en  cuando  ,  el  estado  de 
los  negozios  de  los  otros  presos,  sus  hermanos, 
lo  cual  les  servia  de  consuelo  ,  i  de  ayuda  tam- 
bién, en  sus  propias  causas.  Llegó  luego  esto  a 
notizia  de  losseñores  Inquisidores,  quienes,  des- 
pués de  un  año  de  cárzel,  en  la  cual  csperimentó 
la  misma  suerte  que  los  otros  presos,  la  conde- 
naron, por  fin,  a  llevar  la  túnica  amarilla  en  es- 
pectáculo b  teatral,  i  doszientos  azotes  ,  que  re- 

a    p.  Juan  Van-Halen  encontró  con  Ramona,  otra  mujer  muí 

fiarezida  a  esta,  i  aun  superior,  el  a.  1817  en  la  inquisízion  de 
adrid. 

h    Casi  siempre  el  orij.  nombra  el  Auto  de  Fé  asi^cspecta- 
culo  theatrali.> 


I 


i24 

zibió  ai  dia  siguiente,  por  los  barrios  de  la  ciu- 
dad, con  la  pompa  i  crueldad  acostumbradas;  a 
lo  cual  se  añadió,  el  destierro  por  diez  años ,  de 
la  ciudad  i  su  radio.  Fué  su  titulo  ,  Por  Fau- 
tora  i  auxiliadora  ele  herejes.  Irritó  ,  contra  si, 
de  un  modo  implacable  ,  la  indignazion  de  los 
señores  padres  de  la  fé ,  porque  en  las  intorma- 
ziones ,  se  descubrió  haber  ella  revelado  a  al- 
gunos vezinos  de  la  ciudad ,  los  arcanos  del 
Sacrosanto  tribunal ,  en  cuanto  al  réjimen  de 
vida  que  se  hazia  tener  a  los  presos. 
Este  ejemplo ,  junto  con  el  anterior ,  de  la 
i  16  perversidad  de  su  amo,  i  el  *  de  las  penas  a  uno 
i  a  otro  impuestas  ;  manifiestan  lo  bastante  ,  la 
equidad  del  Sacrosanto  tribunal  en  castigar  los 
delincuentes.  Ningunas  galeras,  ningún  jénero 
de  cárzeles  ,  imajinaron  los  hombres ,  hasta  el 
presente  ,  en  que  no  esté  reservada  a  los  des- 
graziados  la  libertad  de  cantar  ,  con  tal  que  lo 
permita  lo  azerbo  de  la  calamidad, que  a  vezes, 

embarga  todo  sentimiento  de  alegría,  para  que 
con  el  canto ,  a  lo  menos  ,  se  esparza  i  ensan- 
che alguna  vez  el  ánimo ,  abrumado  por  la  tris- 
teza i  melancolia.  Mas  el  Santo  Tribunal ,  aven- 
taja a  cuantos  hasta  aqui  mostraron  su  cruel- 
dad e  inhumanidad,  en  atormentar  a  los  mor- 


125 
tales,  puesto  que  llega  al  puotade  privar  a  los 
desdichados  de  aquel  lijero  consuelo ,  aun  en  la 
azerbidad  de  tantas  aflicziones. 

Si  alguno  de  los  presos  ,  para  aliviar  ,  de  al- 
gún modo  ,  la  calamidad  presente  ,  empieza  a 
cantar  algún  salmo  o  a  rezitar  algo  de  las 
sagradas  Escrituras,  cuanto  mayor  consuelo 
de  ello  reziba,  tanto  mas  molesto  e  intolerable 
será,  para  los  señores  Padres  de  la  fé  i  para  sus 
ministros  :  pues  tienen  por  no  leve  detrimento 
de  sus  intereses  ,  el  que  los  presos  se  alegren 
un  poco  ,  como  que  ,  al  fin ,  consiste  su  insti- 
tuto,en  que  vivan  aquellos  en  perpetua  tristeza 
i  aíliczion  no  interrumpida  por  jénero  alguno 
de  alegria, 

I  asi  ,  cuando  llegan  a  oir  ^  a  alguno  de  los  117 
presos  ,  o  cantar  ,  *  o  hablar  un  poco  mas  al- 
to ,  al  punto  se  presentan  dos  de  aquellas  Fu- 
rias,  a  saber,  el  Escribano  con  el  mismo  Alcai- 
de de  la  cárzel ,  para  reprimir  su  re*gocijo  por 
orden  de  los  Padres  ,  intimándole  la  pena  de 
escomunion  ,  la  cual ,  si  despreziarc  ,  i,  consi- 
derase ridicula,  como  lo  es  en  verdad  ;  ponién- 
dole una  mordaza  en  la  boca  ,  le  obligarán  a 

*    El  orij.— «aut  silentio  altius  lo(iui— :>  iaterrumpir  hablan- 
do Daturaliii«nte,  el  prufundo  silcnxio. 


126 

obedezer  ,  i  le  tendrán  por  rebelde  ,  i  por  im* 
pío  ,  despreziador  de  la  autoridad  de  los  Pa- 
dres ;  ni  hable  tampoco  sino  en  voz  mui  baja  ^ 
i  danle  ellos  muestra  del  lona  en  que  ha  de  ha- 
blar en  adelante.  I  esto  ,  con  dos  fines  prinzi- 
palmente.  Primero,  para  quitar  a  los  aflijidos , 
todo  jénero  de  solaz ,  como  ya  se  dijo  :  segun- 
do ,  porque  en  virtud  de  su  propia  esperienzia 
aprendieron,  como  taimados,  que  con  semejan- 
tes canziones  de  los  Salmos  ,  i  de  otros  lugares 
de  la  sagrada  Escritura,  se  consuelan  los  presos 
mutuamente  ,  se  exhortan  ,  i  alientan  la  casi 
muerta  fé  de  sus  compañeros  aun  estando  enzer- 
rados  en  prisiones  diversas  i  distantes  entre  si. 
Precaven  ,  ademas ,  los  Padres ,  con  este  si- 
lenzio,  que  los  presos  no  se  reconozcan  mutua- 
mente ,  por  el  canto  o  por  hablar  mas  alto.  * 
[Pues  suzede  muchas  vezes,  que  en  dos  o  tres 
años  ,  pasados  en  la  cárzel  Inquisitoria  ;  no  sa- 
be absolutamente  el  amigo  ,  de  su  amigo,  ni  el 
padre,  de  sus  hijos  ,  o  de  su  mujer  ,  presos  en 
la  misma  cárzel,  hasta  que  el  dia  del  espectácu- 
118  lo  *  se  ven  mutuamente].  I  he  aquí ,  la  razón 
prinzipal,  por  qué  una  de  las  preguntas  comu- 

*    Bastardilla  en  el  orijinal ,  lo  que  esta  entre  [  j. 


127 

%es  i  usadas  en  las  audienzias,  suele  ser  ;  si  los 
presos  se  hablan  unos  a  otros  desde  sus  respec- 
tivos enzierros,  o  si  uno  a  otro  se  conozen;  pues 
si  averiguaren  ser  asi ,  al  punto  los  mudan  de 
cárzel,  i  se  urde  luego ,  como  hebra  de  hebra  , 
*  una  nueva  pregunta  ,  de  qué  hablaron  ^  o  so- 
bre quié  se  advirtieron  mutuamente. 

En  fin  ,  es  tal ,  todo  el  tenor  de  vida  de  los 
presos,  que  los  que,  de  tanta  miseria ,  no  salen 
para  la  hoguera ,  por  lo  común  ,  o  suelen  espi- 
rar en  aquella  inmundizia  de  las  cárzeles  ;  o  , 
después  que  salen  ,  consumirse  por  el  terrible 
mal  que  llaman  Gálico  ,  vulgarmente  bubas  , 
contraído  por  la  corrupción  del  alimento  i  hu- 
mores ;  o  bien ,  caen  en  la  demencia  ,  por 
redundancia  de  atrabilis ;  o  bien ,  finalmente  , 
por  el  trato  pésimo  del  cuerpo,  quedan  propen- 
sos a  contraer ,  después  ,  estas  mismas  enfer- 
medades, u  otras  mas  graves,  en  las  que  consu- 
miéndose de  continuo  ,  arrastren  una  vida  cla- 
ramente miserable  ,  i  mas  dura  que  la  misma 
muerte.  De  muchos  ejemplos ,  que  de  la  Inqui- 
sizion  sola  de  Sevilla  ,  pudieran  aducirse  ,  para 
probarlo  ;  escojeremos   no  mas  de  uno ,  por 

*    El  Or.-«ut  pilum  expilo,  texitur,->etc.  tal  yez,  errata  pilum, 
porptítt«.  i  en  la  líoea  IS.-miserias-del  orij.  corr. -miseria. 


119*  juzgarlo  digno  de  referirse  en  todas  las  hís- 
lorlaB ,  como  ejemplo  raro  de  humanidad. 

Arribó,  haze  pocos  allos,  al  puerto  Gaditano, 
o ,  a  San  Liicar  (que  llaman^ ,  uoa  nave  inglesa. 
i  después  de  visitarla  ,  socolor  de  relijion  ,  los 
Familiares  Inquisitorios,  según  costumbre,  an- 
tes que  desembarcase  nadie ,  prendieron  a  al- 
gunos de  los  ingleses  que  en  ella  estaban,  por 
los  indizios  manifiestos  ,  que  dieron  ,  de  Evan- 
jélica  piedad ,  i  mejor  doctrina  :  i  se  los  llera- 
ron  a  la  cárzel.  Venia  en  aquella  nave  un  mu- 
chachito de  diez ,  o  a  lo  mas  ,  de  doze  afios . 
hijo  de  un  inglés  mui  rico  ,  como  que  a  él  per- 
tenezca (según  dezian)  la  parte  prinzipal  así  de 
la  nave ,  como  de  todas  sus  mercanzias. 

Entre  otros ,  cojieron  también  a  este  níDo. 
[Ei  prelesto  rus :  que  tenía  en  la  mano  un  libro 
de  los  Salmos  de  David  en  inglés ;  pero,  cuan- 
tos conozen  la  avarízia  i  perversas  mafias  de 
aquellos  ,  creerán  piadosamente  ,  sin  agravio 
alguno  de  la  Santa  Inquisizton  ,  que  *  el  ser 
olEiteadas  las  riquezas  paternas  ,  le  granjeó  al 
muchacho  el  cautiverio  i  cuantas  desgrazias 
después  se  le  siguieron.]  Secuestrada  pues  la 
que  <i9li 


129 
fiai^e  con  todas  su  mercanzias,  llevan  al  niño  , 
con  otros  cautivos  ,  al  alcázar  inquisitorio  de 
Sevilla,. donde  pasó  seis  u  ocho  meses. 

Pero  *  Dios  habla  injerido  tan  profundamen-  120 
te  en  el  tierno  corazón  de  aquel  jovenzito  la 
buena  doctrina  que  habia  rezibido  de  sus  pia- 
dosos padres,,  que,  aun  en  tan  durísimo  enzier- 
ro,  ien  aquella  tiernisima  edad  ,  con  tamaña 
afliczion  agoviado  ;  no  se  olvidaba  de  dar  ilus- 
tres testimonios  de  esa  misma  piedad ,  a  menu- 
do, en  particular,  por  mañana  i  por  tarde,diri- 
jiendo  oraziones  levantados  sus  ojuelos  al  cíe-* 
lo  ,  de  quien  le  habían  enseñado  a  esperar  i 
pedir  un  seguro  auxilio.  Veíale  algunas  vezes 
orando  de  esta  manera  el  mismo  alcaide  de  la 
cárzeU  i  en  lugar  de  avergonzarse  de  su  paga- 
nismo ,  i  confundirse  como  debiera  con  seme- 
jante ejemplo  de  piedad ,  puesto  ante  sus  ojos  , 
al  verle  levantar  los  suyos  al  cielo  ,  i  rezitar  , 
en  inglés  ,  i  eii  alta  voz  ,  piadosas  prezes  ,  o 
algún  Salmo  :  «éste,  dezia,  se  hizo  ya  un  insig- 
ne herejito.» 

Cumplido  ,  pues ,  en  aquella  cárzel  de  Ciclo- 
pes, el  tiempo  susodicho,  como  que  aquel  niño 

*    El  orij.— ocellis  ín  csBlum  sublatis... preces  fundeas. 


isn 

se  había  criado  con  todo  regalo  ,  en  la  casa  áh- 
su  padre  ;  ya,  por  la  humedad  de  la  cárzel ,  ya. 
por  el  malisimo  réjimen  de  vida  ,  cayó  grave- 
mente enfermo  :  visto  lo  cual  ,  mandan  los  se- 
ñores inquisidores,  que  le  saquen  de  la  cárzel  , 
i  le  lleven  ,  para  que  recobre  su  salud  .  al  Hos- 
121  pita)  *  de  estranjeros,  llamado  del  cardenal.  A 
este  hospital  *  acostumbran  llevar  a  cuantos 
acaeze  enfermar  gravemente  en  la  cárzel  inqui- 
sitoria; i  a  escepzion  de  los  medicamentos,  (que 
conforme  al  piadoso  instituto  del  Hospital  se 
les  suministran  con  abundanzia)  i  de  algún  ma- 
yor esmero  i  cuidado  di:l  cuerpo  según  la  enfer- 
medad, en  nada  se  afloja  el  rigor  de  la  cárzel  , 
puesto  que  fuera  del  médico  i  de  los  mozos  del 
Hospital  nadie  visita  al  enfermo.  Pero  si  llega  a 
aliviarse  un  poco  .  aun  no  restablezida  comple- 
tamente su  salud  ,  le  restituyen  a  su  antigua 
cáriel.  Asi  pues,  trasladado  el  niño  al  Hospital, 
si;  quedó  tullido  de  las  dos  piernas  por  causas 
lie  mas  grave  enfermedad  ,  contraidas  en  aque- 
lla prolija  i  bárbara  prisión  ,  sin  que  se  sepa  lo 
i|ue  después  leacaezió. 

Considere  ,  ahora,  i  juzgue  cualquiera  si  cor- 
^  *   leüodoctaiuin— paed«  irad.  úmp)eni«nie-baspiiBl.-l2l  lin. 


131 
respondía  a  la  piedad  de  los  Padres  de  la  fé  ,  el 
prozeder  con  tanta  inhumanidad  »  tratándose 
de  un  joyenzito  estranjero:  o  si  podrá  hallarse, 
aun  entre  los  Scitas  mas  ferozes  ,  un  modo  de 
obrar  tan  bárbaro ;  ya  que  no  se  haga  caso  del 
.enorme  latrozinio  del  barco  i  de  las  mercanzias. 
Casi  por  entonzes  mismo,  aprisionaron  en  la 
misma  cárzel,  a  uno,que  habiendo  abjurado  es- 
pontáneamente la  lei  Mahometana ,  con  el  fín 
de  hazerse  Cristiano  ,  habia  llegado  poco  antes 
de  Marruecos»  célebre  ciudad  de  la  Mauritania , 
i  capital  del  reino  ;  a  aquella  comarca  de  Espa- 
ña, que  pasado  el  estrecho  de  Hércules  cae  en^ 
frente  *  de  la  Mauritania.  Este,  como  quien  te-  122 
nia  aun  en  los  labios  la  leche  pestífera  con  que 
desde  la  cuna ,  durante  toda  su  vida  ,  se  habia 
alimentado  (i  acaso  sin  haber  gustado  todavía  , 
por  falta  de  maestro,  el  alimento  mas  puro  i  mas 
saludable,  del  cristianismo) ,  habiendo  hallado 

entre  los  Cristianos  mas  vizios  i  costumbres  mas 
corrompidas  ,  que  las  que  había  dejado  entre 
sus  Moros,  creyéndose  en  completa  seguridad  , 
i  poco  precavido  ,  por  lo  tanto ;  dijo  acaso,  que 
la  leí  de  los  Moros  (esto  es  ,  la  doctrina  de  su 
relijion] ,  le  parezia  mejor  ,  que  la  leí  de  los 
Cristianos.  Cayó  ,  por  esto  ,  en  manos  de  los 


132 

Padres  de  la  fé,  quienes  para  airaerle,sin  dud9> 
a  mejor  opinión  ,  usaron  con  él  de  tales  argu- 
mentos *  que  aun  en  las  mismas  prisiones  dijo 
paladinamente  ,  que  desde  el  dia  que  le  bauti- 
zaron ,  nunca  le  habia  pesado  el  ser  cristiano  , 
sino  después  de  estar  en  la  inquisizion,  en  don- 
de ,  contra  su  voluntad  ,  le  obligaban  a  ver  vio- 
lenzias  e  injurias  de  todo  jénero. 

123  *  VISITAS  DE  C.VRZELES 

Cin  todos  los  tribunales  ,  que  por  una  recta 
administración  dejuslizia  pretenden  adquirir 
una  gloría  verdadera  e  inmortal  en  todos  los 
siglos ;  con  el  fin  de  precaver  los  malos  trata- 
mientos ,  con  que  suelen,  o  pueden  ser  vejados 
los  presos ,  por  aquellos  a  cuyo  cuidado  fueron 
encomendados  ,  prevalezió  siempre  la  costum- 
bre de  establezer  las  que  llaman  Visitas  de  Cár- 
zeles,  i  de  que  se  hagan  a  menudo,  por  los  juezes 
superiores  ,  según  lo  pidiere  la  nezesidad.  Re- 
quiérelo así  la  misma  equidad^  la  misma  huma- 

*  El  orij. — ad...  mentem  revocanduin  eiasmodi  cathecbis- 
mo  erga  illum— etc.  tEn  la  paj.  122  lin.  9  del  orij.  dize— «cor- 
ruptiones»» — :  pero  estaría  met)or—<)orruptiores— «suprimida  la 
coma. 


Í33 
nidad,  el  buen  orden  de  las  cosas,  i  aun  la  mis- 
malei  divina ,  que  con  espezial  solizitud  .  reco  - 
mienda  por  esta  misma  razón  a  los  presos. 

I  asi ,  para  librarse  de  tantas  injustizias,  co- 
mo bemos  manifestado  ,  que  aflijen  a  los  presos 
en  la  Santa  Inquisizion  ,  fuera  de  las  que  aun 
ignoramos ;  un  solo  remedio  les  quedaba  (ad- 
líiertase  aqui  también  la  simulada  santidad  de 
los  inquisidores)  *  a  saber,  las  visitas  de  cárze-  \2A 
les :  que,  a  la  verdad,  tanto  mas  benignas  i  hu- 
manas ,  tanto  mas  consolatorias  ,  tanto  mas 
piadosas  ,  i  en  fin,  tanto  mas  equitativas  i  san- 
tas debieran  ser  ,  en  apartar  de  los  infelizes  los 
malos  tratamientos,  en  proveer  a  sus  nezesida- 
des,  en  castigar  a  aquellos ,  que  llevados  de  la 
avarizia  o  de  la  crueldad,  les  ocasionasen  algún 
daño  ;  cuanto  mas  excelente  desea  parezer  este 
Santo  tribunal ,  s(ri)re  todos  los  deroas  tribuna, 
les  profanos  ,  en  esos  plausibles  títulos  ,  i  aun 
en  esa  misma  santidad. 

Pero  ,  tan  lejos  está  de  ser  asi ,  que  mas  bien 
pareze  que  en  el  Santo  tribunal  las  visitas  de 
cárzeles,  de  propósito  i  con  un  cierto  estudiado 
designio ,  fueron  establezidas  para  otros  diver- 
sos i  contrarios  fines  :  de  manera  ,  que  el  dia 
en  que  duelen  hazerse ,  con  razón  puede  dezir- 


ge,  que  es  otro  día  de  tormeato  para  los  infelí- 
zes  presos ,  mas  bien  ,  que  de  remedio  a  sus 
trabaos.  '  [Apárele  estn ,  mas  claramente,  por 
el  mismo  orden  i  método  ,  que  en  las  tales  ri- 
sitas suele  siempre  observarse  ,  el  cual  vamos 
a  esponer.} 

Suelen,  pues  ,  los  mismos  inquisidores ,  ha- 
zer  estas  visitas  de  cárzel ,  acompañados  de  un 
notario,  o  escribano  .  i  del  alcaide  de  la  cárzel, 
una  o  dos  vezes  al  mes ,  por  lo  regular  en  do- 
mingo ,  o  en  algún  dia  de  fiesta.  Asi  que  entra 
125  el  seítor  Inquisidor  en  la  cárzel ,  *  pregunta  al 
preso  ,  con  otras  tantas  palabras ,  qué  tiene  : 
cómo  está  ,  o  si  le  falta  alguna  cosa  ;  si  le  trata 
bien  de  palabra  el  alcaide  de  la  cárzel .  (quiere 
dezir,  si  alguna  vez  le  ofendecon  palabras  inju- 
riosas ,  o  ásperas) ;  si  le  da  fielmente  la  razion 
señalada,  la  ropa  limpia .  i  otras  cosas  semejan- 
tes. Porque  ,  en  realidad  ,  de  él ,  nada  buen» 
tiene  que  esperar. 

Estos  son  los  capítulos  i  palabras  de  la  visita 
que  se  les  prescriben  como  con  tasa ,  a  los  que 
ni  añaden  mas  ,  ni  tampoco  aprovechan.  Si  el 
preso  está  semi-desnudo ,  o  le  falta  cama  ;   i 

'    En  el  onj.  Uira  bagUrdiUa,  lo  qae  vi  en  {    ] 


i 


135 
ruega  que  se  provea  a  su  índijenzia  ;  tienen  una 
respuesta  ya  inverniza  o  ya  veraniega ;  esto 
es  ,  que  puede  servirle  al  preso  ,  asi  en  el  vera- 
no como  en  el  invierno,  en  lugar  de  aquello  que 
pide.  En  verano  ,  la  respuesta  veraniega  es  el 
dezir  ,  con  mui  blandas  palabras ,  como  a  pa- 
dres corresponde ;  «ahora,  haze  calor,  bien  po- 
drás vivir  sin  vestido  o  sin  cama.»  Pero  en  el 
invierno ,  la  inverniza  respuesta  es  ésta  :  «a  la 
verdad ,  estos  dias  echóse  enzima  el  frió  ;  pero 
ahora,  ya  se  mitigará  el  tiempo  ,  con  las  lluvia» 
que  han  caido :  curaos  vosotros  del  vestido  del 
alma ,  que  consiste ,  en  declarar  la  verdad  ^  i 
en  descargar  vuestras  conzienzias  en  este  Santo 
Tribunal ;  pues  eso  es  de  lo  que  prinzipalmente 
os  debéis  cuidar.»  *  [I  con  esto ,  se  salen  ,  pro-    126 

veyendo  sin  duda  deesa  manera,  ala  nezesidad 
de  los  presos  ,  azerca  de  la  cual ,  no  obstante  , 
al  prinzipio,  *  por  mofa,  preguntaron.]  Luego, 
aunque  todos  los  dias  se  visitasen  las  cárzeles  , 
he  ahí  el  consuelo  que  de  los  padres  habria  de 
rezibir  el  infeliz  preso  en  sus  nezesidades.  Ver- 
dad es  sin  embargo  que  los  favorezidos  algo 
suelen  rezibir:  pero  no  es  difizil  conozer,  quié- 

•    El  ory. — inletrogaraiU  {irrisores)  egrediuntw,   [    ]  Bas- 
tardilla.. 


136 

nes  sean  los  tales  favorezidos  ,  donde  preside» 

la  inhumanidad  i  avarizia. 

Cuando  alguno  de  los  presos  dado  a  las  le- 
tras, u  otro  cualquiera  ,  suplica  que  se  le  fazi- 
lite  algún  buen  libro,  o  la  sagrada  Biblia  ,  con 
cuya  lectura  ,  pueda  engañar  con  algún  fruto 
el  tiempo  ,  lleno  en  si  de  tedio  ,  de  angustias  i 
molestias;  aquella  misma  respuesta  que  rezibió 
el  desnudo  o  descubierto,  en  lugar  de  vestido  o 
de  abrigo;  se  le  aplica  a  éste,  en  lugar  del  libro. 
Pues  ,  entonzes ,  le  responderá  con  censoria 
gravedad  el  señor  inquisidor :»  que  el  verdade* 
ro  libro  ,  es  declarar  la  verdad  ^  i  descargar  su- 
conzienzia  en  aquel  Santo  Tribunal ,  i  que  a  ese 
libro  debe  aplicarse ,  *  para  que  repasando  fiel- 
mente de  continuo  todas  las  cosas  en  su  memo- 
ria ,  las  manifieste  al  punto  a  sus  superiores 
quienes  proporcionarán  al  instante  el  remedio 
a  su  ánimo  desfallezido  ;  i  que  este  es  el  verda- 
127  dero  libro  etc.»  I  si  "^  en  aquella,  o  en  otra  visi- 
ta ,  el  preso  perseverare  aun  importuno  en  lo 
mismo  ,  oirá  con  imperio,  que  calle ,  por  cuan- 
to, si  él  a  su  plazer  pide  ,  también  ellos  conze- 
derán  o  negarán  ,  según  mejor  les  plazca.  En 

•    El  orij.— inque  eo  libro  iocumbendum  esse,— etc. 


137 
tsuma.  Pareze  que  con  singular  i  estudiada  dili- 
jenzia ,  procuran  que  el  preso  no  tenga  ,  fuera 
de  su  présente  calamidad  ,  ninguna  otra  cosa 
que  pueda  contemplar  ,  para  que  también  por 
este  medio  redoblándose  la  afliczion,  le  obligue 
a  someterse  ,  en  lo  posible  ,  a  sus  deseos. 

Si ,  por  ventura  ,  el  preso  tiene  fuera  de  la 
inquisizion  ^  algunos  amigos  o  parientes  ,  que 
puedan,  de  cualquier  modo  aliviarle  en  su  aflic- 
zion,,  ocüpaUse  estos  a  vezes ,  en  preparar  al- 
gunos regalillos  con  que  ablanden  la  crueldad 
de  los  inquisidores  ,  para  que  ,  al  menos  ,  su 
preso  no  sea  tan  indignamente  tratado.  Pero  la 
dificultad  está  solo  ,  en  que  ellos  los  quieran 
rezibir.  Verdad  es>  que  cuando  se  trata  de  ob- 
sequiar con  semejantes  regalos  a  alguno  de  los 
ministros  de  la  Inquisizion  ,  que  no  sea  el  mis- 
mo Inquisidor ,  ninguna  dificultad  hai ,  puesto 
que  fazilmente  se  dan  i  se  rezíben  ,  con  tal  que 
se  haga  o  a  escondidas,  o  de  noche.  Pues  fazil- 
mente se  dejan  sobornar  con  regalos  los  minis- 
tros de  esa  esfera. 

*  En  cuanto  a  los  mismos  señores  inquisido- 128 
res ,  hai  mayor  dificultad,  i  aun  es  del  todo  im- 
posible, si  hubiésemos  de  atenernos  a  sus  res- 
puestas. Tales  son  :  que  aquel  Santo  Tribunal, 


158 

es  un  iribunal  incorruptible  ,  que  de  ningún 
modo  consiente  se  reziban  regalos  de  ninguna 
espezie,  ele.  A  la  verdad,  como  semejantes  res- 
puestas no  salen  del  corazón ,  cuando  tanto  se 
disculpan,  clanmente  muestran,  que  no  desean 
otra  cosa.  I  nunca  le  falta  al  seftor  inquisidor  , 
en  su  servidumbre  ,  algún  sobrino  por  a  parte 
de  su  hermano  o  hermana  ,  o  al  menos  algún 
fámulo  muí  amado,  a  quien  se  deba  contemplar 
igualmente ,  que  a  él  mismo ,  ni  tampoco ,  al- 
guno entre  los  criados,  que  intervenga,  cuando 
altercan  el  sobornante  i  el  inquisidor ,  i  que  al 
que  en  aparíenzia  fué  venzido,  i  sufrió  comple- 
ta repulsa  ,  le  abra  luego  un  resquizio  de  indu- 
dable victoria  ,  azercándose  poco  después  a  él , 
i  seftalandole  con  el  dedo  al  sobrino  del  señor 
inquisidor,  b  aun  sin  venir  a  cuento.  Entonzes, 
el  que  antes  habla  tentado  en  vano  ,  con  algún 
r^alo,  la  integridad  del  Santo  Tribunal ,  si  no 
es  un  zoquete ,  fazümente  conoze ,  que  aquel  es 
el  rezeptáculo  de  la  cosa  ofrezida  ,  i  entiende  , 
para  si  lo  dicho. 

a  El  orij.— in  suo  ramalilio  Büqaii  ii  fralre  anl  sorme  oe- 
pos  .—etc.  I  «lude,  a  loi  hiji»  de  sus  Binia.  Gn  nul  latín,  o  ba- 
jo leUnidtd  nepos,  ea  lobnno. 

rem,  digilo  Úli  asieodeas.— No  té  si  eslá  bien  Irtiluiido  el  am- 


139 
Por  este  medio  ,  al  fin  ,  reziben  los  infelizes 
|)resos  alguQ  consuelo  ,  por  donde  también  se 
-echa  de  yer  bastante  *  que  espíritu  gobierna  al  i  29 
Santo  Tribunal,  cuando  para  obrar  algo  que 
pertenezca  a  la  yirtud,  solo  la  avarizia,  alcanza 
indudablemente ,  lo  que  nunca  conseguiría  por 
si  sola  la  virtud. 

DEL  AUTO  DE  FÉ. 

fiesta ,  ahora ,  que  vengamos  al  desenlaze  i 
catástrofe  de  la  trajedia.  Esta  es  la  última  ac- 
zion  del  Santo  Tribunal ,  en  la  que  ,  asi  a  las 
prolongadas  congojas  de  los  presos ,  como  a  los 
fraudes  ,  ardides ,  estratajemas ,  i  crueldades 
inquisitorias,  suele  al  fin  ponerse  el  término 

deseado  por  unos  i  por  otros.  Porque  en  ella , 
se  publican  las  sentenzias  de  las  causas  que  en 
el  largo  transcurso  de  días  ,  i  aun  de  años ,  se 
trataron  en  el  Santo  Tribunal,  i  ésto  en  medio 
•de  tan  numerosa  concurrencia  de  todo  el  pue- 
blo ,  cual  no  vio  ,  hasta  el  presente,  edad  algu- 
na ,  ni  aun  en  el  Olimpo  mismo. 
*  Llámanla  aczion  o  acto  de  fé,  (vulgarmente 

*    El  orij.— «ActioDem  sive  Actum  fidei  (Auto  vulgo  vo«ant,)* 


14Q 

ñuto,)  i  no  sin  razón  ,  puesto  que  en  ese  acto , 
esplorada  basta  las  hezes  la  fé  de  los  cautivos  , 
se  pone  de  manifiesto  cual  realmente  es  en  si , 
ya  negando  en  público  i  solemnísimo  testimonio 
130  la  verdad  de  Dios  ,  ya  *  confesándola  valerosa- 
mente en  la  misma  solemnidad,  a  vista  de  todo 
el  pueblo ,  que  a  porfia  ,  concurre  al  espectácu- 
lo. Interpreten  como  quisieren  su  nomenclatu- 
ra los  Padres  de  la  fé :  nosotros  admitiremos  la 
interpretazion  ,  que  sea  mas  conforme  a  los  di- 
vinos designios. 

Tiene  esta  aczion  sus  ciertos  aczesorios  ,  o 
por  mejor  dezir,  tiene  esta  Pascua  del  Pueblo 
de  Dios  (o  sea  tránsito  desde  Ejípto  a  aquella 
tierra  prometida  ,  desde  el  mundo  al  Padre)  su 
Parasceve,  esto  es,  su  preparazion.  Juan  13. 1. 
Pocos  dias  antes  de  esta  fiesta,  suelen  los  seño- 
res inquisidores  llamar  al  tribunal  a  todos 
aquellos ,  (pero  separadamente)  cuyos  bienes 
todos  por  su  juizio  aplicaron  al  Fisco:  i  les  pre- 
guntan ,  qué  bienes  tienen,  i  en  dónde ,  advir  - 
'  tiéndeles  seriamente ,  que  no  oculten  nada  ,  de 
lo  contrario  .  si  después  se  averiguare  ,  que  se 
guardaron  algo  de  lo  suyo  ,  babrán  de  ser  res- 
ponsables de  burto,  i  pagar  la  pena  de  tal  deli- 
to ,  aquellos  en  cuyo  poder  fuere  aprehendido. 


141 
Con  que,  ademas  de  aquellos  a  bienes  muebles, 
que  según  arriba  dijimos  ,  cayeron  en  secues- 
tro ,  al  entrar  en  la  cárzel,  después  de  "declarar 
todos  los  que  tienen,  i  de  incluirlos  en  los  libros 
del  Fisco ,  los  remiten  *  a  sus  enzierros  ,  sa-  \^\ 
biendo  a  no  dudar ,  ya  que  respecto  a  la  vida 

no  sepan  su  suerte  ,  que  a  lo  menos  ,  de  alji , 
han  de  salir  completamente  desplumados. 

Una  Parasceve  hai  mas  inmediata  i  mas  pro- 
pia de  la  Pascua  ,  i  es  que  la  víspera  del  dia  de 
la  fiesta  ,  ya  cerca  del  anochezer  ,  mandan  con- 
gregar, en  una  vasta  prisión ,  o  sala ,  a  todos 
los  hombres  que  al  dia  siguiente  han  de  salir  al 
espectáculo  de  los  diversos  jéneros  de  peniten- 
zias  ,  que  no  sean  de  muerte.  Penitenzias  ,  lla- 
man comunmente,  a  las  multas,!  castigos  de  los 
reos ,  tomando  pi*estada  la  nomenclatura  ,  co- 
mo es  manifiesto  ,  de  la  costumbre  de  la  anti- 
gua iglesia.  En  otra  prisión  de  igual  forma  , 
congregan  a  las  mujeres.  "Mas ,  a  los  que  han  de 
sufrir  la  pena  de  muerte  ,  se  les  reinstala  por 

separado ,  a  cada  uno  ,  en  sendos  calabozos  ;  i 
a  las  nueve  ,  o  a  las  diez  de  la  noche  ,  se  les  en- 
via  a  cada  uno  de  ellos  ,  un  b  dérigo  de  misa  , 

a    El  orij.-eas  domeslicas  opes,  etc. 

b    El  orij.-mitlitur-sácriflcus-etc:    id.    Ponilcntias-err.    por- 
pnenit.-paj.  131  Un.  11. 

L 


i 


142 

que  le  «nunaie  su  funesta  suerte  ,  i  al  mismo 
tiempo  le  confiese.  En  este  tranze ,  aquel  a 
quien  Dios  conzeilió  ser  de  un  ánimo  constante 
e  inespugnable ,  haze  brillar  los  últimos  res- 
plandores de  BU  ré  ,  para  vergüenza  de  su  con- 
fesor i  de  toda  la  corte  infernal. 

Pero  ,  en  contra  ,  el  que  hasta  aquel  punto 
no'fué  constante ,  nt  lo  es  eotonzes,  tiene  toda- 
vía lugar  de  volver  en  si ,  i  rezilnr  del  Padre  de 
las  luzes,  *  esos  singulares  dones  de  constanzia 
Cristiana.  Unos  i  otros  hablan,  a  grandes  vozes, 
con  sus  confesores ,  aquellos  defendiendo  vale- 
rosamente BU  fé  ,  en  tiempo  de  aquella  peligro- 
sísima *  oportunidad ;  estos ,  altercando  sobre 
su  muerte ,  vana  e  ínatilmente.  Pero,  ninguno 
hai ,  de  los  unos  i  de  tos  otros ,  que  no  tenga 
harto  que  hazer  aquella  noche ,  cuando  sin  du- 
da es  grande  la  tentazion  ,  espezialmenle  por 
la  suma  flaqueza  de  la  carne  ,  i  por  no  sosegar 
entretanto  Satanás.  Sin  embargo  ,  debemos 
también  tener  por  iodudable ,  que  el  Padre  Ce- 
lestial ,  no  se  olvida ,  en  aquella  hora ,  de  los 
suyos.  Bien  se  muestra  ,  que  esta  noche  de 
combate  para  bub  miembros  ,  no  sin  propiedad 

■    El  Ut.-'in  anicols  Ulo  tcmporis  loi^e  perículoiissiaa  ctc- 


143 
puede  compararse ,  con  aquella  de  combate  pa- 
jra  el  Señor ,  así  en  la  congoja  de  los  pazientes , 
como  también  en  el  consuelo  enviado  del  cielo. 
Al  luzir  la  mañana  ,  todos  los  ministres  i  fami- 
liares de  la  Inquisizion  ,  que  ,  desde  temprano, 
acudieron  para  el  solemne  sacrifizio ,  cada  cual 
a  su  menester ;  atavian  cuidadosamente  a  todos 
los  que  han  de  salir  al  espectáculo,  según  pres- 
<;ribe  la  sentenzia  de  cada  uno.  Los  que  defen- 
dieron constantemente  su  fé ,  contra  impíos 
embustes ,  hasta  la  misma  hoguera ;  llevan  un 
Sambenito,  que  es  una  vestidura  de  color  ama- 
rillo ,  sin  mangas,  *  pero  muí  parezida  a  un  sa- 
jo ,  a  salpicada  toda  de  negras  imájenes  de  de- 
monios, de  las  que,  en  señal  de  victoria ,  triunfa 
sin  duda ,  el  magnánimo  soldado  de  Cristo. 
En  la  cabeza  llevan  una  tiara  de  papel ,  pro- 
longada ,  a  manera  de  torre  ,  con  la  efijie  del 
sujeto  ,  ardiendo  en  una  hoguera ,  i  rodeado  de 
Tarios  h  demonios  ,  en  ademan  de  echar  leña  al 
fuego.  A  mi  ver,  es  esta  una  espezie  de  milizia, 
i  las  mismas  batallas  i  enemigos,  a  quienes  glo- 
riosamente venzió  ,  están  allí  representados  pa- 
ra la  mayor  gloria  del  triunfo. 

ti    El  orij.-«paludainento  persimili-»-8ayo,  o-sobreveste. 
b    Demonios.-£i   orij.-malis  g«niis:  i  mas  arriba-malorun  ge- 
ritorum. 


133 


i44 

Llevan  ademas  las  lenguas  fuertemente  suje- 
tas ,  i  con  gran  tormento  suyo ,  en  unos  ^uros 
frenos  de  maderas  » (que  llaman  mordazas  ,  sin 
duda  de  morder , )  para  que  no  puedan  atesti- 
guar su  inocenzia  i  fé  ,  delante  del  pueblo  ,  en 
alabanza  de  Dios :  i  los  cuellos,  atados  con  unas 
sogas  de  esparto  mui  largas  i  nuevas  ,  por  las 
manos  antes  mui  bien  ligadas ;  con  lo  cual ,  a 
mi  juizio,  atestigua  el  ya  benemérito  soldado , 
que  quiere  comparezer  en  el  tribunal  de  Dios 
sin  fiar  nada  en  mérito  de  sus  obras,  antes  bien 
estribando  en  la  sola  inefable  bondad  i  clemen- 
zia  de  Dios ,  por  cuya  confesión  va  luego  a 
arrostrar    jenerosamente    una    amarguísima 
134   muerte :  *  o  que  ,  si  quiere  conformar  *  estric- 
tamente a  su  lei  aquellos  tan  gloriosos  bechos 
con  que  ya  ilustra  su  nombre,  no  le  queda  otro 
medio  que  una  horca  ,  como  si  fuese  un  vilisi- 
mo  ladrón.  Coronado,  pues ,  con  tales  preseas, 
sale  el  Fiel ,  primero  al  teatro  ,  después  a  la 
hoguera.  Mas  los  que  negando  torpemente  la 
verdad  de  Dios  ,  pusieron  en  los  padres  la  es- 
peranza de  su  salvazion  ,  habiendo  no  obstante, 
de  sufrir  la  pena  de  muerte,  son  del  mismo  mo- 

*    El  oríj.  qai  Tel  si  illa  adeo  gloríosa-etc. 


145 
do  alaviados ,  quitando  solo  las  imájenes  de 
diablos  ,  en  euyo  lugar  les  ponen  en  las  manos 
la  imájen  de*  la  cruz  entre  las  mismas  ligadu- 
ras ,  para  que,  asi  como  los  otros  llevan  delan- 
te de  si  las  insignias  de  su  fé  i  fortaleza ;  lleven 
estos  también  ,  delante  ,  las  de  su  cobardía  i 
perfidia.  Todos  los  demás  salen  con  estas  mis- 
mas divisas  señalados  ,  mas  o  menos  ,  según  le 
parezió  al  Santo  Tribunal  denigrarlos  ,  mas  o 
menos ,  delante  del  pueblo. 

Llegada  la  hora  de  sacarlos  de  la  fortaleza  de 
la  carzel,  aparenta  el  Santo  Tribunal  desplegar 
toda  su  Caridad  i  clemenzia  para  con  ellos^  ante 
el  puebFo  ya  reunido.  *  Paramentados  de  esta 
manera  todos  los  presos  i  colocados  ,  por  su  or- 
den, para  ir  en  la  procesión,  mandantes  parar, 
e  inmediatamente  les  presentan  una  espezie  de 
almuerzo  esplendidísimo  ,  de  *  gallinas  i  cabri-  135 
tos  asados,  i  con  semejante  engaño,  no  solo  per- 
suaden al  vulgo  de  que  en  la  prisión  fueron  tra- 
tados del  mismo  modo  ,  sino  que  también  , 
compensan  a  los  mismos  presos  la  pasada  amar- 
gura de  la  carzel.  Pero  los  infelizes  están  eu- 
tonzes  en  tal  disposición  ,  que  no  hazen  gran 

'    El  (Mrij.  persoBatis-,  q.  d.  vestidos  de  representautes. 


146 

gaito  de  los  manjares ,  i  suzede  por  lo  reguFar* 
que  arrebatando  las  viandas  de  manos  de  los 
presos ,  sin  que  nadie  se  lo  estorbe ,  suelen 
aprovecharse  de  aquella  esplendider.lo»' mismo» 
asesinos  familiares ,  que ,  como  luego  diremos, 
cierran ,  de  dos  en  dos  ,  entrambos  lados  de  ca*^ 
da  uno  de  los  presos  para  custodiarle. 

A  la  verdad ,  es  tal  el  aparato  i  pompa  con 
que  en  aquel  triunfo  se  prozede,  que  ni  Pérsica 
pompa,  ni  Romano  triunfo ,  hubo  jamás  ,  que 
con  éste  pueda  bien  compararse.  En  primer  lu- 
gar ,  van  los  niños  de  la  Doctrina  (esto  es  ,  del 
colejio  en  que  enseñan  a  los  niños  que  recojen), 
los  cuales  ,  ya  por  el  traje  ,  ya  por  el  canto,  ya 
por  el  orden,  con  que  los  hazen  ir  algunos  clé- 
rigos vestidos  de  sobrepellizes  ,  infunden  devo- 
zion.  Las  canziones  son  las  Letanías  de  los  san- 
tos, alternadamente  repetidas  por  un  coro,  que 
a  su  vez  responde — 'ora  pro  illis'  (ruega  por 
ellos).  A  esfos,  siguen  inmediatamente  los  mis- 
mos presos  y  que  vulgarmente  llaman  Peniten- 
ziados  ,  dispuestos  a  manera  de  clases  por  este 
orden. 

Ocupan  el  primer  lugar  ,  después  <ie  los  ni- 
ños, los  que  fueron  notados  con  mas  leves  cen- 
136   suras.  *  En  estos  las  insignias  de  su  pecado  sue- 


147 

len  ser  ,  las  velas  oo  encendidas  ,  las  sogas  ata- 
das al  cuello  ,  los  bocados  (mordazas)  de  made- 
ra, las  tiaras  de  papel.  Van  con  las  cabezas  des- 
cubiertas, a  no  ser  que  se  las  cubra  la  tiara  ,  i 
sin  capa ,  a  manera  de  siervos  ,  los  que  por  la 
calidad  de  sus  linajes  ,  i  riquezas ,  se  aventajan 
a  sus  compañeros  :  siguen  detras  los  mas  inno- 
bles. Después  de  estos  ,  van  los  que  se  distin- 
guen por  los  Sambenitos,  esto  es^  por  aquellos 
sacos  militares  *  partidos  trasversalmente  por 
la  cruz  roja ,  observadas  las  calidades  mismas 
de  las  personas  ,  como  anteriormente  ,  los 
que,  en  las  órdenes  sagradas,  se  contami- 
naron, prezeden  en  dignidad,  i  por  consiguien- 
te también  en  lugar  ,  a  los  demás  de  su  clase. 
A  estos  ,  sigue  la  terzera  i  última  clase  ,  a 
saber  la  de  los  destinados  a  la  hoguera  :  de  los 
cuales  ,  los  que  repudiando  !a  verdad  de  Dios  i 
abrazando  en  su  lugar  la  mentira  ,  apelaron  a 
la  misericordia  de  los  hombres,  prezeden,  con 
razón,  a  los  mas  constantes,  los  cuales,  coloca- 
dos en  el  último  lugar  de  toda  la  falanje ,  aun 
siendo  arbitros  los  mismos  Inquisidores ,  les 
cupo  en  suerte,  el  lugar  mas  digno  de  su  vir- 


*    El  orij.— in  transversum  dissecatis— :  creo  hai  errata,  por 
dissectis. 


148 

ttid  i  de  su  fé.  A  cada  udo  de  los  presos ,  acoiU' 
paAan  dos  taniiliares  armados  para  custodiarle, 
uiio  a  cada  lado  ,  i  ademas ,  dos  frailea,  o  teati- 
nos  ,  quo  llaman ,  para  jiersuadir  con  b)daB  sus 
fuerzas  a  cada  uno  de  los  que  van  a  morir,  que 
]37  no  se  mantenga  *  ya  al  fin  de  su  vida  eD  [a  ver- 
dad de  Dios ,  en  que  TueroD  ensenados  ,  siendo 
esta  impía  importunidad  ,  el  mayor  tormento  a 
mí  juizio  que  pueda  patlezer,  el  que  permanezíó 
firme  en  la  verdad  de  Dios. 

Tras  del  gremio  de  cautivos,  que,  según  cos- 
tumbre del  triunfo,  con  razón  debió  ser  el  pri- 
mero, sigue  todo  el  ayuntamiento  de  la  Ciudad, 
con  los  Alguaziles ,  los  Jurados,  los  Veinticua- 
tro  Rejidores ,  los  a  Oidores  ,  el  Rejenle  i  el 
el  mismo  6  Pro-reí ,  o  Asistente,  acompasados 
de  una  turfia  numerosa  de  caballeros  nobles. 
Después  ,  sigue  el  Estado  Eclesiástico,  en  cuyo 
orden  ocupan  el  primer  lugar,  los  clérigos,  be- 
nefiziados  i  curas.  E\  segundo ,  todo  el  capítulo 
del  templo  prinzipal ,  o  sea  ,  el  cabildo  de  la 
iglesia  mayor.  Ocupan  el  terzer  lugar,  los  Aba- 
des ,  i  Priores  de  las  órdenes  monásticas ,  con 
sus  compañeros. 

a    Elorij.— Prnloribuicuriilibui. 

b   El  arlj,.,pronge>;-El  A>itt«i]ta,  «n  cnSerilla,  It  prínuí 


149 
Después  de  todos  estos  ,  el  Santo  Tribunal  , 

a  quien  para  mayor  honrra  prezeden  ,  cuyo 
triunfo  aquel  dia  es  completo  ;  se  deja  vazio  un 
tanto  de  espazio,  donde  ocupa  el  lugar  de  Alfé- 
rez ,  con  fausto  propiamente  militar  ,  el  Fiscal 
inquisitorio»  como  quien  no  poco  ayudó  al  San- 
to Tribunal  en  preparar  aquella  victoria ,  lle- 
vando delante  desplegado  un  estandarte  de  da- 
masco encarnado.  Es  el  estandarte  una  obra 
primorosamente  recamada  ,  en  que  se  ven  ,  en 
un  *  lado  las  armas  del  Papa  ,  que  conzedió  la  158 
Inquisizion  i  un  letrero  con  su  nombre  ,  en  el 
otro ,  las  del  Rei  Fernando  ,  que  la  introdujo 
el  primero  en  el  mundo.  Trabajado  todo  con 
mucha  seda,  oro  i  grana. 

En  lo  alto  de  este  pendón  está  fijada  una  cruz 
de  plata  sobredorada  de  gran  valor  ,  con  su 
crucifijo ,  a  la  que  sobre  todas  las  otras  ,  mira 
con  cierta  venerazion  singular  ,  i  sigue  de  cer- 
ca ,  la  turba  superstiziosa ,  solo  por  ser  de  la 
Inquisizion.  Siguen  por  último  ,  los  mismos 
Padres  de  la  fé,  a  paso  lento,  i  sumamente  gra- 
ve ,  en  realidad  triunfantes  ,  cual  corresponde 
a  los  prinzipales  capitanes  de  aquella  victoria. 
En  seguida,  van  los  Familiares  todos,  de  la  San- 
ta Inquisizion  ,  a  caballo,  cual  en  otro  tiempo, 


1^ 

era  de  veree  a  los  soldudos  ,  en  los  triunfos  Ro- 
manus .  ir  todos  en  poe  de  sus  iriunfaules  capi- 
tanea. Sigue  a  éstos  ,  la  multitud  de  plebe  i  vul- 
go inumérable  sin  nombre  i  sin  orden  alguno. 

Con  esta  pompa  van  desde  la  cárzel  inquisi- 
toria ,  basta  un  teatro  de  madera  elevado  i 
costoso,  que  se  fabrica  en  la  plaza  mas  concur- 
rida i  capaz  de  la  ciudad  ;  para  ser  puestos  cu 
espectáculo  los  penitentes,  i  oir  sus  seiilenzias- 
Eu  este  teatro  los  hazcn  sentarse  por  el  mismo 
159  orden  *  con  que  vinieron.  Ilai  ademas  otro  tea- 
tro de  tamaño  casi  igual  al  primero,  i  enfrente 
de  él ,  en  el  que  se  levanta  el  tribunal  de  los 
Señores  Inquisidores  ,  donde  se  sientan  con  su 
inquisitoria  i  casi  divina  majestad,  rodeados  de 
todoaquel  fausto  con  que  vinierouacompañados. 

Creeriamos  ajeno  de  nuestro  propósito  ,  el 
detenernos  un  momento  a  comparar  este  trtun- 
íii  de  nuestros  enemigos ,  con  aquellos  piadosos 
espectáculos  de  las  penitencias  públicas  ,  que 
en  la  Primitiva  iglesia  solían  presentar  ios  pia- 
dosos obispos  i  pastores  de  ella  :  en  los  cuales  , 
nada  habia,  que  no  respirase  pura  piedad  i  san- 
tidad, i  un  deseo  ardiente,  i  nada  afectado  ,  del 
remedio  i  salud  de  los  penitentes  :  en  cuyo  nú- 
mero, nadie  entraba  ,  que  aunque  saliese  cu- 


15t 
bierto  de  rubor  ,  no  saliese  también  Heno  de 
consuelo.  Pues »  solo  era  vergonzoso  el  haber 
pecado,  pero,  en  el  mismo  remedio  i  medicina, 
que  sus  pastores  aplicaban  a  la  enfermedad  , 
esperimentaba  realmente  un  verdadero  reme- 
dio de  ella ,  un  firme  i  sólido  consuelo  ,  i  *  un 
restablezimiento  de  su  quebrantada  i  ulzerada 
conzienzia.  I  no  triunfaban  en  aquel  dia  los  que 
con  su  censura  le  castigaban.  *  Ni  sacaban  de  ^^^ 
su  arca  trajes  mas  lujosos  con  que  salir  vesti- 
dos en  señal  de  triunfo  i  alegría. 

Presentábanse  cubiertos  con  vestidos  de  lu- 
to ,  asi  ellos  como  la  iglesia  toda  ,  dando  a  en- 
tender con  aquel  doloroso  i  fúnebre  espectácu- 
lo ,  que  les  llegaba  al  corazón  ,  la  desgrazia  de 
sus  hermanos  :  i  aun  ,  no  una  vez  sola  ,  suze- 
dia,  que  los  mismos  censores,  derramasen  mas 
abundantes  lágrimas  ,  que  los  notados  por  su 
censura  ,  por  cuanto  los  pastores  se  dolían  sin 
fíczion  alguna ,  de  la  deshonrra  que  justamente 
recaía  en  aquellos  ,  por  su  error.  Ni  tampoco 
era  nadie  sacado  entonzes  a  muerte,  mas  o  me- 
nos amarga  ,  o  blanda  ;  ni  a  rezibir  azotes  de 
tal  modo  fuertes  ,  que  por  los  cardenales  se  en- 

*    El  Orij.  •  ««onscíentisB . .  coosolidatioorem.» 


k 


trevíesen  los  liueBOs;  ni  a  que  perdiesen  su  bue- 
na fama  para  coo  el  vulgo  ,  ellos  i  toda  su  |)03- 
teridad;  sino  a  recobrar  el  erudito  perdido  por 
su  delito,  para  con  la  iglesia.  Has  a  ninguno  de 
los  pastores  le  venia  ,  por  conQscazion  ,  ganan- 
£ia  alguna  ;  'ui  se  hallaba  en  su  mano  el  copo 
del  vellón  de  su  oveja  ,  ai  en  su  casa  ,  algo  del 
despojo  del  pobre.  *  Eceq.  51-°  S<  Isaías  S.°  14 
;Ay  de  los  pastores!»  etc. 

Pero  aunque  esta  justbinra  queja  sea  quizá 
mas  oportuna  en  otra  ocasión  ,  nos  pareiió  tra- 
zar ai|ui  estas  toscas  lineas  sin  *  orden  alguno, 
para  que  aquellos  ,  a  quienes  en  medio  de  tan 
^'laii  desvario  de  casi  todas  las  clases,  queda  un 
tanto  de  sentido  común,  empiezen  al  menos  a 
observar  ,  cual  sea ,  en  efecto  ,  la  diferenzia  , 
entre  este  triunfo  .  cen  tanto  aparato  i  alegría 
celebrado  ,  í  aquellas  penitenzias  públicas  de  la 
antigua  iglesia,  de  cuya  conservazion  se  jacta, 
con  ahinco,  el  Santo  Tribunal. 

Sentados ,  pues,  todos ,  por  su  orden  empie- 
za uno  el  estudiado  sermón  ,  que  entonzes  se 
liaze  en  alabanza  del  Santo  Tribunal  ,  i  confu- 

-    Hdh  LiiMi  G3  la  rcfereniii ,  a  toda  el  cap.  iniv  du  Ecuii 


155 
Uzioa  de  las  herejias ,  que  áizense  castigan  en 
aquel  lugar  :  pero  la  mejor  parte  de  aquel  ser- 
món ,  suele  prinzipalmente  emplearse  ,  en  lle- 
nar a  los  infelizes,  de  injurias  i  de  improperios 
i  en  añadir  afliczion  a  los  aflijidos.  I  si  éstos,  al 
verse  allí ,  hechos  espectáculo  de  ignominia  ,  i 
blanco  de  afrentas,  pareze  que  llevan  con  ánimo 
tranquilo  los  trabajos  presentes;  es,  sin  duda,  o 
porque  paran  aquellos  golpes  con  el  escudo  im- 
penetrable de  la  fé  ;  o  porque  los  prezedentes, 
ocupando  por  el  largo  padezer  todo  su  ánimo  , 
no  dejan  sentir  los  presentes. 

Acabada  ,  en  fin  ,  aquella  consolatoria  aren- 
ga, comienzan  a  leerse  las  sentenzias  de  los  pe- 
nitenziados  *  por  el  mismo  orden  con  que  es- 
tan  sentados  ,  o  con  que  vinieron  ,  es  dezir,  em- 
pezando los  lectores  ,  por  los  que  han  de  ser 
notados  con  mas  leves  censuras.  Esta  parte  del 
Auto  ,  es  larga  ,  i  la  prinzipal ;  i  requiere  ,  por 
lo  tanto  ,  una  observación  peculiar ,  i  algo  mas 
detenida  ,  pero  en  su  lugar.  Leidas  las  senten- 
zias ,  entona  el  primer  Inquisidor  algunas  pre- 
zezillas  por  los  convertidos  (según  ellos  los  lla- 
man) ,  que  ,  no  obstante  ,  han  de  sufrir  la  pena 
de  muerte.  En  ellas  ,  ruega  a  su  Dios  ,  que  les 
conzeda  su  gracia  ,  para  que  perseveren  i  mue- 


142 


154 

ran  al  fia  en  la  confesión  de  la  doctrina  de  la 

Iglesia  Romana. 

Acabadas  éstas ,  empiezan  a  cantar  el  Salmo 
51  Miserere  mei  Deus  etc.  para  implorar  ,  sin 
duda,  acia  sus  penitentes  la  clemenzia  de  Dios, 
i  para  que  ,  asi  las  censuras  ,  como  las  absolu- 
ziones  de  los  Padres  de  la  fé  ,  acia  ellos  ,  pro- 
duzcan un  verdadero  arrepentimiento.  Las  cen- 
suras son  varias  :  la  de  muerle  es ,  entre  todas 
acerbísima  :  la  de  azotes ,  de  los  que  apenas  ,  o 
nunca  ,  convaleze  el  que  los  rezibe :  las  depor- 
taziones  a  galeras :  las  confiscaziones  de  todos 
los  bienes  ,  i  otras  de  este  jaez ,  con  que  la  ma- 
dre Iglesia  Romana  ,  muestra  su  piedad  acia 
sus  hijos  ,  por  medio  de  los  señores  Inquisido- 
res :  censuras ,  que  realmente  no  pueden  me- 
nos de  produzir  un  verdadero  arrepentimiento, 
145  a  saber  ,*  el  de  que ,  averiguada  por  esta  cruel- 
dad ,  la  barbarie  de  los  Ciclopes  estos  ^  que  por 
tan  largo  tiempo  ,  impía  i  descaradamente  se  * 
anduvieron  vendiendo  por  Iglesia  de  Cristo , 
vuelvan  en  si ,  no  solo  los  que  sufrieron  aque- 
llas censuras,  sino  también  el  orbe  entero,  i  los 
tenga  a  todos,  al  fin,  en  el  lugar  quemerezen. 

*    El  Orij.  -  vonditarum. 


155 
Acabado  pues  el  Salmo  ,  del  cual  abusan  se- 
gún les  conviene  ,  con  la  misma  impiedad,  con 
el  mismo  descaro  e  irrisión  ,  que  de  los  demás 
lugares  de  la  Sagrada  Escritura ;  entona  el  Pri- 
mer Inquisidor  algunos  versículos  ,  a  que  res- 
ponde ,  con  admirable  i  sonoro  concierto  de  vo- 
zes ,  todo  el  Coro  de  cantores  ,  amaestrados  de 
antemano  en  el  ofízio  ,  i  ejerzitada  su  garganta. 
Acabados  éstos  ,  el  Inquisidor  ,  en  virtud  de  la 
autoridad  que  le  distingue,  pronunzia,  en  tono 

de  canto  ,  la  absoluzion  ,  con  la  cual  absuelve  , 
a  todos  los  convertidos  al  gremio  de  la  Iglesia 

Romana  (pero  separados  de  Cristo)  de  todo 
aquello  en  que  se  arrepienten  de  haberse  apar- 
tado de  la  autoridad  de  la  Iglesia  Romana  :  i 
esta  absoluzion  (también  ,  según  costumbre  de 
la  Iglesia  Romana) ,  se  ha  de  entender  ,  solo  de 
la  culpa  ,  pues  en  cuanto  a  las  penas  ,  fuerza 
les  es  sufrirlas  inmediatamente  sin  que  las  tem- 
ple la  clemeczia  ,  ni  la  humanidad  ,  ni  aun  la 
equidad  ,  de  manera  alguna. 

Echada  la  absoluzion  ,  urden  los  señores  In- 
quisidores un  famoso  estratajema,  que  con- 
duze  admirablemente  a  aferrar  su  reino  como  *    144 
con  aceradas  áncoras  ,  puesto  que  ,  con  este 
mismo  hecho  ,  manifiestan  ,  que  no  viven  sin 


156 

miedo  ,  i  sin  ciertos  presajios  de  la  ruina  ,  que 

a  ellos  i  a  su  reino  amenaza 

Consiste  el  estratajema  ,  en  que  todo  el  pue- 
blo ,  según  está  congregado  para  tan  célebre 
espectáculo  ,  a  vezes  aun  de  lugares  distantes, 
entre  si  ,  veinte  leguas  ,  les  ha  de  prestar  un 
solemnísimo  juramento,  dictando  ellos  las  mis- 
mas palabras  con  que  se  obliga  ,  i  maldize  ,  en 
caso  de  no  cumplirlo.  A  saber :  de  que  vivirá  i 
morirá  en  la  secta  i  obedienzia  de  la  Iglesia  Ro- 
mana ,  i  que  la  defenderá  con  todas  sus  fuer- 
zas ,  exponiendo  todos  sus  bienes  i  aun  su  pro- 
pia vida ,  contra  los  que  la  combatieren.  Que  , 
ademas  ,  renunzia  ,  niega  i  detesta  ,  todo  lo 
que  fuere  contrario  a  lo  que  la  Iglesia  Romana 
cree  i  afirma.  ítem ,  que  sostendrá  i  defenderá, 
como  mejor  pudiere  ,  al  Santo  Tribunal  de  la 
Inquisizion  ,  i  a  todos  sus  ministros  ,  etc.  i  en 
fé  ,  i  seguridad  de  ello  ,  se  constituyen  mutua- 
mente por  testigos. 

Vierais  entonzes  postrarse  en  tierra  al  mise- 
rable populacho,  i  alas  corporaciones  de  todos 
los  estados,i  con  suma  devoción  prestar  per  ig- 
norancia un  juramento  en  favor  de  la  impiedad 
i 45  contra  Jehova  i  contra  su  Cristo  ,  *  en  virtud 
del  cual  conjuro  ,  no  menos  impio  ,  que  teme- 


157 
rario ,  86  constilHye  cada  uno  ,  desde  entonxes, 
por  su  propia  facultad  »  ministro  de  b  Inqui- 
siñon. 

Ahora  bien  ,  si  uno  trata  ,  con  cualquiera  , 
de  la  convenienzia  de  aíbobr  i  aun  de  estermi- 
nar  ,  como  mereze ,  radicalmente  de  todo  el 
orbe  »  semejante  portento  de  iniquidad  ,  i  de 
impiedad ,  ya  que  no  pueda  negar  su  dureza  i 
crueldad ,  opondrá  el  juramento  ,  bijo  solem- 
nísimas palabras  pronunziado ,  ante  un  nume- 
rosísimo concurso.  ¿  A  donde  nos  Tolveremos  ? 
Opondremos  sin  duda  el  ejemplo  de  algunos 
Judíos,  que  llevadas  de  una  ciega  superstizion, 
se  obligaron  i  ofrezieron  ,  bajo  juramento,  a  no 
probar  bocado  ,  basta  matar  a  Pablo.  Act.  23. 
Sostenemos  que  estos  pecaron  *  tres  yezes ; 
luego ,  tan  lejos  estamos ,  de  tener  a  aquellos 
por  obligados  a  tan  impío  juramento. 

Primero  ,  porque  combaten  obstinada  i  per- 
tinazmente el  ETaiyelio  de  Cristo  ,  por  un  zelo 
en  favor  de  la  leí ,  ciego ,  i  por  lo  tanto,  impío. 
Segundo ,  porque  habiendo  jurado ,  temeraria 
i  torpemente,  en  nombre  de  Dios,  defender  una 
mala  causa ,  i  combatir  con  todas  sus  fuerzas 

•    o.— grandemente — :  pues  el  orij.— tprpecasse— .  Ter  fetix 
diie  Ovid.  por— mtti  ftlit. 


i 


una  buena ,  profanaron  el  mismo  nombre  de 
Dios,  i  abusaron  de  él,  con  impiedad.  Terzero, 
porque  habiendo  debido  a  au  tiempo  retractar- 
se de  todo  ,  como  que  impíamente  i  contra  la 
14$  voluntad  de  Dios  *  lo  ofrezieron ,  prosiguen  en 
su  propósito ,  con  una  (^tinazion  realmente 
judaica. 

I  Qoién  puede  negar  ésto  7  Una  vez ,  pues , 
demostrado ,  que  los  señores  inquisidores  ,  de- 
claradamente combaten  con  aquellos  Judíos,  el 
reino  de  Cristo ,  constará  tambi«i,  qne  los  que 
se  les  obligaron  bajo  juramento  ,  quedan  en- 
vueltos ,  aunque  sea  por  ignoranzia  ,  en  aquel 
triple  pecado.  1  asi,  si  quieren  con  tiempo,  toU 
ver  en  sí ;  lee  queda  un  solo  medio  de  recobrar 
la  salud.  Antes  de  todo,  investiguen  con  la  ma- 
yor dilijenzia,  que  causa  es  la  que  defienden  los 
señores  inquisidores ;  vean  después,  si  tomarán 
las  armas  en  favor  de  Cristo  ,  o  contra  Cristo  , 
bajo  el  auspizio  de  los  inquisidores.  I  por  últi- 
mo ,  cumplan  o  retracten  el  juramento  ,  según 
les  paredere  convenir ,  depuradas  ya  las  cosas. 
Volvamos  ya  a  nuestro  propósito. 

Hecho  ésto  ,  si  hai  entre  los  peaitenziados , 
algunos ,  que  hayan  merezido  ser  notados  con 
tal  censura ,  los  despojan  del  carácter  eclesiás- 


L 


159 
tico  deque  gozaban ,  o ,  según  vulgarmente  di- 
zen  ,  los  degradan.  Este  cargo  de  degradar  , 
compete  al  Obispo ,  por  ser  el  que  los  ordenó  , 
vestido  de  pontifical.  Los  que  han  de  morir  , 
son  en  aquél  mismo  dia  degradados»  *  de  hecho, 
como  ellos  dizen  ,  por  sentenzia  de  los  Padres: 

las  ceremonias  son  dezididamente  trájicas  i  ad- 
mirables. 

Vestido  primero  <añ  todas  las  misáticas 
"vestiduras  [  missaticis  vestibus  ] ,  como  si  fue- 
^  a  celebrar  el  impio  sacrificio  ,  le  despo- 
jan después  ^or  partes  ,  *  usando  para  cada  147 
ornamento  ,  asi  en  los  jestos  ,  como  en  las  pa- 
labras ,  de  cierta  espezie  de  ensalmos  ,  contra- 
rios a  las  que  antes  usaron  ,  cuando  fué  inizia- 
4o.  Ráenle  después  las  manos  ,  los  labios  ,  la 
<x>rona  (coa  un  pedazo  de  vidrio  o  un  cuchillo 
fliui  afilado)  dando  a  entender,  que  se  le  quita 
«1  óleo  con  que  fué  unjido,  cuando  le  exhorzi. 
zaron,  contemplando  el  pueblo,  i  pasmándose  , 
de  cada  uno  de  estos  misterios ,  compadeziendo 
unos  la  suerte  de  aquel  hombre  desdichado  ,  i 
detestando  otros  ,  como  pérfido  i  execrable  ,  al 
que  ciertamente  ,  con  mejor  conozimiento  ,  es 

*    El  orij.— actualiter—  :  que  es  término  teólogo-curialesco- 
bárbaro. 


160 

feliz  ,  porque  pasará  de  esla  vida  ,  después  de 
haber  renunziado  solemnemente^  siquiera  al  fin 
della ,  tan  pestífera  unzion,  i  después  de  raido, 
en  lo  posible ,  aquel  carácter  de  impiedad.  Mas 
a  los  que  no  han  de  morir ,  suelen  degradailos 
verbalmente  [verbaliter],  como  ellos  dizen.  Esta 
degradazion  consiste ,  en  suspenderlos  de  sn 
ofízio  i  dignidad  ,  por  todo  el  tiempo  que  al  Pa- 
pa le  pareziere. 

No  debe  omitirse  aquí, una  cierta  ceremonia, 
por  cuyo  medio  el  Santo  Tribunal,  con  el  ma- 
yor descaro  i  sin  alegar  pretesto  alguno,  se  mo- 
fa abiertamente  de  Dios  ,  i  de  toda  la  multitud 
presente ,  i  se  baze  digno,  por  ella  sola ,  de  que 
todos  se  burlen  a  sn  yez  de  él ,  como  mereze. 
Consiste  esta  ceremonia ,  en  que  al  fin  de  la 
t48  sentenzia  de  aquel,  *  a  quien  destinaron  ya  a  la 
hoguera ,  apesar  de  haberse  convertido  al  gre- 
mio de  la  Iglesia  Romana  ,  afiaden  ,  i  mandan 
declararlo  publicamente  :  que ,  por  cuanto  el 
Santo  Tribunal ,  no  tiene  por  verdadera  i  pro- 
cedente del  corazón »  la  conversión  de  aquel 
hombre ,  i  porque  teme,  no  dejar  un  lobo,  bajo 
piel  de  oveja ,  no  obstante  su  conversión  ,  le 
entregan  i  ceden  al  tribunal  civil :  a  quien  en- 
carezidamente  ruegan ,  que  use  con  él  de  mu- 


161 
«sha  raiserícordía ,  i  que  no  le  quebrante  miem- 
bro o  hueso  alguno  ,  ni  le  saque  una  gota  de 
sangre.  Mas ,  al  que  no  lograron  apartar  de  su 
£¡a  confesión  (a  los  que  Ikman  pertinazes  i  obs- 
tinados] le  encomiendan  al  brazo  seglar  con  es- 
las  palabras.  «Que ,  en  vista  de  que  ellos  em- 
plearon toda  su  dilijenaa,  para  reduzir  a  aquel 
hombre  al  gremio  de  la  Iglesia  Romana ,  i  nada 
consiguieron,  perscTcrando  contumazmente  en 
sus  opiniones  etc.  — 

por  lo  mismo ,  entregan  j  ceden  al  tal  hom- 
bre al  tribunal  civil ,  para  que  le  castigue  con- 
forme a  las  leyes :  pero  que  sin  embargo  ,  le 
megaaencarezidamente  ,  que  si  diere  algunas 
muestras  de  verdadero  arrepentimiento,  quiera 
usar  coa  él  de  mucha  misericordia »  etc.  ¿Qué 
clase  de  impudenzia  es  ésta?  Condenar4>n^eUos 
mismos  al  hombre-,  a  pena  de  muerte,  entre- 
gante ellos  mismos  al  brazo  seglar  igualmente , 
para  que  *  sea  quemado;  i  toda via^,. como  si  los  j^c) 
que  han  de  imponer  aquellos  suplizios  le  solta- 
sen ,0  al  fin  no  le  quemasen,  i  ellos,  en  virtud 
de  su  santo  ofízio  se  opusiesen  ,  ruegan  al  tri- 
bunal civil  que  se  digne  usar  con  él  de  gran 
conmiserazion. 

¿Con  qué  conmiserazion  ,  pues  ,  sacan  a  los 


162^ 

infelizes  a  aquel'  lugar,  estropeados ,.  con  las 
coyunturas  de  todos  sus  miembros  enteramen- 
te dislocadas  i  quebrantadas,  i  las  huesos  ma- 
gullados en*  todas  las  articuraziones^  i  en  lo  in- 
terior ,  rotas  las  venas  i  las  entrañas  mismas  , 
por  los  cruelísimos  tormentos  ,  en  los  que , 
muchos  f.  hasta  exhalaron  entre  sus  manos  el 
último  aliento ;  aun  ruegan  al  brazo  seglar  que 
no  les  qud>rante  miembro  ni  hueso  alguno ,  ni 
les  saque  gota  de  sangre?  Sin  duda ,  por  estar 
el  daflo  que  ellos  mismos  con  sus  tormentos 
causaron  a  aquellos  infelizes ,  del  pellejo  aden- 
tro ;  i  porque  no  les  sacaron  sangre ,  a  no  ser 
por  la  boca,  introduziéndoles  a  k>  intimo  de  la 
garganta  un  lienzo  delgado  ,  a  fuerza  de  agua  ,. 
sin  cuchillo  ni  lanza  ,  ya  quedan  inocentes  de 
la  efusión  de  sangre ,  i  quebrantamiento  de 
miembros? 

Tratáronlos  ellos  ,  sinconmíserazíonsni  hu- 
manidad alguna  ,  imajinando  de  tiempo  en^ 
tiempo ,  nuevos  jéneros  de  suplizios ,  em  que 
i50  atormentar  *  a  los  desventurados  con  mas  que- 
bárbara  crueldad ;  ¿i  ahora ,  ruegan  seriamente 
a  los  juezes  civiles,  i  con  instanzias  les  suplican, 
que  los  traten  con  mucha  misericordia  ?  Mas  , 
solo  por  esta  súplica  ,  pareze  ^  qu»  estos  mofo- 


163 
dores  hombres, se  echan  encima  las  censuras  de 
su  propio  canon ,  o  tei ,.  que  amenaza  de  anate- 
ma e  irregularidad  ,  a  los  que  del  orden  ecle- 
siástico derramaren  sangre  o  mutilaren  en  al- 
gún miembro  a  cualquiera.  Pues  esas  censuras 
nulas  i  ridiculas  según  la  magnitud  del  delito  , 
se  pueden  evitar,  con  remedios  también  nulos  i 
ridiculos. 

Pero ,  asi  los  magnates  como  el  pueblo,  i  so- 
bre todo  el  mismo  majistrado  civil ,  que  se  en- 
calca de  ejecutar  aquellas  injustísimas  senten- 
zias  ,  oyen  tan  irrisorias  i  provocativas  simple- 
zas, i  las  dejan.pasar :  porque  .ademas  ,  nadie 
^  tan  insensato  que  no  conozca  ,  que  aquellas 
son  palabras  de  finjida  misericordia  para  ludi- 
brio de  todos,. i  que  se  profieren^  con  ánimo  de 
que  no  se  cumplan.  De  esta  manera  ,  pues  , 
guarda  el  Santo  Tribunal  la  piedad  de  la  Santa 
madre  iglesia  para  con  sus  hijos  diescarriados  , 
i.  la  conmiserazion  i  entrañas  de  maternal  mi- 
sericordia. Obs^ve  ,  también  ,.  aun  el  lector 
mas  ciego  ,  que  azerca  de  aquel ,  cuya  conver- 
sión lees  sospechosa ,  el  Sanio  Tribunal ,  para 
no  de^atufk  lobo  bajo  la  piel  de  ov^a ,  no  halla 
en  el  archivo  de  sus  artes  otro  medio  mas  *  apro-  \  51 
pósito  que  la  hoguera. 


164 

Dyhnos  mas  arriba,  que  la  parte  det  Auto  eir 
que  se  leen  las  senteaiiaa ,  era  moi  prinzipal . 
i  nezesitaba  ademaB  una  obsenrazion  peculiar  , 
por  cnatf  o  en  ella  ,  con  estrafta  perfidia' ,  no 
solo  repiten  a  vezes  lo  que  el  acusado  conresó  , 
sino  también  lo  que  jamáa  dijo,  ni  pensó  siquie- 
ra :  como  son,  deshonestidades ,  torpezas  i  aun 
blasfemias ,  que  inventó  el  Santo  Tribunal,  pa- 
ra bazer,  entre  el  vulgo,  mas  abominable ,  tan- 
to la  persona  como  la  doctrina  del  penitensiado 
i  granjearse  mayor  autoridad  i  estímazion,  apa- 
reziendo  como  mui  nezesano  ,  para  purgar  la 
tierra  de  tan  terrible  pesiilenzia.  Al  referir 
ellos ,  en  sus  sentenzias ,  estas  cosas ,  ante  el 
pueblo,  una  mordaza  de  madera,  mui  apretada, 
tiene  presa  con  atroz  tormento  suyo  la  lengua 
del  penitente ,  para  que  nada  pueda  responder 
o  negar  ;  ni  defender  sn  iaocenzia :  lo  cnal  si 
por  ventura  se  le  permite  ,  los  deja  en  público 
teatro  por  embusteros,  como  consta  haber  suze- 
dido  mas  de  una  vez. 
Has,  no  dura  mucho  tan  acalorada  contienda , 
152  pues  la  mordaza  de  madera  *  aplicada  ul  punto, 
a  la  boca  del  penitenziado  ,  que  atrevido  dispu- 
la ,  pone  fin  al  pleito ,  i  estorba  que  salga  a 
público  la  verdad.  Has  lo  que  el  acusado  con- 


^^S 


165 
fesó,  con  injeottidad  o  sin  ella  ,  lo  rezitan  lan 
taimada  i  torzidamente  ,  trasmudadas ,  i  va- 
riadas de  tal  suerte  las  palabras  ,  que  con 
razón  ,  puede  dársele  ,  casi  la  misma  impor- 
tanzía  que  a  lo  que  nunca  pensó.  Has  abajo 
pondremos  separadamente  algunos  ejemplos  de 
esto  ,  por  ser  mui  notables  i  de  no  fazil  *  con- 
tradiczion ,  como  que  se  dieron  a  la  vista  de 
todo  el  mundo. 

Leídas  del  todo  las  sentenzias ,  i  acabadas  las 
degradaziones ,  en  los  términos  que  arriba  se 
dijo,  el  majistrado  civil,  en  virtud  de  ofízio  que 
le  impone  el  Santo  Tribunal ,  se  encarga  so- 
lemnemente de  los  que  ban  de  morir ,  i  los  lle- 
va al  lugar  del  suplizio ,  acompañándolos  aque- 
llos procuradores  de  Satanás  ,  que  con  suma  e 
incansable  perversidad,  trabajan  incesantemen- 
te ,  en  obligarles  a  que  renunzien  a  la  verdad 
querezibíeron.  Suzede  muchas  vezes,  que  a  los 
que  perseveran  constantes  en  su  pía  confesión  , 
les  dan  garrote  al  instante ,  i  luego ,  con  gran 
clamoreo  ,  propalan  entre  el  vulgo  ,  que  aque- 
llos movidos  de  arrepentimiento  por  sus  erro- 
res ,  recurrieron  ,  en  sus  últimos  alientos  ,  al 

*    El  orij.— neqae  de  facili  irrefragabilia— i  se  trad.  como  si 
d^era :  refragabüía. 


} 


166 

gremio  de  la  Iglesia  Bomaaa  ,  i  que  por  lo  tan- 
153  to,  merced  síii  duda  a  la  misericordia  *  inquiai- 
loria  ,  Qo  eeperímentaron  el  fu^.  Con  estas  i 
semejantes  artes  se  afanan  por  sepultar  la  ver- 
dad ,  como  si  Dios ,  TindJcador  de  ella ,  no  tu- 
TÍese  poder  bástanle  ,  para  sacarla  de  las  tinie- 
blas  i  del  sepulcro. 

Los  demás ,  do  destinados  a  pena  de  muer- 
te ,  son  vueltos  a  la  cárzel  inquisiloría ,  i  saca- 
dos ,  al  día  eigniente ,  para  sufrir  los  atoles  ,. 
los  que  a  ellos  fueron  condenados :  de  estos  ,  a 
muchos',  envían  después  de  los  azotes  ,  a  gale- 
ras ,  otros ,  a  una  perpetua  cárzel  mquisitoria, 
o  a  cualquier  otro  lugar  que  por  cárzel  se  les- 
seAala  ,  amonestáudoles  primero  que  declaren, 
si  es  que  de  algo  se  acuerdan  ,  suyo  o  ajeno  . 
fuera  de  lo  que  antes  declararon ;  de  otra  ma- 
nera ,  si  después  se  averiguare  a^  que  astuta- 
mente hubiesen  ocultado  se  los  tendrá  por  im- 
penitentes i  serán  con  todo  rigor  castigados. 

Pero  ,  sobre  todo,  les  mandan  con  suma  se* 
veridad  ,  qoe  nada  revelen  en  manera  alguna  , 
de  cuaato  vieron  u  oyeron  ,  durante  ludo  el 
Lieiapo  de  su  cautiverio  ,  ni  del  modo  con  que 
lueron  tratados  ,  ni  del  orden  o  método  con 
que  suelen  proceder  con  los  cautivos  en  las  au- 


167 
dienzias,  en  los  tormentos^  en  la  cárzel  misma  , 
i  finalmenre  en  toda  la  a  eeonomia  inquisitoria ; 
sino  que  hagan  cuenta  ,  que  estwvieron  muer- 
tos, durante  todo  el  tiempo  *  que  aili  Trrieron  :  1 54 
de  lo  contrario  ,  si  parlotearen  inconsiderada- 
mente con  alguno  de  aquellos  misterios^^^  i  lle- 
gare a  oidos  del  Santo  tribunal ;  serán*  tenidos 
por  relapsos  ,  i  sufrirán  la  censura  mas  severa 
de  todas.  La  censura  dé  los  que  llaman  Relap- 
sos es  el  suplizio  inexorable  de  muerte.  I  este 
cuidado  ,  con  que  por  el  miedo  dé  un  fin  indu- 
bitable, cosen  las  bocas  de  los  que  de  allí  salen, 

es  para  ellos  ,  entre  todas  sus  sagradas  artes  , 
sumamente  nezesario ,  siendo  este  rigoroso  si- 
lenzio  eftsusmisteríos  ^como  una  espezie  de 
segurísima  llave  ^que  cierra  i  fórtaleze  toda  su 
Urania. 

b  Pues  bien  conocen  ellos  ^  que  si  el  rei ,  que 
en  aquel  empleo  los  coloc» ,  llega  de  algún  mo- 
do a  saber  las  perfidias  ,.  las  violenzias ,  las  im- 
piedades ,.las-  mentiras  r  fos  engaños ,  los  dia- 
bólicos* estratagemas  ,  i  admirables  tretas  ,  que 
suelen  usar,  para  envolver  a  muchos  inocentes, 

a    Es  la  misma  voi  del  Or\|.  q.  q.  d.-el  gobierno  de  la  casa 
de  la  Inqnisizion. 

h   El  orij.— compertom  enim  in  prímis  pisis:-modÍ8mo  latino' 


Í6S 

(|ue  ni  dijeron  ,  ni  vieron ,  ni  oyeron  ,  muchas 
de  las  cosas  que  les  imputan ;  i  en  particular  , 
si  llegase  a- saber  su  avarizia  i  crueldad  ,  i  su 
mas  que  bárbara  inhumanidad  ,  hija  por  cierto 
de  la  avarizia  ,  convirtiendo  severamente  ácia^ 
ellos  mismos  la  Inquisizion  ;  poveeria  ,  sin  du- 
da ,  a  la  seguridad  de  la  república  i  de  sus  súb- 
155  ditos  ,  i  sobre  todo  ,  a  la  justizia  *  misma ,  de 
la  cual  le  constituyó  Dios  lejítimo  patrono  ,  an* 
tes  que  a  un  Fisco  injustísimo  » adquirido  i  aa- 
mentado  con  artes  semejantes;  pero  encaso  que 
el  rei  descuidase  este  deber  de  piedad  i  de  jus- 
tizia r  la  misma  plebe  mirarla  ciertamente,  por 
si ,  arrojando  sobre  ellos  el  fuego,  con  que  has- 
ta ahora  fueron  tan  formidables. 

Trabajan  finalmente ,  con  tanto  estudio ,  en 
sepultar  la  verdad  ,  porque  su  inicua  tiranía 
no  salga  a  luz  alguna  vez ,  que  a  muchas  perso- 
nas de  autoridad  ,  después  á&  un»  larga  pri- 
sión ,  i  después  de  aquella  triunfal  ignominia  ;. 
entre  otras  partidas  de  una  pena  mas  croel,  les 
prohiben  hablar  con  nadie,  sino  es,  con  los  que- 
ellos  mismos  les  señalaren :  item  el  escribir 
cartas  a  nadie ,  sin  consultarles  a  ellos «  que 
habrán  de  examinarlas  antes.  £1  pretesto  es 
verdaderamente  espezioso,  a  saber,  que  no  pue- 


109 
-dan,  en  su  conTersazion ,  o*con  sus  cartas  a  los 
•ausentes  ,  diseminar  mucho  sus  errores :  pero* 
en  realidad  ,  lo  que  con  esto  se  proponen  es , 
que  los  tales ,  a  quienes  cupo  en  suerte  tener 
amistades  o  parentescos  ilustres  ,  no  se  quejen 
de  aquellas  injustizias  ,  a  sus][amigos  o  parien- 
tes ,  i  espongan  al  Santo  Tribunal ,  a  salir  por 
fin  a  la  luz ,  delante  del  Rei ,  con  todas  sus  ar- 
tes. *  Que  tal  es  su  designio ,  lo  prueba ,  el  que  156 
esta  espezie  de  pena ,  dejando  por  lo  regular 
intactos  a  los  penitentes  de  inferior  condizion  , 
suele  tan  solo  aflijir  a  los  mas  ilustres. 

Al  prinzipio,  cuando  por  primera  vez  se  tra- 
maron los  tales  autos  triunfales  ,  contra  los  lla- 
mados Luteranos ,  los  mas  curiosos  entre  los 
que  a  ellos  asistian  ,  solian  escribir  a  sus  ami- 
gos ,  ausentes  dentro  i  fuera  del  reino ,  cuanto 
pasaba  en  aquellos  espectáculos  :  i  en  particu- 
lar ,  azerca  de  los  mismos  penitenziados,  lo  que 
de  sus  sentenzias  oian,  en  las  cuales  se  notaban 
las  causas  de  suplizios  ,  i  otras  penas.  El  Santo 
Tribunal  (a  manera  de  los  artifizes  que  suelen 
adelantar  con  la  esperienzia  ,  que  cada  dia  les 
enseña  nuevas  cosas) ,  con  la  sagazidad  ,  en  sus 
negozios  acostumbrada  pronto  olió ,  que  aque- 
llo podia  redundar  en  su  daño :  esto  es ,  que 


170 

aquella  doctrina  ,  por  él  tan  aborrezida,  podía, 
por  ese  solo  medio,  dÍTulgane  i  prepagane  mas 
de  lo  que  le  couTCnia :  pues  muchos ,  que  de 
otra  suerte  ,  no  rieado  Dunca  semejantes  rela> 
ziones ,  hubiesen  podido  permanezer  en  bu  * 
antigua  ceguedad  ,  coa  ayuda  de  aquellas  ,  em- 
pezarían a  abrir  los  ojos  ,  i  a  reconozer  la  doc- 
trina misma  i  juntamente  la  iniquidad  de  los 
que  la  persiguen. 

A  este  *  inconveniente ,  ocurrió  el  Santo  Tri- 
banal,  tomándose  aquel  cuidado ,  i  escribiendo 
i  publicando  para  el  vulgo ,  algunos  ejemplares 
de  las  Relaziones ,  abreviados,  i  que  pareziesen 
poder  ser  menos  nocivos  ,  para  que  el  que  qui- 
siere escribir  a  ios  ausentes  lo  suzedido,  siga  la 
fórmula  prescrita ,  conminando  b^o  gravísimas 
penas  a  cuantos  dejaren  correr  la  pluma  ,  a 
narrazion  mas  amplia.  BU  orden  de  las  Relazio- 
nes por  él  inventadas ,  consiste ,  en  espresar  la 
persona  del  penitenziado ,  notando  su  nombre 
i  condizion ,  i  añadir  luego ,  que  fué  quemado  o 
castigado  ,  con  esta  o  la  otra  pena ,  por  cuanto 
admitió  el  error,  o  los  errores  Luteranos ,  [pero 
sin  espresar  los  errores ,  a  pesar  de  que  antes 
se  espezificaban). 

'    inqDi— cB  a  «rtJtDd ,  u  ernu , : 


171 
Ademas ,  como  quiera  que  el  Sanio  Tribunal 
puede  ciertamente  errar  (si  bien ,  llegó  ya  a  tal 
estremo  de  demenáa  la  superstizion  i  adulazion 
•de  los  hombres ,  que  afirman  lo  contrario,  pre- 
tendiendo que  el  Espíritu  Santo  le  gobierna)  su- 
zede  que  yerra  alguna  vez ,  mandando  prender 
sin  causa,  o  con  leyísimos  indizios  ,  a  algunos, 
cuando  por  otro  lado  son  mui  pocos  ,  a  los  que 
prende  con  sufiziente  i  lejitima  informazion.  A 
muchos  8e  éstos ,  después  de  tenerlos  cautivos 
un  año  i  otro,  i  otro  año  *  en  los  susodichos  15S 
calabozos  i  en  aquella  miseria  que  antes  referi- 
mos ,  entre  tanto  que  de  sus  causas  conozen ; 
averiguada  al  fin  su  inozenzia  ,  cuando  ya  es 
fuerza  el  absolverlos  en  juizio ,  al  primero  o  se- 
gundo dia  después  del  consabido  triunfo  tea- 
tral ,  los  llaman  a  la  audienzia ,  i  ya  citados , 
con  nuevos  i  :gravisimo8  conjuros,  los  estrechan 
a  que  manifiesten  la  verdad  ,  pues  de  lo  contra- 
rio habrán  de  esperímentar  todo  el  rigor  del 
derecho :  i  poniéndoles  delante  los  tormentos 
los  amenazan ,  asegurándoles ,  que  hai  contra 
ellos  la  sufiziente  informazion :  etc. 

Si  alguno ,  aterrado  por  aquellos  fantasmas  , 
soltare  alguna  palabra  de  las  que  ellos  desean , 
mándanle  volver  inmediatamente  a  su  prisión  , 


172 

icamiciuan  de  nnero  el  proceso.  Pero  siles 
pareze.  que  nada  han  de  arrancarle ,  i  por  otro 
lado,  ninguna  otra  cosa  tienen  contra  él ,  mo- 
derando el  rigor  de  las  amenazas  ,  se  acojea  a 
palabras  mas  blandas ,  i  le  díien  ,  qne  tienen 
de  él  mejor  concepto ,  por  lo  cual  han  resuelto 
enviarle  a  su  casa :  pero ,  que  será  deber  suyo, 
el  quedar  mui  agradezido  a  aquellos  señores , 
qne  tan  zelosa  i  paternalmente  miraron  por  él 
i  por  sus  cosas :  así ,  tenga  entendido .  qae  por 
miramiento  a  su  persona,  i  sobre  todo,  en  aten- 
159  cion  *  al  exzelenle  ejemplo  que  de  sí  les  dio  en 
su  cautiverio  ,  i  a  la  pazienzia  que  en  todo  ese 
tiempo  mostró  ,  le  trataron  ,  i  aun  entornes  le 
tratan  con  singular  misericordia. 

Con  semejantes  ungüentos,  procuran  sin  du- 
da ,  tales  buenos  i  rectos  jueies  ,  sanar  las  ul- 
ceradas llagas ,  CDD  que  cubrieron  del  todo  al 
inocente .  i  con  esto ,  le  envian  por  fin  a  los  su- 
yas ,  recomendándole,  sin  embargo  ,  lo  prime- 
ro el  silenzio,  i  aun  después  de  bien  averiguada 
üu  ¡Dozenzia  (pues  qué  les  importa  a  ellos,  que 
uno ,  por  inozenle  que  sea ,  padetca  en  aquel 
llurísimo  cautiverio) ,  todaria  le  guardan  astu- 
tamente en  la  misma  cárzel,  por  espazio  de  mu- 
chos días  ,  uno  tras  otro ,  después  del  triunfo  , 


173 
con  él  fin  ,  de  qne  salieDdo  aquel ,  casi  al  mis- 
ino tiempo  que  los  demás  penitenziados,  piense 
el  Tulgo  ,  que  también  fué  entre  los  otros  cas- 
tigado, aunque  con  una  pena  mas  leve  ,  i  nun- 
ca se  persuada,  de  que  el  Santo  Tribunal  pren- 
de a  alguien  ,  sin  sufizíeute  informazion. 

Los  que ,  como  parte  de  pena  impuesta,  fue- 
ron condenados  a  una  cárzel  perpetua  o  bien  * 
indeterminada  ,  o  ya  ,  por  un  tiempo  señalado, 
(aqui  es  *  donde  aquellos  lobos  rapaces  arman  ^^ 
nuevos  lazos  para  enredar  a  las  pobres  e  incau- 
tas ovejas) ,  aunque  no  estén  ya  mas  en  la  cár- 
zel inquisitoria ,  no  crean  por  eso  ,  que  ya  no 
tienen  mas  que  ver ,  con  el  Santo  Tribunal : 
pues  en  donde  quiera  que  se  les  bubiere  desig- 
nado la  cárzel  fuera  de  la  Inquisizion^  tienen  alli 
también  dispuestos  sus  azechadores,  que  atenta 
i  continuamente  observen  con  qué  ánimo  ,  si 
alegre  o  triste,  llevan  su  condizion  :  i  noten  las 
palabras  que  puedan  revelar  sus  pensamientos. 

Porque  si  están  regozijados  ,  o  de  cualquier 
modo  manifiestan  alegría  en  su  afliczion  ,  reo 
será  para  el  conzilio  Inquisitorio  ,  el  que  tal  bi- 
ziere,  i  esperimentará  ,  por  lo  tanto  ,  una  pena 

'    El  orij.— ad  perpetuas  sive  etiam  Yoluntarios  cárceres-etc. 

N 


174 

mas  p-aTe.  VisitaDlos  loa  mismos  iaquÍñdor«s 
en  las  cárzelee  que  les  seflalan,  pero  por  la  niía- 
ma  razón  sin  duda ,  que  antes  los  visitaban  en 
su  cáriel  inquisitoria  ,  i  enleramente  por  los 
mismos  fines,  que  arriba  dijimos  ,  de  dar  entre 
el  vulgo  algunas  muestras  de  humanidad  i  de 
misericordia:  masen  realidad,  vienen  a  infun- 
dir un  nuevo  terror  i  supliiio ,  eu  aquellos  a  la 
sazón  no  tan  desdichados. 

Inquieren  allí  de  los  mismos  cautivos  ,  i  de 
aquellos  que  los  tienen  a  su  cuidado,  si  despnes 
que  salieron  de  la  Inquisizion,  oyeron  a  alguno 
de  sus  Goncautivos ,  algo  que  parezca  corres- 
ponderá la  pia  doctrina;  a  quién;  con  quesem- 
hlanle ,  *  sea  lo  que  fuere ,  lo  oyeron  los  de- 
más, ítem ,  si  hai  alguno  que  se  queje  de  la  pe- 
na impuesta.  Sobre  todo  si  hai  quien  haya  re- 
velado alguno  de  los  misterios  de  la  EUeusina 
madre,  digo,  de  la  Inquisizion.  ítem,  si  alguno 
pensó  en  escaparse  de  la  cárzel;  i  otras  muchas 
cosas  de  este  jaez.  Si  nada  de  ésto  tallan,  vuél- 
«cnse  con  1^  red  vacia  ,  i  frustrado  su  intento. 
Mas  si  algo  llegan  a  encontrar  ,  entablan  un 
nuevo  proceso  contra  el  reo. 

Suzedió  en  Sevilla ,  no  ha  muchos  afios  ,  eu 
uoa  de  estas  visitas,  que  un  cautivo  ,  después 


17S 

de  pasar  no  sé  cuantos  en  aquella  cárzel  arbi- 
traría ,  J^iflió  encarczidamente  ,  al  inquisidor 
Licenciado  Gaseo  ,  que  le  diese  libertad  :  el  se- 
ñor inquisidor  ,  con  la  eminente  erudizion  que 
«n  las  leyes  ,  i  en  ambos  Derechos  tenia  ,  que- 
ríendo  mostrarse,  en  su  respuesta,  tan  piadoso 
que  traspasase  los  umbrales  de  la  piedad  ,  los 
cuales  ,  ciertamente  ^  nunca  cenezió ;  respon- 
dió con  gravedad  inquisitoria.  «Basta  y  a,  «dijo  , 
^llevad  con  animo  tranquilo  esta  calamidad : 
pues  aqui  padezeis  por  los  pecados  de  todos,  asi 
por  los  nuestros  ,  como  también  por  los  vues- 
tros :  yo  ,  entretanto  ,  hablaré  a  los  demás  se- 
ñores inquisidores  ,  i  se  hará  lo  que  pudiere 
3)azérse.» 

En  estas  nézíis  blasfemias ,  o  blasfemas  ne- 
cedades, ningún  Inquisidor  inquirió;  ^?^bobs-  |62 
tante  ,  al  salir  del  cónclavé^éii  qué  tari  teoló-  '  I 
jicamente  habia  cóhsólado  a  acjfuellos  cautivos  , 
conjura  solemnemente  i  en  virtud  de  su  inqui- 
sitoria autoridad  ,  al  guarda  de  ellos,  pata  qué 
los  observe  con  toda  dilijenzia  ,  i  prócnre  (^e 
no  se  escape  ninguno :  de'  lo  contrario ^  habrá 
de  pagar  la  pena'dé  su''descilido  i  io&o  16  i^ue 
se  gastare  en  perseguir  al  prófugo. '"  ' 


176 


DE  LAS  INTERPRETAZIONES  DE  LAS 

SENTENZUS. 


Ti 


iene  el  Santo  Tribunal  ciertos  vocablos  pe- 
culiares ,  con  que  nombra  cada  una  de  las  pe- 
nas que  suele  imponer  a  sus  penitenziados.  I 
así ,  aunque  no  se  oculta,  que  también  aquí  va 
embebida  el  arte  inquisitoria;  no  estará  de  mas 
el  interpretarlos  en  este  lugar,  conforme  a  la 
mente  i  aun  a  los  secretos  de  los  mismos  Inqui- 
sidores. 

De  las  sentenzias ,  pues  ,  en  unas  ,  se  conde- 
na a  los  reos  a  ser  quemados  vivos ,  i  como  an- 
tes dijimos  ,  suelen  éstas  aplicarse  »  a  los  que 
153  claramente  confesaron  *  su  fé  ,  i  perseveraron 
constantes  en  ella ,  basta  el  fin  ;  a  estos  los  lla- 
man ellos  pertinazes.  Otras  ,  los  condenan  tam- 
bien  a  la  hoguera  ,  pero  después  de  muertos ,  i 

para  ello,  *  les  rompen  antes  el  pescuezo  con 
un  lazo,  en  el  palo  del  suplizio :  aplican  esta 
sentenzia  a  los  que  venzídos,  por  su  propia  fra- 
jilidad ,  condeszienden  con  sus  deseos ;  pero  , 

*    El  org.~laqtteo-ad  paliim-conflracta  prius  gaia.->paede  ser 
agarrotar. 


177 
de  modo,  que  hai  algunos  indizios  sufizientes  , 
l^ra  sospechar  de  ellos  ,  que  si  bien  negaron 
con  la  boca  la  pia  doctrina,  no  se  la  al'rancaron, 
sin  embargo,  dé  su  afkna.  A  algunos  de  los  que 
ellos  llaman  pertinazes  ,  los  matan  del  mismo 
modo  antes  de  enzender  la  pira  ,  cop  ]el  fin  de 
persuadir  entonzes  mismo  al  pueblo ,.  que  al 
azercarlos  al  fuego  abjuraron  sus  herejías  ,  i 
recurrieron  a  la  doctrina  de  la  Iglesia  Romana. 
Pero  ,  de  éstos ,  ya  antes  se  habló. 

Publicanse  también  otras  sentenzias  ,  al  pa- 
rezer  mas  blandas  ,  que  llaman  Reconziliazio- 
nes,  por  cuanto  ,  como  purificadas  con  aquellas 

penas,  los  que  renunziaron  a  la  verdad  de  Dios, 
son  de  nuevo  admitidos  en  el  gremio  de  la  Igle- 
sia Romana.  Estas  sentenzias  suelen  consistir  , 
en  llevar  en  las  manos  el  dia  del  triunfo  ,  unas 
velas  apagadas,  unas  sogas  *  rodeadas  al  cuello, 
las  insignias  de  los  Sambenitos  ,  como  señal  de 
su  pecado  ,  llevadas  enzima  del  vestido  ,  per- 
petuamente ,  o  por  un  determinado  número  de 
años  :  consisten  también,  en  cárzeles  ,  ^  o  me- 
jor ,  reclusiones  en  los  claustros  de  los  frailes  , 
o  en  otros  lugares  privados  :  i  dé  estas  reclu- 

•    El  orij.—incertis— errata  por— insertis. 


164 


I 


178 

ñones  ,  como  ^n  diversas  las  espezies  ,  sov 
tnmbieD  divenoB  los  aombres. 

Unas  llaman  ,|  ij^rpetuas  irremisibles  ;  otra» 
simpleineDte  perpetuas;  otras  son  por  un  tiem- 
po señalado,  el  cual  cumplido  .  bai  que  perma 
aezer  en  ellas,  despues,a  arbitrio  de  los  mismos 
inepiieidores  :  otras  ,  son  prezisamente  a  arbi- 
trio del  primer  Inquisidor,  a  quien  ,  por  man' 
dasentedos  los  tribunales  Inquisitorios  del 
Reino  ,  le  llaman  ieneral ;  otras  ,  en  fia  ,  son 
conforme  al  arbitrio!  voluntad  de  los  mismos 
inquisidores  inferiores,  que  pronunziaroo  aque- 
llas sentenzias. 

Todas  estas  diferenzias  de  cárzeles.son  a 
semejanza  del  Purgatorio  ;  de  la  *  Reserva  ,  así' 
de  los  casos  que  ocurren  en  negozio  de  Peniten- 
ziaria  ,  como  de  los  grados  de  consanguinidad  i 
afinidad  en  asunto  matrimonial ,  porque  se  in- 
ventaron ,  para  limpiar  a  Ins  penitentes  ,  del 
dinero  que  les  hubiere  quedado  mucho  o  poco, 
según  la  espezie  de  )a  culpa  que  se  ha  de  ledi- 
mir ,  conforme  al  prezio ,  por  ellos  mismos,  a 
cada  una,  seflalado  :  i  ésto ,  por  la  clemenzia 
iuqiiisitoria ,  para  que  conste  ,  que  el  peniten- 

-    yau«  >  Cinluio  pi].  UO  Um>  3.  Edio,  da  mdrid. 


179 
ziado\  a  ella  ,  i  después  ,  a  estos  medios  ,  i  so- 
bre todo  ,  a  la  abjurazíon  que  hizo  de  la  ver- 
dad ,  es  a  lo  que  debe  la  redenzion  de  su  salud, 
cuando  debía  de  haber  perezido  *  por  sus  erro- 
res ;  cualesquiera  que  fuesen. 

*  Guando  la  sentenzia  comprende  el  llevar    J65 
hábito  (  asi  suelen  llamar  al  Sambenito  usando 
al  parezer  de  un  término  mas  decente )  i  la  car- 
zel  perpetua  irremisible  ,  se  ha  de  entender  , 
que  sino  es  después  de  haber  pasado  nueve  o 
diez  años  en  la  carzel  ,  i  de  haber  usado  la&  in- 
signias de  aquel  traje  ,  no  se  puede  hablar  ab> 
solutamente  de  la  remisión  de  la  pena,  a  no  ser 
que  el  penado  obtenga  aquel  benefizio  ,  por  la. 
munifízenzia  del  Rei ,  único  que  puede  dispen- 
sarlo ,  cuando  bien  le  pareziere.  Pero  »  pasado 
ese  espazio  de  tiempo  ,  si  el  penado  no  da  lu- 
gar a  nuevas  sospechas  ,  suele  el  Primer  Inqui-  ^ 
sidór  ,  aunque  a  fuerza  de  ruegos  i  de  hazerles 
la  corte  ,  remitir  todo  el  plazo. 

Cuando  dizen.  hábito  i  cárzel  perpetua  ,  i  iio 
añaden  irremisible  ,  suele  regularmente  enten- 
derse ,  por  tres  años  ,  pero  reservando  ,  en  se* 
guida  ,  la  voluntad  del  Primer  Inquisidor  de 

*    Las  últimas  lineas  de  la  paj,.164  del  orijinal  ,■  son  de  tra- 
ducción diflcultosa. 


180 

cuyo  arbitrio  pende  el  que  ,  trascurridos  aquc' 
líos  tren  afloe ,  absuelvan  al  reo  ,  por  entero  , 
de  su  pecado;  o  el  quépase  todo  el  resto  de  su 
vida  en  aquella  afreota.  Finalmente  ,  cuando 
dizen  hábito  i  carzel  ,  por  tantos  aflús  ,  o  me- 
ses :  pasados  éstos ,  queda  el  reo  libre ,  si  ya  no 
es  que  al  señalar  el  tiempo  ,  afiadieron  también 
/e  (Í0 ,  a  voluntad  de  los  ioquieídores. 

Suelen  ,  por  lo  regular ,  aftadir  esa  cláusula, 
*  para  con  esta  espezie  de  grillos ,  tener  por  to- 
da su  vida  sujetos,  a  los  que  ellos  quieren.  Pues- 
to que ,  cuando  diien,  hábito  i  earzel,  a  volun- 
tad del  Primer  Inquisidor,  o  de  los  demás;  que- 
da en  manos  de  los  mismas  ,  el  retardar  o  le- 
vantar ,  ft  su  arbitrio ,  aquellas  penas.  En  su- 
ma ,sean  curies  Tuereu  las  fórmulas  usadas  en 
las  setiteQKias  ,  al  cabo  ,  viene  a  retrotraerse 
el  negoiio  basta  q^e  lo  deiida  el  arbitrio  i  vo- 
luntad de  ellos  mismos. 

La  ocasión  mas  'recuente  de  redimir  este  en- 
orzelamiento,  i  hábito  de  reo ,  suele  ser,  cuan- 
do el  Rei  haze  donazion .  a  las  doniellas  o  pajes 
(!el  palazio  ,  o  a  otros ,  a  quienes  por  ciertos 
gratuitos  servizios  determinó  agraziar,  de  algu- 
nas redenziones  de  Sambenitos :  entonzes  ,  el 
qiiB  rezibe  el  doo ,  investiga  diestramente  eo 


181 
donde ,  i  a  quienes  se  impuso  a  aquella  pena  , 
i  quién  tiene  mejores  medios  i  voluntad  ,  de  re- 
dimirla en  mas,  para  después  ,  pactar  con  ellos 
el  prezio  ,  según  puede  mejor,  en  mas  o  menos, 
teniendo  en  cuenta,  asi  la  persona  del  que  com- 
pra ,  como  también  el  mismo  Sambenito:  pues, 
los  que  eran  irremisibles,  se  suelen  vender  mas 
caros  ;  los  anejos  a  cárzel  perpetua  ,  mas  bara- 
tos ;  los  que  son  por  cierto  tiempo  i  a  voluntad 
del  Inquisidor,  a  prezio  mas  bajo  ;  i  los  que  so- 
lo son  ,  a  voluntad  del  Inquisidor  ,  aun  *  a  me-  167 
nos  prezio. 

Suele  también  usar  el  Rei  de  igual  munifí- 
zenzia,  con  algunos  ,  que  ruegan  se  les  ayude 
con  aquel  dinero  de  los  Sambenitos  ,  para  redi- 
mir a  sus  hermanos ,  o  parientes  ,  cautivos  en 
poder  de  Turcos ,  o  Moros.  Mas ,  al  que  procu- 
ra eximirse  del  Sambenito ,  conviene,  sobre  to- 
do ,  que  para  lograr  su  deseo  ,  aun  del  Rei ,  se 
conzilie  antes  la  benevolenzia  de  los  Inquisido- 
res ,  i  también  la  de  los  Escribanos :  de  otra 
suerte  ,  aunque  el  Rei  se  lo  conzeda  ,  i  él  tenga 
pagado  el  dinero  ,  suelen  ellos  burlar  cualquier 
empeño ,  oponiendo  con  sutileza  i  malignidad  , 
eíicazes  obstáculos  ,  con  dezir ,  no  mas ,  una 
palabra;  a  seber ,  que  conviene  informar  mejor 


I 


18-2 

di!  aquel  iicguzio  al  ttei,  o  bien  al  I'apa,  (sí  aca- 
so fué  uRte,  i[ui(Mi  coDzedió  la  absoluzion  ,]  i  si 
llegare  la  cosa ,  a  ese  eslado  .  fazil  tes  es  ,  a 
aquellos  ,  a  quienes  de  antes  se  les  bito  poco  la 
corte,  inventar,  que  el  tal ,  aun  noestá  bástan- 
le purificado  de  su  culpa  ,  para  poderle  soltar 
con  seguridad. 

Cuando  alguno ,  en  virtud  de  censura  inqui- 
sitoria ,  tiene  que  sufrir  un  encarzeiamiento , 
que  ba  de  ducar ,  a  arbitrio  del  Primer  Inquisi- 
dor ;  i  éste ,  por  razones  que  él  se  sabe ,  do 
quiere  que  le  rueguen  .  i  no  puede  sin  embar* 
go,  sin  fallar  a  su  decoro,  rechazar  a  los  inler- 
zesores  ¡  i  aunque  el  detener,  por  mas  tiempo, 
al  cautivo,  sea  ya  una  manifiesta  injustizia,  dize 
168  soQsticamente  '  que  él  traslada  el  oegozio  ,a 
los  Inquisidores  que  sentenzíaron  su  causa. 
Cuando  a  ellos  se  acude,  responden  ,  que  según 
lasentenziav  aquello  per  teñe  ze  al  Primer  Inqui- 
sidor; i  de  esta  manera,  entendiéndose,  al  fin, 
¡isí  entre  ellos  ,  alargan  por  juego  el  cautiverio 
del  infeliz  hasta  «{ue  les  acomoda,  o  arrancan  por 
medio  de  este  artifizio  el  obsequio  que  desean. 
Esto  mismo  suele  acontezer  ,  cuando  la  pena 
impuesta,  se  dejóa  arbitrio  de  los  Inquisidores 
inferiores,  pue^  cuando  no  quieren  que  les  rué- 


183 
guen  ,  trasladan  el  negozio  al  Primer  liu|uisi- 
dor,  reziprocaniente  complaziéndosc.  I  así,  na- 
da se  logrará  ,  como  no  se  trate  con  ellos  por 
arte  también  Inquisitoria  ,  i ,  sobre  todo  ,  con 
dinero  ,  i  no  flojo  :  procurando  la  libertad  bajo 
los  auspizios  de  algún  escribano,  o  familiar  del 

Santo  Tribunal ,  que  sobrepuje  en  autoridad. 
Mas  si  alguno  de  los  Inquisidores  ,   o  de  los 
miembros  prinzípales  del  Santo  Tribunal,  diri- 
je  ruegos  por  el  cautivo,  al  punto  entienden  loa 
demás ,  que  prezedió  alguna  de  las  ocasiones 
por  ellos  conozidas  ,  que  los  moverá  a  miseri- 
cordia acia  el  cautivo  ,  i  mas ,   si  el  interzesor 
se  atiene  en  sus  súplicas  ,  a  las  palabras  de  la 
fórmula  entre  ellos  usada,  en  semejantes  casos. 
La  formula  es :  rogar  él  mismo  a  sus  Seño- 
rías ,  que  se  examine  el  negozio  de  tal  cautivo  . 
de  cuya  persona  ,  *  i  de  cuya  vida  incupable  ,  i    169^ 
sobre  todo  ,  del  exzelente  ejemplo  de  pazienzia 
que  en  su  cautiverio  tiene  dado,  está  él  amplia- 
mente informado.  Añadense  aquí ,  algunas  p  a- 
labras,  en  recomendazion  del  cautivo ,  pero  con 
sobriedad  ,  porque  no  parezca  que  está  por  él 
demasiadamente  solizito  :  i  a  lo  último  se  con- 
cluye ,  pidiendo  que  consideren  los  señores  si 
ha  lugar,  en  algo  ,  a  la  remisión  de  la  pena  etc. 


{84 

También  de  ios  que  t»e  reconzilian  por  medio 
de  estas  cspiazioiies  mas  duras  ,  a  unos,  suelen 
multar  en  la  mitad  de  sus  bienes  ;  a  otros  ,  en 
todos  ;  a  otros  en  cierta  suma  de  dinero  ;  s  e- 
gun  les  parezió  conveniente  a  los  seftores ,  des- 
pojar al  encausado  de  sus  bienes  ,  pues  a  los 
padres  de  la  Fé  ,  les  pareze  esto  sobre  manera 
conveniente  para  que  sean  vueltos  a  la  recti- 
tud i  norma  de  ella  ,  los  que  ,  de  *  cualquier 
modo  se  apartaron  ,  o  porque  ,  a  juizio  del 
Santo  tribunal,  es  una  espezie  de  nuevo  crimen 
el  ser  hereje  ,  i  tener  de  qué  vivir. ,  o  porque 
quizá  aprendieron  en  sus  artes,  que  asi  como  al 
glotón  conviene  la  dieta  moderada;  asi  también 
para  el  hombre  propenso  a  las  herejías  es  una 
espezie  de  antídoto,  para  no  caer  en  ellas  ,  el 
carezer  del  sustento  ,  hasta  el  punto  de  men- 
digar. 

De  éstos  ,  a  algunos,  según  ya  queda  dicho, 
condenan  también  a  azotes  ,  a  otros  a  azotes  i 
galeras  :  i  deestejénerode  pena  mas  severa  , 
I TO  suelen  regularmente  usar  con  los  estranjeros ,  *" 
por  leve  que  sea  su  pecado,  para  compensar  con 
la  mayor  rijidez  del  castigo  eídesprezio  que  ha- 

*    El  orij. — dfíciscentibuij,  es  errata,  por  descisceutibus. 


185 
zen  del  Sambenito  (  pues  para  ellos  es  cosa 
ridicula.)  I  todjo  ésto  ,  por  inquisitorial  miseri- 
cordia. 

Con  el  último  i  mas  blando  jénero  de  pena  ^ 

castigan  ,  a  los,  que  ,  a  su  juizio  ,  erraron  le- 
visimamente.  Consiste  ,  en  salir  descubierta  la 
cabeza,  i  sin  capa ,  con  una  vela  de  cera  en  la 
mano  ,  al  consabido  espectáculo  teatral.  De  es- 
tos ,  a  unos  les  mandan  abjurar  de  cosa  grave 
(de  vehementi) ,  a  otros  de  cosa  leve  ,  [de  levi) : 
son  sus  palabras.  Abjurazion  de  cosa  grave  [de 
vehementi) ,  llaman  cuando  acercado  la  causa 
de  uno  ,  no  apareze  claro  lo  que  se  debe  resol- 
ver .,  por  faltar  al  delator  las  pruebas  lejitiroas* 
i  no  confesar  el  delatado  ^  nada  que  merezca  la 
censura  inquisitoria. 

A  éste  ,  como  no  pueden  condenarle  abierta- 
mente, por  hereje  ,  ni  les  acomoda  tampoco  de- 
clararle del  todo  inozente  ,  en  particular  exis- 
tiendo malos  indizios  ,  cualquiera  que  sea  la  fé 
que  merezcan ,  le  declaran  gravemente  sospe- 
choso ,  i  conforme  a  esta  sospecha  ,  le  mandan 
abjurar.  A  este  reo  ,  si  le  cojen  después  en  la 
mas  leve  falta  ,  en  cuanto  a  la  doctrina  Papis- 
tica  ,  le  tienen  por  reinzidente,  i  le  adjudican  a 
la  hoguera. 


186 

La  abjurazion  qae  llaman  de  cosa  leve ,  [de 
leti) .  viene  a  ser  |M>r  el  mismo  estilo .  sin  olra 
171  cHfereuzia ,  que  el  prescribirla  *  en  las  culpas  a 
su  juizio  roas  leves  ,  consten  ,  o  no  :  si  el  reo  , 
después  ,  recae  en  las  mismas  ,  no  tenerle  por 
reinzidente  para  sentenziarle  a  muerte  ,  si  bien 
la  calificazion  del  delito,  esto  es,  elconozimien- 
to  de  la  causa>  haya  de  pertenezer  a  los  mismos 
inquisidores.De  este  jénerode  abjurazion  .suelen 
regularmente  usar  en  otros  yerros  que  no  sean 
luteranos,  cuales  ,  permítase  dezirlo ,  no  tener 
por  pecado  la  simple  fornícazion.  Este  error 
suele  castigarse  con  la  vela  de  cera  i  la  abjura- 
zion de  cosa  leve,  como  falta  a  lijerilla  realmen- 
te. Algunas  vezes  también  azotan  ,  i  en  verdad 
harto  cruelmente ,  a  los  que  en  tal  error  incu- 
rren :  pero  aunque  después,  millares  de  vezes , 
repitieren  la  misma  falta  ,  como  se  acojan  a  la 
inquisitoria  clemenzia ,  no  será  b  capital. 

I,  cierto,  que  con  estos  medios,  es  con  lo  que 
los  Padres  de  la  fé  ,  reduzen  al  recto  camino  , 
conforme  a  la  sentenziade  S.  Pablo  ,  a  los  que 
cojieron  ,  por  débiles  en  la  fé. 

a    El  Orij.— plané  leTÍcala. 

b    q.  d.~no  será  tenido  como  ddito  digno  de  rnnerle.— £1 
Orij.— non  erit  capitale. 


187 
I  ésto  baste  acerca  de  las  Artes  Inquisitorias; 
-en  tanto  que,despedazado  todo  aquel  archivo  de 
maldades  ;  abiertos  i  manifiestos  aquellos  teso- 
ros de  recóndita  iniquidad ;  lo  que  Dios  intima 
por  medio  de  su  Profeta,  contra  todos  los  hipó- 
critas impíos,  que  para  desolazion  del  Reino 
de  Cristo,  i  menosprezio  de  su  gloria,  pretestan 
con  impiedad  e  impudenzia  la  defensa  ,  zelo  i 
propagazion  de  la  misma;  lo  veamos  cumplirse 
oontra  la  Santa  Inquisizion  ,  Padres  de  la  fé  , 
Santo  Ofizio  ;  i  finalmente,  contra  todo  aquel 
místico  hombre  de  pecado;  como,sin  duda,  "^  ha  172 
de  ser.en  su  tiempo  revelado.  Malac  2.  «1  ahora 
dize, »  para  vosotros,  o  S<izerdotes,  e^este  man- 
damiento :  sino  quisiereis  oir ,  i  si  no  quisiereis 
ponerlo  sobre  vuestro  corazón ,  para  dar  gloria 
a  pii  nombre,  dize  el  Señor  de  los  ejércitos,  en- 
viaré maldizion  sobre  vosotros,i  roaldeziré  vues- 
tras a  bendiziones ,  i  aun  ya  las  maldije  ,  por 
<^uanto  no  lo  pusisteis  sobre  vuestro  corazón.  He 
aquí  yo  corromperé  vuestra  sementera,  i  espar- 
ziré  sobre  vuestros  rostros  el  estiércol  de  vues- 
tras solemnidades  ,  i  os  &  llevará  consigo:  i  sa- 

(1    q.  d. — la  porción ,  que  tocaba  al  Sazerdote. 

b  Sabido  es,  que  el  cuajar,  i  cuanto  contenia  el  redaño  de 
la  TÍctlma ,  era  aé\  Sazerdote  (Deut.  xviii.  3.):  pero,  la  clase  de 
Sacerdotes  aqui  descritos,  dize  el  Profeta  que  no  merezian  mas 


hreis  que  solo  para  vosotros  et  este  mandamien- 
Ifl.-  Volved  en  vuestro  acuerdo. 

*  ALGUNOS  EJEMPLOS  ESPEZIALES 

EH  LOS  QUB  BETBN  MAS  CLARIMENTK  LAS  AB- 

TES  IHQtlIStTORIAS  PDEBTAS    TA  EK  KIBREIIIO 

I  PRÍCTICA. 

Karexe  conveniente  *  presentar  aqui ,  ala- 
nos ejemplos  de  las  artes  inquisitorias  ,  en  los 
cuales,  aunque  liazinados  como  en  un  montón , 
sin  orden  ni  estudio  alguno  [tumultuarle],  ade- 
mas de  los  que  ya  ,  en  sus  respectivos  lugares , 
quedan  espuesíos;  podrán  verse  mas  claramen- 
te las  artes  Inquisitorias  en  ejerziiío  i  práctica: 
se  manifestarán  también  ,  según  merez^  ,  con 
mayor  exactitud  .  como  en  cuadros  ,  pintadas 
con  sus  propias  colores  ,  i  fijándolas  en  alto . 
en  las  personas  de  los  que  las  hubieren  contem- 
plado ,  ya  la  inhumanidad  de  los  inquisidores  , 
ya  su  insaziable  avarizía ,  ya  su  iniquidad  ,  ya 
también  el  trastorno  quehazen  de  todo  Derecho. 

nue  íl  etliercot  conlenido  en  e\  redaño  ,  o  iripai ;  i  qne  seritn 
arrojados  al  muladar  con  el  mismo  eüiíreol.— Ew  ei  la  Ibcr» 
que  ds  Honles  aqui  b  La  cila  del  Proftla .  que  Iradote  Hkre- 
ineniB;  i  (ai,  donde  «I  iiu  puesío— íuUdid  Tnlrnin , — el  irio.  iH 


189 
Añádase  a  esto ,  que  ,  a  mi  juizio ,  importa 
a  la  iglesia,  el  librar  del  olvido  i  de  la  *  muerte  174 
semejantes  ejemplos  ,  siquiera  en  grazia  de  los 
que,  envueltos  en  esas  mismas  artes ,  por  causa 
del  Evanjelio  de  Cristo  ,  i  por  haber  desechado 
i  abjurado  la  doctrina  de  la  impiedad ,  fueron 
presa  inhumana  de  los  Padres  de  la  fé.  Abra  , 
pues,  ya  finalmente  los  ojos ,  el  orbe  Cristiano, 
i  arrancando  la  máscara  de  piedad  i  santidad 
por  la  que  tan  alabados  eran ,  reconozca  i  ester- 
mine  a  estos  fieros  lobos  ,  a  estos  leones ,  a  es- 
tos dragones  i  prole  viperina  ,  a  quienes  ,  hasta 
^hora  ,  en  pago  de  su  fiereza  i  crueldad  ,  i  con 
tanto  daño  déla  República  Cristiana;  adoró 
como  a  númenes  celestiales. 

Por  lo  demás  los  ejemplos  que  aquí  se  refie- 
ren ,  solo  son  de  uno  de  los  tribunales  Inquisi- 
torios ,  a  saber,  del  de  Sevilla  ,  del  cual ,  úni- 
camente fué  dado  al  que  esto  escribe  ,  conozer 
los  misterios,  i  aun  esperimentarlos,  en  su  ma- 
yor parte,  *  en  si  mismo.  Ahora  bien  ,  por  sola 
esta  muestra  ,  podrá  cualquiera  traida  la  conje- 
tura de  no  flaco  fundamento  ,  adivinar  cuantos 


*  o — traspasados  a  él  mismo.— cEI  orij.  está  oscuro  ,  i  aun 
quizá  haya  errata.» — Dize  aqui— et  maiori  ex  parle  ia  se  ipsis 
experiri  truductoribus  est  datum.    ect.— paj.  174  lineas  17.  i8. 


\ 


190 

i  cuales  fueren  los  ejemplos  de  esta  espezie.  que 
se  ponen  por  obra ,  en  tantos  tribunales  inqui- 
sitorios como  hai  en  toda  EspaRa.  Ni  se  crea 
tampoco  que  asi  los  ejemplos  que  aquí  se  traen, 
como  los  que  en  los  comentarios  anteriores 
quedan  esparzidos  ,  fueron  recojidos  de  entre 
una  larga  época. 
Pues  todos  enteramente  se  presentaron  a  un 
175  tiempo  mismo  en  el  intervalo  de  seis*  a  siete 
afiog ,  cuando  empezó  por  primera  vez,  la  per- 
secuuon  contra  los  Luteranos,  que  de  repente  i 
de  improviso  aparezieron  en  EspaRa  ,  en  gran 
número  en  particalar  en  Sevilla  i  Talladolid. 
I  ésto  fué  ,  el  aAo  1557  o  58 ,  basta  el  64  de 
nuestra  salvazíon  granjeada  por  Cristo. 

Prendieron,  entornes,  por  causa  de  relijion , 
en  la  Inquisizion  de  Sevilla,  a  un  inglés  llamado 
Nicolás  Burton ,  *  varón  de  extremada  piedad  , 
a  quien  después  quemaron ,  *  por  firmemente 
perseverar  en  la  confesión  de  su  fé  i  abjurazion 
de  la  impiedad.  Secuestrados,  según  costumbre 
Inquisitoria  ,  en  cuanto  le  cojieron  ,  todos  sus 
t>i«nes  i  todas  las  mercanzias  ,  por  cuya  causa 
liahia  venido  a  Espafla  ,  entre  lo  suyo ,  envol- 

imii  pida,  *  immoUlitcr  perKieriDlMD. 


191 
vieron  tjonbien  ún  gran  caudal  de  mercaderías, 
que  otro  mercader  Inglés,  tratante  en  Londres, 
le  -habia  encomendado ,  bsgo  el  nombre    de 
*  factor,  como  le  llaman,  i  según  es  uso  entre 
comerciantes.  Sabido  por  éste  en  Londres  el 
<»utiyerio  de  su  factor,  i  de  sus  mercanzias , 
«nvió  a  España  un  procurador  con  [tabulis]  in- 
ventarios ,  para  que  reclamase  sus  bienes.  Lle- 
gó pues  el  procurador  a  Sevilla ,  i  presentando 
al  Santo  Tribunal  los  inventarios ,  i  todos  sus 
papeles ,  pide  ,  que  se  le  ponga  en  posesión  de 
aquellas  mercaderías.  Responden  los  Señores  , 
que  entable  su  demanda  por  escrito  ,  i  elija  un 
abogado  ,  ( sin  duda  ,  para  alargar  el  lilijio  ]  *    176 
i  ellos  mismos ,  consultando  ,  por  supuesto  ,  la 
humanidad  ,  designáronle  uno  ,  el  cual ,  le  es- 
tendia  los  memoriales,  i  todos  los  escritos,  que 
se  hablan  de  presentar  al  Santo  Tribunal ,  exi- 
jiéndole  codiziosamente  ocho  reales,  por  cada 
uno  ,  no  obstante ,  que  de  todos  ellos  sacó  el 
mismo  fruto,  que  si  no  los  hubiese  presentado. 
Presentábase  este  hombre,  dos  vezes  al  dia,  du- 
rante tres  ó  cuatro  meses  ,  una  por  la  mañana 
i  otra  por  la  tarde  ,  ante  las  puertas  del  alca- 

*    El  Orij.— «factoris  nomíDc  ,  ui  dicunt.* — Hoi,  creo,  lla- 
mea a  esto  corresponsal. 


192 

zar  inquisitorio ,  pidiendo,  i  suplicando,  dobla- 
das las  rodillas  a  tierra.a  losseilores  inquisido- 
res, que  le  despachasen  ,  i  en  particular,  al  Se- 
ñor Obispo  de  Tarragona  ,  a  del  cual  hizimos 
antes  menzion  ,  que  estaba  euLonzes  en  Sevilla, 
de  primer  inquisidor  ;  para  que  éste  ,  por  su 
primaria  autoridad  ,  mandase  ,  que  le  restitu- 
yesen «US  bienes.  Has  la  presa  era  grande  i  rica, 
i  por  lo  tanto,  difizil  de  recobrar. 

Al  cabo  de  cuatro  enteros  meses,  consumidos 
en  súplicas  i  plegarias  vanas ,  obtiene  al  fin  por 
respuesta ,  que  era  menester  viniesen  de  Ingla- 
terra ciertas  escrituras, mas  amplias  que  las  que 
antes  había  traido,  para  ponerle  en  posesión  de 
tus  bienes.  Parte  inmediatamente  el  Inglesa 
Londres  ,  i  vuelve  a  Sevilla  ,  trayendo  consigo 
los  inventarios  mas  fidedignos ,  que  deseaban  ; 
1 77  i  presentándolos  en  el  Santo  *  Tribunal,  los 
señores ,  difieren  aun  la  respuesta,  pretestando 
toner,  entonzes  ,  ocupaziones  b  mas  graves  ,  en 
iiue  entender.  Repitiendo  cada  dia  la  misma 
respuesta  ,  entretuvieron  al  hombre  otros  cua- 
tro meses.  Exhausto  ya  el  Inglés  de  dinero  ,  i 

Téai«  una  Dota  ameriur.   De  Ttraiooi ,  quiíá  aufraginaa 
irragona  ,  diun  taé  Otriapo  el  dicho  loquiíidar. 
D  ortj.  per  arrala— grailoribiM,  —en  »m  de— graiiore!. 


193 
suplicando  aun  con  inslaAzia  ,  que  le  despacha- 
sen ,  remitían  el  asunto  al  Obispo :  consultado 
el  Obispo,  dezia,  ser  él  tan  solamente  uno ,  i  el 
despacho  de  aquel  asunto  pertenezer  también  a 
los  demás  Inquisidores:  i  con  este  artifizio  , 
echándose  unos  a  otros  la  culpa ,  no  se  veia  el 
fin  del  litijio.  Al  fin  ,  resolvieron  un  día  despa- 
char a)  hombre ,  venzidos  de  su  misma  impor- 
tunidad. Pero  el  modo  de  despacharle  fué  ,  que 
uno  de  los  Inquisidores ,  el  Lizenziado  Gaseo  , 
hombre  sumamente  dispuesto  en  los  fraudes  in- 
quisitorios, le  manda  volver  después  de  comer. 
Alegre  con  esta  nueva  el  Inglés ,  volvió  por  la 
tarde  ,  creyendo  que  pensaban  ya  seriamente 
en  restituirle  sus  bienes  ,  i  en  introduzirle  a 
donde  estaba  el  preso  para  ajustar  las  cuentas  , 
según  muchas  vezes  había,  oído  a  los  mismos 
inquisidores  dezír,  aunque  no  los  entendía  bien, 
que  era  menester  ,  que  se  viese  con  el  mismo 
preso.  *  Vuelve,  i  mandan  al  alcaide  de  la  car* 
zel ,  que  le  enzierre  en  una  prisión  ,  que  le  se- 
ñalaron. El  inglés  creyó,  al  prinzipio,  que  *  le  178 
entraban  para  ajustar  sus  cuentas  con  el  otro  , 
mas  luego,  cayó, en  que,  contra  su  expectativa, 

5    El  orij.—Reversam— errata  por— Reversiim:— O,  sino,  q.  d. 
Que  mandaron,  por  el  contrario  al  Alcaide ,  etc. 


m 


194 

le  tenían  preso ,  i  en  un  tenebroso  enzíerro ,  r 

al  fin  entendió ,  que  la  cosa  era  mui  al  re^és  dé- 
lo que  él  se  imajinara.  Al  cabo  de  tres  o  cuatro 
días  ,  le  sacan  a  la  audienzia  ,  ¡  cuando  segan 
sus  artes ,  no  parezíese  cuadrar  mal ,  al  pedir 
oira  Tez  el  inglés  su  hazienda  a  los  inquisidores, 
sin  mas  preámbulo  ,  le  mandan  rezar  el  Ave 
Haría.  Dicela  él  sencillamente  de  esta  manera  : 
^  «Ave  Karia  r  gratia  plena ,  Dominus  tecum  , 
Benedicta  tu  in  mulieríbos,  et  benedictus  Fruc- 
tus  ventris  tur  Jesús :  Amen.» 

Copian  ellos  sus  pafabras  por  escrito  ,  i  omí' 
tiendo  toda  plática ,  sobre  la  restituzion  de  las 
cosas  ,  pues  no  era  menester  ;  mandan  que  le 
vuelvan  a  su  prisión  ,  i  entablan  contra  él  de- 
manda ,  de  hereje ,  porque  no  rezitó  el  Ave 
María  ,  según  costumbre  de  la  Iglesia  Romana, 
sino  que  la  concluyó  mas  bien  en  lugar  sospe^ 
dioso ,  pues  debiera  añadir  «Santa  Haría ,  ma- 
dre de  Dios ,  ruega  por  nosotros  pecadores  »  I 
cortando  esta  cola ,  daba  a  entender  bien  clara- 
mente ,  que  no  aprobaba  la  interzesion  de  los 
Santos  :  i  de  esta  suerte ,  hallada ,  al  fin  ,  una 
lejitima  ocasión  ,  permanezió  cautivo  por  mu- 

*    Se  deja  en  Ulin ,  como  la  trae  el  orÁ)inal,  porque  asi.Ia  di- 
ría el  inglés. 


195 
chos  dias.  Sacáronle  después  *  al  triunfo,  a  con  179 
capa,  pero  despojado  de  todos  los  bienes  por  los 
que  ,  aunque  no  suyos  ,  litigaba ,  i  condenado, 
además ,  a  un  año  de  cárzel.  Llamábase  Juan 
Frontón  ,  natural  de  Bristol  [El  orij.  lohanni 
Phrontomo]. 

El  confiscar,  entre  los  bienes  de  los  proscrip- 
tos ,  los  de  otros ,  ni  es  nuevo  en  el  Santo  Tri- 
bunal ,  ni  deja  de  usarlo  con  frecuenzia.  Pues  > 
como  pudiera  suzeder,  que ,  dando  lugar  a  im- 
portunas alegaziones ,  algunos  arrebatasen  al 
Fisco  los  bienes  propios  ,  probando  con  testi- 
monios fraudulentos  ser  de  otros  ,  el  santo  tri. 
banal ,  deseando  evitar  semejantes  disputas  ,  i 
quitar  toda  ocasión  a  tales  fraudes  ,  tiene  por 
mas  seguro  para  si ,  b  causar  el  daño,  que  rezi- 
bírle.  Haze  pocos  años  llegó  a  Sevilla  cierto  co- 
merziante  estranjero,  muí  rico  ,  cuyos  bienes 
fueron  después  ,  por  causa  de  relijion  ,  adjudi- 
cados al  Fisco  Inquisitorio.  Entre  los  bienes 
coufícados  lo  fué  también  una  nave  a  maravill  a 
hermosa,  c  tanto  que  según  opinión  de  todos 

a  El  org.— palttdalus-que  querrá  dezir;  con  capa,  o  manto; 
e  quizá  coo  sayo  de  penitenciado. 

b  El  org.  inferre  illi  atc.-Pareze  errata  ,  por  ill/«  oilie: 
paj.  479.  lin.  16. 

c  El  orij  .-«spectat»  pulchritadinis-'qua..BetbÍ8  antea  nam- 
quam  Tiderat.  etc. 


1% 

no  la  liabian  visto  mejor  hasla  ciitoiu«s ,  en  ti 
Gaadalquivir.  Probó  el  hombre  ,cod  lejitimos 
testimonios,  que  aquella  nave  no  le  perteneiia: 
ni  ann  esto  obstó  ,  a  que  el  Santo  Ti'ibunal , 
bailase  en  sus  artes ,  razones  para  adjudicarse- 
180  la.  *  Llamábase  el  cumerziante  Rehukiir. 

En  la  misma  inquisiiion  de  Sevilla  impusie- 
ron por  causa  de  Relijion  la  censara  inquisito- 
ria  ,  sin  pena  de  muerte,  a  cierto  vezino  piado-  ■ 
so  de  aquella  ciudad.  Entre  otras  partes  de  su 
condena  ,  le  sentemiaron  a  la  pérdida  de  todos 
los  bienes  i  rentas  deque  antes  boucstamente 
vivia  ,  i  a  un  enzieiro  ,  por  diez  años  ,  en  una 
earzel  privada  ,  despojado  de  toda  su  bazienda. 
Pasados  ca  aquella  prisión  algunos  dias  ,  en  la 
que  sin  ser  hombre  de  baja  suerte,  se  mantenía, 
en  suma  pobreza,  de  la  limosna  recojida  de  al- 
gunas personas  piadosas,  se  *  le  presentó  un  no- 
tario inquisitorio,  con  una  orden  escrita  ,  del 
Santo  Iribuual,  en  (|ue  le  mandaban  pagar  la  su- 
ma de  ciento  treinta  ducados,  a  titulo  de  costas 
i  alimentos,  durante  su  permanenzia  en  la  for- 
taleza inquisitoria.  Respondió  a  aquella  orden' 
lo  i|ue  era  verdad  ,  a  saber ,  que  saqueado  por 

-    Elorij.  p.  ISdlIn.  l4<liie:-.eDni  aeit),— pero  es  errsla 


\ 


197 
los- mismísimos  padres  de  la  fé  ,  i  despojado  , 
por  entero  ,  de  todos  sus  bienes  ,  no  fe  había 
quedado  de  donde  poder  pagar  aquel  dinero. 
No  satisfizo  a  los  señores  ,  esta  respuesta;  i  en- 
vían segunda  vez  ai  notario  ,  mandando  ,  que 
en  el  término,  que  le  señalaron,  de  pocos  días, 
pagase  aquel  dinero  ,  de  lo  contrario  le  sacasen 
de  aquella  carzei  *  privada  ,  i  le  llevasen  a  la  181 
carzel  pública  de  la  ciudad  ,  i  allí  le  detuviesen, 
hasta  que  pagase.  Son  hombres  a  la  cuenta  , 
tan  poco  previsores ,  que  destinaron  al  Fisco 
todos  los  bienes  de  aquel  hombre  ,  i  no  se  cui- 
daron de  cobrarse  antes  las  costas. 

Prendieron,  casi  al  mismo  tiempo,  en  la  mis. 
ma  Inquisizion  de  Sevilla  ,  a  una  sonora  noble, 
llamada  Juana  Bohorques  ,  mujer  de  Francisco 
\argas  ,  hombre  de  los  mas  ilustres,  i  señor  de 
Higuera  ,  e  hija  de  Pedro  García  ,  natural  de 
Jerez  ,  vezino  opulentísimo  de  Sevilla.  La  cau- 
sa de  su  cautiverio  fué,  que  una  hermana  suya, 
llamada  María  Bohorques,  donzella  de  conozi- 
da  piedad ,  a  quien  después ,  por  su  pía  confe- 
sión ,  entregaron  al  fuego  ,  declaró  en  los  tor- 
mentos ,  haber  tratado  algunas  vezes  ,  con  su 
hermana  ,  de  aquella  doctrina. 

Cuando  la  metieron  en  la  cárzel ,  estaba  em- 


198 

barazada  de  unos  seis  meses  ,  por  cuya  razón  , 
hí  la  enzerraron  con  tanta  estrechez  ,  ni  proze- 
dian  tampoco  con  ella  con  la  crueldad  que  sue- 
len con  otros  presos  ,  mirando  ,  sin  duda  ,  por 
el  feto.  A  los  ocho  dias  después  del  parto ,  le 
arrebatan  la  criatura  ,  i  a  los  quínze  ,  la  enzie- 
rran  ,  i  la  obligaa  a  esperimentar  la  misma 
condizion  que  a  todos  los  demás  presos  ,  empe- 
zando a  tratar  de  su  causa  con  el  rigor  i  artes 
Í82  que  suelen.  En  *  medio  de  tan  gran  calamidad, 
solo  sirvió  de  consuelo  a  su  afliczion  ,  el  tener 
casualmente  por  compañera  en  aquella  horrible 
carzel ,  a  una  piadosisima  donzella  ,  a  quien 
después  ,  por  su  piedad  ,  consumió  también  el 
fuego  inquisitorio. 

Habiendo  sacado  un  día  al  tormento  a  aque- 
lla *  muchacha,  i  restituida  desde  los  tormentos 
a  su  carzel  ,  tan  magullada  ,  i  tan  dislocada  en 
todas  las  articulaziones  de  sus  miembros  ,  que 
apenas  podia  revolverse  ,  i  no  sin  vehemente 
dolor  ,  en  el  lecho  de  cañizo  ,  concedido  a  una 
i  a  otra  ,  mas  para  trabajo,  que  para  descanso; 
la  cuidó  con  suma  solizitud  ,  apesar  de  que  allí 
ninguna  cabida  tenían  ,  o  al  menos  mui  escasa  , 

*    Veaso  uoa  Nota,  adelante. 


loa 

los  cuidados  ajenos.  Apenas  ísta  ,  habia  em- 
pezado a  convalezer ,  del  quebrantamiento 
de  la  tortura  ,  cuando  sacan  a  aquella  ,  a  la 
misma  diversión  ,  i  la  atormentan  tatí  atroz- 
mente en  el  Burro ,  que  penetrando  las  cuerdas 
hasta  las  mismas  canillas  de  los  brazos,  muslos 
i  piernas  ,  la  volvieron  moribunda  a  la  cárzel , 
echando  desde  luego  sangre  en  abundanzia  por 
la  boca  ,  por  habérsele  sin  duda  reventado  las 
entrañas :  a  los  ocho  días  después  del  tormento, 
arrebatándola  de  las  garras  de  aquellos  fieros 
leones,  la  llevó  Dios  para  sí,  al  eterno  descanso. 
Afanáronse  ellos  a  la  verdad,  porque  no  llegase 
a  oidos  del  vulgo  ,  el  haber  ellos  hecho  morir 
tan  cruelmente  en  los  tormentos  a  esta  heroína, 

en  edad  a  tan  tierna:  roas  los  que  presenziaron 
aquella  crueldad  ,  no  pudieron  callar.  Si  esta 
mujer  hubiese  sido  bruja  o  hechizera  ,  o  parrí- 
zída  de  su  marido  ,  o  de  sus  hijos  ,  i  *  el  majís-  ig5 
trado  ,  que  llaman  civil ,  para  arrancar  de  su 
boca  la  confesión  de  sus  maldades  ,  se  hubies  e 
valido  de  semejante  tormento  ;  al  haber  de  dar 
cuenta*  de  su  ofizio  ,  b  no  quedaría  impune ,  po^* 
cuanto  le  demandaría  cualquiera  por  tan  atroz 

a    El  onj.— chañe  tenellan  heroinaim. 
b    Ni  debía  qvedarlo. 


»    > 


e  inniodtTadü  (ormenlo.  Mas  ai  ^anto  iribunai 
nadie  le  residenzia  ,  i  le  es  lizito  matar  impune- 
mente en  ios  tormentos  ,  aun  a  los  mismos  , 
cuya  inozenzia  reconoze  ,  después  del  mas  es- 
crupuloso examen  de  su  causa  :  como  suzedió 
en  el  caso  de  esta  honestísima  *  mujer.  Pues 
como  les  faltasen  las  pruebas  sufízientes  para 
condenarla  ,  apesar  de  que  se  valieron  de  todas 
las  artes  inquisitorias  ,  para  rebuscarlas  i  pro- 
curárselas ;  como  ,  por  ser  en  aquel  lugar  co- 
nozida  la  acusada  ,  tuviesen  que  dar  nezesaria- 
nientcante  el  pueblo  alguna  cuenta  de  su. suer- 
te ,  i  no  pudiesen  de  modo  alguno,  disimular  el 
suzeso  ,  en  el  primer  acto  triunfal ,  que  se  pu- 
blicó después  de  su  muerte  ,  mandan  pronun- 

ziar  su  sentenzía  en  estos  términos.  «Por  cuan- 
to esta  Safiora  murió  en  la  carzel,  (  suprimien- 
do por  supuesto  las  causas  ) ;  i  ,  después  de  re. 
visado  i  examinado  atentamente  su  prozeso,  re- 
sultó inozente ;  por  lo  tanto,  el  Santo  Tribunal 
la  declara  libre  de  todos  los  cargos  intentados 
por  el  Fiscal  contra  ella,  i  absolviéndola  por  en- 
tero de  la  demanda  ,  la  restituye  asi  en  su  ino- 

*  El  orij.— huius  honestissimae  faBmina; — .  De  modo,que  es- 
to pareze  aclarar,  que  Doña  Juana  Bohorques,  es  la  que  sucum- 
bió, de  resultas  del  tormento:  aunque  el  *Eam  puellam-etc.  de 
la  paj.  aotezedeote  se  refiere  a  su  compañera. 


2Q1  f 
zenzia  como  en  su  buena  fama  ,  i  ordena  que 
todos  ios  bienes  *  que  se  le  babian  confiscado  se  ^  ^^ 
restituyan  a  aquellos  a  quienes  de  derecho  per- 
tenezcan.» etc.  I  de  esta  manera  ,  la  declara- 
ron libre  ,  después  de  haberla  muerto  en  los 

tormentos  con  brutal  ferozidad.  P«ro,  Dios  mis- 
mo pedirá  alguna  Tez  cuenta  ,  de  tan  bárbaras 
atrozidades  ,  ya  que  en  la  tierra^  las  defiende  la 
autoridad  ,  que ,  para  castigarlas  severamente  , 
instituyera. 

En  el  año  de  Cristo  1563  ,  discurrió  el  Santo 
Tribunal  tender  su  red  en  una  espezie  de  ense- 
nada ,  de  donde  ,  a  no  haber  después  con  mejor 
o  peor  consejo ,  resuelto  soltar  la  presa,  hubie- 
ra ocasionado  sin  saberlo  ,  a  los  campos  Roma- 
nos ,  un  daño  tal ,  que  *  ni  los  de  Lutero  le 
ocasionaron  hasta  entonzes  mas  grave  ,  casual 
o  imprudentemente.  El  caso  es  el  siguiente. 
Hubo  algunos  ,  mas  curiosos  quizá  de  ]o  que  a 
los  intereses  Romanos  convenia  ,  que  se  queja- 
ban amargamente  de  la  turba  de  frailes  i  cléri- 
gos, porque  requiriendo  de  amores  a  las  muje- 
res ,  i  tentando  la  castidad  de  matronas  i  don- 
zellas  honestas ,  abusaban  de  la  confesión  auri- 

*  Se  Té  mas  que  impanialídad :  se  ve  severidad  en  los  escri- 
tores españoles  reformistas,  respecto  a  Lutero.  Véanse  Valdes  , 
este»  i  otros. 


^  202 
cular,  como  de  un  medio  ya  otras  vezes  asado. 
La  cosa  ,  parezió  al  Santo  Tribunal ,  digna  de 
consulta  i  de  remedio.  Pero ,  como  en  el  asun- 
to estaban  a  *  obscuras  (puesto  que  en  aquella 
185  cspezie  de  *  delito  común,  i  ya  manifiesto,  nin- 
guno habia  nominalmente  delatado] ,  decretan 
por  un  edicto  jeneral ,  que  se  publicó  solemne- 
mente en  todas  las  iglesias  del  Arzobispado  de 
Sevilla,  que  todos  los  que  supiesen,  o  hubiesen 
oido,  de  cualesquiera  frailes  o  clérigos  que  hu- 
biesen abusado,  para  semejantes  torpezas  ,  del 
sacramento  de  la  confesión  ,  o  que  algún  confe- 
sor ,  en  otro  caso,  i  de  cualquier  modo,  hubie- 
se tratado  tan  iiízitos  negozios  con  su  hija  o  hi- 
jas de  Confesión  ;  lo  manifieste  al  Santo  tribu- 
nal ,  en  el  término  de  treinta  dias.  Añadiéron- 
se ademas  ,  gravísimas  censuras,  contra  los  que 
nohiziesen  caso  ,  o  despreziasen  el  aviso. 

Publicado  el  decreto,  acudía  al  alcázar  inqui- 
sitorio ,  de  sola  la  ciudad  de  Sevilla  ,  tan  nume- 
rosa multitud  de  mujeres  ,  a  delatar  a  los  mal- 
vados confesores ,  que ,  aun  veinte  escribanos , 
i  otros  tantos  Inquisidores  ,  no  bastaban  para 
rezibir  las  deposiziones  de  los  denunziadores.  I 

*    El  orij.— negotium  esset  eapcum. 


265   ' 
•asi ,  casi  abrumados  los  señores  Inquisidores  , 
por  la  multitud  de  negocios  ;  señalaron  para  la 
denunzia ,  otros  treinta  dias  ,  i  no  bastando  aun 
tan  corto  espazio  de  tiempo  ,  se  \ieron  obliga- 
dos a  dar  por  terzera  i  cuarta  vez ,  otro  tanto 
de  treguas.  Pues  muchas  honestas  matronas  ,  i 
-otras  de  las  mas  ilustres  familias  ,  apretándoles 
de  un  lado ,  la  conzienzia ,  con  la  superstizion 
de  las  censuras  ,  i  de  la  escomunion  ,  *  i  de  186 
otro,  deteniéndolas  en  casa  ,  el  respeto  a  sus 
maridos  ,  a  quienes  temian  ofender  con  alguna 
siniestra  sospecha  ,  en  cuanto  a  su  recato  ;  no 
encontraban  ocasión  oportuna  ,  para  visitar  a 
los  Inquisidores  ,  i  asi ,  con  la  cara  tapada  ,  a 
estilo  de  Sevilla  ,  i  cuan  secretisi mámente  po- 
dian ,  se;presentaban  a  los  señores. 

No  pocas ,  que  en  aquel  tiempo  de  declara- 
ziones,  no  pudieron  sobrepujar  con  su  pruden- 
zia  o  con  su  astuzia,  la  dilijenzia  de  sus  maridos 
en  observarlas  ,  clavaron  en  los  pechos  de  éstos 
los  aguijones  de  amargos  zelos.  Por  otra  parte, 
«ra  un  gusto  ver  a  los  frailes  i  clérigos  ,  andar 
cabizbajos ,  meditabundos  i  melancólicos  ,  por 
*  su  mal  sana  conzienzia,  esperando  a  todas  ho- 

*    El  orij.—- malé  sana, — puede  entenderse — perdida  conzien- 
zia. 


204 

ras  ,  temerosos  i  aterrados,  cuándo  les  echaba 
mano  ,  alguno  de  los  familiares  inquisitorios  : 
i  no  Tallaba  el  canto  de  una  uña  ,  para  que  mu^ 
chos  de  ellos  se  imajinascn,  que  se  iba  a  levan- 
tar contra  ellos  una  tempestad  aun  mas  furiosa 
que  la  que  por  entonzes  mismo  se  presentaba 
tan  aquejadora  ,  contra  los  Luteranos.  Pero  ad- 
vertido el  Santo  Tribunal ,  por  el  suzeso  ,  de 
que  aquellos  designios  ,  eran  no  solo  peligrosí- 
simos para  él  mismo  ,  sino  también  para  todo 
el  bando  de  la  Iglesia  Romana  ;  i  de  que  solo 
187  aquella  tentativa  ,  si  pasaba  adelante  ,  *  basta- 
ria  ,  cuando  menos ,  para  atraer,  al  orden  ecle- 
siástico, un  odio  sumo  e  incurable  ,  i  sobre  to- 
do, para  desacreditar  completamente,  entre  los 
hombres ,  la  autoridad  de  la  confesión  auricu- 
lar ,  que  ya ,  sin  eso  ,  parezia  estar  colgada  * 
de  bien  débiles  alfileres ;  aunque  el  negozio,  si 

de  otro  modo  se  mira  ,  fuese  harto  digno  no 
solo  de  la  inquisizion  ,  sino  también  del  castigo 
inquisitorio ;  mui  a  tiempo  ,  i  fuera  de  lo  que 
todos  esperaban  ,  volvió  pies  atrás,  sepultando 
asimismo  i  entregando  a  un  eterno  olvido  , 
aquellos  montones  de  torpezas  ,  que  ya  consta- 

*    El  orij.— ex  plurobcis  aciculis. 


205 
ban  por  lejUioios  indizios.  Cuenta  la  fama  que 
el  gremio  de  los  clérigos  i  frailes ,  mancomuna* 
damente  ,  a  hubieron  de  limpiar  las  narizes  del 
Papa ,  con  una  buena  porzion  de  dinero ,  para 
que »  halagado  con  aquel  buen  olor ,  conzediese 
una  bula  a  todo  el  orden  de  Confesores ,  perdo* 
nándoles ,  en  virtud  de  su  paternal  piedad » 
todos  sus  pecados  en  esta  parte ;  i  mandase  a 
los  Inquisidores,  que  desistiesen  de  su  intento, 
i  se  sujetasen  a  eterno  silenzio ,  las  cosas  hasta 
allí  actuadas ;  porque  no  llegase  a  notizia  del 
público.  Blas ,  a  los  peritos  en  las  cosas  Inqui- 
sitorias ,  no  les  pareze  esto  verosímil.  Pues  se- 
gún ellos  aunque  el  Papa  conzediese  aquella  bu- 
la ,  es  sin  embargo  tan  grande  la  potestad  del 
Santo  Tribunal ,  *  que  cuando  trata  de  llevar  188 
a  cabo  alguna  seria  determinazion  ,  aun  opo- 
niéndose la  autoridad  del  mismo  Papa  no  suele 
desistir  de  su  propósito.  I  lo  de  mas  frecuente 
uso  suele  ser  que  aquel  se  oponga  a  la  autoridad 
del  Papa  i  prevalezca  contra  él ,  como  se  verá^ 
ahora  ,  en  el  siguiente  ejemplo. 

Casi,  por  igual  imprevisión,  el  sumo  Pontifíze 
perjudicó ,  dos  años  antes ,  a  la  6  nasa  del  San- 

a    El  Oñj.  dize,— PapoB  nares  emuoxíMe: — frase  equivalente. 
b    El  Orij.— nassam:— i  nasa,  es  una  red  redonda. 


206 

to  Tribunal,  publicando  ana  a  bula,  del  que  eUos 
llaman  Jubileo  Plenísimo  ,a  remedio  del  orbe 
Cristiano,  para  el  cual  ,  sin  duda,  Cristo  no  de- 
bió proveer  lo  bastante.  Fuera  de  otros  grandes 
montones  de  induljenzias  i  purificaziones,  com- 
prendia  también  aquella  bula  ,  a  los  tocados  de 
la  peste  Lutherana  :  hasta  tal  punto  ,  aun  de 
la  misma  red  del  Evanjelio  ,  sabe ,  cual  injenio- 
soartifize ,  hazerse  una  lucrativa  nasa,  i  ya  que 
no  pueda  evitar  la  herida  ,  no  desespera  de  con- 
vertir en  su  provecho,  el  dardo  que  ,  para  su 

perdizion ,  lanzó  Cristo  al  mundo  b  en  aquella 
época.  Las  palabras  de  la  bula  eran  :  que  todos 
los  que  de  cualquier  modo  se  hubiesen  adherido 
a  los  dogmas  i  opiniones  Luteranas  ,  volviendo 
epsi ,  se  entiende  ,  de  su  locura  ,  Rindiesen  ser 
librados  por  cualquier  Confesor  de  aquel  conta- 
jio.  Designio ,  en  verdad ,  astuto ,  i  propio  de 
189  la  antigua  serpiente,  *  atendiendo  a  la  grande 
alterazion  que  con  ese  motivo  se  advirtió 
por  entonzes  en  España  ,  i  en  particular  en 
Sevilla  ,  ciudad  de  las  mas  famosas  de  Es- 
paña ,  i  a  que  ,  cuando  la  multitud  peca  ,  i 

a    El  oríj.— Diplómate. 

b    El  OrU.— errata^boe—por,  hac  linea  20. 


207 
"Sobre  todo  ,  cuando  inclina  el  ánimo  a  la  a  de* 
feczion  ,  con  mas  TaZilidad  ,  i  menos  peligro  , 
se  conserva  el  reino  en  la  obedienzia  ,  aparen- 
tando una  espezie  de  clemenzia  universal  ,  que 
no,  una  venganza  severa  i  pertinaz.  Solo  pedia 
echarse  de  menos  aquí,  la  incolumidad  del  San- 
to Tribunal ,  de  quien  no  pareze  faiziese  gran 
caso  el  Pontifize. 

Pero  aquel,  sumamente  ofendido  con  este  ar- 
titculo  de  la  bula, con  el  que,  sin  duda,se  les  ar- 
rebataba de  las  manos,  toda  aquella  gran  presa; 
condenando  aquella  intempestiva  clemencia  del 
Pontifize  ,  se  opuso  a  ella  sin  rubor  ;algttno  ,  i  h 
separando  toda  controversia  ,  sobre  el  asunto  , 
manda  por  preeepto.queno  fuese  rezibido,ni  pu- 
blicado ,  aquel  Jubileo  por  perjudicar  al  Santo 
Tribunal:  asi  pues,  ni  se  rezibió,  ni  se  publicó. 
Podia  verse  aqui  a  Satanás  ,  dividido  contra  éi 
mismo.De  esto  claramente  se  infiere,quela  obe- 
dienzia al  pontifize  romano,queaquellos  probos 
señores  defienden  a  sangre  i  fuego  en  cabeza  á- 
jena  como  articulo  de  fé ,  es  en  realidad  ,  para 
ellos,  un  c  moharrache  de  cera  ,  *  que  vuelven  190 

a  El  Orij.— ad  defectionem— que  puede  traduzirse  también 
a  la  sublevazion. 

b  Separando;  o  quitando  de  en  medio.  El  Or^.-summota— por 
submota. 

c    El  0rij,-cssreum4iasum-cereUm  querrá  dezir. 


208 

ázía  donde  se  les  antoja:  i  que  mas  bien  es  para 
ellos  como  un  lazo  ,  i  como  una  red,  para  cojer 
a  los  hombres ,  que  como  un  articulo  de  fé  ,  de 
cuya  observanzia  esperenellos  su  salvazion. 

Es  propio  de  cualquier  tiranía  ,  el  odiar  la 
clemenziai  lajustizia  ,  ante  todas  las  cosas,  i 
apoyarse  solo  en  la  crueldad  i  rigor  ,  procuran- 
do ser  temida  ,  aunque  en  sumo  grado  la  abor- 
rezcan ;  ya  que  vé ,  no  puede  fundarse  en  otro 
titulo  mas  justo.  Asi  solia  aquel  dezir  :  *  Odíen- 
me ,  con  tal  que  me  teman. — ^Si  cualquiera  re- 
flexiona ,  advertirá,  que  basta  aqoi  ,  no  ba  ha- 
bido tiranía  alguna  ,  que  baya  observado  esta 
lei  con  mayor  tenazidad  i  violenzia,  que  el  San- 
to tribunal,  que  prozedia  con  una  cierta  afecta- 
zion  en  la  iniquidad  i  en  la  crueldad ;  solo  .para 
infundir  terror  :  de  suerte  ,  que  pareze  nada 
ansiar  mas  .para  si ,  que  el  que  le  odien ,  con 
tal  que  le  teman:'— Pues  castiga  con  penas  se- 
verisimas  i  desmesuradas ,  aun  aquellas  ^^osas 
tan  leves^que  casino  merezen  reprensión  alguna: 
como  se  comprobará  con  lossiguientesejemplos. 

El  Obispo  Tarraconense ,  Inquisidor  Mayor 
en  Sevilla ,  de  cuya  santidad  ya  bizimos  antes 
merezida  mención;  con  estas  alegres  cosas,  que 

*    Es  un  dicho  de  Tiberio.— Odenn/,  áum  mctuant. 


20SÍ 
entonzes  pasaban  ,  de  este  modo  ,  en  la  Iglesia 
^ostumbraba  pasearse  i  solazarse  :  i  salió  un 
verano  a  *  divertirse,  según  tenia  de  costumbre,  ^91 
a  los  amenos  huertos  de  la  ribera  del  Betis  , 
con  toda  la  comitiva  inquisitoria  i  con  un  apa- 
rato verdaderamente  episcopal.  En  el  huerto 
donde  a  la  sazón  se  daba  a  plazer  el  señor  Obis- 
po estaba  por  casualidad  sentado  jugando  a  la 
orilla  de  un  estanque  y  un  hijo  del  hortelano  , 
de  dos  a  tres  anos. 

Habiendo  uno  de  los  pajezicos  del  señor  In- 
quisidor quitado  al  hortelanillo,  la  caña  con  que 
jugaba,  le  hizo  llorar.  Elhortelano,  oyendo  llo- 
rar a  su  hijo,  acude  al  instante,  i  sabida  la  cau- 
sa de  su  llanto  ,  se  enoja  con  el  fámulo  inquisi- 
torio ,  i  le  pide  ,  que  restituya  la  caña  a  su  hi- 
jo :  pero  no  obedéziendo  aquel,  i  desprezíando 
con  insolenzia  al  rústico,  este  le  arrebata  de  la 
mano  la  caña  ,  mientras  el  fámulo  inquisito- 
rio ,  apretando  ,  procura  retenerla,  i  se  lastima 
un  si  es  no  es  la  mano  ,  con  el  filo  de  una  asti- 
lla de  la  caña.  No  era  mortal  la  herida  ,  ni  ha- 
bía mutilazion  de  miembro  alguno  ,  que  debie- 
se castigarse  con  una  pena  mas  severa  ,  sino 
una  espezie  de  rasguñadura  en  la  piel,  como  la 
que  podia  causar  el  filo  de  una  caña  quebrada» 


2f0 

herida  ,  verdaderamente  pueril.  Preséntase  el 
paje  Inquisitorio  a  su  amo,  que  no  lejos  de  allí 
se  paseaba  ,  a  a  quejarse  de  la  berída :  manda 
el  Inquisidor  prender  al  hortelano  i  q.ue  le  lle- 
ven al  alcázar  inquisitorio  ,  en  donde  le  tuvo 
sujeto  con  unos  grillos  mui  pesados  ,  por  ente- 
ros nueve  *  meses  sufriendo  en  sus  haberes  , 
ya^  sin  eso,bien  cortos,  una  pérdida  no  fazil  de 
reparar  a  un  hombre  pobre  como  él  ,  murién- 
dose ,  acaso  ,  entre  tanto  de  hambre  ,  sus  hijog 
í  mujer  ,  i  todo  ,  por  no  haber  cedido  al  paje 
inquisitorio  como  a  un  miembro  del  Santo  Tri- 
bunal. Por  fin ,  al  cabo  de  nueve  meses  le  suel- 
tan ,  pensando  haber  usado  con  él  de  mayor 
clemenzia  ,  que  la  que  su  culpa  merezia. 

Vivia  en  Sevilla ,  un  hombre  pobre  ,  que  ga- 
naba ,  con  su  sudor  ,  el  cotidiano  sustento  ,  pa- 
ra él  i  para  su  familia ,  al  cual  un  cierto  cléri- 
go ,  le  tenia  la  mujer,  que  le  habia  quitado  vio- 
lentamente ,  sin  que  ,  'entretanto  ,  ni  por  la  in- 
quisizion,  ni  por  la  autoridad  de  otro  tribunal  ,■ 
se  vindicase  tan  atroz  injuria.  Hallándose  este 
pobre  ,  entre  otros  de  su  misma  condizion  , 
azertaron  a  hablar  del  purgatorio,  i  dijo  aquel, 6 

a    El  Oiij.— qu«8tum-por-9ttesttMn. 

b    El  Orij.— «Ipse  rusticana  potios  siraplicitate  quám  ccrto  ctnu- 
silio.»^I  puede  q.  d.-con  mas  «eadllez,  que  cordura.  - 


211 
«on  rústica  senziUei  mas  bien  ,  que  con  deter- 
minada deliberazion,  que,  por  su  parte,  bastan- 
te purgatorio  tenia ,  en  que  un  grandísimo  bri- 
bón le  hubiese  violentamente  separado  de  su 
mujer,  etc.  Llegó  esta  conversazion ,  a  oidos 
del  buen  clérigo  ,  i  le  presentó  ocasión  de  du- 
plicar la  injuria  en  el  pebre  ,  i  le  acusó  a  los 
inquisidores  ,  de  no  creer  en  el  Purgatorio. 

Este  pecado  del  pobre  ,  le  parezió  al  Santo 
tribunal  mas  digno  de  castigarse  por  la  autori- 
dad inquisitoria  ;  *  que  el  delito  del  clérigo.  I  195 
asi ,  solo  por  aquella  palabrilla  ,  prenden  al 
infeliz  ,  le  sepultan  en  las  prisiones  inquisito- 
rias durante  dos  enteros  anos  ,  i  después  de 
sacarle  en  triuni'o  ,  le  condenan  a  llevar  un 
Sambenito  ,  por  tres  años  ,  que  ha  de  pasar  en 
una  carzel  particular  ,  quedando  ,  después  de 
cumplido  el  tiempo  ,  a  arbitrio  de  los  señores 
inquisidores  ,  el  dejarle  libro  ,  o  el  detenerle 
aun  kn  la  carzel.  Ni  se  perdonó  tampoco  a  sus 
bienei^ ,  aunque  pobre  ,  sino  que  de  la  misma 
suerte  que  cedió  la  mujer  al  clérigo  ;  cedió  al 
Fisco  Inquisitorio  ,  después  de  tan  larga  pri- 
sión ,  cuanto  de  su  escasísima  fortuna  le  que* 
daba.  I  esta  es,  aquella  inquisizion  de  España  , 
que  tan  animosamente  defiende  la  fé  de  Cristo, 


212 

purga  la  relíjion  de  herejías  ,  i  castiga  a  lo» 

herejes. 

Vim  en  la  ciudad  de  Cádiz  cierto  estranjeror 
pero  que  estaba  inorando  ya  en  Espafta  hazía 
yeinte  años  ,  el  cual ,  llevado  de  la  común  su- 
perstizion  ,  habitaba  en  el  yermo  una  ermita 
por  devozion.  Habiendo  oido  éste ,  en  su  ermí- 
ta  ,  el  cautiverio  de  la  muchedumbre  ,  que  los 
inquisidores  prendian  todos  los  dias  en  Sevilla, 
por  causa  de  las  herejías  ,  que  llamaban  Lute- 
ranas :  habiendo  también  llegado  a  su  notizía  el 
decreto  de  los  inquisidores ,  que  mandaba  ,  so- 

194  P^Q^  ^®  aquellos  *  fantasmas  de  escomuniones  , 
que  todo  lo  que  uno  supiese  ,  azerca  de  aque- 
llas cosas,  o  bien  de  otros,  o  bien  de  sr  mismo , 
lo  manifestase  cuanto  antes  a  la  Inquisizion : 
puesto  que  ,  los  señores  Inquisidores ,  solían 
usar  de  singular  misericordia  con  aquellos,  que 
a  si  propios  se  descubrían  ;  el  ermitaño  mas 
estúpido  que  simple  ,  viene  a  Sevilla  ,  se  pre- 
senta a  los  Inquisidores,  i  se  delata  a  si  mismo. 
Consistía  su  pecado  en  que  estando  veinte  años 
hazía  en  Jénova,  i  habiendo  oido  a  un  *  herma- 
no suyo  disputar  sobre  aquellas  materias  ,  » 

*    El  Orij.— fratrem  quendam  suum  etc.— Puede  tambicD,  por 
acaso,  q.  d.-a  un  cierto  fraile  italiano,  fonando  la  voz-fratrem^ 


saber  ,  sobro  la  justificación  del  iioiubre  por  la 
fé  en  Cristo  ,  sobre  el  Purgatorio  ,  i  otras  co- 
sas de  este  jaez  ,  le  habian  parezido  no  mal  , 
aunque  después  nunca  se  hubiese  acordado  de 
ellas  (  se  entiende  el  piadoso  ermitafio )  :  que 
él ,  por  lo  tanto  ,  había  ido  a  acusarse  de  su 
pecado  ,  i  a  pedir  misericordia. 

Rezibida  esta  confesión  ,  los  señores  inqui- 
sidores (  quizá  para  que  con  este  aditamento  se 
aumentase  el  número  de  los  cautivos  ) ,  man- 
dan sepultar  a  su  ermitaño,  en  la  carzel,  i  des- 
pués de  pasados  allí  muchos  dias  ,  le  sacan  en 
triunfo  ,  i  le  sentenzian  a  llevar  un  Sambenito, 
a  tres  meses  de  carzel ,  i  a  la  confiscación  de  su 
eremítica  hazienda ,  pues  no  se  avergüenzan 
los  señores  inquisidores  de  sacar  al  público  * 
tan  chistosas  farsas  ,  ni  de  castigarlas,  aun  en 
los  suyos  ,  con  tanta  severidad 

*  En  aquel  mismo  triunfo  ,  sacaron  también  195 
a  un  honrrado  vezino  de  Sevilla ,  sin  capa  ni 
sombrero ,  con  una  vela  de  cera  en  la  mano  ,  i 
ademas  con  cien  ducados  menos  en  el  bolsillo  , 
por  supuesto,  para  las  costas  del  Santo  Tribu- 
nal ,  después  de  pasar  un  año  en  la  carzel  In- 

*    El  Orij.— eiusmodi  facetas  osenias. 


-l\í 

siloriii  ,  solu  [Hir  <|ue  i^  le  averiguo  iiabcr  di- 
cliu  ,  i)ue  loB  eicesivos  gaütoa  que  suelen  pro- 
digarse a  el  Jueves  Santo  en  lev^utar  a  Cristo  , 
euando  ya  vive  cu  los  cielos  ,  aquellas  santoo- 
'  sisimas  iDules  tle  papel  i  telas  ,  que  ,  con  abuso 
del  vocablo,  llaman  monumentos;  i  lo  mismo  , 
los  que  Bc  disipan  en  la  fiesta  del  pan  ,  que  lla- 
man del  Corpus  Criti  (  pues  en  Sevilla  son  pro- 
dijiosamente desmesurados  ] ,  serian  masazep- 
tos  a  Dios  ,  si  se  tiivirtíesen  en  los  pobres  .  o 
en  casar  pobres  i  liucrfanas  áonzellas,  con  bom- 
bres  honrrados.  Este  dicho  merezió  la  censura  i 
pena  inquisitoria ,  que  dijimos  ,  i  su  autor 
liubo  de  abjurar  de  cosa  grave  [de  vehementij,- 
como  sospeclioso  de  Luteranismo. 

Sacaron,  en  el  mismo  triunfo ,  a  otro  pobre, 
que  teniendo  enemistad  con  cierto  clérigo  b  de 
Ecija,  ciudad  do  Andalucía  ,  dijo  de  él,  delante 
de  otros  ,  que  no  podia  creer  ,  que  Dios  b>gase 
a  las  manos  de  aquel  perversísimo  adúltero.  El 
196  Vicario  del  Ordinario  *  le  Itabia  ya  castigado  en- 
tonzes  por  aquel  dicbo;  pero  el  clérigo,  no  con- 
tento con  esa  venganza  ,  le  demandó  después  . 
por  blasfemo  ,  anie  el  Inquisitorio  Tribunal  de 


n    El  OriJ.— die  Hogni  Joiis,  Dp«ri>Huhiris  illis  mslilius  |>t- 
b    Aallgilx  urbis  Iklhloíé:— el  Orii- 


JL 


215 
Sevilla:  sin  que  la  pena  primera  del  Ordinario, 
obstase  a  que  segunda  vez  fuese  castigado  , 
prendiéndole  por  orden  de  los  inquisidores  , 
enzerrándole  en  la  cárzel  durante  un  auo  ,  i 
sacándole,  por  fin,  al  triunfo,  sin  capa  ni  som- 
brero ,  llevando  una  vela  de  cera  en  la  mano  ,  i 
una  mordaza  en  la  boca  :  en  castigo  ,  sin  duda, 
de  su  blasfemia  :  hubo  de  abjurar  de  cosa  leve 
[de  levi]. 

Aumentaron  la  prozesion,  de  los  que  sacaron 
en  aquel  triunfo,  dos  jóvenes  estudiosos  :  el 
uno,  por  *  haber  puesto  en  su  libro  de  memo- 
Ha  ,  unos  versos  de  autor  incierto,  compuestos 
con  tal  artiíizio  ,  que  unas  mismas  palabras  po- 
dían interpretarse  en  suma  alabanza,  o  en  vitu- 
perio de  Luiero.  Al  tal ,  por  esta  razón  sola- 
mente ,  después  de  un  año  entero  de  cárzel  ,  le 
sacaron  en  triunfo  ,  sin  capa  ni  sombrero  ,  con 
una  vela  de  cera,  imponiéndole  ademas  la  pena 
de  destierro  por  tres  años  de  Sevilla  i  sus  con- 
tornos i  la  abjurazion  de  cosa  leve  (de  levi).  El 
otro ,  por  haber  copiado  los  mismos  versos  , 
por  su  injenioso  artifízio  ,  esperimentó  la  misr 
ma  censura  ,  conmutándole  solo  el  destierro  , 

*    El  orij. — ^in  albo  suo  reposuisset. 


2U\ 

on  den  iIiifhiIuií  <le  inulta  ,  para  gastos  del  Sail- 
tü  Tribunal. 
No  neria  dilizil  ,  llenar  todo  el  libro  de  se- 
197  mejanles  ejemplos  de  maniBesta  *  tiranía  .  sido 
creyésemoi,  que  bastan  los  puestos,  para  picar 
los  oídos  de  loB  hombres ,  i  hazer ,  que  vuelvan' 
sus  ojos  i  BU  aleniion  ,  a  los  muchos  nuevos ,  i 
auu  mas  estrados  ,  gue  de  si  mismo  ,  ofreze  co- 
tidiauameote  el  Santu  Tribunal:  con  los  cuales, 
claramente  da  a  conozer ,  qué  espíritu  Santo  * 
le  rija  í  iKrija  en  titdos  sus  acziones :  qué  -es  lo 
<|ue,  al  cabo,  en  ellas  pretende;  i  con  qué  raion 
le  cuadre  el  nombre  de  Santo  Tribunal ,  í  a  los 
laquisidorea  el  de  l'adres  de  la  fé  ,  con  elcuali 
hasta  ahora  ,  amedrentaron  los  ánimos  de  los 
hombres.  Ni  será  ya  difizil  a  cualquiera,  adiví- 
iiai' ,  si  se  aumenU  i  propaga  por  estos  medios 
la  piedad  Cristiana,  el  conozimienlo  í  culto  del 
verdadero  Dios  ,  i  el  Reino  de  Cristo ,  para 
lodos  los  buenos  sumamente  apetezible  ;  o  , 
si  mas  bien  se  destruye ,  disipa  t  aniquila  , 
aumentando  t  propagando  sin  limites  el  reino 
de  Satanás  ,  que  se  afirma  en  la  mentira  ,  se 
aumenta  con  fraudes  i  engaños,  se  conserva  ccm^ 

'     El  Orij.— regatar  .  le  dirlgtrnr  (le. 


217 
la  crueldad  ,  i  con  latrozinios  i  parrizidios  con- 
tra los  justos. 

*  ELOJIOS  DE  ALGUNOS  PÍOS  MÁRTIRES  ^^^ 

DE  CRISTO  ,  QUE  SUFRIERO!^  LA  MUERTE  EN  UN  SU- 
^LIZIO  CON  CRISTIANA  GONSTANZIA  ,   POR  LA  CON- 
FESIÓN DEL  BTANJELIO  ;  I  FUERON  DESPUÉS  ,  POR 
LAS  ARTERIAS  DE  LOS  INQUISIDORES  ,  CON  LA  NOTA 
■DE  PERFIDIA  I  DEFECZION  ,  INFAMADOS. 


N 


O  se  dan  los  Inquisidores  por  plenamente  sa- 
tisfechos ,  con  la  muerte  inhumana  ,  de  los  que 
despreziando  su  crueldad  ,  confesaron  constan- 
tes a  Cristo ,  ante  el  tribunal  de  ellos  mismos  ; 
si  ademas  no  procuran,  valiéndose  de  todas  sus 
artes  ,  i  con  toda  su  fuerza  ,  quitarles  también 
la  vida  del  alma,  ja  que  por  esa  misma  fé,  vive 
en  ellos  Cristo  ,  de  quien,  viviendo  i  muriendo, 
dieron  ilustre  testimonio.  Pero  cuando  ven  frus- 
trados i  fallidos  todos  sus  esfuerzos ,  por  soste- 
ner Cristo  a  los  suyos  con  su  mano  poderosa,  de 
la  que,  según  el  mismo  dize,  nadie  los  arrancará 
nunca ;  *  les  quitan  ,  por  último,  lo  que  pue-  199 
den ;  a  saber ,  el  buen  nombre  de  su  gloriosa 
constanzia  ,  esparziendo  falsos  rumores  ,  des- 


puen  át  su  muiTk  ,  i  aun  en  el  mismo  cadalso, 
antes  üi'  aplicarles  loa  bü|iI¡zÍob  para  ellos  desti- 
nados; diziendo,  <juc  aburridos  de  la  verdad 
<|iic  profi-saroD  ,  volvicroD  a  la  mentira  i  tinie- 
blas de  la  Iglesia  Ilvmana. 

*  Es  éste  un  doble  artifizio  de  SalanáB,  i  una 
prueba  clara  de  la  asisteniia  de  su  espirita  . 
cjue  en  el  Santo  Ofitio  reside ,  por  cuyo  medio  , 
DO  solo  priva  a  los  piadosos  inárüres,  de  la  ala- 
banza debida  a  su  coostanzia,  sino  que  también, 
defrauda  a  la  iglesia  de  Cristo  ,  del  ejemplo  i 
contento,  que  de  otra  suerte,  en  virtud  de 
aquella  gozaría.  I,  supuesto  es  cosa  averíguada, 
que  en  algunos  de  los  que  llaman  autos  de  Fé 
hizierou  eso  mismo  los  l'adres,  con  mucbos  ,  de 
cuya  fortaleza  i  co asta nzia  permitió  Dios  noscer- 
ciorasemos  ;  couTÍenu  sobre  todo ,  dar  a  luzeste 
tratado,  aüadiendole  por  vía  de  apéndize  al  ante- 
rior; para  que  se  restituya  a  los  mismos  piadosos 
mártires  la  bonrra  i  crédito  que  en  la  Iglesia  por 
su  conslanzia  se  les  deben,  se  cumpla  a  la  misma 
Iglesia  BU  alegría,  i  se  salven  los  tales  ejemplos  , 
]iara  gloi'ia  de  Dios  i  edificazion  de  aquella  ,  i 
jiara  baldón  eterno  del  santo  tribunal. 

l    0:  una  obra  de  dol|le  nalurnlria  .  puei  el  Oi 


219 


JUAN  PONCE  DE  LEÓN.  200 


1 


In  el  primer  auto  de  fé  ,  que  se  celebró  en 
:Sevilla  el  24  de  Setiembre  del  año  1559  contra 
Jos  Luteranos  ,  defensores  de  la  pia  doctrina  ; 
•sacaron  en  triunfo  a  Juan  Ponce  de  León  ,  hijo 
de  Rodrigo  Ponce  de  León  ,  Conde  de  Bailen  , 
hombre  de  esclarezido  linaje,  sobremanera  ins- 
truido en  el  Evanjelio  de  Cristo,  i  en  la  práctica 

de  él,  ya  de  muchos  años  ejerzitadisimo,  según 
^nos  consta  ,  por  la  antigua  i  estrechísima  amis- 
tad que  a  él  nos  unía  :  nezesitaria  ,  al  parezer  , 
«n  todas  ocasiones  de  este  nuestro  testimonio  , 
por  otra  parte  ,  veraz  i  fiel  ante  Dios ;  si  no 
atestiguase  esto  mismo ,  el  |  úblico  consenti- 
miento de  cuantos  conozieron  a  aquel  hombre, 
o  de  cualquier  modo  observaron  en  algún  asun- 
Xo  sus  piadosas  costumbres. 

Pues  como  en  él  respiandeziesen  todas  las 
virtudes  dignas  de  la  profesión  Cristiana  ,  ver- 
dadera ,  no  fínjida  ;  era  tan  singular  la  caridad 
que  ázia  sus  infelizes  i  nezesitados  *  hermanos  201 
abrigaba  en  su  alma  aquel  piadosísimo  varón  , 
que  dueño  de  un  opulento  patrimonio  con  que 


Imbiera  podido  comotlamente  guardar  i  maute- 
UKT  el  esplendor  de  su  linaje ;  vino  a  redazirae 
a  lina  pobreza  extrema  ,  aunque  para  él  no  in< 
grala.  Incurrió  por  ello  en  los  juizios  de  loB 
hombres  ,  que  ,  como  ciegos  i  prepósteros  , 
asi  también  son  inicuos ;  i  que  por  lo  regalar 
atribuyen  Un  raros  ejemplos  de  piedad  ,  a  de- 
sidia ,  o  a  censurable  profusión. 

Mas  cuando  (  por  Té  ,  sin  duda ) ,  títíó  de  tal 
suerte,  que  nadie  se  quejase  nunca  de  él ,  nadie 
Gonzibiese  la  mas  minima  sospecha  de  nn  indig- 
no ejemplo  en  él;  i  que  muchos ,  en  sus  nezesi- 
dades ,  esperimenlaron  realmente  su  bondad  ; 
se  infiere ,  que  aquella  durísima  ,  i  por  todos 
reconozida  pobreza  ,  que  a  juizío  de  todos  llevó 
coa  tal  resignazion  de  iinímo,  que  apenas  la  hu- 
bieran tenido  igual ,  para  sobrellevar  una  me- 
diana fortuna,  otros  de  condizion  mas  humilde; 
debe  ser  un  argumento  ,  de  su  rara  ,  i  de  nin- 
gún modo  *  finjida ,  piedad. 

Este  ,  pues ,  preso  a  causa  de)  Evanjelio  por 
los  Inquisidores ,  según  el  galardón  que  da  el 
mundo  a  la  piedad  ,  después  de  haber  defendi- 
do animosamente  en  la  cárzel ,  durante  algunos 


221 
meses  la  vetdad  coiHra  las  impías  mentiras  : 
bien  fuese  conmovido  por  la  gravedad  de  los 
tormentos  o  por  blandas  promesas  de  salud  ^ 
dobló  su  fé  ,  basta  entonzes  *  inespugnable,i  se  202 
abandonó  torpem'^nte  ala  obedienzia  de  la  igle* 
sia  Romana.  Arrastráronle  a  tan  fea  defeczion> 
los  consejos  i  el  artifízio  de  cierto  Mosca  pesti^ 
lente  ,  que  del  modo  susodicho ,  i  bajo  nombre 
de  preso  ,  con  él  enzerraron.  Este,  como  hom- 
bre a  de  letras  i  taimado  insigne ,  mas  con  en- 
gañosas persuasiones  i  promesas ,  que  con  la 
fuerza  de  sus  argumentos ,  hizo  vazilar  la  fé  de 
aquel  hombre ,  por  lo  demás ,  relijíosisimo.  6 

^Pero ,  si  en  tan  torpe  caida  le  permitió  el  Se- 
ñor tocar  como  con  las  manos  ,  la  frajilidad  de 
la  humana  naturaleza ;  acordándose ,  segura- 
mente ,  de  su  palabra=«Nadie  arrebatará  de  mí 
mano  mis  ovejas=» ;  no  desamparó  a  su  c  ove- 
jilla  por  mas  tiempo,  sino  que  la  levantó,  de  tan 
feamente  caida  í  postrada  que  estaba,  i  la  resti- 
tuyó, con  su  poder,  a  mayor  firmeza  i  constan- 
zia  que  antes.  En  aquella  noche  que  antezedió 
al  día  de  su  suplizio  d  (puesto  que  en  tal  hora , 

a  «homo  litératus  et  iosignis  veterator*— El  Orij. 

b  El  Ory.— piissimi  alioqui  hominis  fldem  labefactayil. 

c  El  OriJ.— oTÍculam  suam. 

d  El  OrQ.— («siquidem  ea  hora  res  non  agUur  silentio»). 

Q 


i 


nada  se  oculta),  de&ndió  animosamente  la  ver- 
dad de  su  profesión  contra  el  clerizonte  confe- 
sor ,  en  presenzia  de  varios  presos  i  minislros 
inquisitorios. 

Preguntado  por  el  Sazerdotazo,  si  queria  usar 
de  la  sagrada  confesión  ,  (pues  la  despreziaba , 
desechando  ,  i  aun  reprendiendo ,  al  sazerdota- 
zo] ,  siendo  asi  que  antes  que  le  prendiesen 
203  habia  usado  muchas  vezes  de  ella ;  *  respondió: 
que  aquello ,  lo  hahía  hecho  ,  por  respeto  a  la 
debilidad  de  sus  hermanos ,  a  quienes ,  no  su- 
ponía aun  tan  adelantados ,  que  pudiesen  ver 
aquella  libertad  sin  escandalizarse.  Pero  que , 
entretanto ,  se  habia  valido  de  un  confesor  tal , 
que  el  confesarse  con  él ,  mas  bien  podia  lla- 
marse conferenzia  azerca  de  la  verdadera  pie- 
dad ,  que  no  confesión  ;  pero  que  ya  ,  no  era 
mas  nezesaria  aquella  toleranzia. 

En  su  sentenzia,  fueron  leidos  en  público  Io& 
fiiguientes  artículos  ,  entreoíros,  por  cuya  can. 
sa  prinzipalmente  le  condenaban  a  la  hoguera. 
Haber  tenido  horror  a  la  idolalria  cometida  en 
la  adorazion  del  pan :  que  ,  por  lo  tanto  ,  si 
alguna  vez  encontraba  el  viático  ,  coando  le 
llevaban  en  pompa  a  casa  de  los  enfermos  , 
acostumbraba,  o  bien  echar  por  otra  calle  apre- 


223 
surando  el  paso  ,  o  adelantarle  ,  para  no  verse 
obligado  a  rendirle  culto  alguno  de  adorazion. 
Que  muchas  vezes ,  habiendo  entrado  en  la  ca- 
tedral ,  por  no  ver  al  a  sacrificulo  alzar  en  sus 
manos  la  hostia  ,  le  había  vuelto  la  espalda. 
Que  amenudo  se  dirijia  por  pasear  b  al  sitio 
donde  solían  quemar  a  los  justos  ,  por  la  con- 
fesión de  la  verdad  ,  i  frecuentaba  aquel  lugar, 
repitiendo  los  paseos  ,  para  que  con  la  asidua 
meditazion ,  asi  del  suplizio  ,  como  prinzipal- 
mente  de  la  fiel  i  gloriosa  confesión  ,  que  allí 
dieron  los  buenos  ,  a  Cristo  ,  arrancándosela 
el  mundo  a  fuerza  de  crueldades  ,  perdiese  el 
miedo  al  suplizio  ,  *  como  que  algún  dia  había  204 
de  ser  llamado  a  él,  i  se  endureziese,  a  pesar  de 
la  humana  molizíe,  para  sufrirlo  con  fortaleza, 
ítem  mas :  que  cuando  llegaba  el  dia  señalado 
para  partizipar  según  costumbre  del  pan  c  Mí- 
sático,  mandaba  fuera,  a  otra  parte,  a  sus  cria- 
dos ;  i  cuando  éstos  volvían  ,  aparentaba  haber 
ya  comulgado,  porque  no  se  escandalizasen  con 
su  libertad. 

a  El  org.— sacriflcuU.— I  como  sacrt/ScuIíw,  s¡gDiflca-~saier- 
dote  superstifloso  ,  o  de  falsos  cultos,  lo  mejor  es  dejar  la  toz. 

b  El  Orij.— ad  basim. — Alude ,  creo ,  a  lo  que  llamaban  en 
Se^Ua.— el  Campo  de  Tablada. 

€  El  Or^.— pañi  missatico.— etc.  i  luego :  — ablegasse  alió  a 
se  fámulos. 


222 

nada  se  oculta),  defendió  animosamente  la  ver- 
dad de  su  profesión  contra  el  clerizonte  confe- 
sor ,  en  presenzia  de  varios  presos  i  ministros 
inquisitorios. 

Preguntado  por  el  Sazerdotazo,  si  queria  usar 
de  la  sagrada  confesión  ,  (pues  la  despreziaba  , 
desechando  ,  i  aun  reprendiendo ,  al  sazerdota- 
zo) ,  siendo  asi  que  antes  que  le  prendiesen 
203  babia  usado  muchas  vezes  de  ella ;  *  respondió: 
que  aquello ,  lo  habia  hecho  ,  por  respeto  a  la 
debilidad  de  sus  hermanos ,  a  quienes »  no  su- 
ponia  aun  tan  adelantados  ,  que  pudiesen  ver 
aquella  libertad  sin  escandalizarse.  Pero  que , 
entretanto ,  se  habia  valido  de  un  confesor  tal , 
que  el  confesarse  con  él ,  mas  bien  podia  lla- 
marse conferenzia  azerca  de  la  verdadera  pie- 
dad ,  que  no  confesión  :  pero  que  ya ,  no  era 
mas  nezesaria  aquella  toleranzia. 

En  susentenzia»  fueron  leidos  en  público  los 
siguientes  artículos  ,  entre  otros,  por  cuya  cau. 
sa  prinzipalmente  le  condenaban  a  la  hoguera. 
Haber  tenido  horror  a  la  idolatría  cometida  en 
la  adorazion  del  pan :  que  ,  por  lo  tanto  ,  si 
alguna  vez  encontraba  el  viático  ,  cuando  le 
llevaban  en  pompa  a  casa  de  los  enfermos  , 
acostumbraba,  o  bien  echar  por  otra  calle  apre- 


222 

nada  se  oculta],  defendió  animosamente  la  ver- 
dad de  su  profesión  contra  el  clerizonte  confe- 
sor ,  en  presenzia  de  varios  presos  i  ministros 
inquisilorios. 

Preguntado  por  el  Sazerdotazo,  si  queria  usar 
de  la  sagrada  confesión  ,  (pues  la  despreziaba , 
desechando  ,  i  aun  reprendiendo ,  al  sazerdota- 
zo) ,  siendo  asi  que  antes  que  le  prendiesen 
203  babia  usado  muchas  vezes  de  ella ;  *  respondió: 
que  aquello ,  lo  babia  hecho  ,  por  respeto  a  la 
debilidad  de  sus  hermanos ,  a  quienes ,  no  su- 
ponia  aun  tan  adelantados  »  que  pudiesen  ver 
aquella  libertad  sin  escandalizarse.  Pero  que , 
entretanto  ,  se  babia  valido  de  un  confesor  tal , 
que  el  confesarse  con  él ,  mas  bien  podia  lla- 
marse conferenzia  azerca  de  la  verdadera  pie- 
dad ,  que  no  confesión  :  pero  que  ya  ,  no  era 
mas  nezesaria  aquella  toleranzia. 

En  susentenzia,  fueron  leidos  en  público  los 
siguientes  artículos  ,  entre  otros,  por  cuya  cau. 
sa  prinzipalmente  le  condenaban  a  la  hoguera. 
Haber  tenido  horror  a  la  idolatria  cometida  en 
la  adorazion  del  pan :  que  ,  por  lo  tanto  ,  si 
alguna  vez  encontraba  el  viático  ,  cuando  le 
llevaban  en  pompa  a  casa  de  los  enfermos  , 
acostumbraba,  o  bien  echar  por  otra  calle  apre- 


223 
surando  el  paso  ,  o  adelantarle  ,  para  no  verse 
obligado  a  rendirle  culto  alguno  de  adorazion. 
Que  muchas  vezes  ,  habiendo  entrado  en  la  ca- 
tedral ,  por  no  ver  al  a  sacrificulo  alzar  en  sus 
manos  la  hostia  ,  le  había  vuelto  la  espalda. 
Que  amenudo  se  dirijia  por  pasear  b  al  sitio 
donde  solían  quemar  a  los  justos  ,  por  la  con- 
fesión de  la  verdad  ,  i  frecuentaba  aquel  lugar, 
repitiendo  los  paseos  ,  para  que  con  la  asidua 
medítazion  ,  asi  del  suplizio  ,  como  prinzipal- 
mente  de  la  fiel  i  gloriosa  confesión  ,  que  allí 
dieron  los  buenos  ,  a  Cristo  ,  arrancándosela 
el  mundo  a  fuerza  de  crueldades  ,  perdiese  el 
miedo  al  suplizio  ,  *  como  que  algún  dia  había  204 
de  ser  llamado  a  él,  i  se  endureziese,  a  pesar  de 
la  humana  molizíe,  para  sufrirlo  con  fortaleza, 
ítem  mas :  que  cuando  llegaba  el  dia  señalado 
para  partizipar  según  costumbre  del  pan  c  Mí- 
sático,  mandaba  fuera,  a  otra  parte,  a  sus  cria- 
dos ;  i  cuando  éstos  volvían  ,  aparentaba  haber 
ya  comulgado,  porque  no  se  escandalizasen  con 
su  libertad. 

a  El  org.— sacriflcuU.— I  como  sacrt/ScuIíw,  signiflca-^saier- 
dote  superstizioso  ,  o  de  falsos  cultos,  lo  mejor  es  dejar  la  voz. 

b  El  Orij.— ad  basim.— Alude ,  creo ,  a  lo  que  llamaban  en 
Sepila.— el  Campo  de  Tablada. 

<c  El  Oríj.— pañi  missatico.— etc.  i  luego :  — ablegasse  alió  a 
se  fámulos. 


N 


222 

nada  se  oculta),  defendió  aniínosamente  la  ver- 
dad de  su  profesión  contra  el  clerizonte  confe- 
sor ,  en  presenzia  de  varios  presos  i  ministros 
inquisitorios. 

Preguntado  por  el  Sazerdotazo,  si  quería  usar 
de  la  sagrada  confesión  ,  (pues  la  despreziaba , 
desechando  ,  i  aun  reprendiendo ,  al  sazerdota- 
zo) ,  siendo  asi  que  antes  que  le  prendiesen 
203  habia  usado  muchas  vezes  de  ella ;  *  respondió: 
que  aquello  ,  lo  habia  hecho  ,  por  respeto  a  la 
debilidad  de  sus  hermanos ,  a  quienes ,  no  su- 
ponía aun  tan  adelantados  ,  que  pudiesen  ver 
aquella  libertad  sin  escandalizarse.  Pero  que , 
entretanto  ,  se  habia  valido  de  un  confesor  tal , 
que  el  confesarse  con  él ,  mas  bien  podia  lla- 
marse conferenzia  azerca  de  la  verdadera  pie- 
dad ,  que  no  confesión  :  pero  que  ya ,  no  era 
mas  nezesaria  aquella  toleranzia. 

En  susentenzia,  fueron  leidos  en  público  los 
siguientes  artículos  ,  entre  otros,  por  cuya  cau. 
sa  prínzípalmente  le  condenaban  a  la  hoguera. 
Haber  tenido  horror  a  la  idolatría  cometida  en 
la  adorazion  del  pan  :  que  ,  por  lo  tanto  ,  si 
alguna  vez  encontraba  el  viático  ,  cuando  le 
llevaban  en  pompa  a  casa  de  los  enfermos  , 
acostumbraba,  o  bien  echar  por  otra  calle  apre- 


223 
surando  el  paso  ,  o  adelantarle  ,  para  no  verse 
obligado  a  rendirle  culto  alguno  de  adorazion. 
Que  muchas  vezes  ,  habiendo  entrado  en  la  ca- 
tedral ,  por  no  ver  al  a  sacrificulo  alzar  en  sus 
manos  la  hostia  ,  le  habia  vuelto  la  espalda. 
Que  amenudo  se  dirijia  por  pasear  b  al  sitio 
donde  solían  quemar  a  los  justos  ,  por  la  con- 
fesión de  la  verdad  ,  i  frecuentaba  aquel  lugar, 
repitiendo  los  paseos  ,  para  que  con  la  asidua 
meditazion ,  asi  del  suplizio  ,  como  prinzipal- 
mente  de  la  fiel  i  gloriosa  confesión  ,  que  alli 
dieron  los  buenos  ,  a  Cristo  ,  arrancándosela 
el  mundo  a  fuerza  de  crueldades  ,  perdiese  el 
miedo  al  suplizio  ,  *  como  que  algún  día  habia  204 
de  ser  llamado  a  él,  i  se  endureziese,  a  pesar  de 
la  humana  molizie,  para  sufrirlo  con  fortaleza, 
ítem  mas :  que  cuando  llegaba  el  dia  señalado 
para  partizipar  según  costumbre  del  pan  c  Mi- 
sático,  mandaba  fuera,  a  otra  parte,  a  sus  cria- 
dos ;  i  cuando  éstos  volvían  ,  aparentaba  haber 
ya  comulgado,  porque  no  se  escandalizasen  con 
su  libertad. 

a  El  org.— sacrificuti.— I  como  saari/iculus,  sigDiflca-~saier- 
dote  superstizioso  ,  o  de  falsos  cultos,  lo  mejor  es  dejar  la  voz. 

b  El  Orij.— ad  basim.— Alttde ,  creo ,  a  lo  que  llamaban  en 
SeTilla.— el  Campo  de  Tablada. 

«  El  Orij.— pañi  missatico.— ete.  i  luego :  — ablegasse  alió  a 
se  fámulos. 


K 


nada  se  oculta),  defondió  animosamente  la  ver- 
dad de  su  profesión  contra  el  clerizonte  confe- 
sor ,  en  presentía  de  varios  presos  i  ministros 
inquisitorios. 

Preguntado  por  el  Sazerdotazo,  si  qneria  usar 
de  la  sagrada  confesión  ,  (pues  la  despreiiaba  . 
desechando  ,  i  aun  reprendiendo ,  al  sazerdota- 
io) ,  siendo  asi  que  antes  que  le  prendiesen 
205  habia  usado  muchas  vezes  de  ella ;  *  respondió: 
que  aquello ,  lo  habia  hecho  ,  por  respeto  a  la 
debilidad  de  sus  hermanos ,  a  quienes ,  da  sn- 
pouia  aun  tan  adelantados ,  que  pudiesen  ver 
aquella  libertad  sin  escandalizarse.  Pero  que , 
entretanto ,  se  habia  valido  de  un  confesor  tal , 
que  el  confesarse  con  él ,  mas  bien  podía  lla- 
marse conferenzia  azerca  de  la  verdadera  pie- 
dad ,  que  no  confesión  :  pero  que  ya  ,  no  era 
mas  nezesaria  aquella  toleranzia. 

En  su  sentenzía,  fueron  leídos  en  público  tos 
«guientes  artículos  ,  entreoíros,  por  cuya  cao. 
sa  prinzipalmente  le  condenaban  a  la  hoguera. 
Haber  tenido  horror  a  la  idolatría  cometida  en 
la  adorazion  del  pan  ;  que  ,  por  lo  tanto  ,  si 
alguna  vez  encontraba  el  viático  ,  cuando  le 
llevaban  en  pompa  a  casa  de  los  enfermos  , 
acostumbraba,  o  bien  echar  por  otra  calle  apre- 


225 
surando  el  paso  ,  o  adebntarle  ,  para  no  verse 
obligado  a  rendirle  culto  alguno  de  adorazion. 
Que  muchas  vezes  ,  habiendo  entrado  en  la  ca- 
tedral ,  por  no  ver  al  a  sacrificulo  alzar  en  sus 
manos  la  hostia  ,  le  habla  vuelto  la  espalda. 
Que  amenudo  se  dirijia  por  pasear  b  al  sitio 
donde  solían  quemar  a  los  justos  ,  por  la  con- 
fesión de  la  verdad  ,  i  frecuentaba  aquel  lugar, 
repitiendo  los  paseos  ,  para  que  con  la  asidua 
meditazion  ,  asi  del  suplizio  ,  como  prinzipal- 
mente  de  la  fiel  i  gloriosa  confesión  ,  que  alli 
dieron  los  buenos  ,  a  Cristo  ,  arrancándosela 
el  mundo  a  fuerza  de  crueldades  ,  perdiese  el 
miedo  al  suplizio  ,  *  como  que  algún  dia  habia  204 
de  ser  llamado  a  él,  i  se  endureziese,  a  pesar  de 
la  humana  molizie,  para  sufrirlo  con  fortaleza, 
ítem  mas :  que  cuando  llegaba  el  dia  señalado 
para  partizipar  según  costumbre  del  pan  c  Mi- 
sático,  mandaba  fuera,  a  otra  parte,  a  sus  cria- 
dos ;  i  cuando  éstos  volvían  ,  aparentaba  haber 
ya  comulgado,  porque  no  se  escandalizasen  con 
su  libertad. 

a  El  org.— sacriflcuti.— I  como  iadrificulus,  sigDiflca--saier- 
dote  superetizioso  ,  o  de  falsos  cultos,  lo  mejor  es  dejar  la  toz. 

b  El  Orij.— ad  basim. — Alttde ,  creo ,  a  lo  que  llamaban  en 
Se^Ua.— el  Campo  de  Tablada. 

<c  El  Orij.— pañi  missatico.— etc.  i  luego :  — ablegasse  alió  a 
se  fámulos. 


224 

El  complemento  de  su  confesión  fué :  que  la 
JustiOcazion  del  hombre ,  consistía  en  el  solo 
mérito  de  Cristo ,  i  en  la  sola  fé  en  El.  Qae  no 
habia  otro  Purgatorio.  Que  las  Induljenzias  i 
Bulas  del  Papa  eran  meramente  *  bolas.  Que  el 
Papa  Romano  era  el  mismísimo  antecristo  etc. 
.Que  hasta  entonzes,  habia  ardido  en  el  deseo  de 
que  alguna  Tez  le  aconteziese  ser  quemado ,  o 
sufrir  cualquier  otro  suplizio ,  por  esta  verdad 
que  confesaba.  Que ,  con  ningún  otro  fin  había 
deseado  las  riquezas ,  sino  para  gastarlas  en  la 
defensa  i  propagazion  de  la  misma  doctrina,  en 
cuya  confesión  pedia  a  Dios ,  todos  los  dias  fer- 
vorosamente ,  que  les  conzediese  morir  tam- 
bién ,  a  su  mujer  i  a  sus  hijos. 

Procuró  el  Santo  Tribunal  corromper  el  mé- 
rito de  esta  ilustre  confesión  valiéndose  de  los 
rumores ,  que  artifiziosa  i  malignamente  espar- 
zió  entre  el  vulgo  »  de  aquel  tropiezo  que  vino 
a  interrumpir  el  perenne  curso  de  su  piedad. 
205  Mas ,  por  *  iguales  medios  i  por  los  mismos 
brevísimos  argumentos  refutaremos  cumplida- 
mente aquellos  rumores ;  por  cuanto  en  los 


*  ampollas,  o-bnrb^jas^que  se  basen  en  el  agua.  Pero  se  tn- 
dnse  asi,  por  dejar  el  juego  de  palabras  latino  '.—Bullas  Papa  , 
ñeras  esse  bullas. 


225 
ejempiares  de  aquella  narrazion,  que  azerca  de 
aquel  auto  de  fé  ,  hizieron  publicar  ellos  mis- 
mos ,  atendiendo  a  lo  que  su  instituto  les  sujie- 
re  ,  con  menos  cautela  de  lo  que  suelen  ,  reve- 
laron imprudentes  la  verdad  del  caso  en  las  si- 
guientes palabras  (que  constan]  en  las  que  qui- 
sieron comprender  los  crímenes  i  el  suplizio  de 
aquel  varón  excelente.  Son  estas :  «Juan  Ponce 
de  León  quemado  por  hereje  Luterano  PERTI- 
NAZ.» Esa  a  sola  palabrita  manifiesta  bastante 
el  fraude  de  los  Inquisidores ,  a  los  .que  duden 
de  la  constanzia  de  aquel  hombre ;  a  nosotros  , 
nos  basta  sobradamente  el  conozímíento  de  su 
antepasada  vida  ,  pues  teníamos  esperimenta- 
disima  su  piedad ,  de  la  cual  muchos  fueron  b 
testigos  presenziales. 


*  JUAN  GONZÁLEZ  EL  PREDICADOR:   206 


S 


acarón  también  en  el  mismo  triunfo  a  cierto 
predicador  ,  c  del  orden  de  los  clérigos  ,  hom- 
bre de  purísimas  costumbres   ,    sumamente 


a    unicum  illud  verbulum-El  Orij. 
b    El  Orjj.-permulti  fuerunt  inspectores. 
c    El  Orij.-ex  clericorum  ordine  mioime  cIericus,-¿C6ino  se 
traduze  minime  clericus? 


docto  eu  lai»  sagradas  letras  ,  i  que  babia  ,  eif 
ellas  solo  ,  bebido  la  verdadera  piedad  »  dejan^ 

do  a  un  lado  el  cieno  de  la  sofistica  teolojía,  e» 
el  cual  habia  antes  perdido  un  no  mediano  ira-* 

bajo.  Ya  hazia  algunos  años ,  que  parezia  haber 
tomado  espresamente  por  tema  de  todos  sus 
sermones  »  el  imprimir  en  el  ánimo  de  las  jen- 
tes  con  asidua  ¡  no  vana  importunidad  ,  la  ver- 
dadera doctrina  de  la  justíficazion  ,  que  consis- 
te solo  en  la  fé  en  Cristo  ,  desechando  entera- 
mente cualesquiera  méritos  humanos.  Llamá- 
base Juan  González.  A  semejante  propósito,  no 
pudo  faltarle  el  suzeso  que  tuvo. 

Asi ,  la  confesión  de  este  fué  ,  según  declara- 
zion  de  los  mismos  Inquisidores  ,  igual  a  la  del 
ya  menzionado  Juan  Ponce  ,  para  que  ,  los  que 
habian  antes  sido  amigos  i  compañeros  .  se 
uniesen  también  en  la  confesión  *  de  su  fé  ,  i 
en  el  último  suplizio.  En  la  noche  ,  de  la  paras- 
ceve,  o  preparazion  de  su  tránsito,  disputó  tam- 
207  bien  empeñadamente  con  sus  confesores  *  ,  a 
los  que  ,  después  de  grandes  vozes  por  una  i 
otra  parte  ,  despachó  ,  cargados  de  vergüenza. 
Mostró  una  singular  fortaleza  i  constanzia  de 

*    El  org.-8cerrime  quoqud  disputaTÍt   quoa  et  remisit  po9 
longos  utrinque  clamores  padore  sufTasos. 


227 
ánimo  ,  cuando  le  llevaron  desde  el  fuerte  de 
Triana  al  cadalso  ,  hasta  su  triunfo  ,  acompa- 
ñado de  dos  hermanas  suyas  a  carnales  ,  a 
i^uienes  tocó  igual  suerte  ,  i  dejando  en  la  car- 
zel  a  su  madre  i  a  dos  hermanos,  de  los  cuales, 
aquella  ,  i  uno  de  éstos  ,  fueron  después  que- 
mados en  el  auto  siguiente. 

Fuera  ya  del  umbral  del  alcázar  ,  i  a  la  vis- 
ta de  todo  el  pueblo  ,  a  quien  tantas  vezes  ha- 
bia  predicado  sobre  la  buena  doctrina ,  empezó 
a  rezitar  en  alta  voe  el  Salmo  b  109  (Deus  lau- 
dem  meam  ne  tacueris )  «Dios  ,  no  calles  mi 
alabanza  :  »  dedicando  ,  sin  duda  ,  aquellas 
imprecaziones  a  tan  pésimo  linaje  de  hipócri- 
tas. Mantuvo  el  mismo  semblante  en  el  cadalso, 
aun  deápues  de  ponerle  una  mordaza  de  made- 
ra en  la  boca,  porque  mas  libremente  i  con  cla- 
ras palabras  consolaba  i  exortaba  ,  a  tener 
constanzia  a  una  de  sus  hermanas ,  que  sabia 
era  mas  flaca  por  naturaleza. 

Después  de  escuchar  atentamente  la  senten- 
zia  «que  le  condenaba  a  la  hoguera  ,  sin  aba- 
tirse en  el  animo  ,  ni  en  el  semblante  ,  sufrió 

a    El  Oríj.-duobus  germanis  sororibiis. 

h  El  Orij.-por  errata  106- :  que  es  el  109  en  el  hebr.  i  el  lOB 
en  la  Válgala,  que  traduzemal.  Debió  dezír.  |0,  Dios  de  mi  ala- 
banza, no  estes  callando. 


228 
208  la  *  consabida  solemnísinia  degradazioir,  í  re^ 
zibió  las  vestiduras,  i  las  insignias  de  su  confe- 
sión ,  ignominiosas  en  verdad  a  los  ojos  de  los 
hombres,  pero  llenas  de  honrra  i  gloria  .  a  lo» 
ojos  de  Dios  r  que  las  mira ,  i  de  los  ánjeles :  es- 
dezir ,  despojado  de  *  aquellas  impías  misáticas- 

vestiduras  ,  dignas  de  la  misma  hoguera ,  rezi- 
bió  el  manto  ,  la  soga  i  la  tiara  de  papel. 

Cuando  llegó  la  tarde  en  que  los  habían  de 
quemar  ,  Uévanlos  a!  lugar  del  suplizio  i  les 
mandan  rezar  el  símbolo  de  la  fé  ,  en  lo  cual 
ninguno  titubeó:  pero  cuando  llegaron  a  dezir^ 
«Creo  en  la  santa  Iglesia  ,  » les  mandan  añadir 
— Romana, —  i  aqui  ,  todos  unánimes  ,  se  pa- 
raron. Has  ,  como  quiera  que  los  clérigos  i 
frailes  que  alli  hazian  las  vezes  del  antecristo  , 
importunasen  a  las  hermanas  de  Juan  Gonzá- 
lez ,  i  a  otras  piadosas  mujeres  condenadas  ya 
a  la  hoguera  ,  para  que  afiadiesen  la  palabra 
Romana  ,  ellas  respondieron  ,  que  harían  lo 
que  hiziese  Juan  González.  No, porque  ignora- 
sen lo  que  habían  de  dezir  o  lo  que  haría  Juaa 
González  ,  sino  ,  para  que  en  tal  coyuntura  ^ 
desembarazasen  su  lengua  de  la  apretada  mor- 

*    El  o.— impiis  illis  ac'ipso  ineendio  dignis  mitaaticis  vestiUus.. 
Alude  a  la  casulla,  estola,  alba,  amito»  etc. 


22(1 
daza  ,  í  asi  le  fuese  dado  hazer  una  confesión 
manifiesta  de  su  fé  ,  azerca  de  aquel  artículo  , 
i  mas  en  aquella  sazón. 

a  Libre  ,  pues  ,  de  la  mordaza  *  de  madera  ,  ^09 
el  piadoso  maestro,  repuso,  que  tuviesen  ánimo, 
i  que  nada  mas  habia  que  añadir.  Con  esta  úl- 
tima confesión  ,  inmediatamente  ,  delante  de 
la  encendida  hoguera  ,  b  les  dieron  a  todos  gar- 
rote ,  i  al  punto  empezaron  a  gritar  que  habían 
añadido  la  palabra  Romana  ,  según  les  habían 
ellos  pedido, i  que  por  lo  tanto ,  habian  muerto 
en  la  confesión  de  la  Iglesia  Romana. 

*    CUATRO  MUJERES  SEVILLANAS.       210 

kJobresalian,  por  la  singular  pureza  i  santidad 
de  vida  ,  entre  los  que  ,  de  mas  antiguo  ,  pro- 
fesaban la  piedad  en  aquella  piísima  Iglesia  de 
Sevilla  ,  consumida  ,  ya  casi  toda  ,  por  el  fuego 
inquisitorio  ;  cuatro  mujeres  ,  llamadas,  Isabel 
Baena,  María  Yirues,  María  c  Coronel  ,  i  María 
Bohorques  ,  que  era  la  mas  joven  de  las  cuatro, 


a  El  0.— Solutts— que  debia  dezir;  sotatus;— e.  e.  &wUa  ya 
su  boca  por  haberle  quitado  la  mordaza. 

b    El  0.— festinató  golam  fregerunt. 

c  0  Cornel— IssabeUa  Vaenia ,  María  Viroesia  ,  Cornelia,  el 
bis  tribus  setate  iunior  Boborquia,  etc.  Asi  el  oríj. 


230 

pues  apenas  había  cumplido  los  veintiún  aftos. 
IVro  ,  aunque  iguales  en  piedad,  sin  embargo, 
en  cuanlo  a  la  erudizion  verdaderamente  pro- 
dijiosa  en  una  a  donzelluela ,  que  en  las  sagra- 
das letras  habia  adquirido,  con  la  continua  lec- 
ción i  meditazion,  i  trato  frecuente  con  los  pia- 
dosos i  doctos  varones  de  que,  en  aquel  tiempo, 
abundaba  la  ciudad  de  Sevilla  ,  i  sobre  lodo  t 
con  el  ejerzizio  misino  de  la  piedad  ;  no  solo  se 
la  podia  juzgar  superior  a  sus  compañeras,  sino 
también  a  varios  de  los  mas  doctos  de  naeslros 
maestros  ,  a  quienes  r  durante  su  permanenzia 
en  la  cárzel ,  llenó  muchas  vezes  de  gran  ver- 
güenza ,  según  ellos  mismos  atestiguaron. 
La  casa  de  la  primera,  esto  es  ,  de  laBaena ,. 
211  fué  *  escuela  de  constante  piedad,  i  sagrado  asi- 
lo donde  se  tenia n  santas  reuniones,  i  donde 
resonaban  de  día  i  de  noche  perpetuas  alaban- 
zas de  su  Dios  i  de  su  Cristo.  Nada  se  veia  allí 
de  profano  ,  b  nada  tampoco  ,  que  se  encamina* 
se  a  ostentar  santa  devozion  ;  llenábalo  todo  , 
una  sólida  i  verdadera  piedad.  Alcanzó,  por  fin 
hasta  allí ,  la  red  Inquisitoria  i  cojió  ,  de  un  so- 
lo lanze  ,  aquellas  cuatro  mujeres,  con  algunas 

a   E\  O.— ia  Tiifuncula  plañe  prodigiosa. 

h    El  0.— nihil  etiam  ad  satíctimoDÍae  ostentatioaeíA. 


231 
otras  de  las  cercanias  ,  por  juzgarlas  Dios  ,  sin 
duda,  ya  dispuestas,  para  una  ilustre  couresiou 
de  su  nombre.  Debió  la  donzella  Bohorques  tan 
grandes  adelantos ,  i  erudizion  en  las  sagradas 
letras ,  a  su  mediano  conozimiento  de  la  lengua 
latina  ,  en  virtud  del  cual ,  en  medio  de  aquella 
cruel  tiranía  sobre  las  conzienzias,  que  prohibe 
al  pueblo  leer  en  lengua  vulgar  la  Sagrada  Es- 
critura ,  podía  al  menos  aprovecharse  a  su  pla- 
zer  de  la  versión  latina. 

El  Doctor  Ejidio,  a  quien  por  su  esquisita  pie- 
dad i  erudizion,  tenia  por  maestro,  solia  dezir  de 
ella,  quesiempre  salía  mas  instruido  desuconver- 
sazion.  Mientrasestuvo  en  la  cárzel,  tuvieron  con 
ella  los  frailes  Dominicos  mui  curiosas  disputas, 
en  las  que  era  ciertamente  un  portento  la  suti- 
leza de  la  muchacha  en  disolver  i  desatar  con 
la  palabra  de  Dios  ,  espada  de  dos  filos  ,  los  so- 
físticos nudos  de  aquellos  ,  i  admirable  su  bue- 
na memoria  a  i  familiaridad  ,  con  los  lugares  de 
la  sagrada  Escritura.  *  Estos  frailes  ,  cuantas  212 
vezes  salían  de  disputar  con  ella  ,  aunque  bajo 
el  nombre  de  b  obstinazion,  daban  un  manifies- 
to testimonio,  de  su  constanzia  i  sabiduría. 

a    El  O. — recens  memoria  ususque  promptissimus,— que  pue- 
de trad.  tambieo,  mas  literalmente. 
b    El  O. — pertinaciae. 


252 

Después  de  un  prolongado  cautiverio  ,  eip 
aquella  cárzel  de  Cíclopes ,  i  de  tormentos  de* 
toda  espezie ,  (tor  cuyo  medio ,  los  atormenta- 
dores ,  a  fuerza  de  crueldad  la  hizieron  descu- 
brir a  su  propia  hermana,  como  aconfidenta  de 
su  doctrina,  lo  cual,  le  acarreó  a  ésta ,  primero 
el  cautiverio  ,  después  r  una  muerte  cruel  en 
los  mismos  supliziosr  la  sacaron  por  fin  al  triun- 
fo, con  los  demás  piadosos  varones,  i  mujeres  » 
que  ya  antes  menzíonamos  ,!mostrando,a  pesar 
de  todo,  en  la  alegría  de  su  semblante,  ser  mas 
bien  ella  la  que  triunfaba  del  Santo  Ofizio.  La 
malignidad  i  la  envidia  Inquisitoria  ,  procuró 
interrumpir  aquella  inusitada  alegría  de  la 
triunfante  h  donzellita  ,  manifestada  en  la 
abierta  confesión  de  la  verdad  i  en  el  canto  de 
las  divinas  alabanzas ,  echándole,  en  el  camino, 
una  mordaza,  que  le  quitaron  poco  después,  an- 
tes de  llegar  al  cadahalso. 

Leida  en  él  su  sentenzia  ,  i  después  de  inti- 
marle ,  en  público  ,  la  pena  de  muerte,  le  pre- 
guntaron los  Inquisidores  r  si  queria  al  fin  vol- 
ver en  si ,  i  confesar  los  errores  que  hasta  alli 
tan  pertinazmente  habia  defendido  :  a  lo  cual 

A    El  o. — coDsciam. 

b    El  O.^inusitatam  virgunculaB  trüimphantts  l»titiaiii.-etc. 


233 
^Ha  en  voz  alta  i  clara  respondió  que  ni  quería 
«li  podía  hazerlo.  *  Llévanla  desde  allí ,  con  a  213 
lan  bienaventurada  compafíia  ,  a  la  planízie  del 
suplizio ,  i  al  exíjir  los  hipócritas ,  €on  no  me- 
nos impiedad  que  imprudenzia  ,  de  todo  aquel 
«coro  de  mártires,  la  confesión  de  la  Iglesia  Ro- 
mana en  el  Símbolo  Apostólico,  según  arriba  se 
-dijo ,  adelantándose  ella  a  las  demás  se  resistió 
animosamente. 

No  obstante,  aquellos  impudentísimos  enrre- 
^adores ,  determinaron  obscurezer  con  sus  en- 
rredos  la  gloria  de  tamaña  constanzia,aplicando 
^1  punto  los  cordeles  al  cuello  de  los  piadosos 
mártires ,  queriendo  dar  a  entender ,  que  en  el 
término  mismo  de  la  vida  ,  habían  reconozido 
la  Iglesia  Romana ,  i  que  por  lo  tanto  ,  en  vir- 
tud de  la  clemenzía  Inquisitoria  ,  eran  quema- 
dos muertos  ,  i  no  vivos.  I  aun  se  ensañaron 
también  con  las  santas  paredes  que  tantas  vezes 
ampararon  las  piadosas  congregazioncs  para 
alabanzas  de  Dios  reunidas.  Pues  mandaron 
derribar  por  los  cimientos  ,  i  asolar  la  casa  de 
la  Raena  ,  i  reduziéndola  a  solar  perpetuo  ,  eri- 

a   El  Oríj.— oum  beato  illo  lodalitico  in  basim— i  sodalittco  |,e» 
errata  por  sodatitio. 


2M 

jiéron  en  medio  ilella  a  un  rollo  demarmol,  que 
Tueoe  un  monumento  olerno  ,  para  los  ini|úo8  j 
i  ciegos  idólatras,  de  loscrimenes  allí  consuma- 
dos ;  i  para  los  fieles ,  de  las  congregazionee  en  ' 
nombre  de  Dios  alli  reunidas,  en  las  que,  como  I 
enlrelossiiyoB,  He  linllú  a  no  dudar  el  mismo  I 
Cristo.  I 

I 

*  FERNANDO  DE  SAN  JUAN.  , 


wjra  éste  también  uno  de  los  ilustres  miembros 
de  aquella  iglesia ,  si  lo  que  se  busca  ,  es  un 
verdüdero  temor  de  Dios,  un  candor  b  purísimo 
de  ánimo ,  un  ardiente  e  incansable  deseo  de 
hazer  bien  al  prójimo ,  sin  respeto  alguno  a  su 
propia  comodidad ;  i  no  se  requiere  precisa- 
mente el  esplendor  del  linaje  ,  o  una  euesiva 
apostara  del  cuerpo  o  del  lenguaje. 

Habíase  encargado  de  joven,  {tero  ya  dislin- 
guído  por  la  relijiosidad  de  su  vida  ,  de  la  di- 
recíioD  de  los  niftos  en  el  colejio  [  llamado 
vulgarmente  de  la  Doctrina)  por  disposición  de 


la  KpítíaUi 
i.  WilTeii. 


235 
los  piadosos  fundadores  de  a<^el  Santo  Institu- 
to. Habiendo  pasado  en  aquel  empleo  ocho  años, 
con  azeptazion  jeneral  de  todos  ,  prendiéronle 
al  fin  por  Luterano  ,  esto  es  ,  por  perfectamen- 
te  instruido  en  la  lei  de  la  verdadera  piedad  ^ 
en  la  cual ,  según  su  ofizío  ,  i  como  podia  ,  en 
medio  de  tanta  opresión  ,  procuraba  con  toda 
-dilijenzía  instruir  también  a  aquella  grei  de  ni- 
flos  que  le  estaba  encomendada.  En  cuanto  a  la 
recompensa  ,  si  se  atiende  a  la  condizion  huma- 
na ,  obtuvo  la  que  suele  dar  el  pueblo  ingrato, 
por  los  benefízios :  si  se  mira  a  su  fé  ,  logró  la 
que  predijo  Cristo  a  los  suyos. 

Tratáronle  en  los  tormentos,  con  tan  bárba- 
ra crueldad  ,  que  por  haberle  *  maltrado  todos  ^^^ 
sus  miembros  ,  *  a  no  poder  valerse  de  ellos  , 
hubieron  de  bajarle  de  la  polea  ,  o  del  Burro  , 
los  ministros  de  la  iniquidad  ,  i  desde  allí  ,  lle- 
varle de  los  pies  a  rastras  ,  todo  el  trecho  que 
bal  desde  el  lugar  del  tormento  hasta  su  pri- 
sión ,  como  si  fuese  un  serón  de  estiércol  o  el 
cadáver  podrido  de  una  bestia.  Provocábanles 
a  los  señores  padres  de  la  fé  ,  a  tanta  crueldad, 
las  respuestas  terminantes  de  aquel  hombre 

*    El  O.— ut  membriis  ómnibus  quassatis. 


230 

8cmiríi8lico ,  de  las  que  era  imposible  aparlarle 
ni  a  el  blanco  de  una  uña.  Aun  en  aquella  es- 
trecliisima  carzel  se  valió  Dios  de  su  ministerio 
para  alentar  a  cierto  joven  llamado  Morzillo  , 
fraile  del  convento  de  San  Isidoro ,  a  quien  ha- 
bían arrastrado  allí ,  por  confesar  mas  franca* 
mente  el  Evanjelio  :  i  que  b  descarriado  por  las 
ofertas  i  blandas  promesas  de  los  Inquisidores 
había  desertado  poco  antes  de  su  piadosa  con- 
fesión. Por  providenzia  de  Dios,  que  ciertamen- 
te amaba  a  Morzillo  en  Cristo  «suzedió,  que  en 
'  aquel  entonzes  ,  los  Inquisidores  le  dieron  por 
compañero  de  cárzel  a  este  Fernando ,  el  cua[ 
sabida  la  c  bajeza  i  poquedad  del  joven  le  re* 
prende  ásperamente  ,  acusa  su  defeczion  ante 
el  tribunal  de  Cristo ,  le  haze  volver  en  si ,  le 
levanta  ,  le  consuela  ,  le  confirma. 

Pocos  dias  después ,  pide  Morzillo  una  au- 
dienzia  ,  en  la  que  abjura  solemnemente  ,  de- 
lante de  los  Señores ,  la  retractazion  poco  antes 
2|g  hecha  ,  i  pide  *  conste  la  confesión  de  su  fé  , 
que  primero  hizo ,  i  que  tenia  por  Cristiana. 
Quemáronle  a  éste ,  en  aquel  mismo  auto ,  des- 

m    Fl  O.— transversum  uoquem^q.  d.  lo  largo  de  una  uña. 
b    El  Orij.— dirootus. 

c    El  OrU.— ju^enis  Tecordia— q.  d.  bajeza  de  ánimo:  envile- 
zímiento  o  nczodad. 


237 
pues  de  muerto  ,  no  se  sabe  si  por  una  nueva 
grazia  de  los  Inquisidores  o  por  la  misericordia 
^e  Dios.  Habiéndole  pues  leido  a  femando  su 
sentenzia ,  en  el  a  tablado ,  i  preguntándole  los 
Inquisidores  si  tenia  resuelto  permanezer  aun 
-en  aquellos  errores  ,  responde  rotundamente  « 
según  su  costumbre  ,  i  de  manera ,  que  le  oye- 
^n  en  toda  la  *  plaza,  que  las  cosas  por  él  con- 
fesadas eran  el  mismisimo  Evanjelio  de  Cristo  ^ 
i  la  lei  de  los  Cristianos  ;  tan  lejos  estaba  de 
pensar  en  tenerlas  por  errores.  Quitándole  lue« 
go  la  cruz  de  madera  ,  que  en  las  manos  entre 
las  ligaduras  le  hablan  metido  ,  i  echándole  a  la 
boca  una  mordaza ,  que  conservó  hasta  que  el 
fuego  la  deshizo  ;  le  quemaron  vivo. 

*  JÜUAN  FERNANDEZ.  .  217 

fion  razón  nos  admiraríamos  de  que  se  enze- 
rrase  una  alma  tan  grande  en  un  cuerpo  tan 
pequefluelo  ,  i  ese  tan  h  macilento  ,  que  solo 
paíezia  constar  de  piel  i  huesos  ;  a  no  ser  cosa 

a  El  Orij  .-perlecta  in  Iheatro  sua .  -  etc.  i  mas  abajo-audiante 
«nWerso  lheairo;-se  tr.  la  vo*  -theairum-por  tablado;  i  porpkMa. 

b  El  Orij.— adeó  strigoso  ul-etc.  Ruin ,  desmirriado,  enjuto, 
etc  no  son  equlTalentes  a-8trlgosus;-ni  -  macilento. 

R 


•i38 

averiguada  por  las  divinas  profezías »  i  por  la 
esperíenaia  misma ,  que  Dios  suele  ,  por  lo  re- 
gular ,  escojer  a  las  cosas  que  en  la  aparienzia 
i  realidad  mundana  son  mas  débiles ,  para  cu- 
brir de  vergüenza  a  las  mas  fuertes  ,  según  el 
mundo. 

Este  Julián  ,  a  quien  por  la  peque&ez  de  su 
cuerpo  llamaban  el  chico »  hallándose  en  Ale- 
mania ,  i  lof  ra  de  todo  peligro  por  parte  de  la 
Inquisizíon,  habiendoaprendido  alli  con  el  tra- 
to de  muchos  doctos  varones  la  verdadera  pie- 
dad ,  llevado  de  su  espíritu  ,  mas  bien  que  de 
consejo  alguno  de  otro,  acometió  una  empresa» 
que  asi  como  era  de  imporlanzia  no  corta  ,  asi 
también  estaba  llena  de  inminente  pdigro.  Ar- 
diendo en  el  deseo  de  propagar  en  su  patria ,  la 
lUz  evanjélica ,  trasportó  a  España  dos  grandes 
]pipas  de  Biblias  en  EspaAol,  cuya  operazion  era 
de  temerse  no  menos ,  que  si  hubiesen  de  in- 
troduzirse  otros  tantos  carros  de  escorpiones  , 
i  de  insectos  venenosos  de  toda  espezie  .  cuando 
218  por  los  *  hombres  superstiziosos  i  los  hipócri- 
tas se  están  zerrando  i  tapando ,  con  suma  dtli- 
jenzia ,  todas  las  rendijas  por  donde  pueda  en- 
trarles la  luz.  Con  todo  eso  ,  guió  Dios  aquella 
preziosa  carga  i  llegó  salva ;  i  lo  que  es  mas  de 


239 
admirar ,  i  sirvió  ,  como  para  robarle  a  mas  fa- 
zilmente  la  vaca  ,  a  aquel  Argos  de  cien  ojos  , 
pues  a  pesar  de  lo  vijilanles  que  por  todas  par- 
tes ,  estaban  los  ministros  Inquisitorios ,  llegó 
a  introduzirse  dentro  de  los  mismos  muros  de 
Sevilla. 

Rezibió  con  suma  alegría  6  el  Paraíso  del  Se- 
ñor ,  aquella  lluvia  tan  a  tiempo  ,  i  riego  tan 
saludable  ,  con  el  cual,  sin  duda,  sazonados  los 
frutos ,  adelantaron  también  la  cosecha.  Llegó, 
pues  ,  la  cosa  a  notizia  de  los  Padres  ,  primero 
por  la  superstizion  i  vano  temor  de  uno  ,  des- 
pués por  la  perfidia  de  otro  ,  que  queriendo 
aparentar  entre  los  fieles ,  que  profesaba  el 
Evanjelio ,  en  el  que  estaba  mui  instruido  ,  cu- 
bría con  aquella  engañosísima  máscara,  un  ene- 
migo pérfido  de  la  iglesia  ,  i  un  satélite  Inqui- 
sitorio. Asi  es  que  los  Inquisidores ,  con  su' día. 
bólica  sagazidad  ,  descubierto  el  cabo  del  hilo  , 
cojiéndolo  i  siguiéndolo  ,  c  dieron  con  todo  el 
pequeño  nido  de  aquella  Iglesia  ,  cojieron  a  la 
madre  con  sus  polluelos,  i  desbarataron  crueli- 

a  El  Orij.— «facíHus  boTem  oculatisimo  Argo  abduiisses>-es 
UK  modismo,  que^&lude  a  la  mitolojia.  Veas.  Ovid.  Metam.  I.  v. 
668--748. 

h  El  Orii.-Paradisus^Domini, -alude,  o  q.  d.-la  nazíente Iglesia 
rcrormada  de  Sevilla.  El  nuevo jDlantél.  El  jardin. 

c    Véase  el  Prólogo  de  esta  Édic.  donde  se  cita  este  paso. 


nununte  el  nido  misma,  srgun  la  costumbre  de 
aqnel  tan  fiero  Dragón. 

Fné  ésta  te  primera  captura  veríflcada  en  loa 
flek»,  la  cual  deatrayó  aquella  piadosísima  Ijle- 
^ig  sia  ,  aterromó ,  con  su  multitud  .  *  aun  a  los 
mismos  cazadores ,  llenó  las  cárzeles ,  i  cuand« 
ya  esta»  Mbosaban ,  ocupó  lanabien  las  casas 
partiealares,  i  eas^dió  grandes  hogueras  para 
que  fuesen  «pagadas  casi  solo  con  la  sangre  de 
los  fieles.  Viéronse  ,  entoues .  juntos  en  sola 
SetiUa ,  ochoiientos  cautivos  por  causa  de  su 
piedad  ,  i  casi  veinte,  o  mas,  quemados  en  una 
misma  hoguera.  Prendieron  entre  los  primeros 
a  nuestro  Julián,  i  mientras  él  estuvo  en  una 
r-áriel  incomnnicadn  i  cargado  de  bierro,  por 
espaúo  de  tres  aAos  enteros,  dábanse  de  cuan- 
do en  cuando  nuevos  espectáculos ,  resultado 
déla  misDia  presa.  Llegó  a  fatigar  con  su  pro- 
dolosa  coostanzia  a  los  mismos  a  atormentado- 
res ,  auo  con  todos  sus  suplíiios  ,  pues  ni  a 
aquel  macilento  cuerpezilto  faltaron  nunca  las 
fuerzas  para  sufrir  tan  repetidos  quebranta- 
miento» ,  i  ni  salía  del  tormento  con  menos  en- 
lereza,  o  viva  gallardía,  b  que  cuando  entraba ; 


nrdudiB  qaaMatwne>-elc 


244 

dé  suerle ,  que  ni  con  el  dolor  de  las  descoyunta- 
duras,  ni  con  las  amenazas  de  los  ministros ,  ni 
eon  el  rigor  ,  en  fin »  cualquiera  que  fuese  ,  po- 
dían impedirle  ,  que  al  volver  del  suplizio  ,  o 
mas  bien  ,  al  pasar  a  rastras  ,  por  las  cárzeles 
de  sus  compañeros ,  les  hiziese  entender  su  vic- 
toria i  la  vergüenza  de  sus  enemigos  con  esta 
eanzion  : 

a  aVenzidos  van  lo»  frailes ,  venzidos  van. 

Corridos  van  los  lobos ,  corridos  van ». 
Tuvo  antes ,  en  las  audienzias  ,  con  los  *  fraí-  220 
les  i  con  los  demás  defensores  de  la  impiedad, 
que  para  calificar  las  herejías  asisten  a  los  In- 
quisidores ,  indoctos  como  son  i  enteramente 
legos  en  materia  teolójica  ,  muí  empeñadas  b  ^ 
admirables  controversias  :  i  al  volver  de  ellas , 
mofando  de  sus  prinzipales  enemigos  ,  se  diver- 
tia  con  aquella  eanzion. 

Sacáronle  de  su  enzierro  el  día  del  triunfo  i 
en  cuanto  se  vio  en  el  patio  del  alcázar  donde 
venia  a  rezibir  ,  entre  sus  concautivos  ,  las  in- 
signias de  su  reato  ,  dizese  ,  que  con  admirable 
serenidad  de  ánimo,  i  de  semblante,  los  exhortó 

a  El  Oríjinal ,  después  de  estos  versos  castellanos ,' di ze  asi  :- 
Latiné  sic  tyicti  revertuntur  monacbi ,  TÍcti  reTertantur.  Fugati 
reTertuntur  lupí ,  fügati  revertuntur.  »-Habuit-etc. 

b    El  Orí j  .-acérrimas  mirabilesquo  disputationes. 


3t2 

con  estas  palnbras  :  «lía ,  pues :  valor  ,  hofmt' 
nos:  ésta  es  la  hora  en  que.  cual  conviene  a  sol- 
dados animosos  de  Cristo,  debemos  dar,  delante 
de  los  hombres,  un  fiel  testimonio  de  él,  i  de  sa 
verdad:  dentro  de  pocas  horas,  probados  todos, 
cada  uno  a  su  vez .  en  ese  mismo  testimonio , 
tríunraremos  con  él  perpelaamente  en  los  cie- 
los.' Interrumpieron .  al  punto,  los  impios  mi- 
nistros tan  piadosa  i  oportuna  arenga  ,  echán- 
dole a  la  boca  una  mordaza  mui  apretada  ,  que 
llevó  hasta  el  mismo  suplizio. 

Al  subir  *  til  sitio ,  en  que  acostumbran  que- 
mar a  los  condenados  por  los  Inquisidores ,  es- 
presó con  su  ademan  la  constanzía  i  fortaleta 
de  su  animo  en  padezer  por  causa  de  su  reli- 
Jion  ;  ya  que  oo  podia  csplicarla  con  palabras. 
Pues  se  arrodilló  i  besó  los  escalones  de  la  ba- 
se o  ara  ,  i  después  ,  alado  ya  *  al  palo  ,  i  cu- 
bierto hasta  la  cabeza  con  los  bazezillos  amon- 
tonados ,  escondía  repelidas  vezes  la  cabeza  , 
entre  los  mismos  hazezillos ,  como  provocando 
de  buen  grado ,  i  desaliando  al  mismo  suplizio. 
Con  estos  ademanes ,  el  prudente  soldado  de 
Cristo  miraba  ,  por  la  integridad  de  su  confe. 

Bl  Onj.-botiiii'-(iuH);   quiíá  tndaiJMc  por  iqKr/i- 


243 
saon  ,  i  en  todo  caso  ,  por  la  flaqueza  de  sus 
compañeros  en  ella,  i  en  el  suplizio  ;  a  quienes, 
con  aquellos  ademanes ,  animaba  a  tener  cons- 
tanzia  ,  i  despreziar  el  suplizio. 

Asistíale  para  morir  cierto  insigne  pseudo- 
apostol ,  llamado  el  Doctor  Fernando  Rodrí- 
guez ,  que  con  sus  importunos  ataques  ,  vino  a 
hazer  mas  patente  ,  la  fé  inconcusa  del  piadoso 
mártir.  Suponiendo  el  doctor  ,  que  se  aterraría 
el  atleta  de  Cristo ,  al  contemplar  el  suplizio 
que  le  amenazaba,  a  obtuvo  del  Presidente,  que 
le  soltasen  la  lengua ,  quitándole  la  mordaza  , 
para  que,  pudiese  en  algún  modo,  con  el  habla, 
significar  su  conversión.  Pero  aquel  recurso  le 
salió  muí  al  revés. 

Pues  Julián ,  luego  que  recobró  la  •  facultad 
de  hablar  dio  de  su  fé  una  declarazion  no  me- 
nos esplizita  que  otras  vezes  ,  i  al  impío  amo- 
nestador  ,  que  sabia  le  aconsejaba  impíos  dog- 
mas contra  su  conzienzia  ,  le  reprendió  con  tan 
duras  palabras  ,  que  el  charlatán  ,  no  sabiendo 
qué  responder  ,  determinó  vengar  su  vergüen- 
za h  con  levantada  voz  exclamando  de  esta  ma- 
nera :  «¡O  *  España ,  domadora  i  señora  de  las  222 

a    El  Orij.-obtinuit  a  Pnefecto-etc. 

c    El  Orij.-iogento  hujusmodi  subíala  exclamatione-etc. 


tU4 

naziones ,  pero  en  esle  instante  perturbada  por 
causa  de  un  solo  liombrezillo!  Ifaera  ,  muera.» 
Prestos  estaban  los  satélites,  que  ejecutando  la 
exhortación  del  impostor  aplicaron  a  Julián  una 
mortal  herida  entre  las  mismas  llamas.  I  de  és- 
te también ,  mientras  estuvo  en  la  carzel ,  co- 
rrieron vozes  de  haber  *  renunziado  a  la  relí- 
jion,  las  cuales  después  desmintieron  comple- 
tamente los  sucesos. 

225   *  JUAN  DE  LEÓN ,  MONJE  DEL  CONVEN-^ 
TO  DE  SAN  ISIDORO  DE  OVILLA. 


Ilabia  este  ejerzido  primeramente  el  ofiziode 
sastre  en  Méjico,  ciudad  lamosísima  de  Nuev» 
España ,  en  el  Nuevo  Mundo :  vuelto  de  allí  a 
Sevilla  ,  llevado  de  un  ciego  temor  de  Dios  (co- 
mo suele  suzeder  a  otros  muchos ,  que ,  por 
otra  parte,  soa  de  buenas  costumbres)  se  aplicó 
a  la  vida  monástica,  i  queriendo  Dios  gaardarle 
^  del  prezipizio ,  vino  a  parar  por  fortuna  ,  al 


\ 


monasterio  de  S.  Isidoro  de  Sevilla ,  en  el  cual, 
una  buena  parte  de  los  monjes ,  aspiraba  en- 

*    El  Oñj.-pielate  renunciasse>eu:: 


2Í5 
(onzesa  una  mas  sólida  piedad.  Ai  cabo  de 
algunos  años  pasados  en  aquel  ejerzizio  ,  ha- 
biendo gustado  ,  con  la  compañía  de  aquellos , 

algo  de  la  verdadera  doctrina,  aburrido  de  la  a 
forzada  clausura  ,  buscó  el  pretesto  mas  plau- 
sible ,  que  fué  ,  la  falta  de  salud  ,  i  renunzió  al 
monacato. 

Mas  luego  que  salió,  b  echando  muí  de  menos 
ios  piadosos  coloquios  con  aquellos  ,  de  donde 
el  habia  sacado  los  rudi  mientes  de  su  piedad  , 
se  acojió  de  nuevo  al  claustro  ,  para  gozar  de 
ellos ;  pero  en  vano.  Pues  mientras  estuvo  fue- 
ra ,  unánimes  todos  aquellos,  cuyo  deseo  le  ha- 
bía hecho  volver  al  jénero  de  vida  antes  *  dése-  224 
ehado ,  dejando  tan  peligrosa  mansión  ,  se  ha- 
bían trasladado  ,  poco  antes  ,  a  Alemania.  Bus- 
cando pues ,  o  aunque  en  tan  peligrosa  recaída, 
no  la  comodidad  de  su  cuerpo  sino  el  bien  de 
su  alma ,  al  cabo  de  pocos  dias  ,  tan  solo  has- 
ta que  supo  con  mas  certeza  ,  dónde  habían  ido 
a  parar  los  suyos ;  hubo  de  abandonar  al  cabo  , 
segunda  vez ,  el  monasterio. 

Quizá  algunos  murmuradores  oziosos  ,  por 

a    El  Orij. — damnats  angnstise  pertaessus-etc. 

h  El  Orij.— guum  iUorum  pia  conoquía...YehemeDter  desidc- 
rasset-etc. 

c  El  Onj.  aqui,  está  oscuro  :  —  Ucet  in  tam  peliculosa  reci- 
diva qusBrenli  post  paucos  dies,-etc. 


216 

haber  dejailu  dos  vezea  la  vida  monáslka  ,  le 
llamaran  dos  vezes  apóstala  ;  pero  otros  ma^ 
prudcutes ,  de  seguro  le  tendrán  por  dos  vezes 
piadoso.  Siguiendo  pues  las  huellas  de  sus  píos 
conmilitoues  ,  llegó  a  Francfort  ,  donde  ellos 
estaban  ,  no  sin  pasar  en  el  camino  muchos  tra- 
baos i  peligros.  Desde  Francfort ,  se  trasladó 
con cllosaJinebra,  para  reunirsecou  otros  de 
la  misma  a  ,  compañía  que  habian  fijado  allí  su 
residenzia. 

Acaezió  por  aquellos  mismos  dias  ,  que  qui- 
tada de  en  medio  la  Iteina  Haria  de  Inglaterra  , 
la  Iglesia  Anglicana ,  que  por  crueldad  de  la  di- 
cha Reina  andaba  derramada  i  dispersa  por 
Alemania  ,  al  adveaimienlo  de  Isabel  su  suze- 
sora  ,  se  restituyó  ,  por  singular  benefitio  de 
Dios  sin  duda  ,  a  su  propio  suelo.  A  los  6  Espa. 
ñoles  que  andaban  desterrados  en  Jinebra  por 
causas  relijiosas  ,  les  parezió  Inglaterra  mas 
acomodada  para  acojer  la  Iglesia  de  los  suyos 
propios,  i  con  este  designio ,  se  fueron  algunos 
con  los  Ingleses  que  volvían  a  su  patria .  pero 
acompañados  de  diversas  personas  ,  por  evitar 
223  hs  celadas  del  camino.  '  Pues  los  Inquisidores 


2i7 
llevaron  tau  a  mal  la  fuga  de  aquellos  relijiosos 
monjes  ,  i  su  defeczion  de  la  antigua  impiedad, 
que ,  aunque  no  eran  muchos,  ni  tampoco  de 
grande  estima  ,  entre  los  hombres ;  determina- 
ron infestarlos  de  sus  moscas,  de  manera,  que 
a  todas  horas,  i  en  todas  partes,  los  azechasen. 

Tenían  prinzipalmente  apostados  sus  espías 
en  Colonia  del  Rin ,  en  Francfort,  en  Amberes, 
i  éstas  recorrían  con  gran  solizitud  todos  los 
caminos  hasta  Jinebra :  sin  dejar  por  supuesto 
de  observarse  no  menos  ,  el  camino  de  Jinebra 
hasta  Milán  ,  por  el  otro  lado.  Proveían  larga- 
mente los  mismos  Inquisidores  a  los  gastos  de 
estas  asechanzas ,  con  lo  que  ,  en  virtud  de  la 
real  munificenzia  ,  i  de  su  zelo  inquisitorio  , 
sacaban  del  Real  Erario  :  i  con  tanto  empeño  i 
con  tantosgastos(sin  contar  los  grandes  premios 
ofrezidos  por  sus  cabezas  ,  en  caso  de  entrega,) 
*  se  buscaban  diez  gusanillos  o  diez  perros 
muertos.  Tan  estupenda  cosa  es  el  odio  con 
que  ,  hasta  el  punto  de  enloquezer  ,  se  ensa- 
ñan los  inquisidores  contra  la  divina  luz  de 
Cristo. 

Asi  que,  nuestro  Juan  de  León  ,  tomado  por 


*    El  Orij.— quserebantur  decem  puUces  aut  tolideu    canes 
jnortui.» 


248 

compañero  an  tal  Juan  FernauOez  ,  "  hombre 
mui  digno  ,  natural  de  Valladolid  ,  dirijiéndoae 
por  Alemania  a  Inglaterra  •  tropezó  en  Estras- 
burgo con  los  espías,  por  cuya  delazion  le  pren- 
226  dieron  ,  con  su  *  coropafiero  ,  en  un  puerto 
de  Zelanda  en  su  misma  travesía  a  Inglaterra. 
Rezibió  ,  desde  luego ,  a  los  alguaziles ,  con 
tanta  entereza  de  ánimo  i  de  semblante  ,  que 
cuando  le  dijeron  era  él  a  quien  buscaban  ,  no 
respondió  otra  cosa  ,  sino  ;  «vamos,  pues  ,  que 
Dios  ,  sin  duda  ,  nos  asistirá.» 

Llevados  a  la  ciudad  ,  los  atormentaron  pri- 
mero cruelisimamente ,  para  que  descubriesen 
a  sus  compañeros  :  después,  al  cabo  de  algunos 
dias  ,  los  embarcaron  ,  í  llevaron  a  España. 
Mientras  estuvieron  en  el  mar  ,  í  aun  ya  en 
España,  por  el  camino  ,  tuvo  cada  uno  de  ellos» 
una  espezie  de  cabezada  de  hierro  a>  semejanza 
de  una  celada  que  les  cubría  la  cabeza  i  la  cara: 
esta  cabezada  tienepor  dentro  metida  una  plan, 
cha  de  hierro  a  manera  de  lengüeta,  que  admiti- 
da en  la  boca  ,  impide  absolutamente  el  uso  de 
la  lengua  ;  i  con  este  jénero  de  tortura  sin  in- 

*  A  este  Fernandez,  le  llama  Llórente,  Juan  Sanehex.  Véase 
BU  Hist.  do  la  Inq.  Edic.  de  Barcelona  18j5  t.  iv.  psj.  63  pero 
el  mismo  Llórente  paj.  33  dize  qut  se  puso,  en  Flandes,  el  nom- 
bre de  Juan  de  Vtítar:  por  consiguiente,  bien  podo  también  lla- 
marse Juan  Fernandez,  en  ocasiones,  como  dizc  Montes. 


249 
nermesion  atormentados  ,  i  ademas  ,  con  las 
esposas  i  grillos  de  hierro  qae  apretaban  sus 
.pies  i  manos  ,  los  llevaron  a  las  cárzeles  inqui- 
sitorias :  Juan  de  León  a  Sevilla  ,  su  compañe- 
ro a  Valladolid  ,  en  donde  después  por  su  per- 
severanzia  i  firmeza  en  confesar  la  verdadera 
piedad  le  quemaron  vivo.  Habia  éste  a  vivido 
con  el  doctor  Cazalla  ,  a  quien  quemaron  poco 
.antes  en  Valladolid  por  causa  de  relijion  « i  con 
-cuya  sobrina,  hija  b  de  un  hermano  o  hermana, 
habia  desposado. 

Pasó  Juan  *  de  León  en  la  carzel  inquisitoria  227 
muchos  dias  ,  i  en  ella  esperimentó  la  crueldad 
de  los  inquisidores,  asi  en  todo  jénero  de  tor- 
mentos ,  como  en  el  trato  ordinario.  Sacáron- 
le al  triunfo  c  enmantado  i  ataviado  con  todas 
las  inágnias  con  que  suelen  sacar  a  los  mas 
constantes.  Daba  grima,  a  cuantos  le  miraban, 
su  rostro  hispido  i  desencajado  i  tan  enmagre- 
zido  por  la  prolongada  macerazion  ,  que  se  le 
veian  los  huesos ,  á  cubiertos  solo  con  la  piel 
azulada  :  aumentaba  el  horror  ,  la  durísima 
mordaza ,  que  apretaba  con  tal  violenzia  su 

a    El  Org. — Fuera t  bic  contubernalis  etc. 
h    Seria,  probablemente,  hija  de  su  hermana. 
«    El  Or^. — palndatus  -  ensanbenitado  (?) 
d    El  Oñj. — vultus  hirsutissimus  et  ad  ipsa  usque  ossa  ceru- 
ea  pelle  contccta  macer.>-etc. 


tíóO 

li-ngiia  ,  guc  al  iiararse,  le  colgalian  liaala  el 

ítuclo  ,  largos  i  abundantes  hilos  de  pituita. 

Cuando  le  llevaban  al  auplizio  mismo ,  des- 
pués de  haber  oído  su  sentenzia  de  muerte  ,  le 
dejaron  libre  la  lengua  para  que  renunziase  a 
Cristo  ,  mas  él ,  en  brevísimas  pero  mai  gra- 
vea palabras  ,  habló  cou  tal  serenidad  de  ánimo 
i  de  semblante  ,  como  si  estuviese  fuera  de  Indo 
peligro.  En  aquellas  últimas  horas  de  su  vida  , 
dieronle  por  antagonista  a  un  moi^e  de  su  con- 
vento ,  con  quien  .  en  mal  hora  ,  habia  pasado 
un  aAo  de  noviziado  monástico,  para  que  le  tra- 
jese a  memoria  aquellos prínzipios  delasupers- 
tiziun  antigua  :  pero  ,  cuantos  mas  artifizios 
empleaban  ellos  para  bazur  vazilar  su  Té  ,  tanto 
228  mas  visible  se  mostraba  *  ésta  :  favoreziendo 
Cristo  sin  duda  a  su  atleta  mas  e&zcamente. 
Con  la  misma  tranquilidad  i  serenidad  de  espí- 
ritu sufrió  la  muerte  atroz  que  le  aguardaba ; 
que  a  un  varón  de  tan  seQalada  rel^iosidad ,  no 
le  era  debido  otro  fin  menos  santo  de  vida. 

íi'itl  '  FRANCISCA  CHAVES. 

S;ilió  a  hoiiri-ar  aquel  mismo  Auto  ,  Fi'aucisca 


251 
Chaves  ,  donzella  ilustre  por  su  fé  ,  monja  del 
Convento  de  Santa  Isabel  ,  siendo  tanto  mas  de 
admirar  ,  que  la  perfecta  enseñanza  Cristiana  , 
penetrase  también  hasta  a  aquellos  claustros  de 
mujeres  ,  guardados  con  tantos  cerrojos  de  hie- 
rro ,  i  sobre  todo  ,  con  tan  obstinada  supersti- 
zion  :  pero,  al  fin  ,  nada  en  el  mundo  puede  re- 
tardar ,  el  que  se  cumpla  a  su  tiempo  la  grazia 
de  Dios ,  para  con  sus  escojidos  en  Cristo.  Lo- 
gró tener  por  maestro  en  el  Evanjelio  ,  al  mui 
esclarezido  Doctor  Ejidio  ,  de  quien  luego  ha- 
blaremos. Aun  debajo  de  aquel  modio  [Mat.  v. 
15]  ocultada,  no  pudo  esconderse  para  siempre 
la  divina  luz  ,  sin  que  ,  apareziendo  a  su  prefi- 
jado tiempo,  regocijase  con  su  aspecto  a  la  Igle- 
sia de  Dios  ,  *  e  hiriese  ,  i  agudamente  redar- 
guyese ,  las  tinieblas  de  los  impíos. 

Delatáronla  ,  al  cabo  ,  a  los  inquisidores  , 
i  por  ellos  tratada  como  de  costumbre  ,  la  saca- 
ron al  Auto  i  la  quemaron.  Cuantas  vezes  la  lla- 
maron a*  la  audienzia,  habia  la  donzella  cubier-  230 
to  de  vergüenza  a  los  Señores  Padres  de  la  fé  , 
con  sus  respuestas  varoniles ,  apesar  de  no  es- 
tar, por  el  tenor  de  su  entera  vida,  acostumbra- 

*    El  OriJ.— percellereí,  redargucrcique  acriter  impiorum  te- 
nebras. 


252 

da  ,  de  modo  alguno ,  al  trato  de  los  hombres : 
pues  al  defender  la  verdadera  relijion  afiadia 
ademas  severisimas  cuanto  oportunas  repren- 
siones ,  sacadas  de  la  palabra  de  Dios,  i  acornó* 
dadas  con  prodíjiosa  destreza  a  los  padres  de  la 
fé  ,  llamándoles  ya  perros  mudos,  ya  jenerazion 
de  víboras.  Prinzipalmente  fué  notable  para  to^ 
dos  los  que  la  miraban,  sudesprezio  a  la  muerte 
i  al  suplizio  ,  i  la  alegria  que  ,   hasta  el  mismo 

cadalso  ,  manifestó  en  su  semblante. 
231  *  CRISTÓBAL  LOSADA  MÉDICO. 

J  ambien  éste  ,  de  la  enseñanza  privada  del 
Doctor  Ejidio,  sacó  los  primeros  rudimentos  de 
su  piedad.  Pues  entre  las  demás  dotes^  celestia- 
les de  aquel  Santo  varón  ,  era  verdaderamente 
de  admirar  el  que  ,  a  todos  aquellos  cuya  ins- 
truczion  relijiosa  tomaba  sobre  si,  parezia  que 
con  su  misma  doctrina  ,  les  aplicaba  al  alma 
una  tea  de  un  fuego  santo  .  inflamándolos  con 
ella  ,  para  todos  los  ejerzizios  piadosos ,  asi  in- 
ternos como  estemos  ,   i  enzendiéndolos  parti- 

•    El  Orij.-intcr  esteras  enim  Sancti  ilUus  viri  divinas  doles-etc. 


255 
t^ularmente,  para  sufrir  i  aun  amar  la  cruz  que 
les  amenazaba :  en  esto  solo ,  en  los  iluminados 
.  con  la  luz  divina ,  daba  a  conozer ,  que  le  asis- 
tía Cristo  en  su  ministerio  ,  puesto  que,  en  vir- 
tud de  su  Espíritu  ,  a  grababa  en  los  corazones 
I  de  los  suyos  las  mismas  palabras,  que  él  con  su 

boca  pronunziaba. 

C!ontribuyó  no  poco  al  h  feliz  éxito  de  aquel 
gran  preceptor  en  la  enseñanza  ,  un  compañero 
suyo ,  hombre  tan  piadoso  ,  que  no  admitió  por 
yerno  a  Losada ,  el  cual  pretendía  por  mujer  a 
su  hija  ,  aunque  era  mozo  de  honestísimas  cos- 
tumbres ,  de  no  vulgar  erudizion  i  de  ua  cono- 
zimiento  *  práctico  en  la  medizina  mas  que  me-  232 
diano  ;  hasta  que  se  pusiese  en  manos  del  Doc- 
tor Ejidio  para  aprender  relíjion.  Para  un  hom- 
bre erudito  ,  i  que  se  tenia  por  buen  Cristiano, 
no  era  aquella  una  condizion  mui  honrrosa,  si- 
no c  difízil  de  cumplir  ,  por  ser  el  Doctor  Eji- 
dio ,  a  cuya  autoridad  se  le  remitía  ,  para  que 
le  enseñase  relijion  ,  un  tanto  sospechoso 
entre  el  vulgo  ,  por  de  relijion  no  bastante  inte- 
gra o  pura.  Admitió  al  fin  la  condizion  ,  no  se 

\  a    El  Orij.— verba  eo  externé  mioistraate,  eadem  in  ipsis  vis-  4^ 

I  ceríbos  suorum  virtute  Spiritus  sui  exararet.  ^( 

\  b    El  Ory. — ^adeam  felicitatem-etc. 

c    DiBziU   o  imperlinenie.  El   orij.— faaud  erat  satis  honesta 
'  conditio ,  difT.cilis  vero,— etc. 


254 

sabe  ,  si  por  deseo  de  una  instruczion  mas  sóli- 
da ,  o  por  el  amoroso  deseo  del  casamiento. 

Como  quiera  que  fuese  ,  se  penetró  tan  de 
Teras  a  de  aquellos  primeros  rudimentos  Cris- 
tianos ,  que  aun  después  de  la  muerte  de  su 
maestro  ,  que  antes  de  tiempo  le  arrebataron  , 
hizo  en  la  relijion  notables  adelantos.  I  asi  por 
su  singular  piedad  ,  i  erudizion  en  las  sagradas 
letras  fué  tenido  por  digno  de  gobernar  aquella 
iglesia ,  numerosa  ciertamente,  b  pero  escondi- 
da en  las  cuevas,  i  obtuvo  ,  i  desempeñó  el  car- 
go de  pastor ,  en  cuanto  lo  permitia  la  penuria 
de  las  cosas.  Preso  por  los  Inquisidores,  con  la 
ocasión  aquella  de  los  libros  de  c  Julianillo(pues, 
¿cómo  en  aquella  dispersión  de  toda  la  grei  se 
babia  de  esconder  el  siervo  leal  de  Cristo?)  i  ha- 
biendo confesado  injenuamente  su  relijion  ,  es- 
perimentó  primero  la  acerbidad  de  la  carzel ,  i 
de  los  tormentos;  luego,  la  ignominia  del  triun- 
255  fo ;  i  por  último  ,  el  suplizio  de  la  hoguera.  * 
Disputó  noblemente  ,  azerca  de  la  verdadera  re- 
lijion ,  en  la  misma  d  ara  del  suplizio  ,  contra 

a    El  Orij. — pñma  illa  tn  Christo  nidimenfa. 
b    EX  Oríj. — Dumerosam  quidem,  sed  in  carTcrnis  delites  cen- 
tem— etc.  Donde  bai  la  errata,  nor-caverois. 
c    Asi  llamaban  a  J.  Hernanaet ,  por  ser  cbico  de  caerpo. 
d    El  Orij.  in  ipsa  basi  suplirü-etc. 


255 
los  importunos  íiipócritas  ,  que  con  la  \ana  es- 
peranza de  poder  removerle*  de  su  opinión  re- 
lijiosa,  le  dieron  ocasión  de  responder  a  sus  su- 
tilezas. Pero  ellos  ,  porque  el  vulgo  que  los 
rodeaba  no  entendiese  lo  que  por  una  i  otra 
parte  se  dezia  ,  trocando  con  astuto  acuerdo,  la 
dicción  del  romance  al  latín;  él,  acaso  sin  echar 
de  ver  el  artifízio  ,  empezó  también  ,  a  hablar 
en  latín  con  tal  afluenzia,  i  pureza  de  estilo;  que 
todos  se  maravillaban,  de  que  un  hombre,  que 
iba  luego,  luege,  a  morir ,  estuviese  tan  en  sí , 
que  ni  aun  entonzes  aflojase  nada  en  la  ciegan- 
zia  del  lenguaje. 

*  CRISTÓBAL  ARELLANO.  234 

liristobal  Arellano  ,  monje  del  convento  de 
S.  Isidoro  de  Sevilla  ,  según  declaración  de  los 
mismos  inquisidores  el  hombre  mas  docto  de 
cuantos  habían  entrado  ,  antes  que  él  ,  en  el 
alcázar  Inquisitorio  ,  acusado  por  los  suyos  ,  a 
quienes  ,  con  una  erudizion  cual  nunca  habían 
conozido,  sirviera  en  honrra  i  provecho  de  ellos; 
fué  también  arrastrado  a  la  nasa  inquisitoria. 

*    El  Oñj. — qui  Tana  spe  eum  a  pía  senteniia  dimovendi,  res- 
pondeDdt  ad  eorum  strophas  ei  copiam  fecére. 


256 

Debió  prinzípalmentc  el  ccmzepto  de  suma 
erudizíon  ,  que  con  los  inquisidores  se  habia 
granjeado ,  a  que  siendo  hombre  yersadisimo 
en  los  libros  de  los  Doctores  de  teolojia  ,  que 
llaman  escolásticos,  Aquino ,  Scoto  ,  Lombardo 
i  demás  de  aquella  clase  ,  lo  que  ellos  en  sus 
varias  controversias  relijiosas  dijeron,  sin  pen^ 
sar ,  en  apoyo  de  la  verdad ,  lo  acomodaba  él  a 
su  propósito ,  con  una  rara  destreza  de  injenio, 
i  con  una  memoria  estremadamente  feliz,  dan- 
do ,  por  supuesto,  el  primer  lugar ,  a  las  Sa- 
gradas Escrituras^  i  a  las  sentenziasde  otros 
doctores  de  mas  sano  juizio :  de  lo  cual  resulta- 
235  ba  que  sus  adversarios  *  todos,  para  quienes  las 
simplezas  manifiestas  de  aquellos  autores  valian 
a  mucho  mas  que  la  Sagrada  Escritura  ,  eran 
combatidas  por  sus  mismos  defensores. 

Condenáronle  ,  no  obstante  ,  a  la  hoguera , 
sobrepujando ,  para  con  los  crueles  tiranos,  los 
hazezillos  de  lefia ,  a  la  erudizíon  de  aquel ,  i  a 
la  b  verdad  misma.  Estando  ya  de  pie ,  en  c  pú- 
blica plaza,  para  escuchar  su  sentenzia,  oyó  que 
en  ella ,  con  el  mayor  descaro ,  se  le  achacaba 

a    El  Orij.— iint  loogéaatíqoiores:— q.  d.  moi  ettímables, 
b    El  Orj].— superantíbuB  et  eraditionem  et  Teritatem  ipsam 
apnd  immaoM  tyrannoa  fascicuUs. 
e   El  Oríj.— in  soteinmi  tbeatro-etc. 


257 
un  crimen  falso.  Suponían  haber  él  afirmado 
que  la  virjen  pura  ,  madre  de  Cristo ,  había  sí- 
do  tan  virjen  como  él :  palabras ,  que  a  haber- 
las proferido  cualquiera  ,  no  menos  impía  que 
impuramente  eran  ,  por  cierto,  dignas,  de  que 
los  santos  padres  de  la  fe' ,  las  divulgasen  por 
todo  el  teatro  del  orbe.  Mas ,  con  este  artifizío, 
suele  el  Santo  Tribunal  atraer  un  odio  grandí- 
simo, a  los  que  sabe  son  al  vulgo  mas  azeptos 
por  su  virtud  singular ,  i  a  todos  manifiesta. 

Oída  aquella  impura  blasfemia,  Arellano,  que 
no  sin  providenzia  de  Dios  ,  tenía  entonzes 
suelta  la  lengua  ,  exclamó  delante  de  todo  el 
pueblo  ,  que  aquella  era  una  mentira  ,  descara- 
damente inventada  :  puesto  que  él  ,  creía  fir- 
misimamente  lo  contrarío  ,  i  lo  había  creído 
siempre  :  como  que  lo  había  aprendido  en  va- 
rios lugares  de  la  Escritura  ,  por  los  cuales  es- 
taba dispuesto  a  demostrarlo  en  el  acto  *  sí  236 
fuese  nezesarío.  Ya  en  el  borde  mismo  del  su- 
plizio  ,  paróse  de  propósito  a  reírse  delante  de 
él  ,.como  para  insultarle  en  su  desgrazia  ,  uno 
de  los  monjes  sus  compañeros  ,  a  quien  había 
tenido  por  adversario  i  capital  enemigo.  Pues 
no  bastaba  sumir  en  aquella  desgrazia  a  un: 
hombre  tan  piadoso  ,  dotado  de  tan  singular 


i58 

erudizion  i  adéuias  iiiozeiite,  si  no  le  insuUaban 

también  cuando  iba  al  suplizio. 

Conmovióse  un  tanto  Arellano  con  aquel  re* 
pentino  e  improviso  espectáculo  ,  mas  luego  , 
conforme  al  deber  de  Cristiano  ,  recobró  aque- 
lla tranquilidad  de  ánimo  que  le  correspondia  i 
debia  servir  de  ejemplo  a  los  espectadores.  Con- 
soló también,  ya  en  el  a  ara  del  suplizio,  a  otro 
monje  de  la  misma  Orden  llamado  Juan  Crisós- 
tomo  ,  antes  diszipulo  suyo,  i  enlonzcs,  compa- 
ñero en  el  suplizio.  Por  ignorar  absolutamente 
las  causas  del  suplizio  de  éste  ,  no  nos  atrevi- 
mos hasta  ahora  a  contarle  en  el  número.  Fué 
sinembargo  predicador  de  inculpada  vida  ,  i  de 

costumbres  enteramente  santas  dotado,  i  de  no 
despreziable  erudizion  ;  i  por  lo  tanto  no  mui 
bien  quisto  b  con  los  zerdos  de  sus  compañe- 
ros ,  dolo  a  la  gula  entregados. 

237  *  GARCÍA  ARIAS  : 

VULGARMENTE  LLAMADO  EL  MAESTRO  BLANCO. 


Ilira  este  hombre  un  ejemplo  admirable  en  que 

a    O— fln  el  sitio— El  Org.-*ia  ipsa  suplicü  bas.i-etc. 
b    El  Orij.-suis  porcis  uni  tantum  ventri  deditls  non  admodum 
i^ratiosus.— Alude  á  los  frailes  de  aquel  convento. 


259 
vesplandezia  claramente  la  divina  Providenzia 
para  con  sus  escojidos ,  la  cual ,  en  virtud  de  su 
poder  ,  los  saca  a  vezes  contra  todas  las  leyes 
naturales  ,  aun  del  abismo  de  la  mas  inveterada 
i  estudiada  hipocresía  ,  i  hasta  los  aparta  de  la 
espontanea  impugnazion  de  la  verdad  Evanjéli- 

ca ,  que  ya  habían  conozido,  (pecado  que  la  Sa- 
grada Escritura  llama  ,  contra  el  Espíritu  San- 
to ,  i  declara  ,  que  serán  inútiles  los  ruegos  de 
la  Iglesia  por  semejentes  pecadores,)  colocán- 
dolos en  tanto  mayor  altura,  cuanto  en  mas  de* 
sesperada  condizion  parezian  antes  estar. 

Fué  este  Arias,  (a  quien  por  la  blancura  de 
su  tez  i  de  sus  cabellos  apellidaban  Blanco  ),  de 
agudísimo  injenio  ,  i  en  cuanto  lo  permitía 
aquella  época ,  sobradamente  instruido  en  el 
conozimienlo  de  las  sagradas  letras ,  aunque 
taimado  ,  astuto  ,  maligno ,  disimulado.  En- 
cubría ,  empero  ,  aquellos  a  perniziosos  vizios 
del  alma  ,  con  cierta  aparienzia  de  santidad  ,  h 
tan  estudiadamente  apazible,  que  no  llegándose 
a  él  muí  de  cerca  ,  i  no  observándole  repetidas 
vezes ,  podía  engañar  aun  a  los  mas  prudentes, 
i  engañó  con  efecto  a  muchos. 

a    El  Orij.— ea  exitialia  animi  vitia. 

b    adeo  studio  se  compositae,  ut  vel  prudentissimor  ura  quo- 
rum oculos --possct  fallere-etc. 


360 

Había  eDlonies  en  Sevilla  ,  dos  bandos  (Te 
predicadores  ,  a  quienes  seguía  una  numerosa 
turba  de  ojenles ,  adictoa  cada  cual  a  su  parli- 
do.  El  uno,  que  si  se  atleude  a  sus  mismas  pa- 
labras, se  acercaba  mas  a  la  doctrina  del  Estoi- 
co Epiclelo  ,  que  a  la  norma  de  la  Sagrada  Es- 
critura ;  era  ,  sinembargo  ,  inferíor  a  Epicteto, 
en  que  éste  conrormando  los  hechos .  con  los 
dichos,  pareze  prozedia  con  formalidad,  i  aquel 
no.  Pues ,  azerca  de  la  frecuenzia  en  los  ayu- 
nos, de  la  mortíficazion  i  abnegazion  de  si  pm' 
píos ,  del  rezo  continuo  .  de  la  completa  sumi^ 
sion  i  abatimieoto  de  ánimo ,  que  ellos  llaman 
humildad  ,  i  que  debe  aparezer  aun  en  el  vesti- 
do ,  en  el  habla  ,  en  el  semblante  i  en  fin  .  en 
todo  el  andamento  de  la  vida ;  tenían  ellos  lar- 
gas,  i  casi  ínacabableB  pláticas:  mas,  debajo 
de  esta  tan  plausible  i  espeziosa  máscara  de 
piedad ,  cualquiera  que  de  cerca  los  observase , 
hallaría,  porno  tratarlos  mas  duramente,  unos 
hombres  al  fin  ,  i  nada  mas. 

En  suma.  Ellos  poniendo  ,  como  suden  de~ 
258  zir  *  *  los  puntos  cardinales  de  toda  sn  santidad 
en  las  obras  ,  contra  la  doctrina   del  bando 

*    &  Orij.— SiRcliiiuHiiM  pronm  at  pupim  collHantu-ilc. 


261 
opuesto  ,  deseaban  sobre  todo  parezer  solízitos 
i  dilijentes.  Por  este  deseo ,  como  nazido  de  la 
ignoranzia  de  la  verdadera  a  jastizia  ,  se  daban 
a  oír  machas  misas ,  a  repetir  estaziones  a  los 
lugares  sagrados,  al  uso  frecuentísimo  de  lo  que 
Uaman  Confesión  i  Comunión,  i  a  otras  muchas 
simplezas ,  que  con  razón  compara  la  Sagrada 
Escritura  a  las  telas  de  arañas,  *  que  nunca  han  239 
de  servir  de  abrigo  :  i  se  desviaban  ,  socolor  de 
espiazion ,  h  de  los  ejercizios  de  verdadera  jus- 
lizia,  esto  es,  del  juizio  i  misericordia  ,  i  por  lo 
tanto  de  la  misma  fé ,  único  medio  de  adquirir 
la  justizia.  Exijian  la  pobreza  c  i  el  celibato  aun 
en  ios  matrimonios ,  i  sobre  todo  ,  el  voto  de 
obedienzia,  a  imitazion,  según  creo,  de  los  frai- 
les ,  con  lo  cual  supeditaban  a  sus  diszipulos. 

Dezian  ,  que  esta  era  la  verdadera  abnegazion 
de  la  propia  voluntad  ,  i  la  bonrraban  con  los 

mismos  títulos  con  que  Dios  honrra  la  obedien- 
zia a  sus  mandamientos. 

I  para  que  en  medio  de  perpetuas  tinieblas 
pudiesen  con  mas  libertad  progresar  en  sus  im- 

a    ElOrjij. — vene  justitise.  Quizá,  i^or  Juslificazion. 

h  El  Orij.— a  verse  justitiae  exerciüís,  judicio  scilicet  et  mise- 
ricordia, atque  adeó  ao  ipsa  fide,  uoica  ac  quírendae  justítiae  ra- 
tione,  etc.  Alude  al  Eraojelio. 

c  El  Orij.— -urgebant  paupertatem  ac  csBlibatum  vel  coaju^ 
giftus  etc. 


^ 


%2 

posturas ,  arredraban  a  los  suyos,  como  de  una 
peste  ,  de  la  lectura  de  los  buenos  autores  ,  i 
sobre  todo  de  la  de  Erasmo  ,  de  quien  sin  duda 
no  habian  de  aprender  mas  que  a  a  saber  con 

arroganzia  ,  remitiéndolos  a  Henrique  Herpio  * 
a  los  opúsculos  de  Buenaventura  ,  el  Abeceda- 
rio ,  la  subida  al  monte  Sion  ,  i  otros  tales,  por 
los  que  aprendiesen  a  tener  humildad ,  i  sobre 
lodo,  a  obedezer  a  los  h  corifeos.  Salieron  en  fin 
de  aquella  escuela  Manso  ,  Cevallos  ,  Guerra  , 
Pedro  de  Córdoba ,  i  otros  ,  cuyos  nombres  es- 
tan  ya  fuera  de  memoria ,  c  que  hubiera  quizá 
valido  mas  no  hubiesen  nazido  ,  ni  dejado  des- 
zendenzia. 

Hubo  en  aquella  secta ,  lo  confieso,  muchos 
hombres  buenos  i  piadosos,  pero  de  éstos,  unos, 
después  de  averiguada  la  impostura  de  sus 
maestros  ,  los  dejaron  i  tomaron  mejor  acuer- 
^^0  do  ;  *  otros  ,  por  los  frecuentes  e  inmoderados 
ayunos,  i  por  la  intensa  i  profunda  medítazion 
de  las  cosas  celestiales  ,  superior  a  las  fuerzas 
humanas ,  se  volvieron  locos  :  otros  ,  que  per- 

a    El  OriJ. — superbé  sapere  etc. 

b  El  Oríj.—corypheis.— Alude  ,  a  los  caudillos,  o  capatazas 
de  ese  jesuitismo. 

c  Deben  ,  con  efecto  ,  ser  Autores  muí  valadies  ,  i  malos  : 
pues,  ni  aun  se  halla  rastro  de  ellos  en  D.  Nic.  Antonio. 


2i)3 
severaron  en  su  propósito  ,  cayeron  en  un  mal, 
mayor  i  mas  incurable,  puesto  que  de  buenos, 
salieron  malos  ,  de  bombres  de  común  condi- 
zion  ,  fariseos  ,  aborrezedores  de  la  justizia  ^ 
cruzifícadores  della  ,  bijos  de  Gehenna  ,  al  do- 
ble ,  que  sus  mismos  maestros. 

a  £1  otro  bando  se  componía  de  ciertos  ora  • 
dores,que  por  lo  mismo  que  profesaban  con  mas 
sinzeridad  las  sagradas  letras,  abrian,  con  ellas, 
a  los  hombres  ,  una  verdadera  fuente  de  virtud 
i  santidad,  debiéndose  a  su  industria,  que  aquel 
pueblo  de  Sevilla  ,  por  esta  circunstanzia  prin- 
zipalmente  ,  el  mas  feliz  de  toda  España  ,  oyese 
por  espazio  de  doze  años  ,  i  no  sin  fruto  ,  el 
Evanjelio  de  Cristo  en  toda  su  pureza  ,  que  es 
cuanto  a  la  verdadera  justizia  interesa.  Pues 
aquella  mies ,  que  desde  ocho  o  diez  años  atrás 
se  recoje,  es  indudable, proviene  de  aquella  labo- 
riosa renovazion.  Esta  santidad  ,  según  es  pro- 
pio de  la  luz  ,  al  señalar  ,  como  con  el  dedo  ,  i 
poner  de  manifiesto  ,  al  público  ,  b  aquella  otra 
ataviada  i  con  arreos  de  bujena ;  no  pudo  me- 
nos de  atraerse ,  primero  el  odio  de  ella  ,  i  de 
provocar  después  contra  sí  toda  su  persecución. 

a    El  Orij.— Altera  factio  concionatorom  erát  quorumdam  etc. 
b    El  Orij— fucatam  ac  phaleratam  illam-etc. 


364 

211  Eran  los '  priazipales  defensoreí  de  la  una  ,. 
los  Doctores  CoDBUatino ,  Ejidio,  i  Vargas  ,  va- 
rones por  su  doctrina  i  por  ta  probidad  de  sos 
costumbres ,  esclarezidos,  cuyos  afanes  ea  dila- 
tar la  luz  del  EvaDJelio ,  i  cuyo  fia  de  vida  ilus- 
tre en  lo  mejor  de  su  tarea ,  por  lo  mismo  que 
son  dignos  de  eterna  memoña ,  no  coDsentire- 
mog  queden  eo  eterno  olvido  sepultados.  Entre 
los  primeros  adalidades  déla  otra,  como  que 
siendo  mas  admitidera  ,  í  de  mejor  aparieaiia, 
era  ,  por  lo  tanto ,  mas  útil  i  lucrativa  para  sus 
proresadnres ,  contábase  este  nuestro  Arias : 
tanto  mas  depravado  qne  todos  sus  cofrades , 
cuanto  éstos  ,  acaso  ignoraban  la  verdad  ,  que 
él  a  fondo  conozia  e  impugnaba. 

Con  todo ,  no  servia  él  a  la  mentira ,  tan 
abiertamente  ,  como  otros  del  mismo  bando  , 
por  no  caer  de  la  grazia  de  ciertas  personas  de 
algún  crédito  ,  que  guardaban  en  su  corazón  la 
verdadera  piedad  ,  i  por  no  perder  el  concepto, 
qne  con  aquella  piadosa  mascara  se  babia  gran- 
jeado :  sino  que  se  manejaEía  con  tal  astuzia  i 
como  en  zelada,  que  aunque  fuese  conozido  por 
los  que  sentían  sus  dardos ,  todavía  por  otros 
era  tenido  como  amigo  i  bermano.  Mostró,  so- 
bre todo ,  la  sagazidad  i  astuzia  de  su  injenio  , 


265 
«cuando  un  tal  Gregorio  Ruiz  ,  hombre  ( según 
4ezian)  de  los  mas  doctos ,  por  haber  dicho  ,  * 
al  interpretar  publicamente  en  la  Iglesia  Mayor  ^^^ 
de  Sevilla  la  Sagrada  Escritura  ,  algunas  cosas  , 
*  conformes  al  Evanjelio ,  acerca  de  la  Justifi- 
cazion  del  hombre  ,  del  mérito  de  Cristo  ,  i  de 
los  méritos  de  los  hombres  ,  antes  i  después  de 
la  justificazion ;  fué  acusado  por  los  hipócritas 
que  perseguian  aquella  doctrina ,  i  citado  ante 
el  tribunal  Inquisitorio. 

Pues  habiéndole  los  inquisidores  señalado 
dia  ,  dos  antes  de  comparezer  en  juizío  para  de- 
fenderse ,  se  fué  a  aconsejar  del  Maestro  Arias» 
con  quien  habia  antes  tenido  algún  trato  ,  por 
sus  comunes  estudios  ,  i  sobre  todo  ,  por  su 
falsa  nombradia  de  singular  piedad.  Habían  los 
inquisidores  prevenido  a  Arias  ,  entre  otros  , 
que  se  preparase  ,  para  asistir  en  el  dia  señala- 
do ,  a  disputar  con  Ruiz.  Echando  pues  mano 
de  su  injenio  ,  sonsaca  astutamente  de  aquei 
liombre  incauto  i  senzillo,  que  lejos  de  temer 
tal  asechanza  esperaba  mas  bien  de  él  un  salu- 
dable consejo  ,  todas  las  razones  i  argumentos 
con  que  pensaba  defenderse  en  la  disputa  :  i 

'    El  Orij.— pietati  consona  etc. 


so.  Que  debian  leerse  i  nieditarM  con  snma  iten- 
zion  ,  las  Sagradas  Escrituras ,  i ,  que  solo  de 
ellas  ,  se  podía  sacar  el  verdadero  conoñtoieuto 
(le  Dios  i  de  sd  voluDtad  ,  i  aprender  tambim 
la  relijion  ,  que  fuese  ante  El  mas  azepta.  Que  , 
l>ara  obtener  ésto  ,  se  debian  usar  otras  orazio- 
nes  ,  a  saber  ,  las  que  dictasen  nuestras  mis- 
mas nezesidades  ,  i  dimanasen  de  una  verdade- 
ra ré  en  Dios. 

Inculcándoles  muchas  veies  ,  i  con  suma  ve- 
hemenzia  .  éstos  i  semejantes  axiomas  de  la 
Relijion  Cristiana  ,  i  a  la  verdad  ,  sin  peligro 
alguno  ,  pues  a  '  no  ser  implo  consumado,  na- 
die podía  negarlos,  excitaba  en  casi  lodos,  el  te- 
dio de  la  presente  i  basta  alli  practicada  reli- 
jion ,  i  dispertaba  el  deseo  de  otra  mejor ,  i  so- 
bre todo,  una  afliion  TÍvisiroa  a  las  Sagradas 
245  Letras.  A  las  pláticas  afiadia  *  unas  esplicaiio- 
nes  diarias  de  los  Proverbios  de  Salomón  ,  lle- 
nas de  erudizion  ,  i  con  admirable  destreza  a  su 
propósito  acomodadas. 

Juntábanse  a  esto  ,  las  conferenuas  privadas 

i  ramiliarcs .  i  ademas  el  réjímen  de  vida  coti- 

.  todo  bajo  un  mismo  plan .  i  de  intento, 

.  Onj.^4iD*  impiui- ;  >-ú   pcUgn  tigamo-tt  corrije  !• 
d>  !■  p*).  lU  Ib.  S  lUan-pw-nllun. 


269 
a  un  mismo  fin  encaminado.  Había  dado  con 
hombres  dóziles  por  naturaleza  ,  i  (lo  que  es 
mas ,  i  parezerá  milagroso]  no  mui  adictos  a  las 
superstiziones  del  monacato,  por  lo  que,  a  otro 
cualquiera  dispensador  mas  fiel  de  los  divinos 
misterios  ,  le  hubiera  sido  mui  fazíl  derribar  , 
en  breve  ,  toda  aquella  complicada  mole  de  su- 
perstizion  ,  sembrando  en  su  lugar  ,  la  palabra 
pura  de  Dios. 

Pero  a  aquel  hombre  no  mui  constante  por 
natnraleza  ,  después  de  aquellas  faustísimas 
preparaziones  ,  con  las  cuales  apartándolos  de 
la  presente  superstizion  ,  i  ganándolos  maravi. 
liosamente  para  sí ,  tenia  suspensos  los  ánimos, 
los  volvia  otra  vez  a  los  intolerables  ayunos  ,  a 
las  vijilias  perpetuas,  delante  del  mismo  sacra- 
mento del  pan  ,  de  donde  ,  no  se  qué  nuevas  b 
inspiraziones  ,  esperaban  ,  haziales  desocupar 
las  reduzidas  celdas  de  todo  su  ajuar ,  i  de  los 
libros  ,  i  aun  de  la  misma  cama  ;  acostarse 
o  mas  bien  estar  ,  en  el  desnudo  suelo,  cuando 
los  rindiese  el  sueño  ,  i  llevar,  en  lugar  de  ca- 
misa ,  un  coselete  tejido  de  cerdas  ,  i  un  ceñi- 

a    El  Oríj.— Sed  homo  numqaam  sibi  satis  consta  ntis  iigenü, 
post  pulcherrimas  illas  prieparationes, — etc. 
b    El  Oríj.— ncscío  quas ,  illuminationes  expectarent,  etc. 


!270 
246  dor  de  hierro  ,  a  raiz  de  la  carne ,  *  i  los  ?oI- 
via ,  en  fin  ,  a  otras  inumerables  simplezas,  tan 
perniziosas  como  éstas ,  como  si  aquella  pésima 

zizaña  no  fuese  bien  rezibida  ,  a  no  a  renovar , 
o  escardar  primero  la  tierra  ,  con  el  almocaOre 
de  la  divina  palabra  ,  según  antes  dijimos. 

Porque,  arrancando  Arias  la  antigua  supers- 
Uzion  ,  no  introduzia  sino  otra  nueva  ,  roas  pe- 
ligrosa i  mas  noziva.  Sacaron  de  allí ,  muchos 
de  sus  oyentes ,  los  mismos  frutos ,  que  de  tan 
perniziosa  escuela  suelen  provenir  ,  a  saber : 
unos  ,  la  locura ;  otros  ,  ciertos  b  ardores  per- 
petuos de  atrabilis  ,  que  tanto  se  parezen  a  la 
locura ;  otros,  un  dolor  de  cabeza  incurable  del 
|Odo ,  por  el  que ,  menguándoseles  no  poco  el 

cerebro,  de  nada  podia ,  en  lo  suczesivb  ,  ser- 
virles la  razón  ;  i  los  que  ,  por  ser  de  un  tem- 
peramento mas  robusto  ,  venzieron  esas  enfer- 
medades, que  aflijen  tanto  al  cuerpo  ,  como  al 
alma  ;  habiendo  contraído  ,  por  aquella  vana 
opinión  de  santidad  ,  una  estimazion  de  si  mis- 
mos ,  inmoderada  i  completamente  farisaica  ; 
ninguno  de  sano  juizio ,  los  tendrá  por  mas  fe- 
lizes  que  a  los  otros. 

o    El  Org.— ni  díTini  Terbi  sarculo  térra  ipsa  pñas  innova' 
retur— etc. 
b    o— arrebatos- ;  en  lat.-testUB, 


Escusaria  tal  vez  a  ilrjas  de  uü  crimeQ ,  por 
iú  demás ,  gravisieio  a  i  digno  de  castigo  »  ola 
falta  de  ciencia  de  «iia  mejor  doctr^iaa ,  o  ya, 
algún  suzeso  fatal ,  por  el  cual  ,  hubiese  sido 
forzado  ,  a  acometer  primero  aquella  empresa, 
i  después ,  a  dirijirla  por  aquel  medio :;  *  si  no  217 
'Supiésemos  ,  q«e  él ,  en  virtud  del  coaozimifiíi- 
to  cabal,  que  de  la  verdad  tenia  ,  había  con- 
denado en  su  interior  todo  lo  que  en  lugar  de 
la  misma  verdad  sustituyó ,  i  coa  algunos ,  por 
entonzes  mismo,  burlándose  con  mucha  grazia, 
de  la  nezedad  de  aquellos  ,  a  quienes  tan  fazQ- 
roente  hizo  le  obedoinesen  en  todas  cuantas  co- 
sas les  prescribía. 

Pero  ,  de  aqueUos  granitos  de  buena  simien- 
te ,  b  entre  tantos  puñadiUos  colmados  de 
«impiezas  ,  con  tanta  «palignidad(CQQiunk<A^ , 
provinieron  luego  (tal  es  Ja  fuerza  deia  ateczíon 
divina)  abundantes  IriAos  de  «ordadera^piedad. 
Pues  algunos ,  Mbres  ya  enteraonente  sus  áni- 
mos de  la  antigua  superstizion  ,  i  no  bastante 
adheridos  a  aquella  nueva  ,  mientras  buscaban 

una  instruczion  tan  aólida  como  piadosa,  dieran 

a  o  de  exftiacion :  pues  tai  es  la  fíierza ,  en  el  oríjinal ,  de 
-graTíssimo  piuculo. 

h  El  ürij.--ex  illis  veritatis  granulos  ínter  tot  nugarum  ple- 
nos pugülos-etc. 


•ÍT1 

sin  pensarla  ,  con  loa  maestros  del  otro  batido' 
queenseflahancoD  mas  pureza  la  verdad.  Con 
la  amistad  i  trato  de  éstos  ,  adquirieron  los 
girinzipíos  de  un  saber  mas  puro  i  mas  sólido . 
i  empezaron  sobre  todo  a  desecliar  de  si ,  aque- 
lla triste  i  borrihle  idea ,  acerca  de  los  que  lia- 
maD  Luteranos :  i  como  que  ellos  pensaban  que 
no  hablan  de  tener  un  perfecto  conozimieoto  de 
lu  verdad,  mientras  no  pudiesen  usar  alguna 
vez  de  los  libros  de  aquellos  ,  ni  aun  en  esto 
dejó  Dios  de  corresponder  a  sus  piadosos 
deseos. 
Pues  de  un  modo  milagroso ,  '  cuando  mas 
248  descuidados  estaban ,  no  solo  les  *  proporcionó 
cuantos  libras  de  aquellos  ,  poco  antes  ,  hablan 
azertado  a  desear  ,  sino  también  lo  mejor  i  mas 
esquisito  de  cuanto  hasta  entontes  se  habia  pu- 
blicado en  Jinebra,  o  en  toda  Alemania.  Enrrí- 
quezidos  con  aquella  abundanzia ,  i  mas  opulen- 
tos ya  que  sus  mismos  maestros  ,  empezaron  de 
tal  suerte  a  instruir  a  su  convento ,  que  desde 
dos  ,  que  comentaron  tan  peligrosa  tarea ,  a) 
cabo  de  pocos  meses  ,  aunque  bien  poblado  el 
monasterio  ,  habia  mui  pocos,  que  no  hubiesen 
*    El  Orij.    ipn)  pUae  donnicnlibna-eic. 


273 
gustado  algún  sabor  de  piedad  ,  a  ninguno  que 
ta  contradijese. 

Ya  las  horas  ,  que  llaman  de  coro,  i  rezo  ,  se 
habian  b  convertido  en  esplicazioncs  de  la  Sa. 
grada  Escritura  :  las  prezes  acostumbradas  |)or 
los  muertos  ,  o  se  habian  suprimido  ,  o  en  su 
mayor  parte  cercenado  :  anticuádose  del  todo 
las  induljenzias  i  expiaziones ,  en  otro  tiempo 
conzedidas  por  los  Romanos  PontiGzes  ,  en 

las  que  ,  en  gran  parte  ,  estribaba  aquella  mo- 
le :  a  lasimájenes',  ningún  culto  ,  o  mui  poco  , 
ciertamente  ,  les  era  dejado  :  conmutado  se 
habían  los  ayunos  supei*stiziosos  ,  en  perpetua 
sobriedad :  nadie  era  ya  instruido  para  el  mona- 
cato ,  sino  para  la  verdadera  piedad:  nadie  casi 
hablaba  ya  ,  de  promover  el  antiguo  instituto  , 
muchos  si ,  de  escarnezerlo ,  abominarlo  ,  i  por 
último  ,  de  abolirlo.-  Ni  se  enzerraba  ,  por  eso, 
aquella  divina  luz  dentro  de  las  paredes  del 
Monasterio  ,  *  estendiase  aun  a  la  ciudad  i  pue-  249 
blos  circunvezinos ,  comunicándose  c  por  los 
Ubros ,  i  por  la  palabra. 

I  habiendo  ya  llevado  la  cosa  a  término  ,  de 

a    nollas  qui  reclamaret-etc. 

b    El  Orij.— pnecarice  horac — sin  duda ,  se  llaman,  las  del  co- 
ro ,  o  del  rezo  del  Breviario. 
V    El  Orij.— tum  libris  tuin  sermone  communicaüs.-etc. 


2W 

no  quedar  casi  nadépor  désDniir ,  sino  es  aqueF 
a  firiDÍsimo  idolo  de  la  Misa  ,  i  la  máscara  del> 
monacato ,  qae  consiste  en  el  hábito  i  cerquillo 
i  no  pudiendo  tolerarse  ya  ésto  por  roas  tiempo,, 
sin  manifiesto  pecado ,  ni  destruirse  tampoco , 
sin  nn  peligro  cierto  ,  i  al  parezer  ,  no  con« 
gran  fruto ,  empezaron  a  pensar  en  dejar  aqueF 
nido  ,.i  trasladarse  a  Alemania  ,  a  tierra  mas 
franca  para  su  relijion.  La  tentativa  parezia- 
grande  ,  r  aun  a  varios ,  temeraria.  Pues  no 
veian  medio    alguno  ,  ¡m  el  q)ie   pudiesen 
pasar  a  Alemania ,  casi  desde  el  último  confin 
de  Espafia ,  no  ya  uno  que  otro »  sino  tantos  de- 
una  Tez,  i  éstos,  no  solo  los  mas  autorizados  en 
toda  aquella  comunidad,  sino  también,  algunos 
de  ellos»  por  su  doctrina  singular ,  esclarezidos 
en  la  misma  ciudad  ,  dejandO'Casi  despoblado  ,. 
el  mas  célebre  monasterio  de  toda  Andaluzia. 

I  el  fr  escabullirse  uno  a  uno,  era  mui  espues- 
to para  los  que  fuesen  los  postreros :  i  mas  ^ 
estando  ya  los  Inquisidores  despiertos  del  pro- 
fundo suefio  en  que  antes  al  parezer  dormian  r- 
i  avisados  c  por  algunos  malévolos  de  tan  nue- 

a  El  Orij.— robustissimiiin  illud  Misse  idoloin ,  et  ipsam  mo* 
nacbatasjtersooam-etc. 

b    El  Orij.— errepere-que  es  errata  por  crepere. 

c  Et  Orij'— "OOTitate  ác  celebrítate  rci  a  maleáis  quibosdanp 
ezpergefactis  :~etc. 


275 
To  i  memorable  suzeso  :  *  por  lo  cual,  o  habian  250 
4e  salirse ,  a  la  vez ,  todos  los  que  estaban  de 
acuerdo ,  o  tenían  que  esperar  juntos ,  el  peli- 
gro que  de  cerca  les  amenazaba.  I  asi ,  estando 
ellos  cojidos  en  esta  incertidumbre ,  abrióles 
Dios  un  camino,  por  el  cual,  valiéndose ,  según 
Ik  ocasión  ,  de  algunos  pretestos  plausibles  ,  en 
el  espazio  de  un  mes  se  escaparon  doze ,  i  yen- 
do por  caminos  diversos,  a  la  vuelta  de  un  año, 
lograron  verse  reunidos  en  Jinebra ,  donde  te- 
nían resuelto  ,  desde  antes  de  salir ,  fijar  su  re- 
sidenzia.  Pero  los  que  iniziados  ya  en  la  buena 
doctrina  permanezieron  en  el  monasterio  ,  o 
bien  porque  no  aprobasen  la  determinazion  de 
huir  ,  o  porque  no  estuviesen  prevenidos  para 
la  partida,  quedaron  a  merzed  de  la  tempestad», 
qpe  pocos  dias  después  se  les  echó  enzima. 

Van  a  ya  quemados  cinco  del  mismo  monas* 
terio  ,  i  otros  muchos  ,  con  otras  varias  penas 
castigados  ,  sin  que  hasta  ahora  haya  habido 
en  Sevilla  ningún  auto  de  fé  Inquisitorio  ,  o 
mejor  dicho  ,  ningún  triunfo  ,  al  cual  no  haya 
acudido  aquel  monasterio  con  alguno  que  otro, 
i  h  aun  diversos  ,  de  sus  cenobitas  i  c  bien  se 


a 


En  el  año  de  ia67.  i  ^ 

b    El  Orij. — aut  etiam  plures-etc. 
c    El  Orij.— estque  Tero  coBsentaneum-ctc. 


27C 

compadeze  ,  que  las  semillas  de  la  verdader» 
doctrina,  que  por  espazio  de  machos  dias  abun- 
dó en  él ,  estén  tan  arraigadas  hasta  en  las  mis- 
mas piedras  del  edifizio  .  que  a  no  demolerlas  » 
convertirlas  en  polvo,  no  cesen  de  nutrir  todos 
251  los  aAos  *  con  alguno  que  otro  a  Luterano  .  la 
hoguera  inquisitoria. 

De  intento  nos  hemos  desviado  de  nuestro- 
propósito  en  la  presente  ocasión  para  referir 
tan  honrros»  historia  ,  por  el  deseo  de  alegrar 
a  la  Iglesia  de  Cristo  ,  a  la  cual  creeriamo» 
ofender  malignamente ,  sr  privásemos  a  esto» 
santos  varones ,  de  la  memoria  con  que  se  le» 
debe  honrrar ,  por  haber  combatido  tan  de  cer- 
ca la  superstizion ,  con  no  menor  esfuerzo  que 
peligro ,  despreziando  por  causa  de  su  relijion , 
con  tanta  grandeza  de  alma ,  i  renunziando,  de 
grado «  b  a  aquellas  honrras  i  plazeres  ciertos ; 
i  abrazando ,  en  su  lugar ,  la  pobreza,  el  des- 
prezio ,  el  destierro  de  su  patria ,  las  mayores 
afrentas ,  i  el  cotidiano  peligro  de  su  propia  vi- 
da ,  que  llena  aun  de  otros  quebrantos ,  defien- 
den con  suma  dificultad.  I  después  de  Dios , 

a  En  cierto ,  que  la  Inqoiaiiion  los  llamaba  lAUeranos ,  i  loe 
quemaba  títos  ,  por  eao :  pero  no  me  párete  que  el  apdalÍTO 
les  cuadra  completamente. 

b    El  OríJ.^abdicaiis  oertis  illis  túm  honoribus,  túm  deliciM. 


I 


277 

atribuimos  estos  memorables  suzesos  ,  a  Arias, 
de  quien  vamos  tratando  ,  por  cuanto  de  aque- 
llas primeras  centellas  que  él,  aunque  con  otros 
fines,  introdujo,  el  primero,  en  el  monasterio  ; 
enzendióse  aquella  grande  hoguera  en  que  ardió 
después ,  en  alabanza  de  Dios ,  el  mismo  con- 
vento, i  fuera  de  él ,  una  buena  parte  de  la  ciu- 
dad, sin  contar  otros  muchos  lugares. 

Asi  pues ,  habiendo  los  suyos  propios  ,  dela- 
tado a  Arias  repetidas  vezes  ante  los  Inquisido- 
res ,  como  que  por  la  inconstanzia  i  variedad  de 
su  carácter,  les  er^  a  ellos  tan  sospechoso  como 
a  los  demás  perjudizial;  había  tenido  *  que  defen-  252 
derseenjuizio.  Suzedió,  al  fin,  que  en  aquellos 
calamitosos  dias  ,  en  que  por  una  espezie  de  fa- 
talidad se  veia  cualquiera  arrastrado  al  suplizio 
por  causa  de  relijion  ;  él  fué  también  acusado  , 
i  no  como  antes  ,  sino  formalmente.  Habíaselo 
pronosticado  así  algunos  anos  antes  el  mismo 
Constantino  ,  i  bajo  juramento. 

Pues  convidándole  este  un  día  a  comer ,  i 
asistiendo  también  Ejídio  i  Vargas  ,  para  re- 
prenderle mejor  i  mas  severamente  aquella  su 
tan  lamentable  perfidia,  ya  que  antes  había  bur- 
lado muchas  vezes  otra  mas  blanda  amonestazion 
él  en  el  calor  de  la  disputa,  como  amenazando- 


r 


les  ,  lleifú  a  dézir  ,  que  luzelaba  el  i|Uu  le  obli- 
gaacu  a  ver  el  espectáculo  de  toros  sacados  a- 
pUza ,  como  de  cuando  en  cuando  se  dan  al  pú- 
blico; a  augurándoles  bajo  este  enigma,  aunque 
claro,  el  teatro  Inquisitorio. 

A  lo  cual  Constantino  ,  iPÓDgote  a  Dios  por 
testigo  (te  dijo) ,  de  que  entoDzes  ,  no  serás  tu 
el  que  Teas  la  corrida  desde  alto,  como  piensas,, 
sino  que  estarás  en  la  misma  arena.»  No  obs- 
tante ,  por  uno  de  sus  ocultos  i  adorables  de. 
signtos ,  hizo  Dios ,  que  este  último  cantÍTeriu 
no  fuese  la  perdizion  de  aquek  hombre  ,  aunque 
tan  pérfido  ,  sino  el  prinzipio  de  un  verdadero  i' 
hasta  allí  inesperado  arrepentimiento. 
Pues  se  apoderó  del  ánimo  suyo,  un  tan  gra- 
253  ve  dolor  por  su  pasada  vida ,  *  que  aunque  era 
un  hombre  mas  medroso  que  las  liebres  o  las 
monas ,  b  resistió  entre  los  mismos  tormentos  . 
a  los  impugnadores  de  la  verdad,  con  una  cons- 
tanzia  de  ánimo  inesperada,  i  que  argüía  en  él, 
una  mudanza  milagrosa  .  i  a  los  mismos  Inqui- 
sidores ,  espezie  de  semidioses  por  aquella  su' 
majestad ,  reprendía  con  durísimas  palabras  , 

*    Él  Orij.— Lflporo  out  ^mia  meticultaiír. 


Ti9 
ifiziéndoTes  r  que  eran  liías  a  propósito  para 
andar  de  arrieros  con  tres  o  cuatro  burrros  ,  i 
que  ésto  les  estaría  mejor  ;  que  no  arrogarse  la 
censura  de  cosas  de  fé  ,  que  tan  torpemente  ig- 
noraban :  que  en  cuanto  a  él,  de  corazón  le  pe- 
saba ,  i  no  dejaría  de  pesarle  ,  mientras  viviese, 
haber  combatido  muchas  vezes,  delante  de  ellos ^ 
a  sabiendas,  i  de  grado ,  contra  sus  piadosos  de. 
feusores,  la  misma  verdad,  que  ahora  defendía. 
Cuantas  vezes  le  llamaban  a  la  audienzia,  te- 
nían los  Padres  de  la  fé  que  aguantar  tan  duras^ 
recriminazíones.  Sacáronle  al  triunfo  ,  *  mar- 
cado i  señalado  con  todas  aquellas  insignias,  se- 
gún el  juizio  de  los  hombres  ,  mui  ignominio- 
sas ;  mas  luzidisimas  ,  i  ante  el  juizio  de  Dios  , 
mas  honrrosas  de  lo  que  se  puede  espresar:gra- 
¥e  ya,  por  su  anzianidad,  pero  mas  en  particu- 
lar venerable,  asi  por  el  insigne  arrepentimien- 
to de  su  pasada  vida ,  como  por  la  confesión 
pública  de  la  verdad;  i  apoyándose  en  un  bácu- 
lo  ,  se  azercó  después  del  triunfo  ,  contento  *  i  25^ 
regozijado  ,  al  suplizio  del  fuego  ;  compensando 
suíizíentemente  al  fin  de  su  vida,  con  aquel  no- 
tabilísimo ejemplo  de  arrepentimiento  ,  digno 

*    El  Orij.— Eductus  cst  in  triamphym  omnibas  illis  te  tern- 
mis.,  notis  insignitus-etc. 


380 

lie  eterna  iiKimoria  ,  los  ilaQos  antes  causados  f 

la  Iglesia ,  con  at|iiella  su  perlidis  e  hipocresía. 

¡O  varón  verdaderaracnle  bienaventurado 
digno  de  que  la  Iglesia  eslablezida  en  el  mundo, 
le  coloiiue  en  lugar  prererenle ,  entre  los  prin- 
zipalés  i  mas  esforzailos  campeones  de  la  fé 
por  haberse  levantado  de  repente,  desde  la  ma- 
lizia  mas  deplorable  ,  a  que  imajinarse  puede 
basta  el  punto  de  confesar  ,  como  aquellos ,  la- 
verdad.  Pablo,  b  aquel  selectísimo  instrumento 
de  Dios  ,  se  constituyó  iirimeramente  en  el  or- 
den de  los  pecadores  ,  poriiue  por  ignoranzia  • 
i  en  cierto  modo ,  con  buen  zelo  ,  liabía  perse- 
guido a  la  Iglesia  de  Dios:  pero  a  nuestro  Arias, 
que  a  sabiendas  ,  í  de  grado ,  la  aflijió ,  como 
un  enemigo  doméstito  ,  no  abierta  sino  insidio- 
samente ;  ¿en  qué  lugar  le  colocaremos  entrir 
los  pecadores! 

Pablo  dize  ,  que  en  virtud  de  un  oculto  de- 
signio de  Dios,  llegó  él  a  alcanzar  la  misericor- 
dia ,  de  que  por  tantas  razones  se  babia  becbo 
indigno  ,  <para  que  en  mi  mostrase  ,  «dize» , 
Cristo  Jesús  ,  toda  su  clemenzia  i  dejase  un  de- 

b    El  Orij.— ulecl 


28 1 
Jthado  ,  a  los  que  han  de  creer  en  él  :» ¿cuánto, 
pues,  no  manifiesta  Cristo,  en  este  nuestro  nue- 
vo Pablo  ,  su  clemenzia,  las  riquezas  de  su  bon- 
dad ,  i  los  tesoros  de  su  misericordia  ?  *  ¿Qué  255 
muestra  no  da  en  él  ,  a  los  pecadores  ,  de  su 
incomprensible  clemenzia  ,  grazia  i  amor?  I  asi, 
por  este  admirable  i  patente  nuevo  ejemplo  de 
la  bondad  divina  ,  convendrá  a  que  reaprenda- 
mos  b  a  reprimir  las  lenguas ,  i  los  juizios  pre- 
maturos ,  aun  respecto  de  aquellos  que  veamos 
^en  el  estado  mas  deplorable ,  puesto  que  igno- 
ramos del  todo  ,  lo  que  Dios  tiene  ,  azerca  de 
ellos,  determinado.  Antes  bien  ,  debemos  según 
el  prezeptode  Pablo,  esperar  de  ellos  ,  que  han 
.de  venir  a  mejor  término. 

*  EL  DOCTOR  JUAN  EJIDIO,  CANÓNIGO     256 

€    PREDICADOR    DE  LA  CATEDRAL  DE  SEVILLA. 


Eli  Doctor  Ejidio  ,  aunque  no  dejaba  de  ser 
hombre  a  propósito  para  el  estudio  de  las  letras 
i  harto  constante  en  cultivarlas  ,  malgastó  la 

a    addiscere  erit  operoB  pretium. 

b    El  Ory.—et  linguas  et  iudicia  imprematura  cohibere-etc. 
c    El  Orij. — Condonator  ,  que  no  sé  si  es  el  Majistral ,  o  el 
DoctoráL 


í' 


mejor  paite  de  su  vida ,  en  estvdÍM  tan  efttéri* 
les  ;  que  después  de  a  acabado  el  curso,  o  circu^ 
lo  de  aquellos  esludios  ,  i  de  haber  ganado  en 
las  escuelas  a  titulo  de  su  erudizíon  ,  los  últi- 
mos grados  académicos,  después  en  fin  de  pro- 
fesar por  largo  tiempo  la  Teolojia  (  que  era  la  b 
condizion  de  aquella  edad  ,  acerca  de  los  estu- 
dios de  las  letras),  apenas  podía  medianamente 
hablar  en  latin.  I  aun  no  seria  grande  el  mal , 
sí  a  la  torpe  ignoranzia  i  corrupzioa  ya  de  las 
lenguas  ,  ya  del  buen  método  para  aprender  , 
no  se  aftadiese  un  cierto  desprezío ,  blasfemo  i 
verdaderamente  impío ,  de  las  sagradas  letras. 
Oírnosle ,  de  su  misma  boca,  a  aquel  piadoso 
varón  ,  lamentándose  de  la  esterilidad  de  sus 
estudios  ,  i  de  las  tinieblas  de  su  siglo  ,  dezir  , 
257  que  eran  tales  *  aquellos  tiempos  ,  que  en  la 
Universidad  de  Alcalá,  donde  él  estudió,  el  que 
de  cualquier  modo  despuntaba  en  la  Sagrada 
Escritura ,  lejos  de  contarle  entre  los  doctos , 
le  llamaban  los  demás ,  por  mal  nombre  ,  c  «el 
bueno  del  biblista , »  dando  ellos  la  palma  del 
saber  ,  i  por  consiguiente  ,   de  la  sagrada  Teo- 

a    El  Ory.— post  absolatam  oorum  stiidioram  eociolopedídm. 
b    El  Orij.— condiliOT-gosto  (?) 

c    El  Orii.-bonas  biblista-etc.  En  la  ocej>c¡on,qae  D*  Diego  di- 
zo  en  el  St  de  las  Niñas: —tel  bueno  del).  Fpifanio.» 


283 
lojia ,  aun  sobre  la  Sagrada  Escritura ,  a  Lom- 
3)ardo ,  Aquino  ,  Scoto  ,  Gregorio  Arithmético, 
1  otros  autores  de  la  misma  escuela. 

Estando  en  Sígñenza  de  maestro  de  Teolojia, 
le  llamó  a  Sevilla  ,  para  hazerle  predicador  de 
la  catedral ,  un  tal  Alejandro ,  antecesor  suyo 
^n  aquel  cargo ,  recomendando  su  probidad  ,  i 
su  doctrina  con  tal  eficazia  ,  que  el  cabildo  de 
Ja  Iglesia,  contra  la  costumbre  rezibida  i  contra 
sus  propias  afecziones  ,  sin  publicar  antes  la 
que  llaman  oposizion  de  doctores ,  i  sin  que  el 
lo  esperase  » le  enviaron  a  buscar ,  i  le  *  nom- 
braron su  predicador.  Abora  bien  :  a  Ejidio  ,  le 
tenían  por  muí  sobresaliente  en  la  Teolojia,que 
entonzes  prevalezia  en  todo  el  orbe  Cristiano ; 
pero  ni  babia  predicado  en  público  ,  ni  saluda- 
do siquiera  las  sagradas  letras. 

I  asi ,  cuando  subió  al  pulpito  » le  hallaron  , 
<;ontra  lo  que  todos  esperaban  ,  ineptísimo  para 
^quel  ofizio ;  i  empezó  el  mismo  a  aburrirse  ,  i 
los  demás  *  a  despreziarle  sobre  manera :  i  au-  053 
mentándose  mas  i  mas  cada  día  este  desprezio, 
tanto  a  los  que  ,  imprudentes  ,  primero  le  ba- 
bian  llamado ;  como  a  él ,  que  con  no  menor 
imprudenzia  ,  tomara  sobre  sí  un  cargo ,  para 

*    El  Orij.—ít  sug^estQ  preefecerint. 


el  quG  era  comptelainenle  ÍHe(ilo  ;  les  peaü .  di> 
lo  hecho ,  de  Ul  suerte ,  qoe  mas  de  una  vez 
l>en9aron,  él  en  dejar  de  grado  el  puesto,  i  ellos 
en  sepaarle.  Al  cabo  de  algunos  años  pasados 
en  aquella  incertidumbre  ,  vino  Pjidio  a  trope- 
zar con  un  oportunu  consejero  (veiande  asi  be- 
nignamente la  divina  Providenzia  por  su  bien  i 
por  el  de  toda  la  ciudad)  que ,  en  el  espazio  de 
pocas  horas  ,  le  instruyó  puntualmente  en  el 
ofizio  de  predicador  Cristiano  ,  para  cuyo  feliz 
desempeAo  se  requerían  otros  estudios  ,  otros 
libros  i  otros  directores  .  que  los  que  hasta  en- 
lonzes  a  él  le  habían  servido. 

Pasmábase  al  prinzipio  Ejidio  con  aquel  tan 
inesperado  discurso :  i  admiraba  ,  sobre  todo  , 
la  audazia  de  aquel  hombre  ,  que  siendo  del 
vulgo  de  la  plebe  ,  idiota ,  i  que  do  tenia  fam^ 
de  mui  cuerdo,  se  habla  atrevido  a  ensenar  con 
tanta  confianza  a  a  un  tan  gran  doctor ,  sin  ha- 
berle antes  tratado  ,  ni  aun  conozido  lo  bastan- 
te. Pero,  como  era  de  condizion  apazible,  i  h  se 
le  hablaba  del  ofizio  de  predicador  ,  que  él  tan 
infelizmente  ejerzitaba  ,  se  dominó  a  sí  propio 
259  con  fazilidad  ,  r,  para  prestarle  *  oidos. 


%  fií  ü\- 


285 
TMas  el  espíritu  de  Dios  comunicó  lal  virtud  a 
ias  palabras  del  consejero  ,  que  ,  desde  aquella 
hora  ,  mudado  Ejidio  en  otro  hombre  ,  juzgó 
inútiles  i  vanos  todos  los  estudios  i  ejerzizios 
de  su  vida  pasada  ,  i  entendió  que  tenia  que 
introduzirse  por  otro  nuevo  camino  a  la  sabidu- 
ría ,  de  la  que  ni  aun  el  alfabeto  había  aprendi- 
do. I  como  que  su  mismo  advertídor  no  le  exi- 
mía del  cargo  de  predicador  ,  interíormente  se 
sentía  llamado  a  aquel  ofizio  del  que  no  había 
de  sacar  en  el  mundo  ni  honrra  ni  provecho. 

Pasmaránse  .  tal  vez  ,  muchos  ,  al  saber  el 
nombre  del  consejero  ,  que  en  tan  breve  tiem- 
po ,  fué  ,  para  tan  gran  varón  ,  autor  de  tal 
mudanza  ,  i  maestro  de  verdadera  sabiduría : 
pere  hemos  de  divulgarlo  ,  para  que  mas  se 
celebren  i  adoren  los  admirables  designios  de 
Dios  ,  que  embota  i  desvaneze  la  sabiduría 
mundana  por  medio  de  los  que  el  mundo  tiene 
por  locos.  Este  fué  Rodrigo  Valer  ,  a  quien  los 
Inquisidores  ,  veintiséis  años  antes  ,  condena- 
ron publicamente  en  Sevilla  ,  a  título  de  pseu  • 
do-profeta»  pseudo-apostol  i  vilísimo  impostor, 
que  después  murió  desterrado  por  profesar  la 
verdadera  piedad. 
Parézenos  que  no  será  molesto  a  las  pevsonas 

u 


\ 


260  piadosas ,  ni  ^do  de  nuealro  propósito  *  {;a 
que  le  hemot  citado)  el  referir  aquí  ,  en  pocas 
palabras,  lu  vocazíon ,  cierlameote  admira- 
ble .  para  el  verdadero  conozimieato  de  Críslo. 
Este  Valer  pues ,  natural  de  Nebrija  (ciudad  de 
Andaluzia ,  por  su  antigüedad  famosa  ,  i  prio- 
zipalmente  ,  por  Antonio  de  Nebrija  .  hombre 
doctísimo  i  restaurador  ,  en  nuestra  edad  ,  de 
la  lengua  latina,  en  España)  hijo  de  una  familia 
bonrrada  ,  como  no  le  fallasen  riquezas  para 
mantener  el  decoro  de  su  familia  ,  le  mantenía 
según  acostumbran  comunmente  los  hombres  . 
que  no  ponen  la  nobleza  en  la  virtud  ,  sino  ea 
tener  caballos .  a  en  los  jaezes  de  estos,  en  fies- 
tas,  en  el  lujo  de  vestidos ,  en  caserías ,  i  en 
otros  pasatiempos  de  esa  espezie.  Pues  era  Va- 
lér ,  en  estos  ejeriizios  ,  el  primero  entre  los 
jóvenes  de  su  pueblo .  de  suerte ,  que  no  solo 
quería  parezerse  a  sus  iguales,  en  edad  i  rique- 
zas ,  sino  también ,  aventajar  a  todos  ellos. 

En  lo  mejor  b  de  aquellos  devaneos  ,  se  apo- 
dera de  él ,  de  repente  ,  un  cierto  furor  divino 
(mas  cuál  fuese  la  ocasión  ,  quién  el  enaeOador, 
cuál  finalmente,  el  modo  ,  no  se  sabe)  ,  por  el 


287 

^e  renonziando  enteramente  a  sus  antiguos 
ejerzizios  ,  í ,  lo  que  pudiera  parezer  mas  difí- 
cil ,  despreziando  los  juizios  de  los  hombres  . 
dirijió  tan  vivamente  todas  las  facultades  de  su 
cuerpo  i  de  su  alma  ,  a  los  ejerzizios  de  la  pie- 
<]ad  ,  que  parezia  .  ao  haber  quedado  en  él , 
nada  mundano.  La  mudanza  maravillosa  de 
aquel  hombre ,  que  se  veia ,  no  solo  en  sus  pa- 
labras ,  sino  también  en  el  mismo  atavio  del 
cuerpo  ,  antes  muelle  i  espléndido  ,  *  i  enton-  ^{ 
zes  grosero  i  humilde  ,  era  a  unos  sospechosa; 
otros  ,  i  estos  eran  los  mas  ,  se  burlaban  de 
ella  ,  como  de  una  locura  o  embriaguez. 

Pero  ,  asi  como  en  tiempo  de  los  apóstoles  , 
a  quienes  aunque  inspirados  por  el  Espíritu 
Santo  ,  suzedió  lo  propio  ,  los  mismos  efectos 
del  espíritu  contradezian  tan  siniestros  juizios, 
4isi  también  un  verdadero  temor  de  Dios  ,  uu 
lamentarse  de  la  anterior  vanidad  ,  un  ardentí- 
simo deseo  e  incansable  solizitud  por  la  justizia, 
i  sobre  todo  una  plática  continua  azerca  de  es- 
tas cosas ,  i  de  los  demás  capítulos  de  la  verda- 
dera piedad,  estrictamente  ajustada  *  a  las  sa- 
gradas escrituras  ;  atestiguada  en  Valer  ,  para 

*    El  Orij. — ad  ipsam  sacrarum  scríptwarnrn  amussiui  coUi- 
inutus  ,  etc. 


oíros  de  maB  eano  juízio  .  la  presenzia  de  aqud 
mismo  espíritu.  Había  adquirido  en  su  adoles- 
cencia, algún  conocimiento  de  la  lengua  Latina, 
i  mediante  él ,  revulvia  de  dia  i  de  noche  las 
Sagradas  Escrituras  ,  cuyo  constante  estudio  te 
valió  el  retener  en  la  memoria  una  buena  parte 
de  ellas,  i  aplicarla  ,  coando  se  ofrezia  con  ma- 
ravillosa destreza  i  prontitud. 

Tenia  todos  loa  días  largas  disputas  ,  con  los 
que  llaman  varones  Eclesiásticos :  los  clérigos  i 
los  fhtiles  :  por  cuya  causa  ,  aseguraba  él ,  que 
no  solo  al  orden  eclesiástico  ,  sino  tarabien  a 
2Q2  los  démas  estados  de  la  república  Cristiana  ,  * 
aquejaba  tal  currupiion  ,  que  ninguna  ,  o  mui 
poca  esperanza  «e  veiade  remedio:  i  coneste  te- 
ma ,  perpetua  i  severisimamente  los  reprendía. 
Preguntábanle  ,  es  a  saber  ,  esta  prole  de 
Fariseos ,  ¿áe  dónde  le  venia  aquella  perizia  fia. 
mante  a  en  las  cosas  sagradas?  ¿De  dónde,  aque- 
lla andazia  ,  para  asaltar  con  tanta  insolenzia  a 
los  santos  padres  ,  lumbreras  i  columnas  de  U 
Iglesia  [pues  él  ,  en  sus  vehementísimas  invec. 
Uvas  ,  hería  a  todos  los  órdenes  o  jerarquías  de 
la  Iglesia)  siendo  b  un  hombre  lego  ,  sin  letras 

a    El  Orii. — Don  parittg  etc. 

b    ti  Orij.— homo  lalcus-«.  d.  luco :  no  cMrigo. 


289 
absolutamente, antes  bien.inui  dado  toda  su  vi- 
da a  estudios  profanos  ,  i  en  su  mayor  parte 
perniziosos?  ¿Con  qué  autoridad  ,  en  fín  ,  hazia 
aquello?  ¿Quién  le  había  enviado?  ¿Cuál  la  señal, 
de  su  Yocazion  ?  Los  hombres  a  artifíziosos , 
cuando  no  pueden  negar  sus  maldades  ,  ni  re- 
sistir con  justas  razones  a  la  luz  que  prueba  sus 
tinieblas  ,  apelaron  en  todos  tiempos  ,  a  tales 
subterfujios. 

Pero  Valer  respondía  a.  todo  con  senzillez  i 
firmeza  : — Que  él  ,  había  sacado  aquella  sabi- 
duría,, no  de  las  ya  corrompí  disimas  lagunas  de 
ellos  ,  sino  de  la  grazía  del  Espíritu  de  Dios  , 
cuyos  raudales  habían  de  b  dimanar  del  corazón 
de  los  verdaderos  creyentes  en  Cristo.  I  que 
aquella  audazia  ,  se  la  comunicaba  ,  ya  el  que 
le  enviara  ,  ya  también  la  misma  verdad.  Que 

el  Espíritu  de  Dios  ,  sin  ligarse  a  ningqn  *  or-  263 
den  i ,  en  particular  ,  a  uno  corrompidisimo  ^ 
por  mas  que  se  dijese  eclesiástico;  de  unos  legos., 
i  esos  ,  idiotas  pescadores  ,  había  en  otro  tiem- 
po levantado  los  apóstoles  ,  para  que  c  confun- 

a  El  Orij.— Belli  bomíiMS.-Tambien  puede  tomarse  aquí ,  en 
la  ace|>cioB  de  Marcinl  lib.  1  Epigr.  10-  i  entonzes,  significar  honif 
bres  hipócritas :  buenecitos. 

b   o-exundar,'^i.se  sufre  la  toz.  El  Orij. — exundaturo. 

c    El  Orij.— redarguerent. 


290 

Avmn  la  cegnedüil  de  toda  Ta  Sinagoga  ,  erudi- 
ta en  la  lei,  i  paraijue  llamasen  al  orb«  entern, 
a  )a  cienzia  de  la  salvazion.  Que  Cristo  mismo  , 
era  el  que  le  había  enviado,  que  en  su  nombre 
icón  BU  autoridad  obraba  ;  [lero  que  la  jenera- 
zion  bastarda ,  i  que  ya ,  en  otro  tiempo  ,  había 
dejenerado  déla  verdadera  estirpe  de  los  hijos 
de  Dios,  pedia  señal ,  cuando  al  brillar  la  luz,  r 
deakimbrar  con  au  resplandor  los  oJos|de  todos, 
quedaban  clarísimas  aun  las  mismas  tinieblas. 

Citado  al  fin  ,  por  estas  causas  ,  ante  el  tri- 
bunal de  los  Inquisidores  ,  disputaron  muí  aca- 
loradamente ,  sobre  cual  Tuese  la  verdadera 
Iglesia  de  Cristo  ,  sobre  sus  señales ,  sobre  la 
justifícazion  del  bombre ,  i  otros  capítulos  se- 
mejantes ,  cuyo  conozimiento  había  alcanzado 
Valer  ,  no  por  el  auxilio  de  los  hombres  ,  sino 
por  pura  i  admirable  revelazion  de  Dios.  Exi- 
mióle aquella  vez ,  para  con  los  Inquisidores,  la 
locura ,  que  creyeron  aquejaba  al  bombre;  i  asi, 
despojándole  de  lodos  sus  bienes  ,  sin  duda  pa- 
ra que  recobrase  el  Juízío  ,  le  soltaron. 

Pero  no  se  recobró  ,  o  corrijió  :  de  suei'le . 
que  al  cabo  de  algunos  aüos  ,  hubieron  de  lla- 
marle otra  vez  ,  por  las  mismas  causas  :  i  obli- 
gándole a  cantar  la  palinodia  .  le  perdonartHi  la 


291 
Tida  ,  *  porque  aun  le  creyeron  loco.  Fué,  no  264 
obstante  ,  condenado  a  llevar  perpetuamente 
un  Sambenito  ,  i  a  cárzei  perpetua  de  la  que  le 
llevaban  todos  los  domingos,  con  otros  concau- 
tivos ,  a  oir  misa  a  la  iglesia,  que  llaman  de  S. 
Salvador :  allí ,  levantándose  muchas  vezes  de 
su  asiento,  a  vista  de  todo  el  pueblo,  contrade- 
zia,  *  asi  cautivo,  a  los  predicadores,  que  ense- 
ñaban falsas  doctrinas :  pero  en  aquel  tiempo  , 
los  inquisidores  ,  no  enteramente  depravados  , 
escusaban  todo  esto,  con  el  nombre  de  locura. 
De  aquella  carzel  ,  le  trasladaron ',  a  un  con- 
vento de  San  Lucar  ,  donde  murió  de  mas  d& 
cincuenta  años  ,  varón  conzedido  al  mundo,  pa- 
ra ser  en  su  tiempo  ,  la  admirazion  de  él  ,  i  le- 
vantarle de  aquel  letargo  de  impiedad.  I  como 
en  aquel  tiempo,  eran  cosa  inaudita  en  Sevilla» 
los  títulos  ,  por  los  qué  aquel  relijiosisimo  va- 
ron  sufrió  tan  inicua  censura  ,  le  agrazíaron 
con  el  mayor  Sambenito  de  los  que  ,  hasta  en^ 
tonzes  ,  habia  llevado  nadie  ,  el  cual  se  ve  aun, 
en  el  Sagrario  de  la  Catedral  de  Sevilla  ,  como 
un  raro  monumento  de  aquel  grandísimo  here- 
je ,  puesto  en  lugar  señalado  i  guarnezido  con' 

•    El  Orij.—vel  cauUvus-etc. 


J 

\ 


í 

m 


esta  inscripzioii  en  letras  bien  grandes :  * « RO-^ 
DRIGO  VALER  ,  natural  de  Nebríja  ,  í  apósU* 
ta  í  pseudo-apóstol  de  Sevilla  ,  que  se  tituló 
enviado  de  Dios.» 
205  *  £^  fué  el  que  ,.con  sus  amones taziones  , 
despertó  ,  primero  »  al  doctor  Ejidio  ,  según 
arriba  dijimos  ,  i  de  este  maestro  aprendió  pri- 
meramente el  verdadero  Evanjclio  de  Cristo  , 
que  antes  ,  por  espazio  de  muchos  años ,  ni 
como  díszípulo  ,  ni  como  maestro  ,  hahia  oido 
siquiera.  Favorezióle  ,  en  cuanto  pudo  ,  mien- 
tras se  trataba  su  causa  ,  ante  los  inquisidores, 
i  por  los  esfuerzos  de  él  ,  dizen  que  8e  logró  , 
el  que  inclinándose  los  inquisidores  a  la  cle- 
menzia  ,  templasen  prinzipalmente  la  sentenv 
zia  dada  contra  el  relapso  ,  como  ellos  llaman. 
1  no  le  costó  poco  a  Ejidio  aquella  compasión  , 
para  con  su  maestro  :  pues  se  atrajo  un  grande 
odio  ,  i  se  hizo  sospechoso  ,  a  aquella  raza  de 
Fariseos  ,  a  quienes  la  verdadera  piedad  fue 
siempre  odiosa. 

Después  de  aquella  saludable  amonestazion  , 
vino  Ejidio  a  tener  trato  familiar  ,  i  estrecha 
amistad  ,  con  Constantino  de  la  Fuente  ,  hom- 

*    El  Oríj.— RoDBMCus  Válmius  civis  NebrísscDsis,  atqae  His- 
palensis  apostata, et  pseudapostoTus,  qui  á  Deo  se  missuin  dixit^ 


i 


295 
bre  de  prodijiosa  erudizion  ;  i  con  aquella 
amistad  ,  comunicándose  una  a  otro  sus  estu^ 
dios  ,  empezó  Ejidto  a  instruirse  en  otras  me- 
jores letras  ,  i  a  leer  los  buenos  autores  ,  i  en 
una  palabra  ,  a  adelantar  considerablemente  en 
la  verdadera  teolojia.  Pero  sobre  todo  ,  co- 
mo ya  sabia  mejor  ,  por  la  comunicazion  con 
otros  mas  sabios  ,  i  en  particular  ,  por  su  pro- 
pia esperienzia  ,  de  qué  cosas  había  de  plati- 
car con  fruto  al  pueblo  ,  empezó  a  predicar  tan 
docta  ,  tan  piadosamente  ,  i  con  tanto  fervor  *  266 

en  sus  palabras ;  como  fría  ,  indocta  i  torpe- 
mente ,  antes  lo  había  hecho. 

Sentían  los  oyentes,  la  virtud  de  una  doctri- 
na propagada  con  entero  acuerdo  por  tres  hom- 
bres ya  de  suma  autoridad  ,  Ejídio  ,  Constati- 

no  i  Vargas  ,  i  así  era  ,  que  cuanto  mas  se  le- 
vantaban éstos ,  de  las  inveteradas  tinieblas  de 
aquella  ignoranzia,  en  tanto  mayor  estima  eran 
estos  tenidos,  i  tanto  mas  se  desacreditaba  cada 
día  ,  con  el  *  asiduo  contacto  de  la  luz,  la  turba 
de  hipócritas  ,  que,  con  tanto  detrimento  de  las 
almas,  habían  enseñado  otra  cosa.  Oríjinábanse 
de  aquí  las  continuas  quejas  dadas  a  los  Inquí- 

*■    assídua  congressione  lucis-El  Orij. 


204 

sidores ,  azerca  de  aquellos  tres  defensores  de- 
la  verdad  ,  prinzipalmente ,  azerca  del  doctor 
Ejídio .  que  como  aventajaba  a  sus  compañeros 
en  senzillez  de  carácter  ,  i  en  autoridad  ;  pro- 
vocaba también  mas  abiertamente  i  con  mas 
frecuenzia  ,  a  ios  enemigos  de  la  luz. 

Pero  »  cuando  mas  se  atrajo  el  odio  implaca- 
ble de  aquellos,  fué  cuando  después  de  pasados 
algunos  años  ,  en  aquel  empleo,  por  su  singular 
doctrina  i  santidad  de  costumbres  ,  le  elijió  el 
267  Emperador  para  Obispo  de  *  Tortosa:  pues  au- 
gurando entonzcs  los  hipócritas ,  que  babia  de 
venir  a  su  reino  alguna  terrible  calamidad  ,  si 
Ejidio  llegase  a  subir  a  la  silla  Episcopal ,  juz- 
garon que  debían  acabar  con  él ,  aunando  todas 
sus  fuerzas  ,  i  no  andarse  ,  como  antes ,  en  lije- 
ras  escaramuzas.  Llamante  pues  *  seriamente  al 
tribunal  de  los  Inquisidores  ,  se  ajita  su  proze- 
80  por  los  mas  diestros  artífizes  de  la  iniquidad, 
i  le  sepultan  en  la  cárzel  Inquisitoria. 

El  prinzipal  capitulo  de  su  prozeso  ,  era  el 
de  la  justifícazion  del  hombre  ,  al  cual  seguian 
otros  correlativos  ,  a  saber  ,  el  de  los  méritos 
de  los  hombres  ,  del  purgatorio  ,  de  las  purifí- 

El  Orij.— ¡n  Episcopum  Dortoss   entcm-etc.-Dertosa :  Der 
tvso  :  «s  Tortosa. 


2á5 
caziones  de  los  pecados  ,  inventadas  por  la  in- 
dustria humana  »  de  Cristo,  como  único  media- 
dor, de  la  certeza  de  la  fé  en  los  justificados  etc. 
A  estos  artículos  ,  se  anadian  otros  ,  sobre  la 
idolatría  o  culto  de  las  imájenes  ,  a  los  que  dio 
ocasión  ,  un  ídolo  nefando  de  la  santa  Virgen  , 
con  artifizio  admirable  fabricado  ,  según  di- 
zen  ,  por  el  reí  Fernando  el  Santo  ,  que  osten- 
tan ,  con  gran  pompa  ,  en  algunas  fiestas  de  la 
bienaventurada  *  Virgen. 

Tratóse  ademas  ,  de  un  pedazo  de  palo  ,  que 
con  prodijiosa  superstizion  se  venera  en  la  ca- 
tedral ,  por  suponerle  parte  de  la  cruz  en  que 
estuvo  colgado  Cristo  ,  superstizion  que  Ejidio 
había  querido  abolir  ,  reduziendo  a  cenizas  di- 
cho palo.  ítem  :  se  habló  también  ,  de  la  invo- 
cazion  de  los  santos  muertos  ,  de  la  convenien- 
zia  de  suprimir  en  los  pulpitos  de  los  cristianos 
toda  humana  doctrina  »  i  enseñar  en  ellos  ,  pu- 
ramente la  palabra  de  Dios:  i  de  otras  material 
en  extremo  nezesarias.  Por  vía  de  apéndize 
añadieron  ,  que  había  favorezido  zelosamente  , 
a  Valer  el  de  Lebrija  etc. 


,  *  Debe  de  ser  una,  que  aun  se  conserva  en  Sevilla ,  en  la 
Capilla  de  San  Fernando ,  i  que  este  Prinzipe  llevaba  a  la  gue- 
rra ,  empalada  en  el  arzón. 


^ 


290 
26S  'ReapoDdiú  a  todu  esto  ^jidio,  i  en  particular,- 
sobre  el  articulo  prinzipal  ,  hizo  una  tan  cuní' 
plida  defensa  de  su  doctrina  ,  (]ue  de  ello  ,  has' 
ta  ahora,  no  hemos  visto  otra  ,  ni  mas  docta 
ni  mas  piadosa  ,  ni  mas  completa.  Con  aquella 
misma  respuesta  ,  abrió  una  anchísima  a  puerta 
a  sus  contrarios,  para  recojer  otros  muchos  y 
nuevos  errores  i  herejías.  Aun  no  bahía  llegado 
a  tanto  la  audazia  de  los  Iniguisidores,  que  pen- 
sasen en  quemar  ,  por  aquellos  cargos  .  a  tan 
insigne  varón  ,  si  bien  tos  contrarios  los  apre- 
taban con  ahinco  a  tamaña  crueldad  ;  i  así 
buscaban  medio  de  salvar  su  vida  ,  ya  que  de- 
ningun  modo  podían  apartarle  de  su  opinión  ,. 
e  interzedian  por  él ,  el  cabildo  de  la  Iglesia  de 
Sevilla  i  el  mismo  Emperador,  que  poco  antes  le 
bahía  juzgado  digno  de  un  h  ilDstrisimo  Obis- 
pado. 

Corro ,  c  anziano  venerable  .  que  era  uno  &h 
los  Inquisidores  ,  i  conozia  la  piedad  de  Ejídio  , 
í  la  perversidad  de  loa  que  le  acusaban  ;  le  ayu- 
daba también  mucho  en  su  negozio  ,  apesar  de 
que  a  ello  se  oponía  su  malvado  compaflero  Pe- 

a  El  Orij.— iDtissiniaD)  renoalrtin  Bpperuil  Ddirraoriis,  scUi- 
c«l  amoi  uiiDe.,  «rrores..  collipíDdi. 


297 
dro  Diaz  ,  quien  ,  por  ser  un  ambiziosísimo  hi- 
pócrita, babia  desertado  al  bando  contrario  , 
después  de  renunziar  a  la  verdad  ,  que  de  Va- 
ler ,  el  de  Lebrija  ,  mediante  una  interpreta- 
zion  familiar  de  la  £pistola  de  S.  Pablo  a  los 
Romanos  ,  babia  *  aprendido,  i  con  sumo  agrá-  269 
dezimiento  escuchado. 

Muerto  ya  Vargas ,  i  hallándose  Constantino 
«n  Béljica  con  el  Cesar,  de  quien  era  predicador 
i  confesor  ,  se  requerían  ,  por  cada  una  de  las 
•partes ,  arbitros  de  aquella  doctrina,  nueva  en- 
tre los  Españoles.  Habia  Ejidio  nombrado  por 
su  parte ,  entre  otros ,  a  Bartolomé  Zamora , 
[  B.  Carranza ,  de  Miranda  ]  ,  fraile  de  la  secta 
Dominicana,  a  hombre  sumamente  docto  e  ins- 
truido en  el  conozimiento  de  la  verdad ,  que 
por  grazia  del  Emperador  subió  luego  ,  al  arzo- 
bispado de  Toledo ,  i  habiéndole  perdido  por 
su  relijion  ,  o  lo  que  se  tiene  por  mas  cierto  , 
por  el  odio  del  Arzobispo  de  Sevilla  Primer  In- 
quisidor ,  murió  ,  baze  poco  ,  en  lo  mas  rézio 
de  sus  contestaziones  con  los  Inquisidores,  b 
Mas  hallándose  éste  también  con  el  Emperador 

a  El  Orij.— Bartholomeum  Zamoreasem  Dominicana}  factio- 
nis  monachum,-etc.  Pareze  errata  Zamor  por  Mirandensem. 

h  Esa  era  la  única  notiziu  que  en  tiempo  del  A.  se  tenia  , 
del  jénero  de  causa  formada  a  Bartolomé  Carranza. 


298 

lio  pudo  intervenir  en  el  examen  del  prozeso. 
También  Arias  ,  llamado  vulgarmente  el 
Maestro  Blanco .  dio  ,  por  entontes  mismo  su 
parezcr  ,  azerca  de  aquella  doctrina  ,  pero  ya. 
en  su  historia  ,  dijimos  en  qué  términos  ,  i  al- 
gún día  ,  tal  vez  ,  se  puMicará  con  la  respuesta 
de  Ejidio  ,  aunque  lodavia  no  está  bien  averi- 
guado si  para  ello  le  llamaron  los  inquisidores, 
u  el  mismo  Ejidio.  Asi  pues  ,  hallándose  los 
unos  ausentes  .  i  rehusando  otros  el  juizio  por 
270  peligroso ,  *  vino  a  quedar  la  dezision  del  nego- 
zio  en  manos  de  Domingo  de  Soto ,  de  la  secta 
Dominicana  ,  sofista  de  gran  reputazion  en  la 
Universidad  de  Salamanca. 

Este  ,  después  de  esperado  largo  tiempo,  fué 
con  gran  aparato  ,  de  Salamanca  a  Sevilla  ,  > 
empezcT  a  tratar  con  mayor  sagazidad  que  la 
que  otros  antea  habían  usado  ,  a  aquel  hombre 
candido  en  demasía,  por  no  Jezir  incauto.  Pues 
mostrando  en  todo  benevolenzia  i  candor,  luego 
que  entendió  que  el  hombre  era  inespugnable 
en  su  opinión  ,  si  se  le  atacaba  de  frente ,  apa. 
rentando  consentir  con  él ,  en  la  doctrina  ,  le 
'  persuadió,  al  fin,  a  que  para  eiimirsedela 
infamia  pública  con  que  ya  entre  todos  estaba 
tildado ,  espuRÍcse  en  una  declarazion  ,  también 


299 
ipública  i  cumplida  ,  los  capítulos  de  su  doctri- 
^na  ,  puestos  en  tela  de  juizío  :  que  él  escribiría 
-de  antemano  dicha  conveniente  interpretazion 
para  que  la  adoptase  ,  si  le  acomodaba  :  si  no  ^ 
comunicando  entre  ambos  sus  razones  ,  se  pu- 
blicaría luego,  la  que  mejor  satisfíziese  a  la  con- 
^ienzia  de  uno  i  otro  ,  i  sobre  todo,  a  la  verdad 

Estiende  *  Soto  el  borrador  de  la  declara- 
zion  ,  repásanla  entre  si ,  i  convienen  por  fin  , 
i  enteramente  sin  la  menor  controversia.  Seña- 
lan *  los  Inquisidores  un  día  de  los  mas  solem-  271 
nes  ,  para  aquella  pública  declarazion,  i  se  pre- 
paran en  la  catedral  dos  pulpitos ,  uno  para 
Ejidio,  otro  para  Soto.  Acude  gran  concurso  de 
todo  el  pueblo.  Platica  Soto  ,  i  después  de  su 
sermón^  saca  del  pecho  una  declarazíon  escrita, 
enteramente  contraria  a  aquella,  en  que  habían 
convenido  ,  porque  en  aquella,  nada  había,  que 
no  fuese  conforme  a  la  creenzia  de  Ejidio  i  a  la 
misma  verdad  ;  i  en  ésta  ,  revocaba  esplizita- 
mente  ,  todo  lo  que  en  el  espazio  de  dos  años  , 
con  tanta  constanzia  de  ánimo  ,  en  la  misma 
cárzel ,  había  defendido. 

Estaban  los  pulpitos  algo  lejos  uno  de  otro  , 

*    El  Orij. — Asolus.-Lo  iniísino  {»ntes. 


500 

el  murmullo  del  pueblo ,  que  hablaba  diversa^ 
mente  azerca  de  a((nellos  suzesos ,  resonaba  de 
manera  ,  que  Ejidío  no  podía  oír  lo  que  Soto 
dczia.  1  asi , aquel  hombre  nimiamente  crédoío, 
cuando  Soto  por  señas  i  levantando  mas  la  voz 
para  que  el  incauto  pudiese  oirle  ,  le  pedia  su 
asenso  ,  a  cada  capitulo  de  aquella  fraudulenta 
revocazion  ;  él .  también  por  seQas,  atestiguaba 
que  convenia  con  lo  que  Soto  acaba  de  leer  en 
la  a  minuta  escrita. 

Condenáronle  allí ,  a  tres  años  de  cárzel  (tal 
era  el  favor  que  para  Ejidio  habia  granjeado  b 
272  aquel  perdidísimo  fraile) ,  *  prohibiéndole  pre- 
dicar ,  enseñar  i  escribir  durante  diez  años  ; 

y  previniéndole  ademas  que  en  ese  plazo  no  sa- 
liese de  las  fronteras  de  España :  i  ni  aun  así 
entendió  que  habia  habido  fraude  en  aquel  ac- 
to ,  si  bien  se  maravillaba  de  aquellas  penas  : 
hasta  que  luego  ,  que  le  volvieron  a  su  prístino 
enzicrro  ',  i  le  echaron  en  cara  sus  amigos 
el  haber  negado  la  verdad  ,  descubrió ,  por 
fin ,  el  engaño.  Todo  ésto  lo  supimos  ,  no  por 
otro  medio  ,  que  por  su  misma  boca  ,^i  estando 

a    ex  scripta  formula :  El  Orij. 

h    El  Orij.— pi'rditissimus  illc  inonachus.— Que   yo  entiendo 
es  Soto. 


sol 

también  en  la  misma  cárzel.  Vio ,  mientras  es- 
tuvo en  aquella  prisión  ,  morir  a  tres  de  sus 
príuzi  pales  enemigos  ,  a  Sbarroya ,  sofista  do- 
minicano ,  Pedro  Hejia ,  h  hombre  que  ridiou^ 
lamente  se  arrogaba  el  titulo  de  filósofo  ,  sin 
cienzia  ninguna  útil .  i  Pedro  Diaz  ,  el  inquisi- 
dor ,  que  según  arriba  dijimos  ,  desertó  impia- 
mente  de  la  verdad  :  i  por  cierto  ,  que  no  pare- 
zia  haber  suzedido  sin  un  espezial  juizio  de 
Dios  ,  que  dentro  del  segundo  año  de  su  estan- 
zia  en  la  carzel  ,  i  mientras  se  trataba  de  su 
causa  ,  desapareziesen  ,  i  fuesen  uno  tras  otro 
arrebatados  ,  tres  enemigos  acérrimos  de  la 
verdad  ,  impugnadores  de  aquel  inocente  i  pia- 
doso varón  ;  ni  tampoco  sus  muertes  ,  no  mui 
tranquilas  ,  acaezieron  sin  dar  que  dezir. 

Vivió  Ejidio  después  de  aquella  fraudulenta 
revocazion  ,  cuatro  o  cinco  años,  siempre  vene- 
rable a  aquella  piadosa  Iglesia  ,  i  no  menos 
útil ,  que  cuando  *  tenia  entera  libertad  de  275 
predicar.  Con  c  ocasión  de  una  embajada  ,  vi- 
sitó por  aquel  tiempo  a  los  hermanos  ,  que  en 

a  Este  es ,  Agustín  Sbarroya ,  mui  amigo  de  Fr.  D.  Soto  ,  i 
autor  de  un  libro  titulado  Purificador  de  ta  conzienzia.  Véase 
a  D.  Nicolás  Antonio. 

¿la  éste  Pedro  Mejia,  le  juxgarán  asi ,  loa  que  leao  sus 
obras. 

c    El  Orij.— occasione  legationis. 


llt 


>i..  1 1   i«H^rKtiMi  M  Doctor  Caalla. 

» -iii|MutitMl .  se  habían  albué» 

.ii,....u  .ii:   .r*>io  :  i  Tolvktt^>  a  Serillo. 

•iiM/iat  Hit>  í  conlinKiHim .    tnit   i'j 

.   ..it«*  .  na  Mnto  Iarf9  .  vími  a  ^n* 

.tia^  ,)M^M«  4ias  {tasó  de  taa 

H.  .      •  ii'iivM^  ,  Sitbrc  la  Epístola  de 

'5.  i:i>im4eifcíirs .  sobre  algunos  Salmos  i 
iiiur  üv  1«^  Cantares,  dejó  en  Español 
.uviuartuc^  <iuttanientc  doctos,  i  que  res- 
u  uJo  una  ^iidad  Cristiana,  i  un  corazón 
^•n  »tiá  Jfí  ÜH«i.  los  cuales,  a  como  prc- 
^     V  >^^UiUi  Iglesia»  se  guardan  por  varones 
V       aiu  ol  us^  i)e  ella.  Aunque  todas  estas 
.   >  >K'a  .>iaUuc4siiiias,  i  mui  eruditas;  sinem- 
.    .  .  .ux  (uv  ost Tibió  en  la  cárzel,  ienlasmis- 
» .  Mv^iK-N.  exieilea  tanto  a  las  otras,  en  es- 
..  ,»»cviiul  \  oM  ciertos  afectos,  por  un  verda- 
x^uuiu  viv  l>i\K»  exzitados;  que  cualquiera 
,  X .      ui  vu  ellas  .  cuan  gran  auxilio  presta,  b 

iiv'v>  'uoci  i  ;AiTepentidos,  la  presenzia  real 
.    *  U-.  [Mr«  mentir  con  perfeczion  azarea  de 

.     .  V,    *.  Ku  U\>áitf  «MiliiS'  io  insius  usum  afidis  viris  asser- 
•vm    v.Niu  ^uua  esas  obras  en  Alemania. 

..X    K   IV«I4(|«  «DUttiS'CtC. 


llasáosotres 


jiueTos 

«n  SQ  pronso  le  liabba 

dora  de  la  qae  a  la 

T«iia  :  i  q«e ,  va 

Ha  alma  bieaaicalanáa  de  m 

descanso ,  i  haKrIa  f  «Ker  ai 

torio,  al 

leznaUe  cadaTcr,  í 

del  sepulcro,  le  llevas  ai  cadala* ,  i  i 

€D  sa  logar ,  icB  sm 

ja ,  le  i  mpoBCO  d  casliso  qm 

habrían  Mpvesto ,  ai 

lado  a  la  diestra  de  Dím.  ftn 

los  cielos  se  ríe  de  ellos. 


£L  DOCTOR  coKSTA^m^o  ic  LA  rrcmi  irr 


B 


ajólos 


sia,  SI  DO 


a    ElOrn.-á 
sQllecto  IB  ftm  et 


^ 


son 

Vallailolid  bajo  la  enseñanza  del  Doctor  Cazalla. 
ronunziando  a  la  impiedad  ,  se  habian  alistada 
on  el  Evanjelio  de  Cristo  :  i  volviendo  a  Sevilla, 
dpNpuee  de  consolarlos  i  conlirmarlos  ,  por  la 
ujitazion  del  viaje  ,  un  tanlo  largo  .  vino  a  en- 
Termar.  i  a  los  pocos  dias  pasó  de  tan  trabajosa 
víila  al  eterno  descanso. 

Sobre  el  Jénesis  ,  sobre  la  Epístola  de  San 
Pablo  a  los  Colosenses ,  sobre  algunos  Salmos  i 
sobre  el  Canlar  de  los  Cantares,  dejó  en  Espaflol 
unos  comentarios  suraamenlc  doctos,  i  que  res- 
piran en  todo  una  piedad  Cristiana,  i  un  corazón 
lleno  de  espíritu  deDios,  los  cuales,  a  como  pra- 
ziosas  joyasde  la  Iglesia,  se  guardan  por  varones 
fieles  ,  para  el  uso  de  ella.  Aunque  todas  estas 
obras  son  piadosísimas,  i  mui  eruditas;  sin  em- 
bargo, las  que  escribió  en  la  cárzel,  i  en  lasmis- 
mas  prisiones,  exzeden  tanto  a  las  otras,  en  es- 
quisita  piedad  i  en  ciertos  arectos,  porun  verda- 
dero espíritu  de  Dios  exzitados;  que  cuali^uiera 
podrá  ver  en  ellas ,  cuan  gran  auxilio  presta,  b 
en  ánimos  píos  i  arrepentidos,  la  presenzia  real 
de  la  Cruz,  para  sentir  con  perfcczíon  azerca  de 
las  cosas  divinas. 

B   El  OnJ.-ntEocIraisgd^lúeJDiMiususuin  indis 'HrisAsier- 
TDolar.-PuedcD  eiiUir  qiiiiá  esne  obrsh  en  AlcmjDia. 
b   E¡  Orij,— pii>  ae  renilu  Bnímis-ctc. 


\  los  dos  o  tres  años  ,  de  haber  muerto  aquel 
i'elijiosisimo  varou  ,  les  parezió  acaso  a  los 
nuevos  Inquisidores  ,  *  que  los  que  entendieron  274 
«n  su  prozeso  le  habian  tratado  con  mas  blan- 
dura de  la  que  a  la  cruddad  inquisitoria  con- 
venia :  i  que ,  ya  que  no  pudiesen  sacar  aque- 
lla alma  bienaventurada  de  su  imperturbable 
descanso  ,  i  hazerla  volver  al  tribunal  Inquisi- 
torio ,  al  menas  debian  ensañarse  con  su  a  de- 
leznable cadáver,  i  secos  huesos.  Sácanle,  pues, 
4el  sepulcro,  le  llevan  al  cadalso  ,  b  i  poniendo 
en  su  lugar  ,  i  en  su  nombre,  una  figura  de  pa- 
ja, le  imponen  el  castigo  que,  cojido  en  la  tierra, 
habrian  impuesto  ,  al  que  está  con  Cristo  sen- 
tado a  la  diestra  de  Dios.  Pero  como  habita  en 
los  cielos  se  rie  de  ellos. 

EL  DOCTOR  CONSTANTINO  DE  LA  FUENTE    275 

CANÓNIGO  PREDICADOR  [  HAJISTRAL  ]  EN  LA 
CATEDRAL  DE  SEVILLA. 


llajo  los  mas  felices  auspizios  para  aquella  Igle- 
sia ,  si  no  hubiese  acaezido  para  su  mayor  con- 

a    El  Orij." in  inane  cadáver  et  sicca  ossa. 
b    El  Orij.-Ergo  eductum  e  sepulcbro,  etintheatrumallatum, 
suffecto  in  lUius  et  loeum  et  nomen  simulachros  stramineoretc. 


504 

denazion  ,  SDiediá  Conitanlino  ,  al  piadosísimo 
predicador  [Majittral]  Ejidio  ,  quien  asi  en  U 
piedad  como  en  mas  sólida  doctrina  ,  bíio  en 
poco  Líempo,  pur  medio  de  aquél,  mili  notables 
adelantos.  Pero  ,  ya  que  asi  lo  exija  de  derecho 
la  divinidad  del  sujeto ,  habremos  de  tomar  su 
historia  de  un  poco  mas  arriba:  en  la  cual  cier- 
tamente nada  rezelamos  mas ,  que  ,  el  que  por 
nuestra  falla  a  de  bien  dezir  ,  nos  quedemos 
mui  faltos  ,  en  la  alabanza  de  un  hombre  laa 
benemérito  por  su  piedad. 

Pues,  ¿con  qué  elojios  te  lionrraré  ,  o  varM, 
el  mas  cabal  de  cuantos  vio  dedicados  nuestro 
siglo  a  los  sagrados  estudies,  a  quien  la  bondad 
divina  adornó  con  tanto  esmero  .  de  dotes  tan 
exzelentes  ,  i  antes,  apenas  en  un  solo  hombre 
reunidas  ,  que  podrán  alguna  vez  ímajinarse , 
estimarse ,  en  su  valor,  nunca?-Cualquiera  ten- 
dría con  razón  por  una  impostura,  mas  bien 
376  que  por  prodijio,  lo  que  vamos  a  dezir. '  si  no 
pudiéramos  probarlo  con  millares  de  ejemplos, 
a  saber ,  que  nadie  casi  conozió  las  doíes  de 
aquel  hombre ,  b  que  le  inspirasen  mediana 
envidia  ,  o  mediana  benevolenzia. 


I    El  OrtÍ.-ÍBf« 
'    Bl  Orí].— quiiK 


td  medlocretn  d[ 


305 
I  asi  ,  uazido  al  parezer  para  ser  al  mismo 
lí«mpo  blanco  de  un  sumo  odio  i  de  un  sumo 
amor  ;  tuvo  muchos  enemigos  acérrimos  ,  i 
también  no  pocos  amigos.  Entiendo  por  amigos, 
DO  ya  ,  los  que  él  amase  ;  como  por  enemigos, 
no  a  los  que  el  quisiese  mal :  sino  aquellos,  que 
aun  sin  ser  conozidos  suyos ,  le  amaban  de 
corazón  ,  le  admiraban  ,  le  veneraban.  Pues 
en  cuanto  a  él ,  como  que  conozia  mui  bien 
la  instabilidad  de  la  humana  condizion ,  apenas 
tuvo  en  toda  su  vida  uno  que  otro  que  estima- 
se  por  amigos  verdaderos ,  sin  que  obstase  es- 
to ,  para  que  diese  sinzeramente  cuantas  mues^ 
tras  podia  de  afabilidad,  a  los  que  por  savir.. 
tud  juzgaba  dignos  de  su  benevolenzía. 

Pasó  ,„e»  cierto ,  una  juventud  no  mui  lauda- 
dable  ,.  según  la  *  libre  i  suelta  educazion  de  los 
jóvenes  estudiantes.pero  que  no  le  impidió^elser 
apreziadisimo,  en  el  resto  de  su  vida.  Como  te- 
nia un  injento  sumamente  festívOi  i  :para  donai- 
res mui  agudo ,  echaba  a  perder ,  alguna  vez  , 
con  la  libertad  de  sus  chistes  aun  en  la  edad^ 
mas  provecta,  su»  aprobadas  costumbres:  *  ma«  277 

lentiam  excita r¡nt;>-Pensa miento  que  luego  declara  mas  el  Au- 
tor. I  es  cierto ,  que    a  hombivs^  eminentes,  suelen  otros  hom- 
bres, aborrezerlos  o  amarlos,  en  demasía. 
*    El  Oríj.— ¡»ro  studiosorum  iuTeoam  libera  educationo-etc. 


esto  ,  solo  en  cuanto  a  sus  adversarios  ,  a  quie- 
nes ,  aun  sin  chancearse  ,  hubiera  ofendido,  no 
menos  con  una  regular  gravedad  ,  que  con  una 
austeridad  Curiana  o  Catoniana. 

Cuéntanse  de  él ,  muchos  dichos  graziosísi- 
mos  ,  que  si  bien  se  consideran  ,  fuera  del  do* 
naire  imprescindible  ,  mas  bien  parezen  pru* 
dentisimos  apotegmas  ,  que  jocosidades  morda- 
zes.  Los  cuales  es  imposible  trasladar  a  otra 
lengua  con  toda  su  grazia.  De  nadie  se  burlaba 
él,  con  mas  sal,  ni  con  mas  frecuenzia ,  que  de 
los  frailes  o  clérigos  hipócritas ,  hinchados  con 
la  opinión  de  santidad,  que  ellos  hazen  consistir 
en  cosas  de  nonada.  Sobretodo  ,  sereia  de  los 
predicadores  nezios,  que  en  ningún  tiempo  fal- 
tan ,  raza  vilísima  de  hombres  ,  *  según  los  es- 
timan las  Sagradas  Letras  ,  mas  despreziables  ^ 
que  el  mismo  cieno  :  como  que  son  comparados» 
a  la  sal  desvanezida,  que  no  aprovecha  para  nada. 

Nunca  admirará  nadie  lo  bastante ,  la  agude- 
za  de  aquel  injenio  ,  que  se  echa  de  ver,  en  que 
a  pesar  de  haber  nazido  en  un  siglo  bárbaro  , 
cuando  ya,  de  largo  tiempo,  habían  como  apar- 
tádose  de  la  memoria  de  los  hombres  ,  asi  el 

'    El  Ory.^ex  sacraruinlíteraruD»»8timaUone,*etc. 


307 
cultivo  de  las  bueüas  letras  ,  como  el  de  las 
cienzias  ;  en  medio  de  la  ignoranziacornuo,  era 
él  el  único  ,  o  al  menos  uno  de  ios  poquísimos, 
que  sabían,  habiendo  aprendido  las  tres  lenguas 
Latina,  Griega  i  Hebrea,  sin  ayuda  de  maestro, 
tan  perfectamente,  que  podía,  por  si  solo,  *  res.  278 
taurarlas.  I  en  cuanto  a  todas  las  demás  cienzias 
que  se  suelen  requerir  para  formar  un  perfecto 
orador,  pareziá  no  solo  haberlas  llegado  a  cono" 
zer  ,  sino  haberlas   aprendido  profundamente. 

Con  estos  auxilios  ,  emprendió  el  estudio  de 
las  sagradas  letras  ,  en  las  que  ,  aun  en  su  mis- 
ma juventud  ,  salió  tan  erudito  ;  que  cuando  él 
daba  su  dictamen,  azerca  de  las  cosas  o  palabras 
sagradas;  al  parezer,  a  nadie  quedaba  nada  que 
desear  en  su  dicho  ,  como  no  fuese  ,  a  los  que 
están  trabajados  por  la  enfermedad  de  una  *  co- 
piosa ignoranzia.  Añadíase  a  esto  una  maestría, 
i  una  facundia  en  la  lengua  Gastellaní  ,  que  , 
aun  a  los  mas  versados  en  ella ,  parezia  maravi- 
lla. Con  tan  excelentes  dotes  ,  subió  al  pulpito  » 
i  en  aquel  empleo  exzedió  sin  disputa^  a  los  mas 
ilustres  de  la  pasada  edad  ,  i  de  la  presente. 

Sobresalía  en  él  ,  entre  las  demás  dotes  , 

*    inscitise  Toecundi-e   morbo  laborantibus  ,-etc. 


308 

una  admirable  prudeoEía  para  juigar  ,  adquirí" 
da  por  8U  mucha  erudizion  i  larga  esperieuzia* 
(pues  parezia  contemplar  ,  como  desde  una  ata- 
laya ,  todos  los  suzesos  humanos  ) ,  i  sobre  to- 
do ,  por  aquel  perfecto  conozimiento  adquirido 
en  las  sagradas  letras  ,  en  las  que  certisima- 
mente  contemplaba  ,  como  en  un  espejo,  todas 
las  cosas  tanto  divinas,  como  humanas.  Cuando 
tenia  que  predicar  (i  predicaba  por  lo  común  a 
279   las  ocho) ,  *  era  tanta  la  concurrencia  del  pue- 
blo ,  que  alas  cuatro ,  muchas  vezes  aun  a  las 
tres  de  la  madrugada,  apenas  se  encontraba  en. 
el  templo,  sitio  cómodo  para  oírle. 

Perp  ,  de  todo  aquel  crédito  sumo  ,  que  se 
granjeaba  entre  todos  (quitados  únicamente  los 
malignos  hipócritas),  fuera  de  un  frugal  susten- 
to,  i  de  una  librería  medianamente  provista  » 
ningunas  otras  riquezas  sacó  ,  aquel  hombre  » 
sin  duda  ,  del  todo  ,  ajeno  de  aquellas  pestes  de 
avarizia  i  ambizion  ,  que  desolaron  siempre  la 
Iglesia  de  Dios.    Habiendo  sido  llamado  a  una 

pingue  canonjía  en  la  catedral  de  Toledo  .  con 
condiziones  ,  en  que  muchos  de  su  ropa  hubie- 
ran cifrado  la  felizidad  ;  no  solo  no  acudió,  sino 
que  ni  aun  se  abstuvo  ,  de  sus  acostumbrados 
chistes ,  al  renunziarla. 


309^ 
Pues,  muerto  el  obispo  a  de  Utica,  que  habia 
sido  Majistral  de  la  catedral ,  él  cabildo  decretó, 
sin  la  controversia  que  vulgarmente  llaman 
oposizion,honrrar  con  aquel  empleo  a  Constan- 
tino, i  le  envió  a  buscar  a  Sevilla  por  medio  do 
ima  honorífica  legazion.  Respondió  él  ,  sin  pa- 
rarse mucho  a  deliberar  ,  que  les-  quedaba  mui 
agradezido  por  haberle  juzgado  digno  de  tanta 
honrra ,  i  que  procuraría  mostrarles  que  no  la 
habían  puesto  en  ningún  ingrato.  Pero,  que  los 
huesos  de  sus  padres  i  abuelos  descansaban  se- 
pultados ya  hazia  muchos  años,  i  que  él  no  que- 
ría admitir  *  ningún  cargo  ,  por  ocasión  del  ^gO 
cual ,  se  turbase  aquel  reposo.  Tal  fué  el  tenor 
de  su  respuesta  ,  i  no  con  mas  palabras  ,  según 
creo. 

Habían  ocurrido  ,  entonzes ,  mui  acaloradas 
disputas  ,  entre  el  arzobispo  Silíceo  ,  por  cierto 
de  piadosa  memoria  ;  i  6  el  cabildo.  Porque  el 
arzobispo ,  que  aun  con  publicas  notas  ,  había 
marcado  a  los  prinzipales  del  Cabildo ,  porque 
traían  su  orijen  de  judíos  ,  por  alguna  de  sus 
ramas  ;  les  era  enemiguísimo  :  i  ellos»  a  su  vez, 

a    El  Oñj.— Mortuo  enim   episcopo  Vticensi,  quí  in  summo 
templo  fuerat  a  coneionibiisretc. 
h    q.  d.  la  corporación  de  canónigos. 


510 

inipazieiite8  por  tan  atroz  injuria  (coinoque,  poi* 
otra  parte,  no  dejaban  de  ser  jenle  honrrada  , 
por  sus  riquezas  distinguida)  urdian  todo  el  da- 
flo  que  podian  a  al  majadero  obispo  ,  pertur- 
bador de  la  paz  pública  ,  que  desde  el  arado  i 
los  terrones  ,  sin  virtud  ni  erudizíon  ,  mas  bien 
por  un  capricho  de  la  fortuna  (  si  es  lizito  de  - 
zirlo  asi)  ,  habia  arremetido  a  la  suprema  dig- 
nidad de  toda  Espafta  ,  segundo  del  mismo  rei. 
Con  aquella  ocasión  ,  no  se  perdonaba  ni  aun 
a  los  sepultados  ya  de  cien  años,  averiguando  el 
malvado  arzobispo ,  i  esto  ,  socolor  de  relijion  , 
los  padres,  abuelos  ,  tartarabuelos  de  los  canó- 
nigos ,  i  llamándolos  inicuamente  de  sus  sepul- 
cros, a  dar  cuenta  de  sus  linajes.  A  estas  no 
menos  impías  que  nezias  confrontaziones  ,  alu- 
día oportunamente  a  Constantino  ,  en  aquel  su 
conziso  Laconismo,  aprovechando  la  ocasión  de 
23{  su  llamamiento.  Casi  del  mismo  *  modo,  habia, 
poco  antes  ,  despreziado  en  su  misma  patria  , 
un  pingüe  i  honorífico  canonicato  en  la  Iglesia 
de  b  Cuenca. 

Habiendo  sido  el  primero  de  todos  ,  que  dio 
a  conozer  en  Sevilla  la  verdadera  relijion  ,  pro- 

n    El  Orij.— stólido  cpiscopo. 

b    El  Oríj. — et  cauomcatam  Guenqucnsis  Ecclesioe-ete. 


5fl 
ponía  Gon  tanta  destreza  la  verdad  ,  *  descu- 
bría ,  apremiaba  i  acosaba  a  los  hipócritas 
traficantes  de  la  relijion  ,  que  aunque  barrun- 
taban ,  que  era  para  ellos  i  para  su  reino  ,  un 

mortal  enemigo ;  todavia  no  hallaban  ocasión 
justa  para  acusarle  sin  grande  empacho  suyo. 
Teníanle  ,  en  efecto,  un  odio  mortal  e  implaca- 
ble ,  pero  como  él ,  con  la  maravillosa  destreza 
que  le  distinguía,  les  cortaba  todas  sus  tramas, 
no  encontraban  ocasión  ,  de  vomitar  contra  el, 
todo  su  veneno  :  i ,  no  obstante  aquellas  perpe- 
tuas asechanzas  ,  nunca  aflojó  en  el  deseo  de 
propagar  la  luz  ,  en  cuanto  pudo. 

Suzedió  ,  sin  duda  permitiéndolo  benigna- 
mente la  providenzia  de  Dios  ,  para  el  bien  de 
aquella  ciudad  ;  que,  a  un  mismo  tiempo ,  po- 
seía aquella  Iglesia  ,  tres  hombres  doctísimos  , 
Constatíno  ,  Ejidio  i  Vargas  ,  que  antes  habían 
estudiado  juntos  en  Alcalá  ,  i  enlonzes  con  gran 
acuerdo,  i  también  con  un  solo  empeño  i  desig- 
nio ,  propagaban  la  relijion.  Vargas  esplicaba  , 
en  la  cátedra  de  la  Iglesia  ,  el  Evanjelio  de  S. 
Mateo ,  el  cual  acabado  emprendió  los  Salmos 
*  de  David.  Ejidio  ,  predicada  asiduamente  :    282 

*    El  Orij. — bypocritas  religionis  caupones  subíndicabat^-etc. 


312 

Constan  ti  no,  cou  menos  frecuencia,  pero  no  c«o- 
meoor  nrato:  i  en  aquella  tarea  perseveraron, 
basta  que  al  fin  determinó  Dios ,  enviar  tiem- 
pos mas  calamitosos  ,  para  probar  el  edifizio  de 
cada  uno  ,  de  suerte  que  Vargas  murió  en  lo 
mejor  de  sus  conteslaziones  con  la  Inquisizion: 
Constantino  ,  llamado  por  el  Emperador  i  por 
su  hijo  Felipe  ,  bubo  de  partirse  de  Sevilla  :  i 
Ejidio ,  quedando  solo  entre  lo»  dientes  de  los 
lobos ,  prestó  argumento  a  la  trajedia  ,  que  an- 
tes referimos. 

Del  lado  del  Emperador  ,  i  de  la  corte  ,  re- 
gresó Constantino  a  Sevilla  ,  después  de  la 
muerte  del  doctor  Ejidio .  i  acrezentado ,  por  su 
anterior  profesión  ,  ea  intelijenzia  i  en  doctri- 
na .  volvió  a  la  interrumpida  tarea  de  propagar 
la  luz ,  la  cual  emprendió ,  con  mas  calor  que 
nunca  :  i  no  era  inferior  a  au  mérito  ,  la  afizion 
de  todo  el  puelilo  a  él .  i  a  sus  sermones.  Tocá- 
ronle en  la  Catedral ,  de  orden  del  Cabildo  ,  ca- 
da dos  dias  de  fiesta  ,  los  sermones  ,  en  la  se- 
gunda cuaresma ,  después  de  su  vuelta  ;  i  como 
admitiese  el  encargo  ,  aun  no  bien  reslable- 
lido  de  zierla  enfermedad ,  o  mas  bien  enfermo 
todavía  :  tuvo  que  desempeñar  aquel  trabajo  , 
'285    haiiéndose  llevar  al  templo  ,  *  tan  exhausto  de 


313 
fuerzas  ,  que  en  la  mitad  del  hilo  de  su  discur- 
so ,  tenia  que  rehazer  sus  ánimos  ,  con  alguno 
que  otro  sorbo  de  vino  aguado  ,  para  poder 
continuar  escusando  el  sumo  favor  i  autoridad 
de  que  gozaba  ,  tan  nueva  ,  i  hasta  entonzes, 
nunca  vista  lizenzia. 

Recobrada  un  tanto  su  salud,  abrazó  un  me- 
dio de  promover  su  piadosa  empresa,  de  todos, 
el  mas  apropósito  ,  i  por  ninguno  antes  tenta- 
do. Pues  el  maestro  Escobar,  hombre  mui  ca- 
lificado en  aquella  ciudad  ,   por  su  doctrina  i 

pureza  de  costumbres  ,  a  quien  ,  par  disposi- 
zion  del  Ayuntamiento  ,  le  estaba  encomenda- 
do el  Colejio  de  niños ,  (  que  vulgarmente  lla- 
man de  la  Doctrina )  después  de  comunicar  sus 
planes  con  Constantino  ,  establezió  ,  en  el  mis- 
mo colejio,  una  cátedra  pública  de  sagradas  le- 
tras ,  destinando  al  sustento  del  prezeptor  , 
cada  año  ,  las  rentas  que  degpues  de  su  muerte 
habia  de  consumir  cualquier  impio  *  clerizon- 
te. Para  este  ofízio  elijió  a  Constantino  ,  que 
•con  aquella  su  esquisíta  erudizion  ,  debía  dar 
feliz  prinzipio  a  tan  saludable  proyecto. 


*  El  Orij. — impius  quispiam  sacellaous  etc.  Yo  creo  ,  que 
Mc...  puede,  tal  vez,  ser  errata,  por  capellanus:  o  usarse  por 
alforjista,  frailon,  u  otro  equivalente. 


314 

Empezó,  primero,  por  los  libros  de  Salomón^ 
los  Proverbios,  el  Eclesiastés,  i  el  Cantar  de  los 
Cantares,  i  esplicados  éstos  con  admirable  eru- 
dizion,  emprendió  el  libro  de  Job,  del  cual  lle- 
gó a  esplicar  mas  de  la  mitad.  Existen  todas 
sus  espiicaziones  a  estos  libros  ,  manuscritas  , 
281  i  recojidas  *  por  Bab.  *  uno  de  sus  mas  curiosos 
oyentes  ,  i  cuando  las  publiquemos  ,  se  verá 
cuan  atrás  dejó  a  todos  los  que  hasta  aqui  escri- 
bieron algo  azerca  de  aquellos  libros  ,  i  se  po- 
drá juzgar  ,  con  mas  certeza  ,  de  la  suma  eru- 
dizion  de  aquel  hombre.  Al  fin  ,  un  jenio  malig- 
no ,  envidió  la  gran  dicha  de  aquella  ciudad  ,  i 
cubierto  con  la  máscara  espezíosa  de  otra  pie- 
dad mas  elevada ,  apartó  primero  de  tan  salu- 
dable prozeder  ,  a  este  hombre,  por  otra  parte, 
estraordinariamente  circunspecto  ;  i  luego  ,  le 
enrredó  en  unas  dificultades,  de  las  que  al  fin 
no  pudo  salir  sino  con  la  muerte. 

Hubo  de  vacar  ,  por  aquellos  dias  la  canonjía 
concional  o  majistral  ,  (  según  llaman  , )  de  la 
Iglesia  mayor  de  Sevilla  ,  por  muerte  del  doc- 
tor Ejidio  ,  i  en  su  lugar  ,  de  buena  gana  hu- 

*  Así  el  orij.— manuscriptsD  opera  Bab.  diüjenttssimi-ctc- 
Los  mss.  de  que  habla  el  Autor,  los  poseía  ya  fuera  de  España: 
i  yozerán  quizá  en  alguna  librería  de  Alemania. 


515 
liera  adtnitidD  el  Cabildo,  a  Constantino,  a  quien 
.  -al  parezer  ,  se  le  debia ,  por  sus  exzelentes  do- 
tes,  ya  ,  de  largo  tiempo  ,  en  su  larga  carrera 
de  predicador ,  harto  esperimentadas  por  el 
mismo  Cabildo  i  aun  por  toda  la  ciudad :  mas 
eSto  no  podia  ser  sin  oposÍEion,  pues  el  Cabildo, 
después  del  yerro  cometido  en  la  eicczion  del 
doctor  Ejidio  ,  según  dijimos  ,  hablando  de  él . 
habia  decretado  ,  que  sin  la  oposizion  acostum- 
brada ,  i  en  todas  las  iglesias  rezibida  ,  a  nadie 
3edieseeulosuzesivo  aquel  empleo,  iConstanti- 
Jio  se  habia  burlado  siempre  de  tales  '  oposizio- 
nes  de  predicadores,  por  ser  na  mui  desemejan- 
tes a  los  certámenes  de  '  los  jugadores  de  ma. 
nos  ,  o  de  instrumentos  músicos. 

Estaba,  además ,  de  por  medio ,  el  Arzobispo 
de  Sevilla  Vaidcs ,  hombre  cortesano ,  i  por 
ocultas  causas ,  acérrimo  enemigo  de  Constan- 
tino ,  en  particular  desde  que  babia  sido  predi- 
cador en  la  Corte,  i  privado  con  el  Emperador: 
el  cual  Arzobispo,  insistía  fuertemente  en  aquel 
decreto  cuando  el  Cabildo  pensaba  en  rescindír- 
lopor  favorezer  a  Constantino.  Publicóse,  pues 
la  oposizion  ,  i  divulgada  por  las  ciudades  mas 

*_   El  OriJ.— ut  qua:  circulílorum  aul  cilbiiRiilorum  cáncer- 


3ir. 

célebres  de  lüspafia,  luego  acudieron  varios  pre^ 
dicadores  ,  como  los  buitres  a  un  grueso  cada- 
ver ;  pero  ,  habiéndose  retraído  los  mas  pru- 
dentes, por  el  favor  i  autoridad  de  Constantino, 
de  entrar  con  él  en  certamen  ,  quedaron  solos 
en  el  concurso ,  ansiosos  de  mas  rica  presa»  un 
tal  *Majuelo,canónigo  de  Alcalá,  i  un  Malaguefio. 
Pero  aquél,  con  mejor  acuerdo,  se  volvió  poco 
después  a  Alcalá  ,  perseverando  tenazmente  en 
el  concurso  el  Malagueño,  apoyado  i  favorezido 
por  el  Arzobispo  ,  con  todas  sus  fuerzas ,  en 
odio  de  Constantino.  Venzido  al  fin  ,  Constan- 
tino, por  la  autoridad  del  Cabildo,  que  no  omi- 
tid jénero  alguno  de  exhortazion  para  con  él  ,  i 
286  sobre  todo  ,  por  las  importunas  *  persuasiones, 
i  ruegos  de  cierto  amigo  ,  a  quien  ojalá  no  hu- 
biese hecho  tanto  caso  ,  (pues  a  no  haberle  te- 
nido esa  deferenzia  ,  estaria  ,  tal  vez  ,  aun  ,  en- 
tre los  vivos)  se  resolvió  a  pedir  la  canonjía  por 
la  forma  usada  de  la  oposizion  ,  i  con  esta  sola 
ceremonia,  desauciaba  al  Malagueño,  quedando 
ileso  el  decreto  ,  i  una  vez  promovido  él ,  se  le 
cumplían  al  Cabildo  sus  deseos  en  contra  del 
Arzobispo. 

t    El  Oríj.— unus  Maiuelus  complutensis  can-ote. 


317 

Engafló  a  Constantino .  (irimero ,  su  7A0  • 
porque  do  ocupase  la  cátedra  de  la  ciencia  , 
cualquier  a  charlatán,  que ,  desde  alto  ,  a  todas 
horas ,  se  desgafiita^  coutra  la  sana  doctrina  : 
después ,  cierta  sombra  de  una  esperanza  mas 
espaziosa  de  promover  mejor,  desde  aquel  sitio, 
su  comenzado  curso  doctrinal ,  mas  bien ,  que 
las  riquezas  con  que  aquella  dignidad  le  convi- 
daba ;  las  cuales ,  antes  ,  con  jeneroso  animo 
liabia  muchas  vezes  despreziado.  No  pudiendo, 
pues,  el  competidor  compararse  a  Constantino, 
ni  en  erudizion ,  ni  un  autoridad  ,  ni  tampoco 
en  Tavor  con  el  Cabildo ,  convirtíendo  todos  sus 
esruerzos  a  las  tachas  personales  ,  le  sacó  todas 
las  frivolidades  de  su  juventud :  a  saber ,  b  el 
matrimonio  ,  contraído  antes  de  que  se  ordena- 
se :  que  no  se  habia  ordenado  en  regla  ,  ni  re- 
zibido  debidamente  ,  i  por  orden  ,  las  insignias 
del  Hajisterio  i  doctorado. 

Apretaba  ,  por  otro  bdo  ,  una  cohorte  de 
hipócritas  ,  enemigos  antiguos  ,  que  por  lo 
mismo  que  se  recrudezia  la  úlcera  de  su  envi- 
dia ,  *  con  aquella  malhadada  promozion  ,  asi  2! 

a    ú— smkusteriHlg  >poriiii«  el  Oiii.  db»-laquu 
i    El  Orij.-Eoolracu.íidí'—    


318 

también  ,  renovando  todas  las  antígaas  coestío- 
nes  doctrinales  •  las  Ihmaban  a  joizio  ,  con 
mas  empeño  que  nanea  ,  i  ésto  ,  ante  el  tribu- 
nal inqntsitorío  ,  en  qoe  presidia  con  suma 
autoridad  el  Arzobispo  Valdés ,  enlonzes  fla- 
mante enemigo.  En  medio  de  tan  ásperas  con- 
troversias ,  subió  *  por  fin  ,  Constantino  »  a  la 
cátedra ,  apoyado  en  el  favor  del  Cabildo ,  i 
cuando  mas  ellas  crezian  :  i  justamente  cuando 
se  levantó  en  la  Iglesia  ,  aquella  tan  fiera  tem- 
pestad, con  ocasión  de  los  libros  de  a  Julianillo» 
de  que  varias  vezes  hizimos  mención. 

En  aquella  tempestad  ¿cómo  podia  esconder- 
se Constantino?  Arrastrado  pues  a  la  fortaleza 
Inquisitoria  ,  aunque  por  las  anteriores  contro- 
versias tenia  vivamente  exasperados  los  ánimos 
de  todos  sus  enemigos,  sinembargo ,  eludiendo, 
sin  trabajo  alguno  ,  según  su  costumbre  ,  con 
sus  agudísimas  respuestas  ,  todas  las  sofisterías 
de  ellos  ,  no  le  podian  atraer  a  una  confesión 
paladina  de  su  íé\  por  donde  pudiesen  ,  según 
deseaban  ,  b  condenarle  :  i  al  cabo  ,  se  hubiera 
librado  de  sus  manos  ,  como  antes  había  suze- 
dido  muchas  vezes  ,  sí  por  un  artifizio  admira- 

a    El  Org.— Parui  Joliani-etc. 

b    El  Orij. — ex  qua  periculum  . .  crearetur-etc. 


519 
Ue  de  su  Providenzia  no  le  hubiese  Dios  arran- 
eado a  la  fuerza  i  cuando  por  todos  los  medios 
la  rekuía,  una  esplizita  confesión  de  su  verdad. 

Preadieron ,  por  entonzes  mismo  »  a  Isabel 
Hartinez,  *  viuda  piadosa  i  honesta,  i  mui  opu-  ogg 
lenta ,  en  cuya  casa  habia  escondido  Conslauti* 
no  el  ajuar  de  sus  libros  mas  selectos  ,  esto  es , 
aquellos ,  que  sin  un  eminentísimo  peligro ,  no 
se  pueden  tener  en  España ,  a  causa  de  las  ase- 
chanzas de  los  Inquisidores.  Al  secuestrarse  los 
bienes  de  aquella  viuda  ,  según  la  costumbre 
Inquisitoria  •  su  hijo  Francisco  *  Beltran  ,  de 
todo  el  ajuar  riquísimo  de  su  madre ,  substrajo 
no  sé  qué  arcas  ,  llenas  de  las  mejores  alhajas , 
porque  aquel  abismo  insaziable  de  la  Inquisí- 
zion,  no  se  tragase  todos  los  bienes. 

A  los  pocos  dias ,  se  lo  declaró  a  los  inquisi- 
dores ,  un  pérñdo  criado.  I  asi ,  los  Inquisido- 
res ,  enviaron  a  pedir  aquellas  alhajas,  por  me- 
dio de  su  alguazil  Luis  Sotelo.  En  cuanto  éste 
se  vio  con  Bertrán  i  empezó  a  esponerle  come- 
didamente su  embajada,  Bertrán  ,  olvidándose, 
acaso ,  de  sus  arcas ,  i  pensando  ,  que  aquel , 
habia  ido  por  los  libros  de  Constantino,  adelan* 

*    EX  Orij.— Franciscus  Bertramus. 


dándose  a  sos  palabru  le  d^o  :  «Sé  ,  don  Luis  , 
lo  que  queréis :  i  si  de  buena  fé  me  prometie- 
reis ,  que  en  rezibieudo  aquello  por  que  vinis- 
teis ,  me  dejareis  libre  ;  luego  os  lo  mostraré.. 
El  Alguazil ,  entendiendo  que  le  hablaba  de 
las  arcas ,  pues  en  cuanto  a  los  libros  de  Cods- 
tanlino ,  ni  los  buscaba ,  ni  babia  oido  de  ellos 
g  una  palabra,  prometió,  que  asi  lo  haría:*  i  lue- 
go Bertrán,  llevándole  a  lo  mas  recóndito  de  sa 
espaziosísima  casa,  i  derribando  un  sutil  tabique 
de  ladrillóle  muestra  los  tesoros  de  Constintino, 
que,  aunque  de  papel,  valían  mas,  que  cualquier 
uro.  Absorto  el  Alguazil  con  tan  inesperado  su- 
zeso ,  dize :  que  él  no  había  ido  en  busca  de 
aquello  ,  sino  de  algunas  arcas  substraídas  del 
secuestro  de  los  bienes  maternos :  i  que  la  pa- 
labra dada ,  no  le  impedia  el  llevar  los  libros  , 
i  a  Bertrán  con  ellos ,  ante  los  Inquisidores :  i 
de  esta  manera ,  desde  aquel  escondrijo  ,  salie- 
ron a  la  luz  ,  i  llegaron  a  roanos  de  los  Inqui- 
sidores todos  los  escritos  de  Constanlino  , 
que  algo  valian,  contra  lo  que  él  i  sus  enemigos 
esperaban  ,  quienes ,  por  otra  parte ,  buhiesen 
redimido,  a  peso  de  oro ,  aquella  presa. 

Encontraron  ,  entre  otros  muchos  ,  un  grao 
libro  ,  escrito  todo  de  puílo  i  letra  del  mismo 


521 
Constantino  ,  en  el  cual ,  abiertamente  ,  i  co- 
mo 8i  escribiese  para  si  mismo  ,  trataba  ,  en 
particular ,  de  estos  capítulos  ,  (según  los  mis- 
mos inquisidores  declararon  en  su  sentenzia  , 
publicada  después  en  el  a  cadalso  ) :  a  saber  : 
Del  estado  de  la  Iglesia.  De  la  verdadera  Igle- 
sia •  i  de  la  Iglesia  del  Papa ,  a  quien  llamaba 
anticristo.  Del  sacramento  de  la  Eucaristía  ,  i 
del  invento  de  la  Misa:  *  azerca  de  todo  lo  cual,  290 
afirmaba  él,  estar  el  mundo  faszinado ,  a  causa 
de  la  ignoranzia  de  las  Sagradas  letras.  De  la 
Justifícazion  del  hombre.  Del  Purgatorio,  al  que 
Hamaba  b  cabeza  de  lobo,e  invento  de  los  frailes 
en  pro  de  su  gula.  De  las  Bulas  e  Induljenzias 
Papales.  De  los  méritos  de  los  hombres.  De  la 
Confesión  ,  i  de  todos  los  demás  capítulos  de  la 
relijion  Cristiana. 

A  vista  de  este  libro  r-  preguntado  Constan- 
lino  por  los  Inquisidores,- si  reconozia  sa  letra, 

después  de  eludir  por  espazio  de  muchos  dias  , 
con  estudiados  subterfujios  ,  los  esfuerzos  de 
aquellos;  conoziendo  al  fin  la  voluntad  de  Dios, 
que  le  habia  quitado  toda  ocasión  de  andar  ya  , 
con  mas  rodeos  ;  «Reconozco  ,  dijo  ,  mi  letra , 

a    El  Onj.— íd  tbeatro. 

b    EL  Orij.—quem  appeUanat  lupinam  oapat.-etc. 


i  así,  confieM  haber  escrito  todo  esto. i  decbm, 
injenuimente  ,  ser  toüv  verdad.  Ni  teoeís  ya , 
que  cansaros ,  en  bnscar  contra  mi  otros  testi- 
monios :  tenéis  aqoi  ya  .  una  confesión  clara 
i'espliiita  de  mi  creencia  :  obrad  pues :  i  haied 
de  mi ,  lo  que  querais.> 

Pasó  después ,  en  la  cárzel  .dos  afios  enteros, 
donde  por  el  malísimo  réjíroeii  de  •ñda,  en  esto 
era ,  de  suyo  ,  mui  descuidado  ;  i  sobre  todo  , 
consumido  por  una  profunda  e  intolerable  tris- 
teza ,  al  rer  tan  cruelmente  desolada  aquella 
291  piadosisHua  ^lesia  ,  *  i  frustrados  tantos  i  tan 
continuados  trabajos ,  de  él ,  i  de  bus  piadosos 
compafieros;  empezó  primero  a  enfermar  le- 
vemente :  después ,  no  pudiendo  resistir  el  ar- 
dor det  sol ,  en  *  aquellas  hornazas  ,  desnudo , 
en  camisa  de  dia  j  de  noche ,  contrajo  una  di- 
senteria ,  i  a  los  quinze  días,  en  medio  de  aque- 
lla aflictña  miseria ,  entregó  a  Cristo  su  alma  , 
dichosa  i  digna  de  tal  fio  .  por  haber  empleado 
animosamente  su  vida  ,  en  promover  la  gloria 
de  Cristo. 

Asistióle  en  su  enfermedad  .  i  en  su  muerte, 
un  piadoso  joven  ,  monje  de  San  Isidoro  de  Se- 


325 
villa  ,  cautivo  por  causa  de  la  relijion  ,  llamado 
Fernando  ,  que  le  habla  tocado  por  compañero 
de  carzeL  A  los  ojos  de  los  nézios  ,  parezió  mo- 
rir ,  pero  él  existe  en  paz.  Nunca  esperimentó 
aquellos  atrozes  tormentos ,  en  que  otros  sue- 
len ser  despedazados  :  no  porque  tan  insigne 
varón  inspirase  respeto  alguno  » a  aquellos  fie- 
ros ciclopes  ,  cuya  ira  ,  con  sus*  duras  repren- 
siones ,  aun  cautivo  ,  muchas  vezes  habla  pro- 
vocado; sino,  o  porque  difirieron  los  tormentos, 
determinando  guardarle  por  mas- tiempo  cauti- 
vo ,  para  perpetuo  temor  i  sobresalto ,  de  los 
que  hablan  ,  de  cualquier  modo  ,  aprovechado 
en  su  doctrina  :  *  o  ya ,  porque  no  pensaron  se  292 
les  arrebatase  tan  pronto  de  entre  las  manos. 
Para  infundir  a  sus  discípulos  el  miedo  que 
dijimos  ^  i  que ,  sobrecojidos  de  él  ,,se  entrega- 
sen a  si  mismos  a  los  Inquisidores ,  antes  que 
los  llamasen  ,  confiados  sin  dada  en  la  miseri- 
cordia inquisiloria  ;  habian  esparzido  la  voz  , 
mientras  vivía  ,  de  que  atormentado  rigorosa- 
mente ,  i  en  medio  de  sus  congojas,  habla  indi- 
cado a  alguno  de  sus  discípulos :  i  para  esto 
mismo  sobornaron  a  algunos  de  las  cercanías 
de  la  fortaleza ,  que  dijesen  ,  haber  oído  los 
clamores  i  jemidos  del  atormentado.  Pero,  des- 


334 

pa«  de  muerto ,  i  qnitado,  pordiviDí  Prorí- 
deniUi ,  d«  lu  manen  de  elloe  ;  ya  qoe  no  le 
tenían  vivo  ,  para  con  él  encrueleierse  ,  deter- 
nhuron  enuftane  contra  h  buena  Tama  de 
aquel  aanto  nron,  eapaníendo  repetidas  ven» 
la  Toz  ,  de  que  ,  por  hnir  del  dolor  e  ignonñ- 
nia  del  supliiio,  se  había  dado  muerte ,  cortán- 
dose ana  vena  a  con  un  pedazo  de  lidrio. 

Cantáronse  también  en  varias  partes  por  los 
muchachos  torpes  e  ignominiosas  b  coplas  en 
vituperio  suyo ,  después  de  su  muerte  ,  no  se 
■abe  81  promovidas  sotizitamente  por  los  mis- 
mos Inquisidores  o  por  sus  acólitos,  o  publica- 
das con  malizia  por  el  estólido  e  inconstante 
pueblo.  Lo  primero ,  es  ciertamente  mas  vero- 
simil.  Desenterrado  su  cadáver  ,  le  sacwon  el 
dia  del  triunfo,  sustituyendo  en  li^ardel  muer- 
3  to ,  *  una  figura  de  paja  ,  la  colocaron  en  el 
pulpito,  con  una  mano  levantada  ,  i  otra  apo- 
yada en  el  pulpito,  con  tal  arte  i  traza  dispues- 
ta, que  representaba  al  vivo  a  Constantino,  con 
el  mismo  trcge  i  ademan  ,  que  solía  él  predicar. 
I  no  hai  duda .  que  en  ese  dia ,  aquella  hueca 
estatua  ,  habló  a  las  almas  de  muchos ,  tan  efi- 

«    El  Orii.— lilmíi  fragmtDIÚ  iciia  TeD«-ele. 


catmente  ,  como  antes  en  vida ,  aquél ,  a  quien 
por  escarnio  represefitaba. 

Cnaodo  habieroD  de  leer  su  senteazia  (i  para 
solo  oírla,  fueroii  machos  a  Sevilla,  de  diversos 
i  apartados  lugares  de  EspaQa )  mandaron  los 
Inquisidores  ,  que  no  se  publicase  desde  el  pul- 
pito ,  donde  80  leían  las  senlenzlas  de  los  de- 
más ;  sino ,  que  se  llevase  la  figura  al  tribunal, 
i  allí  se  leyese  la  senteozia  :  el  lugar  era  eleva- 
do, i  el  pueblo  no  podiaoirlo  que  seleia.  Pa- 
rezió  ésto  fraudulento ,  o  al  menos  injusto  ,  al 
*  Correjidór  Calderón ;  i  asi,  levantando  la  voz, 
requirió  a  los  Inquisidores  ,  que  aquella  senten- 
zia  se  leyese  alto  ,  i  en  el  lugar  de  costumbre  , 
para  que  constase  al  pueblo .  por  qué  causas 
condenaban  a  aquel  stijüto. 

Como  los  Inquisidores  prosiguiesen  no  obs- 
tante en  su  propósito ,  sin  haierle  caso  ,  se  le- 
vantó un  gran  murmullo ,  entre  el  pueblo ,  no 
mni  resignado  a  sufrir  aquella  injuria ,  que  , 
según  parezia,  de  ninguD  modo  hubiese  llevado 
en  pazienzia,  si  los  Inquisidores*,  advirtiéndoles  294 
de  nuevo  Calderón  su  oSiio  ,  en  tono  mas  seve- 
ro ,  no  hubiesen  vuelto  a  su  primer  lugar  la  ñ- 

'    El  Orij. — CaldersDiD  Piaiorí  caríall-etc. 


gura  ,  i  mandad»  le«r  alio  i  en  el  gilio  db  cos- 
tumbre la  sentenEÍa ,  para  satUfaier  al  pueblo 
que  asi  lo  pedia.  Duró  la  leczioD  de  la  senteniía 
mas  de  media  hora  ,  i  eD  ella  ,  era  lo  pnniipal, 
lo  que  d«i  libro  de  Conttaaüao  arriba  dijimos. 
Añadieron,  ain  embargo ,  \oa  loquisidores,  que 
elloB  de  intento  ,  i  sin  duda  coa  buenos  fines , 
habían  omitido  cosas  tan  horribles ,  impías  i 
estupendas ,  que  ,  sin  pecado  .  no  se  podían 
publicar ,  ni  oír  siquiera.  Miraron,  según  creo,, 
por  la  buena  fama  de  aquel. 

De  sus  obras ,  muchas  vezes  impresas  ,  que 
dan :  una  Breve  Suma  de  ta  Doctrina  Cristiana. 
Otra  Lalo  ,  pero  *  a  medio  concluir :  pues  pen- 
síiba  publicar  en  dos  tomos  un  cuerpo  jeneral 
(te  Doctrina  Cristiana ;  en  el  primero ,  trataba 
de  la  Fe  :  en  el  otro ,  se  proponía  tratar  de  los 
Símbolos ,  De  las  obras ,  i  en  fin  de  todas  las- 
oblígaiiones  del  Cristiano.  Algunos  afios  antes, 
había  |>ublicada  la  primera  parte  .  i  porque  en- 
ella,  en  materia  de  í¿,  no  combatía  abiertamen- 
te las  herejías  Luteranas  ,  i  sobre  no  atribuir 
nada  al  Romano  PuntiSze  ,  tampoco  admitía  , 
295  sino  que  mas  bien  derogaba  ,  las  *  Induljen- 
'    El  Orii— diu-item  Hagiu  ,  kí  iliml^*  mi  pin»  Inpvr- 


327 
zias ,  gI  Purgatoria,  los  méritos  de  los  hombres, 
i  otras  simplezas  semejantes,  se  granjeó  grande 
odio  ,  i  opinión  de  herejia  ,  entre  el  valgo  de  * 
doctores  i  santones. 

Pero  él ,  a  cuantos  de  ello  se  quejaban ,  solia 
responder  ,  que  todo  eso  ,  pertenezia  al  otro 
tomo  prometido  ,  i  que  en  él ,  tratarla  copiosa- 
mente de  estas  cosas.  Este  lomo  nunca  salió , 
como  no  fuese,  el  que  encontraron  los  Inquisi- 
dores ,  cufos  prínzipales capítulos ,  publicados 
por  ellos ,  arriba  citamos.  Publicó  ademas  un 
Catecismo  ,  no  de  gran  importanzia ,  en  tierras 
mas  libres  ;  pero  que  dio  mncba  luz,  bajo  aque- 
lla tiranía  mas  que  Babilónica  ,  i  en  aquellas 
tinieblas  Ejipzias.  Quedan  también  de  el ,  seis 
sermones ,  sobre  otros  tantos  versículos  del 
Salmo  primero  de  David,  i  aun  en  ellos ,  echan 
de  ver  los  mas  eruditos  ,  la  rara  instruczion  de 
aquel  hombre ,  unida  con  un  sumo  artiSzio  en 
el  dezir. 

Pero  en  todas  estas  obras ,  aunque  las  mas 
eruditas  i  piadosas  de  cuantas,  hasta  ahora, 
leyó  EspaOa  ,  no  haí  que  buscar ,  ni  la  piedad  , 
ni  el  coDozimiento  de  las  cosas  sagradas ,  ni 

*    El  Orij.— apud  docioruin  al  iniiclorum  tnlgna^lc. 


aquel  raudal  de  Cristiana  elocueoiia,  que  bier' 
Te  en  afecU»  CrñUanoa ,  según  ta  nataralea 
del  asuDlo  ,  que  en  sola  au-tCtmCesioo  de  ua 
hombre  pecador- ,  qne  ocupados  o-tres  hojas. 

*  Pues  presenta  al  hombre  .  ante  el  tribunal 
de  Dios,  mediante  el  ministerio  de  la  Leí,  abier- 
tos los  ojos,  meditando  i  deplorando  vira  i  afec- 
tuosamente su  torpeu  i  deformidad :  desechan- 
do ,  después ,  cuanto  suelen  alegar  los  hipócri- 
tas para  cubrir  tan  torpe  desnudez  ,  valiéndose 
de  humanos  i  aun  factiiioB  esfuerzos  ,  i  de  tuda 
BU  indualria  ,  lisonjeándose  a  si  mismos,  en  su 
propia  justizia.  Al  tratar  de  ello,  separadamen- 
te por  todos  los  capítulos  de  la  lei ,  con  dicha 
acusation  de  si  mismo  ,  presenta  en  aquel  bre- 
TÍsimo  compendio  ,  una  esposiiion  tan  clara  „ 
tan  manifiesta  i  copiosa  ,  de  toda  la  lei ,  que 
hasta  ahora  ( sea  dicho  sin  ofender  a  nadie  ]  nn 
la  hemos  visto  mas  clara ,  ni  menos  afectada  I 
pomposa.  Vístele,  al  fin,  con  aquella  ropa  nnp- 
zial  de  la  justizia  de  Cristo,  por  la  fe,  i  median- 
te ésta  sola ,  le  presenta  delante  de  Dios,  tanfar 
mas  animoso .  cuanto  abatido  ,  antes ,  le  habí» 
pintado,  en  virtud  de  aquel  verdadero  e  intimo 
conozimiento  de  si  propio. 

Finalmente,  no  hai  capitulo  alguno  de  la  doc 


3S9 
trina  CristiaBa,que  en  aquella  ^breyisima  tabla 
no  haya  tocado,  i  hecho  familiar :  ningún  afec- 
to de  Cristiano  ,  desde  el  primer  mandamiento 
de  la  lei,  basta  los  últimos  gozes  de  la  mansión 
celestial ,  que  no  haya  espresado  al  vivo  :  i  su 
injenio ,  *  aunque  admirable ,  nunca  hubiera  297 
alcanzado  a  representarlo  con  tan  esquisita  ha- 
bilidad ,  a  no  juntársele  ,  ademas ,  una  espe- 
rienzia  continua  de  aquellas  cosas. 

Condenaron,  entonzes ,  los  Inquisidores ,  to- 
dos aquellos  libros ,  dignos  ,  a  la  verdad ,  de 
eterna  memoria ,  habiéndolos  antes  aprobado  , 
aunque  incautamente ,  no  porque  en  ellos ,  asi 
lo  declararon  ellos  mismos ,  en  su  sentencia , 
hallasen  nada  digno  de  reprobazion;  sino,  por- 
que nada  quede ,  que  pueda  en  lo  suzesivo ,  co- 
honestar, con  algún  honrroso  monumento  deja- 
do por  ellos ,  la  memoria  del  hombre,  que  tan- 
to execraron.  Ensañáronse  después  contra  los 
secos  i  desenterrados  huesos  de  aquel  santo  va- 
ron  ,  i  contra  aquella  vazia  estatua ,  según  la 
costumbre  Inquisitoria. 

Has  él ,  habiendo  sido  llevado ,  para  Dios , 
libre  de  aquellas  cadenas ,  i  de  aquella  injusti- 

*    E 1 0rü.-4Ua  per  brevita  bula-etc.  También  paede  tradu- 
zirse-redttziaisima  pintura. 


330 

sima  senteniii  ,  ademas  de  aquellos  insignes  o 
inmortales  monumentos ,  que  ja  dijimos,  dejó 
a  los  que  de  mas  ceru  le  conozieron  ,  on  dolor 
■neonsolable  por  haberle  perdido.  ¡O  mil  veze* 
detestable  Barbarie!  ya  que  nunca  puedes  res- 
tituirlas ,  ¿cómo  satisrarás  al  mundo ,  tantas 
lumbreras  clarísimas,  por  ti  estinguidas' 

FIN. 


En  Heidelberga  imprímialo  Miguel 
Schirat.M.D.LXVIl. 


■Agúcase  un  hierro  con  otro.» 


pDJ.  Tlii  de  Ib   Sunma  de  dociriiu 


APENDIZE, 


COMPROBANTES. 


i/ 
Prólogo,  paj.  II. 

Vue  todos,  o  los  mas ,  concuerdan ,  en  admi- 
tir la  verazidád  e  importanzia ,  del  Libro  de 
Montes ;  se  pudiera  corroborar  aquí ,  con  lar- 
gas i  machas  citas.  De  ellas,  i  por  muestra  ,  se 
entresaqan  estas, además  de  la  que  va  al  frente, 
en  kkPortada ,  i  que  antepuso  I.  Ursino  en  su 
reimpresión. — D.  Juan  Antonio  Llórente,  Se- 
cretario de  la  Inquisizion  de  Corte ,  en  su  HiS' 
toria  Critica  de  la  Inquisizion ,  tomo  iv  paj.  54 
[Ediz.  de  Barcelona  del  a.  1835] ,  al  hablar  de 
Francisco  de  Zafra  ,  dize :  «Reinaldo  González 
«de  Montes,  da  muchas  notizias  de  éste ,  i  otros 
«prozesados,  i  habiendo  to  cotejado  de  irten- 

«TO  sus  NARBAZIONES  CON  LAS  NOTAS  DEL  SaNTO 
«OfIZIO  ,   LAS  HE  HALLADO  VERÍDICAS  Cn  CUaHtO 

«al  fondo  de  los  hechos ,  aunque  vestidas  con 
«los  trajes ,  de  su  secta  luterana  ,  que  se  gloria 
«profesar  como  verdadera  doctrina  evanjelica  : 
«por  lo  cual  he  formado  concepto  ,  de  que 

«TAMBIÉN  DIRÁ  VERDAD  EN  LOS  OTROS  HECHOS  qUO 

«no  consten  de  los  papeles  del  Santo  Oíizío  vis- 
«tos  por  mi,»  I  ,  antes ,  en  el  t.  3.**  paj.  210 
dize  el  mismo  Llórente  ,  refiriéndose  al  Dr. 


i 


2 

Juan  Jil ,  estas  [^labras  :  •Raimundo  Gonulei 
•de  Honles  (compañero  suyo  de  carzel ,  quema- 
ndo en  ealatua  como  hereje  luterano  fujiüvo ,  i 
■autor  de  una  obra  sobre  la  Inquiaúion  e^ufio- 
'la  ,  (¡ue  dio  a  luí  alto  1567  en  Heidelberga , 
'disfrazado  con  el  nombre  de  Bemnaldo  Como- 
*lo  JfoKtaiio)dió  muchas  nolizias  aeldoctor  Juan 
■Jil ,  que  manifiestan  tanto  fanatismo  de  R«gi- 
■naldo  a  favor  de  las  opiniones  luteranas ,  como 
■el  mayor  de  nuestros  fanáticos  puede  tener  , 
■por  las  ^uc  el  espiritu  de  partido  introdujo  en 
•Universidades,  i  demás  escuelas  teolójicas  de 
'los  católicos.*  etc.  HaBta  aquí  Llórente  :  qae 
cita  otras  vezes  a  Hontea.  Porqué  le  llamó  fa- 
nático ,  ni  con  cuánta  raion  luterano  ,  son  co- 
sas que  por  ahora  dejo  estar.  Pero  notaré  ,  que 
con  este  juizio  del  Inquisidor  Llórente ,  acerca 
de  Montes. coincide  el  juizio  de  un  Harquéí  de 
este  Reino  ,  ar«rca  de  Juan  de  Vüldés.  Diie  , 
que  Valdés  fué  luterano ,  aunque  de  mejor  edu- 
cazion  que  Luthero  :  i  dize.que  este  beresíarca 
aconseja  al  cristiano  que  peque  CHOalo  mas  mia- 
da :  i  pone  ,  al  pareier ,  sus  palabras :  «fiílo 
Eccalor ,  et  peeea  forliler*  etc.  como  si  las  hu- 
era sacado  ,  a  la  letra  ,  de  la  Obríta  del  expre- 
sado Fr.  Martiu  Luther  ,  intitulada  «De  capti- 
vitatc  Ilabylonica  Ecclesim.»  Pero  es  el  caso, 
que  la  cita  falsea ,  pues  tales  palabras  no  se  en- 
cuentran en  dicha  obra.  Á  encontrarse  ,  ten- 
dria  raion  el  caballero  Marques  Pidál ,  de  lla- 
mar, como  le  llama ,  grosero  ,  i  herqe ,  al  Fr. 
Hartin.a  pesar  de  que  tales  dictados ,  los  sufre 
con  dieeusto,  en  escritos  de  personas  bies  edu- 
cadas ,  la  etiqueta  de  nuestros  tiempos.  I  aun 
diziendo  terminantemente  que  la  cita  es  falsa. 


no  supondría  mala  fé  ,  desde  luego  ,  en  el  ca- 
ballero que  la  haze  ,  o  la  pone :  porque  me  fi- 
guro  ,  que  puede  haberse  Gado  en  las  palabras 
de  otro  escritor ,  que  atribuya  a  Fr.  Hartin,  las 
copiadas.  La  cosa  era  común  ,  en  los  tiempos 
fmsmos  del  Reínrmadór .  que  ya  lo  conozió  , 
puesto  ([ue  el  mismo  ,  dizi^,  aludiendo  a  si  pro- 
pio:=:'id  genus  disputandi  ómnibus  familiare 
•esse,  qui  contra  Lulhenim  scribunt ,  ut  boc 
■asserant  quod  impugnaut ,  aut  fingant  quod 
•Ítiipugnent.=etc.  I  lo  que  es  nuestra  Literato- 
Fa  ,  no  se  queda  corta  ,  en  abonar  la  verazidad 
del  fterge  Fr,  Martin.  Sirva  de  ejemplo,  el  cas- 
tigado i  castizo  escritor  Gonzalo  de  Illescas  ^ae 
en  el  Libro  VI.  de  su  Hist.  Ponli^coí  i  CaloU- 
ca  ,  habljmdo  de  frai  Martin  ,  nos  áizt;='De 
•ahi  a  poco  ,  echó  en  público  u»  diabólico  libro, 
■contra  lodos  los  sanlisimos  siete  sacramentot 
*de  la  Iglesia.  Púsole  eí  non^re  bien  apropósito, 
•¡porque  le  Uamó  la  Cautividad  Babilótuca.  No 
•tuvo  poca  razón  ,  de  üamarte  asi^^>etc.  El  li- 
bro contra  el  cual  se  declara  nuestro  Illescas 
(que  es  el  mismo  al  cual  quiso  rererírse  el  ante- 
dicho caballero  Marques),  no  se  escribió,  según 
dize  su  Autor  ,  i  según  muestra,  contra  los  sa- 
cramentos ,  o  contra  su  uso  i  existenzia  en  je- 
neral ;  sino  contra  los  escritos  que  dogmática- 
mente asignan  a  las  Escrituras  ,  como  la  fuente 
de  donde  dimanaron  ;  i  que  los  caracteriza  co- 
mo dogma.  Muchos  pasos  del  libro  de  Luthero, 
lo  demuestran.  Citaré  solo  éste  ,  que  se  lee  al 
fol.31  vuelto .^°Non  hoec  d ico  ,  quod  damnem 
Sacramenta  septem  ,  sed  quod  e  scripturis  ea 
probari  negem.=>  Que  ,  como  se  ve   ,  q.  d. 


i 

=sotio  digo  estas  cosas  ,  porque  yo  repruebe  Iw 
■siete  Sacrameatos  ;  sino  porque  niego  ,  que , 
■por  las  Escrituras  ,  puedan  probarse^*  ¿Ño 
abonará  la  veraiidád  de  Luthero  ,  i  basta  su 
relijiosidad  ,  ante  un  romanista  ,  la  infunda- 
da condenazion  de  su  libro  por  nuestro  lUes- 
cas ,  que  ,  tal  vez  ,  no  k  leyó  T  1  nótese  lo  que 
fué  a  dezir  :  i|uc  a  la  obra  ,  eon  mucha  rasan , 
i  bien  a  propósito,  se  la  intituló,  con  el  nombre 
que  lleva.  Has  ,  no  debo  prolongar  ,  basta  el 
fastidio  ,  la  presente  digresión  :  pues ,  claro  es, 
que  mientras  en  EspaAa  .  no  haya  completa  1Í- 
bertad  de  imprenta  ,  i  mientras  en  ella  se  im- 
priman ,  eomo  ofiziaies,  Indizes  Expurgatorios, 
cual  es  el  último  ,  impreso  con  su  Apeodize .  i 
todo  ,  el  a.  1848  ;  i  mientras  nuestro  Gobier- 
Do  deje ,  que  los  clérigos  ajesuitados ,  manejen 
la  relijion  ,  como  el  mismo  Gobierno,  maneja 
las  Reutas  del  Tabaco  ,  Papel  sellado  ,  o  Lote- 
rias ;  en  Espada  se  cometerán  ,  í  mui  a  salvo , 
equivocaz iones  como  las  referidas :  i  se  atribui- 
rán hernias ,  i  dicbos  a  los  herpes  ¡  que  ni  sofla- 
roD,  ni  dijeron.  I,  por  el  contrario,  seria  posible, 
(fue  si  les  dejaran  a  los  espaflutes  ,  en  bu  entera 
libertad  ,  que  era  lo  mejor  ,  para  leer  las  Obras 
de  Luthero  ,  i  demás  reformadores  ;  encontra- 
sen en  ellas  ,  no  herejías  ,  sino  cosas  idénticas, 
i  todavía  mejores  ,  que  las  dichas  por  sus  cu- 
ras párrocos.  Abi|está  Juan  de  Valdés,  como 
antes  se  dijo  ,  tachado  de  luterano:  que  no  solo 
no  lo  fué  ,  sino  que  hasta  con  dureza  ,  i  tal  vez 
sin  justizia,  trató  en  sus  escritos  a  Luthero. 
Véanse  las  pajinas  389  i  390  de  los  Dus  Diálo- 
gos de  J.  de  Valdés  reimpresos  el  a.  1850.  — 


s 

%on  libertad  de  iiii()renta  ,  i  libertad  reliiiosa  ; 
96  quitaba  ese  daúmo  e  iajustu  exclusifismo  ; 
que  uoG  va  conduzieado  a  los  españoles  a  bien 
malos  pasos.  Basta  ,  hoi ,  dezir  una  palabrílla. 
o  escribir  un  renglón  ,  que  utt  sea  mu  insulto  , 
o  una  calumnia  contra  Luthero  ,  para  ser  leai- 
do  por  luterano  ,  o  por  protestante  s(Aomado  ; 
-aunque  esté  uno ,  tan  distante  de  ser  protestan- 
te de  secta  determÍHada  ,  como  jcsuita  ,  o  de 
otra  secta  pontifizia. 

VolTÍendo  ,  de  una  vez  ,  al  propósito  de  «ste 
Apéudize  ,  diré  :  que  si  se  verifican  las  citas  de 
Llórente  ,  se  verá  bien  acreditada  la  verazidad 
de  Montes  :  i  levendo  la  obra  de  Montes  ,  se 
conozerá  ,  que  Llórente ,  aunque  escritor  res- 
petable ,  i  no  fanático ,  prozeac  cun  poca  justi- 
zia ,  respecto  al  que  tacba  él  de  fanaüco  i  lu- 
ierano. 

Acotado  un  autor  español  ,  como  D.  J.  A. 
Llórente,  que  al  cabo  fué  clérigo  e  inquisidor, 
queda  ,  me  pareze  ,  bien  en  su  lugar  ,  la  repu- 
tazion  de  nuestro  Montes.  I  si  abora  ,  se  hubie- 
sen de  r^istrar  los  nombres  ,  ya  nazionales,  ya 
«xtranjeros,  de  cuantos  autores ,  i  documentos, 
acreditan  la  verazidad  de  Montes  ;  largo  catá- 
logo habia  de  ponerse.  El  mas  exacto  de  los 
historiadores  de  la  Reforma  relijiosa  intentada 
«n  España  en  el  s.  xvi  es  Tomás  H'Crie.  Véase 
en  su  obra  ,  impresa  en  el  a.  1829  ,  cuantas 
vezes  viene  citado  i  seguido  Montes. 


i 


Prolog,  paj.  III. 

Fazil  me  seria  probar  ,  i  autorizar  coa  citas 
numerosas,  lodut  las  proposiziones  que  se  sien- 
tan en  el  I'rólo^o  de  este  volumen  :  mas  el  ha- 
zerlo ,  a  vueltas  de  prolijo  ,  seria  inútil :  pues 
la  mediana  ¡nslruczion  de  cualquiera  ,en  nues- 
tros días  ,  lo  señala  como  tunezesarío.  Por  eso, 
bastan  lijeras  iiidicaziones  ,  que  prueben  .  el 

3ue  cuanto  se  afirma  ,  ba  sido  i  es  ,  el  resulta- 
e  una  upinion  ,  fundada  siempre  ,  en  la  creen- 
zia  de  que  es  cierto  cuanto  Be  aSrma  ;  i  no  va- 
nas i  huecas  Trases.  —  Que  la  inquisizion  tenia 
mas  ojo  ,  al  lucro  i  garanzia ,  i  a  la  adquisizíoD 
de  poder  ,  ([ue  a  la  conserTazion  de  la  Fe ,  es 
cosa  notoria ,  i  lauto  ;  que  por  eso  no  se  haze 
ahí  mas  ,  que  denominar  ,  con  el  término  im- 
propio ,  pero  admitido  de=  memoriat  económi- 
cas -  ,  las  adquisiziones  de  la  Inquisiiinn  ,  que 
eslableziú  como  su  primer  base  económica,  o  su 
/et  doméslica  ;  el  heredar  en  vida ,  i  siempre  a 
benelizio  de  ¡nventario  ,  compajinado  por  sus 
Familiares  ,  a  cuantos  ella  ,  por  si  misma  . 
preudia.prozesaha,  i  condenaba.  Véase  a  nues- 
tro Montes .  pajinas  180  - 184  :  i  digase ,  lue- 
go ,  si  la  Señora  de  la  vda  verde,  era,  para  si , 
arbitrista  aun  mas  hábil  ,  que  los  jugadores  de 
Bolsa  en  nuestros  dias.  I  en  la  paj.  141  puede 
notarse ,  como  sabia  cristianar  con  nobles  tér- 
minos sus  ardides  tributarios ,  i  llamar  veai- 
(eniiaj ,  a  las  muJtoi  inicuas.  Véase,  en  la  Hist. 


7 
Oe  Limboixh.  Ed.  ifigU  de  1731  t.  ^/  p.  18 
eómo  robó  la  Inquisizion  de  Madrid  ,  en  1 688 
a  un  Flamenco.;  £1  multiplicar  las  actuaziones 
en  los  prozesos.era  una  de  las  minas  auríferas 
del  Santo  OGzio.  Estos  anos  pasados  ,  han  sali- 
do a  luz  algunos  Prozesos  que  formó  la  Inqui- 
sizion. Cójanse  p.  e.  los  formados  contra  el 
Brócense  ,  i  contra  Fr.  Luis  de  León,  El  Pro- 
zeso  de  Sánchez  de  las  Brozas  ,  no  se  ha  publi- 
cado mas  que  en  parle  ,  i  sola  ésta  ,  consta  de 
76  actuaziones ,  o  piezas  ,  firmadas  por  escri- 
bano ,  i  que  devengaban  derechos ,  pagables 
por  el  procesado.  El  7  de  Enero  del  a.  1584 
comenzó  el  tal  prozezo  ,  i  la  última  pieza  pu- 
blicada ,  tiene  en  él  •  la  fecha  del  15  de  Febre- 
ro del  a.  1601  :  siguiéndose  después  la  Acusa- 
zion  Fiscal ,  que  por  estar  incompleta  ,  no  sa- 
bemos cuando  se  hizo.  Duró,  pues  ,  el  tal  pro- 
zeso  ,  17  años  ,  por  lo  menos.  I  con  todo  ,  afli- 
je  el  ver  ,  que  honihres  tan  respetables  poi*  sus 
condecoraziones  literarias  ,  como  lo  son  ,  am- 
bos a  dos  ,  los  Editores  dé  ese  Prozeso  ,  digan: 
que  la  Inquisizion  trató  al  Brócense  con  liiduU 
jenzia  ,  ya  que  tenia  él ,  comezón  de  discutir  i 
tratar  materias  religiosas  ,  i  era  arrojado  en 
puntos  de  teoíqjia  ,  algunos  de  mucha  gravedad. 
Los  respetables  Editores  no  son  del  parezer  de 
Jovellanos  que  áhe:=<i Aquello  que  el  Señor  di- 
'jo ,  para  que  todos  lo  entendiesen,  se  ha  creido, 
«que  apenas  uno  u  otro  doctor  lo  puede  entender, 
«»  dando  tormento  a  las  espresiones  mas  doras,. 
*se  las  ha  hecho  servir  ,  hasta  erijir  sobre  ellas 
*eí  ídolo  de  la  tirania.=»  I  no  alcanzo  (  aun; 
supuesta  la  comezón  que  descubren  en  el  Bro- 


eense)  qué  claMt  de  IndiUjmiia  ,  tuvo  la  Ini|uí- 
siiion  si  formar  causa  contra  un  honAre  ,  t. 
prinziiiiarla  ,  .idmilicndu  por  acusazioii  ,  un 
anónimo ,  de  un  Dr.  l'iilazios  ,  que  delata  por 
dexcargo  de  su  conñetaia ;  i  remitir  al  tmsnw 
ddalor  Palazios  ,  la  acusazion,  paraque  evacué 
las  averigüaziones  i  dilljenzia*  iiiOagotorias 
contra  el  acusado  ;^  contra  el  lumbre  ,  que  es 
el  tratamiento  que  dá  al  Brócense  el  coHiientu- 
(lo  canónigo  i  Comisario  del  Santo  Otizio  ,  Dr. 
Palazios  de  Terán  su  delator.  I  todo,  porque  , 
el  Brócense  ,  interpretaba  pasos  de  b  Biblia. 
¿Esa  es  Induljcniia:  Esa  ci,  en  los  Inquisidores, 
uua  comezón  de  perseguir.  Yo  a  lo  menos  creo, 
que  no  es  incompetente  la  razun  de  cualquier 
cristiano  ,  para  dezidir  .  por  sí ,  lo  que  debe 
creer  en  malcrías  relijiosas  :  i  que  el  enzerrar 
las  Escrituras  bajo  la  lápida  de  las  Decretales ,  i 
bajo  las  Dezisiones  de  la  Curia  ,  i  que  solo  pue- 
dan interpretarlas ,  con  permiso  del  Papa,  teó- 
logos tonsurados  ;  no  dejará  de  ser  una  funes- 
ta esclayitud  del  entendimiento  ,  aunque  se 
ejerza  en  Espafla  perpetuamente.  En  el  Proze- 
80  de  Fr.  Luis  de  León  ,  que  se  compone  de 
mas  de  400 !  diferentes  actuazinnes  ,  apareie 
aun  roavorla  auri  sacra  [atnei  del  Santo  Ofizio, 
porque  hasta  para  pedir  el  reo  presunto  ,  un 
pliego  de  papel  ,  intervenía  su  admisión  en 
audienzia  ,  ante  notario.  I  ese  es  su  menor  de- 
fecto. Prinzipió  esta  causa  el  17  de  Dizicmbre 
del  a.  1571  i  acabó  el  15  de  Diziembre  del  a. 
576.  Siendo  particular  ,  que  uno  de  los  juezes, 
el  Lie.  Andrés  de  Álava  ,  con  otros  dos  de  sus 
compafieroB,  dio  voto  poco  antes  de  concluirse 


9 
Fa  causa  ,  en  e\  cual  se  dize:  aque  eran  de  voto 
i  parezer  ,  que  el  dicho  Fr.  Luis  de  León  sea 
puesto  a  qüistioii  de  tormento^  etc.  i  ,  a  poco  , 
ese  mismo  Líe.  Álava,  i  aun  creo  que  los  otros 
dos,  Mencbaca  i  Tello,  firman  la  seotenzia  de- 
ñn\ÚY9['^(Christi  nomine  invócalo),  expresando, 
que  d^tan  de  absolver,  i  absolvian  ,  al  dicho 
Fr.  Luis  de  León,  etc.  I  como  en  esto  último  , 
dezian  verdad  los  inquisidores  ,  vinieron  tam- 
bién a  probar  i  aprobar  ,  la  certeza  de  lo  que 
Fr.  Luis  de  León  les  dijo  ,  cuando  los  inculpa- 
ba, «por  dar  oidos  a  hombres  que  los  hizieron 
«esclavos  de  sus  pasiones»  :  i  cuando  con  fun- 
damento les  dezia:  «i  si  de  todo  este  escándalo 
«rque  se  ha  dado,  i  prisiones  que  se  han  hecho, 
«queda  en  los  ánimos  de  vuestras  merzedes  , 
«algún  enojo;  vuélvanle  vuestras  merzedes,  no 
«contra  mi  ,  que  he  padezido  ,  i  padezco  ,  sin 
«culpa;  sino  contra  los  malos  cristianos  ,  que 
«engañando  a. vuestras  merzedes  ,  los  hizieron 
«sus  verdugos  ,  i  escandalizaron  la  Iglesia  ,  i 
«profanaron  la  autoridad  de  este  Santo  Ofízio.» 
— Asi,  pues,  cuanto  leemos  en  esos  Prozesos,  i 
otros  ,  sobre  la  codizia  i  avarizia  de  los  Inqui- 
sidores, se  conforma  con  lo  que  se  refiere  en 
este  vol.  en  las  paj.  128,  151,  180,  181,  184 
LolraSé 

Prolog,  paj.  in. 

Que  esta  obra  se  tradujo  a  las  prinzipales 
lenguas  de  Europa,  i  a  mui  luegode  salira  luz, 
i  que  tuvo  ,.  aun  en  dichas  traducziones  ,  gra« 


10 

aceptaxion :  ei  cou  notoria.  SSrTaiioB  aqni  de 
Dueatra  ,  la  versión  inglesa.  El  e.  de  1567  se 
dio  8  luí  la  obra  de  Montes :  pues  el  a.  de  I5C8 
H  publica  la  1.*  EdiiioD  de  la  tradnciion  in- 
glesa ,  i  ya  al  aflo  siguiente  de  1569  m  biio  se- 
gunda Edizion  en  1  toI.  en  4.*  de  unas  120 
nojas  de  impresión  ,  o  99  hojas  foliadas  i  21 
sin  Toliar.  El  célebre  impresor  de  Londres  Juan 
Day ,  que  entre  Folios  ,  Cuartos  ,  Octavas  i 
Dozavos  ,  imprimió  mas  de  245  obras  diferen- 
tes, en  solos  55  afkos  [J.  JuhnsoD.  Typogr.  ?ol. 
1.*  p.  532  i  sig.  Edit.  18241;  fué  el  que  impri- 
mió ambas  ediziones ,  de  la  trad.  Inglesa  de 
Montes.  El  traductor  ingles  V.  Skinner,  dedicó 
sn  obra  al  Arzobispo  de  Cantorberi .  i  la  enri- 
quezió  con  un  Prólogo  bien  adecuado  a  su  tra- 
bajo ,  i  al  &n ,  con  siete  rejistros  ,  o  listas  de 
personas  quemadas,  o  de  otro  modo  atormec- 
ladas  .  por  fa  Inquisizion ,  en  Sevilla  i  Vallado- 
lid  .  en  los  aflos  de  1 559 ,  i  1563.  De  estos  re- 
I'istros.he  tomado  el  nombre  puesto  en  la  Ta- 
lla del  lugar  de  naturaleza  ,  de  algunas  perso- 
nas cuyos  nombres  se  leen  en  la  obra  de  nues- 
tro Sfontes. 

*.• 

Edizion  de  la  obra  de  Montes  por  Joaquín 
Ursino. 

\  lo  dicho  en  el  Prólogo ,  sobre  J.  Ursino  , 
creo  debo  afladir  algo  aquí.  Daniel  Gerdes ,  en 
su  Florilegio  histórico  crilico  de  Libros  rarot. 
Graninga.  1763.  [Es  la  3.'  Ediz.  i  hai  otra  Ed. 
jiosterior,  i  mgor] ,  a  la  pai.  3G0  copia  integra 
(aunque  no  correctamente)  la  Portada  del  Libro 


ií 

de  Montes ,  reimpreso  por  Ui'sino  ;  i  dize :  que 
dicho  libro ,  mereze  contarse  entre  los  muí  ra- 
ros ,  |)ües  apenas  suele  hallarse  en  las  librerías 
mas  bien  provistas :  i  que  el  ejemplar  que  él  te- 
nia ,  le  compró  en  Hamburgo  ,  en  la  almoneda 
qae  se  hizo  de  la  librería  de  Fabrizio.  I ,  des- 
pués de  copiar  la  Portada  ,  *  dize  :  que  los  eru- 
ditos tratan  de  averiguar ,  quien  sea  el  editor , 
que  bajo  el  nombre  de  Ursino  ,  hizo  esta  reim- 
presión de  la  obra  de  Montes.  Que  unos  han 
alribuido  el  libro  .  a  Inozenzio  Gentileto,  como 
lo  dizen  Placcio ,  i  Belio :  otros  creen  ,  que  Ur- 
sino es  Pseudónimo  de  Cristiano  Becmann.  Que 
Zeltner,  en  su  •Historia  Crypto-socinismi ,  di- 
ze ,  que  el  verdadero  nombre  de  este  Ursino  , 
fue  Beer  ;  pero  que  Feúerling ,  en  una  Disorta- 
zion  ,  inserta  en  el  tom.  5.*"  de  la  Bibliotheca 
miscellcB  Hamburgensi ,  prueba  que  el  verdade- 
ro nombre  ,  fue  Joaquin  Beringer  ,  Pastor  de 
la  Iglesia  de  Amberga  ,  por  los  anos  1610  ,  a 
1620.  —  Eso  dize  Gerdes.  I  yo  no  lo  apuntaría 
aquí ,  por  mera  curiosidad  biblíográGca  ,  si  la 
notizia  no  tuviese  algún  interés  para  nosotros 
los  españoles  :  puesto  que  ,  es  posible ,  que  es- 
te Joaquin  Ursino  ,  o  Beringer ,  conozícse  i  tra- 
tase personalmente ,  en  Heidelberga  ,  a  B.  Gon- 
zález de  Montes  .  i  a  otros  españoles  del  siglo 
XVI ,  que  andaban  peregrinando  en  Alemania  , 
perseguidos,  entonzes  ,  por  sus  creenzias  reli- 
jiosas.  Sí  Ursino  trató  con  nuestros  españoles, 
su  reimpresión  del  libro  de  Montes ,  mejorada 

*  Véase  el.Pr6Iogo  aquí.  En  vez  de  -  processas  -Pone  Cer- 
dea progresstú:  en  lugar  de  -  reliquís  vUcb  aubsidíu  -  pone  •  rc' 
Hqutt  ttwsidÜM. 


i  miiiionatía  ,  como  ya  se  ha  dicho  ,  es  dé  mis 
valor  para  nosotroE ,  pues  casi  podemos  consi- 
derar el  libro  de  UrsÍDo ,  como  una  2.'  Edi- 
ziun  ,  que  dul  suyo  ,  liiio  el  mismo  Conialeí  de 
Montes :  o  ejeculada  con  sus  notizias,  i  las  de 
oíros  espaDoles.  L'rsíno  ,  además  de  compartir 
en  párrafos  ,  i  correjir  algunas  erratas ,  no  to- 
das ,  de  la  1.'  Ed.  afldde  en  la  paj.  271  lo  que 
intitula  Capitulo  xti  ,  que  contiene  una  Rda- 
lion  del  Auto  de  Fé  ,  hecho  en  Valladolid  el  a. 
de  1558  qne  maiiiGestaraente  son  notizias  ,  de 
cspaSoles  :  ya,  porqtie  el  mismo  Ursino  lo  de- 
clara [illa  (dize)  ex  quibuidam  Bitpanicis  ,  in 
Germaniam  mis»ü  literU  extraía  sunt] :  ya , 
porque  el  contexto  mismo  ,  o  el  estilo  ,  revela, 
en  las  Trases  ,  su  española  prozedeozia.  Solo  . 
varios  de  los  nombres  están  mal  impresos  ,  i  se 
echa  de  ver  ,  aun  en  esto  ,que  confundieron 
las  letras  ,  al  trascribir  de  las  cartas  mss.  tos 
apellidos.  — Tras  de  este  cap.  xvi ,  siguen  oíros 
seis  capítulos  :  el  ivii ,  contiene  los  125  Artí- 
«ulos  ,  n  Reglas  ,  de  la  Inquisizion  de  Ingla- 
terra ,  fundada  por  nuestro  Reí  Felipe  li  el  a. 
1551  cuando  era  allá  Rei  Consorte.  Obra  son 
ellas  ,  del  sanguinario  Obispo  de  Londres  E. 
Bonner :  i  publicadas  ,  en  el  mismo  alto ,  en 
que  ,  en  dos  embarcaziones  esi>abolas  surtas  , 
por  acaso  ,  en  el  Táme.s¡s  ,  huyeron  de  lan- 
dres varios  españoles  ;  que  desembarcaron  en 
Friesland  ,  circuostanzia,  que  haze  posible  la 
prozedenzia  espailola  de  las  notizias  en  esta 
obra  de  Ursino.  El  cap.  xviii ,  comprende  Las 
Reglas  de  la  Inquisizion  de  Gaviera  ,  publica- 
das el  a.  1559.  —  El  cap.  xix  mentiona  sola- 


15 
mente  los  65  artículos  de  Inquisizion,  que  el  a. 
1585  establezieron  en  Aquitania  (Francia),  unos 
Frailes  Inquisidores.  Promete  Ursino  publicar- 
los mas  adelante.  —  El  cap.  xx  comprende  un 
Modo  o  Arte  de  examinar  ,  i  condenar  Here- 
jes ,  compuesto  según  los  prinzipios  de  la  Ro- 
mana .Curia  ,  por  un  doctísimo  Maestro  en  S. 
Teolojía  :  tiene  10  hojas  ,  que  presentan  una 
curiosa  i  apenas  creíble  muestra  de  la  humana 
locura. —  El  cap.  xxi ,  le  componen  los  Artícu- 
los de  la  Inquisizion  de  Béljtca  ,  obra  de  los 
Dres.  de  Lovaina  el  a.  1568  cuando  todavía  es- 
taba sujeto  aquel  pnis  a  España. — leí  cap. 
XXII  ,  i  último  ,  contiene  un  Interrogatorio  , 
usado  el  a.  1559  por  la  Inquisizion  de  Austria. 
Antes ,  en  el  Prólogo  ,  recapitula  Ursino  ,  en 
10  hojas  llenas  de  fuerza  ,  los  males  i  destrozos 
hechos,  en  sus  tiempos  ,  por  la  Inquisizion ,  en 
España  ,  Yenezia ,  Inglaterra  ,  Escozia  »  Bohe- 
mia ,  Francia  ,  Suiza  ,  i  buena  parle  de  Ale- 
mania. I  a  este  Prólogo,  i  antezediendo  al  Pre- 
iazio  de  nuestro  G.  de  Montes  ,  sigue  una  cu- 
riosa carta  del  Obispo  de  Padua  en  el  a.  1558, 
al  Cardenal  Francisco  ,  de  Pisa  ,  en  la  que  tra- 
ta del  modo  de  preservar  a  Italia  del  Luteranis- 
mo.  [Véase  ,  sobre  este  Obispo ,  la  paj.  41 
-  Additions  -  etc.  by  J.  Mendham.]  Veinte 
anos  que  fue  Inquisidor  ,  estuvo  creyendo  el 
Obispo  ,  que  era  bien  ,  entregar  a  los  Lutera- 
nos ,  en  manos  del  verdugo  :  pero  ,  al  escribir 
la  carta  ,  era  ya  de  sentir  ,  que  nada  podía  ha- 
ber ,  de  mas  aborrezible  ,  peligroso ,  i  dañoso 
para  los  Romanistas  ,  que  el  poner  sus  manos 
en  la  sangre  de  Luteranos.  Et  plañe  video ,  dize. 


14 

nihü  potuisse  nobis  cantingere  adiosius  ,  nihü 
periculosius  et  damnosius,  quam  si  in  Luikera' 
norum  sanguine  manus  posuissemus:  I  así\  el 
Obispo ,  aduzíeodo  por  ejemplo  ,  la-  toü&ranzia 
de  la  Iglesia  Romana  ,.con  la  Griega  ;  resuetve^ 
que  debe  el  Papa  tolerar  a  los  Luteranos,  i  es- 
tos al  Papa.  La  carta  tiene  la  fecha  de  Padua  xv 
de  Diziembre ,  a.  1558,  i  la  firma  -  Gerardus 
Busdragus  ,  Episcopus  Argolicenais.  [Era  su- 
fragáneo en  Pádua.J  —  Por  este  resumen  ,  se 
Te  ,  que  el  Libni  de  Ursino  ,  tiene  bien  apro- 
vechadas ,  las  334  pajinas  de  que  consta.  Aho- 
ra .  mi  conjetura  de  haber  conozido  J.  Ursino, 
a  González  de  Montes  ,.i  de  haber  rezibido  de 
él,  i  de  otros  españoles  ,  el  asunto  i  notizias  de 
ésta  su  obra  ,  la  fundo  ,  asi  en  lo  expuesto  , 
como  en  lo  siguiente.  Joaquín  Ursino  fué  hijo 
del  Profesor  Zacarías  Ursino ,  que  murió  en 
Neustad  el  3.  6.**  ra.  del  a.  1583.  Este  Zacarías, 
tuvo  por  diszípulo  ,  entre  otros  ,  al  conozido 
David  Pareo,  Catedrático  en  la  Universidad  de 
Amberga  ,  acabada  de  fundar ,  entonzes ,  por 
el  Elector  Palatino  Fedetico  3.''  —  El  a.  de 
1566  ,  es  dezir  ,  un  año  antes  ,  que  publicase 
nuestro  González  de  Montes  su  libro  ,  envió 
Zacarías  Ursino  a  su  hijo  mayor  (que  ,  yo  creo; 
era  Joaquín  Ursino],  a  Pareo  ,  i  a  otros  de  sus 
diszipulos ,  a  Heidelberga.  Alli  estaba  impri- 
miéndose ,  a  la  sazón  ,  el  libro  de  nuestro  Au- 
tor :  el  libro  ,  que  44  años  después  reimprimió 
Ursino  ,  con  adiziones  extractadas  de  algunas 
cartas  españolas  ,  como  asegura :  ¿  no  será  , 
pues  ,  naturalisimo  suponer  ,  que  Ursino  fué 
amigo  personal  de  González  de  Montes  ?  Cómo 


15 
Daniel  Gerdes,  presente  cual  dudosa,  la  perso- 
nalidad de  J.  Ursino  ,  i  mas  ,  conozicndo  sus 
escritos ;  es  cuestión  de  curiosidad  biblíográfí- 
ca ,  no  indigna  de  algún  examen ,  pero  que 
aqui  no  tiene  lugar. 

5/ 

Macanaz,  Carranza  ,  Puiblanch. 

Prol.  paj.  xuii. 

He  nombrado  ,  en  el  Prólogo  ,  personas  de 
diversas  opiniones  ,  pero  todas  de  reconozido 
romanismo  :  con  el  fin  de  indicar  ,  que  bastan 
los  escritos  de  cualquiera  de  ellas  ,  para  con- 
venzer  a  los  mismos  Inquisidores  ,  si  no  care- 
zen  de  buena  fé^  cuan  imposible  es  que  la  In- 
quisizion  ,  llegue  nunca  a  establezerse  de  un 
modo  cristiano.  La  Inquisizion :  o  sease  nn  Tri- 
bunal ,  o  unas  personas  ,  constituidas  en  cuer- 
po juzgador  ,  i  castigador  ,  en  materias  relijio- 
sas,  cualquiera  que  sea  su  fuerza  i  prozederes; 
esencialmente  es  cosa  anticristiana.  Búsquese 
la  prueba  de  esto,  no  en  filósofos,  ni  en  protes- 
tantes ,  sino  en  los  romano-católicos  ,  en  los 
denfensores  azérrimos  de  la  Inquisizion  ,  en 
escritores  como  D.  Melchor  de  Macanaz  :  i  en 
ellos  se  encontrarán  palabras  como  las  siguien- 
tes, i  dirijidas  a  un  Rei  tan  inquisitorio  ,  cual 
fué  nuestro  Felipe  V.  «Reconozidos  estos  pa- 
«peles,  se  halla  ser  muí  antigua,  i  mui  univer- 
«sal  en  todos  los  dominios  de  Y.  M.  adonde 
«hai  tribunales  del  Santo  Ofizio  ,  la  torbazion 


16 

«de  las  jurisdíczíoncs  ,  por  la  inzesanle  apliea** 
«zion  con  que  los  Inquisidores  han  porfiado 
«siempre  en  dilatar  la  suya  ,  €on  tan  desarre- 
Mglado  desorden  dei  uso  ,  en  los  casos  i  en  las 
«personas,  que  apenas  han  dejado  ejerzízio  a  la 
«jurisdíczion  Real  Ordinaria,  ni  autoridad  a  los 
«que  la  administran.  No  Uai  es|>ezie  de  negozio, 
«por  mas  ajeno  que  sea  de  su  instituto  i  facul- 
«tades,  en  que,  con  cualquier  flaco  motivo,  no 
«se  abroguen  el  conozimiento.  No  hai  vasallo  > 
«por  mas  independiente  de  su  potestad  ,  que 
«no  le  traten  como  a  subdito  inmediato,  subor- 
«dinándole  a  sus  mandatos  ,  censuras  ,  multas^ 
«cárzeles,  i  lo  que  es  mas  ,  a  ia  nota  de  estas 
«ejecuziones.  No  hai  ofensa ,  ni  leve  descome- 
«dimiento  contra  sus  domésticos  >  que  no  la 
«tengan  i  castiguen ,  como  crimen  de  Relijion  , 
«sin  distinguir  los  términos  ni  los  rigores.  No 
«solamente  extienden  sus  privilejios  a  sus  de- 
«pendientes  i  familiares,  pero  los  defienden  con 
«i^ual  vigor  en  sus  esclavos  negros  e  infieles. 
«No  les  basta  eximir  las  personas,  i  las  hazien- 
«das  de  los  ofiziales  ,  de  todas  cargas  i  contri- 
«buziunes  públicas  ,  por  mas  privilegiadas  que 
«sean ;  pero  aun  las  casas  de  sus  habitaziones  , 
«quieren  que  gozen  la  inmunidad  de  no  poder- 
use  extraer  de  ellas  ningunos  reos  ,  ni  ser  allí 
«buscados  por  las  Justizias:  i  cuando  lo  ejecu* 
«tan,  experimentan  las  mismas  demostrazíones 
«que  si  hubieran  violado  un  templo.  En  la  for- 
«ma  de  sus  prozedi mientes  ,  i  en  el  estilo  de 
«sus  despachos,  usan  i  afectan  modos  ,  con  que 
«deprimir  la  estimazion  de  los  Juezes  Reales 
«Ordinarios  ,  i  aun  la  autoridad  de  los  Majis- 


17 
«tFaSos  superiores  :  i  esto,  no  solo  en  las  ma- 
«terias  judiziales  i  contenziosos  ,  pero  en  los 
«puntos  de  gobernazion  política  i  económica  , 
«ostentan  esta  indepenzia  ,  i  desconozen  la  so- 
«berania. 

«Los  efectos  de  este  pernizioso  desorden  ^ 
«han  llegado  a  tan  peligrosos  i  tales  inconve- 
«nientes  que  ya  muchas  vezes  exzitaron  la  pro- 
«vídenzíá  de  los  Señores  Reyes  ,  i  la  obligazion 
«de  sus  primeros  Tribunales,  a  tratar  cuidado- 
«sámente  el  remedio.» — Con  esas,  i  aun  mas 
fuertes  razones  ,  yiene  a  probar  ,  a  cada  paso^ 
D.  M.  Macanaz,  en  su  consulta  fiscal,  a  Felipe 
T  ,  lo  anticristiano  ,  i  lo  antipolítico  del  Tribu- 
nal de  la  Inquisizion.  Hasta  de  robar  ,  o  hazer 
•desaparezer  Papeles  de  los  Archivos  ,  acusa  el 
Fiscal  Macanaz  a  la  Inquisizion  ,  allí  donde  al 
prinzipio :  «porque  con  artifízioso  cuidado  se 
«hah  sacado  de  los  Archivos  ,  sin  que  se  haya 
«podido  descubrir  su  paradero,  ni  mas  notizia, 
«de  que  los  Nunzios  de  una  parte ,  i  los  Minis- 
«tros  de  Inquisizion  ,  de  otra  ,  mas  advertidos 
«que  nosotros  mismos  ,  que  debemos  guardar 
«tan  prezioso  tesoro  ,  nos  le  han  llevado  :  etc.» 
Si  esta  consulta  de  Macanaz  no  se  ha  impreso  , 
seria  bien  ,  que  ,  integra  ,  se  imprimiese.  Las 

£reinsertas  zitas,  se  sacaron  de  un  grueso  vo- 
imen  m.  s.  en  4."*  mayor,  de  mas  de  700  paji- 
nas de  letra  metida.  El  otro  nombrado  en  el 
Prólogo  ,  junto  con  el  anterior  ,  es  el  Arzbpo. 
Fr.  Bartolomé  Carranza.  Este  teólogo  católico- 
apostólico-romano  ,  fué  el  a.  1554  con  D.  Feli- 
pe II  a  Inglaterra.  Llevóle  aquel  Prínzipe, 
para  restablezer  allí  el  romanismo.  Carranza 


M  porló  en  liiglulerra  mai  a  gusto  ú«  D.  Feli* 
pe:  refomió  aquellas  UnÍTersidades:  preadió  i 

Juemó  lierrjes:  desenterró  i  quemó  lus  huesos 
e  lus  faerejes  que  habían  muerto  antes  de  que 
D.  Fehpe  i  Cari'ani.i  fuesen  a  Inglaterra  :  ei- 
|iurgi'i  1  quemó  libros,  i  señaladamente  fiihlias: 
I  en  lln,  se  cnndujeroi)  de  modo  ,  que  mas  de 
treinta  mil  personas  ,  se  desterraron  en  txa 
época  dü  Inglaterra  ,  por  causa  de  Relijion. 
Tres  anos  tuvo  Carranza  en  Inglaterra  esta  co- 
misión ,  con  tan  evanjélica  mansedumbre  de- 
sempeñada. Dü  Inglaterra  ,  pasó  Garrama  a 
Flandes  con  el  mismo  relijios»  encarpí ,  de 
iwrseguir,  i  no  dejar  a  vida  hereje  ninguno :  i 
cumplió  en  Flandes  como  en  Inglaterra  :  p^- 
siguió  de  muerte,  i  hasta  cor  espionajes  i  ba- 
jczas,  a  los  herejes,  i  a  los  que  no  loeran.  Que- 
máronse alli ,  jentes  i  libros  ,  como  acullá  se 
habían  quemado.  El  fruto  que  produjo  para 
el  Reverendísimo  Carranza  ,  tanta  jente  asada 
viva,  fué  hazerle  Arzobispo  de  Toledo  el  a.  de 
1558,  i  señor  temporal  de  su  diócesi,  como  di- 
zen  BUS  biógrafos. — Pero  ya  el  a.  1559,  eslc 
Carranza  ,  este  ijuemador  <le  herejes,  este  com- 
plaziente  teólogo  ile  D.  Felipe  II,  se  vio  preso, 
I  acusado  él  mismo  de  hereje,  i  condenados  sus 
libros,  i  preso  por  hereje ,  sin  halier  sido  otra 
cosa,  que  perseguidor  i  quemador  de  herejes , 
murió  perseguido  por  tal.  Éntrelas  16  propo- 
siziones  que  abjuro,  una  es'  <Que  el  uso  de  las 
santas  imájenes,  i  la  venerazion  de  las  reliquias 
de  los  Santos,  son  leyes  meramente  humanas. >! 
EspaOa,  ciertamente,  no  puedever  dias  alegres 
con  tales  Arzobispos  ,  que  lienen  por  laudabk. 


19 
rezar  el  Padre  nuestro  ,  a  los  Santos:  i  cuando 
ésta  es  la  sal  de  la  tierra  ,  ¿  con  qué  será  ella 
salada  ?  El  Prozeso  formado  a  Carranza  ,  i  lo 
que  hizo  con  él  ,  impunemente ,  el  Inquisidor 
Diego  Gonzales:  son  cosas ,  que  bastan  ellas  so- 
las ,  para  demostrar ,  que  el  mayor  atentado 
contra  la  gloria  de  su  Criador,  que  los  hombres 
pueden  cometer  ;  es  el  meterse  ellos  a  lej[íslar 
sobre  conzienzias,  i  a  crear  tribunales  relgiosos 
que  prescr  ibandogmas  ,  i  formen  códigos  pe- 
nales para  defender  esos  dogmas.  I  es  ,  en  ver- 
dad, un  absurdo,  al  paso  que  un  atreviniiento> 
el  erijirse  un  hombre,  cualquiera  que  él  sea,  o 
eríjir  a  otro  ,  por  juez  soberano  «  en  las  creen- 
zias  o  no  creenzias  ,  en  la  relijíon  o  irreÚjioa 
de  otro  hombre.  El  ^ue  no  es  enteramente  li- 
bre en  materias  relijiosas  ,  no  puede  tener  re- 
lijion  propia  suya  :  i  el  que  no  es  voluntaria  i 
Iwremettie  relijioso,  no  puede  llegar  a  ser  cris- 
tiano. Tendrá  si  se  quiere,  el  nombre,  no  las 
cualidades  de  cristiano .  Otro  de  los  escritores 
nuestros  sobre  la  Inquisizion  ,  es  D.  Antonio 
Puigblanch,  pero  al  menzionarlo  en  el  Prólogo, 
no  se  alude  solo  ,  a  su  obra  imp.  en  Cádiz  en 
el  a.  1811,  con  el  titulo  de  «La  Inquisición  ún 
Máscara» ;  sino  a  la  traduczion  inglesa  ,  hecha 
por  6.  Walton ,  del  ms.  o  ejemplar  añadido 
por  el  mismo  Autor  el  a.  1814  ,  i  publicada  el 
a.  1816  en  2  vol.  en  4.**  español ,  que  ambos 
tienen  mas  de  900  paj.  de  impresión,  i  ademas 
están  realzados  con  xi  estampas  grabadas  por 
M.  N.  Bate,  i  notables  por  la  propiedad  i  ver- 
dad aparente  de  lo  que  representan.  La  1  .*  de 
ellas  ,  representa  una  copia  exacta  en  forma  i 


20 

tamaño  del  sello  ¡  escudo  de  la  Inquísízion,  to- 
mado del  Edicto  oriiínal ,  sobre  libros  ,  publi- 
cado por  el  tribunal  de  Sevilla  ,  el  21  de  Sep- 
tiembre del  año  1806.  En  él,  según  Puigblanco, 
se  lee:  e^urge  Domine,  e¿  judica  causam  tuam:» 
es  dezir;  tres  yerros  en  cinco  palabras.  La  obra 
de  Puigblanch  ,  como  las  de  Llórente,  i  Maca- 
Daz  ,  merezen  leerse  con  atenzion.  I  aquí  debe 
notarse ,  que  el  secreto  de  la  Inquisizion ,  es 
por  si  de  tan  dañosa  condizion  ,  que  ha  perju- 
dicado, hasta  al  crédito  de  la  misma  Inquisizion 
inventándose,  por  causa  del  mismo  secreto,  pa- 
trañas i  absurdos  innumerables  contra  ella.  Ta 
reprobó,  i  probó  D.  J.  A.  Uorente,  cuánto  ba- 
bia  de  falso  en  el  librito  «Cornelia  Bororquia»; 
pero,  no  obstante  eso  ,  como  el  ominoso  i  cul- 
pable secreto  inquisitorio,  ennegreze  todos  los 
Erozederes  de  aquel  anticristiano  e  inicuo  tri- 
unal ;  en  abono  suyo  la  verosimilitud  i  reali- 
dad de  los  hechos  ,  parezen  ser  mentira  :  i  las 
mentiras  mas  absurdas,  en  su  contra  ,  se  cons- 
tituyen sin  esfuerzo  ,  en  verdad  palmaria.  En 
la  capital  de  la  católica  Irlanda  p.  e.  se  publicó 
el  a.  pasado  de  1850  ,  una  Historia  titulada  : 
«The  Inquisition»  etc.  que  se  contiene  en  251 
paj.  de  un  vol.  Svo  español.  En  las  pajinas  209- 
jtiA  contiene  una  relazion  de  cómo  demolió  el 
Mariscal  Soult  el  Palazio  de  la  Inquisizion  de 
Madrid,  el  a.  de  1809,  cuando  era  Gobernador 
de  Madrid.  La  relazion,  se  dize  ,  escrita  por  el 
ofízial  comandante,  que  demolió  el  dicho  Pala- 
zio ,  situado  a  cinco  millas  de  distanzia  de  Ma- 
drid, lujosamente  amueblado  ,  lleno  de  sober- 
bias pinturas  ,  provisto  con  una  rica  librería  , 


ai 

etc.  ele.  poruue  aquí  se  eosarU  un  cuento. 
que  ni  los  de  Esplandian.  Como  el  Moguínarío 
i  codizioso  Harisca! ,  no  fué  nunca  Gobernador 
en  Madrid;  i  como  nunca  existió  a  cinco  millas 
de  Madrid,  ningún  castillo  feudal,  pertenezien- 
te  a  los  Inquisidores  ;  claro  es,  que  la  demoU- 
sion  del  Palazio,  pudo  mui  bien  hazerse  sin  los 
tres  Rejimientos  de  que  fué  acompañado,  para 
la  hazafia,  el  prudente  i  bravo  Capitán. — Como 
ese  cuento,  se  inventao  mil ,  cada  vez  que  a  la 
luquisizion  se  la  quiere  acusar  ,  o  de  tenor 
opuesto  si  se  la  quiere  defender.  I,la  Inquiai- 
Eion  con  su  anticristiana  eiistenzia,  fundada  en 
su  inicuo  tecreto ;  es  la  untes  culpa  original, 
en  este  ultraje  a  la  verdad:  i  asi  la  Inquisizion. 
contra  lo  que  el  nombre  suyo  promete  ,  baze 
imposiblequc  pueda  inquirirse,  o  eatablezeree, 
a  lo  menos,  con  solidez  la  verdad,  aun  en  cosas 
de  hecho  :  pues  como  todo  lo  encubrió  con  el 
secreto,  i  como  persiguió  la  verdad  i  claridad  , 
de  mil  maneras,  turbó  de  modo  las  cosas ;  que 
en  bistorías  de  luquisizion,  es  imposible  quitar 
de  cuajo  la  unión  monstrosa  de  la  verdad  con 
las  mentiras.  Por  lo  demás  ,  a  vuelta  de  esa 
notizia  falsa  ,  o  mas  bien  ,  para  rectificarla ; 
pongo  aqui  ,  en  seguida  ,  relazion  mucho  mas 
fidMigna,  de  un  sujeto  que  acudió  a  ver  la  Ca- 
sa de  la  InquJBizion  de  Madrid  ,  en  Marzo  del 
a.  de  1820  ,  al  estinguirse  la  existencia  legal, 
de  lan  diabólico  Sanedrim.  Aunque  el  autor  de 
esa  relazion  ,  no  me  pareze  que  es  amigo  del 
Santo  Ofizio  ;  me  consta  ,  que  no  es  amigo  de 
inventar  historias  lastimosas,  ni  admirables.  No 
«irvió  con  el  Mariscal  Soult  en  1809  ,  ni  tam- 


32 

poco  bailó  en  el  Real  Palazio  el  a.  de  1814  cun  i 

el  Lord  Wellington  ,  al  restablezerae  la  Inqai-  1 

BÍtion :  ni  pidió  su  restablezimiento  como  el  I 

Duque  de  B !    Héaquí  sus  palabras.  ' 

«Con  el  cambio  de  Gobierno  verilicado  el  7  j 

de  Marzo  de  1820  ,  vino  a  tierra  el  Tribunal  | 

de  la  luquisixioB,  i  el  pueblo  de  Madrid  .  mas  I 

por  curiosidad  ,  que  j)or  un  odio  razonado  a 
iDstituzion  tan  sangumaria.  acudió  eu  tropel  a 
Ter  i  rejistrar  el  cdifizio.  Se  bailaba  éste  ,  en 
la  calle  coDozida  con  tan  odioso  nombre  ,  a  la 
entrada  derecha  por  la  plazuela  de  Santo  Do- 
mingo, con  comuDÍcazion  por  la  espalda  con  el 
convento  del  Rosario  ,  de  l'railes  dominicos  en 
la  calle  ancha  de  S.  Bernardo.  Con  él  comu- 
nicábase por  los  subterráneos  como  aparezió 
por  las  bóvedas  que  recorrimos. 

Ya  fuese  porque  la  tea  infernal  inquisitoria 
no  ardió  del  14  al  20  como  en  las  épocas  ante- 
riores a  la  invasión  francesa  ,  o  porque  durante 
«sta  se  destruyeran  los  instrumentos  horribles 
del  ntartirio,  el  hecho  es,  que  no  hallamog  sino 
reatos  que  demostraban  el  uso  de  ellos. 

Por  consejo  de  D.  Rodrigo  de  Aranda  ,  Al-  | 

calde  2.°  en  aquella  época  ,  i  comisionado  para 
recojer  los  efectos  ,  libros  i  papeles  existentes 
en  el  edíBzio  ,  fuimos  provistos  de  hachas  de 
viento  ,  para  poder  penetrar  en  aquellos  tene- 
brosos subterráneos.  El  edifizio  ,  en  su  parte 
exterior  ,  nada  presentaba  de  particular  ni  de 
imponente.  El  portal  era  grande  ,  i  un  poco  a 
la  derecha  se  hallaba  la  puerta  de  entrada  , 
grande  i  fuerte,  i  a  la  cual  se  llegaba  subiendo 
cuatro  o  seis  escalones. 


Luego  que  se  entraba,  i  atravesaba  ua  paBillo 
anctio,  obscuro  i  corto,  se  bajaban  mas  escalo- 
nes que  los  que  a  la  entrada  se  subieroa  ,  i  se 
desembocaba  en  un  patio  anchuroso  i  sin  ga- 
lerías. A  la  planta  alta,  o  pnmer  piso,  se  subia 
por  varias  escaleras,  yaanchas  ,  ya  estrechas, 
que  comunicándose  entre  si  estudiadamente  , 
daban  entrada  a  las  salas  del  Tribunal  unas ,  i 
a  las  prisiones  otras.  Estas  por  lo  jeneral  eran 
capazes,  altas  de  techo  ,  con  ventanas  de  mas 
de  dos  pies  en  cuadro  ,  situadas  a  la  may'or  al- 
tura. Cada  prisión  tenía  una  puerta  exterior 
muí  sólida  i  con  herraje  Tuerte.  Abierta  que 
era  ,  se  hallaba  ud  tambor  cuadrado  de  sólida 
mamposteria,  como  de  cuatro  )Mes,  formado 
dentro  de  la  misma  prisión.  A  la  derecha ,  i  en 
b  misma  pared  una  rejita  de  gruesos  hierros, 
como  de  una  cuarta  en  cuadro  ,  i  en  frente  de 
la  primera  puerta  de  entrada,  otra  muí  sólida, 
con  una  rejilla  igual  a  la  anterior.  De  este  mo- 
do, el  carzelero  con  solo  abrir  la  primera ,  re- 
conozia  todo  el  enzierro.  Tales  eran  los  cono* 
zidos  con  los  nombres  del  fraile,  la  beata  Cla- 
ra, Van-Halen ,  etc. 

Vueltos  a  la  planta  baja  ,  ¡  tratando  de  bajar 
a  los  subterráneos ,  la  Sra.  Msa.  de  B.  reusó 
hazerlo  por  horror  ,  i  enzendidas  las  hachas  - 
por  su  lacayo,  descendimos  por  mas  de  50  es- 
calones ,  i  nos  hallamos  en  una  pieza  como  de 
20  pies  en  cuadro  ,  vazía  absolutamente  i  con 
luz  escasa,  que  resibia  del  patio  poruña  tnm- 
hrera.  Et  piso  era  duro,  ¡  nos  llamó  la  atenzion 

?[ue  el  que  se  hallaba  en  el  medio  del  lienzo 
rente  al  tragaluz,  era  movedizo.  Habiendo  ar- 


V 


24 

rimado  las  hacbas  a  aqtiella  denegrida  pared^ 
Timos  en  ella  a  la  altura  de  unos  siete  píes , 
dos  tarugos  grOesos  de  madera  ,  embebidos  en 
la  misma  ,  i  colocados  en  línea  recta.  En  uno 
de  estos  existía  aun  una  argolla  de  hierro  oxí^ 
dada,  i  del  grueso  de  una  pulgada.  Se  infiere 
fuese  un  tormento  ,  colgando  a  la  victima  por 
las  muñecas  de  las  dos  argollas ,  i  removiendo 
el  terreno  nara  que  nunca  pudiera  hazer  pie , 
si  era  de  alta  estatura. 

Después  de  reconozer  otras  piezas  que  nada 
contenían,  descubrimos  una  en  la  que  pene^ 
tramos  por  una  rotura  liccha  en  la  gruesa 
mamposteria  de  uno  de  sus  lienzos.  Era  esta 
pieza  un  cuadrilongo  muí  desahogado,  i  su  piso 
aunque  compacto  muí  húmedo,  en  términos  de 
que  metimos  sin  gran  empuje  ,  un  bastón  hasta 
el  pufto,  i  le  sacamos  todo  blanco  como  si  fuera 
de  cal.  Al  frente  de  nuestra  entrada  vimos  un 
altar,  todo  el  recuadro  y  meseta  de  marmol 
amarillo  ,  i  en  ésta,  muchas  gotas  de  cera.  No 
se  descubría  efijie  ni  pintura  alguna  ,  ni  tam- 
poco que  rezibiese  esta  pieza  luz  por  lado  al- 
guno, ni  donde  estubiese  su  verdadera  entrada. 
Advertimos  al  retirarnos  ,  una  puerta  ventana 
grande,  cuadrada  ,  a  cinco  pies  del  suelo  ,  i  si- 
tuada en  un  ángulo.  Se  abrió  sin  resistenzia 
i  hallamos  un  hueco  también  cuadrado  ,  que 
daba  bajada  a  un  pozo.  Para  conozer  si  lo  era, 
\  se  tiró  un  cascote  ,  i  no  dio  el  sonido  de  agua  , 

sino  el  de  un  golpe  en  madera,  i  en  seguida  un 
chirrido  prolongado  como  el  de  una  trampa 
que  se  abre  con  dificultad.  Al  salir  de  este  es- 
pantoso sitio,  el  lacayo  porta-hacha  ,  cojio  del 


25 

suelo  una  varilla  de  metal  de  las  dos  que  cier- 
ran el  abanico.  Era  de  metal  ya  podrido  ,  que 
se  deshizo  al  estregarle  con  los  dedos.  ¡  Cosa 
notable  en  un  sitio  que  iH)  tenia  comunicazion 
ni  con  el  patio  ni  con  la  calle ! 

Habiendo  salido  deaquellahorríble  mansión, 
tomamos  una  escalera,  que  con  el  descenso  de 
mas  dé  20  escalones  ,  concluía  en  un  callejón 
de  una  vara  de  ancho,  i  como  40  pies  de  largo, 
i  acababa  en  otro  con  el  que  formaba  una  cruz 
sin  cabeza.  A  la  izquierda  de  este  cruzero  des- 
cubrimos una  bajada  o  ca&on  grande  cuadra- 
do,  i  en  él  unos  ganchos  grandes  de  hierro  , 
que  yenian  desde  arriba  en  cada  costado ,  al- 
ternándose ,  o  como  dizen  los  plantadores  pues- 
tos al  tresvolillo.  Eran  gruesos  i  las  puntas  mui 
agudas.  La  humedad  i  frialdad  que  en  este  sub- 
terráneo reinaba  nos  ofendía  con  eszeso  ,  i  te- 
miendo se  apagase  el  hacha  nos  apresuramos  a 
salir  por  donde  habíamos  entrado,  observando 
que  en  el  callejón  había  a  uno  i  otro  lado  ,  en- 
cierros o  sibiles  mui  estrechos,  en  los  que  solo 
existían  los  marcos  de  las  puertas.  Esta  sima 
espantosa  se  hallaba  ,  según  los  peldaños  que 
bajamos,  sobre  50  pies  debajo  del  patio  prin- 
zipal.  Lo  dicho  es  lo  que  recuerda  la  memoria 
después  de  mas  de  treinta  años.» 

A  esta  relazion,  que  íntegra  trascribo,  siento 
yo  no  añadir  el  nombre  de  su  Autor  ,  que  vive 
aun  ,  i  azierta  en  realzar  lo  que  sabe ,  por  la 
modestia  con  que  lo  calla. 


I 


1 


0. 

Paj.  164.  lin.  4  —  13 

Con  cuanta  verdad  escribió  ahi  eso  Honte^^ 
haze  tres  siglos  ,  lo  prueba  el  traslado ,  que 
aquí  hago  del  Periódico  Ministerial  =Ia  Epo- 
ea3=;  el  cual  en  su  n/  643  ,  del  3  Abril  de 
1851  dize  esto.  «Enterada  la  reina  [sic.J  ,  de 
cuna  esposicion  que  el  R.  Obispo  de  Lérida 
«[Dr.  D.  Pedro  Cirilo  Uriz  i  Labairu]  ha  eleva- 
«do  con  fecha  27  del  pasado  febrero,  relativa  a 
«que  se  prohiba  la  introduczion,  circulazion,  i 
«venta  de  un  papel  o  revista  qjue  se  imprime  en 
«Londres  ,  en  idioma  castellano  ,  con  el  titul» 
«del  Catolicismo  neto  ü  otro  semejante  ;  como 
«también  todo  libro,  caricatura,  estampa  o  pin- 
«tura  en  que  se  exzite  1  provoque  a  la  irrelijion, 
«a  la  impureza,  al  libertinaje  i  otros  crímenes; 

«S.  M.  se  ha  servido  mandar que  a  toda 

«trance  eviten  la  introduczion  fraudulenta  ,. 
«aue  pareze  se  está  haziendo  de  los  menziona- 
«dos  artículos,»  etc.  Quien  lea  eso  ,  puede 
creer  que  en  el  dicho  libro,  o  Revista,  del  Cor- 
Udieismo  Neto,  bai  artículo ,  o  caricatura ,  que 
exzite  a  la  irrelijion,  a  la  impureza,  o  al  liber- 
tinaje: mas  eso  está  expresado  asi ,  con  fin  se- 
mejante, a  el  referído  por  Montes  en  la  citada 
paj.  164,  lin.  4 — 13.— Pero  al  CaU^ieismo  Ne- 
to,  le  podría  suzeder,  lo  que  de  la  poUta  .  se  le- 
^óe  dezir  al  Sr.  Arteta  en  el  mismo  N.*  de  Im 
Época.=nYo  suprimí  la  polka,  siendo  Jefe-Po- 
lítico de  Ranelona:  desde  entornes  ,  la  polka 
se  baila  mas  que  nunca.» 


% 


27 

7. 

Paj.  169  i  170. 

Lo  que  se  dize  en  ambas  paj.  lo  confirman 
ranchos  volúmenes.  Algunas  yezes  ,  las  perso- 
nas mas  graves,  tenian  tal  miedo  en  comunicar 
notizias  particulares  ,  aun  en  cartas  privadas  , 
a  íntimos  amigos  ,  qne  lo  que  escribian  ,  era 
revuelto  con  latines,  para  enrevesarlo  de  modo, 
a  ófrezerles  evasivas.  Sirva  de  ej.  la  carta  que 
el  aüo  de  1554,  escribia  a  D.  Antonio  Agustín, 
el  canónigo  Juan  de  Arce  ,  donde  le  cuenta  la 
prisión  del  Dr.  Ejidio  ,  de  este  modo  :  «Antes 
qué  acabe  pariem  negotiorum  le  diré  otra  cosa, 
o  causa ,  qnce  nune  subjudice  apud  nostros  est, 
Juan  Gil,  Maestro  de  Artes,  i  Doctor  de  Alcalá, 
prcBceptor  ut  a  íe,  si  bene  memini^  aceepi  >  dim 
tuus  ,  después  Canónigo  de  Sevilla  ,  novtmmé 
electo  de  Tortosa  ,  con  gran  favor  i  grazia  Ce- 
sárea, nesíÁo  quá  de  eausá  ante  cansecrationem 
ab  Hispalensibus  ínquisiiorihus,  mas  ha  de  un 
año  detinetur  in  careere.  Al  presente  Gasea  , 
insulanus  inquisitor  ,  ha  querido  concluir  su 
causa  en  Yalladolid,  por  el  Consejo  de  lalnquí- 
sizion  ,  de  quorum  numero  ipse  est ,  i  llamado 
harto  número  de  Teólogos,  Mónachos ,  et  CU- 
ricoSf  para  juzgar  su  causa  :  en  el  estado  que 
está  no  lo  sé  ,  ni  tampoco  qué  le  acusan  i  opo- 
nen ,  i  qué  escusa  él  trae  ,  i  qué  le  achacan 
aquellos  Señores  llamados.  El  negozio  se  trata, 
i  ti  Ubi  placuerit  escitum  noscere ,  le  avisaré 
cuantío  acontesziere  :  si  non  placel ,  dejarélo  : 


38 

Holo  escribo  eslo  porque  fuit  olim  praceptor- 
t»u$.* — Porqué  le  llama  a  Gasea  ,  iiuuUmus  , 
no  lo  8é.  Por  cierlo,  que  en  esta  misma  caria, 
acusa  Juan  de  Arce  a)  Arzbpo.  B.  CarraaU'. 
de  haberse  aprovechado  en  su  'Summa  Conñ- 
iiortin»,  de  sus  trabajos  literarios  ,  sin  dezirlo: 
■rogóme  anxié  ,  (dize) ,  le  diese  aquellos  cinco 
Concilios  ,  como  los  tenia  así  Taltos  ,  i  asi  los 
puso,  íupresto  meo  nomine  a  quo  eos  acceperat; 
aunque  el  postrero  no  puso  ad  longum  ,  sino 
nn  e|iitomei:  etc.  1  la  dicba  Suma  de  ConcÜioi 
le  dedicó  Carranza,  al  famoso  D.  Diego  Hurta- 
do de  Mendoza  :  el  cual  le  dio  las  grazias  por 
ello,  i  le  apellidó  varón  prudentísimo  ,  grande 
»rador  i  filósofo,  i  eximto  Uólogo:  i  luego,  ese 
mismo  Mendoza,  fué  su  acusador  ante  la  Inqui- 
BÍzion.  1  fomentar  estos  rasgos  de  moralidad  , 
era  uno  de  los  males  que  traía  consigo  ,  el  se- 
creto prozeder  del  Santo  OGzío,  tan  ocasionada 
proporzion  ,  para  satisfazer  a  salvo  una  ven- 
Kanza.  En  cuanto  a  las  ReLAzionEs,  que  man- 
daba  publicar  la  Inquisizion,  i  menzionadas  ahí- 
por  Montes  paj.  170  ,  poco  debo  dezir  ,  pues 
son  bien  couozidas  entre  nosotros.  Debia  for- 
marse UD  cuerpo  de  todas  ellas ,  e  imprimirse 
cronolójica mente.  En  la  librería  Bodleiana  de 
Oxford  ,  existen  ejemplares  de  las  siguieutes 
Belaziones. 

Relaz.  del  Auto  de  Córdoba.  En  fol.  .  1625. 
Id.  del  celebrado  en  Madrid  [tengo /un  ejemp.] 

en  4.° 1652. 

Del  de  Granada,  en  5  de  Havo  de  "  -1.°  1672. 
DeldeGcanada  en21deDiziembre.  4.°  1720. 
Del  de  Granada  en  50  de  Noviembre.  4.*  1721. 


29 

Del  de  Madrid,  en  8  de  Mayo.    4/    .    1721. 
Del  de  Cuenca  en  23  de  Noyiembre.  4/  [imp. 

Madrid] 1721. 

Del  de  Seyilla,  en  24  de  Diziembre.  4.**  [ímp. 

Madrid] 1721. 

Del  de  Madrid,  22  de  Febrero.  4."      .     1 722. 
Del  de  Sevilla  ,  en  24  de  Febrero.  4.**  [imp. 

Madrid] 1722. 

Del  de  Vailadolid  ,  en  8  de  Mayo.  4.**  [imp. 

Madrid] 1722. 

Del  de  Toledo,  5  de  Marzo.  4."  [Madrid]  1722. 
Del  de  Córdoba ,  en  12  de  Abril.  4.**    [Ma- 
drid]        1722. 

Del  de  Lisboa,  en 26  de  Setiembre.    4.**    [Ma- 
drid]         1745. 

Del  de  Madrid,  en  8  de  Febrero.  4.*^  1756. 
Por  solo  esas  14  Relaziones,  onze  de  las  cua- 
les están  imp.  en  Madrid,  i  tres  en  Granada  ; 
se  vé,  que  llegaron  a  cddbrarse ,  en  un  año,  el 
de  1722,  zinco  Autos  de  Fé.  I  en  el  anterior , 
hubo  cuatro,  de  esas  relaziones  :  i  afio  habria 
en  que  se  zelebrasen,  lo  menos  ,  21  Autos  de 
Fé  I  pues  tantos  eran  los  tribunales  en  España. 
Hai  también  ,  Relaziones  impresas  de  otros 
muchos  Autos  ,  sino  de  casi  todos.  Montes  en 
la  paj.  225  íyéase],  allí  donde  acota  la  voz  per- 
tinaz, se  renere  a  la  Relazion  imp.  del  Auto  de 
Sevilla  ,  del  24  de  Septiembre  del  a.  1559.  J. 
Mendham  ,  citado  ya  en  el  Prólogo  ,  posee  un 
ejemplar  de  R.  del  Auto  de  Sevilla  del  a.  1698, 
en  4.**  i  otro  del  de  Lisboa ,  del  a.  1720  [en  4." 
En  el  Museo  Rritánico  hai ,  lo  menos ,  otras  tres 
Relaziones ,  de  los  Autos  de  Méjico  a.  1649  — 
1648  Méjico.  —  i  el  de  Lisboa  del  a.  1666.  To- 


so 

das  3  en  3  vol.  4." — Todos  conozen  la  Relazioip 
del  Auto ,  que  hubo  en  Madrid  en  1680  I  vol. 
en  4/  por  haberse  reimpreso ,  también  en  4/  , 
el  a.  1820.  Asi  hai  otras :  i  repito  que  seria  con- 
veniente reimprimirlas  todas,  por  orden  Gro- 
ndójico.  Tarea  ,  qpiza  mas  digna  de  la  Acadé- 
ftUa  de  la  Historia,  que  otras  de  que  se  ocupa. 

8. 

Lo  que  se  refiere  en  la  paú  182  era  cosa  fre- 
cuente. Véase  en  prueba  el  Prozeso  de  Fr.  Luis 
de  Leen ,  ya  menzionado.  A  Fr.  Luis  de  León 
le  tuvieron  en  la  carzel  seis  años ,  sin  saberse 
porqué  ,  ni  por  auien :  pues  entre  los  Inquisi- 
dores de  Yailadolid  i  Madrid  ,  armaron  tal  car- 
teo consultivo ,  sobre  su  presa  ,  que  su  lectura 
causa  grima  i  fastidio.  La  impresión  délos  Pro- 
zesos  existentes  ,  formados  pop  la  Inquisizion, 
es  aun  de  mayor  importanzia ;  por  estar  ellos 
ms.  i  de  este  modo  ,  mas  ocasionados  a  perder- 
se. Bien  que ,  esto  suzede  también  con  muchas 
relaziones.  Por  esto  ,  i  porque  en  el  cuerpo  de 
su  obra ,  menziona  mucnas  vezes  nuestro  Autor 
los  días  de  triunfo  ,  o  dias  triunfales  de  la  In- 
quisizion  ,  o  sean ,  los  Adtos  de  Fé  :  dando .  a 
su  propósito,  adecuada  notizia  ,  azerca  de  los 
de  Sevilla ;  para  mayor  ilustrazion,  es  bien  po- 
ner aqui  ,  a  la  letra  ,  una  Relazion  del  Auto  de 
Fé  de  Yailadolid  a.  1559  que  no  creo  se  haya 
impreso  antes.  La  saco  ,  de  un  ms.  en  dos  vol. 
gruesos  en  4.°  que  tengo  a  la  vista  ,  con  bas- 
tantes dibujos  curiosos  ,  i  cuyo  título  es  «Histo- 
ria de  la  mui  noble  i  mui  leal  ciudad  de  Valla- 


I 


31 
^olíd ,  recojída  de  varios  Autores.»  etc.  A  la 
paj.  225  del  tomo  i.°  comienza  la  Narrazion 
siguiente  :  «El  [a]  de  1559  el  Prínzipe  i  la 
Prinzesa  D/  Juana  ,  Gobernadora  de  estos  Rei- 
nos, presidieron  un  Auto  de  Fé,  que  se  zelebró 
'en  Valladolid  en  21  de  Mayo  de  dicho  año  de 
1559  ,  que  fué  el  de  Gazalla  ,  i  se  zelebró  ,  a  la 
letra  ,  en  la  forma  siguiente. 

Auto  de  Fé  que  se  Celebró  en  Va- 
lladolid que  no  se  vio  jamás  cosa  se- 
mejante. 

Primeramente  ,  hubo  en  la  Plaza  Mayor^ 
mas  de  doscientos  tablados  mui  grandes  i  mui 
luertes  ,  en  los  cuales  hubo  gran  suma  de  jen- 
te.  Subieron  los  que  querían  tomar  buenos  lu- 
gares a  media  noche.  Pagábase  por  persona  ,  á 
veinte  reales.*  En  los  tejados  hubo  gran  núme- 
ro déjente ,  hechas  unas  barandillas  por  la  de- 
lantera ,  con  toldos  de  anjeo  para  guarda  del 
gran  sol  que  había.  Desde  la  víspera  de  la  San- 
tísima Trinidad  ,  que  fué  sábado  20  de  Mayo  , 
de  dicho  año  ,  guardaron  el  tablado  prinzipal , 
^on  mucha  jente  de  armas  ,  porque  le  habían 
procurado  poner  fuego  dos  noches  antes.  El 
cual  dicho  Tablado  estaba  hecho  ,  por  el  mejor 
modo ,  que  cosa  se  había  hecho :  era  mui  gran- 
de ,  i  tenia  el  primer  suelo  mui  alto  :  el  cual 
estaba  cercado  de  un  corredor  de  madera:  i  de 
allí  se  veía  otro  pedazo  no  tan  alto  como  el  pri- 
mero :   tenia  un  corredor  de  balaustres  mui 

*    Q.  d.  mas,  que  si  hoi  se  pagasen  100  rs.  por  asiento« 


grandeH,  el  cual  era  hecho  en  triángulo,  que  la 
mitad  miraba  a  la  boca-calle  de  la  Costanilla  , 
que  hoi  es  la  Platería,  i  la  otra  punta,  miraba 
a  la  Itinconada  ,  por  donde  boi  es  h  Espezeria 
(oue  la  l'Iaza,  era  en  este  tiempo,  donde  hoi  es 
el  Ochavo  :  i  a  causa  del  grande  ínEendlo  que 
padezio  esta  Ciudad ,  se  mudó  la  Plaza  a  donde 
es  hoi  ,  como  mas  largamente  consta  del  Capi- 
tulo siguiente):  a  las  cuales  dos  puntas,  estaban 
dos  a  manera  de  pulpitos  mui  grandes  i  cua- 
drados, para  los  Relatores  ,  que  habían  de  de- 
clarar sus  culpas  de  los  que  allí  salieron  :  i  en 
el  medio  de  los  dos  pulpitos  .  en  lo  mas  alto  , 
estaba  otro  pulpito  redondo  ,  adonde  estaban 
los  penitentes  ,  a  oír  sus  culpas  i  penítenzias  , 
donde  estaban  en'  pié  :  mientras  las  leían  ,  mi- 
raban ázia  otro  pulpito  que  estaba  frente  de 
él,  donde  predicó  el  Obpo.  D.  Fr.  Helcbor  Ca- 
no ,  Provmzial  que  había  sido  de  el  Orden  de 
nro.  padre  Sto.  Domingo  ,  en  el  cual  hizo  un 

frande  sermón.  Habia  dos  teatros  a  los  dos 
ados  ,  que  comenzaban  en  gradas  redondas  , 
anchas  de  ahajo  i  angostas  de  arriba  :  i  en 
las  últimas  habia  dos  sillas ,  en  donde  esta- 
ban sentados  el  Dr.  Agustín  de  Cazalla ,  i  un 
Relíjioso  ,  su  hermano.  Cuya  figura  del  tablado 
rué  asi : 

[A(jui  hai  en  el  libro  ms.  del  cual  saco  esta 
Itelazion  un  dibujíto  hecho  con  tinta  ,  del  Ta- 
lilado  que  se  describe.  El  dibujo  tiene  unas  4 
pulgadas  de  alto,  i  poco  mas  detres  de  ancho.] 

«Este  Relíjioso  dezian  ,  que  era  Cura  de  Pe- 


33 
^k'osa/  Llevaba  una  mordaza  en  la  boca  la  cual 
le  quitaron,  a  causa  de  muchas  bascas  que  hizo 
para  beber  un  jarro  de  agua.  Tenían  las  caras, 
unos  a  otros:  i  todos  miraban  ázia  el  corredor, 
adonde  estaban  los  Serenísimos  Prinzipes  D. 
Carlos  i  D/  Juana  (  que  nro.  Señor  guarde ). 
Los  cuales  vinieron  a  la  Plaza,  a  las  cinco  i  me- 
dia de  la  mañana^,  acompañados  de  las  perso- 
ñas  siguientes.  El  Condestable  de  Castilla  ,  el 
Almirante  de  Castilla  ,  el  Marqués  de  Astorga « 
el  Marqués  de  Denia ,  el  Conde  de  Módica  ,J  el 
Duque  de  Lerma  ,  el  Arzbpo.  de  Santiago  ,  el 
Arzbpo.  de  Sevilla,  Inquisidor  Mayor,  el  Obis- 
po de  Palenzia  ,  el  Miro.  Basca  [Gasea  (?)  j  , 
Obispo  de  Ciudad  Rodrigo  .  Delante  vino  la 
Guardia  de  a  pie,  haziendo  lugar,  por  la  mucha 
jente  que  había  :  i  detrás ,  venía  la  Guardia  de 
a  caballo  ,  la  cual  fué  a  Palazio  ,  con  pífano  i 
tambor,  a  las  cuatro  de  la  mañana.  Iba  el  Con- 
sejo Real  d«  Castilla,  delante  de  todos:  i  detrás 
^e  los  Caballeros,  muchas  Damas  de  la  Prinze- 
sa,  muí  bien  adornadas,  aunque  con  luto.  Ve- 
nían detrás  de  las  Damas  ,  dos  hombres  anzia- 
nos ,  mazeros  del  Prinzipe  ,  con  unas  mazas  de 
oro  en  los  hombros  :  i  tras  ellos ,  poco  delante 
de  los  Prinzipes  ,  iban  cuatro  reyes-de-armas , 
con  unos  vestidos  a  manera  de  Dalmáticas  de 
damasco  carmesí ,  bordadas  en  ellas  las  armas 
Reales.,  por  delante  ,  i  por  detrás  ,  i  en  los 

'    Aqai  ,  tal  vez  ,  hai  una  equÍYOcazion.  Véase  Luego. 

*    Quien  madruga.  Dios  le  ayuda, 

si  lleva  buena  intenzion. 
Pero  estos,  madrugaban  para  quemar  jentes;  cosa  peor, que 
madrugar  para  saltear  en  caminos ! 


hombros:  i  luego  ,  ibn  un  cabtllero  .  qoe  te 
nombraba  D.  Luis  Puerto-Carrero  ,  Conde  de 
Palma,  con  un  estoque  en  las  manos,  desDsdo: 
i  tras  rl,  luego,  km Prínzipes  :  i  la  guardia  de 
a  caballo  se  quedó  abajo,  hasta  qoe  subieron  a 
un  coriedor  de  madera,  que  estaba  hecbo  jun- 
to a  otro  de  piedra  ,  «{ue  es  la  casa  del  Consis- 
torio: el  cual  estaba  adornado  de  mucbos  dose- 
les de  brocados  de  oro  ¡  plata  ,  asi  donde  los 
Prinzipes  estaban,  como  de  fuera  ,  con  gnada- 
roaziles  de  oro  muí  rico.  El  Prinzipe  i  Prínsesa 
en  un  tablado  ,  siempre  con  el  estoqoe  debnte 
delloB.  Los  Inquisidores  mayores  .  i  ordisaríos 
estaban  sentados  junto  a  loe  Printipes,  en  anas 
gradas  altas,  i  bien  aderezadas:  por  su  ordo  , 
con  la  autoridad  que  a  sus  '  nobles  ofizios  se 
requiere.  Los  Grandes  ,  a  la  mano  deracha  de 
los  Prinzipes,  en  unos  bancos  ,  por  su  órd«i. 
El  Condestable  estaba  con  la  orden  del  Tuisón, 
mui  rica  i  de  ver.  Tenían  ana  alfombra  adonde 
estaban  sentados  ,  i  otra  mas  abají) .  pan  los 
del  Consejo.  Luego  que  los  Reyes  snbieron,  las 
quitaron  ,  i  pusieron  nnos  arandeles  colorados 
i  blancos  muí  ricos.  El  Prinzipe  iba  Teslidode 
raja  mui  bonesta,  con  todos  sus  pajes  i  caballe- 
ros de  la  boca  delante  de  si,  los  cuales  sienipre 
estuvieron  en  pie  ,  i  sin  gorras.  La  Príaaesa 
vino  aderezada  de  negra ,  muí  honesta:  Tcstida 
de  saya  i  manto  de  burato ,  con  un  jubonúlo 
du  raso  negro,  con  una  falda,  en  el  manto  I  sa- 
ya, mni  larga,  la  cual  la  llevaba  nn  hombre  de 
mucha  autoridad,  i  delante  D.  Gania  de  Tole- 

'     Btlc  (Krilor  su  de  la  A^mn  uH^wh. 


li'^ 


« 

I 


55 
do,  i  el  Mro.  Montesa,  Luego  que  los  Prinzipes 
se  sentaron  ,  comenzaron  a  subir  los  peniten- 
tes ,  que  venian  en  la  prozesion  ,  en  la  cual 
traían  un  pendón  de  damasco  carmesí ,  una 
cruz  de  oro  al  cabo,  i  otra  bordada  en  el  medio, 
i  debajo,  las  armas  reales:  el  cual  pusieron  en 
el  corredor  de  piedra,  i  a  trecho  que  de  todas 

E artes  se  veía  bien.  Luego  ,  pusieron  en  el  ta- 
lado mas  alto,  la  cruz  de  la  parroquia  del  Sal- 
vador, a  la  esquina  de  él,  cubierta  de  luto  ,  a 
donde  estuvo  ,  hasta  que  se  acabó  el  Auto.  I 
se  hizo  luto  a  la  casa  del  Santo  OGzío,  que  es- 
taba en  aquel  tiempo  en  la  calle  de  Pedro  Ber- 
rueco, en  las  casas  que  son  hoi  del  Marqués  de 
Ciandoncha.  Guiaban  cuatro  compañías  de  con- 
tinuo ,  a  punto,  para  si  fueran  menester,  i 
ͻara  guarda  de  la  Corte,  i  de  las  personas  Rea- 
es. 

Desde  el  tablado  ,  hasta  la  casa  del  Santo 
Ofizio,  habla  una  valla  alta,  de  muí  buenos  ma- 
deros .  *  por  donde  vinieron  los  delicucntes  :  i 
en  acabando  de  venir  los  Reyes  ,  luego  preze- 
dieron  de  lo  arriba  dicho. — Amanezieron  pues- 
tos en  la  puerta  del  Campo,  15  palos  ,  en  fila, 
bien  altos  :  *  uno  un  coto  mas  alto  que  otro  , 


Nótese  bien  ésta  espezie  de   enzierro  de  toros.   La  Inqai- 
i.''  sizion  aseguraba  aaui,  las  TÍctimas  de  su  crueldad  ,  de  un  mo- 

do ,   que    revela    DÍen    la  suspicazia  del  asesino  i  matador  de 
•flzio. 

*    J.  Ursino,  en  su  Adizion  al  Montes  ,  cap.  16  paj.  271  dize 

2oe  eran  14  los  palos.   He  aquí  sus  palabras  ;   Non    lon^e   ab 
^rbe  14  pali,  seu  postes  aüi,  erecti  erant,  aliquol  appositis  sea- 
larum  gradibus,  ad  quos  quatuordecim  de  hcBresi  Luterana  de- 
lati,  recinoti ,  ignibus  concri  mandí  erant,  Pero  las  notizias  de 
Ursino  eran  cortas,  pues,  fueron,  lo  menos,  quinte  ;  las    per- 
.¿.'•^  sonas  quemadas  vivas,  por  luteranas. 

AA 


I 


so 

con  8U8  argollas  i  eflcaleras  en  cada  uno ,  para 
los  que  quemaron  ,  como  son  los  oue  se  diráii 
adelante.  El  Duque  de  Gandía  [¡  i  luego  le  ca- 
nonizaron !]  Francisco  de  Borja  ,  subió  de  la 
mano  a  la  hija  del  Marqués  de  AÍcaftizes,  DoAa 
Ana  Henrriquez,  (moza  hermosa  :  i  en  su  iris- 
teza^mostraba  arrepentimiento  de  sus  pecados); 
con  la  cual  estuvo  hasta  el  fin:  i  la  llevó  al  pul- 
pito, cuando  la  llamaron.  Acabado  el  sermón, 
el  Obpo.  de  Palenzia  tomó  una  cruz  de  oro  mui 
rica  en  sus  manos  ,  i  en  el  pulpito  se  puso  el 
Relator  Vergara,  en  donde  dijo,  en  altas  vozes: 
que  juraban  los  Caballeros  i  *  Reyes ,  que  pre- 
sentes estaban,  por  Dios  nuestro  Señor  ,  i  por 
aquella  señal  de  la  Cruz ,  sobre  que  pusieron 
sus  manos  ,  i  por  las  palabras  de  los  cuatro 
Evanjelios  Santos,  quieren  que  mas  largamen- 
te están  escriptos;  que  ayudarán  i  favorezerán, 
i  favorezian  en  todo  i  por  todo,  a  el  Santo  Ofí- 
zio  de  la  Santa  Inquisizion  ,  i  a  los  Ministros 
de  ella,  cuando  lo  hubiere  menester  ,  con  sus 
personas  i  bienes  reales  — A  lo  cual  dijeron  : 
^ue  asi  lo  harían,  i  los  circunstantes  otro  tanto: 
i  todos  uniformes  dijeron:  Amen.  Luego  el  di- 
cho Relator  Vergara,  fué  llamando,  por  su  or- 
den ,  a  los  delicuentes  ,  puesto  en  el  pulpito 
adonde  predicaron.  Los  penitentes  que 

salieron  al  Auto  son  los  siguientes.  El  Dr. 
Agustín  de  Cazalla,  Capellán  i  Predicador  de  su 
Majestad,  hijo  de  Pedro  Cazalla,  i  de  Doña  Leo- 
nor de  Vivero,  su  mujer,  naturales  de  Sevilla  , 

*  I  no  había  Rei  ninguno.  Dejaban  la  f6rmula!del  juramento: 
o  annqud  a  Tariasen,  tal  vei  no  lo  expreae  aqui,  i  sobreentien- 
dt  •Printipet,» 


57 
penitenziados  por  la  Santa  Inquisizion  de  di- 
cha ciudad  de  Sevilla,  i  *  alumbrados:  i  lo  mis- 
mo Pedro  de  Cazalla,  su  hermano,  al  cnal  die- 
ron por  hereje  apóstata,  dogmatizador.  Predi- 
cador, innovador  de  la  Lei,  defensor  de  la  sec- 
ta de  Martin  Lotero:  i  por  sentenzia,  dijeron  : 
Visto  i  consultado  con  hombres  de  cienzia  i 
conzienzia,  Christi  nomine  invocato  ,  fallamos: 
el  dicho  nuestro  fiscal  probó  su  acusazíon  i  de- 
manda ,  con  cuarenta  testigos ,  que  ratificó. 
£1  dicho  delincuente  no  probó  sus  exzepziones 
i  defensiones ,  como  probar  le  convenía.  Dé- 
moslas por  no  probadas.  En  consecuenzia  de  lo 
cual ,  debemos  de  relajar  ,  como  por  la  presen- 
te relajamos  ,  su  persona  ,  a  la  *  furia  del  bra- 
zo seglar  ,  i  al  Correjidor  por  su  Majestad  ,  al 
cual  rogamos  s^'hava  benignamente  con  él ,  i 
a  que  sea  desgradado  de  Sacerdote  i  orden  sa- 
cro que  tiene.  Al  cual  quemaron  ,  convertido 
a  nuestra  Santa  fé  Católica  :  i  fué  tan  grande 
so  arrepentimiento  ,  que  hizo  llorar  de  compa- 
sión a  to4os  los  circunstantes.  [Yo  entiendo  que 
este  ,e9€TÍtor  confunde  los  tiempos  :  porque  d 
Cura  de  Pedrosa  ,  uno  de  los  hermanos  de  A. 
CazaUa »  fué  quemado  en  él  siguiente  Auto  de 
Fé ,  no  en  este]^    Francisco  de  Vivero ,  herma? 

*  Nombre  dado  a  unos  sectarios,  en  particular  ;  pero,  jené- 
ricamente,  a  cuaotos  seguían,  eo  materia  de  relijion,  la  íai ,  o 
lumbre,  del  Espíritu  ,  «que  alumbra  a  todo  hombre  que  Tiene  a 
este  mundo» :  i  la  preferían  a  la  enseñanza  de  ios  hombrea. 

*  ¿I  quién  infandía  esa  furia  en  ese  brazo  seglar?  Ese  braso 
eslaba  atado  primero,  por  haberle  puesto  ya  los  Inouisidores  , 

.  a  jurar  sobre  los  Eyanjelios  :  i  a  ese  brazo  ,  le  haoian  hecho 
'  preparar,  dias  antes,  con  furia  Inquisitoria,  los  Inquisidores,  la 
leña,  i  sitio,  para  la  quema.   I  ahora  ellos  ,  los  mismos  Inquisi- 
dores ,  que  fuerzan  a  ese  brazo  a  ser  verdugo ;  le  ruegan  em- 
busteramente,  que  sea  «misericordioso  i  humano!! I 


> 


38 

no  de  los  dichos  Cazallas  ,  hijos  de  los  ya  di- 
chos ,  diéronle  por  hereje  apóstata  :  i  del  mes- 
no  modo  se  le  dio  la  sentenzia ;  a  que  fuese 
entregado  al  brazo  seglar :  i  sentenziado  a  ser 
quemado.  Llevaba  una  mordaza  en  la  boca  ,  la 
cual  se  la  quitaron ,  porque  se  arrepintió  ,  i 
pidió  misericordia.  Juan  de  Vivero  ,  hermano 
del  dicho  Cazalla,  hereje  apóstata  que  depren- 
dió de  una  persona  relijiosa  :  pidió  misericor- 
dia: confesó  su  pecado  :  i  le  volvieron  a  la  co- 
munión de  los  fíeles  cristianos  :  absolviéronle 
de  la  excomunión  :  diéronle  carzel  i  sanbenito 
perpetuo  :  señaláronle  que  oiga  misa  cada  dia, 
i  sermón  los  que  hubiere;  i  que  se  confiese  las 
tres  pascuas  del  afio.  Doña  Constanza  de  Vi- 
vero ,  viuda  ,  hermana  de  los  dichos  Cazallas  , 
hereje  apóstata  luterana  :  pidié  misericordia  : 
usaron  de  ella:  diéronla  carzel  i  sanbenito  per- 
petuo, con  las  condiziones  dichas  ,  a  los  demás 
delicuentes  dichos.  La  estatua  de  D/  Leonor 
de  Vivero,  madre  de  los  Cazallas.  diéronla  por 
hereje  :  i  que  había  muerto  en  la  secta  de  Lu- 
lero. Confiscaron  sus  bienes,  i  mandaron  que- 
mar su  estatua  i  huesos  ,  los  cuales  ,  llevaron 
dos  *  ganapanes  a  la  hoguera  :  i  que  las  casas 
donde  tantas  ofensas  se  hablan  hecho  a  Dios 
nuestro  Señor  ,  mandóse  derrocar  i  asolar  ,  i 
sembrarlas  de  sal:  i  poner  en  ellas  un  padrón 
de  piedra,  con  las  letras  ,  que  manifiesten  su 
delito  :  i  que  nadie  perpetuamente  las  reedifi- 
que. El  padrón  se  puso  de  esta  manera.  [Pone 
aqui  un  dibujo  de  él]: 

*    Pues  era  operUzion  bien  digna  de  dos  Grandes  de  España, 
como  Familiares  del'  Santo  Oflzio. 


•  I'resiiiieudo  la  Iglesia  Rumana  Paulo  IV  i 
reinando  en  EspaDa  Felipe  II. 

El  Sanio  Ofizío  de  la  Inquisición  condenó  a 
derrocar  e  asolar  esUs  casas  de  I'cdro  Cazalla, 
i  Dofla  Leonor  de  Vivero,  su  mujer;  porque  los 
herejes  Luteranos  se  juntaban  a  hazer  conci- 
liábulos, contra  nuestra  Sla.  Fé  Católica  c 
Iftiesía  Romana.  Año  de  MDLIX  on  XXI  de 
Hayo.» 

Ei  Hro.  Alonso  Rodriguez,  clérigo  de  Misa, 
vezino  de  Palenzia  :  declarado  por  bereje  após- 
tata, i  lenáz  :  condenado  a  desgradar  ,  i  entre- 
gado a  la  furia  del  brazo  seglar.  Murió  confe- 
sando la  fé  de  Jesu-Cristo  ,  i  niui  arrepentido. 
Era  feisinio  de  rostro  i  facciones ,  de  edad  de 
cuarenta  años.  Levantóse  el  Obpo.  de  Palenzia* 
de  adunde  estaba,  con  los  Prinzipes  ,  i  fué  al 
tablado,  a  desgradar  a  los  clérigos:  que  fué  un 
acto  nunca  jamas  visto  ni  oido  ,  en  estos  tiem- 
pos. Vistióse  el  Sr.  Obpo.  con  una  sobrepelliz, 
estola,  i  enzima  de  ella  una  capa  pluvial ,  *  de 
terziopelo  negra,  con  una  cruz,  i  su  mitra  blan- 
ca. Vistiéronlos  a  los  dichos  sazerdotes  ,  que 
eran  tres  los  que  habían  de  desgradar;  de  lonas 
las  Testiduras  sagradas  ,  como  si  fueran  a  dezír 
misa  ,  con  unas  casullas  de  terziopelo  negro. 
En  donde  los  mandaron  sentar  [estar]  de  rodi- 
llas delante  del  dicho  Sr.  Obispo  :  al  punto  los 
quitaron  los  cálizes  de  las  manos  ,  i  los  me- 
tieron en  una  arca  ,  que  para  este  misterio  ha- 
blan traído  :  i  luego  ,   habiendo  leido  ciertas 

*    Era  iquel  buasDisinio  D.  Ftdro  ie  la  Gasea  ,  Un    atoa- 


\ 


40 

palabras  que  tiene  el  Pontifical  romano  ,  para 
estos  casos.  Les  fueron  quitando  las  casullas  , 
i  quedaron  con  lo  demás  que  vestido  tenían  .  i 

Í)ue8tas  unas  dalmáticas  con  sus  collares  ,  se 
as  quitaron  lu^o  las  dichas  dalmáticas:  i  lue- 
go les  quitaron  fas  albas,  i  quedaron  en  cuerpo 
con  los  sanbenitos  de  llamas  :  i  después  les  ra- 
yeron las  manos  ,  dedos  ,  corona ,  i  boca .  i  lo 
echaron  en  uoa  fuente  grande  que  allí  tenían. 
Llegó  luego  un  barbero .  i  les  quitó  el  pelo  de 
las  coronas,  i  hecho  esto,  los  pusieron  tres  co- 
rozas, que  hasta  allí ,  a  causa  de  *  ser  sazerdo- 
tes,  no  se  las  habían  puesto.  I,  asi  de  rodillas, 
el  dicho  Agustín  de  Cazalla,  llegó  a  la  Prinzesa 
i  la  dijo:  «Reina  i  Sefiora  ,  por  amor  de  Dios  , 
vuestra  Majestad  me  oiga  cuatro  cosas.»  Al  cual, 
el  Alguazil  mayor  mandó  parar  ,  i  habiéndose 

f cedido  subiese  a  su  asiento,  se  hincó  de  rodi- 
las  delante  de  los  Prinzipes^  i  llorando  ,  arre- 
pentido, sus  pecados  ,  dijo  tres  vezes:  «Bendito 
sea  Dios:  bendito  sea  Dios  :  bendito  sea  Dios  í 
I  besando  la  Cruz  ,  que  en  las  armas  santas  * 
estaba,  i  mirando  al  cielo,  con  una  cruz,  i  dan- 
do mui  altas  vozes  de'  arrepentimiento  ,  que 
parezia  que  rompía  sus  entrañas  ,  de  dolor,  de- 
zia:  Óiganme  los  cielos  i  los  hombres:  i  alégre- 
se nuestro  Señor ,  i  todos  sean  santos  testigos 
de  ello  :  cómo  ,  yo  pecador  arrepentido  ,  me 

*  Por  la  detenzia  clerieaí :  como  deiia  an  déri|^,  que  dor- 
mía en  cueros,  pero  con  alsacuello.  Estas  pesadas  i  crneles  co- 
mlquerias  in<^uísitoria«,  son  dignas  de  referirse  por  tan  pesado 
maxorral  escntor. 

*  Amuu  »anta$,  llamará  a  las  de  la  inauisiiioB  ,  o  del  Santo 
Oflxio.  Entonzes,  si  eso  es  cierto,  Cazalla  oebi^  recordar  lo  qut 
se  dize  en  S.  Mat.  ▼.  44. 


TueUo  a  Dios  ,  i  a  la  absolución  de  los  deles 
cristianos  ,  me  arrepiento  de  íeras  a  Dios  i  a 
los  mandamientos  de  '  él  Sumo  Pontifize  :  de 
todos  mis  pecados  me  arrepiento  biiín  i  verda- 
deramente  ,  i  jiiopoiigo  morir  en  la  fé  de  mi 
Dios  i  Señor  ,  i  conozer  que  por  la  menor  do 
mis  culpas  merezco  padezer  las  graves  penas 
del  Infierno,  que  se  dan  a  tos  condenados.  Sino 
que  nuestro  Señor  me  ha  hecho  merzed  ,  de 
traerme  al  verdadero  conozimiento  i  estado  en 

aue  estoi  ,  para  conozer  que  el  camino  que  ' 
evaba  ,  era  el  tenebroso  de  los  vizios  ,  i  erra- 
do: i  •  éste,  es  el  camino,  por  donde  yo  i  todos 
los  fieles  cristianos  ,  han  de  caminar. — I  ,  con 
esto,  dijo  ciertas  palabras  a  la  Prinzesa  ,  i  es- 
tando en  la  cruz,  se  volvió  a  sentar  en  su  lugar. 
Fué  esla  una  aczion  ,  que  movió  á  los  cris- 
tianos ,  a  gran  ternura  I  devozion  ,  por  verle 
reduzido,[_f  supuesto  arrepentido  de  sus  gran- 
des errores  ,  verle  tan  vuelto  a  la  fé  ,  es  para 
dar  muchas  grazias  i  alabanzas  a  Dios.  Estan- 
do en  esto,  se  levantó  un  rumor  entre  la  jente, 
llorando  los  mas  ,  díziendo  :  Bendito  seas  ,  Se- 
Oor  que  das  a  los  pecadores  mas  destraidos  , 
tus  divinos  auxilios  ,  en  los  últimos  de  sus  vi- 
das ,  para  que  no  se  pierdan  ,  pues  *  no  quie- 
res la  muerte  del  pecador,. sin»  que  se  convier- 
ta 1  viva.  I  bendito  seas,  Señor,  que  en  lo  pos- 
trero de  tu  vida  fuiste  como  el  hijo  pródigo  , 
que  volviste  a  la  casa  de  tu  Padre  ,  díziendo  : ' 

*    No  diie,  ai  m»  suma  Pontiliio  «  JeHí  Crirto. 
'    Ho  diie,  auiniio  le  lleioba. 

El  da  Ib»  padoiimienioí  (I):  el  de  lo  Crui  {!). 
iraei  si  e»  deiiao,  i  nbian :  porqué  bmat  moñr  m  las 
uamu, «  qiilnie«  lenlea  por  pecadoreeT 


42 

no  60i  digno  de  llamarinc  hijo  tuyo.  *  I  ya 
vuelto  a  la  católica  fé  í  verdadiTo  Evanjelío.*  I 
esle  Uanlo  duró  un  gran  rato.  I  vitMidole  tan 
arrepentido  i  lloroso  de  sus  culpas,  se  hizo  ca- 
paz .  como  piadosamente  se  espera  ,  de  gozar 
de  la  bienaventuranza. 

Doña  Francisca  de  ZúAiga,  beata,  bija  del  di- 
cho Pedro  Cazalla,  vezina  de  *  Yalledeolid  ,  de- 
clarada por  hereje  apóstata  luterana:  pidió,  ar- 
repentida ,  misericordia  :  confesóse  de  sus  pe- 
cados: Fué  absuclta  ,  volviéndola  a  la  comunión 
de  los  fieles  cristianos  :  fué  penilenziada  i  con- 
denada a  carzel  i  sambenito  perpetuo  sobre 
todos  sus  vestidos,  ¡  que  todos  los  dias  oiga  mi- 
sa i  sermón,  cuando  le  hubiese,  i  comulgue  to- 
das las  tres  pascuas  del  año,  i  ejecute  lo  que 
la  mandare  el  Sto.  Tribunal  de  la  Inquisizion. 
No  pretendo  alargarme  mas  por  no  ser  mo- 
lesto ,  i  desagradar  al  lector  ,  poniendo  cada 
delincuente  de  por  si.  Baste  el  dezir  ,  que  fué 
un  Auto  jamás  visto  , ni  oido  ,  de  tanta  auto- 
ridad ,  como  haberse  celebrado  en  la  Corte  que 
entonzes  era  ,  del  señor  D.  Felipe  Segundo  ,  en 
la  plaza  mayor  ,  públicamente  ,  presidiéndole 
los  ya  dichos  altos  Prinzipes  :  (¡ue  no  se  salte 
haya  habido  otra  cosa  en  España ,  ni  fuera  de 
ella.  Fueron  manchadas  de  este  veneno ,  otras 
muchas  familias  mui  ilustres ,  i  muí  nobles  , 
como  fueron  las  de  los  Henrriquez ,  las  de  los 
Zuñigas ,  i  otras  mui  buenas.  Hasta  las  relijío- 
nes  ,  no  se  libraron  tampoco  del  pestífero  ve- 

*  Lo  que  antezede  ,  o  es  la  orazion  de  Cazalla  ,  o  lo  que  a 
éste  lo  dezian,  los  que  se  condolían,  i  trataban  de  consolarle. 

*  Algunos  ,  como  este  ,  dicen  que    Valladolid  se  deriya  de 
Valle  de  Olid. 


4o 

neiio,  pues  salieron  también  en  este  Auto,  cua- 
tro Relijiosas  profesas  del  monasterio  de  Belén, 
de  esta  ciudad  de  Valle  de  olid.  La  una  pidió 
misericordia,  i  fué  absuelta  i  penitenziada:  i  las 
otras  tres  fueron  relajadas  al  brazo  seglar  ,  i 
quemadas  en  estatua,  como  consta  de  los  carte- 
les que  de  este  Auto,  i  otros  mucb  s,  esián  co- 
locados en  la  Iglesia  del  Convento  de  S.  Pablo, 
orden  de  Predicadores  *  en  donde  se  acostum- 
bran poner.  I  para  memoria  ,  mandó  poner  el 
Santo  OGzio  de  la  Inquisizion,  en  una  cruz  de 
piedra  que  está  en  el  atrio, frente  de  la  puerta  de 
la  Iglesia  ,  cuatro  sambenitos  ,  que  hoi  perma- 
nezen,  aunque  están  pintados.  Parczeque  nues- 
tro Señor  quiere  se  mantenga  esta  memoria; 
pues  en  estando  borrados  algo  ,  los  niños  los 
vuelven  a  pintar  con  carbón.  *  Fué  también 
quemado  vivo  uno  llamado  *  Rezuelo  ,  i  otras 
muchas  personas  ,  que  por  dar  fín  a  este  auto, 
no  prosigo.  Nuestro  Señor  ,  por  su  infinita  mi- 
sericordia ,  nos  mantenga  en  su  Santa  fé  Cató- 
lica. Confianza  que  nos  promete  el  cielo  donde 
su  divina  Majestad  reina  por  todos  los  siglos  de 
los  siglos.  Amen. 

*  Todavía,  el  a.  1816,  había  (spgrun  me  dízc  udo,  que  los  vio 
muchas  vezes),  en  la  iglesia  de  S.  Esteban  de  Salamanca  ,  í  en 
la  capilla  i  retablo  de  8.  Pedro  Mártir,  pintados,  i  tallados  unos 
diablos  en  figura  de  monstruos  ,  que  echaban  por  la  boca  unos 
tarjetones  donde  estaban  escritos  los  nombres  de  varios  conde- 
nados por  la  Inquisizion. 

*  podrí  I  ser  que  fuesen  niños  de  Inquisidores,  o  familiares 
del  S.  Oílzio:  pues,  ahora,  que  yanohai,  ostensibles  a  lo  menos, 
Santo  Oflzio,  nt  familiares,  i  que  los  frailes  i  clérigos  tienen  un 
poquito  de  menos  poder  ,  e  influjo  ;  ya  no  vemos  repintarse  , 
misteriosamente  ,  como  pretende  este  sujeto  ,  los  sambenitos 
esos;  ni  otros  que  había  en  Sevilla,  Cádiz,  i  otras  partes. 

.  Es  el  Lie.  Herrezuelo.  Sobreesté,  veas.  Iliescas.  Hist.  P. 
Lib.  vi.  p.  734. 


> 


4f 

Las  casas,  como  va  so  ha  dicho,  eran  en  una 
Calle  que  va  desde  S.  Julián  a  S.  Ifiguel.  Eran 
grandemente  magniOcas.  Ejecutóse,  la  senten- 
zia  hiego  al  punto  ,  derribándolas  ,  asolando* 
las,  i  sembrándolas  de  sal.  Justo  castigo :  que 
no  (]uedase  piedra  sobre  piedra .  por  haber 
servido  tales  casas  ,  de  tantas  ofensas  a  Dios. 
%:7*Ho¡  tienen  este  sitio  metido  en  su  Colegio 
los  Padres  de  la  Compafiia  ,  i  solo  se  mantiene 
el  Rótulo  con  su  corralillo,  para  perpetua  me- 
moria :  i  la  calle  donde  está  puesto  ha  tomado 
el  nombre  del  Rótulo  de  Cazatta.  *  En  8  de  Oc- 
tubre de  este  afto ,  habiendo  pocos  dias  antes 
llegado  de  Flandes  D.  Felipe  2.*  hubo  otro  Ac- 
to de  Fé  en  la  Plaza  Mayor  de  Yalladolid.  En 
él  tuvo  el  estoque  desnudo  ,  delante  del  Rei , 
Dun  Pedro  de  Toledo  ,  su  Caballerizo  Mayor  , 
Prior  que  era  de  S.  Juan.  En  este  Acto  fué 
quemado  D.  Carlos  de  Sese  ,  i  con  él  Juan  Sán- 
chez ,  criado  de  Agustín  de  Cazalla  ,  i  otros 
muchos. 

He  ahi  copiada  literalmente,  fuera  de  su  ma- 
la ortograOa  «  la  Relazion  inclusa  en  el  Libro 
MS.  de  la  Historia  de  Yalladolid. 

Ahora  ,  yoi  a  trasladar  también  ,  otra  Rela- 
zion de  los  dos  Autos  de  Yalladolid  :  o  sea,  un 
MS.  que  posee  el  ya  citado  Josef  Hendham  , 
Autor  de  las  Memorias  del  Conzilio  de  Trente. 
La  copia  que  se  me  ha  remitido,  tiene  defectos, 
i  a  vezes  falta  el  sentido  en  varias  frases ;  pero 

'  Asi  le  TÍ,  i  lei  yo  varias  yetes,  por  los  a.  de  1825 — 27.  CaUe 
del  Rbtulo  de  Cazalla.  I  en  el  año  4842  ya  le  tí  mudado  ea 
Calle  del  íhr,  CazgUa,  I  no  seria  on  mal  para  España,  que  aun 
dentro  de  algunos  años  pusiesen  :  C.  del  martirt»ado  Cazalla, 


I 


45 
nada  he  querido  correjir  en  ella  ,  porque  ,  tal 
vez  ,  sean  defectos  del  ms.  orijínal ,  no  de  la 
copia  que,  para  mi ,  sacó  B.  B.  Wiffen.  En  la 
Relazion  antepuesta,  se  notarán  también  faltas 
de  sentido  ,  oscuridad  en  algún  paso  ,  frases 
liien  revesadas,  estilo  de  alforjas  :  i  todo  lo  dejo 
intacto;  porque  no  quiero  apegarme  a  la  afízion 
de  estéticas  literarias ,  ya  que  no  me  lleva  el 
sentimiento  literario,  a  la  reimpresión  de  obras 
como  esa  de  nuestro  Montes.  Ln  cuanto  a  las 
evidentes  contradicziones  ,  que  se  notan  en- 
tre ambas  relaziones ,  nada  ocurre  que  dezir. 
También  ellas  son  fruto  inquisitorio:  i  al  cabo, 
tropezones  de  personas  indoctas,  fanáticas  ,  o 
taimadas  Escritor  de  elegante  estilo  ,  i  docto, 
i  mui  letrado,  era  el  Abad  de  S.  Fontes,  Bene- 
fiziaüo  de  Dueñas  ,  Doctor  Gonzalo  de  liiescas: 
i  apesar  de  esos  ribetes,  nos  dejó  escritos  unos 
libros  de  a  folio  ,  plagados  de  falsedades,  aun- 
que dichas  con  razones  castizas,  i  de  atractivo, 
lio  nos  marabillemos,  pues,  de  esos  papeles  : 
cuyo  examen  haré  en  otra  ocasión. 


Razón  sumaria,  que  el  Santo  Ofizio  de  la  In- 
quisizion  celebró  en  la  villa  de  Valladolid  ,  Do- 
mingo de  Trinidad  que  se  contaron  *  25  del 
mes  de  Mayo  aíío  de  1559 ,  estando  en  ella  ia 
Corte  i  Consejos  de  S.  M.  gobernando  la  Serení- 
sima Sra.  D.*  Juana  de  Austria  ,  Prinzesa  de 
Portugal,  Infanta  de  Castilla,  por  ausencia  del 
Rei  D.  Felipe  II  Nuestro  Señor. 

*    Egta  equÍTOcazioD ,  la  corrije  luego  él  mismo  21  i  no  23. 


\ 


Para  el  Conde  de  Benavente.  con  lizenzia  de 
los  Inquisidores  e  Inquisizion :  i  su  traslado  por 
Juan  K  driguez. 

Habiéndose  el  afio  próximo  pasado  de  1558 
algunos  meses  antes ,  entendido  por  el  Ulmo.  i 
Excmo.  Sr.  Arzobispo  de  Sevilla ,  Inquisidor 
jeneral  en  estos  Reinos  de  EspaQa  ,  e  por  otros 
Señores  del  Consigo  e  Santa  Inquisizion  de  la 
Majestad  del  Rei  nuestro  Sr. ,  que  algunas  per- 
sonas prinzipales  e  particulares  .  agora  nueva- 
mente r  con  poco  temor  de  Dios ,  habían  in- 
currido ecaido  en  crimines  e  pecados  de  here- 
jía ,  e  teniendo  e  enseñando  muchas  falsas  doc- 
trinas ,  e  opiniones,  e  herejías  reprobadas  por 
nuestra  Santa  Fé  católica  ,  e  contra  ella  :  i  asi, 
como  ne£;ozío  tan  arduo ,  i  que  tanto  iba  ,  se 
puso  dilijenzia  en  descnbrilla  ,  i  se  comenza- 
ron a  prender  ,  c  se  prendieron  muchas  perso- 
nas ,  que  se  hallaban  culpadas  por  sufizientes 
informaziones  que  de  ellas  tenían  los  Señores 
del  Consejo  del  Santo  o6zio  de  Inquisizion  ,  que 
residen  en  esta  villa  de  Valladolid  ;  i  entendien- 
do ,  que  la  causa  era  tan  dañosa  para  el  bien  i 
>i  quietud  de  estos  Reinos ,  i  se  comenzaba  a  es- 
tender cada  dia  ,  e  que  convenía  que  fuese  lue- 
go castigada  ,  como  cosas  tan  contrarias  al  ho- 
nor de  nuestro  Señor;  por  los  Señores  del  Con- 
sejo de  la  Santa  Inquisizion  se  dio  luego  nolizia 
de  todo  el  hecho  »  a  su  Santidad  ,  Papa  Paulo 
IV  al  que  se  enviaron,  según  se  entendió  ,  ver- 
daderos capítulos  e  relaziones  de  los  delitos  e 
culpss  de  los  presos  ,  con  D.  Alvaro  de  Valdés, 
Dean  de  Oviedo  ^  sobrino  del  Ulmo.  Arzobispo 


de  Sevilla;!  su  Sautidad  el  Ponlifize  ,  zeloso 
del  honor  de  nuestro  Seflop  i  del  bien  de  su 
Iglesia  favorezió  las  buenas  intenziones  de  los 
Sres.  del  Sanio  Ofizio  que  se  lo  comunicaron 
Juezes  de  la  causa  ;  e  les  presló  i  dio  autoridad 
amplianjolos  i  bonorandolos  con  esiieziales  bu- 
las 1  breves ,  Menos  de  gcazias  i  nierzedes  i  nue- 
vas coniesiones  .  ponjue  con  mayor  calor  i  d¡- 
lijenzia ,  prosiguiesen  la  causa  ,  i  Fuesen  casti- 
gados loB  delincuentes  ,  de  manera  que  a  ellos 
fuese  notable  castigo,  i  a  los  demás  admirable 
ejemplo.  Lo  mismo  hizo  la  Majestad  del  Reí 
nuestro  Señor .  a  quien  también  se  dio  aviso 
del  negozio. 

Luego  los  del  Consejo  de  la  Santa  i  jeneral 
Inquisizion .  i  animo  cristiano  del  Prinzipe ,  ze-  ■/* 
loso  del  honor  de  nuestro  Dios  i  de  su  Iglesia 
bien  i  utilidad  de  sus  subditos .  se  entendió  qué 
hahia  mandado  i  encomendó  a  los  de  su  Conse- 
jo de  la  Santa  Inquisizion  ante  quienes  pendió 
la  dicha  causa  ,  tuviesen  [d  cuidado  g.\  lan  ./• 
imporiante  negnzio  re  |ueria  :  en  lo  cual  S.  H. 
ha  mostrado  su  alto  valor  i  cristiandad  i  el  gran- 
de amor,  que  a  sus  subditos  tiene,  como  se 
parezió  en  buscar  un  hombre  llamado  Juan 
Sánchez  anda  [que  andaba]  ausente  de  estos 
Remos  por  los  de  Italia.  Flandes,  Alemania  . 
Inglaterra  ,  i  Francia.  Fué  S.  M.  avisado  por  el 
Illmo.  I  Reverendísimo  Sr.  Arzobispo  de  Sevi- 
lla .  Inquisidor  jeneral  en  estos  Reinos  .  que  en 
la  tal  persona  de  tal  hombre  .  estaba  la  mayor 
I«rte  de  la  quietud  de  sus  siibditos .  por  haber 
sido  este  tal ,  el  secretario  i  ministro  de  todos 
esos  males  que  al  presente  en  este  caso  se  ha- 


% 


48 

bian  seguido.  Mando  poner  tal  dilijenzia  i  cuida- 
do ,  que  después  de  muchos  exzesi?os  gastos  , 
que  en  buscar  a  este  hombre  se  hízieron,  i  con 
andar  debajo  de  otro  nombre,  i  a  cuyo  fué  ha- 
llado ,  preso ,  i  traído  a  su  corte.  I  dízcse,  ha- 
ber S.  M.  halládose  presente  en  persona  •  a  le 
tomar  su  confesión,  con  el  Lizenziado  Mincha- 
ca,  del  su  Consejo,  i  con  ella  firmada  de  su  nom- 
bre ,  le  en?ió  preso  a  esta  carzel  de  Inquisi- 
zion  ante  quien  se  tratará  la  causa  sobredicha  : 
habiendo  hecho  sufiziente  examen  i  verificazioa 
de  las  culpas  i  delitos  de  los  presos,  i  fueron  mi- 
rados prozesos  ,  porque  con  mas  justificazion  i 
acuerdo  se  viese  i  determinase  el  tal  negozio ; 
pidieron  a  S.  M. :  que  se  hallase  juntamente  con 
ellos ,  a  la  vista  de  los  tales  prozesos  ,  algunas 
personas  de  su  Consejo  i  Chanzillería,  porque 
con  mayor  rectitud  i  mayor  examen  fuese  de- 
terminado tan  arduo  negozio:  i  asi  fueron  seña- 
lados por  Juezes  consultores  escojidos  los  si- 
guientes: los  Obispos  de  Falencia  i  Ciudad  Ro- 
drigo, del  Consejo  Real,  el  Rejente  Figueroa  i 
el  Lie.  Mufiaiones  ,  del  Consejo  de  Indias,  los 
Lie.  Villa  Gómez  i  Castro,  de  laChancilleria,el 
Lie.  Santiliana  i  el  Dr.  Simancas  ,  anles  que  le 
hiziesen  del  supremo  Consejo  de  Inquisizion. 
r^'ose  halló  a  la  vista  sino  el  Lie.  Raltodano,  por- 
queesluvo  siempre  en  Inquisizion,  sustanziando 
los  prozesos;  i  estos  fueron  llamados  Consultado- 
rns  para  notar  como  lo  manda  el  Derecho.  Asis- 
tieron a  la  vista  de  los  negozios  con  los  Señores 
Inquisidores  el  Lie.  Francisco  Yaca,  i  el  Doctor 
Griego  i  el  Lie.  Grijelmo  i  el  Lie.  Diego  Gonzá- 
lez de  la  Santa  Inquisizion,  que  reside  en  la  vi- 


49 
Ha  de  Yalladolid,  Juezes  de  dicha  causa.  Asis- 
tieron también  dos  honestas  personas  a  las  tes- 
tifícaziones  ^  que  fueron  el  Lie.  Lucas  Salgado  i 
el  Bachiller  Francisco  de  Lumbreras,  todos  va- 
rones eminentísimos ,  de  grandísima  Cristian-  •/* 
dad  i  discrezíon,  i  tales  que  sin  ninguna  sospe- 
cha de  pasión  pudieron  ver  juntamente  con  los 
Sres.  del  Consejo  de  la  Santa  Inquisizion  ,  Jue- 
zes de  la  dicha  causa ,  las  culpas  de  los  presos^ 
i  después  de  haber  ocupado  muchos  días  en  ello, 
i  estando  el  negozio  conclusa  ,  los  Señores  del 
Consejo  del  Santo  Ofízio  se  hallaron  para  el  día 
del  Auto  el  Domingo  de  la  Trinidad  que  se  con- 
taron 21  de  Mayo  del  dicho  año. 

I  para  ello  comandaron  hazer  en  la  plaza  ma- 
yor de  esta  villa  un  cadalso  de  madera  para 
adonde  estuviesen  los  penitentes  a  oir  sus  cul- 

gas  ;  el  cual  era  muí  alto  i  grande  i  sontuoso  « 
echo  en  forma  de  una  i  griega  Y.  La  frente  de 
ella  venia  a  estar  en  derecho  de  las  casas  del  Con- 
sistorio de  la  Villa  ,  i  que  por  remate  tenia  un 
pulpito  a  donde  cada  condenado  había  de  pare- 
zer  en  público  a  oír  su  sentenzia.  A  las  espaldaí^ 
de  dicho  Cadalso  respondía  el  Monasterio  de  S. 
Franzisco  ,  abiertas  en  los  brazos  del  cadalso 
que  en  cada  uno  de  ellos  ,  subían  sus  gradas  en 
alto  en  forma  circular  ,  disminuido  lo  alto  a  lo 
bajo  cada  una  ,  hasta  la  mas  alta  ,  quedaba  he- 
cha una  silla  por  remate  de  todos  ,  en  las  cua- 
les habían  de  estar  sentados  los  penitentes  por 
su  orden  ,  de  manera  ,  que  pudiesen  ser  vistos 
por  la  frente ,  lados  i  espaldas  de  dicho  cadalso, 
por  venir  las  dichas  gradas  en  redondo  con  la 
dísposizion  que  para  ello  daban  los  dos  brazos 


50 

del  cadalso ,  que  se  abrían  que  le  daban  la  traza 

de  la  i  griega  ,  9cgun  es  dicho;  el  cual  era  mui 

f grande  i  espazinso  ,  cercado  de  sus  verjas  í  ba- 
austres  i  en  el  bajo  del  fabricado  ,  otro  cadalso 
que  tenia  el  sobrrdícho  cubierto  para  los  minis- 
tros del  Santo  OQzio,  mas  ancho i  espazioso  que 
el  superior  ,  hecho  en  la  forma  triangular  con 
sus  escalas  para  aue  subiesen  al  uno  i  al  otro. 
En  este  eslabun  los  pulpitos,  en  cada  esquina 
el  suyo ,  para  los  que  hubiesen  de  leer  las  sen- 
tenzias  ;  al  rededor  del  dicho  cadalso  se  fun- 
daron otros  cadalsos  mui  bajos ,  porque  no 
impidiesen  la  vista  a  tanta  congregazion  de  jen- 
te,  como  se  juntaba  a  ver  el  tal  espectáculo, se- 
ñalados por  los  del  Santo  Olizioa  personas  par- 
ticulares. 

Desde  el  dicho  cadalso  hasta  la  casa  del  San- 
to Olkio  de  la  Inquisizlon  se  fundó  una  calle  de 
estacada  de  madera  de  doze  píes  de  ancho  ,  po- 
co menos  alta  de  un  estado  por  donde  los  pre- 
sos viniesen  ,  sin  poder  ser  ofendidos  por  mu- 
cha jente. 

El  asiento  i  sitio  para  los  Prinzipes  i  Juezes 

de  tal  causa  ,  Consejeros  i  Chancilleria  ,  se  or- 

l  denó  que  fuese  en  las  Gasas  de  Consistorio  de 

esta  villa  ,  las  cuales  tienen  dos  corredores  an- 
chos ,  que  responden  ambas  partes  a  la  plaza  , 
de  manera  que  en  el  medio  de  ellas  que  venia  a 
estarla  frente  del  dicho  cadalso  ,  i  de  cada  uno 
de  ellos  venian  mui  bien  los  que  en  el  estaban 
estos  corredores  se  rompieron  los  pretiles  i  an- 
tepechos de  ellos  i  por  de  fuera  mas  en  publico 
se  hizieron  i  acrezentaron  de  madera  otros  co- 
rredores al  plomo  de  los  dichos  para  que  que- 


51 
dasen  tcxlos  unos,  mas  anchos  i  espaziosos,  i  al 
medio  de  ellos  estaba  un  pulpito ,  donde  se  h¡- 
ziese  el  sermón  acostumbrado ,  i  se  leyesen  tam- 
bién las  sentenzias  i  ejecuziones  » i  respondía  de 
enfrente  del  otro  pulpito  ,  que  estaba  en  el  ca- 
dalso para  los  penitentes. 

£1  corredor  de  la  mano  diestra  se  sefialó  pa- 
ra el  lugar  i  sitio  del  Prinzipe  nuestro  Señor , 
i  de  la  Serenísima  Sra.  Prinzesa  de  Portugal  e 
Infanta  de  Castilla  Gobernadora  de  estos  Reinos 
i  Damas  suyas  señoras  i  criadas.  El  de  la  sinies- 
tra que  respondía  sobre  el  lugar  e  calle  de  esta- 
cada por  donde  venian  los  penitentes,  se  seña- 
ló por  si  otro  lugar  de  los  señores  del  Consejo 
de  la  Inquisizion  que  reside  en  esta  villa  de  Ya- 
lladolid  ,  i  los  demás  Consejos  i  Chanzillerías 
consecntÍTamente  por  su  orden  preeminenzia  i 
antigüedad.  En  el  bajo  de  estos  corredores  que 
estaban  aderezados  según  i  para  quien  estaban 
señalados  se  hizieron  otros  que  se  dieron  a 
los  señores  Grandes  i  Señoras  prinzipales  i 
criadas  de  la  Casa  Real. 

Entra  contando  la  Majestad  de  Valladolid  la 
multitud  de  jentes  de  diversas  partes  que  se  ha- 
llaron el  dicho  dia  a  ver  el  dicho  Auto  ;  con  la 
majestad  que  vino  la  Serenísima  Sra.  Prinzesa 
de  Portugal ,  Infanta  de  Castilla,  Gobernadora 
de  estos  Reinos,  con  su  sobrino  el  Prinzipe  nro. 
Señor  con  toda  su  caballería  ;  i  de  la  manera 
que  vinieron  los  penitentes  a  la  Plaza  mayor  , 
donde  les  estaba  hecho  el  cadalso  sobredicho. 

Acabado  en  perfeczion  lo  sobredicho  ,  i  ha- 
biéndose pregonado  el  primer  dia  de  Pascua  del 
Espíritu  Santo  del  dicho  año  por  mandado  de 

BB 


su 

los  Sres.  Inquisidores  del  Santo  Ofízío  en  U 
Plaza  i  por  todas  las  calles,  que  todas  personas 
de  catorze  aftos  para  arriba  ,  a  cuya  notizia 
llegase  ,  el  dicho  Domingo  de  la  Trinidad  se 
hallasen  presentes  a  oir  el  sermón  i  auto  que 
alli  se  habia  de  bazer  sopeña  de  excomunión,  i 
que  ninguna  persona  anduviese  aquel  dia  a  ca- 
ballo :  i  como  de  muchos  dias  antes  tenian  el 
tal  Auto,  fué  tanta  la  jente  que  este  dicho  dia 
se  halló  en  el  pueblo  ,  concurso  i  multitud  de 
ella,  que  no  se  puede  encarezer  ;  porque  ^ou 
toda  la  grandeza  de  esta  Villa  i  abundanzia  de 
casas  i  alojamientos  ,  no  habia  donde  pudiese 
caber  tanta  jente  :  por  manera  que  las  Aldeas 
comarcanas  i  las  huertas  i  granjas  estaban  lle- 
nas de  jente  como  la  misma  Villa  ;  los  campos 
i  floridos  prados,  según  que  el  mes  de  Mayo  lo 
dsponia  eran  verdaderas  posadas  i  acojimien- 
tos  de  muchas  compañas.  Los  caminos  que  ve- 
nían a  la  jVilla  tan  llenos  i  acompañados  de 
jentes ,  como  las  mismas  calles  ,  i  finalmente* 
era  tanta  la  jente  que  se  halló  este  dia  a  ver  el 
tal  espectáculo  ,  que  parezia  una  jeneral  con- 
gregazion  del  mundo  i  tanto  ,  que  perdía  la 
t  esperanza  de  poder,  ni  oir  lo  que  habia  de  pa- 

\  sar.  Unos  se  contentaban  con  ver,  otros  con  el 

aparato  de  cadalsos,  otros  con  ver  la  diversidad 
de  jentes  ,  naziones  i  lenguas  presentes  se  ha- 
llaban e  impedían  el  paso  de  las  calles,  i  otros 
con  ver  la  grandeza  del  pueblo  i  majestad  con 
I  tantos  Señores  i  Caballeros  del  Reino  ,  otros 

'  con  ver  la  belleza  i  hermosura  ,  ricos  atavíos 

I  de  tantos  Señores  i  Señoras  ,  de  Damas  corte- 

sanas priozipales,  naturales  i  forasteras  »  que 


53 
«copaban  las  veolams  de  las  calles  i  plaus  por 
donde  veniaa  los  penitentes  ,  por  manera  aue 
la  plaza  ,  calles ,  tejados  i  ventanas  del  pueble 
estaban  tun  llenas  de  juntes  ile  diversas  Nazio- 
iies  i  tan  congregados,  i|tie  parezia  proprio  re- 
trato del  juizio. 

Estando  tanta  multitud  de  Damas  ajuotadas 
a  ver  tan  borrendo  espectáculo  a  las  cinco  de 
la  mailana  vinieroa  el  Prioiipe  nro.  Sr.  i  la 
ÍSerenJs.*  Prinzesa  de  su  Palazio  a  la  Plaxa , 
acompañados  de  toda  la  Corte  ,  grandes  Seílo- 
reH  i  Prelados  ,  i  entre  ellos  el  lteverend.°  Ar- 
zoUisno  de  Sevilla  i  (Pispos  de  Paleuzia  i  Ciu- 
«lad  Rodrigo  i  el  Condestable  i  el  Almirante  de 
Castilla  con  otros  muchos  grandes  Señores  i 
Damas j  Señoras  ¡criadas  desús  Altezas acom- 
panados  i  cercados  de  la  Guardia  Española  de 
■a  pié.  Llevaron  los  Prinzipes  delante  de  si  dos 
Diazeros  i  cuatro  Reyes  de  Armas  con  sus  es- 
looues;  llevaba  el  Conde  de  Buendía  por  mer- 
zea  i  no  haber  aquí  otro  criado  mayor  del  Reí. 
De  esta  manera  fueron  los  Prinzipes  acompa- 
liados  de  toda  la  jente  hasta  la  Plaza  ,  donde 
apeados,  se  subieion  al  lagar  i  sitio  que  les  es- 
taba señalado  ;  i  asentados  luego  por  la  otra 
banda  de  la  plaza  vinieron  treinta  penitentes 
presos  i  en  prozesion,  acompañados  de  la  guar- 
dia de  a  caballo.  Llevaban  sus  Autos  ,  velas  i 
cruzes  verdes  en  las  manos  algunos  de  ellos 
corozas  i  mordazas,  según  sus  delitos.  Lleva- 
ban delante  su  cruz  e  insignia  cubierta  de  luto 
los  Sres.  Inquisidores  Juezes  de  la  causa  ,  que 
eran  el  Lie.  Francisco  Vaca  ,  el  Doctor  Riego, 
el  Lie.  Taojelino  i  el  Lie.  Diego  González  , 


^ 


/ 


54 

acompañados  de  los  Sres.  Oidores  de  la  Real 
Ghanzilleria  que  reside  en  esta  villa  i  Rejimien- 
to  de  ella,  que  lleYaban  delante  de  todas  su 
pendón  e  insignia  del  Santo  Ofízio  con  las  ar- 
mas Reales  de  una  parte  ,  i  de  la  otra  las  de 
Santo  Domingo  ,  le  llevaba  el  Lie.  Jerónimo 
Ramirez,  Fiscal  del  Santo  Ofizio.  En  esta  ór- 
•y.  den  salieron  i  predicaron  de  la  causa  del  Santo 
Ofizio  hasta  la  Plaza  i  cadalsos  ,  i  llegados  los 
Sres.  Inquisidores  con  su  compaña  se  subie- 
ron a  sns  logares  i  asientos,  i  los  treinta  peni- 
tentes a  su  cadalso  i  pueslos  asentados  en  sus 
lugares;  las  dos  sillas  mas  altas  de  las  gradas 
ocuparon  el  Dr.  Agustín  de  Gazalla,  i  Francis- 
co de  Vivero  clérigo  su  hermano. 

Gomenza  la  confesión  del  Dr.  Agustin  Cazalla 
en  esta  manera,  de  lo  que  se  puede  dar  testimo- 
nio de  verdad  azerca  de  lo  que  pasó  en  la  confe- 
sión del  Dr.  Agustin  Gazalla,  es  lo  siguiente. 

Sábado  a  las  seis  de  la  tarde,  que  contamos 
veinte  de  Mayo  año  de  1559  entramos  mi  p^dre 
Prior  de  Ntra.  Sra.  de  Prado  e  yo  Frai  Amo- 
nio de  Garrera  ,  profeso  de  la  dicha  casa  a  la 
carzel  de  la  Santa  Inquisizion  al  aposento  del 
dicho  Gazalla  por  mandado  del  Sr.  Inquisidor 
Guillelmo  i  tratamos  con  él  según  la  dicha 
comisión  que  el  dicho  Sr.  Inquisidor  nos  dio  , 
que  fué  que  le  persuadiésemos  que  confesase 
clara  i  llanamente  lo  que  se  babia  preguntado 
en  juizio  por  las  probanzas  de  su  prozeso,  por- 
que no  están  satisfechos  de  su  confesión,  i  de- 
clarase a  quienes  i  a  cuales  personas  babia  en- 
señado, persuadido  i  atraido  a  la  falsa  i  des- 
comulgada secta  deLutero;  i  tratando  esocon  él 


55 
por  espazio  de  dos  lioi-us,  respondió  que  no  le- 
nia  mas  <]ue  confesar  de  lo  confesado  ,  i  resol- 
viéndose, en  que  do  habia  romunicado  ni  trata- 
do esta  secta  perversa  con  hombres  que  no  la 
supiesen  antes,  que  a  ninguno  la  enseñó  de  nue- 
vo, i  que  su  culpa  no  era  otra  mas  de  no  haber 
desengañado  de  este  enor  a  aquellos  que  coD 
él  lo  trataban  i  comunicaban,  i  no  haber  denun- 
2Íado  de  ellos,  de  lo  que  le  pesaba  mucho  i  pe- 
dia perdón  i  misericordia  ,  i  que  en  este  aiti- 
Gulo  otra  cosa  ninguna  pasaba  ni  la  podia  dezir, 
sino  fuese  levantándose  falso  testimonio  a  si 
mismo  i  a  otra  cualquiera  persona  que  nom- 
brase; i  llegado  con  él  a  este  punto  i  no  pudién- 
do  sacarle  mas  de  lo  dicho  ,  anunziamosle  que 
se  conformase  con  la  voluntad  de  Nlro.  Sefior, 
que  sin  ningún  remedio  habia  de' morir,  i  para 
esto  se  aparejase  como  católico  cristiano  ¡  se 
conformase;  i  c-on  dezirselo  tan  claro  ,  apenas 
lo  podiu  creer  ,  i  preguntaba  muchas  vtzes.  sí 
era  cierto  que  había  de  morir  i  sí  tenia  reme- 
dio alguno  su  vida  ,  i  respondimosle  .  que  por 
ventura  si,  si  hiziese  confesión  mas  entera  en 
l'i  que  se  preguntaba  i  confesase  la  verdad. 
Respondió,  que  él  la  habia  confesado  sin  duda, 
i  si  no  era  como  tenia  dicho,  levantándose  tes- 
timonio a  si  mismo  u  a  otros ,  que  no  podia 
confesar  otra  cosa-  E  dijímosle  ,  pues  aparejaos 
parabién  morir,  i  rezibir  la  muerte  en  peni- 
tenzia  de  vuestra  culpa  i  de  vuestros  errores  i 
herejías  ,  i  detestadlos  i  abominadlos  i  tornaos 
a  la  fee  i  ohedienzía  de  la  Santa  Iglesia  Católica 
Romana  ,  i  no  pasemos  el  tiempo,  sino  tratad 
de  vuestra  alma  i  de  aparejarla  para  Dios ,   i 


\ 


56 

confesaos  con  uno  de  nosotros  ,  cual  quisie- 
redes. 
Desde  este  punto  comenzó  a  llorar  i  pedir  a 
'I  Dios  misericordia ,  i  a  suplicarlle  alumbrase  con 
su  grazía  ,  comenzó  a  tratar  de  su  confesión,  la 
cual  acabada  «on  grandes  las  rima»  i  sollozos  , 
dezia  muchas  vezes  estas  palabras,  que  le  había 
Dios  azertado  la  vena  para  remedio  de  su  sal?a- 
zion  i  que  su  soberbia  no  se  podía  curar  con 
etra  medízina  mejor  que  con  la  que  al  presente 
se  le  aplicaba  i  <]ue  hazia  infinitas  ^razias  a  Dios 

Eor  tanta  misericordia  como  con  el  usaba,  i  que 
endezia  i  alababa  al  Sto.Ofizio  de  la  Enquisi- 
zion  i  a  todos  los  ministros  de  ella  i  que  no  era 
ofizio  puesto  en  la  tierra  por  mano  de  los  hom- 
bres ,  sino  por  la  de  Dios  r  i  Que  azeptaba  la 
sentenzia  de  su  muerte  de  mui  buena  gana  i  la 
conozia  por  mui  justa  i  mui  bien  merezida.  1 
dézia  de  esto  ciue  no  querría  la  vida  ni  la  toma- 
ría aunque  se  la  diesen ,  i  porque  tenia  por  mui 
cierto  ,  seguu  había  gastado  mal  la  pasada,  que 
sería  asi  la  que  quedase,  i  (]ue  suplicaba  a  Dios,, 
pues  que  con  ella  no  le  había  servido  que  le  ser- 
viese  con  la  muerte.  £  estas  palabras  i  oirás 
muchas  dezia  en  presenzia  del  Padre  Prior  i 
mía  ,  i  muchos  ,  que  le  entraban  a  visitar. 
Cuando  le  trajeron  el  San  Benito  lo  besó  di- 
zícndo ,  que  aquella  era  la  ropa  que  de  mejor 
gana  vestía  de  cuantas  hasta  entonzes  se  había 
[yiesto  porque  era  la  propia  para  confusión  de 
su  soberbia  ,  i  que  viniese  sobre  él  toda  la  igno- 
minia del  mundo, para  que  fuese  parte  de  pur- 
gar sus  pecados  i  las  ofensas  que  había  hecho  a 
Dios.  Propuso  en  la  carzel  i  díónie  la  palabra 


57 
de  que  en  todas  las  partes  que  pudiese  predíCíT- 
ria  la  niiserícoi'dia  que  Dios  hazia  r.on  él;  imal- 
deziria  i  detestaria  a  toda  i  cualquiera  perversa 
i  errónea  doctrina  que  hubiese  tenido  é  creído, 
i  cualquiera  Tuese  contra  la  Católica  i  Apostóli- 
ca ,  que  tiene  i  cree  la  Iglesia  de  Roma  ;  i  que 
persuadiría  a  todos  que  biziesen  lo  mismo  ;  i 
Con  este  iatento  salió  del  Aposento  i  de  la  carzel 
de  la  Santa  Inquisizion  para  el  tablado ,  i  lle- 
gando alli  estuvo  en  él  con  lágrimas  que  todos 
vieron  hasta  que  le  leyeron  la  sentenzia  ,  i  des- 

Íiuesliizo  lo  mismo  cuando  lo  degradaron.  Pidió 
izenzia  dosvezes  al  Sr.  Arzobis|)o  de  Sevilla 
para  hablar  según  lo  tenia  conmigo  conzerU- 
do  ,  i  no  se  la  dieron  ,  i  mandáronle  que  no  ha- 
blase, i  le  tornaron  a  su  sitio  i  desde  alli  dijo  a 
muí  grandes  vozes,  que  Dios  habia  hecho  con  él 
(grande  misericordia  i  que  por  sus  pecados  tne- 
rezia  los  infiernos  i  todas  las  penas  de  ellos  i  que 
pedia  a  todos  perdón  de  su  mal  ejemplo  i  se  tor- 
naba de  lodo'corazon  a  la  obedienzia  de  la  Santa 
Iglesia  Católica  Homana.  En  acabando  el  Auto, 
al  bajar  del  tablado  en  la  escalera  delante  del 
Sr.  Arzobispo  de  Santiago  i  de  todos  los  demás 
que  alli  estabnn,  dijo  a  mui  grandes  vozes,  que 
por  reverenzia  de  Dios  lodos  le  perdonasen  i 
rogasen  a  Dios  por  él  i  alabasen  su  misericordia 
i  le  diesen  grazias  por  la  que  con  él  habia  usa- 
do en  quererte  salvar  por  aquel  camino ,  aue 
no  bahía  otro  para  su  remedio  ni  para  humillar 
su  soberbia;  i  alli  amonestó  a  todos  la  obedien- 
zia del  Homano  Pontifize  i  de  sus  Prelados  de 
la  Iglesia.  Bendijo  a  mui  grandes  vozes  el  Son- 
to Ofizio    los  ministros  de  él  como  cosa  puesta 


■ 


58 

por  la  mano  de  Dios  en  la  tierra»  i  pidió  al  Sr. 
Arzobispo  de  Santiago  su  bendizion,  i  su  Seño- 
ría se  la  dio,  i  rezibida  ,  bajó  donde  estaba  el 
jumento  en  que  fué  basta  el  palo  i  en  la  plaza 
hasta  entrar  en  la  calle  de  Santiago  predicó  al 
público  amonestándole  que  no  se  apartase  na- 
die en  ninguna  manera  de  la  obedienzia  de  la 
Iglesia  Romana,  i  que  guardasen  todos  los  man- 
damientos i  prezeptos  de  ella  i  que  reverenzia- 
sen  a  sus  Prelados  i  huyesen  de  doctrinas  nue- 
vas i  de  predicadores  de  rincones.  Eutrando  en 
la  calle  de  Santiago,  paramos  con  él  poco,  i  pi- 
dió un  jarro  de  agua  a  la  puerta  trasera  de  S. 
Francisco  i  como  hubo  bebido  ,  dijo  con  muí 
grandes  vozcs  i  lágrimas*  veis  aqui  el  Predica- 

'í'  dor  de  los  Prinzipes  reglado  del  mundo  el  cual 
las  jentes  traian  sobre  ios  hombres,  veisle  aqui 
en  la  confusión  que  merezia  su  soberbia,  mirad 
por  reverenzia  de  Dios  que  toméis  ejemplo  en 
mi  para  que  no  os  perdáis,  no  confiéis  en  vues- 

'/*  tra  razón,  ni  en  la  prudenzia  humana  sujesta  i 
cautiva,  ni  en  vuestros  entendimientos,  fiad  a 
la  fee  de  Cristo  i  a  la  obedienzia  de  la  Iglesia, 
que  este  es  el  camino  para  no  perderse  los 
hombres ;  i  prosiguiendo  asi,  pasó  toda  la  calle 
hasta  llegar  a  la  puerta  del  campo  ,  a  donde  i  a 
fuera  de  ella  le  trujeron  al  hereje  pertinaz  Her- 
rezuclo  ,  i  todos  le  rogamos  de  parte  de  Dios 
que  le  predicase  i  persuadiese  por  que  no  se 
condenase  ,  perseverando  en  su  descomulgado 
error,  el  cual  luego  con  gran  fervor  le  comenzó 
a  predicar  de  esta  manera^  i  por  estas  formales 
palabras:  Hermano:  no  sabia  yo,  que  estabades 
pepsevírantc  en  vuestro  engaño:  por  reverenzia 


50 
de  Dios,  (|ue  no  os  queráis  perder,  dadme  cré- 
dito ,  i|iiG  mas  letras  <|Ue  vos  he  estudiado  ,  i 
también  he  estado  engañado  en  el  mismo  error 
<|i)e  TOS.  Uáme  tocado  Dios  con  la  muño  de  su 
misericordia  i  alumbrado  con  la  luz  de  su  di- 
vina grazia  ,  i  sacado  de  csla  descomulgada  i 
herética  secta:  entended  i  creed  gue  en  la  tier- 
ra no  liai  iglesia  invisible  ,  sino  visible  ,  i  ésta 
es  la  Culólica  Romana  i  universal  que  Cristo 
dejó  fundada  en  su  sangre  i  pasión,  cuyo  vica- 
rio eit  su  lugar  es  el  [\omano  Pontilizc  ,  i  en- 
tended que  aunque  en  aquella  itomn  hubiese 
todos  los  pecados  i  abominazioncs  del  mundo  , 
residiendo  allí  el  vicario  de  Jesti-Cristo  que  es 
nuestro  mui  llanto  Padre ,  alli  asiste  el  Espirt- 
lu  Santo  ,  que  es  el  que  preside  en  su  Iglesia  i 
asiste  siempre  en  i-lla  ,  sin  faltar  ,  i  no  ti^ngais 
cuenta  de  quien  son  los  Ministros  ,  sino  del  lii- '/. 
gar  que  tienen  i  en  cuyo  nombre  están  ,  i  sabed 
cierto  ,  que  por  malos  que  sean  no  deja  Dios 
por  malízia  at  Ins  Hinistros  ,  de  obrar  mara- 
villas en  virtud  de  los  sacramentos  ,  que  dejó 
en  la  Iglesia  fundados  en  su  sangre  i  pasión  , 
lus  cuales  dan  grazia  a  los  que  dignamente  los 
reziben  porque,  liermano ,  como  venga  el  agu:i 
poco  importa  que  venga  por  arcaduzes  de  oro  , 
que  de  cobre.  Tornaos  por  amor  de  Dios  a  la 
obedienzia  de  la  Santa  Iglesia  ,  i  entended,  que 
fuera  de  este  camino ,  ninguno  hai  para  el  Cie- 
lo ,  i  sabed  que  si  no  os  convertis  ,  que  vais 
condenado.  Lstas  i  otras  muchas  cosas  le  dijo 
con  grande  espiriiu  i  muchas  lágrimas.  Solo 
niarezia  la  obstinazion  i  dureza  de  tan  mal  hom- 
bre ,  que      le  aprovechase  cosa  ninguna ;  i  asi  7- 


00 

pasó  adelante  hasta  llegar  al  palo  ,  predicando 
siempre  i  amonestando  ,  que  reverenzinsen  a 
los  ministros  de  la  Iglesia  i  honrasen  a  los  Re- 
lijiosos  i  Relijione».  Llegado  al  lugar  de  su  tor- 
mento ,  antes  que  se  apease  para  subir  a  pade- 
zer  ,  se  reconzilió  conmigo  ,  que  lo  habia  con- 
fesado ,  i  sin  mas  dilazion  le  pusieron  la  argo- 
lla al  pescuezo  ,  i  estando  asi ,  tornó  otra  vez  a 
predicar  i  a  amonestar  a  todos  lo  mismo,  i  pro- 
siguiendo su  predicazion  ,  dos  Padres  de  la  Or- 
den de  S.  Francisco  le  trujeron  otra  vez  al  obs- 
tinado Herezuelo  para  que  le  predicase  ,  por 
que  ellos  no  le  podian  convertir.  Dijole  :  her- 
mano ,  mirad  que  algo  quiere  Dios  de  vos,  pues 
tantas  vezes  os  traen  delante  de  mi  para  que  os 
aparte  i  amoneste  ,  i  mirad  que  en  esta  debo  de 
entender  ,  que  es  muí  grande  ceguedad  creer 
que  en  solo  vos  está  el  Espíritu  Santo  ,  i  no  en 
tantos  fíeles  cristianos  ,  que  están  aqui  presen- 
tes ;  mirad  que  algo  quiere  Dios  de  vos  pues 
tantas  vezes  os  traen  delante  de  mi  para  que 
os  aparte  i  amoneste  ,  i  mirad  que  en  esta  dejo 
7.  de  entender  en  lo  que  tantome  toca  por  predi- 
caros i  de  parte  de  Dios  rogaros  que  dejéis  esta 
mala  i  errónea  opinión  que  tenéis.  Yo  os  lo 
digo  porque  Dios  no  me  pida  cuenta  de  vuestra 
alma.  Pero  poco  le  aprovechó  ;  i  volvióse  al 
público  a  predicar  i  rogarles  que  le  encomen- 
dasen á  Ntro.  Sr.  En  comenzando  á  dezir  el 
Credo  ,  aparejaron  el  garrote  i  el  cordel  ,  i  lle- 
gado al  puesto  ,  se  le  apretaron ;  i  asi  se  le  aca- 
bó la  vida  con  semejante  muerte  ,  i  dio  el  alma, 
la  que  tengo  por  cierto  que  fué  camino  de  sal- 
vazion  ,  i  en  esto  no  pongo  duda  ,  sino  que 


/ 


Ci 
Dios  Nlro  Sr.  qne  fué  servido  por  su  miseri- 
corilia  de  darlo  eoiiozi miento  i  ai'repcntimiento 
i  reduzirle  a  la  confesicn  de  su  fee  ,  será  servi- 
do de  darle  su  gloria. 

Esto  es  lo  qne  pasó  en  este  caso  ,  de  lodo  lo  ./' 
cual  fui  testigo  de  visla  ,  sin  apartarme  un 

[lUDtu  desde  que  le  confesé  basta  que  espiró  , 
o  cual  él  me  rogó  con  grande  instanzia  ,  no  le 
dejase  hasta  que  fué  difunto. 

Fr.  Antonio  de  la  Carrera  para  el  lllmo.  i 
Rev."'»  Arzobispo  de  Sevilla  tornó  a  conlar  lo 
que  pasó  en  el  Auto.  Asentados  todos  i  quieta 
la  jentc  ,  comenzó  el  sermón  el  mui  Rev.(>i>  Sr. 
el  Mtro.  Gano  electo  de  Canaria  ,  a  quien  esta- 
va  encomendado ,  el  cual  fué  tal  según  se  espe- 
raba de  tan  eminente  varón.  Acabado  el  ser- 
moa  ,  se  comenzaron  a  leer  las  sentenzias  en  et 
mismo  pulpito  ejecutorias  contra  cada  uno  ,  i 
antes  de  comenzarlas  el  llev.""<le  Sevilla  lomó 
i  rezibió  juramento  en  forma  a  los  Prinzipes  , 
que  defenderían  i  cumplirian  nuestra  Santa  fee 
i  si  fuese  menester  ,  morir  por  ella  ;  i  lo  miB- 
mo  se  hizo  por  un  Oidor  con  el  Condestable  i 
Almiranle  i  los  tres  estados  lo  cual  se  hizo  con 
toda  la  autoridad  que  podría  ser. 

Senteozias  i  Ejecutorías. 

Quemado.  Hecho  eslo  ,  se  puso  un  Relator 
en  el  dicho  pulpito  donde  se  hizo  el  sermón  ,  i 
llamado  el  Dr.  Agustín  de  Cazalla  ,  el  cual  pa- 


i  delitos  de  que  era  acusado  ,  ios  cuales  en  S' 


V 


&2 

Illa  eran  ,  liaber  tenido  un  criado  i  enseíindo  la 
mala  i  perversa  srcla  del  inicuo  Lutero  ,  i  mu- 
chas malas  perversas  i  falsas  doctrinas  i  heré- 
ticas opiniones ,  las  cuales  aunque  se  leyeron 
bien  en  público  i  se  oyeron  por  tantas  jentes  , 
no  quiero  yo  dezirlas  ni  acordarme  de  haber- 
las oido  ;  i  asi  fué  condenado  el  dicho  Augustin 
do  (üazalla  i  declarado  por  hereje  Apostata  Lu- 
terano i  <'ns(>riador  de  tal  secta  i  confiscazion  de 
bienes  ,  i  mandado  degradar  i  entregar  a  la  Jus- 
tizta  seglar  r  el  cual  oida  su  sentenzia  hizo  su 
mesura  a  los  Prinzipes  i  se  volvió  a  sentar  en 
su  lugar  señalado. 
7'  Quemado.  Fué  luego  llamado  Francisco  de 
Yibero  ,  hermano  de  dicho  Gazalla ,  i  leidas  sus 
culpas  i  cnminales  delitos  ,  estando  el  a  todo 
presente  (que  eran  las  mismas  que  su  hermano) 
Fué  condenado  i  declarado  por  hereje  apostata 
Luterano  ,  ensoñador  de  tal  secta  i  en  confisca- 
zion de  sus  biiMics.  Fué  degradado  i  quemado. 

Quemada.  Luego  fué  llamada  D/  Beatriz  de 
Vivero  ,  beata  ,  hermana  de  Gazalla  ,  i  pare- 
ziendo  a  oir  su  sentenzia  ,  fueron  leidas  sus 
culpas  (que  eran  de  la  misma  manera).  Fué  de- 
clarada i  condenada  por  hereje  apostata  Lute- 
rana ,  enseña  dora  de  tal  secta  ,  quemada  i  con- 
íiscados  sus  bienes  i  entregada  al  brazo  seglar. 

Juan  de  Vivero  ,  hermano  de  Gazalla  fué  lla- 
mado i  leidas  sus  culpas  ,  fué  condenado  i  de- 
clarado pur  hereje  ,  apostata  ,  descomulgado  i 
Luterano ,  i  contiscazion  de  bienes  i  que  saliese 
al  cadalso  con  San  Henito  i  vela,  i  le  restituye- 
ron a  la  Iglesia  dándole  carzel  perpetua  ,  i  que 
trújese  siempre  el  S.  Benito  ,  i  que  todos  los 


J 


65 
domingos  saliese  a  oir  misa  i  sermón  en  la  Igle- 
sia del  lugar  a  donde  le  asignasen  por  carzel 
perpetua ,  i  que  comulgase  las  tres  Pascuas  del 
año. 

D/  Leonora  de  Vivero  ,  mujer  que  fué  de 
Hernando  Orliz  Conladon  ,  hermana  de  Caza- 
lia  ,  ieidas  sus  culpas  i  pecados  ,  fué  condenada 
por  hereje  Luterana  i  en  carzel  perpetua  i  que 
trújese  siempre  el  San  Benito  ,  i  en  lo  demás 
igual  a  Juan  de  Vivero  su  hermano. 

Fué  luego  llamada  la  estatua  deD.'  Leonora 
de  Vivero  ,  madre  de  Cazalla  ,  ya  difunto ,  i 
leídas  sus  culpas  i  criminales  delitos  ,  fué  de- 
clarada por  hereje  apostata  Luterana  i  haher 
acabado  su  vida  en  tal  secta  ,  i  en  confiscazion 
de  bienes  i  que  fuesen  sacados  sus  huesos  de  la 
Iglesia  i  Monasterio  del  Sr.  S.  Benito  de  esla 
villa  donde  se  enterraron  ;  i  que  ellos  i  su  esta- 
tua fuesen  entregados  al  brazo  seglar  ,  confis- 
cados sus  bienes  ,  i  que  visto  que  en  la  casa  de 
la  dicha  D.*  Leonor  de  Vivero  se  hazian  los 
Ayuntamientos  i  conventículos  donde  nuestro 
Sr.  tanto  sirvió  ,  mandaron  que  la  dicha  casa 
fuese  derribada  i  asolada  i  que  en  ella  fuese 
puesto  un  padrón  de  marmol  donde  se  declara- 
sen las  causas  ,  culpas  i  delitos  hechos  ;  para 
que  en  todos  tiempos  haya  memoria  de  ellos  i 
sea  notable  ejemplo  a  los  venideros.  Fueron 
quemados  sus  huesos  i  estatua. 

El  Mtro.  Alfonso  Pérez  ,  vezino  de  Palenzia, 
clérigo  fué  llamado  ,  i  Ieidas  sus  culpas  i  peca- 
dos fué  condenado ,  i  declarado  por  hereje  , 
apostata  ,  descomulgado  ,  i  Luterano  i  enseña^ 
dor  de  tal  perversa  secta  i  en  confíscazion  de 


04 

bíen«s  i  (fue  sea  degradado  de  las  órdenes  i  en- 
tregado a  la  Justizia  seglar.  I  leidas  las  senten- 
zias  dichas  ,  se  pasó  el  Reverend.°  de  Palenzia 
del  lugar  donde  estaba  (que  era  con  los  Prinzi- 
pes)  al  cadalso  de  los  penitentes  para  la  degra- 
dazion.  Fueron  por  su  mano  degradados  los  di- 
chos Dr.  Cazalla  ,  i  Francisco  de  Vivero  su  her- 
mano clérigo,  i  el  Mtro.  Alonso  Pérez.  Lo  cual 
se  hizo  con  las  ceremonias  i  solemnidades  en 
tal  caso  acostumbradas  ,  i  luego  les  pusieron 
sus  corozas  i  lo  sintieron  extrañamente  los  cul- 
pados espezfalmente  Cazalla  que  díó  gran- 
des muestras  de  sentimiento  i  quiso  volver  alli 
a  la  Prinzesa,  i  no  le  fué  permitido  ,  pero  áip 
grandes  palabras  de  arrepentimiento  de  sus 
culpas. 

D.'  Francisca  de  Zuniga  fué  llamada  luego  , 
hija  del  Lie.  Francisco  de  Baeza,  vezino  de  Va- 
lladolid  ,  fué  condenada  i  declarada  por  hereje, 
apostata  Luterana  i  contiscazion  de  bienes ,  i 
que  saliese  con  su  hábito  i  vela  al  cadalso  i  ten- 
ga carzel  perpetua  i  traiga  ^iempre  el  habito  , 
que  oiga  todos  los  Domingos  i  fiestas  misa  i  ser- 
món si  le  hubiere  so  pena  de  relapsa. 

Fué  llamado  D.  Pedro  Sarmiento,  i  leidas  sus 
culpas  i  pecados  fué  condenado  í  declarado  por 
licreje  ,  apostata  descomulgado  i  Luterano  i  en 
contiscazion  de  bienes  i  privazion  de  habito  i 
encomienda  de  Alcántara  i  honor  de  Caballero, 
i  que  traiga  perpetuamente  el  San  Benito  i  ten- 
ga carzel  perpetua  adonde  le  fuere  señalada  i 
ayune  ciertos  dias  i  comulgue  las  Pascuas  del 
año  i  oiga  misa  i  sermón  so  pena  de  relapso. 

Fué  luego  llamada  D.*  Henzia  de  Figueroa 


05 
mujer  de  D.  Pedro  Sarmienlo ,  i  leídas  sus  cul- 
pas i  delitos  fué  condenada  i  declarada  por  he- 
reje apostata  i  Luterana  i  ijue  tuviese  siempre 
el  S.  Benito  i  carzel  perpetua  i  que  conressse  i 
comulgase  todas  las  Pascuas  del  aOo  i  oyese  ser- 
món i  misa  si  le  hubiese  todos  los  Üomingns , 
i  conliscaziou  de  bienes. 

Fué  luego  llamado  Ü  Luis  de  Rojas ,  Mar-  ,/' 
ques  de  Poza  ,  i  leidas  sus  culpas  i  delitos ,  fué 
condenado  por  hereje  Luterano  i  confiscazion 
de  bienes  i  que  saliese  al  cadalso  con  S.  Benito 
i  vela  1  le  trújese  cierto  tiempo  ,  i  desterrado 
de  la  Corle  i  villa  perpetuamente  í  privado  de 
los  honores  de  Caballero. 

D.'  Ana  tlnriquez  hija  del  Marques  de  Aka- 
flízes  mujer  de  D.  Juan  Alonso  fué  llamada  i  ./* 
salió  con  su  San  Benito  i  vela  i  leidas  sus  cul- 
pas fué  condenada  a  que  saliese  al  cadalso  con 
el  dicho  S.  Benito  i  vela  ,  i  que  ayunase  tres 
días  ,  i  que  volviese  con  su  habito  a  la  carzel  i 
de  allí  se  Tuese  libre. 

Juan  de  Ullua  Pereira  ,  Comendador  de  San 
Juan  vezino  de  Toro  ,  fué  luego  llamado  .  i  !ei- 
das  sus  culpas  i  delitos  fué  condenado  i  decla- 
rado por  hereje  Luterano  ,  i  que  trújese  San 
Benito  siempre  i  que  saliese  allí  con  él  i  vela,  i 
carzel  perpetua  i  conliscaziou  de  bienes ,  i  des- 
pojado del  habito  de  S.  Juan  i  perdido  el  honor 
de  Caballero. 

D  *  María  de  Rojas  .  hija  del  Marques  de  Po- 
za ,  monja  de  Sta.  Catalina  de  Sena  de  esta  vi- 
lla fué  llamada  ,  i  leídas  sus  culpas  fué  conde- 
nada a  que  saliese  alli  con  S.  Benito  i  vela  í  que 
la  volviesen  al  Monasterio  ,  i  alli  no  tuviese 


I 

\ 

\ 

i 


00 

voto  actÍTO  ni  pasivo  ,  i  los  mas  ínfinnos  luga- 
res de  todas. 

D.'  Juana  de  Silva  ,  mujer  de  D.  Juan  de  Vi- 
vero fue  llamada  ,  i  salió  con  su  San  Benito  i 
vela  ,  i  leídas  sus  culpas  fue  condenada  i  decla- 
rada por  heroje  ,  apostata ,  Luterana  i  conGsca- 
zíon  de  bienes  i  San  Benito  i  carzel  perpetua. 

Vué  luego  llamado  Antón  Üominguez ,  vezi- 
no  de  Pedresa  ,  i  Iridas  sus  culpas  fue  conde- 
nado a  <|ue  saliese  alii  con  S.  Benito  i  vela  i  con 
contiscazion  de  bienes  i  tres  años  de  carzel. 

Leonor  de  Cisneros  ,  vezina  de  Zamora,  fué 
llamada ,  i  leídas  sus  culpas  fué  condenada  a  S. 
Benito  i  carzel  perpetua. 

Quemado.  Juan  García  ,  platero  ,  vezino  de 
Valladolid  fué  llamado  ,  í  leídas  sus  culpas,  fué 
condenado  i  declarado  por  hereje  ,  apostata  , 
Lnlerano  i  confiscados  sus  bienes ,  i  mandado 
entregar  al  brazo  seglar. 

Antón  Asel  Borgoñon  ,  paje  del  Marques  de 
Poza  fue  llamado  i  reconziliado  i  para  siempre 
condenado  al  S.  Benito. 

Quemado.  Cristoval  de  Ocampo  ,  vezino  de 
Zamora  fué  llamado  i  leídas  sus  culpas  fue  con- 
denado i  declarado  por  hereje  ,  apostata  ,  Lu- 
terano i  contiscazion  de  bienes  i  entregado  al 
brazo  seglar  ,  i  fué  quemado. 

Leonor  de  Toro  fué  llamada  i  leídas  sus  cul- 
pas fué  condenada  a  carzel  perpetua  .  i  hábito 
de  S.  Benito  i  confiscazlon  de  todos  sus  bienes. 
Era  vezina  de  Zamora. 

Gabriel  de  la  Cuadra  fue  llamado  i  condena- 
do en  carzel  perpetua. 

Leídas  las  dichas  sentenzias  el  Rev.<no  ¿^  Se- 


■  67 
villa  biio  la  absoluzion  acostumbrada  a  los  pe- 
niteutes ,  i  se  prosiguieron  las  demás  sentcn- 
zias. 

Fue  luego  llamado  Padilla  vezino  de  Zamora 
i  leídas  sus  culpas  í  delitos  íué  condenado  i  de- 
clarado por  hereje  ,  apostata  ,  Luterano ,  ense- 
ñador  de  tal  secta.  Fué  quemedo  i  entregado 
al  brazo  seglar. 

Luego  fué  llamado  el  Lie.  de  Herezuelo  ,  ve- 
zino de  Toro  i  confiscados  sus  bienes  ,  fué  con- 
denado i  declarado  por  hereje  apostata ,  Lute- 
rano ,  predicador  de  tal  secta  ,  i  mandado  en- 
tregar al  brazo  seglar  fué  quemado  vivo  ,  que 
no  bastaron  las  persuasiones  de  tantos  i  tan  se- 
fialados  varones  como  a  su  lado  se  hallaron  i 
mucho  jéncro  de  promesas  que  se  le  hizieron 
para  (]ue  confesase  la  Iglesia  Romana  ,  con  ha- 
ber visto  morir  delante  de  si  otras  treze  animas 
de  su  opinión.  Cosa  de  mucha  admirazion  fué 
a  las  jentes  cuanto  poder  tuvo  en  él  el  ene- 
migo. 

Luego  fué  llamada  Catalina  Boman  ,  vezina 
de  Pedrosa  ,  i  leidas  sus  culpas  i  delitos  fué 
condenada  por  hereje  apostata  ,  Luterana  ,  i 
confiscados  sus  bienes  ,  fué  mandada  entregar 
al  brazo  seglar. 

Catalina  Diaz  ,  vezina  de  Valladoüd  fué  lla- 
mada, i  leidas  sus  culpas  i  pecados  ,  fué  decla- 
rada por  hereje  apostata  ,  Luterana  ,  ensefia- 
dora  de  tal  secta ,  i  en  confiscazion  de  sus  bie- 
nes i  que  fuese  entregada  al  brazo  seglar. 

El  Lie.  de  Herrera  ,  vezino  de  Peflaranda  de 
Duero  fué  llamado,  i  leidas  sus  culpas ,  fué  de- 
clarado i  condenado  por  hereje  apostata ,  Lu- 


p 

v1 


68 

terano  ,  i  confiscados  sus  bienes  fué  entregado 

al  brazo  seglar. 

Luego  fué  llamada  Isabel  de  Estrada ,  vezina 
de  Pedrosa  ,  i  leídas  sus  culpas ,  fué  condenada 
1  declarada  por  hereje ,  apostata  ,  descomulgada 
i  Luterana  ,  i  en  confiscazion  de  bienes ,  i  fué 
entregada  al^^brazo  seglar. 

Juana  Yelasquez  ,  vezina  de  Pedrosa  fué  lla- 
mada ,  i  leídos  sus  delitos  i  sentenzia  fué  de- 
clarada por  hereje ,  apostata  ,  Luterana  i  en 
confiscazion  de  bienes  i  mandada  entregar  al 
brazo  seglar.  Fué  quemada. 

Gonzalo  Yaez  ,  portugués  ,  fué  luego  llama- 
do i  declarado  por  judio  i  mandado  al  brazo 
seglar  i  confiscazion  de  bienes. 

Acabadas  las  ejecutorias  i  el  dicho  Auto,  que 
fué  hecho  con  tal  solemnidad  i  admirazion  de 
las  jentes  que  no  se  puede  creer ,  fueron  lleva- 
dos a  la  carzel  Real  D.  Pedro  Sarmiento  ,  i  D. 
Luís  de  Rojas ,  su  sobririo  ,  i  Juan  de  Ulloa 
Pereira  ,  i  dicha  la  causa  de  su  prisión  ,  no  se 
sabe  de  cierto  mas ,  que  fué  mandato  del  Reí 
expreso ,  que  los  nueve  hombres  i  seis  mujeres 
con  la  estatua  fuesen  llevados  a  quemar  a  la 
.puerta  del  campo  de  esta  villa  ,  adonde  murie- 
ron. El  uno  que  fué  Herrezuelo  quemado  vivo 
con  la  mayor  obstinazion  que  se  vio  jamas  ,  i  a 
los  demás  dieron  garrote  ;  e  hizieron  muestras 
'^ue  morían  arrepentidos  ,  prinzipalmente  el 
Dr.  Ag^istin  de  Cazalla  que  dijo  muchas  buenas 
palabras  i  persuasiones  a  Herrezuelo  para  que 
se  convirtiese  ,  i  en  razón  del  reconozimien- 
to  de  sus  culpas  algunos  de  ellos  ,  como  el  Clé- 
rigo ,  hermano  de  Cazalla  morieron  con  una 


69 
osadia  i  liberalidad  que  no  contentó  mucho. 
Los  demás  penitentes  fueron  llevados  a  la 
carzel  del  Sto.  Ofízio  ;  i  con  esto  se  acaba  el 
Auto  ,  que  duró  desde  las  cinco  de  la  mañana 
hasta  las  cuatro  de  la  tarde  con  el  mayor  es- 
pectáculo de  jente  que  jamas  se  vio. 

Sacóse  este  Memorial  para  el  Conde 
de  Benavente. 

Memoria  sumaria  de  los  que  salieron  al  se- 
gundo Auto  que  fué  en  la  dicha  villa  de  Yalla- 
dolid  a  ocho  de  Octubre  de  1559  anos  i  contar 
de  la  congregación  que  se  halló  en  el  escusado, 
pues  está  claro  ser  tanta  i  mas  que  el  Auto  pa- 
sado ,  por  hallarse  presente  a  él  la  Majestad 
del  Rei  ntro.  Sr.  D.  Felipe  II ,  que  desembarcó 
en  el  Puerto  de  Laredo  ,  viniendo  de  Flandes 
el  dia  de  N.*  S/  de  Setiembre  de  dicho  año. 

Los  quemados  son  los  siguientes. 

D.  Carlos  de  Cesar ,  vezino  de  Yillamediana, 
quemado  vivo  ,  i  confiscados  sus  bienes. 

Juan  Sánchez  ,  criado  de  Cazalla  ,  quemado 
vivo.  Hizole  prender  Sotelo  ,  vezino  de  la  Al- 
dea del  palo.  Quemado  i  confiscados  sus  bienes. 

Fr.  Domingo  de  Rojas ,  hermano  del  Mar- 
ques de  Poza  quemado. 

El  Cura  tal  de  Pedresa. 

N.  Vivero  ,  hermano  de  Cazalla  ,  quemado. 

Gaspar  Blanco  ,  cuchillero  ,  quemado  i  con- 
fiscados sus  bienes. 

Francisco  de  Almanzar  ,  fué  condenado'por 
hereje  Luterano  :  i  quemado. 


70 

Un  Morisco  ,  tcúdo  de  Palentia  ,  quemado  i 
«OfiRacadoB  sus  bienes. 

1).'  María  de  Guevara  ,  Monja  de  Belén  fié 
condenada  a  c|uemar. 

María  de  Miranda  ,  Monja  de  Belén  fué  con- 
denada a  quemar. 

D.*  Margarita  S.  Estevan  ,  Monja  de  Belén 
lué  condenada  a  quemar. 

D.'  EuTrasía  ,  heata  de  la  Orden  de  S.  Fran- 
cisco veiina  de  Valladolid  ,  quemada. 

La  estatua  deJuana  Sancnei ,  vezina  de  Va- 
lladolid ,  quemada. 

Reconziliados  i  en  San  Benilados  son  los 
siguientes. 

Una  hermana  de  D.'  Catalina  de  Reinosa  , 
San  Benito. 

D.'  Ana  de  Mendoza ,  S.  Benito ,  carzel  per- 
petua i  conriscazion  de  bienes. 

Ana  Hernández ,  carzel  perpetua ,  S.  Benito 
i  conflscazion  de  bienoe. 

Ana  de  Castro  ,  carzel  perpetua  ,  S.  Benito  i 
^wafiscazion  de  bienes. 

D.*  Tereaa  de  Olmos  .  S.  Benito  i  confisca- 
zion  de  bienes. 

-Francisca  de  Losa ,  declarada  por  hereje  ,  i 
S.  Benito  para  siempre. 

La  mujer  de  D.  Carlos  de  Cesar ,  S.  Benito  i 
carzel  perpetua. 

Dos  sobrinos  de  la  mujer  de  D.Carlos  de  Ce- 
sar ,  declarados  por  herejes  ,  i  San  Benito. 

Al  Alguazil  que  se  hizo  del  Sto.  Ofizio  seis- 
cientos azotes. 


A  UDO  que  fué  testigo  Talso,  seiscienlus  azotes. 

D.'  Francisca  Zuñiga ,  declarada  por  hereje  i 
S.  Beoito. 

Heredia ,  Beata ,  declarada  por  LuteraDa4  S. 
Beaito  perpetuo. 

D.*  Catalina  de  Alcázar ,  S.  Benito  ,  i  carzel 
perpetua. 

Magdalena  Hernández  .  declarada  por  Lute- 
rana  ,  i  S.  Benito. 

Isabel  de  Pedrosa  ,  declarada  por  Luterana  , 
i  S.  Benito. 

Una  labradora  de  Pedrosa ,  declarada  Lute- 
rana. 

Todos  estos  treinta  i  cuatro  penitentes  arri- 
ba dichos  salieron  con  sus  hábitos  de  S.  Bonito 
i  corozas  i  velas  en  las  manos  i  cruzes  verdes-. 
Los  que  quemaron  traían  cordeles  a  los  pescue- 
zos ,  acompasados  de  sus  TaBiiliares  ,  salvo  el 
Fraile  i  Clérigos  basta  que  los  degradaron  el 
Obispo  de  Paleozia  ,  i  luego  se  los  pusieron  con 
S.  Benito ,  corozas .  velas  i  cruzes  verdes  en  las 
manos ,  i  cordeles  al  pescuezo. 

Estaban  en  lo  mas  alto  del  cadalso  dOs  silfas 
por  remate  de  él ,  mui  bien  labradas ,  las  cua- 
les ocuparon  al  primer  Auto  Agustín  de  Cazalla 
i  el  Lie.  Herrezuelo  ,  Tezino  de  Toro  .  i  al  se- 
gundo Auto  las  ocuparon  Fr.  Domingo  de  Hojas 
de  la  Orden  de  Sto.  Domingo  ,  i  Juan  Sánchez, 
criado  que  fué  de  Agustin  Cazalla  i  D.  Carlos 
de  Cesar  ,  vezino  de  Villamediana. .  Tenian  las 
dichas  dos  sillas  dos  cruzes  teñidas  de  negro  , 
con  unos  rótulos  en  los  remates  ,  que  dezian  : 
exurge  ,  Deus  ,  judica  causam  tnam.  Levanta- 
te  ,  Seflor  ,  i  juzga  tu  causa. 


^ 


72 

¥o  temo,  que  los  que  hayan  leido  las  dos  pe- 
sadas Relaziones  que  antezeden  ,  de  un  mismo 
asunto  ,  queden  como  cansados  de  tan  prolija 
charla  ,  i  no  dejen  de  censurar  el  que  se  inclu- 
yan relaziones  dobles  de  semejantes  hechos  ,  i 
autores.  Pero,  en  los  volúmenes  que  a  este  si- 
pn  ,  se  verá  motivada  la  inclusión  de  estas  vc- 
jezes  ,  en  nuestros  Apéndizes. 

Paj.  174.  «Suzedió  en  Sevilla,» etc. 

Llamo  la  atenzion  sobre  este  paso  de  nuestro 
Autor  ,  por  haberle  trocado  del  todo  ,  el  que 
publicó  el  a.  1603 ,  en  Haidelberga  ,  un  curio- 
so compendio  del  Montes  ,  con  el  titulo  :  <  De 
Jnquisílione  Hispánica  OraliuncuUe  sepiem.» 
Es  un  libro  de  unas  164  pajinas  i  en  la  paj.  109 
comienza  un  párrafo  en  él ,  de  este  modo  ;  — 
uAccidit  Hispali ,  ut  Lieentiaius  quídam  nomi- 
ne hasco  ,  post  nescio  quotannos  tn  voluntario 
carcere  exaclo& ,  liberationem  obniré  peteret, 
etc.  Véase  ahí, cómo  al  Lie.  Gaseo  ademas  de  lla- 
marle Ha9co  ,  le  pone  preso  voluntario ,  cuando 
era  voluntarioso  inquisidor  :  i  echa  a  perder  , 
lo  que  Montes  refiere  en  las  pajinas  174  i  175 
de  este  volumen.  Simón  Stenio  ,  natural  de 
Lomme ,  es  el  autor  del  vol.  publicado  en  Hei- 
delberffa  en  el  a.  1603  aue,  como  ya  he  dicho, 
es  un  Compendio  de  la  onra  de  Montes  ,  hecho, 
según  refiere  la  Portada  ,  en  siete  discursos  ,  o 
disertaziones  ,  que  recitó  publicamente  Stenia. 


Pajinas  ]89  i  190. 

Léanse  coD  cuidado.  I  por  haberse  contraído 
Montes  a  solo  notizías  del  Tribunal  de  Sevilla  . 
calcúlese  ,  cuan  espanlvsa  no  sería  la  Historia 
de  la  Inquisizion  de  España  ,  solo  dentro  dé  la 
Península  ,  i  sí  de  las  cárzeles  de  Valladolid  , 
Toledo  ,  Córdoba  ,  Granada  ,  Barcelona  ,  i  de- 
mas  Ciudades ,  se  hubiese  escapado  una  vícti- 
ma, que  luego  nos  hubiese  referido, como  Guu- 
zales  de  Montes  ,  las  Artes  con  que  lo  habían 
martirizado.  Enlunzes  si ,  que  podría  dezírsu  : 

ilaquisilio  quid  sit  Ibérica  ,  quidve  Pápalas 
Si  nescis ,  lÚ>ros  hos  loge ,  certus  eris.» 

Con  todo :  basta  lo  que  Montes  reñere ,  para 
conozer  de  qué  modo  ,  obraba  dentro  de  casa 
la  Inquisizion.  1  de  qué  modo  ,  ésta  misma  In- 
quísizíou  española  ,  se  conduzia  Tuera  ,  en  los 
países  donde  EspaRa  alcanzó  a  dominar  ,  pero 
ito  a  dominarse  a  sí  propia  ;  se  lo  haré  ver  al 
lector, publicando (í  ojalá  pronto!),  la  obrado 
otro  español ,  mui  comparable  a  Juan  de  Val- 
dés  ,  eu  estudios,  en  amor  patrio  ,  í  en  evangé- 
lico espíritu  :  i  acrisolado  mas  aun  que  J.  Val* 
des ,  por  los  padezimientos  de  toda  clase  ,  que. 
su  fé  Cristiana  le  acarreó. 


Pajinas  197  —  207. 
En  estas  pajinas  se  cuenta  ,  como  en  otras 


74 

de  este  libra  ,  la  crueldad  con  que  se  aplkabaír 
loB  tormentoB.  No  voi  yo  a  furmar  aqui  otro 
libro ,  presentando  la  historia  jt^neral  de  las 
máquinas  de  tortura  ,  que  la  Inquisizion  em- 
pleaba. Mi  objeto  es  solo  .reclamar  del  lector, 
detenida  meditazion  sobre  esas  pajinas.  Aunque 
la  InqutBizion.  no  tuviera  otro  delito  sobre  si , 
que  la  apllcazion  de  los  tormentos ;  ése  basta 
para  proscribirla.  De  tribunales  irresponsables, 
I  cuyos  prozedimientos  son  secretos  ,  h  crimi- 
nalidad es  inseparable.  El  cometer  delitos  judí- 
Ziales  ,  era  la  única  faena  de  la  lm|uÍ8Íxion  , 
por  lo  mismo  que  su  jurisiliczion  criminal  era 
ilimitada.  En  el  a.  de  tSIS?  K.  L.  Pearsall .  le- 
yó una  Memoria  ,  en  la  Real  Soziedad  de  Anti- 
cuarioa  de  Londres ,  sobre  la  maquina  de  tor- 
tura llamada  <i  Beso  delaVirJen>que  deben  leer 
todos  los  amigos  de  la  Inquisizion  ,  i  de  los  tri- 
bunales Cliaperoríanos .  mas  o  menos  secretos, 
e  irresponsables.  —  Que  la  Inquisizíoii  no  ator- 
mentaba abora  ,  suelen  dezirnos  ;  que  D.  Jtian 
Van-Halen  ,  i  cuantas  aseguran  lo  contraria  , 
mienten: que  el  a.  1784  visitaron  la  Inquisizion 
de  Barzclona  dos  Caballeros  dinamarqueses ,  i 
que  nada  les  hizieron  ,  según  nos  lo  prueba  un 
clérigo .  que  escribiendo  la  vida  de  otro  clérigo 
refiere  ,  o  acota  ,  las  apolujias  que  hazia  otro 
clérigo  Inquisidor ,  del  lindo  invento  que  le 
prnporzionaba  sueldo  ,  honores  ,  i  prcstijío  *  : 
que  la  Inquisizion  trataba  bien  ,  i  regaladamen- 
te ,  a  los  presos.  Todo  esto  ,  i  mas ,  se  nos  di- 


75 
ze :  i  aun  mas  se  puede  aumentar  ,  puesto  que 
aun  viven  personas  ,  que  representaron  a  Fer- 
nando Vil  pidiendo  el  restablezimiento  de  la 
Inquisizion.  Pero  estos  argumentos  de  autori< 
dad ,  se  responden  con  los  otros  :  pues  si  el 
Jeneral  D.  Javier  Castaños  p.  e.  pidió  el  resta- 
blezimiento  del  Santo  Ofízio  ,  ahí  está  el  otro 
Jeneral  Van-Halen  ,que  asegura  ,  en  sus  Memo- 
rias impresas  en  Madrid  en  1842  ,  que  los  In- 
quisidores le  dieron  tormento  treinta  i  cuatro 
años  después,  de  haber  estado  sin  chamuscarse 
en  la  Inquisizion  de  Barzelona  ,  los  citados  di- 
namarqueses el  a.  de  1784  cosa  que  sin  duda 
asombra  ,  por  lo  inusitada  ,  al  clérigo  Aniat. 
El  a.  de  1780  quemaron  viva  los  Inquisidores  , 
en  Sevilla  a  una- infeliz  ciega.  I  bien  creo  yo  , 
que  si  hubiera  nazido  en  Dinamarca ,  i  pasado 
a  Sevilla  ,  con  fuertes  recomendaziones  de  la 
Corte  ,  i  de  los  Clérigos  de  campanillas  ;  no  la 
hubieran  quemado.  Pero  la  quemaron.  Aun  vi- 
ve el  literato  D.  Eujenio  Tapia ,  que  también 
nos  asegura  en  sus  obras  ,  que  estando  mala- 
mente presos  él  i  su 'mujer  ,  en  las  carzeles  del 
Santo  Ofízio  ,  murió  su  hijo  ,  por  la  mala  leche 
con  que  lo  alimentó  la  asustada  madre.  Asi  que, 
argumentos  de  autoridad  ,  son  casi  inútiles  :  i 
argumentos  de  razón  ,  jamás  se  presentará,  ni 
regular  ,  uno  solo,  para  defender  cosa  tan  irra- 
zional ,  i  nefanda  como  la  Inquisizion  ,  con  i 
sin  tormentos.  El  Año  de  1820  se  publicaba  en 
Madrid  un  periódico  úíuháo  La  Colmena,  En 
su  n.**  21  correspondiente  al  13  de  Mayo  ,  se 
lee  el  siguiente  :  «Articulo  comunicado.  — Sres. 
editores  de  la  Colmena.  En  21  de  Abril  halla- 


n 

ron  una  carta  en  lus  |)rÍsioiies  o  calabozos  de  lá  - 
lni|uisizion  ,  unos  Ubziales  de  Guardias  Es|>a- 
ñolas  ,  que  alnlieron  hueco  en  una  pared  :  la 
rompieron  ',  i  la  extrajeron  :  su  conlenido  es 
el  siguiente  :  «¡DiosTodupodfiroso!  Compade- 
•zcos  de  esle  trisle  pecador  ,  pues  sin  culpa  es- 
otoi  padezíendo  ,  bazc  cinco  aúos  ,  itiozente  , 
•solo  poruña  mala  voluntad  que  la  lengua  ca- 
lila ,  I  el  Todopoderoso  sabe.  Me  han  senten- 
■ziado  a  muerte  estos  verdugos  infernales  :  me 
•lian  sentcnziado  al  tormento  de  la  Gota. 

■A  Dios,  paüre,  a  Dios, madre, a  Dios,  her- 
•mauos;  que  no  se  de  ellos  desde  el  día  14  de... 
c<1814.  A  Dios ,  parientes  ,  amigos  ,  compañe- 
•ros.  A  Dios ,  mundo  ,  (¡ue  esta  misma  tarde  , 
«a  las  tres  en  punió  ,  me  sacan  para  darme  di- 
•cho  tormento.  Pues  que  no  hai  remedio  :  su- 
«frir  con  pazienxia.  =' entonto  Rui%.» 

Sírvase  Vd.  inseríala  en  su  periódico  ,  i  se  lo 
estimará  S.  S  S.  Q  S.  M.  B.  =b:i  Capitán  S.  C. 

■?JOTA.  Se  asegura  que  esta  espezie  de  tor- 
«mento  de  la  Gota  ,  se  reduzia  .  a  colocar  al 
'pazienle ,  eii  una  espezie  de  sillón  ,  con  una 
"argolla  al  cuello  ,  ¡  sujetos  con  prisiones  los 
•brazos  i  los  píes :  con  lo  cual ,  i  con  una  fuerte 
■barra  de  hierro  que  le  sujetaba  el  cuerpo ,  que- 
•daba  absolutamente  sin  movimiento.  Una  go- 
«tera  le  caia  sin  cesar  sobre  la  cabeza ,  pcrma- 
lueziendo  en  tan  dolorosa  aptitud  ,  hasta  que 
'<la  muerte  le  redimía  de  un  padezcr  tan  azer- 
-bo.» 


do  la  parei  ,  i  eiirsjeroii  I 


ri^deiLr  :  irompier 


77 
Ese  ,  con  Nota  i  todo  ,  es  el  coxnanicado  que 
trae  la  Colmena.  I  no  le  aduzco,  como  caso  que 
yo  crea  ,  pues  me  pareze  increíble  :  sino  ,  por- 
que la  cierta  narrativa  de  Montes  sobre  Tor- 
mentos ,  me  mueve  a  nombrar  aquí  el  de  fa 
Gota  ;  ya  que  son  bastantes  los  que  piensan  , 
usó  ,  a  vezes  ,  el  santo  Ofízio  ,  de  semejante 
tortura.  I ,  bien  podrían  nuestros  literatos  di- 
luzidar  el  caso.  Cierto  es  ,  que  en  los  diez  pri- 
meros siglos  del  cristianismo ,  fué  absolutamen- 
te desconozido  ,  el  uso  de  los  tormentos  ,  por 
juezes  i  en  juiztos  eclesiásticos.  Alfonso  de  Aze- 
vedo  ,  entre  nosotros  ,  lo  demostró  el  a.  1770. 
en  su  Disertazion  tan  filosófica  como  humana. 
De  que  suerte  ,  haya  habido  ,  luego  ,  españo- 
les, i  clérigos  que  hoi  viven  ,  los  cuales  defien- 
dan i  abonen  los  tormentos  ,  solo  fundándose , 
en  que  son  cosa  ,  de  antiguo  usada  ;  no  es  fazil 
ni  agradable  explicar. 

10. 

Paj.  217  —  18. 

Léanse  con  atenzion.  Tal  vez  A.  Cazalla,  por 
haber  sido  quemado  en  Yalladolid  ,  i  no  en  Se- 
villa ,  que  es  de  donde  Montes  tomó  sus  noti- 
zias ;  apareze  hoi  con  la  nota  de  poco  firme. 

11. 

Paj.  247. 

La  Inquisizion ,  en  su  diabólica  i  activa  cons- 


< 


78 

tanzia  en  perseguir ,  no  olvidó  el  tener  esnías 
apostados ,  fuera  de  España.  El  aserto  de  Mon» 
tes  ,  se  ve  hoi  plenamente  justificado  con  el 
Prozeso  del  Arzobispo  Carranza  ,  impreso  el  a. 
1844.  Véanse  ,  en  dicho  Prozeso  ,  las  pajinas 
401  ,  531  ,  532  i  otras ,  i  se  verá  en  ellas  ,  co- 
mo el  Reverendo  Agustino  Fr.  Lorenzo  de  Yi- 
llavizenzio  ,bucna  persona ,  e  docto ,  era  uno  de 
los  espías ,  quitándose  ,  por  supuesto  ,  los  ves- 
tidos de  fraile  :  que  otra  de  estas  buenas  pie- 
zas ,  era  un  mercader  español  eu  Amberes,  lla- 
mado Diego  de  Ayala  ,  el  cual  sabia  mui  bien, 
junto  con  el  Juez  1).  Francisco  de  Castilla  ,  ha- 
zer  el  papel  del  Iscariote :  i  que  contra  los  que 
mas  dirijian  su  espionaje  todas  estas  buenas  al- 
mas ,  era  ,  contra  los  españoles  que ,  desde 
Francfort ,  enlendian  en  mtroduzir  Biblias  ,  i 
libros  bíblicos  ,  en  España  ,  a  los  que  llaman 
libros  malos  ,  i  de  tráfico  dañoso  :  i  que  de  esos 
españoles  .  dos  habían  huido  de  Sevilla  /  i  eran 
Antonio  de  Corro  é  Diego  de  Santa  Cruz  ,  i  el 
primero  era  fraile  en  Sant  Isidro  de  Sevilla  ,  e 
es  tuerto  de  un  ojo.  =  Todo  esto  verá  en  dicho 
Prozeso  el  que  le  consulte  :  i  verá  la  grazia  , 
con  que  ,  a  cabo  de  rato  ,  salen  sus  editores 
diziendo  ,  que  los  mismos  protestantes  han  cotí- 
fesado  que  trajeron  los  salmos  traduzidos  ,  a 
Cádiz  :  i  versiones  adulteradas  de  los  Libros 
Santos.  Que  ,  no  es  mala  confesión  de  protes- 
tantes :  adulterada  por  su  puesto. 


79 

i2. 

Paj.  261  —  262. 

En  estas  pajinas  alude  nuestro  Montes ,  a 
otro  de  los  grandes  ,  i  de  los  mas  insulsos  e 
inútiles  inventos  Inquisitoriales.  A  la  prohibi- 
zion  de  Libros.  — Después  de  la  invenzion  de 
la  Imprenta  ,  los  efectos  de  la  prohibizion  son 
cortísimos  ,  i  parziales  :  i  la  medida  es  ilusoria 
i  ridicula  ,  a  la  vez.  Si  asi  no  fuera ,  en  España 
ya  no  correria  uno  solo  de  los  escritos  prohibi- 
>dos  ,  i  sin  embargo  ,  suzede  todo  lo  contrario. 
El  santo  ofízio  ,  en  esta  parte  ,  tuvo  con  sus 
prohibizíones  >  la  suerte  ,  que  la  Real  Haziendá 
liene  con  la  suyas.  Pues  ,  como  ésta  ,  crea  el 
contrabando  de  jéneros  :  él  creó  el  contraban- 
do de  libros  prohibidos.  Así  también  el  santo 
Ofízio  ,  ha  sido  un  promovedor  en  España  ,  de 
las  ideas  de  Reforma.  Yo  me  acuerdo  ,  que  ha- 
ze  años ,  compré  en  un  pueblo  de  Galizia  ,  de 
un  Cura  Párroco  ,  «  El  Católico  Reformado » i 
después  ,  en  un  pueblo  de  Castilla  ,  compré  : 
«La  Imajen  del  Antecristo.»  Estos  hechos  se  re- 
piten cada  dia  ,  dentro  de  España  :  i  no  hal  un 
«spañol ,  que  busque  libros  prohibidos  ;  que 
uo  dé  con  ellos.  Las  personas  ,  que  se  llaman 
timoratas  ,  mercan  ana  Lizenzia  para  leer  ,  i 
retener  libros  ,  que  suelen  tener  ,  pero  no  leer: 
haziendo  también ,  de  este  modo ,  ridicula  e 
ilusoria  ,  la  prohibizion.  Sabido  es  ,  que  en  je- 
neral ,  los  españoles  ,  todavía  leen  poco  ,  o  na- 
da :  i  que  ,  sin  embargo  ,  suelen  por  curiosi- 


m 

liad  lener  libros  proliibidos.  El  sistema  de  pro> 
liiliiziones ,  usado  por  los  hombres ,  es  ,  en  los 
mas  <lc  los  casos  ,  un  delirio  ,  a  la  par  'que  un 
delito.  Los  Gobiernos  pueden  ,  i  deocn  ,  repri- 
mir ,  i  castigar,  a  lodo  aquel ,  que  directamen- 
te ataque  a  la  persona  ,  o  a  la  propiedad  ,  de 
otro  hombre :  a  todo  violador  patente  de  la  paz 
i  orden  públicos.  Pero  ,  cuando  prevalidos  de 
máximas  tan  santas  i  saludables,  algunos  Go- 
biernos ,  como  fueron  siempre  hasta  ahora  los 
de  lispana  ,  comprimen  ,  i  tratan  de  aniquilar 
la  libertad  de  los  que  gobiernan  :  i  con  esa  ar- 
ma de  las  probibiziones ,  persiguen  a  los  hom- 
bres ,  hasta  (lenifo  de  sus  casas  ,  i  les  fisgan  las 
papeleras  ,  i  estantes  ;  i  les  arrancan  las  hojas 
de  sus  libros  ,  o  se  las  borran  ;  entonzcs  Ioe 
Gobiernos  ,  no  solo  cometen  delitos ,  i  degra- 
dan ,  i  desmoralizan  ,  i  envilen  :  sino  que  nada 
consiguen  de  bueno.  Por  lo  menos ,  es  innega- 
ble ,  que  la  prohibizion  de  libros  en  Bspaíia  , 
no  nos  ha  hecho  a  los  españoles ,  dentro  de  ca< 
sa  ,  mjs  ¡nozentes  ,  senzillos  i  Telizes ;  ni  mas 
respetados  i  anreziados  fuera  de  nuestro  país. 
I  en  cuanto  a  la  puriflcazion ,  i  pureza  de  nues- 
tra literatura  ,  i  recta  enseñanza  de  nuestros 
entendimientos  :  seguramente  que  las  probibi- 
ziones ,  poco  de  bueno  habrán  produzido  : 
cuando  ambas  cosas ,  las  estamos  viendo  abati- 
das ,  i  torzidas  de  modo  ;  uue  va  no  es  fazil ,  i 
si  cosa  dificultosísima  ,  el  alzarlas  ,  i  rectificar  ■ 
las.  —  Pero  ,  indicados  aqui  esos  puntos  :  es 
dezir ,  que  las  prohlbiziones  de  libros  ,  lejos  de 
produzír  el  buen  fruto  que  los  prohibidores 
manifiestan  proponerse ;  solo  acarrearon  males 


81 
i  locuras  ,  sin  cuento,  a  nuestra  España  :  i  que 
ademas  de  eso  ,  los  Inquisidores  ,  se  hizieron 
ridiculamente  fautores  ,  i  promovedores  ,  de  lo 
mismo  que  perseguían  :  ya  ornándolo  con  el 
inzentivo  del  secreto ,  i  del  misterio  :  ya  .pre- 
sentándolo recojido  ,  i  ordenado  ,  en  sus  Indi- 
zes  expurgatorios  i  prohibitorios.  —  Dejo  para 
roas  oportuna  ocasión  ,  el  probar  con  deteni- 
miento lo  que  ahi  antezede  ,  respecto  a  la  im- 
posibilidad absoluta  ,  i  ridiculez  de  las  prohibí- 
ziones ,  después  de  la  invenzion  de  la  imprenta. 
Nada  prueba  mas,  el  que  no  son  los  Papas  in- 
falibles ,  que  el  verlos  fallidos  ,  en  su  empeño 
constante .  i  jesuítico  ,  de  prohibizion  de  Li- 
bros. — Ahora  ,  conlrayéndome  a  Montes,  ¡  ya 
que  él  cita  ahí  paj.  262  a  Erasmo,  observaré  , 
que  para  levantarse  ios  frailes  contra  todos  sus 
escritos  ,  notándole  de  hereje  [V.  la  nueva  ediz. 
de  los  dos  Diálogos  de  J.  de  Yaldés  ,  p.  5J  ,  se 
prevalieron  cabalmente  de  ese  fatal  sistema  de 
prohibizion  de  libros.  Enconados  los  frailes  ze- 
lotas  contra  Erasmo ,  a  quien  debieran  de  ha- 
ber agradezido  cristianamente ,  porque  les  ad- 
vertía de  sus  vizíos  ,  i  de  los  defectos  de  sus 
institutos  ,  lograron  se  prohibiesen  sus  obras  , 
i  levantaron  tal  guerra  ,  que  ,  a  su  vez  ,  los  es- 
pañoles que  gustaban  de  los  libros  de  Erasmo, 
Se  apiestaron  mas  ya  para  lucha  ,  que  para  de- 
fensa :  i  dezian  :  «  que  si  no  hubiera  habido 
frailes  en  el  mundo ,  las  obras  de  Erasmo  fue- 
ran buenas  ,  i  no  se  habría  vedado  nada  en 
ellas.»  1  hasta  llegó  a  quedar  en  proverbio 
aquel  dicho  de  un  canónigo  de  Salamanca  : 
<iQuien  dhe  nud  de  Erasmo  ,  o  es  fraile ,  o  es 


8'i 

Asno.' '  1 ,  si  no  hubiera  sido  ,  Jize  Valdés  , 
por  el  Inquisidor  Jeneral  Manrrique,  liabriao- 
6c  orijinaüo  grandes  escándalos.  Pues  bita  : 
todo  esto  ,  que  evitó  casualmente  ,  la  prudeo- 
zia  de  un  hombre  ,  capaz  do  haierlo  por  ter 
¡nquisidor  ,  i  no  por  ser  prudenle  :  no  hubiera 
nuilido  Buzeder  ,  con  .la  libertad  de  imprenta 
amplia  i  erecliva .  para  ambiis  bandos.  Los  unos 
i  los  otros  ,  tuvieron  escuela  de  intoleranzia  , 
en  el  dogma  Inquisiturio  de  probíbizion  de  Li* 
broa.  —  1 ,  antes  de  concluir  esta  Nota  ,  se  me 
ofreze  recordar  ,  los  tres  vizios ,  quz  ademas 
de  lo  dicho  ,  lleva  consigo  la  Tacultad  de  prohi- 
bir libros  que  los  Inquisidores  se  arrogan. — 
La  pruhibizion  es  discrezional,  o  arbitraria  , 
siempre.  —  Se  prozede  en  ella  snzia  i  ridicula- 
mente. —  Ataca  siempre  la  quietud  de  espíri- 
tu .  del  que  lee  el  escrito  prohibido  ,  o  expur- 
gado.—  I  ,  cuando  acaeze ,  que  los  Inquisido- 
res se  entrometen  a  ser  editores  de  un  libro 
que  |>rohibieron ;  entonzes  ,  pareze  que  se  mo- 
Tai)  de  loda  jnstizia  i  derei'lio.  Vresenlaré  bre- 
ves ejemplos,  en  prueba  de  todo.  Como  el  pro- 
liibir  ,  o  expurgar  uu  libro  ,  lo  haze  el  Inqui- 
sidor ,  o  la  Autoridad  clerical  que  le  sustiluye. 
mediante  lo  que  cKpoue ,  o  dize  ,  un  sujeto  que 


83 
para  ol  caso  ,  revisa  el  escrito  ;  de  ahi  dimana 
lo  discrezional,  o  arbitrario  de  una  prohibizion: 
p.  e.  Hai  un  librillo  de  unas  i  73  pajinas  en 
8.°,  i  no  compactas,  intititulado  «Obras  deD.  Jo- 
sé Somoza.  Madrid  1842.»  Son  juguetes  litera- 
rios, o  pensamientos,  del  Autor,  cuanto  abraza 
el  libro.  I,  el  Autor,  es  auízá,  loque  en  cierto 
país  llaman  un  Freethlnker,  maso  menos  mo- 
dificada la  acepzion.  Pues,  a  un  tal  Manuel,  que 
es  Obispo  de  Avila,  se  le  ocurre,  que  el  libro 
es  digno  de  prMbirse  por  contener^roposi- 
úones  falsas, 

temerarias, 

injuriosas  a  la  Autoridad  de  la  Iglesia, 

escandalosas, 

contrarias  a  la  palabra  de  Dios, 

próximas  a  herejia, 

sapientes  hceresim , 

contrarias  a  la  fé, 

pemisiosas, 

mal  sonantes, 

erróneas, 

inductivas  al  materialismo  i  panteistno, 

leí  Obispo,  acaba  de  aconsejar  al  Autor,  que 

como  que  le  sale  de  suyo,  condene  él  mismo 

su  Libro ,  en  el  término  de  diez  o  doze  días :  i 

3ue  si  no  lo  liaze,  Manuel  ,  Obispo  de  Avila, 
ara  un  edicto  prohibiendo  el  Lioro.  El  Au- 
tor asegura,  que  imprimió  el  libro  de  orden 
del  gobierno  del  ilustre  Espartero  (son  sus  pa- 
labras), que  lo  dedicó  al  Ayo  de  la  Reina,  que 
cedió  el  producto  de  su  venta  a  la  Escuela  de 
Párvulos:  i  se  resuelve,  en  que  no  puede  con- 
denar él  su  libro  :  pero  que  publicará  (como  en 

DD 


84 

efecto  ,  publicó)  el  püstoral  coniejo .  en  los  pe- 
riúdicoB  :  ¡  concluye  pidiéndole  su  bendtiioH 
epiacopal,  i  besándole  el  anillo  :  i  nada  mas. 

Ahora  bien :  ahí  está  un  libio .  que  el  Jene- 
ral  Espartero  ,  entusiasta  católico  ,  como  lo 
mostró  adoranilo  la  Virjen  del  Pilar  Je  Zara- 
goza ,  asÍBliendo  a  PrüzesioDes  ,  i  otros  ac- 
tos ,  tuvo  por  bueno :  un  libro  cuya  dvilicato- 
ria  admitió  el  Ayo  de  la  Reina  ,  de  la  cual  dijo 
Pío  IX  ,  al  rezibir  al  Embajador  Marlínrzde  la 
Bosa  ,  en  Agosto  de  1848  ,  que  era  una  Rñna, 
que  haúa  la  feliíidad  de  España  :  1  un  libro  , 
cuyo  Autor  se  muestra  tan  católico  que  siente 
no  poder  deferir  al  consejo  pastoral,  o  pastoril, 
de  BU  obispo  i  i  le  pide  su  bendiziun ,  i  promete 
besar  su  anillo :  i  ése  libro  ,  tiene  que  prohi- 
birle Manuel  Obispo  de  Avila  ,  nada  menos  que 
por  dtite  lazones  ,  o  motivos :  si  antes  no  se 
presta  a  prohibirle  el  mismo  Autor.  ¿  Que  cosa 

Suede  ser  mas  arbitraría  que  esta  ,  en  materia 
e  libros ,  ni  mas  ridicula  r  El  uno  se  escuda  . 
con  que  no  puede  condenar  el  libro ,  porque  el 
Jcneral .  i  el  Ayo ,  i  la  Escuela  de  Párvulos  le 
abroquelan  :  el  otro  ,  Manuel ,  Obispo  ,  dize  que 
no  puede  dejar  de  prohibirle  ,  porque  los  clé- 
rigos ,  que  le  examinaron  ,  le  dijeron  etc.  nlc. 
I  todos  estos  caballeros  ,  Autor  ,  Obispo  ,  Jene- 
lal ,  Ayo  i  Examinadores ,  andan  ahí  como  a  la 
rueda  ,  i  de  un  modo  grotesco  ,  para  encubrir, 
i  descubrir  cosas ,  que  pueden  muí  bieu  ser 
ciertas  i  también  pueden  no  serlo.  I  entretan- 
to..  la  verdad  . .  aparcze  en  el  fondo  de  todas 
esas  miserias  ,  diziendonos :  que  la  libertad  i 
dignidad  de  un  pais  no  se  establezieron  nunca. 


85 
sometiéndose  ««n  ronzeria  a  prohibisiones  de 
libros  .  besandb  anillos  de  Obispos ,  que  se  tie- 
nen a  la  vez  por  Ilustrisimos ,  i  por  Pastores , 
ni  peanas  de  Yirjenes  de  palo  ,  ni  engalanándo- 
se con  la  virtud  i  el  mérito  ,  de  educaziones  no 
hechas.  Cuento  el  caso  :  pero  ni  lo  extraño  :  ni 
lo  cargo  a  ninguno  de  los  contendientes.  José  i 
Manuel ,  ambos  tienen  razones ,  i  alegan  razón. 
Yeamos  ahora  como  se  practican  los  expur- 
gos de  libros.  El  expurgador  se  provee  ,  ante 
todo ,  de  unas  tijeras ,  un  poco  de  engrudo  mal 
hecho  ,  unos  retazos  de  papel ,  i  un  tintero , 
plumas  etc.  Co^  el  desdichado  libro  que  va  a 
expurgar  :  i  en  el  emplea  (según  su  discrezion 
i  arbitrio)  todos  los  utensilios  que  preparó  ,  o 
solo  parte  de  ellos.  En  libros]semejantes  p.  e.  al 
de  Gregorio  Giraldo  Hislorice  poetarum  etc. 
Ediz.  de  Basiiea^^de  1545  ;  no  se  haze  ,  por  lo 
jeneral ,  mas  que  borrar  ,  i  manchar  el  libro. 
Siempre  p.  e.  que  se  imprimió  en  el  tal  libro 
divus  Plato  ;  el  expurgador  borra  con  tinta 
bien  negra  la  voz  dtvus.  Lo  mismo  si  a  aque- 
lla buena  alma  deG.  Giraldo  ,  se  le  ocurrió  de- 
zir  algo  contra  la  codizia  ,  i  avarizia  de  algunos 
clérigos ,  entonzes  se  borra  también  aquello. 
Véanse  las  pajinas  47, 370, 311 ,  562, 662, 938, 
39,  i  alguna  otra  mas  ,  del  dicho  libro.  En  este 
caso,  con  áccido  oxálico  ,  u  otro  deterjente , 
puede  lavarse  la  borradura :  i  aunque  el  libro 
queda  manchado ,  se  haze  lejible  el  expurgo. 
Hai  algunos  expur^adores  ,  que  sobre  lo  que 
borran,  echan  arenilla  ,  i  sobre  ella,  pegan  con 
engrudo  ,  un  retazo  de  papel.  A  vezes ,  pegan 
«ina  hoja  ,  con  otra  del  mismo  libro ,  tijere- 


85 
sometiéndose  <c*o  ronzeria  a  prohÉbizionei  de 
libros  ,  besBQdb  anillos  de  Obispos ,  que  se  tic- 
neD  a  la  vez  por  llustrisimog  ,  i  por  Pastores , 
ni  peanas  de  Tirjenes  de  palo  ,  ni  engalanándo- 
se con  la  virtud  i  el  mérito ,  de  educaziones  no 
liecbas.  Cuento  el  caso  :  pero  ni  lo  estraño  :  ni 
lo  cargo  a  ninguno  de  los  contendientes.  José  i 
Manuel ,  ambos  tienen  razones  ,  i  alegan  razón. 
Veamos  ahora  como  se  practican  los  expur- 
gos de  libros.  El  expurgador  se  provee  ,  ante 
todo ,  de  unas  tijeras ,  un  poco  de  engrudo  mal 
hecho  ,  unos  retazos  de  papel ,  i  un  tintero , 
plumas  etc.  Coje  el  desdichado  libro  que  va  a 
expurgar  :  i  en  el  emplea  (según  su  discrezion 
i  arbitrio)  todos  los  utensilios  que  preparó  ,  o 
saín  \\nne.  de  ellos.  En  liliros'semejantes  p.  e.  al 
de  Gregorio  Girnldo  ¡UsloritB  poetarum  etc. 
Ediz.  de  Üasilua^de  1543  ¡  no  se  haze  ,  por  lo 

Í'eneral ,  mas  que  borrar  ,  i  manchar  el  libro, 
iiempre  p.  e.  que  se  imprimió  en  el  tal  libro 
divus  Pialo  :  el  expurgador  borra  con  tinta 
bien  negra  la  voz  divus.  Lo  mismo  si  a  aque- 
lla buena  alma  de  G  Ciíaldo  .  se  le  ocurrió  de- 
lir  algo  contra  la  codizia  ,  i  avarizia  de  algunos 
clérigos ,  entonzes  se  borra  también  aquello. 
Véanse  las  pajinas  47. 370, 311 ,  562, 662, 938. 
■  alguna  otra  mas  ,  del  dicho  libro.  En  este 
JH  áccido  ex.ilico  ,  u  otro  deterjente  , 
.ovarse  la  borradura:  i  aunque  el  libro 
r  manchado  ,  so  haze  Icjible  el  expurgo. 
Wtios  expurg:Hlui'es,  que  sobre  lo  que 
litchan  arenilla  .  i  sobre  ella,  pegan  con 
,  un  retazo  di'  ¡lajwl.  A  vezes ,  pegan 
,  con  otra  dül  mismo  libro  ,  tijere- 


»e  hazen  editoreM  de  lo  mÍBinn  qae  prohibieron, 
advirtiéndolo .  pero  Bolo  al  comienzo ,  lo  qu« 
viene  a  conTunair ,  de  suerte  ,  que  el  Autor  di* 
le  ,  lo  que  no  dijo.  E8te>nreda  ae  entenderá 
trayendo  un  hIo  ejemplo  'i  no  mas  por  la  bre- 
vedad. Bien  coDOtido  es  el  Eüsebio  :  obra  del 
Jesuíta  D.  Pedro  Hontengoo.  Publicó ,  por  pri- 
mer vez  ,  este  libro  en  4  toI.  8.'  mayor  prolon- 
Ssdo  ,  el  impresor  D.  Antonio  de  Sancha,  el  a. 
e  1786.  Viendo  la  Inquisizion,  que  apesar  de 
haberla  prohibido  ,  la  obra  se  leia  por  muchos: 
promovió  una  JViieva  Edision  de  ella  ,  el  a.  de 
1807  correjida  con  permiso  de  laSuprema  iJe- 
neral  Inquisiiim.  Con  Usensia.  También  en  4 
vol.  en  8.°  aunque  mas  peqnc&os  que  los  de  la 
primera  ediiion.  Las  alteraziones  que  autorizó 
el  Santo  Ofiíio  en  ésta  Obra ,  ademas  de  ser 
muchas  ,  son  de  tal  calidad  ,  que  habiendo  su 
Autor  querido  enseñar  i  dezir  una  cosa  ,  se  le 
haze  ex{>reBar  la  contraria:  i  esto  ,' porque 
ios  Inquisidores  |>ermitieron  hazer  las  varian- 
tes ,  i  supresiones,  sin  señalarlas.  Véanse  es- 
tos pocos  |>asos.  La  1.'  Ediz.  pone  la  Dedica- 
toria del  Autor  ,  a  D.  Simón  Rodríguez  Laso  , 
que  fué  Rector  del  Colejio  de  espafioles  en  Bo- 
lonia. La  inquisizion  suprimió  esta  Dedicatoria, 
sin  duda  porque  R.  Laso  ,  era  Canónigo  i  Clé- 
rigo ;  i  no  parezer  convenible,  que  un  clérigo, 
admita  Dedicatorias  ,  de  Libros  como  el  Euse* 
bio  del  a.  1786.  El  primer  periodo  del  Prologo 
dize  asi :  'El  hombre  es  el  objeto  de  este  libro: 
las  costumbres  i  las  virtudes  morales  son  el  ci- 
miento de  su  Relijíon  •  La  Ed.  de  1807  le  varió 
asi  :  lEl  hombre  es  el  objelo'de  este  libro.    El 


89 
culto  exterior  e  interior  que  ü  dAe  a  su  Dios , 
es  el  objeto  de  su  Bdijion.»  —  Ahi  ,  ademas  de 
basar  dezír  a  Moniengon ,  lo  que  no  dijo ,  se  le 
atribuyen  absurdos  :  pues  llama  objeto  de  la 
Relijion  ,  lo  mismo  que  dize  que  es  relijion.  / 
ésa  es  la  única  frase ,  que  del  corto  prólogo  del 
Autor ,  se  dí^a  conservar  en  su  mas  largo 
prólogo  el  Editor  Inquisitorio. —  El  primer  toI. 
paj.  3. 1/  Ed-  se  lee :  «La  casa  manifestaba  en 
sus  estanzias  i  muebles ,  todas  las  comodidades 
sin  ostentazion  » i  d  aseo  de  un  rico  Cuákero  , 
sin  lujo,9  I  a  esta  ult*  frase  añade  el  Editor  in- 
quisitorio «i  el  aseo  i  primor  de  un  rico  Cuáke- 
ro sin  lujo  >  I  cabalmente  los  Cuákeros  evitan 
eso  de  ser  primorosos.  En  la  paj.  4  se  retrata  a 
la  Cuákera  Susana  así :  «Instruida  en  las  letras 
«sagradas ,  i  dotada  de  una  dulze  elocuenzia  , 
era  tenida  por  la  mas  cabal  predicanla  de  su 
secta.»  El  editor  Inquisitorio  varió  la  ult.  frase 
así :  «era  tenida  por  la  mas  cabal  predicanta  de 
«su  secta  rídictda  en  muchas  de  sus  ceremonias 
•i  ritos » I ,  ademas  de  que  no  lo  dijo  Monten- 
gon,  se  le  atribuye, con  eso,  otro  absurdo ,  pues 
los  Cuákeros ,  no  tienen  ceremonias  ni  ritos ;  i 
asi ,  por  ese  lado ,  no  es  secta  ridicula.  En  el 
tomo  2.°  al  hablar  de  los  Cuákeros  primeros ,  i 
de  Jorje  Fox  ,  se  lee  el  siguiente  trozo  que  díze 
asi  en  ambas  Ediziones  : 


Edizion  orijinal. 

¡Buena  jente !  esclamó 
el  viejo,  ¡buena  jente! 
me  acuerdo  todavía  del 


Edizion  Inquisitoria* 

¡  Buena  jente !  dize  el 

Castor.  ¡  Buena  jente  I 
lástima  que  hayan  in- 


90 

oriien  de  eaa  sectti.  Si 
todas  bs  que  fueron 
naziendo  en  Inglaterra 
hubieran  tenido  el  mis- 
mo eapirilu  ,  a  buen 
seguro  que  no  hubiera 
sido  este  pais  el  mas 
sanóle n lo  teatro  del 
furioso  fanatÍBmo :  por- 
que :  jde  que  horrores 
no  fui  testigo? 

jConoiistets ,  pues  a 
Jerje  Fox?  le  pregunta 
Hardil.  Noaololeco- 
Bozi ,  dijo  el  viejo ,  sino 

aae  también  le  oi  pre- 
icsr ,  siendo  yo  mu- 
chacho ,  en  la  plaza  de 
de  la  ciudad  de  Lancas- 
tro.  Iba  vestido  con 
una  medía  casaca  de 
baqueta ,  i  la  cabeza 
cubierta  de  un  ruin 
sombrero  ,  que  no  se 
quitaba  a  ninguno.  Vt 
también  atormentar  en 
Londres  a  otros  Cuá- 
keros sus  diszipulos , 
perseguidos  de  Crom- 
well :  1  os  aseguro),  que 
era  espectáculo  digno 
de  admirazioD  ,  la  pa- 
Eienzia  con  que  sufrían 
todo  jénero  de  injurias 


troduzido  en  so  secta  , 
algunas  ridiculas  ex- 
travaganzias.He  acuer- 
do todavía  de  su  ori- 
jen.  ^ConoEisteis  pues 
a  Jorje  Fox?  le  pregun- 
ta Hardil.  ¡  1  cómo  si 
lo  conozi !  responde  el 
viejo.  Le  oí  predicar 
siendo  yo  muchacho  , 
en  la  plaza  de  la  ciu- 
dad de  Lancaster.  Iba 
vestido  con  una  media 
casaca  de  baqueta  ,:lle- 
vando  siempre  cubier- 
t»  la  cabeza  con  un 
ruin  sombrero  ,  que 
no  se  quitaba  a  nadie. 
Vi  también  dar  tor- 
mento en  Londres  a 
otros  Cuákeros,  perse- 
guidos por  CromweII , 
aunque  después  los  fa- 
Torezíó  él  mismo. 


i  malos  tratamientos  : 
aunque  después  Crom- 
well ,  cuando  le  pare- 
zió  que  le  podía  traer 
cuenta  ,  los  fayorezió. 

Nótese,  cómo  aiíade  i  quita  ,  en  ese  párrafo, 
el  editor  Inquisitorio  ,  a  yezes  con  sentido  ,  i  a^ 
vezes  sin  él.  Pues  nada  mas  propio  ,  que  el  que 
un  Inquisidor  suprima  los  testimonios  dados  a* 
fator  de  la  pazienziai  esfuerzo  de  los  compañe- 
ros i  amigos  de  Fox  ,  i  llame  ridiculas  extra- 
vagansias  ,  todo  lo  que  no  agrade  al  Santo  Ofí- 
zio.  Pero  ,  ¿en  aué  sentido  cabe,  el  que  un  In- 
quisidor ,  introduzca  ahi  esta  frase  :  « Lástima 
que  hayan  etc.  ?  Porque  ,  pareze ,  que  si  no  tu- 
viera la  secta  de  los  Cuákeros  algunas  ridiculas 
extravaganzias  ;  los  inquisidores ,  nada  encon- 
trarían que  reprobar  en  ella.  I  mas  de  suponer- 
se es,  cuando  se  dejó  antes  el  elojio  de ,  ¡Buena 
jentel  i  eso ,  ya  publicada  la  Advertenzia  V  im- 
presa en  el  último  Indize  ,  en  la  paj.  4  [i  paj. 
XXXIII ,  de  la  Ed.  del  a  .1790]. — Podrían  citar- 
se ,.  creo,  centenares  de  variantes ,  semejantes  a 
esas  ,  en  los  cuatro  tomos.  I  yo  veo  ,  que  esa 
manera  de  prozeder  es  ya  de  falsarios  menda- 
zes  ,  no  que  de  remirados  Inquisidores.  Mon- 
t'Cngoa  no  les  dio  el  derecho  de  usar  de  su  nom- 
bre:  i  ellos ,  ni  aun  debieran  de  haber  admitido 
tal  lizenzia  ,  aunque  se  la  hubiese  dado.  Ade- 
mas, por  lo  que  toca  al  estilo  ,  i  descuidos  lite- 
rarios del  Eusebio  ,  que  sin  duda  los  tiene  ;  el 
editor  Inquisitorio  ,  por  casualidad  corrijo  uno 
que  otro  :  i ,  al  mismo  tiempo  ,  quita  algunas 


93 

bellezas ,  i  lo  que  es  peor  ,  le  cuelga  algunos,  a- 
muchos  desaliños. 

Esos  ,  i  otros ,  son  los  patos  por  diHide  se- 
camina  en  la  prohibizion  ,  correciion ,  i  expur* 
fo  de  Libros  en  España :  í  ems  pasos  continúan 
cmpeflados  en  dar ,  aquellos  mismos  clérigos  , 
frailes  ,  golillas  ,  i  militares ,  que  sin  tiento  ,  i 
■in  ré ,  entregan  atado  este  mísero  país,  a  mer* 
zed  ik  potestades  eitraflas  ,  solo  por  sostener- 
se en  me;Muinog  empleos ,  unos  cuantos  afios. 
Ignoro  si  España  poorá  ver ,  o  no ,  días  alegres, 
mientras  no  haya  en  ella  ,  una  completa  liber- 
tad relijiosa  ,  i  mientras  no  siga  c«da  espaflol 
voluntaria  i  libremente  ,  eljénero  de  relijion 
que  le  dicte  su  espiritu :  —  pero  lo  que  no  igno- 
ro es  ,  que  la  prohibizion  de  libros ,  i  la  tiranía 
relijioBU  que  pesa  sobre  nuestro  pais  ,  no  le  ha 
becbo  mas  que  daños  indezibles ,  por  espazio 
de  cuatro  siglos :  ¡  que ,  bajo  tal  sistema ,  el  cle- 
ro de  España  también  ,  es  en  ieaeral ,  el  mas 
atrasado  i  descreído  ,  de  todos  los  cleros  ,  que 
se  apellidan  cristianos.  Ni  la  virtud  ,  ni  los  ta- 
lentos ,  i  buena  inlenzíon  ,  que  puedan  t«ner 
varios  individuos  que  pertenezen  al  clero,  bas- 
tarán nuQi^  ,  a  remediar  el  vizío  inherente  a 
un  sistema  relijioso  basado  en  la  compulsión  i 
la  fuerza  ,  í  orijen  ,  de  todos  estos  miserables 
extravíos  de  prohibiziones ,  i  dezisiones  huma- 
nas ,  respecto  a  relijion.  Esta,  en  cada  uno  de- 
be ser  voluntaria  ,  i  para  serlo  tiene  que  ser 
libre.  El  poder  de  la  Autoridad  humana .  des- 
pués de  la  promulgazion  del  Evanjelio,  en  ma- 
teria de  relijion  ,  está  bien  claramente  deslinda- 
do ,  a  mi  parezer  ,  i  limitado  también  ,  así  en 


93 
los  Gobiernos  ,  como  en  los  Individuos.  Solo 
puede  consistir  ,  en  la  promulgazion  del  Evan- 
jelio  ,  en  el  esparzimiento  de  las  Escrituras » i 
de  solo  las  Escrituras ,  en  el  lenguaje  de  cada 
pais  :  i  a  eso  únicamente  extenderse  ,  puesto 
que  la  realidad  de  relijiosa  creenzia  en  cada  in- 
di ?iduo  ,  solo  él  mismo  ,  entre  los  hombres  , 
puede  conozerla  :  i ,  por  eso ,  toda  responsabili- 
dad relijiosa  es  individual ;  i  solo  juzgable  por 
el  Hazedor  de  los  hombres.  I  en  este  punto , 
tiene  también  una  aplicazion  mui  importante  , 
i  segura  ,  el  paso  de  la  i.*  Epístola  de  S.  Juan 
que  leemos ,  en  el  cap.  II  t.  26 ,27.  I  ^  en 
cuanto  a  la  ignoranzia ,  que  puede  acarrear  i 
fomentar  la  prohibizion  de  libros ,  sin  valemos 
de  otro  ejemplo  qne  del  ya  citado  ,  del  Eiise- 
bio.  A  la  prohibizion  de  libros^  puede  atribuir- 
se  ,  el  juizio  que  hizo  de  dicha  obra  D.  Juan 
Sempere  i  Guarinos ,  en  su  Biblioteca  Espafio- 
la  t.  IV  p.  75  Ed.  del  a.  i 787  :  i  a  la  misma  cau- 
sa ,  la  manera  con  que  presentan  a  Jorje  Fox, 
los  Autores,  o  traductores  de  la  Biblioteca  Re» 
lijiosa,  en  el  t.  3.°  pajinas  182  -  92  Ed.  de  Ma- 
drid del  a.  1850  a  1851.  Con  libertad  de  Im- 
prenta ,  el  escritor  del  a.  1787  habría  podido 
expresar  libremente  su  sentir  :  i  los  escritores 
del  a.  1850  no  se  habrían  fiado  tanto  en  la  ilusa 
credulidad  de  sus  adeptos  ,  i  secuazes. 


94 

15. 

Paj.  247. 

La  Terdad  de  lo  que  en  esa  paj.  refiere  Mon- 
tes ,  la  corrobora  el  prozeso  del  Arzobispo  Ga- 
rrama ,  antes  menzionado  ,  baze  poco ,  impre- 
so ,  en  la  Coleczion  de  Documentos  inéditos. 

14. 

Paj.  324. 

Lo  que  asegura  Montes  ,  en  esta  pajina  ,  lo 
comprueba  ,  el  Indíze  ,  o  Catálogo  ,  que  formó 
D.  Juan  de  triarte  de  los  Papeles  ,  o  Archivo 
de  Salazar  ,  que  existia  haze  años  ,  en  la  libre- 
ría del  convento  de  Monserrate  de  Madrid  ,  i 
ahora  ,  si  no  me  engaño  ,  en  la  de  la  Academia 
de  la  Historia.  Bajo  el  n.""  320  de  ,los  cajones 
rotulados  ,  se  menziona  ,  en  dicho  Indíze ,  una 
canzion  coutra  Cazalla  ,  hecha  por  un  fraile  » 
la  cual  comienza : 

A  la  caza ,  cazadores , 
pues  tanta  caza  se  halla. 
A  caza  :  a  caza ;  a  Cazaíla. 
I,  añade  ,  que  no  sin  misterio  se  llamó  Ca^ 
zalla  al  primer  hereje.  —  Ahora  si ,  a  Cazalla  ,. 
a  quien  tuvieron  ellos  por  arrepentido ,  i  biena- 
venturado ,  le  agasajaron  con  esa  canzion  ,  que 
no  respira  ,  seguramente  los  sentimientos  ex- 
presados en  los  vers.  14,  15  cap.  iii.  I-  Ep.  de 
S.  Juan  ;  — ¡  qué  clase  de  versos  ,  na  dirijirian. 
\  contra  Constantino  ! 


4 

\ 

t 


f 


95 
Í5. 
Paj.  330. 

He  puesto  ahí ,  bajo  del  escudo ,  esas  pala- 
bras que  se  leen  en  uua  obra  del  Dr.  Constan- 
tino ,  no  solo  porque  son  una  traduczion  del 
dicho  latino  que  orla  el  escudo ;  sino  porque  , 
tal  vez  ,  recordándolas  Montes ,  i  recordando 
el  destino  del  que  las  escribió  en  la  üSuma  de 
Doctrina  Cnsttana» ;  hizo  fin  con  ellas  a  su 
libro. 

En  la  paj.  328  ,  se  extiende  Montes  a  elojiar, 
sobre  todas  las  obras  del  Dr.  Constantino ,  la 
que  intituló  «Confesión  de  un  Pecador.»  Yo  creo 
que  esta  obra  debió  imprimirse  en  Sevilla  antes 
del  a.  1551  pues  el  Privilejio  ,  que  viene  a  !a 
cabeza  del  libro  ya  citado »  de  la  Suma  de  Doc- 
trina Cristiana  ,  i  el  cual  se  le  despachó  el  a. 
1548  comienza  de  este  modo.  «El  Prinzipc.  Por 
«cuanto  por  parte  de  vos  el  doctor  Constan  ti- 
«no  ,  vezmo  de  la  Ciudad  de  Sevilla  ,  me  fué 
•hecha  relazion  ,  diziendo :  que  vos  ,  por  ser- 
«vizio  de  Dios  nuestro  Señor  ,  hezistes  e  orde- 
«nastes  cinco  libros ,  intitulados  el  uno  Confe- 
«sion  de  un  pecador  :  i  otro  ,  Doctrina  Chrís- 
«tiana :  i  otro  ,  Exposizion  del  primer  psalmo 
«de  David  ,  Beatus  vir :  i  otro  Summa  de  Doc- 
«trina  Christiana  :  i  otro,  Catecismo  Cristiano 
«para  instruir  los  niños  :  que  eran  obras  muí 
«provechosas.»  etc.  Pero  ,  como  luego  ,  a  causa 
de  la  prohíbizion  i  persecuzion  inquisitoria ,  se 
han  hecho  tan  raras  todas  las  obras  de  esta  cía- 


!to  :  yo  no  he  visto  b  Confesión  de  un  Pecador, 
sino  traduzida  a)  Snmét  ,  en  el  libru  ¡nlitula- 
i\a:  Hittoiredet  Martyn.  EA.  del  a.  iG08  lib. 
8."  paj.  502  ,  TUelU.  I  de  aquí ,  la  pusieron  los 
oditores  de  la  MÍMCrilanea  Grottingana,  ed-  de 
17l>0  ea  el  tomo  ti.  p^j.  459. 


TABLA  DE  NOMBRES  : 

I  DE  ALGUNAS  COSAS  NOTABLES. 


Pajiaas. 

Abuso  de  la  Confesión  auricular.  92, 201 ,  205. 

Arellano  (Cristo val  de) 255. 

Arias  (Garzia) ,  llamado  lambien  el  Mro. 
Blanco 258. 

Artes  notables  de  los  Inquisidores  »  para 
cazar  a  sus  perseguidos  ;  i  sutilezas 
para  deslumbrarlos.  Véanse  ,  con  aten- 
zion  .  las  paj.  8,  9.  27.  28,  33.  41,  45, 
66—69.  82, 84, 86,  95, 100, 105, 109, 
155  ,  167. 177, 183  i  otras. 

Auto  de  Fé  en  Sevilla ,  a  24  Setiembre 
1559 219. 

Auto  de  Fé  en  Valladolid  (Apéndize)  .     .31. 

Azotes.  Cómo  los  dábala  Inquisizion  151  - 
52,  154. 

Baena  (Isabel  de) ,     .  229. 

Su  casa  ,  eseuela  de  relijion 230. 

Derribada  i  asolada .  por  los  Inquisidores.  233. 

Belga  :  que  se  libra  ,  por  su  serenidad  , 
el  a.  1566 10. 

Benavides  (Gaspar  de).  Alcaide  en  la  In- 
qnisizion  de  Sevilla 119. 

Blanco.  £1  Maestro  Blanco.  Y.  Arias. 

Bohorques  (María)  229.  — Su  edad  .  230. 
—  Su  erudizion  grande  en  la  Biblia ;  i  lo 
(jue  de  ella  dezia  el  Dr.  Ejidio,  231. — 
Él  trato  inhumano  que  la  dieron  hasta 


el  eadahalio ni7  i  232. 

Boborques  (JuaDa).  Hermana  de  Dofka  Ha- 
ría. Fué  presa,  i  cruelmenle  tratada.  197,198^ 

Burlón  (Muolas) 190. 

Calabozos  de  la  inquisizion  ,112,  lf5. — 
Véase  también  en  el  Apéndize    .     .     .    22. 

Carranza  de  Miranda  (B) 297. 

Cevallos 262. 

Qérigog  adúlteros.  Dos  fc'élloa  ,  qué  ha- 
zen :     .210.41  i  214. 

ConfesiDa  auricular.    Notable  abuso  de 
ella  ,  i  su  impunidad  .     .     .     .  201  ,  205. 

Confesores  de  los  presos  ....    92,105. 

Constantino  Poiize  de  la  Fuente  (Dr.)  It  1,264, 
277  ,  278.  293  ,  503. 

Copiadores  de  versos.  Castigados  .     .     .  215. 

Córdoba  (Pedro  de) 262. 

Coroné! ,  o  Cornal  (Haría] 229. 

Criada  del  Alcaide  llenaTÍdes,  122.  Casti- 
gada por  compasiva.  [Véase  González] .  123. 

Crueldad  indecente  de  los  Inquisidores  89  -  71. 

Chaves  (Francisca  de) 250. 

Degradazion.  Ceremonia  Inquisitorial.     .  15% 

Delazionea  del  Hosca.  Fuerza  que  tienen.  102. 

Donzeila  piadosísima,  quemada  en  Sevilla.  198, 

Donzblla  cneaüada  i  atormentada:  quien  era  87. 
90. 

Ejidio 295. 

Ejidio.  V.  Jil. 

Enistola  Consolatoria  ,  reimpresa  en  el  a. 
1848 234. 

Erasmo ,  202  —  i  en  el  Ap 81 . 

Ermitailo  ,  que  se  acusó  de  hereje.     .     .  212. 

Españoles  ,  que  dejan  a  Jinebra .  i  pasan 
a  Inglaterra 246. 


Espías  apostados  fuera  de  España    .     .    257. 

FernaDoiez  (Julián  ,  o  Juliánillo),  237.  In- 
troduze  Biblias  en  castellano,  238  ,254. 
Muere  Talerosamente 244. 

Fernandez  (Juan) »  248.  Yítíó  con  el  Dr. 
CSazalla.  [Véase  también  el  Apéndize]   .  248. 

Fox.  Véase  ,  Monillo. 

Frontón  (Juan).  Como  prozeden  con  él  191  -  95. 
El  Trad.  indes  le  llama  John  Fromton, 
ciudadano  de  Brístow. 

Gaseo  (Lie.  e  Inquisidor).  Su  carácter  i 
condizion  .  175.  —Sus  arterías.     .     .  193. 

González  (Juan).  El  Predicador .     .     .     .225. 

González  de  Montes.  Véase  Montes. 

González  (María).  [Este  es  el  nombre,  que 
seguñ  Llórente ,  tenía  la  criada  del  Al- 
caide Benavides.  I  añade ,  que  era  natu- 
ral de  Utrera],  V.  Llor.  t.  iv.  paj.  97  .  122. 

González  de  Munebrega  (Juan).  Obispo  e 
Inquisidor.  96 ,  97. — Su  poca  instruc- 
zion ,  í  su  mucha  inhumanidad,  98. — 
Su  Fausto  i  pasatiempos.  99.  — V.  tam- 
bién ,  pajinas   .     .     .    .     192  ,  208  ,  210, 

Gonzalo.  Véase  González  Munebr^a. 

Guerra 262. 

Hermanas  del  Predicador  J.  González  .sa- 
crificadas en  Sevilla  a.  de  1559 .     .     .  227. 

Hernández  (Julián].  V.  Fernandez. 

Herrera  (Pedro  de).  Alcaide  en  la  Inquisi- 
zion  de  Sevilla 116. 

Inglesito  preso  en  Sevilla.  128. —  Llamá- 
bale el  Alcaide  magnum  hwreiiculum  o 
grande  herejito 129. 

Inquisidores.  Siguen  las  Máximas  de  Ti- 
berio. 208. — Suclemenzia.  210, — Có- 


mo  defienden  b  Pé  d«  Cristo.  311.— 
Como  calHinnian  a  loa  qne  mirtirixan. 
317  — 18.  —  En  ioslmczion  ,  segon 
Arias  ,  arrieros  de  borros    ....  379. 

Italiano.  Cojido  ••tuUmeDte  en  Sevilla    .      9. 

Jil(Dr.Juan).  231,351,253,364,277,381. 

Jnan  Crisóstemo.  No  se  diie  su  apdlids. 
Quemado  en  Sevilla 258. 

Jaliano  Apóstata.  Imitado  por  los  Inqui- 
dores ,  en  lo  malo 94. 

Juramento  que  eiijia  de  todos,  b  Inqnisi- 

zioD,  en  los  Autos  deFé 156. 

LeoD  (Juan  de) 344. 

Losada  (Cñstoval  de). 252. 

Llorenle(D.J.  A.].  Citado  euTlasp.  97, 
11 1 ,  248 ,  i  en  el  Apéndue    .    .     .1-5. 

Manso 262. 

Matrona  presa  ,  con  sus  dos  hijas ,  en  Se- 
villa ,  azia  el  a.  1558 87. 

Heditazion  profunda  e  intensa  de  las  cosas 
celestiales  ,  puede  acarrear  locura  .     ,  263. 

Holonlo  ,  Inquisidor  :  recorta  una  hos- 
tia. Prólogo 26. 

Montes  (el  Autor).  Padezió  en  Sevilla .     .  189. 
Pudo  ser  mome  en  S.  Isidoro  ,  afueras 
de  la  ciudad.  Nótense  bien  las  p.  358  •  81. 
Habla  con  el  Dr.  Ejidio  en  la  carzel     .  300. 

Moro  ,  preso  por  la  lnquÍBÍzion  ,  i  dicho 

agudo  suyo  azerca  de  ella  .  .  .  131-32. 
Horzillo  [En  el  primer  Rejistro  de  la  Tr. 
de  Skinner  se  llama  Francisco  Foxio 
Horzillo ,  i  se  aflade ,  fué  hermano  del 
escritor  ea  FilosoGa  Sebastian  Fozto 
Morzillol.  Convertido  en  la  carzel  por 
Hernando  de  San  Juan  236.  Quemado 


el  a.  de  1559    ,....•..  237. 

Moscas.  Quienes  i  coales  eran.     .    100  ,  103. 

Mujer  loca.  Lo  que  por  ella  suzede  el  a« 
1555 50,51, 

Olmedo lil. 

Orazion.  Cual  debe  ser.    ,    .    *     .     .  268. 

Pajezicos  de  los  Inquisidores.  Como  los 
quieren  i  autorizan 209  -  10. 

Pena  de  muerte:  i  de  qué  manera  la  apli- 
caban los  Inquisidores   ....  160  -  62. 

Ponze  de  la  Fuente  (Dr.  Constantino). 
Véase  Constantino. 

Ponze  de  Lean  (Juan).  Hijo  del  Conde  de 

Bailen  ,  D.  Aedrigo  de  León    .    .     .     ^  219. 

Preso  en  la  Inquisizion  ,  que  qnizá  fuese 
el  Autor 175. 

Presos  i  quemados  en  Sevilla  a.  1559  .     .  240. 

Regalos.  Modo  con  que  los  Inquisidores 
los  rezibían 137-38. 

Rebukin  [Quizá  d.  d.  Beuchlia.  En  el  ori- 
jinal :  erat  nomen  RebukinoJ    .    .    .  196. 

Reinado  de  Cristo.  Su  diferenzia  del  de 
Satanás.  I  cual  de  ellos  aumenten  i  pro- 
paguen los  Inquisidores 216. 

Respuestas  de  los  Inquisidores »  a  los  pre- 
sos ,  en  invierno ,  o  en  verano  .     .     .155. 

Rodríguez  (Dr.  Fernando).  Confundido 
por  Julianillo    .     .     > 243. 

Ruiz  (Gregorio)    . 265. 

Sambenito.  Reirse  de  él ,  cosa  peligrosa  .  185. 

Sancbez  (Juan).  Véase  Fernandez  .    .     .  248. 

San  Juan  (Fernando).  [N«eíó  en  Málaga  , 
según  el  Rej.  i.**  en  SK.l.  234.— Fue 
arrastrado  semi  destrozado  dtíl  tormen- 
to ,  d  calabozo  235.  Quemárode ,  sin 


miitarle  la  mordaza ^7. 

Sellos  que  diBiinguen  al  aeguidor  del 
Evanjelio  » i  al  oe  la  Carne   ....    97. 

Sevillano,  acusado  » i  castigado,  por  ami- 
go de  economías 2i3. 

Sinzerídad  i  senzillez  para  con  los  Inqui- 
sidores ,  de  qué  sirven    .    •    .    .30-33. 

Sixto  lY .  Sus  armas  bordadas  en  el  estan- 
darte de  la  Inquisizion    .     •    .    ,     .  149. 

Soto  (Domingo  de).  Sagaz  ajesuitado  .     .  298. 
Su  maldad  con  el  Dr.  Ejidio,    .     .     .  300. 

Toca.  Utensilio  inquisitorio,  —  Una  Toca 
se  encontró, creo,  el  a.  1820  en  la  Inqui- 
sizion de  Barcelona. — Véase  deserita248-49. 

Tormento. — Como  le  daban  : 67a  82.-^ 
Cuanto  doraba :  76. 

Tormentos.  Cuatro  de  los  mas  usado^por 
los  Inquisidores 72. 

Valdés  (Juan  de).  Véase  citada  la  Ed.  mo- 
derna de  sus  «Dos  Diálogos» ,  en  la  Nota.  201 . 

Vargas  (Francisco  de).  Hombre  prinzipal. 
Sefior  de  Higuera 197 ,  277. 

Vargas 293. 

Versos  de  doble  sentido ,  que  corrían  en 
Sevilla,  en  alabanza  i  vituperiodeLuther.215^ 

Vibar.  (Véase  Juan  Fernandez), 

Victimas  de  la  Inqjuisizion.  Para  calcu^ 
lar  su  número ,  léanse  con  atenzion  las 
pajinas 189-90. 

Virues  (María) .  229. 

Viuda  presa  por  la  Inquisizion  de  Sevilla. 
I  como  la  despoja  de  sus  bienes .    •     .    84. 

Zafra  (Francisco).  [Hijo  de  Juan  de  Zafra, 
que  fué  quemado  el  a.  1559].    ...    52. 

Zelo  de  los  Inquisidores.  De  qué  clase  es  .  107. 


FE  DE  ERRATAS. 


PRBFAZION  DEL  MOr^TES. 
^in.     Lineas  Díse.  Debe  dezir. 


12  7  de  des 

15  24  colojia  colejiál 

90  10  oontumaaon  contumázia 

21  II  los  lo 


TEXTO  DEL  MONTES. 


4 

al  marjen 

47 

4 

20 

11 

29 

19 

49 

17 

56 

6 

71 

10 

77 

En  la  Nota 

81 

6 

85 

19 

117 

4 

154 

En  la  Nota 

163 

1 

468 

6 

168 

24 

169 

25 

17i 

17 

177 

13 

178 

14 

181 

34 

183 

18 

186 

11 

22  .  léase  5 

mal :  o  malo : 

multiplica  maltiplican 

para  la  para 

releve  revele 

la  circunspecsion       circunspeczion 
estarles  serles 

reiaut  rei  aut 

último  intimo 

sutiles ,  sutiles 

siquiera  un  cuarto  de  hora 
venditar  um  venditarunt 

se  echan  encima       se  echan  de  encima  : 

Ir.  lit.  der.sibi  probó 
«X  cussise  :  del  orij. 
j)Oveeria  proveerla 

sagazidad ,  sagazidad 

acostumbrada  acostumbrada » 

sobre  todo  sobre  todo  , 

purificadas  purificados 

I  sig.  debe  leerse  asi. 
Todas  estas  direren- 
lias  de  cárceles  ,  son 
a  semejanza  del  Pur- 
gatorio. 

seber  saber 

iucupable  inculpable 

cuales  cual  es 


IDO  Al  n»rjfn  piU  pacilo  ITJ ,  por 

m  ii  uBon                        uOora 

300  n  Siílon                        Sefton 

Sgg  il  cuino                        •!••■  os 

SU  NoHjili  (Dnm                         qu"", 

34U  I  lemvHCia                  lermialOQ 

ai9  54  e>                               IM 

SiS  NoU  b  Bdeain                        *u  c" 

S8Í  11  Fillulnurjínaln." 
aUdetiEdu.lalioi- 

gee  ^0U  a  Injonü                       "**^_> 

«9  EdUKoW  i 


En  l>  paj.  2M  al  n.^  *-  del  miri*»  .  J«b« 

APÉNDIZE. 


r  ibBiiaiigin«   prMCriban  i)<«n»» 


el  pro  al  pro 

exfuico  oxálico 

Blasfemia,  Kasfemias 

Erímera  cdamna  ,  sobra  el  -  de 
io.  A  bio  ,  a 

Loe  derecto»3de  imprenta ,  si  la  intenzion  se  desapanona ,  o 
■o  se  notan ,  o  se  disimulan. 


82 

23 

85 

28 

86 

17 

90 

18 

95 

17 

Vaelto  a  requerir  B.  Wiffen ,  sobre  la  copia  del  MS.  en  poder 
de  J.  Mendham  :  este  último  ha  tenido  la  cortesía  de  remitir 
otra  Tes  el  MS.  i  B.  W.  la  bondad  de  repasar  los  puntos  quo  du« 
daba  yo  estn-viesen  con  fidelidad  trascritos.  [Véanse  en  el  Apén- 
dice ,  las  paj.  46  -  65J.  De  este  nuevo  coorronto  ,  resultan  las 
siguientes  correcxiones. 

En  la  ps^'.  47  Un.  21  dize  el  ms.  «dicha  causa  tuviesen  gran- 
disimo  cuidado»  i  dilijenzia  en  el  castigo,  dándoles  todo  el  ca- 
lor i  favor  que  tan  etc. 

Paj.  56  fin.  4  «suplicarte  le  alumbrase.»  —  Esta  equivocazion 
del  copiante  ,  fué  torpeza  en  mi  no  conozerla  ,  i  correjirla ,  con 
las  dos -siguientes. 

Paj.  58  lineas  16  i  21  «regaladoi  i  «sujeta» :  en  vez  de  reglado 
i  st^esta. 

Las  demás  aquí  no  correjidas  ,  i  que  llevan  al  marjen  la  se-^ 
nal  Y* »  son  efectivamente  yerros  del  MS.  de  J.  Mendham. 

En  la  paj.  30  lin.  4  del  Apéndize ,  debí' añadir  que  B.  B.  Wiflen, 
publicó  en  el  «Fríend»  números  95  i  95  correspondientes  al  a. 
1850  *  dos  Autos  de  Fé  zelebrados ,  d  uno  en  Madrid  el  Domingo 
12  de  Enero  de  1621  en  el  cual  asistió  «omo  familiar  del  Sanio 
Ofizio ,  nuestro  poeta  Lope  de  Vega  Carpió :  i  el  otro  en  Sevilla , 
en  30  de  Noviembre  del  mismo  ano  de  1624.